sábado, 4 de junio de 2011

Lo escrito, escrito está

Juan Manuel de Prada en ABC

Esto respondió Poncio Pilato a los miembros del Sanedrín que le fueron con pejigueras, disconformes con el letrero que había mandado clavar en el madero donde fue colgado Jesucristo. La Real Academia de la Historia no se ha atrevido a tanto; y ante las protestas del sanedrín progre ha prometido revisar algunas entradas de su Diccionario Biográfico Español, e incorporar correcciones «de manera rápida a la edición digital y a ulteriores ediciones en papel». Espigando el diccionario, uno se encuentra, desde luego, con expresiones ditirámbicas impropias del lenguaje aséptico que se reclama al historiador; así ocurre, por ejemplo, con la entrada dedicada a Felipe González Márquez. En ella leemos que quien fuera presidente del Gobierno español es hombre de «carisma inigualable» (risum teneatis) que sufrió los «esfuerzos denodados del Partido Popular y de sus cómplices mediáticos por sentarlo en el banquillo». Donde se deslizan, como mínimo, una hipérbole y una insidia, instrumentos más propios del ditirambo o el libelo exaltados que de un diccionario histórico. Decía Cicerón (De Oratore, II, XV, 62) que «la primera ley de la historia consiste en no atreverse a decir nada falso; la segunda, atreverse a decir todo lo que es cierto; y la tercera, evitar aun la sospecha de odio o de favor». Y en la entrada de Felipe González las tres leyes de la historia establecidas por Cicerón son concienzudamente infringidas.

Tal entrada, más propia del panegirista que del historiador, no se cuenta, sin embargo, entre las que han provocado el furor del sanedrín progre, todas ellas de personajes muertos hace décadas. De Francisco Franco ha molestado mucho al sanedrín progre que se diga que estableció un régimen «autoritario» (afirmación que, de forma implícita, convierte a quien lo establece en «dictador»), pero no «totalitario»; especificación que, en sí misma, no contraría ninguno de los requisitos que Cicerón exigía al historiador. Las palabras, desde luego, las carga el diablo, y más tratándose de palabras tan elásticas como «autoritario» y «totalitario»; pero yo he leído en los libros del más diverso signo ideológico que el régimen franquista fue autoritario, por faltarle ese componente distintivo de todo totalitarismo, que es una «explicación totalizadora, articulada y lógica del mundo»; componente que el régimen franquista nunca tuvo ni pretendió.

Pero en las protestas furiosas suscitadas contra el Diccionario Biográfico Español no creo que se discuta la elección de tal o cual palabra, o la elusión de tal o cual otra; ni siquiera el empleo de fórmulas retóricas incongruentes con el lenguaje aséptico del historiador. Lo que se exige a la Real Academia de la Historia es que acate y ayude a imponer una versión inventada de la Historia (con fines, por cierto, claramente «totalitarios»), en la que se entronice lo que es falso y se silencie lo que es cierto; una versión en la que se afirme que la Segunda República fue un paraíso democrático, regido por eximios estadistas amantes del bien y la libertad, que jamás perpetraron ni ampararon crimen alguno. La Real Academia de la Historia debería dejar bien claro que, más allá de corregir tal o cual palabra o fórmula retórica, no se avendrá a participar en semejante tropelía, por mucho que traten de imponérsela desde el sanedrín progre; esto es lo que se le demanda en la circunstancia presente, en la que —para desgracia de la maltrecha cultura española— decir la verdad se ha convertido en una arriesgada, casi suicida, forma de heroísmo.

El intelectual, la muerte y el diablo

Fernando García de Cortázar en ABC

Todos conocemos esas imágenes del París liberado, en los días en que el fulgurante desembarco de Normandía presagia el fin de la última Gran Guerra. Estamos en agosto de 1944. Heridos, fatigados, los nazis abandonan la capital gala y la Resistencia toma las calles al asalto. Ahora el campo de batalla se ha desplazado a la ciudad del Sena, que hace fuego con todas sus balas en la calurosa noche de verano. Es la hora de la verdad, escribe Albert Camus entre ráfagas de ametralladora y explosiones lejanas: «Hoy acaban cuatro años de una historia monstruosa y de una lucha indecible en los que Francia se ha enfrentado con su vergüenza y su furor».

¡Cuatro años de ocupación nazi! ¡Cuatro años bajo el régimen pro-alemán de Vichy! Para muchos es la hora de olvidar aquel tiempo con olor a traiciones, silencio y asesinatos. Para otros es la hora de alimentar la falsa creencia de que han derrotado al enemigo y se han liberado por sus propios esfuerzos. El mismo De Gaulle ratificará en seguida esta visión complaciente de la historia, esta operación inmediata de sutura nacional, y no pocos franceses que han vivido la ocupación de espaldas a los sacrificios de la Resistencia darán rienda suelta a la impostura descargando las iras de la venganza sobre los amigos y simpatizantes de los nazis. A partir de ahora, agosto de 1944, habrá una sola Francia, unida en el mito de la Resistencia, y un cuerpo extraño, los colaboracionistas, los traidores, que para seguir adelante deben ser perseguidos, marcados, castigados. Tras los tanques aliados, entre las balas de la libertad que silban todavía en París, llega también la hora de la caza, de las detenciones sumarias y los arrestos indiscriminados, de las denuncias y los ajustes de cuentas, de las mujeres con la cabeza rapada y los hombres aturdidos, todavía en pijama, arrastrados a golpes y empujones hasta la plaza del pueblo. Tiempo de ruido y furia: la depuración.

«Ante todo no reconozco vuestra justicia. Vuestros juegos y vuestros jurados han sido escogidos en forma tal que descarta la idea de la justicia. Hubiera preferido la corte marcial. Hubiera sido más sincero y menos hipócrita.»

Quien habla tan orgullosamente es Pierre Drieu La Rochelle, rebelde contumaz y colaboracionista confeso, cuyo Adiós a Gonzague, que acaba de publicar Alianza Literaria junto a la novela El fuego fatuo, me ha traído, estos últimos días, la memoria de aquellos idealistas temerarios que reivindicaron los fascismos como la corriente salvadora de Europa y vivieron su apoteosis bélica como una pasión, como un sueño, como un programa político de exterminio y redención.

Todo esto sucedió apenas ayer, y sin embargo nos parece de otro mundo. Tan lejano que hoy somos incapaces de ver que antes de deshonrarse por sus crímenes, el fascismo constituyó una esperanza formidable y peligrosa, el ataque y la supuesta vacuna de un liberalismo que agonizaba y se hundía en todos los frentes. Desde la marcha sobre Roma y con el atractivo de la doctrina de los hechos, sedujo no sólo a las masas sino que contó con valedores y portavoces entre muchos intelectuales, comenzando con el filósofo Heidegger, uno de los grandes sabios del siglo XX.

Pero entre aquellos intelectuales que se asomaron a la cuna del monstruo, pocos encarnan tan cruda e ingenuamente la fascinación del poder totalitario como el culto, elegante y refinado Pierre Drieu La Rochelle, quien buscó en la turbia aventura nazi el último aliento para una Europa que, en su opinión, se desmoronaba, carcomida de caducos y decadentes sistemas parlamentarios, atenazada por la doble barbarie de los mercados de Wall Street y las hordas del Kremlin.

Dandy y asceta. Amigo de Malraux y revolucionario fascista. Efímero director de la Nouvelle Revue Francaise(NRF) y propagandista de una Europa de cuento presidida por la mística nazi... Drieu La Rochelle es todo eso al mismo tiempo, y también el paseante solitario y extravagante del París ocupado, el novelista y escritor de ensayos que piensa que la Historia ha venido a coincidir con su pensamiento. Para este aciago idealista, Hitler es el gran revolucionario y depurador histórico de Europa. Así también le pasó a Stendhal con Napoleón, el conquistador insaciable, y a Ezra Pound con Mussolini, el César visionario. En vano, sus colegas de la NRF, Malraux y Mauriac, intentan hacerle entrar en razón. «¿Acaso Stalin y su sistema de purgas son mejores que la política empleada por la pandilla nazi?», preguntará a cuantos le señalan la represión racista elevada a principio de poder y de Estado, los campos de concentración, los fusilamientos de los opositores, la chata ideología con tufo a cerveza del Führer o de personajes como Himmler, Hess o Goebbels.

Todos conocemos el final de aquella pesadilla sanguinolenta. Los fascismos se hundieron en todos los frentes, dejando tan sólo un vasto reguero de horrores. Pero la historia de Drieu La Rochelle no acaba aquí. La debacle nazi marca la hora de la depuración. Muchos colaboracionistas huyen tras los restos de la Wehrmacht. Él —que es de los que ha jurado y perjurado a favor de los nazis y lo ha leído toda Francia—, no. París es su ciudad: su terruño, su infierno, su amante demasiado maquillada. Sabe, por supuesto, que ya no hay nada que hacer, que está acorralado, que la trampa es tan vieja como el hombre, pero no quiere huir, no quiere ocultarse. Tampoco quiere ser apresado y juzgado sumariamente por los tribunales de De Gaulle. Lleno de impaciencias juveniles, antes de que lo atrapen y ejecuten como al ensayista y crítico literario Robert Brasillach, el niño terrible de Vichy, dirá adiós a todos, suicidándose con barbitúricos y gas en su apartamento de París.

Creía en todo —en el honor, en la verdad, en la cultura...—, diría de él su amigo Lucien Combelle. Pero ¿cómo congeniar ese retrato con el ilusionista de la victoria nazi; con el suministrador de ideas, argumentos y razones que pusieron en marcha el acarreo, desde todos los rincones de Francia, hacia los hornos crematorios, de miles de judíos franceses; con el intelectual que vive las invasiones nazis en un clima de irrealidad, como dentro de un episodio homérico?

No lo sé. Tal vez no haya respuesta aceptable para esa tremenda pregunta. Lo que sí es seguro es que las ideas, las palabras, no son irresponsables y gratuitas. Como dijera George Steiner, ellas generan acciones, modelan conductas y mueven, desde lejos, los brazos de los ejecutantes de cataclismos. Lo que sí es seguro es que Camus tenía razón cuando a las razones de Mauriac en pro del perdón y la caridad para con los propagandistas de Vichy, repuso:

«Nos hizo falta mucha imaginación para ver a miles de franceses honorables señalados todos los días para los peores suplicios por unos periodistas a los que ahora se quiere convertir en mártires. Acaso, como hombre, admire yo al señor Mauriac por no querer aumentar el odio; pero como ciudadano lo deploro, pues ese amor nos traerá justamente una nación de traidores y mediocres y una sociedad que ya no deseamos.»

