lunes, 11 de mayo de 2009
domingo, 10 de mayo de 2009
Sindicalistas dinamiteros
Hasta hoy sabíamos que la culpa de la recesión económica era de Franco, Aznar y Bush, no necesariamente por ese orden, pero los liberados sindicales madrileños acaban de sacarnos del error. Los problemas económicos que sufren las empresas, los más de cuatro millones de parados y los expedientes de regulación de empleo que brotan a diario en España como champiñones en un estercolero, son estricta responsabilidad de Doña Esperanza Aguirre Gil de Biedma.
Zapatero no sólo no tiene nada que ver con esta crisis, sino que es precisamente el personaje providencial que está impidiendo el recorte de derechos sociales que la derecha busca haciendo honor a su tradición antiproletaria, de ahí que las algaradas, los apedreos y el lanzamiento de petardos sólo tengan como objeto a la presidenta de la Comunidad de Madrid.
En Andalucía, que ostenta la plusmarca mundial en porcentaje de desempleados, los sindicatos no han convocado manifestación alguna. En Madrid sí, y como en la lucha por el socialismo todo sacrifico es insuficiente, los profesionales del sindicalismo han "elevado el listón de la crítica", que diría Anson (sin tilde, al modo británico) y han decidido boicotear una sesión parlamentaria entre el aplauso, como no, de los diputados socialistas y comunistas, siempre dispuestos a defender la libertad de expresión de los oprimidos, incluido el lanzamiento de petardos y adoquines, que es una forma como cualquier otra de dialogar democráticamente.
En el diario del grupo PRISA, emporio ideológico-empresarial cuya extraordinaria salud financiera hace que sus trabajadores estén la mar de contentos, afirman que las algaradas en la Asamblea de Madrid son un estallido social. Habrá que ver cómo califican a sus trabajadores cuando la brillante gestión de Cebrián los ponga en la puta calle y se produzca otro "estallido social" a las puertas de la sede del grupo. Seguramente a eso se le llamará entonces un "ataque intolerable contra la libertad de expresión".
La "asimetría reivindicativa" de los sindicatos nace de una confusión primordial que considera el trabajo no el primero de los derechos sociales, sino un castigo divino que conviene eludir el mayor tiempo posible. En función de esa deformación de la realidad, los sindicatos denominados "de clase" no van a denunciar al que destruye esa maldición bíblica a velocidad de escape terrestre, sino a hacer política, que es en última instancia el objetivo para el que fueron creados. Si además el Gobierno duplica el importe que entrega anualmente a fondo perdido a los dos grandes emporios sindicales, la defensa de Zapatero y el acoso a sus rivales políticos es ya una cuestión empresarial. Como decía el protagonista de El Padrino, "son sólo negocios".
ZP imita a Sarkozy y pagan los internautas
¿Cuéntame cómo pasó le parece la serie más casposa de la televisión desde hace décadas? No importa. Además de con sus impuestos, dentro de poco usted pagará parte de lo que cobran sus protagonistas por poder leer artículos como este. ¿No ha visto jamás, ni tiene intención de hacerlo, el programa presentado por Anne Igartiburu? Eso es lo de menos, si quiere leer su blog favorito o tener el suyo propio contribuirá económicamente a su mantenimiento. ¿No soporta cómo presentan el Telediario Lorenzo Milá y María Escario? A ellos les da igual, si usted pretende usar el correo electrónico pagará parte de sus sueldos. ¿Considera una perfecta tontería un programa en el que unos cuantos famosos participan en un concurso de baile? Aplique cualquiera de las respuestas anteriores.
No es importante si a uno le gustan o no los programas de Televisión Española. Tampoco lo es si no se pone jamás delante del televisor y sin embargo pasa mucho tiempo frente al monitor del ordenador. Rodríguez Zapatero ya ha decidido por usted. Es cierto que todos los ciudadanos ya estamos obligados a mantener ese "ente" a través de unos Presupuestos Generales del Estado que salen de nuestros bolsillos. Pero dentro de poco será peor. Si no fuera suficiente con eso, parte de lo que paguemos por conectarnos a internet irá a parar directamente a las arcas de ese pozo sin fondo que algún publicista listo decidió hacer pasar por "la televisión de todos" (aunque, por cierto, a mí nadie me ha dicho donde están mis acciones ni a cuanto cotizan en la bolsa).
