jueves, 2 de junio de 2011

El muerto vivo

César Vidal en La Razón

Ya sé que existe una convicción absoluta en que ZP es un cadáver y que después de su designación sabatina en pro de Rubalcaba es difícil acercarse a él y no tener la sensación de que desprende el fétido hedor de la muerte. Sin embargo, a pesar de tanto signo acumulado, no da la sensación de que ZP se haya percatado lo más mínimo de su estado físico-político. En su discurso dedocrático, se jactó, por ejemplo, de que iba a diseñar en el próximo congreso del PSOE las líneas maestras no sólo de la socialdemocracia española sino incluso mundial. Me consta que semejante pretensión es difícil siquiera porque los lobbies gay y feminista no tienen en ningún partido socialista o socialdemócrata ni lejanamente el peso que en el PSOE. Por añadidura, en ninguno de esos partidos hay, por suerte para ellos, nacionalistas catalanes. Pero no se trata de que lo que afirma ZP sea posible sino de que se lo cree y lo anuncia a los cuatro vientos. De hecho, con el espectro de la quiebra económica cerniéndose sobre nuestras cabezas como los buitres ansiosos de despojos, en los últimos tiempos, su Gobierno sólo se ha ocupado de sacar adelante una ley que abre el camino hacia la eutanasia; de impulsar una delirante ley de igualdad de trato que constituye un torpedo contra la línea de flotación de no pocos colegios católicos y de poner en funcionamiento una comisión encargada de estudiar el futuro del Valle de los Caídos que recuerda esas películas en la que un negro de un pueblo de Mississippi es juzgado por un jurado de miembros del Ku-Klux-Klan bajo la acusación de violar a una chica pálida como la leche. Si se suma a esa conducta el reparto derrochón del presupuesto entre amiguetes y la cólera de ciertos medios porque la Real Academia de la Historia sostiene análisis históricos que no son los del zapaterismo y su recua de presuntos hispanistas sin vergüenza, de nulidades sectarias que ocupan cátedras de provincias y de chupópteros de la mal llamada Memoria histórica, cualquiera puede ver que ZP no se siente muerto. Por el contrario, sigue contemplándose como un punto de inflexión progresista en la Historia de España que ahora pasa un mal rato porque muchos no llegan a entender su grandeza, pero que acabará diseñando el futuro guste a quien guste. Sospecho que en el seno de tal visión –de esquizoide la calificaba recientemente un psiquiatra en un programa de televisión con referencia específica y repetida a ZP– Rubalcaba, hijo de un voluntario falangista, aparece como un sucesor capaz de ganar las últimas batallas de una guerra civil que ZP lleva librando hace más de siete años. Teniendo en cuenta el historial del ministro del Interior y que en su haber figura lo mismo el SITEL que el Faisán quizá no le falta razón a ZP para ese optimismo, pero no cabe engañarse. O vamos a unas elecciones anticipadas y el Gobierno que surja de ellas acomete todas las reformas necesarias o la situación económica empeorará de tal forma que el que gane –Rubalcaba o Rajoy– se va a encontrar un erial en el que difícilmente podrán crecer más que paro, miseria y violencia. Todo por empeñarse en no seguir el mandato de Jesús de dejar que los muertos entierren a los muertos.

Viñeta de Montoro en La Razón

Ese tufillo...

Pilar Rahola en La Vanguardia

¿Cómo podrían ser los alemanes los culpables de una mala manipulación de los alimentos o de cualquier error en la cadena alimentaria, ellos que son el colmo de la precisión? En cambio, los de aquí, todo el día con paella y fiesta, vayan a saber cómo hacen las cosas. Recuerdo que en un vuelo con British me encontré un simpático animalito en la lechuga y cuando llamé a la azafata, me espetó con cara de reina de Inglaterra: "Spanish food!, you know...". (...) A pesar de a que todos los casos en el pasado son alemanes, a pesar de que el nivel de seguridad alimentaria española es, hoy por hoy, indiscutible, a pesar de que nada señalaba a la Península, Alemania se echó al monte, disparó contra el primero que pasaba y en un minuto destruyó el trabajo de miles de agricultores. Ahora resulta que el bichito tenía marca Deutschland y donde dije España digo diego. ¿Habrían sido tan rápidos en culpar a un país de su área de influencia, pongamos Holanda o Dinamarca? Lo dudo. Pero Spain continua siendo different y por eso puede ser fácilmente la culpable de un desastre alimentario. Y ahora, ¿qué? Pues nada, a ser buenos alemanes, asumir la culpa y soltar el dinerito.

Todo se hereda

Alfredo Abián en La Vanguardia

El Parlament aprobó ayer la supresión de facto del impuesto de sucesiones. La demagogia está servida al grito de que el igualitarismo fiscal sólo beneficia a los ricos, mientras que las recetas del capitalismo salvaje únicamente gravan a los pobres. Intentemos huir de viejas serenatas falsamente clasistas, siguiendo el ejemplo de un gran loco de mediados del siglo XIX y principios del XX que atendía por Georges Sorel, que fue marxista revolucionario entre sus variados oficios ideológicos. "La envidia feroz del intelectual empobrecido que querría ver guillotinado al comerciante rico es un sentimiento depravado que nada tiene que ver con el socialismo", escribió el maestro.

Zapaterismo para rato

Alberto Gómez en Libertad Digital

Con medidas como la ley de eutanasia o la ley de igualdad de trato, el PSOE profundiza en el nuevo socialismo radical con vocación totalitaria. No nos engañemos. Esto no es cosa de ZP, sino del PSOE y, en general, de toda la izquierda occidental. Si antes el control de la economía era el medio indirecto para conseguir el nuevo hombre, ahora intentan conseguirlo tomando el control de todo lo demás. Marx, al fin y al cabo, era un gradualista moderado al lado de estos artistas del decreto ley.

Y ante este ataque a la libertad individual, ¿cómo es que no se desencadena una revuelta social? Es fácil de entender. Esta izquierda es la consecuencia lógica de lo que la mayoría de la gente cree ahora mismo, incluida la que se considera de derechas. Si pensamos que no somos distintos al nacer y que todo es producto de la educación; si nos empeñamos en creer (¡desde hace tres siglos!) que en la próxima década ya no habrá recursos para todos; si pensamos que es legítimo que las mayorías sacrifiquen individuos por el bien común; si pensamos que los "valores" son arbitrarios y personales y los "hechos", incontestables; si asumimos que todo esto no son prejuicios, sino verdades científicas... entonces no nos podemos oponer al aborto, a la liquidación de ancianos y a una exquisita representación paritaria en todos los ámbitos; no nos podemos oponer al feminismo y a la promoción de la homosexualidad o de cualquier medida anti-natalista.

La derecha, sobre todo la política, solo mantiene diferencias de grado con la izquierda, porque en el fondo está de acuerdo, aunque ello le cause repugnancia. Por eso, la ausencia de argumentos contra la izquierda no es táctica, es una realidad. Todo lo que hace la derecha es meter la cabeza bajo el ala e ilusionarse con que son cosas de ZP. Pero todo esto es un desastre; no porque los principios sean falsos, que lo son, sino porque sus consecuencias van contra las más elementales reglas de supervivencia: impedir directamente –o indirectamente, con medidas de igualdad– que existan nuevas generaciones por una supuesta falta de recursos futura es hacer como las culturas precolombinas cuando sacrificaban a sus jóvenes para suplicar a los dioses una buena cosecha al año siguiente.

No es extraño que los fanáticos se dediquen a atacar por todos los medios a disciplinas como la psicología evolucionista y a los diversos mecanismos de innovación –como la libre competencia– que desenmascaran o hacen irrelevantes esas creencias –en muchos casos atávicas– que buscan el retorno al mundo estático y totalitario de la tribu.

La ministra biógrafa

Serafín Fanjul en Libertad Digital

El mundo cultural español de nuestro tiempo suele ofrecernos pocas alegrías. Por añadidura, y gracias a los gobiernos socialistas, se ha convertido en mera prolongación del patio de Monipodio que constituye la vida política: reparto de subvenciones, premios y protagonismo publicitario para los amigos. El colmo ha sido la actual ministra González Sinde, que con la divisa Sic coronat opus (lo cual en lenguaje popular podría traducirse "Así se remata la faena") ha llegado a subvencionar sus películas y las de su familia: ¿hay quién dé más? Mientras, no es frecuente que instituciones españolas lleven a cabo grandes aportaciones al acervo de la cultura humana. Y cuando alguien lo hace, proliferan los espontáneos dispuestos a desacreditar el trabajo y –si pueden– a hundirlo. Se habla de cainismo español que, sin duda, no falta, pero más bien pienso en estupidez e ignorancia, de los cuales por acá tenemos superproducción.

La Real Academia de la Historia ha realizado en los últimos doce años una obra magna que se venía proyectando desde 1738: el Diccionario Biográfico de nuestro país y de los territorios (vastísimos) que integraron la monarquía hispánica. Ha sido una labor ciclópea que ha requerido tenacidad de dirección y trabajo ingente, minucioso y bien hecho de los coordinadores y organizadores, un esfuerzo gigantesco y sostenido en el tiempo. No puedo ni debo entrar en detalles, pero créanme que 42.000 biografías (con sus correspondientes bibliografías) y más de 5.000 colaboradores no son materia que se ventila "en dos tardes", como es fama resuelven los socialistas sus estudios y tareas. En el mundo sólo hay otra obra equiparable, el Diccionario de Oxford, que los ingleses han dedicado a su país, como es lógico. Pues bien, no han pasado ni dos días de la presentación y ya han aparecido los críticos que se regodean en sumir y mantener a nuestro país en la mediocridad y el consumo para catetos: las películas de Almodóvar, las novelas de Millás, Grandes o Lindo y el no menos prodigioso cine de Sinde.

El pretexto, como se estila en la era Rodríguez, es político: igual que los niños en fase anal, al descubrir el diccionario, se lanzan a buscar "caca, culo, pis", los progres se han abalanzado sobre los veinticinco primeros volúmenes (el año próximo saldrán otros tantos) a dictaminar –desde el inobjetable Olimpo de aquellos a quienes nada se puede criticar porque nada hacen– si el trabajillo merece el nihil obstat que sólo puede expedir su incuestionable autoridad. Obviamente, hay que empezar por Franco y cuanto con él se relacione, el resto no importa. Si el general no sale suficientemente descalabrado y zaherido –a juicio de periodistas que malamente enlazan sujeto, verbo y predicado: vean el panfleto donde escriben– significa que la obra "perderá el interés de los lectores", como ha sentenciado la ministra de Cultura, con la amenaza poco velada de cortar las ayuditas para la edición que han ido proporcionando varios ministerios desde la época de Aznar, pues en la financiación han participado entidades públicas y privadas. Y bienvenidas todas.

En verdad, no sé qué perdonan menos los socialistas, si mantener posturas diferentes a las suyas o, simplemente, que se trabaje: se nota demasiado la diferencia. Y esperemos que Mariano Rajoy y los votantes pongamos fin a esta calamidad.