Leo ahora estas palabras escritas por Camus en 1945, cuando en plena depuración el joven periodista de la Resistencia buscaba la voz justa entre los gritos de aborrecimiento de un lado y los ruegos enternecidos del otro, y no puedo dejar de pensar en las miles de personas que han vitoreado el triunfo de la filo-etarra Bildu en las elecciones municipales del País Vasco. Todo barato y trivial, de categoría ínfima, de una ralea muy baja, como las sandeces que garabatea contra los judíos Drieu La Rochelle en el París ocupado, o como esos franceses de Vichy que primero jalean los desfiles nazis y después de la liberación saltan al cuello de los colaboracionistas más señalados.

Sinde y "la mujer"

Pío Moa en Libertad Digital

Las feministas tienen la manía de erigirse por las buenas en representantes de “la mujer”, al modo como los marxistas se decían lo mismo en relación con “el proletariado”. Una base de las ideologías totalitarias consiste precisamente en esas autoatribuciones sin base y un tanto desvergonzadas. Se trata de luchas por el poder en las que cada oligarquía pretende cobrar fuerza adulando a un grupo social con una mezcla de narcisismo y de victimismo.


Sinde, en particular, revela su ignorancia al criticar el diccionario biográfico de la Real Academia (la cual parece haber cedido al chantaje un tanto abyectamente), y al estilo antidemocrático habitual, ha dicho, entre otras cosas: “No creo que las mujeres en la historia de España hayan contribuido solo en un ocho por ciento”. Una cosa es la historia, en sentido amplio, en la que hombres y mujeres han contribuido por igual, de modo más o menos complementario; y otra los protagonistas políticos y culturales, que siempre han sido muy pocos en comparación con el conjunto de la sociedad, y casi siempre masculinos, porque --sea cual sea la razón, un tema interesante a debatir-- la política y la cultura en general la han desarrollado los varones o, mejor dicho, una ínfima parte de ellos. Y me temo que si medimos la contribución femenina por figuras tan loadas por el feminismo como la Pasionaria, Margarita Nelken, la Pajín, la Vicevogue o la propia Sinde, no quedaría en muy buen lugar al sexo femenino. es decir, si ellas fueran sus representantes, como pretenden. Pretensión perfectamente infundada, como digo.

Pajín, esa liberticida y totalitaria

Manuel Llamas en Libertad Digital

Ha nacido una estrella. Se llama Leire Pajín. Y como tal, ya cuenta con su particular proyecto estelar bajo el título "Ley de Igualdad de Trato y No Discriminación". Un pomposo y llamativo nombre acorde con el indudable prestigio de su precursora, una joven socióloga cuya vida profesional ha discurrido única y exclusivamente ligada al ámbito político, tras una meteórica carrera en el seno del Partido Socialista. Pajín, ese adalid de la progresía hispana, ese icono resplandeciente del nuevo socialismo del siglo XXI que tanto gusta en otras latitudes y que tan orgullosamente encarnan líderes de la talla de Hugo Chávez y Evo Morales, ha decidido alzarse, sola pero firme, contra la discriminación, sea ésta del tipo que sea.

Un objetivo loable, digno, sin duda, de su figura cuasi divina. Pajín acaba de autoproclamarse en heroína de la igualdad, defensora a ultranza de los discriminados, entregada salvadora de los desvalidos y repudiados por el mero hecho de ser diferentes o pensar algo distinto a los demás. Leire, esa jueza suprema e incorruptible del pensamiento políticamente correcto, esa fiscal despiadada en la persecución del "delito social", esa abogada incólume en la defensa acérrima de los desiguales. Todo eso y más es Leire Pajín, la asombrosa descubridora de la nueva Verdad... ¡La suya!

Dejémonos de ironías. Bajo ese pomposo y buenista título, "igualdad y no discriminación", propio de los paraísos utópicos del socialismo que, una vez alcanzados, se materializan en auténticos infiernos, yace un proyecto de ley totalitario. Su articulado, envuelto de ideales socialistas, esconde, en realidad, un único fin: ahogar la libertad de empresa, violar la propiedad privada y restringir hasta el extremo el pensamiento y libre elección de los individuos. El análisis detallado de estos aspectos lo tienen aquí (económicos), aquí (jurídicos) y aquí (mediáticos).

La amplia ambigüedad y arbitrariedad que denota el texto otorga al Estado un poder inusitado para sancionar, multar y hasta condenar conductas naturales, es decir, propias del ser humano y típicas del día a día. Y es que, todos y cada uno de nosotros discriminamos siempre y en todo lugar. Actuar no es otra cosa que discriminar, elegir entre varias opciones o, lo que es lo mismo, seleccionar algo excluyendo lo demás. Usted discrimina, de una u otra forma, cuando elige libremente a sus amigos, contrata a un empleado o selecciona a un inquilino...

Pero el proyecto de Pajín contradice este principio básico al primar la igualdad material en sentido estricto frente a la tradicional igualdad formal (ante la ley). La manida "igualdad" se convierte en un fin en sí mismo. Se trata de una aberración jurídica que, en caso de aprobarse, hará saltar por los aires el artículo 14 de la Constitución. Así, pasaremos de "los españoles son iguales ante la ley" a "la ley del Estado impondrá su igualdad a los españoles". En este caso el orden de los factores sí altera –¡y cómo!– el producto.

La socióloga, por muy ministra que sea, parece desconocer que el actual Estado de Derecho se sustenta sobre un nuevo concepto de libertad ideado para romper con las ataduras del Antiguo Régimen. No por casualidad la Declaración de Independencia de los EEUU reza lo siguiente: "Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad". La libertad, no la igualdad (material), es un derecho natural, intrínseco al ser humano. Y el hombre se siente libre cuando es dueño de su patrimonio (propiedad privada), no encuentra trabas a su pensamiento (libertad de expresión), educa a sus hijos según sus creencias y profesa libremente religión y oficio. En definitiva, cuando su esfera personal, familiar y profesional no es invadida por el Estado, es decir, por Pajín.

Talibanes contra el Valle de los Caídos

Pío Moa en Libertad Digital

He dicho que un perturbado como Rodríguez no se iba a marchar del poder sin cometer aún unas cuantas fechorías y dejarnos el rastro de su miseria: de momento la legalización y triunfo de la ETA, con la que guarda tanta afinidad ideológica (socialista, antifranquista, etc.) y el ataque al Valle de los Caídos. Tal como el Gobierno colaborador y hasta chivato de la ETA, esto es, delincuente y encarcelable, comisionó a Peces Barba para silenciar y desacreditar a las víctimas del terrorismo, ahora ha montado una comisión de bellacos contra el Valle de los Caídos.

El Valle de los Caídos "es una maravilla", como ha reconocido Preston: quizá el monumento más logrado en su género del siglo XX en cualquier país del mundo. Fue construido primero para conmemorar la victoria del bando nacional y más tarde la reconciliación, al depositar allí restos de combatientes de los dos bandos. Esa reconciliación fue plenamente lograda, para la inmensa mayoría de la población, durante el franquismo, aunque persistiese una minoría ferozmente irreconciliable: terroristas, comunistas y simpatizantes de ambos.

Lo más repugnante es el lenguaje empleado por los bellacos: afirman que el Valle "es todavía un lugar controvertido en la conciencia de los españoles". Son ellos, los irreconciliables, quienes lo "controvierten", precisamente con un "Himalaya de mentiras", como decía Besteiro, enconando los odios con palabras de apariencia razonable. Invocan la totalitaria y antidemocrática "ley de memoria histórica", que presenta a los chekistas y etarras como víctimas, soborna a los familiares con "indemnizaciones" a cargo de todos nosotros y prohíbe lo que llama "exaltación del franquismo", es decir, del régimen del cual no solo procede el monumento, sino también la prosperidad, la democracia y la paz que aún dura, logradas contra los terroristas, comunistas, socialistas y demás irreconciliables talibanes. Dicen que buscan "honrar y rehabilitar la memoria de todas las personas fallecidas a consecuencia de la Guerra Civil y de la represión política que siguió". ¿A quién pueden honrar y rehabilitar unos colaboradores de la ETA? ¿Y cómo puede honrarse a las víctimas equiparándolas a los chekistas y asesinos? Hablan de "fomentar las aspiraciones de reconciliación y convivencia". Esas aspiraciones estaban plenamente logradas y el Gobierno delincuente las está arruinando, precisamente. Su desvergüenza y cinismo alcanzan cotas increíbles.

Y menciona una recomendación del Consejo de Europa para que en el Valle de los Caídos se explique cómo fue construido por prisioneros republicanos. Eso no se puede explicar, porque es falso. Solo se puede mentir sobre ello.

Con toda su miseria, esta demagogia delictiva ofrece una excelente oportunidad para que las personas honradas del país clarifiquen "la conciencia de los españoles" y europeos difundiendo la verdad. Tiene que salirles el tiro por la culata. La reacción no debe limitarse a la de los descerebrados de Sol.

Call me Alfredo

Pablo Molina en Libertad Digital

Rubalcaba quiere que ser ahora Alfredo, simplemente Alfredo, en un gesto de cercanía hacia el militante socialista francamente innecesario, porque no es probable que se vaya a ver obligado a disputar unas elecciones primarias con algún riesgo de no salir elegido. Todos los dedos índice del sanedrín socialista le han señalado y a ver quién es ahora el chulo que se atreve a apuntar en dirección contraria.

Las primarias socialistas son un deporte de apariencia democrática para que al final gane Rubalcaba, que es lo que Cruyff dijo en una ocasión sobre el fútbol y la selección alemana sin equivocarse demasiado. La prueba en el caso del PSOE es que nadie con un relativo peso específico se ha atrevido a disputarle al ministro de Interior el puesto que él mismo hace tiempo reservó para sí mismo. Sí, habrá algún advenedizo para cubrir la cuota de exotismo folclórico que exigen esas organizaciones antidemocráticas por definición que son los partidos políticos, pero nada que pueda inquietar a Rubalcaba; perdón, Alfredo queríamos decir.

