sábado, 2 de mayo de 2009
Fuera por hereje
Todos los partidos políticos tienen un cierto componente de secta, pero en el PP a veces se pasan. El culto al líder exige que los fieles cambien radicalmente de opinión cuando el dirigente decide adoptar otra estrategia, aún cuando ésta sea contraria a la que se venía manteniendo en el grupo, algo difícil de asumir cuando se tienen ideas, principios y valores sólidos y cierto respeto por uno mismo. En cambio, los relativistas que pretenden seguir figurando en la elite partidista no tienen ningún inconveniente en decir hoy lo contrario que ayer. Es más, negarán que algún día hayan defendido algo distinto a lo que marca la ortodoxia vigente en el seno del partido. Y como son un círculo cerrado, en el que la imagen que proyectan hacia un electorado cautivo no es algo que importe demasiado, la única labor imprescindible cuando el dirigente máximo establece un cambio de rumbo es detectar a los que pretenden seguir defendiendo los valores que caracterizaron siempre a la organización, primero para intentar reconducirlos, después para aislarlos y finalmente dejarlos tirados en la cuneta, pero eso sí, sin levantar mucho ruido no sea que algún simpatizante del heresiarca decida cambiar el sentido de su voto.
El caso de Luis Herrero es interesante dada la extraordinaria popularidad del personaje, forjada tras décadas de labor diaria en la radio española. Los votantes conocen a Herrero no por aparecer en un cartel junto a Rajoy colgado de una farola (el cartel), sino por escucharle prácticamente a diario desde hace lustros, así que saben cuáles son los principios que defiende, precisamente los mismos a los que ha hecho honor en su paso por el Parlamento Europeo. Otro error de Luis Herrero, pues a Europa no se va a defender las ideas que el partido ha considerado siempre como fundacionales, sino a hacer amigos, trincar la pasta y difuminarse en los perfiles del paisaje, especialmente cuando se discuten temas candentes que afectan a la libertad de los ciudadanos.
En esos asuntos peliagudos, como el derecho a utilizar la lengua propia en todo el territorio español o la denuncia de los atropellos de la tiranía chavista, los partidos prefieren no significarse demasiado, no sea que en sus respectivos países les acusen de crispar también las instituciones europeas. Si el líder de la secta ha decidido, además, que el nacionalismo separatista es un elemento a considerar de cara a futuras alianzas estratégicas y al que, por tanto, no conviene molestar, la visión de uno de sus parlamentarios luchando con brío para que la cámara de Estrasburgo sancione políticamente los abusos de estos nuevos socios tiene que resultar forzosamente incómoda.
Por eso, cuando Rajoy dice que sólo repetirán los que han trabajado bien, Herrero debe aceptarlo como un halago merecido. Porque "trabajar bien", en la jerga partitocrática, no tiene nada que ver con la honestidad intelectual y la preocupación por atender diariamente las tareas encomendadas, sino con la unción acrítica a los nuevos postulados del comité que elabora las listas electorales. Herrero es un heterodoxo, un personaje incómodo que por fuerza tenía que salir del cotarro electoral del Neo-PP. De hecho, si Rajoy hubiera decidido mantenerle en la lista al Parlamento Europeo, muchos de los seguidores del periodista hubieran comenzado a preocuparse seriamente.
viernes, 1 de mayo de 2009
jueves, 30 de abril de 2009
Amagando y confundiendo, llegamos
De leyes y moral, o de la inmoralidad de basar la segunda en las primeras. La moral no tiene que estar necesariamente contrapuesta a la ley, pero sí debe ser independiente de ella. Algunos dicen: "el pecado no es delito" y se quedan tan tranquilos, ¡faltaria más! Pero cualquiera que tenga una moral, sea religiosa o no, e intente vivir de accuerdo a ella, sabe que pecar contra la misma, es el peor de los delitos.
Un paso más hacia la dictadura educativa
De la cada vez mayor intromisión del Estado y la consiguiente merma de la libertad educativa.
miércoles, 29 de abril de 2009
Windows 7 y XP, amigos para siempre
No hay duda de que a Microsoft el fracaso de Vista le ha hecho mucho daño, y está decidido a solucionarlo como sea. Sus cuentas de resultados, que reflejan por primera vez una caída en ventas, necesitan mejorar y sólo hay dos productos que pueden lograrlo: Windows y Office. Así que ha puesto la directa para lanzar este mismo año la nueva versión de su sistema operativo y conseguir que sea adoptado en los dos mercados que se han resistido al último Windows: los netbooks y las empresas.
Así, Microsoft ya ha prometido una versión específica para estos miniportátiles con poca potencia, que necesitan ante todo de un sistema operativo rápido y eficiente en el uso de los recursos. De rebote, esta mejora se traducirá en que también los usuarios de ordenadores más normales experimentarán una notable mejora en el rendimiento del sistema, lo cual es –creo– un hito en la historia de Windows, cuyas versiones siempre incrementaban los requisitos necesarios para hacerlo funcionar, en términos de microprocesador, memoria y disco duro. No obstante, la Starter Edition que se instalaría en los netbooks tiene una importante limitación que podría hacerla naufragar: sólo permite ejecutar tres aplicaciones a la vez, para que el rendimiento no decaiga.