Un nido de fachas en la Academia

Cristina Losada en Libertad Digital

El tiempo pasa y la ignorancia permanece. Crece, en realidad, exponencialmente. En su día, cualquier persona de cierta cultura, máxime en la izquierda, conocía la caracterización que el politólogo Juan Linz había hecho del régimen de Franco. Por abreviar, el profesor sostuvo que el franquismo se encuadraba en los sistemas políticos autoritarios y no en los totalitarios, y el rigor de su análisis, expuesto en varias obras, había garantizado su supervivencia. Hasta ahora. Hasta que salieron de las guarderías los ninis y llegaron arriba, alegremente liberados de cualquier lastre intelectual y libresco. Hoy, por la misma definición que formulara Linz, quieren fusilar a la Real Academia de la Historia. La conjura de los necios, incansable látigo de los enemigos del pueblo, ha encontrado allí un nido de fachas peligrosos.

Vengan los carcamales con sutilezas, que no cuelan. Al pan, pan, al vino, vino, a la dictadura, dictadura y al asesino, asesino. Un buen panfleto es lo que se pide a los académicos y no rebuscadas fórmulas de la ciencia política. Ante todo, porque no las entienden los nenes. De otro modo, ¿cómo explicar que estos sagaces denunciantes crean que un régimen autoritario no es una dictadura? Habrá que volver a la pizarra para explicar conceptos elementales, y con ejemplos. Digamos, pues, que esta desviación respecto de la línea del Partido, no ocurriría en un sistema totalitario consolidado, aunque tampoco puede estar nadie seguro de que no es un agente del fascio. Bien lo avisó Beria: "Entréguenme a quien les plazca y en veinticuatro horas le obligaré a confesar que es un espía británico". Quiere decirse, en nuestro caso, que Carlos Seco no compensa su calumnia a Negrín ni con el hecho de que su padre fuera fusilado por oponerse a Franco.

Descartado, por el qué dirán, el destino que el totalitarismo reservaría a los académicos criptofranquistas, amén de machistas, centralistas y viejos, me queda una duda. No sé si la coacción que se ha ejercido sobre ellos se diferencia de la que aplicaría un régimen autoritario. Dos ministros, los de Educación y Cultura, qué ironía, exigen rectificación, ergo censura. Y Sinde no excluye la retirada de la obra, cuestión que ha aplazado hasta analizar su contenido. Pero esta nueva sublevación contra el diccionario –ya hubo una similar contra el de la Lengua– muestra un rasgo propio de la mentalidad totalitaria, que no reconoce la existencia de ningún ámbito ajeno a la política. No se salvan ni los diccionarios.

miércoles, 1 de junio de 2011

Contra Franco vivimos mejor

José García Domínguez en Libertad Digital

Parece ser que en la entrada del Diccionario Biográfico Español referida a Franco Bahamonde, Francisco, se ha obviado el pleonasmo de decirle dictador. Asepsia adjetiva que habría provocado el muy airado enfado de la ministra Sinde, acaso presta a recibir las actas de un proceso sumarísimo con la quema en efigie del reo, tal como era costumbre antigua del Santo Oficio. Al respecto, y más allá de la ideología que en puridad nunca tuvo, si algo definió al franquismo fue una mentalidad. Unas actitudes, formas y modos llamados a sobrevivirle largos años, por cierto. De ahí, inconfundible, el eco del célebre "Usted no sabe con quién está hablando" en las palabras de la señora ministra.

Así, a la guionista de Mentiras y gordas le ha faltado tiempo para amonestar a la Real Academia de la Historia. Ocurre que a su conminatorio entender deben ser "revisados" ciertos enunciados "que no se ajustan a la realidad". Al Mando le incomoda el juicio de los historiadores y aconseja sea depurado al dictado de sus precisas indicaciones: franquismo en estado puro. Y duro. Entre esos desajustes presuntos con la realidad figura el aserto de que el de Ferrol "montó un régimen autoritario, pero no totalitario". Una proposición que ha empujado al senador Saura, paleocomunista, a exigir la retirada de los veinticinco primeros tomos de la obra por constituir "una recopilación de ideas que forman parte del pensamiento fascista español".

Eventualidad que casi le invita a uno a hacerse fascista. Aunque solo fuera por el contraste. Y es que todo el pensamiento del mentado Saura cabe holgadamente en veinticinco líneas. Por lo demás, rebajada primero a epíteto y luego a escupitajo, la voz "fascista" no remite a significado alguno más allá de su uso balístico en tertulias y circos televisivos. Razón última del afán ministerial por colgarle el mote al difunto. Pese a que Franco, un franquista convencido, nunca quiso ser cosa distinta. Por algo a Jiménez Caballero, el primer –y tal vez único– fascista que hubo en España, lo largó raudo al Paraguay (para que dejase de marear). En fin, ya en su día advirtió Ennio Flaiano que existen dos clases de fascistas: los fascistas y los antifascistas. Los de don Ernesto y los de Sinde y Saura, que tanto montan.


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A la izquierda española no le preocupa la crisis, ni el paro, ni el terrorismo, ni la corrupción, ni el despilfarro de fondos públicos, ni la presión fiscal, ni los pepinos... A la izquierda española lo que de verdad le quita el sueño es que los historiadores digan que el franquismo era autoritario y no totalitario. Treinta y cinco años después de la muerte de Franco, la izquierda sigue siendo antifranquista. Y poco más: feminista, ecologista, progresista (faltaría más)... Y la casa por barrer. Luego se queja la ministra de Cultura (?) de que los historiadores no se ajustan a la realidad. Que empiecen por ajustarse ellos. La izquierda, y en especial el Gobierno. A la realidad y al calendario. Pero no caerá esa breva. Porque si la historia la escriben los vencedores, en España los vencidos (y los descendientes de los vencedores) parece que no tengan cosa mejor que hacer que reescribirla.

Demoliciones y Derribos ZP

Pablo Molina en Libertad Digital

Lo primero que hay que aclarar a los más despistados es que con la ley conocida como de la Memoria Histórica, aprobada en diciembre de 2007, el conjunto monumental del Valle de los Caídos está fuera de la legalidad vigente, por lo que el Gobierno está perfectamente facultado para demolerlo hasta su base si así lo considera oportuno en aras de "la reparación de la injusticia padecida por las víctimas de la represión franquista" o de la lucha "por la democracia y los derechos humanos", por utilizar la jerga empleada por el parlamento para justificar ese disparate leguleyo. Con dejar un trozo de la cripta habilitado para decir misa, es más que suficiente para cumplir con el precepto específico fijado en el artículo 16 de esta ley que, por si alguien no lo recuerda, fue aprobada prácticamente por unanimidad de las Cortes españolas, con 304 votos a favor, 18 abstenciones y tan sólo 3 votos en contra.

La creación el pasado viernes de un panel de expertos "ad hoc" para determinar el futuro del Valle de los Caídos es sólo la primera fase de un proceso que tiene como fin su desaparición física, porque la damnatio memoriae impuesta por el Gobierno no conoce excepciones, ni siquiera aquellas de carácter piadoso como ese monumento, símbolo de la reconciliación entre los españoles de los dos bandos de la Guerra Civil que Zapatero, cuyo rencor histórico no conoce límites, ha intentado pervertir desde el primer momento por todos los medios en aras de legitimar su proyecto político.

La moral hemipléjica de los socialistas les impide aceptar la realidad histórica que en tan mal lugar les deja, de ahí el empeño en desmantelar su reflejo monumental. Sólo así cabe entender que una norma administrativa como la Orden Ministerial que da publicidad al acuerdo sobre el futuro del Valle de los Caídos, incluya expresiones tan vergonzosamente alejadas del lenguaje jurídico al uso como la que explica que el Valle de los Caídos es un símbolo "de la Guerra Civil, de la dictadura franquista y del nacional-catolicismo de la época" (sic), para a continuación apelar a una curiosa "conciencia colectiva" que exigiría convertir Cuelgamuros en "un lugar de afirmación de la convivencia, la democracia y los derechos humanos, a la vez que de rechazo de la violencia, la guerra y las dictaduras".

Desde luego no lo dirán por las guerras de Afganistán o Libia, en las que nuestro ejército está involucrado por mandato de ese mismo parlamento que quiere hacer del Valle de los Caídos un parque temático contra los conflictos armados, ni por las dictaduras de Venezuela o Cuba, todo un modelo político de referencia para el mismo Gobierno que va a convertir a los benedictinos del Valle en animadores socioculturales que cuenten a los visitantes lo malas que son las dictaduras... pero sólo si son de derechas.

Pronto sabremos qué es lo que los expertos progresistas nombrados por el Gobierno han propuesto hacer con el Valle de los Caídos. Son capaces de ordenar su demolición o incluso algo mucho más drástico: trasladar allí la acampada de indignados de la Puerta del Sol. La solución en unos meses.

Meditación sobre Sol

Agapito Maestre en Libertad Digital

La indignación, la ira y la rabia son pasiones valiosas en la medida que están fundamentadas sobre una opinión política, sensata y ajustada a la realidad, unos argumentos sólidos, capaces de enfrentarse a la injusticia de modo proporcionado con el mal causado, y un juicio político, basado en el contraste de muchos pareceres. La pasión de la indignación, esa especie de odio o aversión que la naturaleza ha puesto en cada uno de nosotros con mayor o menor abundancia, contra los que hacen algún mal, sea del tipo que sea, desaparece si perdemos de vista al causante concreto de mal. Eso es, exactamente, lo que ha sucedido en la movida de Sol.

Quienes se han plantado en Sol, sin otro "fundamento" que reclamar una justicia universal contra todos los males de la humanidad, son unos impostores, o peor, gente que se autoengaña cobardemente y, sobre todo, son criminales de una de las principales pasiones del ser humano: la indignación, rabia, ira u odio que sentimos por naturaleza contra los que hacen algún mal.

Las ocurrencias absurdas de Pajín

Emilio J. González en Libertad Digital

El verano es una época propicia para lanzar globos sonda en materia fiscal, más que nada porque, como ya se está trabajando en la elaboración de los presupuestos para el año siguiente, es el momento de comprobar las reacciones de unos y otros ante todo aquello que se les pase por la cabeza a quienes nos gobiernan y comprobar hasta qué punto sus ocurrencias son factibles o no. Creo que la idea de duplicar el precio del tabaco a través de más impuestos, que acaba de lanzar el Ministerio de Sanidad de la ínclita Leire Pajín, responde en última instancia a este principio. ¿Por qué? Porque el Gobierno, por un lado, no consigue reducir el déficit público tal y como se había comprometido con la Unión Europea, ya que los ingresos siguen desplomados debido a que ni hay crecimiento económico, ni consumo, ni generación de puestos de trabajo, ni se les espera; y, por otro, a que Zapatero no quiere renunciar en los meses que le quedan en Moncloa a seguir gastando y gastando ese dinero que no es suyo, sino de todos los españoles. Pero como el déficit hay que recortarlo de alguna manera, pues más impuestos sobre el contribuyente.

¿Por qué el tabaco? Pues porque su demanda es bastante rígida, es decir, que varía muy poco con los cambios de precio de la cajetilla. Quien quiera seguir consumiendo tabaco, que son muchos los fumadores que no renuncian a este hábito por muy caro que se ponga, se quitará de gastar su dinero en otras cosas y lo hará en un bien cuyo precio, a ocho euros la cajetilla como propone Sanidad, será todo impuestos en alrededor del 90%. Y eso es lo que quiere Pajín, o su mentor en Moncloa: buscar una forma de recaudar más, de exprimir más y más al ya muy sufrido contribuyente.