Francisco Fernández Ordóñez (q.e.p.d.), muy mejorable ministro de Exteriores aunque infinitamente más útil que lo que nos ha venido después con Zapatero, sólo sabía decir una frase en inglés –"call me Paco"–, con la que mal que bien anduvo por esas Europas de Dios derrochando al menos simpatía. "Pacordóñez" tenía la disculpa de que acabábamos de entrar en la CEE y los únicos españoles conocidos eran Butragueño y Felipe González, por ese orden, pero a Rubalcaba lo conocemos ya tanto que incluso dentro de su partido debe resultar bastante raro dirigirse a él como simplemente Alfredo.

¿Alfredo? Ah, sí, Rubalcaba. Exacto, Rubalcaba, el tipo con un pasado terrorífico y un porvenir siniestro que ahora quiere ser "Alfredo", una joven promesa de la política con un futuro prometedor, capaz de ilusionar al votante socialista partidario de la renovación.

Al final, friquismos surgidos de las bases aparte, las únicas primarias se disputarán entre "Call me Alfredo" y Rubalcaba. Por supuesto ganará Rubalcaba. A ver entonces quién tiene lo que hay que tener para dirigirse a él solamente como "Alfredo".

Alfredo

Alfonso Ussía en La Razón

«A partir de ahora, llamadme Alfredo». Bellísima petición. Coincido plenamente con Federico Jiménez Losantos en que Alfredo, Alfredo a secas, Alfredo a lo grande, sólo hay uno, al menos para los madridistas y los buenos aficionados al deporte. Don Alfredo Di Stéfano. Existen dos tipos de personas. Los que se conocen por el nombre o por el apodo cariñoso y los que se distinguen por sus apellidos. Rubalcaba pertenece al segundo grupo. Por otra parte, Rubalcaba es Pérez con anterioridad, que así se apellidaba su padre, un ilustre comandante de líneas aéreas. Adolfo Suárez es Adolfo para casi todos. No necesitó reunir a los militantes de UCD para pedirles semejante bobada. «A partir de ahora, llamadme Adolfo». Ya se lo llamaban. Como Pepiño Blanco, al que le decimos «Pepiño» los que apenas le conocemos. Nadie le llama Blanco. Si en una charla alguien comenta «he visto a Blanco muy preocupado por los acontecimientos», siempre surge el que pregunta: «¿Qué Blanco?», o «¿Quién es Blanco?». Con Pepiño no hay problema. A Jaime Mayor Oreja se le sustrae el primer apellido. Sus amigos nos referimos a él como «Jaime» y sus enemigos como «Oreja». Se trata de costumbres, de tics adquiridos, de modismos habituales que no se pueden cambiar de la noche a la mañana. Rubalcaba es Rubalcaba para casi todos, y por mucho que quiera que se le llame Alfredo, se distingue a cien leguas que sigue siendo Rubalcaba. Entonces aparece el cursi. «Es que Alfredo es más cálido».

La izquierdilla española, es decir, la de Visa Oro, usa de dos voces con asiduidad perforante. «Cálido» y «mágico». Lo de «mágico» es de cineastas. «¿Cómo definiría su última película?», pregunta el sagaz entrevistador. «Creo que es mágica», responde el realizador vestido de cine mientras se rasca la barba para que su pulga preferida decida abandonarlo y pernoctar en la Puerta del Sol. «Lo mejor de Amenábar es que és muy cálido cuando trabaja». Y se acepta, claro, porque quien no ha trabajado con Amenábar no puede poner peros a su calidez. Así que Rubalcaba, cuando pretende ser llamado Alfredo, es cálido y mágico a la vez, aunque siga siendo Rubalcaba. En lugar de ZP, AF. «Hoy nos recibe AF», dirán encantados los que ya le dicen «Alfredo». Si no me equivoco, puede haber lío en el empeño, porque AF me suena a muebles de oficina. Pero no es cosa de alarmar ni buscarle tres pies al gato. No obstante, y Rubalcaba sabe bien que personalmente cuenta con mi viejo aprecio, lo de «alfredo» no le va a salir, por una sencilla razón. Quien lleva treinta años siendo Rubalcaba, para los unos y para los otros, seguirá siendo Rubalcaba para los otros y para los unos, y sólo le llamarán «Alfredo» los jóvenes aspirantes a subir un escalón en el PSOE, que sería conveniente que lo hicieran, por otra parte. Además, que Rubalcaba es listo, pero no mágico, y simpático, pero no cálido. Cálida es Carla Bruni, por poner un ejemplo que no precisa de exégesis profundas. AF está a tiempo de recapacitar. Si lo que busca es una buena cosecha de votos, que no la va a tener, lo mejor es no cambiar de marca. Se puede entender desde el prisma de la añagaza. El pasado cuenta. Pero «Alfredo» no podrá borrar nunca el pasado de Rubalcaba, porque la gente no es tonta, y Rubalcaba es el segundo responsable del Gobierno desastroso que nos ha llevado a todos los españoles al borde del abismo. Rubalcaba y Alfredo. Los dos.

viernes, 3 de junio de 2011

La ciudad fantasma

Alfonso Ussía en La Razón

Quien aspira a ser alcalde de una ciudad, tiene la obligación de conocer la historia y la realidad de esa ciudad. El aspirante de «Bildu» a la alcaldía de San Sebastián ha manifestado que «rechazaría que los Reyes de España visiten esa ciudad porque son seres que no la representan políticamente». Además de la innecesaria grosería, el aspirante, un tal Izaguirre, demuestra una brutal ignorancia de todo. San Sebastián es una ciudad española, y por ello los Reyes pueden visitarla cuando se les antoje sin necesidad de pedir permiso a Izaguirre para hacerlo. La vinculación de la Corona con San Sebastián es mayúscula. Su esplendor se debe precisamente a la instalación de la familia Real en San Sebastián a principios del siglo XX. Haga un esfuerzo el ignorante y recorra su ciudad. El barrio de Ondarreta. Ahí estaba, en la falda de Igueldo, el Real Club de Tenis de San Sebastián. La penúltima rotonda de los jardines de Ondarreta está presidida por un monumento a la Reina María Cristina, madre de Alfonso XIII, siempre enamorada de San Sebastián. Por ella se construyó el Palacio Real de Miramar en la unión de las dos grandes playas. En Ondarreta cinco calles recuerdan a los hijos de Alfonso XIII. Avenida del Infante Don Juan, de la Infanta Cristina, del Infante Don Jaime, de la Infanta Beatriz y del Príncipe Don Alfonso. El gran hotel emblemático de San Sebastián se llama «María Cristina» en recuerdo de la Regente. El teatro donostiarra por excelencia lleva el nombre de «Victoria Eugenia», en memoria de la Reina Victoria, mujer de Alfonso XIII, madre de Don Juan y abuela del Rey. Por la tenacidad de la Reina Cristina, el Orfeón Donostiarra puede cantar todos los veranos, el 14 y 15 de agosto, la «Salve» de Réfice, encargo personal de la Reina. Junto al muelle de pescadores, mirando a la bahía, se alza el Real Club Náutico de San Sebastián, patrocinado por Alfonso XIII. Cuando el Rey y su malogrado hermano Don Alfonso pudieron volver del exilio, el Palacio de Miramar se convirtió en su internado de estudios. En San Sebastián se fundó con el apoyo de los Reyes la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, el referente cultural más prestigioso de la capital guipuzcoana. Y el club que mueve más entusiasmo, no sólo en San Sebastián sino en toda la provincia, es la Real Sociedad de San Sebastián, a la que el Rey concedió el título de Real a petición unánime de sus socios fundadores. A pocos kilómetros, en Lasarte, el apoyo Real levantó el Hipódromo, administrado por la Real Sociedad de Fomento de la Cría Caballar. Sólo Santander puede competir con San Sebastián en vinculaciones con la Familia Real. Las grandes villas y palacios donostiarras no las alzaron los industriales vascos, sino la nobleza madrileña que se afincó en San Sebastián, capital política y cultural de España durante los meses del verano. A muchos les parecerán anticuados estos argumentos, pero son pruebas indiscutibles. Ahí están. A la vista de todos. Otra cosa es que el tal Izaguirre quiera borrar esas huellas. Mucho trabajo le costará. La tradición y los símbolos no se esfuman así como así. San Sebastián fue la casa de la familia Real durante décadas, y el resultado no es otro que su actual esplendor estético, que no político, que no social, deteriorados hasta tal extremo, que un ignorante clamoroso de su propia ciudad tiene posibilidades de ser su alcalde. Pena me da tanta belleza en manos de tan sectaria y violenta incultura.

Volverán

Cristina L. Schlichtingen La Razón

Rubalcaba no quiere cargar contra los chicos de Sol para que no le comparen con Franco y los grises. No sacaría nada de una acción policial. Pero tiene una segunda razón que le anima a seguir de brazos cruzados. Vendrá el calor tremendo de Madrid y los acampados se irán, hostigados por el sudor…y volverán. El 15 de octubre es la primera cita para regresar a las calles. Poco después habrá elecciones anticipadas y lo probable es que gane la derecha. Quien piense que el 15 M o como se quiera llamar al fenómeno, se ha acabado, se equivoca. Hay mucho malestar en España, y no sólo por los cinco millones de parados. Hay fracaso escolar, falta de horizontes ideales y toda una generación crecida al margen de la Iglesia, los partidos o las familias estructuradas que busca algo grande en la vida y no sabe dónde encontrarlo. Alfredo, como quiere el vice que le llamen, tiene olfato para estas cosas. Y sabe que, si Rajoy gana las elecciones, va a necesitar un ariete en las calles. Una oleada similar a las manifestaciones contra la Guerra de Irak que acabaron con Aznar. En cuanto el PP saque la tijera de podar gastos y toque los subsidios, las becas, el empleo público o lo que haga falta, la izquierda llamará a los jóvenes. ¿Se imaginan el calibre de las movilizaciones conjuntas del 15 M, el PSOE y los sindicatos? No hay gobierno que lo aguante. Cuando ocurra, le recordaré este artículo a una derecha incapaz de capitalizar a tiempo y a su favor la indignación de la calle.

