lunes, 20 de abril de 2009
domingo, 19 de abril de 2009
Por sus derechos los conoceréis
Asimismo, deberían solicitar airadamente, muy airadamente, que los múltiples y muy diversos cuerpos policiales vigilen para que las personas y seres humanos en general no se presten ni intercambien entre sí libros, discos, películas, videojuegos, sartenes, cepillos de dientes, etc. Quien quiera lavarse los dientes, que se los ensucie primero con su propia comida cocinada en su propia sartén mientras ve su propio DVD.
Mal van las artes y las letras cuando los autores están más preocupados por sus derechos que por la calidad de sus obras. ¿Se imagina alguien a Juan del Encina dirigiendo la SGAE?
sábado, 18 de abril de 2009
Puritanismo censor progresista
La Confederación Galega de APAs de Centros Públicos (Confapa) es una organización de padres muy "progresista". Lo es tanto que aparece en el listado de miembros de la Plataforma Nunca Mais y colabora con, entre otras, la Fundación Mujeres, una organización "no gubernamental" que tiene como presidenta de honor a una ex diputada socialista y un patronato plagado de miembros (o miembras, Bibiana Aído dixit) del Grupo Parlamentario Socialista. Ser tan progre tiene una ventaja: se puede defender la censura por motivos morales sin ser tachado de carca o inquisidor.
Una cosa curiosa de los progres es que en pocos años han cambiado de forma radical su discurso sobre la moral. Han pasado de defender la quema de sujetadores y la chica de los limones salvajes del Caribe como ejemplos de la liberación de las mujeres a condenar la muestra de carne femenina por machista y reaccionaria. Si para la izquierda antes era una cosa perversa que existieran clasificaciones por edad para todo tipo de contenidos, ahora lo realmente moderno es impedir que los niños puedan ver imágenes violentas o con carga sexual. Y claro, como buenos intervencionistas de izquierdas, los señores de Confapa defienden que el Estado se encargue de eso cuando atañe a internet.
La "progresista" organización gallega de Asociaciones de Padres de Alumnos pretende que el Estado controle y restrinja el acceso de los menores de edad a determinados contenidos de internet, entre ellos a YouTube. Cómo hacer eso sin violentar los más elementales derechos, como a la libertad de expresión o la intimidad, es algo que no han explicado. Y no lo han hecho por el simple motivo de que es imposible. Lo que pretenden es que la red esté sometida en España a un régimen en el que se pueda saber no sólo desde que ordenador se visita ciertas páginas, sino también qué persona está ante la pantalla. Sólo conociendo de quién se trata puede a su vez conocerse la edad. El único modo de controlar eso sería estableciendo un sistema obligatorio de identificación personal para conectarse a la red, con los peligros que eso conlleva: bienvenidos a 1984.
El control de los contenidos a los que acceden los menores y la valoración de si son adecuados o no, debe corresponder tan sólo a los padres. Son los progenitores los que deciden si sus hijos pueden ver un programa televisivo o si un libro es adecuado para su edad. Con la red no debe ser diferente. De hecho existen programas de filtrado que los adultos pueden instalar en sus ordenadores para que se encarguen de ello sin tener que estar todo el día pegados a sus vástagos para saber qué webs visitan.
Como buenos progresistas, los señores de la Confapa pretenden que sea el Estado el que haga de padre en su lugar y, de paso, del resto de los españoles con hijos. Y, como perfectos puritanos, no les importa si para eso se violan principios como la libertad de expresión, la intimidad o el derecho a educar a los hijos según sus propios criterios. Unos párrafos más arriba decía que este tipo de propuestas las pueden hacer los progres sin riesgo de ser tachados de carcas o inquisidores. No siempre están a salvo. Desde aquí acusamos a la Confapa precisamente de eso.
¿Y por qué no cerrarlas todas?
Ha tenido que venírsenos encima una recesión histórica para Zapatero diga algo inteligente, vaya lo uno por lo otro y alabado sea el Señor. La decisión de reducir la publicidad en la pública es, no obstante, una medida insignificante en el montante de agravios que las televisiones privadas vienen sufriendo desde que se les concedió permiso para competir contra el emporio estatal.