Lo que olvida quien haya ideado semejante disparate es que la subida del tabaco tiene un impacto inflacionista nada desdeñable, y este país no está para ese tipo de cosas mientras las subidas salariales sigan tomando como referencia la evolución del IPC. Y lo que ignora es que una cajetilla de cigarrillos a ocho euros es un incentivo muy fuerte para la generalización del contrabando de tabaco en España. Es lo que ha pasado en otros países de la UE, donde los traficantes de drogas han visto que con esos precios del tabaco su contrabando es un negocio muy lucrativo y las penas por el mismo son muy inferiores a las del tráfico de estupefacientes, con lo que la venta ilegal de tabaco ha vuelto a ser una realidad claramente visible en las calles y plazas de buena parte de la vieja Europa, mientras la recaudación por impuestos sobre el tabaco se desploma. Claro que a Leire Pajín estas cosas no se le ocurren, como tampoco piensa en qué va a pasar con los trabajadores del sector, en especial los de las empresas que producen cigarrillos baratos. A ella, simplemente, alguien le ha puesto una ocurrencia en su cabeza y se ha lanzado a pregonarla a los cuatro vientos sin pararse a pensar en las consecuencias. Menos mal que ya tiene los meses contados en el cargo.

El terror español

José Antonio Martínez-Abarca en Libertad Digital

Cierto líder austríaco supremacista cuya chupipandi de cabezas semirrapadas decía llamarse "Partido Liberal" (se ve que los liberales austriacos deben ser tan recomendables como sus homónimos alemanes cuando uno se los encuentra en un callejón oscuro) entró hace unos años en el corazoncito de las leídas masas de su país señalando con gesto bíblico, igual que ahora ha hecho una émula democristiana con nuestros pepinos en Hamburgo, un bote de yogur fabricado en España. Con esa cosa del comercio y los excesos capitalistas, bramó Jörg Haider (que así se llamaba el liberal), entran a nuestras tiendas nada menos que productos españoles, los cuales contienen colorante procedente de esos bichitos llenos de patitas, las cochinillas. Que aunque mataban mucho menos que la bacteria E.coli, daban un poco de asco. España, ya se sabe.

Haider sabía cómo excitar el imaginario colectivo. La sana juventud del país natal de Hitler amenazada por oscuras maldiciones procedentes del sur, unos yogures. Como si hubiesen sido unos pepinos. Esto es un clásico entre las mentes de la Europa culta, que desde el siglo XIX ha fabricado medio subgénero de la literatura terrorífica con este argumento: la normalidad profanada por alguna anomalía incomprensible procedente de lugar exótico, por ejemplo España. El éxito de Haider entre el público austríaco fue inmediato, como también ha sido inmediato el éxito de la señora democristiana alemana que nos señaló con el dedo, dicen que sin querer. Desde la célebre pandemia de "gripe española", que no fue española pero que mató a unos cuantos millones de tipos, había pasado bastante tiempo y ya tocaba propalar otro cuento de terror sobre España.

Es decir, que la alarma del pepino contaba con la susceptibilidad de la Europa desarrollada hacía eso que Juan-Jacobo Rousseau llamaba "el último país con auténtico carácter" del continente (que este pájaro nos elogiara es más bien algo inquietante), como también contaba con ello aquel sensacionalismo, tan productivo, del tal Haider. La acusación sin datos sobre el bichito E.coli, uno de esos tan pequeños que si se cae de la mesa se mata, que hubiese dicho aquel ministro ucedeo Sancho Rof, ¿ha sido una inconmensurable torpeza de la ministra de Salud hamburguesa, Cornelia Prüfer-Storks, o se trata de alguna estrategia comercial? Porque si doña Cornelia lo hubiese hecho a propósito, no podría haber hundido más el sector... tal vez en beneficio de otros. Doscientos millones de euros perdidos por semana en hortalizas no me creo que sean cosa de un mero exceso verbal de una política de provincias. No produce la misma psicosis decir que una bacteria alimentaria proviene de España que de Alsacia-Lorena. Por eso el temor a los pepinos se ha extendido a cualquier cosa procedente de nuestro país... cuando se deja entrar a Europa, en ventajosísimas condiciones, el harto más sospechoso tomate marroquí, cuyo mayor control higiénico debe ser algún miembro del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate que los va limpiando uno a uno con la barba.

La austeridad sociata

Juan Morote en Libertad Digital

En un momento en que no hay dinero para pagar a proveedores, donde las prestaciones del sistema sanitario se hallan pendientes de su redimensionamiento, donde el ingente gasto en educación es el menos eficiente del mundo occidental, donde entre otras muchas graves disfunciones el paro juvenil alcanza niveles astronómicos y el número de desempleados que no perciben prestación alguna supera los trescientos mil andaluces, la presidenta del Instituto Andaluz de la Mujer ha descubierto que el gran problema de la Bética es la falta de perspectiva de género en una medicina tradicionalmente antropocéntrica. Qué descansada se ha quedado. ¡Áteme usted esa mosca por el rabo!

Tamaño descubrimiento de esta clarividente sociata no va a quedar aquí. Ahora habrá que dar unas cuantas subvenciones a las entidades habituales para que corroboren el atropello que ha significado que hasta ahora los galenos hayan ignorado la existencia de diferencias de género entre el hígado macho y el hígado hembra. A lo mejor va a haber que plantearse un sistema de trasplantes diferenciados. Cabrá incluso plantearse si los órganos de los homosexuales también son susceptibles de tratamiento propio. Y mientras todo este despropósito toma carta de naturaleza, los andaluces más desfavorecidos ven cómo los nuevos señoritos despilfarran el dinero... y en cambio ellos siguen careciendo de casi todo.

Un Gobierno que no vale ni un pepino

Editorial de Libertad Digital

Durante todos estos días, en los que nuestros camiones repletos de hortalizas se veían obligados a regresar a España, y países como Rusia se sumaban al veto a nuestras exportaciones, no se ha visto más que a un Zapatero en retirada y a un Rubalcaba muy ocupado en dar un falso de aire de primarias a su digital designación como próximo candidato del PSOE. Eso, por no hablar de las desaparecidas ministras de Sanidad, de Exteriores y de Agricultura que, con su incompetencia y falta de reacción, han ejercido más que nunca como decorativas "ministras de cuota".

No contenta con el tiempo que nuestro Gobierno ha dejado pasar sin abortar este infundio que tanto ha hecho perder a nuestros agricultores, lo único que ha sabido hacer la ministra de Agricultura ha sido decir este martes que "ya tendremos tiempo de demandar".

Y es que al desprestigio y a la falta de firmeza, ya conocidas, de nuestra política exterior, se ha sumado la debilidad de un partido que se resiste a dejar el Gobierno tanto como a gobernar.

Matar al loro

Manuel Martín Ferrand en ABC

Según anuncia UPyD, el partido que lidera Rosa Díez, los cinco concejales de la formación que, encabezados por David Ortega, se disponen a tomar posesión de sus cargos representativos en el Ayuntamiento de Madrid renunciaron a los cinco coches oficiales que, uno por barba, les corresponde como ediles de la ciudad más endeudada de España. Además de celebrar un gesto de valor ético y rareza estética en nuestra despilfarradora vida política, la noticia me ha escandalizado notablemente. ¡Todos los concejales capitalinos tienen coche! Es decir, tienen conductor, o conductores, a su disposición y, sin introducir la amortización del vehículo que les corresponde, ello supone un gasto anual mínimo de 50.000 euros por persona, además de cuantas bicocas y gabelas hayan ido amontonando, con la mandanga bipartidista, a lo largo de los años.

Suele decirse, en un país en el que vale todo y en el que el poder y la oposición alcanzan fácil unanimidad en lo que respecta a sus retribuciones y privilegios, que eso del coche oficial es «el chocolate del loro». Y no lo es. En el orden de los principios, que es lo fundamental en una democracia no paródica, es algo importante. En lo económico, no se trata de nada baladí. En España tenemos hoy en los distintos planos de la Administración pública —nacional, regional, provincial y local— unos 35.000 coches públicos con sus correspondientes conductores, seguros, consumos y mantenimiento. La cifra es imprecisa, y pudiera ser mayor, porque nuestras Administraciones son opacas y no brilla el trabajo de la oposición de turno en cada una de ellas por pretender la transparencia detallada de los gastos; pero podríamos estar hablando de una cifra próxima a los 2.000 millones de euros anuales. En consecuencia, es urgente matar al loro para que no sea necesario, en aras de su chocolate, bajar las pensiones de los ancianitos.

En la medida en que los representantes de los nuevos partidos, como UPyD o FAC, implanten su presencia crítica en los órganos representativos para los que han sido elegidos puede producirse un efecto revulsivo que contribuya, aunque solo sea por el sonrojo de los ya instalados, a sanear viejos esquemas y presupuestos no exigentes con el gasto y, por ello, irrespetuosos con los ciudadanos que los proveen con su esfuerzo fiscal. Cuando los colchones eran de lana, resultaba imprescindible la figura del colchonero que, con una vara doblada en «L», por razones de higiene y de confort, apaleara la lana apelmazada por el uso. Por esa vía los pequeños se harán grandes después de conseguir matar a ese loro devorador de chocolate que tanto nos cuesta.

El retorno de los zombis

Gabriel Albiac en ABC

Pasado ese momento vocinglero del navajazo en la tripa al colega inoportuno —a la colega—, ¿qué paisaje de intereses se abre ante el ejecutor Rubalcaba? Porque no puede decirse que sean claros sus motivos. Ni los de todos aquellos que en él ven salvación aún verosímil: la salvación de un partido que, en tierras más exigentes con sus electos, hubiera sido borrado hace bastante. Porque el saldo de este PSOE, el inventado a golpe de talonario tras la muerte del dictador, es una continuidad de atrocidades. Que culminaron en la locura de un presidente, éste de ahora, para dar cuenta de cuya andanza no hay más léxico funcional que el de los psiquiatras.

Con Zapatero fuera de sus cabales —o actuando como si lo estuviera, que es lo mismo—, Rubalcaba procedió a un asalto bien planificado. Ocupó el hueco. Sin que nadie se lo disputase. Y, más asombrosamente, sin que nadie —digo nadie— pareciera querer preguntarse por qué el presidente del Gobierno había desaparecido desde la primavera del año pasado. Hasta hoy, y a todos los efectos. No hubo una dimisión en el Gobierno. No hubo una resistencia. Parecían aceptar aquello como un accidente meteorológico más o menos desagradable. Hasta el día en que las elecciones del 22 de mayo pusieron en el escaparate lo que no debería haber sorprendido a ninguno: que el partido socialista estaba en saldo. Y que se enfrentaban todos ellos al riesgo más odioso: tener que trabajar para vivir, como el resto de los mortales. Entonces estalló la guerra. Duró sólo un par de días. El dispositivo de control trazado por el ministro del Interior en torno a sus colegas era ya infranqueable. Malos, pero no del todo tontos, optaron por rendirse. Y ofrecer al ganador sus buenos oficios. Blanco ha sido el paradigma, simplemente porque Blanco es la esencia intelectual y moral del socialismo español del siglo veintiuno.