Alfredo


Viñeta de Montoro en La Razón

Plagas de Madrid

Ignacio Ruiz Quintano en ABC

Si todo lo que en el extranjero ven de España es el campamento de Sol, es normal que nos culpen hasta del sabor de los pepinos. Una lendrera es una lendrera, y basta con darse un garbeo por allí para que empiece a picarte el cuerpo entero. Es el socialismo utópico. El otro socialismo, el real, son las colas del Inem. Del Inem a Sol y de Sol al Inem. Miren por dónde, ahí tenemos la alternativa laica al Camino de Santiago. El negocio lo gestiona Rubalcaba, que no va a enviar a sus guardias a luchar contra las chinches y los gases de invernadero (no sé si se dice así) de los generadores eléctricos. Si de Fukushima ya están saliendo conejos sin orejas, de Sol podrían salir guardias sin porras. Hablando de prodigios, ¿tendrá que ver lo de Sol con el hecho de que por Las Ventas todavía no haya pasado un toro con casta, quitando los de Escolar, a quien por eso los revistosos del puchero llaman “moruchero”? Sólo Rubalcaba, que es químico, lo sabe. Desde luego, el final de Sol pasa por la porra y la redoma, pero mientras ese final llega hay que admirar la justicia poética que ese campamento hace con Gallardón (¡plagas de faraón!), cuya política cultural (y esto lo ha visto incluso el amigo Pepe Campos desde Taiwán), basada en el carril, la chancla, el botellón y la meada y la bicicleta de acera nos han llevado a Sol, donde, menos meterse con Zapatero, uno puede hacer todo lo que la democracia le tiene prohibido: fumar en la jaima, beber en la calle, cantar a deshora… ¿Qué hace don Ignacio Buqueras y Bach, que no se pasa por Sol a predicar el huso horario europeo? De acuerdo, Sol no es California, pero tampoco Punset es Marcuse, y ahí está, el hombre, con Castells, promocionando en plena Revolución el neoplatonismo catalán del “Bocaccio” sesentayochista con el Wifi de balde que sirven las “foneras” que regala Varsavsky. Cuando veo a Pedro Castro y a Tomás Gómez llorar por las esquinas, me pregunto: “¿Tanto han perdido que no tienen para una ‘fonera’?”

Germanófobos, lo que nos faltaba

Hermann Tertsch en ABC

Lo diferente que habría sido esto si en vez de tres chicas de cuota que no saben ni a qué teléfono llamar, la responsable hubiera sido una Loyola de Palacio que en horas habría cogido un avión para abrir puertas a patadas en Bruselas, Hamburgo y Berlín. Que habría hablado allí a todos los responsables de tú y en su idioma para exigir pruebas a sus acusaciones. Y buscar una limitación de daños para España. El primer día.

Don Alfredo

Ignacio Camacho en ABC

Cuando pide que le llamen Alfredo intenta derribar ante los militantes la barrera de solemnidad que rodea, como un círculo de tiza, su condición de copresidentedel Gobierno y jefe de la Policía, su biografía de tres décadas de coche oficial, cristales oscuros y más oscuras maniobras entre las bambalinas del poder. Una distancia adherida a su perfil que solemniza en exceso el flamante papel de liderazgo que acaba de asumir, y que incluye en teoría la necesidad de ser accesible, familiar, propicio a la confidencia y el afecto. Justo lo que resulta imposible cuando todo el aparato de Estado se cuela a cualquier hora por la celdilla del teléfono móvil.

(...)

La proximidad, la llaneza, se tiene o no se tiene; no se puede impostar. Tampoco pasa nada por no tenerla; siempre cabe explotar otras virtudes, otras cualidades. Los artificios no convencen a la gente, que en seguida detecta la simulación y el revestimiento que tanto gusta a los diseñadores de las campañas. El problema de Rubalcaba no es que sonría poco o que la vida y el poder le hayan puesto cara de malas noticias; es ser el principal colaborador de Zapatero y llevar encima cinco millones de parados.

Puesto a abolir lejanías, siempre resultaría más creíble si dejase de ser el ministro de casi todo, el valido omnipotente rodeado de parafernalia de Estado. Mientras los guardias se le cuadren al pie del avión oficial va a ser difícil que deje de parecer Don Alfredo.

Entrañable Alfredo

Emilio Campmany en Libertad Digital

No ha hecho más que empezar esta extraña campaña de primarias de aspirante único y ya se está viendo lo mal candidato que es el elegido. No sólo es que es viejo, feo y calvo, que dice Pepe García Domínguez. Es que además es un tío malage, con mala follá, cualidades que son virtudes para un privado que trabaje en la sombra, pero que se vuelven en graves defectos si se aspira a ceñir personalmente la corona. Ensaya una sonrisa cautivadora y lo que le sale es una mueca siniestra. Balbucea una palabra amable y los demás creen haber oído una amenaza velada. Ulises no puede ser Aquiles. Cada cual debe desempeñar el papel que ha escogido y Rubalcaba hace tiempo que eligió ser eso, Rubalcaba, si te vuelves, te la clava.

Nuestro deterioro en pocas palabras

Jorge Valín en Libertad Digital

¿Se ha preguntado nunca cuál es la función del Estado? Podríamos afirmar que proteger a la gente. Cuando nació el actual concepto de Estado –el Estado-Nación– rápidamente se identificó con la idea de la gloria, bien común y seguridad. A medida que el capitalismo avanzaba, y por tanto también aumentaba el bienestar del individuo, los dirigentes se dieron cuenta de que podían ampliar ese concepto de seguridad. Trasladaron la seguridad a la economía. Crearon derechos sociales, leyes de empleo digno y de protección. La capacidad productiva del mercado pudo aguantar tal apropiación de recursos que se tomó el Estado. Eso dio lugar a más reclamaciones sociales. La gente no vio, ni sigue viendo, que los derechos sociales tienen un origen criminal: el robo, el saqueo, el latrocinio y la extorsión al ciudadano. El Estado se empezó a meter en la vida de las personas diciéndoles cómo pensar, tomando la educación, cómo teníamos que vivir, cuánto teníamos que ahorrar y gastar con la creación de bancos centrales. También decidió qué "vicios" eran malos prohibiendo algunas drogas y dejando otras al margen. Y tal absurda pérdida de libertad individual nos ha convertido en simple ganado de los políticos y lobbies, que nos dicen hasta cómo hemos de hablar, prohibiéndonos incluso los piropos y hacer según qué chistes. El Estado ya no es el monopolio de la fuerza propiamente dicho, sino del pensamiento y la actuación humana.

Todo esto tenía que pasar factura. El Estado es muy mal ingeniero social. Después de doscientos años de monopolio estatal sobre nuestras vidas, nos tendríamos que reformular la pregunta. ¿Cuál es la función del Estado? La respuesta es la misma: proteger a la gente. Sin embargo, sus representantes se han convertido en el tercer problema de los españoles según el CIS.

Desde el periodo comprendido entre el año 2002 y 2009 los gastos en el hogar han aumentado el doble que los salarios. No solo ha sido una cuestión de la expansión crediticia provocada por los bancos centrales. España es el segundo país de la OCDE donde más han subido los impuestos. Está entre los países de Europa con mayor esfuerzo fiscal. Más que Suecia y Alemania por ejemplo.

La situación parece agravarse ahora. No solo por el desempleo, el pobre tejido productivo del país, o la cultura del hedonismo y las subvenciones. Por primera vez en un año, el saldo de los depósitos está cayendo. Las explicaciones pueden ser muchas, pero la más plausible es el deterioro del nivel de vida. Aunque ahora se ha moderado la inflación, ha tenido un rápido recorrido alcista y seguirá subiendo junto al coste de financiación como el de las hipotecas.

Esto nos lleva otro triste dato, y es que si en 2009 los españoles desempleados se vieron forzados a retirar casi 220 millones de euros de sus planes de pensiones, en 2010 aumentó a 320 millones de euros más. Las rentas desaparecen y el ciudadano se ve obligado a quemar su capital ahorrado para sobrevivir.

A todo esto, el Gobierno hace recortes que afectan a nuestro bienestar, pero sin bajar impuestos. Más bien al revés. Los impuestos van a seguir subiendo, no hay otra. Vivimos y trabajamos para los visionarios políticos.

¿Y cuál es la función del Estado? La contraria a lo que hace. El Estado es un instrumento, no un fin. Somos dependientes de las promesas electorales. No sabemos qué significa vivir en libertad (y la tememos) porque queremos que todo nos lo haga el Estado. Incluso le pedimos que haga magia como arreglar el planeta, construir un mundo mejor o que cree recursos que no es capaz de generar; no porque no sea posible, sino porque eso es función de la sociedad civil. No puede crearlo un político ni órgano central por medio de la ley y prohibiciones.

Esta crisis nos tendría que hacer ver que el Estado no solo es incapaz de crear la seguridad económica que pregona, sino que es su mayor negación. Solo tendremos un futuro mejor, no con tijeretazos, más subvenciones, burdas privatizaciones o parches en el mercado de trabajo (que ni eso), sino con menos Estado. No hay soluciones mágicas. Hay que arremangarse y ponerse a trabajar. Trabajar de espaldas al Estado. Que pague él el monstruo que ha creado.

La Historia y los demonios

Jorge Vilches en Libertad Digital

La prueba de que se ha politizado el asunto no es sólo que se ha convocado una concentración de protesta a las puertas de la Academia de la Historia –a la que irán los de siempre con las mismas banderas–, sino que el resto de la Historia de España parece no existir. Tiene razón en esto Ricardo García Cárcel: la Historia no comienza en 1931. Hubo vida antes de la Segunda República; pero hay quien quiere aprovechar la polémica, desorbitada y artificial, para sacar sus demonios fuera.

Franco y el gallinero progre

Pío Moa en Libertad Digital

Las creencias son libres y esos señores tienen derecho a tragarse y propalar las mayores necedades, nadie va a negárselo. Dada su presencia pública, sí cabría exigirles que se atrevieran a debatir sus creencias, pero hasta ahí no llega su audacia.

Su audacia la demuestran en otros campos: la desenvoltura con que no solo gritan, sino que demandan la censura y la imponen en cuanto está a su alcance, o exigen la "corrección" de textos no acordes con sus creencias, o acusan a otros de mentir, sin dar la menor prueba al respecto. Con lo cual demuestran ser tan "demócratas" como aquellos republicanos y frentepopulistas que tan agudamente describe Azaña: "¿Tendremos que resignarnos a que España caiga en una política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta?". ¿Tendremos que resignarnos a que este gallinero imponga sus memeces como historia y cultura españolas?