No hay ninguna razón ni filosófica ni práctica que justifique la existencia de veinte televisiones propiedad de las comunidades autónomas, además de las dos cadenas estatales analógicas y sus derivados digitales. Cuando un servicio es prestado a los ciudadanos por la iniciativa privada, la existencia de competidores que se financian con fondos públicos es un absurdo y un agravio comparativo que sólo tiene razón de ser en el deseo de los políticos por controlar los medios de comunicación.
Nada habría que objetar si el PP y el PSOE crearan cada uno su cadena de televisión con dinero de sus afiliados, pero hacerlo a costa del bolsillo de todos los ciudadanos que ya reciben un servicio mejor y más barato por parte de operadores privados es un lujo inadmisible, sobre todo en medio de una catástrofe económica como la actual.
Las televisiones autonómicas son tan innecesarias como TVE y, en conjunto, mucho más gravosas, por sorprendente que pueda parecer conociendo las pérdidas astronómicas de la televisión estatal. En la mayoría de los casos son un cementerio de elefantes para los políticos desahuciados y un vehículo excepcional para regalar dinero a los amigos a costa del contribuyente, con la única condición de que los gobernantes de turno aparezcan diariamente no menos de cinco veces, aunque sea inaugurando los mingitorios de un centro de la tercera edad.
Habría que cerrarlas todas previa subasta o, mejor aún, regalárselas directamente al grupo PRISA. Con la sagacidad empresarial propia de la casa, en un par de años no quedaría ni una. Eso que saldríamos todos ganando.
viernes, 17 de abril de 2009
jueves, 16 de abril de 2009
miércoles, 15 de abril de 2009
¡Homófobo!
Hay palabras poderosas. Palabras que provocan una reacción emocional tal en muchas personas que anula su capacidad racional. Tienen el efecto de permitir a quien las usa tomar el control de la discusión, obligando a su interlocutor a defenderse y llevando la conversación a girar alrededor de si el uso de esa palabra es correcto o no. Tertulianos profesionales del estilo de María Antonia Iglesias conocen el truco y lo usan con maestría para triunfar sin tener razón, y además sabiendo que no la tienen.
Eso no significa que se deba crear un índice de palabras prohibidas, o que no deban emplearse cuando se debe. Resulta ridículo, por ejemplo, el empeño de la BBC en no llamar "terroristas" a los terroristas. No obstante, son palabras que deberían ser usadas con cuidado, pues el abuso puede llevar a que pierdan para la mayoría su significado original y, con él, su fuerza. Llamar "holocausto" a una operación militar podrá resultar efectivo en términos inmediatos, pero letal a largo plazo, pues banaliza tanto la palabra como aquello que define, el asesinato de seis millones de judíos por el hecho de serlo. Claro que seguramente sea eso lo que quieren quienes así la emplean. "Fascismo" o "facha" ya han hecho ese recorrido por completo, y su significado ha pasado a ser "yo soy de izquierdas y tú de derechas", aunque en plan insultante y tinelliano.
Otra palabra que va camino de perder completamente su fuerza y significado original es "homófobo". Su definición es clara: se trata de una persona con una fobia, es decir, un odio irracional, hacia los homosexuales. Su abuso la está transformando poco a poco en "persona que no está de acuerdo con el lobby gay en tal o cual tema".
El último en ser acusado de ese pecado ha sido Amazon. Durante este fin de semana, fiesta en Estados Unidos como en tantos otros lugares, 57.310 libros han desaparecido de sus ránking. ¿Qué significa eso dentro de la tienda virtual? Pues que no aparecen en listados de éxitos ni en el sistema de recomendaciones ni en la búsqueda de productos. Es decir, que las ventas pueden bajar en picado. Dado que los libros eran en su mayoría, aunque no exclusivamente, de temática homosexual, el escándalo se propagó como un incendio por todo internet. La explicación: que por homofobia Amazon había decidido ganar menos dinero con las ventas de esos libros a cambio de no promocionarlos.
La explicación es tan absurda que no resiste ni el más mínimo análisis. Amazon es el mejor, sí, pero en un mercado altamente competitivo, en el que cualquier tropezón puede provocar una rápida huida de clientes. Los homosexuales, se los quiera discriminar o no, son parte de ese mercado, y una parte que evidentemente empezaría a comprar en Barnes & Noble y otras librerías virtuales. Además, mucha gente que no es homosexual encontraría ofensiva esa exclusión y harían algo parecido. En definitiva, Amazon no tenía ninguna posibilidad de perjudicar a los gays como colectivo (que digo yo que sería el objetivo de un homófobo) y todas las de dispararse en el pie.