¿Para qué tanto juego de masacre? Porque, en política, nadie despliega una estrategia tan costosa sin el proyecto verosímil de rentabilizarla. A estas alturas del juego, ser candidato electoral del PSOE es ponerse como víctima oblatoria para que la apisonadora de las urnas te pase por encima. La esperanza de ganar es cero. El riesgo de ser triturado, altísimo. ¿Qué puede aguardar un viejo profesional como Rubalcaba de su empeño por capitanear la deriva de su partido hacia el naufragio? ¿Qué pesadas inercias juegan sobre su maestría en sombras y alcantarillas para soñar que el reloj gire a la inversa, hasta aquellos dorados años de la impunidad perfecta, tras cuyo parapeto hizo fortuna el felipismo?

Muy pocos días antes de que un 11 de marzo cambiara irreversiblemente la historia de España, alguien cercano al clan felipista más estricto me explicaba el sacrificio de peón de 2008: Zapatero es un don nadie que durará poco; mejor que se pegue el bofetón electoral él y pague el coste; podremos pasar luego a las cuestiones serias y empezar de nuevo. Se equivocó en los tiempos. El don nadie fue propulsado a presidente. Y ejerció su disparate de siete años. Alguien logró infiltrarle a Rubalcaba. Alguien ha decidido que es la hora de volver a la casilla de salida. Puede que alguien haya olvidado que, en política, no hay tiempos reversibles.

La verdad es que...

Antonio Burgos en ABC

La verdad es que si suprimimos ese remoquete de «la verdad es que», decimos exactamente lo mismo. ¿No hay que ahorrar, porque estamos en crisis? Ahorremos al menos saliva en estas modas horrendas de repetir remoquetes no significantes. «Dicho lo cual» (como aprendí al aprobar con nota Primero de Tertulianés), la verdad es que ante tanta mentira como nos rodea, conviene quizá resaltar un bien escaso como es la verdad. Siguiendo, pues, las divinas enseñanzas de los dictados de la moda, nos atrevemos a decir:

La verdad es que las lágrimas de Carmen Chacón sonaban a falsas, a guión escrito por su marido, a paripé de la que da un paso atrás ahora para poder darlo luego adelante como rueda de repuesto, cuando se produzca con el pinchazo de Rubalcaba en el segundo batacazo del PSOE.

La verdad es que no me explico que todos contra el PP y nadie contra Bildu; el PSOE de Andalucía le pide a Rubalcaba que frene al PP; el primer objetivo de IU en Extremadura es que no gobierne el PP como lista más votada; en cambio nadie se preocupa de frenar a los proetarras de Bildu, ni de impedir que Bildu gobierne nada, aunque sea la lista más votada.

La verdad es que no sólo tenía razón el otro con lo que dijo, sino que lo han aplicado: «Si de la derrota del PSOE tiene la culpa la crisis, que dimita la crisis».

La verdad es que se puede comer pepino español para demostrar a los alemanes que no matan, como Fraga se bañó en Palomares tras la bomba, pero la consejera de Agricultura de Andalucía es que devoraba el pepino, qué ansia comiéndose el pepino, con lo feo que suena eso, Dios mío de mi alma...

Pulgas y serpientes

Alfonso Ussía en La Razón

Las pulgas han invadido el campamento de los que no hacen nada. Las serpientes se han adueñado de las tierras vascas. Urkullu, el tiro –nunca mejor escrito–, por la culata. Los acampados en Sol han dejado de interesar. Son los tostones de Sol. Las serpientes se mueven. Ha vuelto el terror y la amenaza a muchas localidades de las provincias vascongadas. Como si en los límites territoriales del País Vasco hubieran abierto centenares de cajones repletos de ofidios. Los responsables de la apertura tienen nombre y apellidos. Pascual Sala, Eugeni Gay, Elisa Pérez Vera, Luis Ignacio Ortega, Pablo Pérez Tremps y Adela Asúa Batarrita. Ocupan un lugar preferente en las páginas negras de nuestra libertad. Quizá les interese conocer a Carlos García, que ocupa un lugar de honor en las páginas heroicas de nuestra convivencia. Carlos García era concejal del Partido Popular en Bilbao. Se presentó en Elorrio, una localidad vizcaina gobernada por ANV hasta el pasado 22 de marzo. Pagó de su bolsillo la campaña electoral, sobreactuada de insultos y amenazas. Quizá les interese a esos seis lamentables personajes saber que los apoderados de «Bildu» mostraban en los colegios electorales fotografías de terroristas etarras estampadas en sus camisetas. Carlos García, con tesón y valentía ha conseguido un acta de concejal de Elorrio. Tiene la llave de la gobernación del áspero municipio. Seis concejales del PNV, seis de «Bildu» y él. Carlos sabe que se juega la vida. Lo ha asumido. Entre serpientes. Las pulgas sólo pican, y gustan de la mugre y la suciedad. Las serpientes han matado a mil inocentes y volverán a hacerlo cuando les llegue el dinero de los municipios y las diputaciones. De ser justos, que no lo son, los seis magistrados del Tribunal Constitucional que han abierto las cajas de las víboras enroscadas en el hacha, harían bien en prescindir cada uno de un escolta y encomendarles la seguridad de Carlos García. Aquí en Madrid, y después del favor concedido, ellos no necesitan que los cuiden. De ello se encargan sus favorecidos. Pero Carlos García, que va a apoyar, aunque no lo merezca, al PNV, y va a alejar de los proetarras la alcaldía de Elorrio, necesitará esos seis escoltas como mínimo para poder desarrollar la labor que sus votantes le han encomendado. Quizá les interese a los magistrados anteriormente relacionados, saber que los votantes del PP y del PSE en muchas localidades vascas no podían elegir libremente su papeleta en el colegio electoral, y tenían que llevarla desde su casa. No creo que les interese conocer a Carlos García, pero podría ofrecerle toda suerte de datos y hechos acontecidos que podrían avergonzarlos. Gracias a esos seis encantadores magistrados, «Bildu» va a controlar los impuestos, las cuentas corrientes y los domicilios de los contribuyentes vascos. Pulgas en Madrid que no pican a Rubalcaba ni a la Delegada del Gobierno y serpientes enroscadas en mil hachas ensangrentadas en el País Vasco. No dejen pasar la ocasión, señores magistrados y llamen a Carlos García. Él les contará con ejemplar sencillez las nefastas y terribles consecuencias de su decisión. Verán a un hombre como la copa de un pino que lucha en soledad por defender la libertad y la democracia en la tierra de los vascos. Resulta emocionante su palabra. Ejemplar. Grandiosa. Ya que no las serpientes, les deseo que al menos, les pique alguna pulga.

Y el Faisán sin aclarar

José Antonio Vera en La Razón

Tienen razón los sindicatos policiales cuando dicen que el vicepresidente-ministro-portavoz-candidato ha olvidado sus funciones y no se dedica a lo que debe. Por ejemplo, a esclarecer quién fue el responsable del chivatazo del Faisán o a solventar el problema de la Puerta del Sol. Rubalcaba cree que gobernar equivale a permitir que cada uno haga lo que quiera. La concentración madrileña se le ha convertido en una acampada antisistema que aprisiona a los comerciantes, coacciona a los viandantes y produce el rechazo general de muchos ciudadanos. Fundamentalmente porque aquello, otrora una manifestación espontánea justificada contra la crisis, los políticos y la partitocracia, ha degenerado en un festín en el que abunda la suciedad. Con un componente de peligro real que no se debe olvidar. Bombonas, motores gasoil, cocinas improvisadas, tiendas sin agua corriente ni servicios de ningún tipo. Cualquier día nos llevamos un susto. Rubalcaba está muy entretenido soñando con suceder a Zapatero. Entre mítines, ruedas de Prensa, maldades y conspiraciones como la que le acaba de perpetrar a Carme Chacón no tiene tiempo para gobernar. Su fuerte nunca fue la gestión, la verdad. El desastre de la Logse es buena muestra de ello. Pero lo de ahora clama al cielo. No para de acumular cargos, y la puerta del Sol sin desalojar, y el Faisán sin aclarar. Demasiado derroche para este país tan necesitado de soluciones y tan sobrado de confabulaciones.

Rubalcaba esprínter

Ángela Vallvey en La Razón

Su elección es la «Rendición de Breda» del zapaterismo ante el felipismo. Todo vuelve porque nunca se fue. El PSOE avanza, pero hacia 1996. Dicen que a Rubalcaba los progresistas buenos le quieren a rabiar y los fachas malos le temen como a una vara verde. Eso forma parte de su encanto, es la certificación AENOR de calidad socialista que avala su candidatura. O sea, que en el Gobierno, y en el PSOE, la cosa está que arde. (Y mientras, España quemada viva. Pero eso, como la opinión de Zapatero, ¿a quién le importa ya…?).

martes, 31 de mayo de 2011

Tiembla, Hernández Mancha...


Viñeta de Montoro en La Razón

El hombre fuerte

José García Domínguez en Libertad Digital

Ser obsesionado con la modernidad como todo buen provinciano, nuestro entusiasta discípulo de Pettit acabará sus días –políticos– abrazando, ¡ay!, la doctrina más chusca de las más chuscas repúblicas bananeras. He ahí Rubalcaba, al modo de Torrijos o Noriega en Panamá –y de tantos espadones latinoamericanos–, encarnación canónica de la figura del "hombre fuerte". El patriarca que mueve los hilos en la sombra, ese gran clásico tercermundista tan caro a las estampas de sofocante decadencia tropical de las novelas de Graham Greene.

Malos tiempos para la lírica socialdemócrata. En los minutos de la basura previos a los idus de marzo, el doctor Jekyll y míster Alfredo vendrán llamados al más difícil todavía. Con una boca –la pequeña– habrán de avalar las reformas, ese eufemismo piadoso, edulcorante retórico a fin de designar el ajunte duro y sin anestesia que reclama Bruselas; trabajo sucio que preferirían delegar en Rajoy. Con la otra, tratarán de apuntalar los restos de un discurso de izquierda que evite la fragmentación aún latente de su base social. Lo más parecido a un guión de Misión imposible. A fin de cuentas, la derecha, apolítica por naturaleza, siempre podrá sobrevivir con la cosa pública reducida a prosaica contabilidad social, rutinaria administración burocrática de personas y cosas. Sin embargo, para la izquierda, como bien supo ver Tony Judt, la cabeza mejor amueblada que le quedaba, eso es la catástrofe.

Huérfana de una narración histórica desde la caída del comunismo, desprovista al tiempo del menor horizonte utópico, apenas le resta la miseria intelectual y moral del pequeño politiqueo cotidiano. Un terreno en el que sus señas de identidad han terminado desvaneciéndose por completo. Razón última del horror vacui que se deja entrever tras la enternecedora ingenuidad algo kitsch de los indignados de Sol. Así, bajo ese escenario donde se representa el cuento del malvado Alfredo y la princesita destronada, acaso se esté produciendo un movimiento de placas tectónicas en la izquierda sociológica; una desafección larvada que podría llevar a la fractura de la hegemonía del PSOE en un territorio sentimental que creía suyo. Sea como fuere, contener ahora mismo la hemorragia solo admite una terapia de choque: el adelanto de las elecciones a otoño. Previa solemne inhumación del difunto, huelga decir.