Cautiva y desarmada

Cristina Losada en Libertad Digital

Este es el parte final del asalto a la libertad académica. El último bastión del fascismo ha caído. Cautiva y desarmada la Real Academia de la Historia, las fuerzas del antifranquismo sobrevenido han conseguido todos sus propósitos. La anacrónica institución se ha rendido y rectificará las biografías del monumental Diccionario que tanto sulfuran a indoctos hijos del panfleto y a profesores que no fueron llamados a participar en su elaboración. Bien está lo que bien acaba. A fin de coronar este triunfo de la Inquisición cultural, se espera que la entrada sobre Franco, motivo y pretexto del asedio, sea dictada en persona por la comisaria del ramo y afamada guionista del film Mentiras y gordas. ¡Ojalá fuera broma!

La cuestión que aquí se dirimía quedaba reflejada en la declaración del catedrático García Cárcel al diario El País: "Es una polémica desorbitada, hinchada y artificial. No tomaría ningún tipo de medida, porque significaría no respetar la opinión académica de un historiador como Luis Suárez Fernández. Se puede estar de acuerdo o no con él, pero me parece increíble que la ministra de Cultura pida una rectificación. No existe la Historia en singular, existen los historiadores. Lo contrario sería participar de la defensa del pensamiento único". A su vera, sin embargo, notorios eruditos mostraban su espanto ante el delito de calificar al régimen franquista simplemente de autoritario (necesitan otro diccionario) y algún librepensador pedía la destrucción de toda la edición. Lo dicho, auténticos discípulos de Erasmo, dignos herederos de la Ilustración.

jueves, 2 de junio de 2011

El loro opone resistencia

Manuel Martín Ferrand en ABC

En la vida política española, demasiado pancista y escasamente atenta a la demanda social, son frecuentes los arranques briosos y decididos, como de jaca jerezana, seguidos de parones bruscos y tercos, tal que de mula zamorana. Es el caso, al menos en Madrid, de Rosa Díez y su flamante partido socialdemócrata. Ayer, en esta misma columna, subrayaba la decisión de los concejales de UPyD que, en ejercicio de sensatez y respeto a los ciudadanos, habían anunciado su renuncia al coche oficial que les corresponde como ediles del gastoso Ayuntamiento de Alberto Ruiz-Gallardón, el más endeudado de España y, posiblemente, de toda Europa. Han bastado unas horas para que David Ortega, el portavoz del grupúsculo, matice la renuncia y aclare que su partido necesitará «uno o dos» coches para su actividad diaria que, se supone, no es compatible con el metro, el autobús, los trenes de cercanías o el cochecito de cada uno de ellos.

No es éste un asunto de naturaleza cuantitativa. Un par de automóviles no son, en el orden de los principios éticos y estéticos, menos que cinco. Lo cualitativo, que es lo que debiera orientar el gasto público en general y el de nuestros supuestos representantes en particular, reside en el respeto a cada céntimo de euro de los aportados al común por los muchos y variados impuestos, tasas y gravámenes con que nos sangran, no sin saña, las Administraciones públicas.

Decíamos ayer que es necesario y urgente acabar con ese loro devorador de chocolate que, tacita a tacita, se come una parte importante y prescindible del Presupuesto. Por lo que se ve, el loro opone resistencia. El significativo recular del partido de Rosa Díez en el Ayuntamiento madrileño toma razón de la advertencia del futuro jefe de la oposición en la Asamblea, el socialista Tomás Gómez, que justifica el derroche motorizado por razones de «seguridad», ya que «hace años» ETA amenazó a la Corporación. Pamplinas, si el riesgo de los ediles, muchos ignotos, es real habría que declarar el estado de sitio. No es que no se justifiquen más de media docena de coches representativos, meramente protocolarios, para la totalidad de los servicios municipales, es que tan siquiera cabe, en un estricto planteamiento democrático que priorice el servicio a los ciudadanos, la existencia de plazas reservadas para el aparcamiento de los munícipes y otros servidores y cargos públicos. Aquí, lejos de depurar los excesos del pasado, los vamos acumulando y adaptando a las nuevas situaciones y olvidamos algo fundamental: el privilegio, cualquiera que fuere, de un representante popular niega la dignidad de su representación.

Rubalcaba y el agua corre

Ignacio Ruiz Quintano en ABC

Primero fue el árbitro Stark con la tarjeta roja de Pepe. Luego, la alarma de Frau Merkel con un bicho en el pepino español… Yo creo que todo forma parte del rodaje alemán de «Toy Spain», la historia en que Rubalcaba, probablemente el ministro del Interior más inútil de la democracia, aspira al papel de Lotso, el oso fresón, dejando para Rajoy el de astronauta reseteado, o sea, Buzz Lightyear.

—A Rajoy la cámara no lo quiere —dicen que va diciendo este Lotso a sus amigotes.

Señalado por el dedo del Destino (aquel «dedo moreno» de Franco que tanto impresionara a Pemán) y dueño del ejército (controladores aéreos), de la policía (Marta Domínguez) y de la TV («lo que diga don Alfredo»), el plan de Rubalcaba consistiría en privarle de la mayoría absoluta a Rajoy para colocarse él con los nacionalistas.

Con ustedes, el social-nacionalismo.

¿Cuándo el fracaso refutó al socialismo? Cinco millones de parados sólo indican que acaso se hayan producido errores, corregibles con un par de cabezas de turco a manos de Rubalcaba, ese cirujano de hierro al que la cámara ama con la misma pasión que amó al tuerto Solbes en el debate con Pizarro.

—Los socialistas tienen una idea tan alta de su propia moralidad que casi se creería, al oírlos, que vuelven honrada a la corrupción cuando se entregan a ella —se lee en «El conocimiento inútil».

El socialismo hispánico, que en su versión más risueña evoca la filmografía de Roger Corman, ha designado titular de la «idea» de Estado a Rubalcaba, sin la oposición siquiera del Movimiento de Sol, cuya revolución aporta el cambio completo de nuestro «Dasein» (el «estar ahí» de Heidegger) español.

El «Dasein» heideggeriano designa la «realidad humana», y la «democracia real» es el ideal del Movimiento de Sol, donde no ha lugar a las alusiones a Zapatero.

—No busquéis las reglas de vuestro ser en dogmas y en ideas —dice Heidegger en su «Llamada a los estudiantes»—; es el mismo Fürher, y sólo él, quien es la realidad (¡la democracia real!) de hoy y de mañana.

Ni que decir tiene que detrás del Movimiento de Sol no está Heidegger, sino Punset y su «No pares, no pares no/ No pares nunca de soñar/ No pares, no pares no/ No pares nunca de soñar/ No tengas miedo a volar/ Vive tu vida…»

—La ruta de la seda era como vosotros —arenga Punset a los revolucionarios—. No paréis.

Pero Castells, otro del pensamiento tiqui-taca (versión filosófica del fútbol para Desdémonas de Verdi que propaga Guardiola), corrige: «No, no sois como la ruta de la seda. Sois… sois… sois como el agua que corre…»

Agua que corre y la cámara que no quiere a Rajoy.

O sea, que Lotso se va a poner las botas.

No quiero ni pensar sobre quién van a caer los pepinos que Frau Merkel nos ha averiado.

El muerto vivo

César Vidal en La Razón

Ya sé que existe una convicción absoluta en que ZP es un cadáver y que después de su designación sabatina en pro de Rubalcaba es difícil acercarse a él y no tener la sensación de que desprende el fétido hedor de la muerte. Sin embargo, a pesar de tanto signo acumulado, no da la sensación de que ZP se haya percatado lo más mínimo de su estado físico-político. En su discurso dedocrático, se jactó, por ejemplo, de que iba a diseñar en el próximo congreso del PSOE las líneas maestras no sólo de la socialdemocracia española sino incluso mundial. Me consta que semejante pretensión es difícil siquiera porque los lobbies gay y feminista no tienen en ningún partido socialista o socialdemócrata ni lejanamente el peso que en el PSOE. Por añadidura, en ninguno de esos partidos hay, por suerte para ellos, nacionalistas catalanes. Pero no se trata de que lo que afirma ZP sea posible sino de que se lo cree y lo anuncia a los cuatro vientos. De hecho, con el espectro de la quiebra económica cerniéndose sobre nuestras cabezas como los buitres ansiosos de despojos, en los últimos tiempos, su Gobierno sólo se ha ocupado de sacar adelante una ley que abre el camino hacia la eutanasia; de impulsar una delirante ley de igualdad de trato que constituye un torpedo contra la línea de flotación de no pocos colegios católicos y de poner en funcionamiento una comisión encargada de estudiar el futuro del Valle de los Caídos que recuerda esas películas en la que un negro de un pueblo de Mississippi es juzgado por un jurado de miembros del Ku-Klux-Klan bajo la acusación de violar a una chica pálida como la leche. Si se suma a esa conducta el reparto derrochón del presupuesto entre amiguetes y la cólera de ciertos medios porque la Real Academia de la Historia sostiene análisis históricos que no son los del zapaterismo y su recua de presuntos hispanistas sin vergüenza, de nulidades sectarias que ocupan cátedras de provincias y de chupópteros de la mal llamada Memoria histórica, cualquiera puede ver que ZP no se siente muerto. Por el contrario, sigue contemplándose como un punto de inflexión progresista en la Historia de España que ahora pasa un mal rato porque muchos no llegan a entender su grandeza, pero que acabará diseñando el futuro guste a quien guste. Sospecho que en el seno de tal visión –de esquizoide la calificaba recientemente un psiquiatra en un programa de televisión con referencia específica y repetida a ZP– Rubalcaba, hijo de un voluntario falangista, aparece como un sucesor capaz de ganar las últimas batallas de una guerra civil que ZP lleva librando hace más de siete años. Teniendo en cuenta el historial del ministro del Interior y que en su haber figura lo mismo el SITEL que el Faisán quizá no le falta razón a ZP para ese optimismo, pero no cabe engañarse. O vamos a unas elecciones anticipadas y el Gobierno que surja de ellas acomete todas las reformas necesarias o la situación económica empeorará de tal forma que el que gane –Rubalcaba o Rajoy– se va a encontrar un erial en el que difícilmente podrán crecer más que paro, miseria y violencia. Todo por empeñarse en no seguir el mandato de Jesús de dejar que los muertos entierren a los muertos.