En cualquier caso, como empresa privada, Amazon tiene todo el derecho del mundo a perjudicarse a sí misma y los demás a criticarla por ello. Pero no deja de ser contraproducente que cualquier cosa que afecte a los homosexuales sea tachado inmediatamente de "homófobo" y se busquen peregrinas explicaciones para justificar esa acusación. En este caso, suena mucho más razonable, sea cierta o no, la del abuso del sistema de Amazon para denunciar material "para adultos". Un blogger incluso se ha adjudicado la paternidad del ataque, ofreciendo explicaciones técnicas convincentes; es decir, que si bien puede no ser el culpable, se podría haber hecho tal y como lo cuenta, aunque su móvil para actuar suena bastante ridículo. Amazon, por su parte, ha entonado el mea culpa, atribuyendo a su propia torpeza el problema y anunciando que tomará medidas, y un antiguo trabajador de la empresa que dice contar con fuentes internas atribuye el problema a un técnico en Francia.
Cualquiera de las dos explicaciones tiene mucha más lógica que la de la homofobia. Pero parece que la gente está encantada de ejercer de nueva inquisición. No entienden que, así, van haciendo perder poco a poco el estatus que actualmente disfruta la acusación.
Eso es tener vista
El centro derecha español tiene una vocación suicida sólo equiparable a la de algunos miembros de la Conferencia Episcopal, estos últimos espoleados por el cardenal Bertone, de cuyas divertidas andanzas nos ocuparemos in extenso en estas mismas páginas próximamente. Pero no crean que se trata de una afección padecida sólo por la cúpula del gran partido de la derecha española. Ojalá fuera así, pero lo cierto es que el Partido Popular actúa en todos los sitios exactamente igual, sobre todo en aquellos que gobierna.
Lo ocurrido estos días con el comunicador de referencia de los votantes del PP pasa continuamente en otros muchos lugares. Actualmente no hay televisión regional en feudo pepero, tal vez con la excepción de Telemadrid, que no tenga proscrita en su nómina de colaboradores a los columnistas, periodistas e intelectuales que defienden las ideas liberales en los medios de comunicación. Créanme, lo digo por larga y muy divertida experiencia.
Los dirigentes del PP te llenan de babas en privado, pero a la hora de la verdad, con ellos sólo trincan los defensores del socialismo de todo pelaje y condición, cuanto más extremo mejor. Joder con los progres, gane quien gane ellos triunfan siempre. Pero no seré yo quien los critique. Si les llenan de dinero y gabelas por insultar diariamente a sus jefes, felices de dar esa imagen de "pluralismo", hacen muy bien de explotar el chollo mientras les dure.
En todo caso, el PP debería cuidar un poquito más a quienes defienden el ideario de sus votantes (los dirigentes, a fecha de hoy, no sabemos qué piensan), no ya por una cuestión elemental de lealtad sino por inteligencia política. La gente normal, la que madruga por las mañanas y saca adelante el país, tiene ciertos principios y no encaja bien verlos pisoteados por aquellos a quienes votan. Lo digo porque todavía esperamos a que un dirigente de la calle Génova se pronuncie sobre el cese del principal comunicador de la derecha española. Las únicas voces de ese entorno manifiestan su absoluta satisfacción con la decisión de los heresiarcas episcopales, como un pintoresco representante del aznarato, cuya empresa ha participado en sonados pelotazos urbanísticos al socaire del poder (por ejemplo en Murcia), y estos días acusa a la víctima de Bertone y Rajoy de ¡beneficiarse privadamente de su relación con la COPE!
¿Usted se imagina a Pepiño Blanco querellándose contra Gabilondo o a Zapatero exigiendo la marcha de Wyoming de La Secta? Yo tampoco, por grande que fuera la supuesta ofensa padecida por los primeros. La izquierda no tiene moral, pero sabe cómo ganar las elecciones. Con la derecha española ocurre lo contrario en ambos casos y no le importa dejar tras de sí un reguero de víctimas cada vez más nutrido. Aquí, o nos hacemos todos progres o habrá que ir pensando en pasar a la clandestinidad. La diferencia con la situación que vivimos ya no puede ser tan grande.