Se ve que a falta de ideas propias, el presidente del Gobierno está dispuesto a copiar todo lo malo que se le ocurra a alguien de fuera. Y, tal vez fascinado por el carisma personal que dicen que irradia el presidente de la República Francesa o puede que obnubilado por la belleza de la mujer de este, ha decidido aplicar una de esas muchas malas ideas que tiene Nicolas Sarkozy. Como queda muy bonito y supuestamente culto –como si TVE fuera algo parecido a una cadena de calidad– quitar los anuncios de la televisión pública, pues se hace. Y de paso se elimina la competencia desleal que hasta ahora sufrían las privadas, empezando por las muy socialistas Cuatro y La Sexta. Lo malo es que alguien tiene que pagar el invento. Pues nada, a explotar un poco más la gallina de huevos de oro llamada conexiones a internet. Lo mismo, dicho de paso, que pretende la SGAE.
Se nos dirá que no lo pagaremos los usuarios, que quien tiene que afrontar ese gasto son las operadoras. Pero pretender que estas no lo repercutan en las tarifas es simplemente de ingenuos, idiotas o mentirosos. De hecho, las "telecos" ya han advertido de que financiar la televisión pública de esa manera puede llevar a un aumento de precios. Para alegrar la vida a Emilio Aragón, Juan Luis Cebrián, Paolo Vasile y José Manuel Lara, sin plantearse en serio el sentido de esa herencia del franquismo llamada TVE, desde el Gobierno han decidido exprimir todavía más el bolsillo de aquellos ciudadanos y empresas que se conectan a internet.
Tal vez la última cumbre hispano-francesa no tenga nada que ver con que ZP haya decidido ahora copiar esa idea de "Sarko". Pero, por si acaso, que el presidente del Gobierno no vuelva a reunirse con ningún mandatario extranjero al que se le haya ocurrido en el pasado alguna cosa mala para los ciudadanos.
sábado, 9 de mayo de 2009
viernes, 8 de mayo de 2009
lunes, 4 de mayo de 2009
La tabarra del libro electrónico
Su razón lleva, pero no habría que dejar de tener en cuenta que la importancia de los libros radica en lo que dicen, en lo que nos cuentan, no en el soporte. ¿Nos leemos unos papiros?
domingo, 3 de mayo de 2009
No hay más que una
sábado, 2 de mayo de 2009
Todos podemos ser antipáticos, Teddy
Si los políticos y los "autores" se empeñan en coartar nuestra libertad, tenemos en nuestras manos acciones mucho más contundentes y eficaces que protestas o manifestaciones. A saber:
Dejar de comprar discos y canciones.
No ir al cine.
Leer libros de las bibliotecas públicas (que según la mentalidad de esta gente, ya tendrían que estar cerradas) o que ya no estén sujetos a derechos de autor.
Además, podríamos desarrollar nuestra creatividad en lugar de tener que soportar los bodrios que nos venden y, lo que es más importante, nos acostumbraríamos a pensar por nosotros mismos.
El Papa no usa condón
Las mentiras sobre el SIDA. Y sobre el Papa. Y la peor de todas: ocultar el significativo dato de que es en los países con más católicos donde se da un porcentaje menor de contagios.
Obama contra internet en Europa
Los eurócratas han asestado un nuevo golpe a la libertad en internet. Y lo peor es que lo han hecho aquellos que –con excepciones lamentables como el ahora director general del Instituto Nacional de Cinematografía, Ignasi Guadans– menos daño habían hecho hasta el momento en esta materia, los europarlamentarios. Estos señores, a los que la mayor parte de los europeos no sienten como representantes y que apenas tienen una capacidad legislativa real, han aceptado que los gobiernos puedan desconectar sin autorización judicial a los internautas que se descarguen archivos protegidos por derechos de autor. Toda una victoria para Sarkozy... y Obama.
La combinación ha resultado demoledora. Por una parte tenemos a Sarkozy empeñado en poner los intereses de la industria cultural por encima de los derechos de los ciudadanos. Por otra, a una eurocracia que ha demostrado en repetidas ocasiones su poca simpatía por la libertad en internet. Junto a ellos, unos gobiernos que cada vez que quieren hacer algo impopular lo llevan a Europa para que parezca que nos viene impuesto desde Bruselas y así no asumir su responsabilidad ante los votantes. Y todo ello mezclado con las presiones de un presidente de Estados Unidos al que le encanta meterse en los asuntos internos de Europa pero tocado con un halo de beatitud menos que justificado (a Bush le hubieran llovido los insultos si se le hubiera ocurrido, como sí ha hecho Obama, decir a los europeos que tienen que aceptar como miembro de la UE a un determinado país) y que debe muchos favores al star-system de su país. Con todos esos elementos, era imposible pensar en un resultado diferente al que ha habido.