Viñeta de Montoro en La Razón

Ese tufillo...

Pilar Rahola en La Vanguardia

¿Cómo podrían ser los alemanes los culpables de una mala manipulación de los alimentos o de cualquier error en la cadena alimentaria, ellos que son el colmo de la precisión? En cambio, los de aquí, todo el día con paella y fiesta, vayan a saber cómo hacen las cosas. Recuerdo que en un vuelo con British me encontré un simpático animalito en la lechuga y cuando llamé a la azafata, me espetó con cara de reina de Inglaterra: "Spanish food!, you know...". (...) A pesar de a que todos los casos en el pasado son alemanes, a pesar de que el nivel de seguridad alimentaria española es, hoy por hoy, indiscutible, a pesar de que nada señalaba a la Península, Alemania se echó al monte, disparó contra el primero que pasaba y en un minuto destruyó el trabajo de miles de agricultores. Ahora resulta que el bichito tenía marca Deutschland y donde dije España digo diego. ¿Habrían sido tan rápidos en culpar a un país de su área de influencia, pongamos Holanda o Dinamarca? Lo dudo. Pero Spain continua siendo different y por eso puede ser fácilmente la culpable de un desastre alimentario. Y ahora, ¿qué? Pues nada, a ser buenos alemanes, asumir la culpa y soltar el dinerito.

Todo se hereda

Alfredo Abián en La Vanguardia

El Parlament aprobó ayer la supresión de facto del impuesto de sucesiones. La demagogia está servida al grito de que el igualitarismo fiscal sólo beneficia a los ricos, mientras que las recetas del capitalismo salvaje únicamente gravan a los pobres. Intentemos huir de viejas serenatas falsamente clasistas, siguiendo el ejemplo de un gran loco de mediados del siglo XIX y principios del XX que atendía por Georges Sorel, que fue marxista revolucionario entre sus variados oficios ideológicos. "La envidia feroz del intelectual empobrecido que querría ver guillotinado al comerciante rico es un sentimiento depravado que nada tiene que ver con el socialismo", escribió el maestro.

Zapaterismo para rato

Alberto Gómez en Libertad Digital

Con medidas como la ley de eutanasia o la ley de igualdad de trato, el PSOE profundiza en el nuevo socialismo radical con vocación totalitaria. No nos engañemos. Esto no es cosa de ZP, sino del PSOE y, en general, de toda la izquierda occidental. Si antes el control de la economía era el medio indirecto para conseguir el nuevo hombre, ahora intentan conseguirlo tomando el control de todo lo demás. Marx, al fin y al cabo, era un gradualista moderado al lado de estos artistas del decreto ley.

Y ante este ataque a la libertad individual, ¿cómo es que no se desencadena una revuelta social? Es fácil de entender. Esta izquierda es la consecuencia lógica de lo que la mayoría de la gente cree ahora mismo, incluida la que se considera de derechas. Si pensamos que no somos distintos al nacer y que todo es producto de la educación; si nos empeñamos en creer (¡desde hace tres siglos!) que en la próxima década ya no habrá recursos para todos; si pensamos que es legítimo que las mayorías sacrifiquen individuos por el bien común; si pensamos que los "valores" son arbitrarios y personales y los "hechos", incontestables; si asumimos que todo esto no son prejuicios, sino verdades científicas... entonces no nos podemos oponer al aborto, a la liquidación de ancianos y a una exquisita representación paritaria en todos los ámbitos; no nos podemos oponer al feminismo y a la promoción de la homosexualidad o de cualquier medida anti-natalista.

La derecha, sobre todo la política, solo mantiene diferencias de grado con la izquierda, porque en el fondo está de acuerdo, aunque ello le cause repugnancia. Por eso, la ausencia de argumentos contra la izquierda no es táctica, es una realidad. Todo lo que hace la derecha es meter la cabeza bajo el ala e ilusionarse con que son cosas de ZP. Pero todo esto es un desastre; no porque los principios sean falsos, que lo son, sino porque sus consecuencias van contra las más elementales reglas de supervivencia: impedir directamente –o indirectamente, con medidas de igualdad– que existan nuevas generaciones por una supuesta falta de recursos futura es hacer como las culturas precolombinas cuando sacrificaban a sus jóvenes para suplicar a los dioses una buena cosecha al año siguiente.

No es extraño que los fanáticos se dediquen a atacar por todos los medios a disciplinas como la psicología evolucionista y a los diversos mecanismos de innovación –como la libre competencia– que desenmascaran o hacen irrelevantes esas creencias –en muchos casos atávicas– que buscan el retorno al mundo estático y totalitario de la tribu.

La ministra biógrafa

Serafín Fanjul en Libertad Digital

El mundo cultural español de nuestro tiempo suele ofrecernos pocas alegrías. Por añadidura, y gracias a los gobiernos socialistas, se ha convertido en mera prolongación del patio de Monipodio que constituye la vida política: reparto de subvenciones, premios y protagonismo publicitario para los amigos. El colmo ha sido la actual ministra González Sinde, que con la divisa Sic coronat opus (lo cual en lenguaje popular podría traducirse "Así se remata la faena") ha llegado a subvencionar sus películas y las de su familia: ¿hay quién dé más? Mientras, no es frecuente que instituciones españolas lleven a cabo grandes aportaciones al acervo de la cultura humana. Y cuando alguien lo hace, proliferan los espontáneos dispuestos a desacreditar el trabajo y –si pueden– a hundirlo. Se habla de cainismo español que, sin duda, no falta, pero más bien pienso en estupidez e ignorancia, de los cuales por acá tenemos superproducción.

La Real Academia de la Historia ha realizado en los últimos doce años una obra magna que se venía proyectando desde 1738: el Diccionario Biográfico de nuestro país y de los territorios (vastísimos) que integraron la monarquía hispánica. Ha sido una labor ciclópea que ha requerido tenacidad de dirección y trabajo ingente, minucioso y bien hecho de los coordinadores y organizadores, un esfuerzo gigantesco y sostenido en el tiempo. No puedo ni debo entrar en detalles, pero créanme que 42.000 biografías (con sus correspondientes bibliografías) y más de 5.000 colaboradores no son materia que se ventila "en dos tardes", como es fama resuelven los socialistas sus estudios y tareas. En el mundo sólo hay otra obra equiparable, el Diccionario de Oxford, que los ingleses han dedicado a su país, como es lógico. Pues bien, no han pasado ni dos días de la presentación y ya han aparecido los críticos que se regodean en sumir y mantener a nuestro país en la mediocridad y el consumo para catetos: las películas de Almodóvar, las novelas de Millás, Grandes o Lindo y el no menos prodigioso cine de Sinde.

El pretexto, como se estila en la era Rodríguez, es político: igual que los niños en fase anal, al descubrir el diccionario, se lanzan a buscar "caca, culo, pis", los progres se han abalanzado sobre los veinticinco primeros volúmenes (el año próximo saldrán otros tantos) a dictaminar –desde el inobjetable Olimpo de aquellos a quienes nada se puede criticar porque nada hacen– si el trabajillo merece el nihil obstat que sólo puede expedir su incuestionable autoridad. Obviamente, hay que empezar por Franco y cuanto con él se relacione, el resto no importa. Si el general no sale suficientemente descalabrado y zaherido –a juicio de periodistas que malamente enlazan sujeto, verbo y predicado: vean el panfleto donde escriben– significa que la obra "perderá el interés de los lectores", como ha sentenciado la ministra de Cultura, con la amenaza poco velada de cortar las ayuditas para la edición que han ido proporcionando varios ministerios desde la época de Aznar, pues en la financiación han participado entidades públicas y privadas. Y bienvenidas todas.

En verdad, no sé qué perdonan menos los socialistas, si mantener posturas diferentes a las suyas o, simplemente, que se trabaje: se nota demasiado la diferencia. Y esperemos que Mariano Rajoy y los votantes pongamos fin a esta calamidad.

Un nido de fachas en la Academia

Cristina Losada en Libertad Digital

El tiempo pasa y la ignorancia permanece. Crece, en realidad, exponencialmente. En su día, cualquier persona de cierta cultura, máxime en la izquierda, conocía la caracterización que el politólogo Juan Linz había hecho del régimen de Franco. Por abreviar, el profesor sostuvo que el franquismo se encuadraba en los sistemas políticos autoritarios y no en los totalitarios, y el rigor de su análisis, expuesto en varias obras, había garantizado su supervivencia. Hasta ahora. Hasta que salieron de las guarderías los ninis y llegaron arriba, alegremente liberados de cualquier lastre intelectual y libresco. Hoy, por la misma definición que formulara Linz, quieren fusilar a la Real Academia de la Historia. La conjura de los necios, incansable látigo de los enemigos del pueblo, ha encontrado allí un nido de fachas peligrosos.

Vengan los carcamales con sutilezas, que no cuelan. Al pan, pan, al vino, vino, a la dictadura, dictadura y al asesino, asesino. Un buen panfleto es lo que se pide a los académicos y no rebuscadas fórmulas de la ciencia política. Ante todo, porque no las entienden los nenes. De otro modo, ¿cómo explicar que estos sagaces denunciantes crean que un régimen autoritario no es una dictadura? Habrá que volver a la pizarra para explicar conceptos elementales, y con ejemplos. Digamos, pues, que esta desviación respecto de la línea del Partido, no ocurriría en un sistema totalitario consolidado, aunque tampoco puede estar nadie seguro de que no es un agente del fascio. Bien lo avisó Beria: "Entréguenme a quien les plazca y en veinticuatro horas le obligaré a confesar que es un espía británico". Quiere decirse, en nuestro caso, que Carlos Seco no compensa su calumnia a Negrín ni con el hecho de que su padre fuera fusilado por oponerse a Franco.