El argumento del miedo

Hermann Tertsch en ABC

Carmen Chacón estaba convencida de ser todo lo que le habían dicho que era. Pese a que esa certeza sólo emanaba de palabras ajenas. Armada con esa fuerza que consideró suficiente, se creyó capaz de afrontar el gran reto. Como se ha visto, ni ella es lo que le habían dicho, ni su fortaleza era más que presunción. No aguantó ni un asalto de los profesionales. Creía haber llegado por mérito propio a inverosímiles glorias y se creyó capaz de este desafío. Parece mentira que, tan bien asesorada en cuestiones de imagen, nadie le advirtiera que ya no le serviría la apariencia. Necesitaba sustancia para resistir a aquellos a quienes desafiaba con sus ambiciones. Y la pobre mujer tuvo que ver que carece de ella para tamaña empresa. No sabemos cuál fue el «argumento» que quebró su ambición y pretensión. Que la llevó a renunciar a algo que ya había decidido. No es plausible que fuera sólo una amenaza genérica de tipo político. Mucho menos una apelación a la solidaridad con los triunfadores de la operación. Su frenazo en seco y su profunda contrariedad son fruto de un golpe inesperado. Es producto directo del miedo. A la ministra le metieron miedo. De una forma brutal, efectiva y eficaz. El daño que se le expuso como represalia si no cambiaba de actitud y se negaba a la enmienda era excesivo para esta chica, tan sobrevalorada que había acabado engatusada consigo misma. Veremos «cosas maravillosas» decía con voz de princesa de teatro de pueblo hace unas semanas. Y vio cosas inimaginables cuando los profesionales dejaron claro que se habían acabado las tonterías. Y le hicieron ver a la princesita popular que tenían todo el poder sobre ella. El requerido para imponerle unos planes que eran los contrarios a los propios. En el fondo, más allá de nuestra imagen y la personalidad propia que cultivemos, somos lo que creemos. Nuestro fondo de resistencia, de lo que daba en llamarse el honor, sólo puede medirse por lo que somos capaces de sacrificar en su defensa.

Nadie le puede pedir a esa joven madre una firmeza heroica de carácter y convicciones que hubiera sido necesario para ir al enfrentamiento total con Rubalcaba y sus agentes. Y asumir las represalias que le habrían anunciado. Pero si pensaba que su opción era la justa y la otra tan condenable como nos dio a entender podía haber superado el miedo a las amenazas y haber puesto a los socialistas y a la sociedad española por testigos. La fragilidad de personas y convicciones hacen quiméricos estos desafíos. Por eso el miedo es el mejor argumento para algunos poderosos. El miedo a la liquidación social, al oprobio y al desprestigio es su mejor arma en la política. Es tan efectiva como el miedo a la cárcel, al pelotón o a la brigada al amanecer. Y de aplicación universal con muy pocas excepciones. No son muchos los seres libres del miedo por la firmeza de sus convicciones. Son almas irreductibles, como Mijail Jodorkovski, en su día el hombre más rico de Rusia, que lleva ocho años en una remota cárcel de Siberia. Podía haber tenido una vida de lujo ilimitado de haberse sometido a las reglas de la mafia del presidente Putin. Como los demás magnates. Él se negó e intentó crear una alternativa política a Putin. Le advirtieron una y mil veces que respetara el código amoral. Se negó, lo pagó y lo paga. La historia brilla con humanos de esta talla. Ante los que el miedo fracasa. Pero claro, ya estamos hablando de otra cosa.

lunes, 30 de mayo de 2011

Ejecución sin juicio

Gabriel Albiac en ABC

El martes, la ministra de la guerra (pero no de los Servicios de Inteligencia) se decía candidata. El jueves renunciaba. En medio —¡colmo de las desdichas!—, alguien roba su coche. Dos días después, el ministro del Interior se erige en candidato único y pasa como un blindado sobre el despojo de su concurrente. No debió resultar tarea difícil para el hombre que pasó sobre el despojo de Zapatero tras la crisis de la primavera pasada, haciendo del presidente una triste marioneta. El golpe —eso a lo cual Naudé llama un «golpe»— se consumó entonces. Nadie ha vuelto a ver a Zapatero en funciones ejecutivas, desde que se avino a aceptar las imposiciones que le dictó la UE. Cada acto decisivo, cada confrontación delicada, cada cuerpo a cuerpo fueron ejercidos por un vicepresidente que, salvo en los breves días de su tregua médica, ha sido el único vértice del Gobierno. Zapatero fue dejado en su puesto para que cargue él sólo —si es posible— con el peso mayor de la factura electoral que a alguien habrá que pasarle por una ruina que no es la de la crisis, sino la de la pésima gestión de la crisis. No es mal cálculo.

Los viejos gestores del GAL retornan. Lo peor de la historia reciente de España: los hombres que, bajo la presidencia de Felipe González, dieron cobertura a crímenes de Estado que nadie podía imaginar posibles en la vieja Europa. Ellos impusieron a Rubalcaba en las zahúrdas del gobierno de un incompetente al cual despreciaban. Ellos ejecutaron a Zapatero. Hace casi un año. Nos apercibimos ahora. Cuando la sangre se nos hiela ante el hoy hombre fuerte socialista.

El prezapaterismo

Ignacio Camacho en ABC

El bucle se ha cerrado. Detrás de Zapatero no venía el postzapaterismo sino el prezapaterismo. El viejo orden tardofelipista, el retorno al socialismo con barba. La caída a plomo del presidente, certificada en la catástrofe electoral del 22-M, ha cerrado con una involución el camino de la sucesión posmoderna que había previsto en su líquida hoja de ruta. Se acabó el experimentalismo gaseoso, el feminismo de Vogue, el relativismo ideológico, la gestualidad posmoderna, el optimismo antropológico, el pensamiento débil, el ensueño juvenil de la democracia bonita y del paradigma buenista. Ahora toca el malismo pragmático de la intriga rubalcabiana, la socialdemocracia convencional, el unitarismo federalista, el sindicalismo clásico, la responsabilidad previsible, el peso específico de la experiencia de poder. La conjura de los barones del partido ha evaporado de un golpe la evanescencia flotante del discurso zapaterista, válida sólo en los tiempos felices de una prosperidad disipada y de una sociedad alegre. En medio de la zozobra social, la quiebra económica y la desconfianza moral, los pretorianos socialistas han decidido rescatar sus perfiles severos y apelar al concepto de madurez y cautela que encarna el veterano y maniobrero superviviente del gonzalismo tardío. Rubalcaba será o tratará de ser el espejo centroizquierdista de Rajoy: un hombre sensato y cuajado del que se puede esperar cualquier cosa menos una frivolidad.

El putsch de los coroneles no sólo ha basureado a Zapatero despojándolo de su liderazgo y obligándole a apartar a su albacea favorita, la ministra Chacón, sino que viene a arrinconar sin contemplaciones su inconsistente modelo político. Un modelo —un estilo, más bien, porque carecía de fundamentos sólidos— que nunca fue del agrado de la nomenclatura clásica del partido, obligada a aceptarlo mientras funcionó como combustible de la maquinaria electoral. El cataclismo de mayo ha soltado de golpe los livianos pernos que sujetaban el zapaterismo a la tradición socialdemócrata y lo ha dejado a la deriva de su propio fracaso. Para la reconstrucción forzosa —y precipitada— del cuarteado edificio del PSOE su núcleo dirigente ha exigido el regreso de la vieja guardia experta en albañilería política. Sin tiempo ni frescura para elaborar una síntesis de ideas han optado por acogerse a ciertos valores seguros; han vuelto al orden de los abuelos para evitar que la maltrecha herencia pasara a los nietos.

Es la apuesta por el fondo de armario frente al fashionismorepentinamente pasado de moda. El riesgo consiste en su evidente olor a naftalina polvorienta. Pero la intemperie a que ha quedado expuesto el socialismo tras su aparatoso descalabro territorial aconseja a los viejos de la tribu proveerse de sólida ropa de abrigo. Fuera del poder —lo dijo González, el referente implícito de esta vieja-nueva etapa—, hace mucho, pero que mucho frío.

Sectarismo ideológico

Juan Manuel de Prada en ABC

Acusar a la escuela diferenciada de favorecer la desigualdad y la segregación nos obligaría a lanzar idéntica acusación contra los campeonatos de tenis; pero yo todavía no he visto a nadie que proteste porque Nadal no juega contra Kournikova, ni tampoco a nadie que se le ocurra afirmar que Nadal no puede ligarse a Kournikova (o viceversa) porque no les dejan enfrentarse en los campeonatos de tenis. Si alguien lanzara tales protestas o afirmaciones lo tendríamos por un necio redomado; sin embargo, tales necedades, referidas a los colegios diferenciados, triunfan, en alas del sectarismo ideológico, e incluso pueden imponerse mediante leyes que les denieguen arbitrariamente los conciertos.

Uno puede entender que los poderes públicos establezcan requisitos para que los centros docentes se beneficien de ayudas; pero tales requisitos no pueden ser arbitrarios, ni regirse por el más despepitado sectarismo ideológico, que disfraza el mismo odio despechado que la zorra de la fábula dispensaba al racimo de uvas que no podía alcanzar: odio, en primer lugar, a la excelencia; y también odio hacia una escuela que se resiste a ser convertida en el corruptorio oficial y en la fábrica de votantes en que nuestros sectarios pretenden convertir la escuela pública. La escuela diferenciada es la primera pieza que estos sectarios pretenden cobrarse; después vendrá la escuela concertada católica, no importa que sea mixta o diferenciada.

La "Revolución" española

Yulen Ariza Rossy y Miryam Lindberg, de la Fundación Heritage, en Libertad Digital

Las soluciones concretas que exigían listas abiertas y la reforma de una ley electoral que, indefectiblemente, habrían tenido que ir seguidas de una reforma política y de las instituciones representativas, han sido sucedidas por las proclamas utópicas de siempre. El movimiento de la "acampada" ha sido secuestrado por la izquierda marxista, que consigue que el pueblo termine exigiendo una prolongación de su agonía y que se aplique aquella nefasta receta de: "El Estado no funciona, solución: más Estado".

Si bien fueron los radicales de izquierda los que empezaron la protesta con una receta comunista como solución, en medio del eterno romanticismo por las revoluciones alimentado en y por los medios de comunicación, de pronto también surgió el despertar del español común y corriente, harto de pagar cada vez más impuestos; harto de ver cómo los políticos salvan a los bancos con el dinero del contribuyente para que después esos mismos bancos le embarguen al contribuyente su vivienda y lo dejen en la calle; harto de ver que, mientras que la inflación se come sus ahorros y los políticos hunden al país en más deuda soberana, los influyentes se codean con los políticos y ambos salen más ricos; harto de peores servicios; harto del insoportable statu quo. Pero, lamentablemente para el futuro de España, esa protestona mezcolanza de espontáneos rojos, antisistema, okupas, jubilados, desempleados, padres de familia, gente de buena voluntad y otros pide como solución menos mercado y más Estado: la receta perfecta para la argentinización de España.