Tal vez sin la presión del cuerpo diplomático norteamericano en toda Europa el resultado habría sido diferente, pero la realidad de Obama es la que es. Los europeos vamos a pagar el interés del inquilino de la Casa Blanca por agradar a los progres millonarios de Hollywood y las discográficas, así como por proteger y aumentar sus privilegios. Zapatero no es el único que sufre pasión por el presidente de Estados Unidos, acabamos de comprobar que, por desgracia, éste es un mal que aqueja a demasiados políticos europeos.
De otra manera no se explica que los eurócratas hayan llegado a aprobar algo así con el argumento de proteger los derechos de autor. No se han atrevido a algo parecido ni tan siquiera cuando esgrimían las otras dos grandes excusas con las que han blandido cada vez que han ido a recortar la libertad en internet: el terrorismo y la pornografía infantil. Teddy Bautista sí tiene motivo para caer en la Obamamanía. El resto de los europeos, no.
Fuera por hereje
Todos los partidos políticos tienen un cierto componente de secta, pero en el PP a veces se pasan. El culto al líder exige que los fieles cambien radicalmente de opinión cuando el dirigente decide adoptar otra estrategia, aún cuando ésta sea contraria a la que se venía manteniendo en el grupo, algo difícil de asumir cuando se tienen ideas, principios y valores sólidos y cierto respeto por uno mismo. En cambio, los relativistas que pretenden seguir figurando en la elite partidista no tienen ningún inconveniente en decir hoy lo contrario que ayer. Es más, negarán que algún día hayan defendido algo distinto a lo que marca la ortodoxia vigente en el seno del partido. Y como son un círculo cerrado, en el que la imagen que proyectan hacia un electorado cautivo no es algo que importe demasiado, la única labor imprescindible cuando el dirigente máximo establece un cambio de rumbo es detectar a los que pretenden seguir defendiendo los valores que caracterizaron siempre a la organización, primero para intentar reconducirlos, después para aislarlos y finalmente dejarlos tirados en la cuneta, pero eso sí, sin levantar mucho ruido no sea que algún simpatizante del heresiarca decida cambiar el sentido de su voto.
El caso de Luis Herrero es interesante dada la extraordinaria popularidad del personaje, forjada tras décadas de labor diaria en la radio española. Los votantes conocen a Herrero no por aparecer en un cartel junto a Rajoy colgado de una farola (el cartel), sino por escucharle prácticamente a diario desde hace lustros, así que saben cuáles son los principios que defiende, precisamente los mismos a los que ha hecho honor en su paso por el Parlamento Europeo. Otro error de Luis Herrero, pues a Europa no se va a defender las ideas que el partido ha considerado siempre como fundacionales, sino a hacer amigos, trincar la pasta y difuminarse en los perfiles del paisaje, especialmente cuando se discuten temas candentes que afectan a la libertad de los ciudadanos.
En esos asuntos peliagudos, como el derecho a utilizar la lengua propia en todo el territorio español o la denuncia de los atropellos de la tiranía chavista, los partidos prefieren no significarse demasiado, no sea que en sus respectivos países les acusen de crispar también las instituciones europeas. Si el líder de la secta ha decidido, además, que el nacionalismo separatista es un elemento a considerar de cara a futuras alianzas estratégicas y al que, por tanto, no conviene molestar, la visión de uno de sus parlamentarios luchando con brío para que la cámara de Estrasburgo sancione políticamente los abusos de estos nuevos socios tiene que resultar forzosamente incómoda.
Por eso, cuando Rajoy dice que sólo repetirán los que han trabajado bien, Herrero debe aceptarlo como un halago merecido. Porque "trabajar bien", en la jerga partitocrática, no tiene nada que ver con la honestidad intelectual y la preocupación por atender diariamente las tareas encomendadas, sino con la unción acrítica a los nuevos postulados del comité que elabora las listas electorales. Herrero es un heterodoxo, un personaje incómodo que por fuerza tenía que salir del cotarro electoral del Neo-PP. De hecho, si Rajoy hubiera decidido mantenerle en la lista al Parlamento Europeo, muchos de los seguidores del periodista hubieran comenzado a preocuparse seriamente.