Descartado, por el qué dirán, el destino que el totalitarismo reservaría a los académicos criptofranquistas, amén de machistas, centralistas y viejos, me queda una duda. No sé si la coacción que se ha ejercido sobre ellos se diferencia de la que aplicaría un régimen autoritario. Dos ministros, los de Educación y Cultura, qué ironía, exigen rectificación, ergo censura. Y Sinde no excluye la retirada de la obra, cuestión que ha aplazado hasta analizar su contenido. Pero esta nueva sublevación contra el diccionario –ya hubo una similar contra el de la Lengua– muestra un rasgo propio de la mentalidad totalitaria, que no reconoce la existencia de ningún ámbito ajeno a la política. No se salvan ni los diccionarios.

miércoles, 1 de junio de 2011

Contra Franco vivimos mejor

José García Domínguez en Libertad Digital

Parece ser que en la entrada del Diccionario Biográfico Español referida a Franco Bahamonde, Francisco, se ha obviado el pleonasmo de decirle dictador. Asepsia adjetiva que habría provocado el muy airado enfado de la ministra Sinde, acaso presta a recibir las actas de un proceso sumarísimo con la quema en efigie del reo, tal como era costumbre antigua del Santo Oficio. Al respecto, y más allá de la ideología que en puridad nunca tuvo, si algo definió al franquismo fue una mentalidad. Unas actitudes, formas y modos llamados a sobrevivirle largos años, por cierto. De ahí, inconfundible, el eco del célebre "Usted no sabe con quién está hablando" en las palabras de la señora ministra.

Así, a la guionista de Mentiras y gordas le ha faltado tiempo para amonestar a la Real Academia de la Historia. Ocurre que a su conminatorio entender deben ser "revisados" ciertos enunciados "que no se ajustan a la realidad". Al Mando le incomoda el juicio de los historiadores y aconseja sea depurado al dictado de sus precisas indicaciones: franquismo en estado puro. Y duro. Entre esos desajustes presuntos con la realidad figura el aserto de que el de Ferrol "montó un régimen autoritario, pero no totalitario". Una proposición que ha empujado al senador Saura, paleocomunista, a exigir la retirada de los veinticinco primeros tomos de la obra por constituir "una recopilación de ideas que forman parte del pensamiento fascista español".

Eventualidad que casi le invita a uno a hacerse fascista. Aunque solo fuera por el contraste. Y es que todo el pensamiento del mentado Saura cabe holgadamente en veinticinco líneas. Por lo demás, rebajada primero a epíteto y luego a escupitajo, la voz "fascista" no remite a significado alguno más allá de su uso balístico en tertulias y circos televisivos. Razón última del afán ministerial por colgarle el mote al difunto. Pese a que Franco, un franquista convencido, nunca quiso ser cosa distinta. Por algo a Jiménez Caballero, el primer –y tal vez único– fascista que hubo en España, lo largó raudo al Paraguay (para que dejase de marear). En fin, ya en su día advirtió Ennio Flaiano que existen dos clases de fascistas: los fascistas y los antifascistas. Los de don Ernesto y los de Sinde y Saura, que tanto montan.


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A la izquierda española no le preocupa la crisis, ni el paro, ni el terrorismo, ni la corrupción, ni el despilfarro de fondos públicos, ni la presión fiscal, ni los pepinos... A la izquierda española lo que de verdad le quita el sueño es que los historiadores digan que el franquismo era autoritario y no totalitario. Treinta y cinco años después de la muerte de Franco, la izquierda sigue siendo antifranquista. Y poco más: feminista, ecologista, progresista (faltaría más)... Y la casa por barrer. Luego se queja la ministra de Cultura (?) de que los historiadores no se ajustan a la realidad. Que empiecen por ajustarse ellos. La izquierda, y en especial el Gobierno. A la realidad y al calendario. Pero no caerá esa breva. Porque si la historia la escriben los vencedores, en España los vencidos (y los descendientes de los vencedores) parece que no tengan cosa mejor que hacer que reescribirla.

Demoliciones y Derribos ZP

Pablo Molina en Libertad Digital

Lo primero que hay que aclarar a los más despistados es que con la ley conocida como de la Memoria Histórica, aprobada en diciembre de 2007, el conjunto monumental del Valle de los Caídos está fuera de la legalidad vigente, por lo que el Gobierno está perfectamente facultado para demolerlo hasta su base si así lo considera oportuno en aras de "la reparación de la injusticia padecida por las víctimas de la represión franquista" o de la lucha "por la democracia y los derechos humanos", por utilizar la jerga empleada por el parlamento para justificar ese disparate leguleyo. Con dejar un trozo de la cripta habilitado para decir misa, es más que suficiente para cumplir con el precepto específico fijado en el artículo 16 de esta ley que, por si alguien no lo recuerda, fue aprobada prácticamente por unanimidad de las Cortes españolas, con 304 votos a favor, 18 abstenciones y tan sólo 3 votos en contra.

La creación el pasado viernes de un panel de expertos "ad hoc" para determinar el futuro del Valle de los Caídos es sólo la primera fase de un proceso que tiene como fin su desaparición física, porque la damnatio memoriae impuesta por el Gobierno no conoce excepciones, ni siquiera aquellas de carácter piadoso como ese monumento, símbolo de la reconciliación entre los españoles de los dos bandos de la Guerra Civil que Zapatero, cuyo rencor histórico no conoce límites, ha intentado pervertir desde el primer momento por todos los medios en aras de legitimar su proyecto político.

La moral hemipléjica de los socialistas les impide aceptar la realidad histórica que en tan mal lugar les deja, de ahí el empeño en desmantelar su reflejo monumental. Sólo así cabe entender que una norma administrativa como la Orden Ministerial que da publicidad al acuerdo sobre el futuro del Valle de los Caídos, incluya expresiones tan vergonzosamente alejadas del lenguaje jurídico al uso como la que explica que el Valle de los Caídos es un símbolo "de la Guerra Civil, de la dictadura franquista y del nacional-catolicismo de la época" (sic), para a continuación apelar a una curiosa "conciencia colectiva" que exigiría convertir Cuelgamuros en "un lugar de afirmación de la convivencia, la democracia y los derechos humanos, a la vez que de rechazo de la violencia, la guerra y las dictaduras".

Desde luego no lo dirán por las guerras de Afganistán o Libia, en las que nuestro ejército está involucrado por mandato de ese mismo parlamento que quiere hacer del Valle de los Caídos un parque temático contra los conflictos armados, ni por las dictaduras de Venezuela o Cuba, todo un modelo político de referencia para el mismo Gobierno que va a convertir a los benedictinos del Valle en animadores socioculturales que cuenten a los visitantes lo malas que son las dictaduras... pero sólo si son de derechas.

Pronto sabremos qué es lo que los expertos progresistas nombrados por el Gobierno han propuesto hacer con el Valle de los Caídos. Son capaces de ordenar su demolición o incluso algo mucho más drástico: trasladar allí la acampada de indignados de la Puerta del Sol. La solución en unos meses.

Meditación sobre Sol

Agapito Maestre en Libertad Digital

La indignación, la ira y la rabia son pasiones valiosas en la medida que están fundamentadas sobre una opinión política, sensata y ajustada a la realidad, unos argumentos sólidos, capaces de enfrentarse a la injusticia de modo proporcionado con el mal causado, y un juicio político, basado en el contraste de muchos pareceres. La pasión de la indignación, esa especie de odio o aversión que la naturaleza ha puesto en cada uno de nosotros con mayor o menor abundancia, contra los que hacen algún mal, sea del tipo que sea, desaparece si perdemos de vista al causante concreto de mal. Eso es, exactamente, lo que ha sucedido en la movida de Sol.

Quienes se han plantado en Sol, sin otro "fundamento" que reclamar una justicia universal contra todos los males de la humanidad, son unos impostores, o peor, gente que se autoengaña cobardemente y, sobre todo, son criminales de una de las principales pasiones del ser humano: la indignación, rabia, ira u odio que sentimos por naturaleza contra los que hacen algún mal.

Las ocurrencias absurdas de Pajín

Emilio J. González en Libertad Digital

El verano es una época propicia para lanzar globos sonda en materia fiscal, más que nada porque, como ya se está trabajando en la elaboración de los presupuestos para el año siguiente, es el momento de comprobar las reacciones de unos y otros ante todo aquello que se les pase por la cabeza a quienes nos gobiernan y comprobar hasta qué punto sus ocurrencias son factibles o no. Creo que la idea de duplicar el precio del tabaco a través de más impuestos, que acaba de lanzar el Ministerio de Sanidad de la ínclita Leire Pajín, responde en última instancia a este principio. ¿Por qué? Porque el Gobierno, por un lado, no consigue reducir el déficit público tal y como se había comprometido con la Unión Europea, ya que los ingresos siguen desplomados debido a que ni hay crecimiento económico, ni consumo, ni generación de puestos de trabajo, ni se les espera; y, por otro, a que Zapatero no quiere renunciar en los meses que le quedan en Moncloa a seguir gastando y gastando ese dinero que no es suyo, sino de todos los españoles. Pero como el déficit hay que recortarlo de alguna manera, pues más impuestos sobre el contribuyente.

¿Por qué el tabaco? Pues porque su demanda es bastante rígida, es decir, que varía muy poco con los cambios de precio de la cajetilla. Quien quiera seguir consumiendo tabaco, que son muchos los fumadores que no renuncian a este hábito por muy caro que se ponga, se quitará de gastar su dinero en otras cosas y lo hará en un bien cuyo precio, a ocho euros la cajetilla como propone Sanidad, será todo impuestos en alrededor del 90%. Y eso es lo que quiere Pajín, o su mentor en Moncloa: buscar una forma de recaudar más, de exprimir más y más al ya muy sufrido contribuyente.

Lo que olvida quien haya ideado semejante disparate es que la subida del tabaco tiene un impacto inflacionista nada desdeñable, y este país no está para ese tipo de cosas mientras las subidas salariales sigan tomando como referencia la evolución del IPC. Y lo que ignora es que una cajetilla de cigarrillos a ocho euros es un incentivo muy fuerte para la generalización del contrabando de tabaco en España. Es lo que ha pasado en otros países de la UE, donde los traficantes de drogas han visto que con esos precios del tabaco su contrabando es un negocio muy lucrativo y las penas por el mismo son muy inferiores a las del tráfico de estupefacientes, con lo que la venta ilegal de tabaco ha vuelto a ser una realidad claramente visible en las calles y plazas de buena parte de la vieja Europa, mientras la recaudación por impuestos sobre el tabaco se desploma. Claro que a Leire Pajín estas cosas no se le ocurren, como tampoco piensa en qué va a pasar con los trabajadores del sector, en especial los de las empresas que producen cigarrillos baratos. A ella, simplemente, alguien le ha puesto una ocurrencia en su cabeza y se ha lanzado a pregonarla a los cuatro vientos sin pararse a pensar en las consecuencias. Menos mal que ya tiene los meses contados en el cargo.