Uno de los principales culpables de mejora en la eficiencia es el apartado gráfico, que ha sido optimizado sobre todo en lo que se refiere a las aplicaciones de escritorio más que en los videojuegos. Ahora se necesita mucha menos memoria principal, al mover todos los datos necesarios a la memoria de la tarjeta gráfica, lo que implica que puede funcionar de forma aceptable con 1 giga de RAM sin estar continuamente tirando de la memoria virtual del disco duro, que es lo que más ralentiza el funcionamiento de un ordenador.
Pero donde está poniendo toda la carne en el asador es en el apartado de las empresas. Microsoft se ha visto obligada a ir extendiendo el soporte técnico para Windows XP al negarse las compañías a actualizar sus sistemas informáticos a Vista, algo que ha sido visto por todo el mundo como un reconocimiento de su fracaso en el entorno empresarial. Dado que Windows 7 es, fundamentalmente, un Vista que funciona bien, Microsoft ha pensado que lo único que podría frenar su implantación en las empresas son los posibles problemas de compatibilidad con viejas aplicaciones pensadas para XP. Así que con las versiones para profesionales podremos instalarnos el "modo XP" que permite ejecutar esas aplicaciones sin problemas.
¿Cómo lo hace? Mediante una tecnología llamada virtualización, presente en casi todos los microprocesadores modernos, tanto de AMD como de Intel. Así, cuando queramos ejecutar una aplicación que no funcione en Windows 7 podremos arrancar una especie de mini-XP que permita hacerla funcionar sin problemas, al igual que hace en los ordenadores de Apple una aplicación llamada Parallels, que permite ejecutar programas de Windows desde un Mac. Es una vía que, de funcionar correctamente, permitiría que futuras versiones de Windows se crearan de cero, abandonando la necesidad de ser directamente compatibles con las anteriores.
Es posible que, pese a todo, algunas de las compañías más grandes sigan resistiéndose al cambio, porque un cambio de sistema operativo requiere un esfuerzo de adaptación notable, pero las mejoras del nuevo Windows –junto con, para qué engañarnos, el final del soporte para XP y de las licencias que permiten instalarlo aunque compremos Vista– seguramente lleven a la mayoría de pequeñas y medianas empresas hasta ahora reticentes a dar el salto. Y, con él, la recuperación aun en parte de los resultados de Microsoft. Un vistazo a las estadísticas muestra que sólo el 20% de los lectores de Libertad Digital emplean Vista, frente a un abrumador 75% que permanecen fieles a XP, pese a que hace ya más de dos años de su lanzamiento. Esperemos que Windows 7 mejore esos números, porque significará que es un sistema que se adapta mejor a las necesidades de los consumidores.
¡Comed Obama!
A falta de confirmar la presencia de Michelle Obama en el mitin de cierre de campaña del PSOE para las europeas, resulta forzoso señalar lo procedente del spot elaborado por Leire Pajín para resumir lo que los socialistas ofrecen a los votantes de cara a la cita con las urnas del mes próximo.
En efecto, hay pocas cosas que angustien más a los cuatro millones y medio de parados (ni que decir tiene el millón de familias sin ingresos ni subsidios) que conocer de manera exacta cuál es la idea de Pajín sobre las diferencias políticas entre Obama y George W. Bush. Gracias a ese magnífico anuncio, podemos conocer de primera mano qué es lo que el socialismo español ofrece a los ciudadanos a cambio de su voto en las europeas: diálogo, mestizaje y leña al cambio climático.
En realidad resulta lógico, dentro de lo absurdo de su trayectoria, que un PSOE abrumado por los acontecimientos reconozca con este videoclip que no tiene ni idea de lo que pasa en el mundo ni la forma de afrontar los retos que ya tenemos delante, con la recesión económica en primer lugar. El socialismo funciona de perlas cuando la caja está llena, pero cuando el dinero público se acaba es incapaz de crear ni una sola de las condiciones necesarias para permitir la prosperidad de los ciudadanos. Por eso no tiene más remedio que acudir al eslogan majadero y apelar a los sentimientos más primarios de sus votantes. Si la realidad les muestra que están provocando una catástrofe, los socialistas dejan de lado los hechos y desempolvan el breviario del buen progresista, una manera efectiva de mantener las simpatías y el voto de los que se horrorizan con la simple idea de que los demás les consideren unos retrógrados.
Un video obsequioso hasta el rubor hacia el presidente yanqui, realizado por los mismos que hasta ayer mismo encabezaban las falanges antinorteamericanas, y la acusación a Mayor Oreja de no haber hecho nada contra la ETA, son los principales argumentos con que el PSOE de Zapatero va a pedir el voto al progresismo español, esté en paro o todavía no. Y para defender ese argumentario en Europa, el hermano de Zorrocloco. Hasta el PP de Rajoy podría ganar unas elecciones absurdas como las próximas con un rival así.
martes, 28 de abril de 2009
El sano Tardà
Y al Rey y a la mayoría de españoles. Y viene a decir que defender que se pueda estudiar en castellano en toda España es propio de una sociedad enferma. ¡Pues menos mal que él está sano!