Mágica dependencia

Carlos Rodríguez Braun en Libertad Digital

Tituló El País: "La dependencia generaría 45.000 empleos si cesara la lista de espera". El artículo de Carmen Morán era un elogio a la Ley de Dependencia, que "establece una relación entre el número de trabajadores (auxiliares de geriatría, fisioterapeutas, enfermeras) y los dependientes atendidos en geriátricos, centros de día, etcétera. Teniendo en cuenta ese cálculo, se puede afirmar que se han creado o consolidado 127.977 empleos hasta enero de 2011".

Morán sigue a pies juntillas un estudio de la Asociación Estatal de Directores y Gerentes de Servicios Sociales, que sostiene: "si todos los que tienen derecho a una ayuda que están en lista de espera estuvieran atendidos, podrían contarse 45.501 empleos más y 52.355 cotizantes a la seguridad social". El presidente, José Manuel Ramírez, apunta: "La Ley de Dependencia (...) genera empleo y mejora la calidad de vida de 700.000 personas con una inversión de apenas el 0,5% del PIB". Morán añade: "El estudio muestra esos mismos datos por comunidades autónomas, de tal forma que las que tienen una lista de espera más abultada estarían impidiendo la creación de más empleos" [en cursiva en el original]. La conclusión se deduce lógicamente de lo anterior: si basta con aumentar el gasto público para generar miles de empleos, aquellas autoridades que no lo hagan estarán impidiendo reducir el paro.

Es raro: esos malvados que impiden la creación de más empleos porque no aumentan el gasto público no pueden limitarse a las autonomías. En España hay cinco millones de parados: ¿estaría doña Carmen dispuesta a condenar a Rodríguez Zapatero porque está impidiendo la solución de este gravísimo problema, que se lograría aumentando el gasto público?

Independientemente de si simpatiza o no con los socialistas, lo que parece claro es que doña Carmen está informando mal sobre el asunto. Es imposible que el mayor gasto público genere empleo, y no sólo porque, si así fuera, los gobiernos que más gastaran serían los mayores amigos de los trabajadores. Hay algo más de fondo, un asunto capital sobre el que doña Carmen no vierte ni una sola reflexión: el gasto público no es gratis.

Si esta realidad no es ignorada, entonces todo el edificio montado sobre su negación se derrumba. En efecto, si el gasto público no es gratis, entonces los efectos positivos de su desembolso deben ser contrapuestos con los efectos negativos de su recaudación. Doña Carmen: si usted cree que el dinero público crea empleo cuando es gastado, el mismo razonamiento la llevará a concluir que destruye empleo cuando es recaudado. Le ruego que lo tenga en cuenta en su próximo artículo.

Y por último, le ruego también que considere que la Asociación Estatal en la que usted se apoya tiene algún interés en que el gasto público aumente. Con estos elementos en consideración, se divertirá usted con ese comentario de su presidente sobre lo estupenda que es la Ley de Dependencia, con esos magníficos resultados y "con una inversión de apenas el 0,5 % del PIB". Dice apenas como si el 0,5% del PIB no fuera nada, como si fuera una inversión de verdad, respaldada por ahorro voluntario, y como si ese 0,5% del PIB no pudiera generar realmente más empleo y más calidad de vida si su destino fuera decidido libremente por los ciudadanos en vez de por los políticos y los lobbies que a su socaire medran.

Rubalcaba y el chupacabras

José García Domínguez en Libertad Digital

Todos pensaban –y continúan pensando– lo mismo, pero solo Churchill se atrevió a decirlo en voz alta. Tras aguantar cinco minutos escuchando perorar de política al ciudadano medio, se requiere una fortaleza de espíritu en verdad sobrehumana para seguir creyendo en el sufragio universal. De ahí la gran virtud, acaso la única, de los partidos españoles, igual los grandes que los pequeños, a saber, ninguno se rige por principios democráticos. Como por cierto acontece en el resto del mundo, sin excepción conocida. Y que no me vengan con el cuento de Estados Unidos. Lo de allí son consorcios de mercadotecnia electoral, no partidos; carcasas vacías que moran en el limbo y se activan durante unos meses cada cuatro años, justo el tiempo preciso que requiere organizar la logística de las campañas; ni un minuto más.

Ocurre que el poder se quiere oligárquico por definición. Y admitirlo sin escándalo mayor constituye rasgo inequívoco de que al fin se ha entrado en la vida adulta. Por lo demás, ese sucedáneo chusco del mito del buen salvaje, la leyenda del militante de base como depositario de no se sabe qué prístinas virtudes civiles, es fantasía que ni los niños de Sol pueden creerse. Aunque solo fuese porque al célebre militante de base le pasa lo mismo que al Chupacabras y a la nación catalana: ni existe, ni ha existido nunca. Al cabo, nuestros partidos domésticos encarnan poco más que redes de lealtades clientelares engarzadas a través de pactos entre clanes y fratrías. Nada demasiado distinto a lo que ocurría en tiempos de la Restauración.

Las elites se cooptan mientras que los peones de brega de las bases parasitan los escalones inferiores de las administraciones bajo su usufructo. Y quien pretenda ir por libre, más pronto que tarde, deberá vérselas ante esa reedición posmoderna del Santo Oficio que responde por Comité de Disciplina. Así las cosas, mejor habría hecho Barroso releyendo Miau, de Galdós, antes de redactar el consternado de profundis que nos declamó Chacón al ser informada de que los Reyes son los padres. Rubalcaba ha matado una mosca a cañonazos. Pero la genuina caza mayor comienza ahora. En la cúspide nada más cabe uno. Y cuando despierte de su triunfo ya no querrá que el dinosaurio siga ahí.

Adiós, Carmeta, adiós

César Vidal en La Razón

Por estrambótico y extravagante que ahora pueda parecernos todo su itinerario político, Carme Chacón ha logrado simbolizar como muy pocos esa monstruosidad que ha sido el zapaterismo. Se ha dicho maliciosamente que Carme Chacón se ha apoyado – y Dios le conserve la dicha conyugal muchos años– en uno de esos personajes a los que un antiguo director de informativos de Franco trasmutado en felipista llamó «visitadores de la Moncloa». No creo que ese juicio sea justo. Carme Chacón ha medrado a la sombra de un personaje que ha aniquilado una de las economías más prósperas del mundo y que insiste en tener un puesto de honor en la Historia porque metió a codazos en el código civil el matrimonio de homosexuales. Bajo ZP, se ha podido ocultar impunemente la incompetencia más rampante tras el disparate de que se considerara que ser mujer o catalana era un plus para asumir las riendas del poder. Que los ciudadanos exigieran que además supiera algo de su negociado siempre podía ser rechazado como objeciones basadas en el machismo o en el centralismo. Rodeada de políticos de la talla de Blanco, Leire Pajín, Salgado o el mismísimo ZP no resulta extraño que ambicionara llegar a presidenta del Gobierno. Ahora ha sido arrojada al vacío aunque continúe siendo la titular de un ministerio donde no se puede decir que estén entusiasmados con su gestión. Sé que algunos piensan que se trata de un «todavía no», pero en un PSOE empeñado en purgar por su propio bien hasta el último residuo del zapaterismo, lo más seguro es que se trate de un «final definitivo». Carme es sólo una baja colateral de esa guerra que, a diferencia de la de Afganistán, ha reconocido que existe. Adiós, Carmeta, adiós.

Viñeta de Montoro en La Razón

El legado del zapaterismo

José María Marco en La Razón

Hay un lazo orgánico, casi íntimo entre la cochambre de Sol y el zapaterismo: es su legado a la vida española. Al ver a los okupas indignados de más allá de los Pirineos, en Francia aluden a nuestra inclinación irremediable al aduar y al zoco. Los ingleses y los norteamericanos prefieren remontarse a la España romántica que ellos mismos inventaron, como si en la Puerta del Sol soplara el vendaval anarquista propio del alma hispánica. Se ve que no han visto a nuestros okupas jugando a las casitas. Una revista inglesa los ha comparado con los «piqueteros» argentinos, un movimiento de protesta de jóvenes marginados teledirigido por el peronismo. Una parte de la derecha ideológica y periodística española se dejó llevar por la fascinación ante una posible alternativa a la «partitocracia», a la «casta política», a la «falsa democracia». Durante unos días, volvieron las manías regeneracionistas y antipolíticas que estuvieron detrás del experimento de Primo de Rivera y del régimen de Franco. Las chabolas de Sol y de la plaza de Cataluña han acabado pronto con ellas. No parece que estos neorregeneracionistas vean con buenos ojos a sus vástagos metidos en esta clase de actividades extraescolares. El movimiento ha sido marginal, con dos centros probables de reclutamiento. Uno estará situado en ciertas facultades de las Universidades públicas (Políticas, Ciencias de la Información, etc.). Allí se viene ensayando desde hace años la escenografía, los eslóganes y las actitudes que hemos visto en las plazas españolas en las dos últimas semanas. Otra parte procede de sectores marginalizados, okupas, gente que vive con un pie, o algo más, fuera de la sociedad. Es la versión actual del antiguo «lumpen».

El paro masivo entre los jóvenes, la percepción de que las perspectivas de mejora están cerradas y la inminencia de unas elecciones decisivas hicieron cuajar el movimiento, que el ministro del Interior del gobierno socialista no se resistió a proteger y explorar. Así dejó que los participantes se instalaran en lugares importantes cuando era posible solventar el asunto sin mayores problemas. Probablemente se quiso, más que organizar un nuevo 13 M, movilizar contra el PP un voto de izquierdas hasta ahí abstencionista. Era difícil, porque por mucho que los socialistas hayan dominado el agitprop y las redes sociales, no se pueden hurtar a sus responsabilidades desde 2008. El PP evitó el enfrentamiento y dejó claro que aquello iba más con el Gobierno que con ellos mismos. Además, quienes han participado en este movimiento no son militantes y carecen de un discurso y unas actitudes que permitan articular una fuerza de pegada. Saben resistir a la Policía, pero no han sido capaces de tomar la iniciativa en la vida política. En España hay algo de lumpen, pero no una base social para un movimiento como el de los «piqueteros». Aun así, la tolerancia ha sido significativa. Hay un lazo orgánico, casi íntimo entre la cochambre de Sol y el zapaterismo: es su legado a la vida española. Además, es probable que el ahora candidato a la Presidencia del Gobierno haya querido ensayar lo que se nos viene encima los próximos meses, con unas elecciones aún más importantes.

Jóvenes

Alfredo Abián en La Vanguardia

El movimiento del 15 de mayo, que pretende conquistar una pretendida democracia real, acaba de cumplir dos semanas. Los jóvenes acampados en la plaza Catalunya y en la Puerta del Sol siguen debatiendo qué quieren, mientras sus mayores elevan a la categoría de decálogo sus utópicos planteamientos: empleo digno, vivienda barata, educación completamente gratuita, democracia asamblearia... Y, cómo no, un rígido control del capitalismo financiero. Es como la carta a los Reyes Magos que nos leyó el jueves Carme Chacón cuando dijo: "Quería encabezar un proyecto que reafirmara la autonomía de la política frente a los grandes poderes económicos y que distribuyera los sacrificios de la crisis con la máxima equidad". Juventud, divino tesoro. Unos creen que es un largo paréntesis biológico que discurre entre la niñez y la madurez; otros, que es un estado de ánimo del que pueden contagiarse hasta los sexagenarios, y un tercer grupo de viejos irónicos considera a la juventud una enfermedad que se cura con el tiempo. Pero lo cierto es que todos los movimientos ideológicos han intentado lavar su cerebro. De izquierda a derecha, pasando por sus respectivos extremos. Siempre ha habido también jóvenes que parecen esos planetas errantes que acaban de descubrir, deambulando por el espacio sideral sin someterse a la gravedad de ningún sol. No sabemos si los indignados, que son una minúscula parte del segmento de edad al que representan, forman parte de esa materia cósmica. Pero a buen seguro que la mayoría de ellos se siente expulsada de un sistema, alimentado por sus propios padres, que les prometía dinero, canapés, alcohol y música a todo trapo. Y ahora, cuando han llegado a la edad de empezar a disfrutar de la juerga, se encuentran con que la sala de fiestas ha cerrado.

domingo, 29 de mayo de 2011

Comercios

Alfonso Ussía en La Razón

La Puerta del Sol presenta un espectáculo lamentable, una visión ruinosa y chabolista. Hora es de hacer cumplir la ley y devolver a todos los madrileños, visitantes y turistas sus derechos de libre circulación. Y hora es, sobre todo, de hacer cumplir la ley para que los últimos indignados de la Puerta del Sol y sus aledaños, los comerciantes, puedan ganarse la vida honestamente, como siempre han hecho, sin sufrir el quebranto y la suciedad de sus negocios.

(..)

Rubalcaba tiene que ordenar que la Puerta del Sol vuelva a ser lo que ha sido siempre, no un campamento insalubre de desocupados. Los de verdad ya no están. O la Policía, o el enviado del Ministerio del Interior para repartir los sobres prometidos. Pero ya.

El puchero

Ángela Vallvey en La Razón

Dicen que el marido de Carme Chacón, asesor de ZP, ha mandado muchísimo. Sin embargo, en el PSOE –ahora ya no se trata de ZP ni España, sino del PSOE–, en cuanto se enfrentan a cuestiones trascendentes se les pasan los ataques de feminismo fotográfico en un pispás y dejan las cosas del comer en manos de los machotes. No es justo para doña Carme. Seguro que se mosquea cuando oye decir en el PSOE: «Queremos un candidato, no una empresa productora de publicidad». Ése ha sido, justamente, el gran error de ZP: dejarse aconsejar mal y gobernar España con técnicas publicitarias vacías, sin sentido común.

La ministra, empero, no quiso estar en la «otra» foto: la de la derrota electoral, para que no le «salpicara»… Precisamente cuando en España estamos ansiosos de líderes que desciendan hasta el barro miserable de las circunstancias, líderes que se remanguen y dejen de hacer pucheros de una condenada vez.

Romance del dedo

Antonio Burgos en ABC

¿Cómo se va a comparar, no hay que pensarlo siquiera, ese dedo que a Rajoy lo puso en la calle Génova con el dedo que en Ferraz a Rubalcaba lo hiciera el mejor de los nacidos, la solución clara y cierta para la crisis y el paro, el remedio de la deuda, evitando así, señores, que nos pase como a Grecia y que Europa, harta de coles, la economía intervenga? Es un dedo salvador, es un dedo a la europea. Los diecisiete barones aplauden con las orejas. Que a Carmen Chacón le den por do el pepino amarguea. Y que nos deje tranquilos, y a remontar las encuestas, lo mismito que el salmón va y remonta el río Sella. La salvación del partido en ese dedo se encuentra. Con un solo candidato las primarias son más buenas. ¡Que viva la democracia, tanto interna como externa! ¡Viva el candidato único, que el que vota siempre acierta y apuesta por ganador sin perder su mangoleta!

La cabeza de caballo

Luis del Pino en Libertad Digital

¿A qué se debe el cambio de criterio de una Chacón que estaba dispuesta a presentarse? ¿En qué han consistido, exactamente, las presiones que han forzado a Zapatero y Chacón a aceptar unas primarias fraudulentas, en las que el único contendiente será el candidato oficial del núcleo felipista del partido?

¿Qué te ha hecho o dicho Rubalcaba para que tuvieras que anunciar entre lágrimas tu decisión de no concurrir, Chacón?

¿Acaso te has encontrado, al abrir algún baúl, la cabeza ensangrentada de tu caballo favorito?

Venga, Alfredo, cuéntanos: ¿qué oferta les has hecho a Chacón y a Zapatero que éstos no han tenido más remedio que aceptar?

sábado, 28 de mayo de 2011

La quiebra del Estado de derecho

Pío Moa en Libertad Digital

Cuando la quema de conventos, bibliotecas y centros de enseñanza por las izquierdas a poco de empezar la república, Azaña impidió que el Gobierno cumpliese e hiciese cumplir la ley. Y, orgulloso, a las cuatro de la noche, "Llevé a Maura al balcón, le mostré la Puerta del Sol, y le dije: ‘¿Ve usted? Nadie. ¿Cuál sería ahora nuestra situación y la de la República si hubiese ahí tendidos unos cuantos muertos?’".

La anécdota refleja muy bien la frivolidad y necedad del Azaña político: se había convertido en cómplice de una masiva vulneración de la ley en lugar de defenderla, so pretexto de que podría haber algún o algunos muertos. No tenía por qué haberlos, desde luego, pero ese es un riesgo que un gobernante debe asumir, por su propio compromiso, o dimitir. Otro problema era que toda la demagogia de los republicanos incitaba a tales cosas, de las que luego querían hacerse los desentendidos. Las consecuencias fueron que la república se inauguró con una grave quiebra del Estado de derecho, la cual dividió moral y políticamente al país; y que, establecido el precedente de la impunidad, la república ya solo subsistió a trancas y barrancas con leyes tan brutales como la de Defensa de la República, censura y estado de excepción casi permanentes. La guerra civil vino, en última instancia, porque la base de la paz cívica, que es el respeto a la ley, fue pisoteada desde el principio y con creciente gravedad por las izquierdas.

El actual deterioro del Estado de derecho comenzó cuando Alfonso Guerra decretó el fin de la división de poderes y Felipe González intentó imponer una "ley anti difamación" para proteger la oleada de corrupción de su partido y utilizar el poder judicial a su favor. Un proceso de corrosión paralelo fue la "salida política" para los etarras –que convertía el asesinato en un modo premiable de hacer política–, combinada con el GAL. Aznar frenó, insuficientemente, el deterioro, pero con el funesto presidente actual ha llegado la quiebra: colaboración abierta con la ETA, corrupción de jueces y del Tribunal Constitucional, ley totalitaria de "memoria histórica", leyes perversas contra la familia y la vida humana, etc. Todo lo cual deriva lógicamente de las ideas de base de estos individuos que se consideran "rojos", de las viejas demagogias nunca del todo abandonadas, de su desprecio por España...

La situación puede resumirse en los últimos episodios: unos miles de descerebrados desafían la ley y el Gobierno se hace cómplice de ellos. ¿Y cómo podría ser de otro modo si el responsable del orden público es mucho más delincuente que los descerebrados, como colaborador y chivato de la ETA, portavoz del GAL y primer transgresor de la llamada jornada de reflexión? Repito lo de siempre: o la democracia acaba con estos delincuentes o estos delincuentes acaban con la democracia.

jueves, 26 de mayo de 2011

Un proyecto de ingeniería social

Ignacio Sánchez-Cámara en ABC

El anuncio de Rodríguez Zapatero de que no se presentará a la reelección como candidato de su partido a la presidencia del Gobierno y su desastre electoral no despejan las dudas sobre la continuidad de su proyecto político, al menos hasta la convocatoria de elecciones generales. Ahora de lo que se trata es de si el PSOE persiste o no en él.

Varias han sido y son las interpretaciones sobre la empresa política y la índole intelectual y moral, valga la exageración, de Zapatero. Entre ellas, el «buenismo», el «pensamiento Alicia», la improvisación permanente, la ausencia de proyecto, la ingenuidad utópica. Algunas aciertan, pero solo en parte. En realidad, sea obra suya o no, y más bien cabe conjeturar lo segundo, existe un proyecto político muy bien definido y, en gran parte, consumado. Sus consecuencias quizá solo en parte serán reversibles.

La naturaleza del proyecto consiste en la transformación moral radical de la sociedad. No se trata de un ingenuo u oportunista improvisador. Está orientado por el relativismo ético, pero acaso se trate de algo aún peor. El relativismo es quizá el medio, pero no el fin. Este fin es más la inversión de la jerarquía natural de los valores que su mera disolución. Al cabo, se trata, en muchos casos, de que lo inferior ocupe el lugar de lo superior, y lo malo el de lo bueno. Si estoy en lo cierto, se trata de un proyecto de ingeniería social, es decir, de conformación de la sociedad a la medida de los valores (o contravalores) del Gobierno. Ignoro si todo su partido lo respalda, aunque lo dudo, pero lo cierto es que los discrepantes son o escasos o silentes.

Los ejemplos son notorios. La crisis económica, solo en este sentido providencial, no ha hecho sino aminorar la intensidad del desmán. La nómina es conocida, aunque demasiadas veces se mire hacia otro lado, como si no se quisiera ver la realidad. La nueva legislación del aborto ha transformado un delito en un derecho de la mujer, solo limitado por un plazo arbitrario. La nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía, que muy probablemente contraviene el derecho de los padres a elegir la educación religiosa y moral de sus hijos, entraña una usurpación del Gobierno, cuya misión es garantizar el ejercicio del derecho a la educación, pero no determinar su contenido antropológico y moral. La regulación de la experimentación con embriones y la reproducción asistida asesta un golpe decisivo a la dignidad de la vida. Algo más renuente se encuentra, aparentemente, el Ejecutivo sobre la legalización de la eutanasia. Ha elegido, de momento, una vía vergonzante: la regulación de los cuidados paliativos y la «concesión» de un nuevo derecho: el derecho a la muerte digna. Como si hasta ahora el encarnizamiento terapéutico fuera una exigencia legal y la práctica médica no se preocupara de la administración de los cuidados paliativos; como si la legislación actual nos condenara al deber de una muerte indigna. La consideración como matrimonio de las uniones legales entre personas del mismo sexo ha destruido la concepción tradicional del matrimonio y la familia. La legislación sobre la «memoria histórica» entraña una ruptura de la concordia nacional y un agravio al derecho a la libertad de investigación y de expresión. Y ya está preparado el proyecto de ley de no discriminación e igualdad de trato, de naturaleza totalitaria.

Estos son los elementos principales de este proyecto de ingeniería social, que persigue la modelación de la sociedad y sus costumbres a los dictados del poder político. Un poder que, por cierto, nunca ha obtenido la mayoría absoluta, que sí lograron González y Aznar. Sus raíces ideológicas quizá se encuentren, si es que se encuentran en algún lugar, en el nihilismo derivado del posestructuralismo francés. Y su objetivo es el combate contra el cristianismo y el liberalismo (y no cabe olvidar a este último). Todo proyecto de ingeniería social es enemigo de la libertad. Este lo es también del cristianismo, y, más concretamente del catolicismo. Se trata de derruir los fundamentos católicos de la sociedad española, por más que se invoque solo la aconfesionalidad del Estado y la libertad religiosa.

Y, de manera solo aparentemente paradójica, se ataca a la libertad mientras se reconocen «nuevos derechos». Por lo demás, los derechos no son creaciones ni concesiones del Gobierno, como si se tratara de un nuevo señor feudal democrático que dispensa derechos a sus vasallos agradecidos. Los derechos solo se reconocen y garantizan, pero no se crean. Además, esta apoteosis de los derechos los convierte en enemigos de la libertad. Y no es extraño. Kant afirmó que tener un derecho es tener la capacidad de obligar a los demás. Todo derecho entraña deberes y obligaciones para uno mismo y para los demás. Desde el aborto al aire limpio. Si abortar, contra todo derecho y razón, se convierte en un derecho, generará obligaciones para el personal de la Sanidad y, en general, para toda la sociedad. Si uno tiene derecho a no aspirar humo de tabaco ajeno, se limitará necesariamente el derecho a fumar en espacios públicos. Y así podríamos continuar con otras limitaciones a la libertad, unas justificadas y muchas no, en el nombre de los derechos Los deberes se cobran así su venganza, y el dispensador de derechos se convierte en generador de cargas y obligaciones.

Quizá no exista un síntoma más rotundo de que un gobierno se desliza por la pendiente que conduce al totalitarismo que su pretensión de erigirse en autoridad espiritual. Y esto se manifiesta en su designio de que las leyes por él aprobadas, no por cierto las aprobadas por la oposición cuando estaba en el poder, constituyen la única y verdadera moral exigible a todos. Todo gobernante autoritario pretende que su Derecho se convierta en moral. No quiere rivales. El poder temporal pretende suplantar hoy al poder espiritual. Y esto solo es posible cuando el poder espiritual está vacante.

Ortega y Gasset afirmó en La rebelión de las masas que Europa se había quedado sin moral. Parece que seguimos así, pues, si la hubiera, no podría fabricarla a su antojo el Gobierno. Al final del segundo volumen de La democracia en América, afirmó Tocqueville que las naciones democráticas de sus (nuestros) días no podían evitar la igualdad de condiciones en su seno, pero que de ellas dependía que la igualdad condujera a la libertad, la civilización y la prosperidad, o al despotismo, la barbarie y la miseria. De nosotros, me refiero a los españoles, depende, pero mucho me temo que hayamos emprendido el camino equivocado. Pero el futuro no está determinado, y podemos cambiar el rumbo. Mas conviene advertir que no se trata solo de un cambio de Gobierno, con ser este necesario y urgente, sino de algo mucho más profundo y difícil: la restauración de la moral. Por eso, el único modo de combatir el proyecto de ingeniería social consiste en emprender otro proyecto alternativo de regeneración intelectual y moral. La política, imprescindible, vendrá después y de suyo. Están en juego la libertad, la civilización y la prosperidad.

La hora del fascismo

Ignacio Ruiz Quintano en ABC

Con la grande polvareda pepera perdimos a don Beltrane, que era Bildu, con su alegría de chorro de piedras etarra. Después de todo, también ellos son izquierda.

Si en mis días de Facultad no me perdí nada, las cosas, hoy, serían como sigue: sólo la izquierda es democracia; todo lo que no sea izquierda es fascismo; luego España es fascista.

¿Y la ley?

—La ley es la organización de la violencia destinada a dominar a una cierta clase.

Eso decía el delegado de curso en la Facultad y eso ha animado a Rubalcaba a echarle morro a lo de la Puerta del Sol. Pobre Rubalcaba, que iba para Cromwell de Solares y se ha quedado en Jaruzelski de Ferraz (¡ni siquiera en Lotso, el oso de «Toy Story»!), con las llamas entrando por el portalillo del partido y los perros flautas jugando a estibadores de Solidaridad.

Ya hay un regeneracionista muy cursi que dice que esto ya se lo olió él al ver cómo corría el jamón. Él, claro, se comió el jamón, y ahora la Revolución de Sol parece imparable: el día de San Fernando la Revolución se propone volar el capitalismo enviando a sus hijos a extraer de los cajeros 155 euros.

Lo dijo Revel hace veinticinco años: arruinada su doctrina por los acontecimientos, la izquierda protege su identidad cultural llamando fascista a aquél que no sea asimilable a su «sensibilidad». Sin el espantapájaros del fascismo, no hay comodidad intelectual.

—Usted a mí no me representa —le dice un «indignado» al nuevo alcalde de Sevilla.

¡Ah, la democracia parlamentaria «podrida»! Eso ya lo denunciaban los camisas negras y los camisas pardas. Pero así van a estar hasta que San Juan baje el dedo, que es decir hasta las generales, fecha de entrada, según las encuestas, del fascismo en La Moncloa. De compañeros y tontos útiles (Umbral, que hizo de las dos cosas, tiene explicada con buena sorna la diferencia) hacen los charlatanes de la Red, tan ayunos de lecturas como los charlatanes de Universidad, cuyas exudaciones intelectuales están impresas en los cartones de la Puerta del Sol. Ahí quería yo ver a Revel, que ya en el 70, subyugado por «el burlesco cretinismo de los apotegmas del déspota pequinés», se atrevió al análisis del «Pequeño Libro Rojo» de Mao.

—Contemplemos —escribe en «El conocimiento inútil»— la cuádruple función de la ideología: es un instrumento de poder; es un mecanismo de defensa contra la información; es un pretexto para sustraerse a la moral; y es un medio para eliminar o aplazar indefinidamente los criterios de éxito o de fracaso.

El Adolescente de La Moncloa nos ha petado la calle de hijillos ideológicos. Y se acabó el jamón. Ullán, al que tanto echamos de menos, rescató del cubano Emilio Bobadilla una ocurrencia que resume al zapaterismo: «Una rumba bailada alrededor de un jamón».

Censura

José García Domínguez en Libertad Digital

¿Cómo obrar ante un autista recluido en La Moncloa, alguien inhabilitado a fin de establecer transacción ninguna con la realidad? Rajoy, fiel a sí mismo, ha respondido raudo que mejor será no hacer nada, la gran especialidad de la casa como es fama. "Frivolidades las justas", le espetó a un plumilla solo oír la expresión moción de censura saliendo de su boca. Pues ese hombre que se presume de Estado, el dirigente responsable siempre presto a subordinar el interés personal o partidista al de la Nación, tiene por muy "frívola" bagatela exponer un programa de regeneración ante las Cortes Generales. Nerón tocaba la lira –dicen– mientras ardía Roma, don Mariano, más prosaico, prefiere leer el Marca al tiempo que se desmoronan las últimas balaustradas del PIB y aves carroñeras de medio mundo revolotean en torno a la deuda soberana (todavía) del Reino de España.

Senequismo, el del gallego, que hace pertinente la pregunta de si tendremos uno o dos. Autistas, quiero decir. Más que nada porque el país requiere, y con urgencia, un líder, no un administrador de fincas. Que tiempo habrá para los apis cuando escampe. Espectáculo en verdad crepuscular el de esta corte de los milagros donde el Parlamento pugna por emular a La Noria y, peregrinas o no, las únicas ideas políticas en curso moran acampadas en el asfalto, entre huertos de improbables tomates y airados lamentos del sufrido gremio del comercio. Súmese un Ejecutivo abocado a la parálisis numantina. Y añádase una leal oposición atenazada a su vez por el miedo escénico del aspirante.

Así las cosas, la responsabilidad histórica por casi un año entero de inacción, otros diez meses esperando a Godot, no solo ha de corresponder al cadáver insepulto. Ya decía Juan de Mairena que es mucho más fácil estar au dessus de la mêlée que a la altura de las circunstancias. Por eso, si Rajoy quiere demostrar que no es otro pequeño político al uso, un oportunista más guiado por el afán mezquino del corto plazo, debe interponer la moción. Supeditada a la inmediata disolución de las cámaras, huelga decir. Aunque la pierda. Como la perdió González antes de conquistar una mayoría no absoluta, sideral. Doscientos dos diputados. De él depende. Y el tiempo apremia.

Queeg en La Moncloa

César Vidal en La Razón

Seguramente, muchos de los que lean estas líneas recordarán aquella novela de Wouk que se titulaba «El motín del Caine» y que fue llevada al cine por un elenco extraordinario de actores entre los que se encontraba el mismísimo Humphrey Bogart. La acción era sencilla. El Caine era un dragaminas destinado en el frente del Pacífico y situado bajo las órdenes de un capitán llamado Queeg. Hasta ahí la acción no pasaba de lo trivial. El gran problema, sin embargo, era que Queeg era un peligroso psicópata y, al fin y a la postre, los oficiales a sus órdenes lo deponían para salvaguardar la seguridad del navío y de los tripulantes. Semejante acto, inusual, pero contemplado en las ordenanzas militares, derivaba en un juicio de guerra en el que todo parece desarrollarse en contra de los amotinados hasta que Queeg, interrogado como testigo, saca del bolsillo unas bolitas de metal y comienza a jugar compulsivamente con ellas. Aquel gesto, en apariencia sin relevancia, deja de manifiesto que Queeg es, en verdad, un loco especialmente peligroso para la gente situada a sus órdenes. Quizá durante años Queeg hubiera dado la apariencia de cumplir con sus funciones con mayor o menor fortuna, pero, al final, quedaba de manifiesto que no pasaba de ser un desequilibrado al que había que privar del mando y que lo único que cabía lamentar era que ese paso no se hubiera producido antes. Las elecciones del 22-M dejaron de manifiesto que ZP es un capitán Queeg que llegó a La Moncloa hace siete años gracias al atentado terrorista más espantoso de la Historia de España. Su sobrecogedora enfermedad quedó de manifiesto cuando, esa noche, en lugar de anunciar su dimisión y la convocatoria de elecciones generales, se colocó delante de los micrófonos y, más alterado que Humphrey Bogart en la citada película, comenzó a jugar compulsivamente con sus bolitas preferidas. Nos dijo, a punto de romper a llorar, que la culpa de la crisis económica más espantosa que ha conocido España en siglos y de los cinco millones de parados no es suya. Al parecer, se trata de una desgracia semejante a los temporales a los que culpó Felipe II por el desastre de la Invencible. Tampoco ha hecho nada malo él, que ha abierto las heridas cerradas hace décadas, que ha descoyuntado el orden constitucional con el estatuto de Cataluña, que ha realizado concesión tras concesión a la banda terrorista ETA, que ha encabezado una sectaria cruzada laicista, que se ha convertido en representante máximo de la cultura de la muerte y que, como logro máximo, puede esgrimir que los homosexuales contraigan matrimonio. Cualquiera que lo viera el domingo por la noche –pensara lo que pensara en los años anteriores– se dio cuenta de que ZP es una desgracia inconmensurable para el barco en el que manda y, para remate, para España, que no puede soportar casi un año más de su aciaga gestión. Ahora la única solución es que los oficiales de ese PSOE que conserva, gracias a ZP, los ayuntamientos de Cuenca y Zaragoza; la CC AA de Extremadura y la Diputación de Ciudad Real se quiten de encima al trastornado y a los que lo han servido como guardia de corps. Que lo hagan cuanto antes porque ni ellos, ni España pueden permitirse esperar un solo minuto más.