El terror español

José Antonio Martínez-Abarca en Libertad Digital

Cierto líder austríaco supremacista cuya chupipandi de cabezas semirrapadas decía llamarse "Partido Liberal" (se ve que los liberales austriacos deben ser tan recomendables como sus homónimos alemanes cuando uno se los encuentra en un callejón oscuro) entró hace unos años en el corazoncito de las leídas masas de su país señalando con gesto bíblico, igual que ahora ha hecho una émula democristiana con nuestros pepinos en Hamburgo, un bote de yogur fabricado en España. Con esa cosa del comercio y los excesos capitalistas, bramó Jörg Haider (que así se llamaba el liberal), entran a nuestras tiendas nada menos que productos españoles, los cuales contienen colorante procedente de esos bichitos llenos de patitas, las cochinillas. Que aunque mataban mucho menos que la bacteria E.coli, daban un poco de asco. España, ya se sabe.

Haider sabía cómo excitar el imaginario colectivo. La sana juventud del país natal de Hitler amenazada por oscuras maldiciones procedentes del sur, unos yogures. Como si hubiesen sido unos pepinos. Esto es un clásico entre las mentes de la Europa culta, que desde el siglo XIX ha fabricado medio subgénero de la literatura terrorífica con este argumento: la normalidad profanada por alguna anomalía incomprensible procedente de lugar exótico, por ejemplo España. El éxito de Haider entre el público austríaco fue inmediato, como también ha sido inmediato el éxito de la señora democristiana alemana que nos señaló con el dedo, dicen que sin querer. Desde la célebre pandemia de "gripe española", que no fue española pero que mató a unos cuantos millones de tipos, había pasado bastante tiempo y ya tocaba propalar otro cuento de terror sobre España.

Es decir, que la alarma del pepino contaba con la susceptibilidad de la Europa desarrollada hacía eso que Juan-Jacobo Rousseau llamaba "el último país con auténtico carácter" del continente (que este pájaro nos elogiara es más bien algo inquietante), como también contaba con ello aquel sensacionalismo, tan productivo, del tal Haider. La acusación sin datos sobre el bichito E.coli, uno de esos tan pequeños que si se cae de la mesa se mata, que hubiese dicho aquel ministro ucedeo Sancho Rof, ¿ha sido una inconmensurable torpeza de la ministra de Salud hamburguesa, Cornelia Prüfer-Storks, o se trata de alguna estrategia comercial? Porque si doña Cornelia lo hubiese hecho a propósito, no podría haber hundido más el sector... tal vez en beneficio de otros. Doscientos millones de euros perdidos por semana en hortalizas no me creo que sean cosa de un mero exceso verbal de una política de provincias. No produce la misma psicosis decir que una bacteria alimentaria proviene de España que de Alsacia-Lorena. Por eso el temor a los pepinos se ha extendido a cualquier cosa procedente de nuestro país... cuando se deja entrar a Europa, en ventajosísimas condiciones, el harto más sospechoso tomate marroquí, cuyo mayor control higiénico debe ser algún miembro del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate que los va limpiando uno a uno con la barba.

La austeridad sociata

Juan Morote en Libertad Digital

En un momento en que no hay dinero para pagar a proveedores, donde las prestaciones del sistema sanitario se hallan pendientes de su redimensionamiento, donde el ingente gasto en educación es el menos eficiente del mundo occidental, donde entre otras muchas graves disfunciones el paro juvenil alcanza niveles astronómicos y el número de desempleados que no perciben prestación alguna supera los trescientos mil andaluces, la presidenta del Instituto Andaluz de la Mujer ha descubierto que el gran problema de la Bética es la falta de perspectiva de género en una medicina tradicionalmente antropocéntrica. Qué descansada se ha quedado. ¡Áteme usted esa mosca por el rabo!

Tamaño descubrimiento de esta clarividente sociata no va a quedar aquí. Ahora habrá que dar unas cuantas subvenciones a las entidades habituales para que corroboren el atropello que ha significado que hasta ahora los galenos hayan ignorado la existencia de diferencias de género entre el hígado macho y el hígado hembra. A lo mejor va a haber que plantearse un sistema de trasplantes diferenciados. Cabrá incluso plantearse si los órganos de los homosexuales también son susceptibles de tratamiento propio. Y mientras todo este despropósito toma carta de naturaleza, los andaluces más desfavorecidos ven cómo los nuevos señoritos despilfarran el dinero... y en cambio ellos siguen careciendo de casi todo.

Un Gobierno que no vale ni un pepino

Editorial de Libertad Digital

Durante todos estos días, en los que nuestros camiones repletos de hortalizas se veían obligados a regresar a España, y países como Rusia se sumaban al veto a nuestras exportaciones, no se ha visto más que a un Zapatero en retirada y a un Rubalcaba muy ocupado en dar un falso de aire de primarias a su digital designación como próximo candidato del PSOE. Eso, por no hablar de las desaparecidas ministras de Sanidad, de Exteriores y de Agricultura que, con su incompetencia y falta de reacción, han ejercido más que nunca como decorativas "ministras de cuota".

No contenta con el tiempo que nuestro Gobierno ha dejado pasar sin abortar este infundio que tanto ha hecho perder a nuestros agricultores, lo único que ha sabido hacer la ministra de Agricultura ha sido decir este martes que "ya tendremos tiempo de demandar".

Y es que al desprestigio y a la falta de firmeza, ya conocidas, de nuestra política exterior, se ha sumado la debilidad de un partido que se resiste a dejar el Gobierno tanto como a gobernar.

Matar al loro

Manuel Martín Ferrand en ABC

Según anuncia UPyD, el partido que lidera Rosa Díez, los cinco concejales de la formación que, encabezados por David Ortega, se disponen a tomar posesión de sus cargos representativos en el Ayuntamiento de Madrid renunciaron a los cinco coches oficiales que, uno por barba, les corresponde como ediles de la ciudad más endeudada de España. Además de celebrar un gesto de valor ético y rareza estética en nuestra despilfarradora vida política, la noticia me ha escandalizado notablemente. ¡Todos los concejales capitalinos tienen coche! Es decir, tienen conductor, o conductores, a su disposición y, sin introducir la amortización del vehículo que les corresponde, ello supone un gasto anual mínimo de 50.000 euros por persona, además de cuantas bicocas y gabelas hayan ido amontonando, con la mandanga bipartidista, a lo largo de los años.

Suele decirse, en un país en el que vale todo y en el que el poder y la oposición alcanzan fácil unanimidad en lo que respecta a sus retribuciones y privilegios, que eso del coche oficial es «el chocolate del loro». Y no lo es. En el orden de los principios, que es lo fundamental en una democracia no paródica, es algo importante. En lo económico, no se trata de nada baladí. En España tenemos hoy en los distintos planos de la Administración pública —nacional, regional, provincial y local— unos 35.000 coches públicos con sus correspondientes conductores, seguros, consumos y mantenimiento. La cifra es imprecisa, y pudiera ser mayor, porque nuestras Administraciones son opacas y no brilla el trabajo de la oposición de turno en cada una de ellas por pretender la transparencia detallada de los gastos; pero podríamos estar hablando de una cifra próxima a los 2.000 millones de euros anuales. En consecuencia, es urgente matar al loro para que no sea necesario, en aras de su chocolate, bajar las pensiones de los ancianitos.

En la medida en que los representantes de los nuevos partidos, como UPyD o FAC, implanten su presencia crítica en los órganos representativos para los que han sido elegidos puede producirse un efecto revulsivo que contribuya, aunque solo sea por el sonrojo de los ya instalados, a sanear viejos esquemas y presupuestos no exigentes con el gasto y, por ello, irrespetuosos con los ciudadanos que los proveen con su esfuerzo fiscal. Cuando los colchones eran de lana, resultaba imprescindible la figura del colchonero que, con una vara doblada en «L», por razones de higiene y de confort, apaleara la lana apelmazada por el uso. Por esa vía los pequeños se harán grandes después de conseguir matar a ese loro devorador de chocolate que tanto nos cuesta.

El retorno de los zombis

Gabriel Albiac en ABC

Pasado ese momento vocinglero del navajazo en la tripa al colega inoportuno —a la colega—, ¿qué paisaje de intereses se abre ante el ejecutor Rubalcaba? Porque no puede decirse que sean claros sus motivos. Ni los de todos aquellos que en él ven salvación aún verosímil: la salvación de un partido que, en tierras más exigentes con sus electos, hubiera sido borrado hace bastante. Porque el saldo de este PSOE, el inventado a golpe de talonario tras la muerte del dictador, es una continuidad de atrocidades. Que culminaron en la locura de un presidente, éste de ahora, para dar cuenta de cuya andanza no hay más léxico funcional que el de los psiquiatras.

Con Zapatero fuera de sus cabales —o actuando como si lo estuviera, que es lo mismo—, Rubalcaba procedió a un asalto bien planificado. Ocupó el hueco. Sin que nadie se lo disputase. Y, más asombrosamente, sin que nadie —digo nadie— pareciera querer preguntarse por qué el presidente del Gobierno había desaparecido desde la primavera del año pasado. Hasta hoy, y a todos los efectos. No hubo una dimisión en el Gobierno. No hubo una resistencia. Parecían aceptar aquello como un accidente meteorológico más o menos desagradable. Hasta el día en que las elecciones del 22 de mayo pusieron en el escaparate lo que no debería haber sorprendido a ninguno: que el partido socialista estaba en saldo. Y que se enfrentaban todos ellos al riesgo más odioso: tener que trabajar para vivir, como el resto de los mortales. Entonces estalló la guerra. Duró sólo un par de días. El dispositivo de control trazado por el ministro del Interior en torno a sus colegas era ya infranqueable. Malos, pero no del todo tontos, optaron por rendirse. Y ofrecer al ganador sus buenos oficios. Blanco ha sido el paradigma, simplemente porque Blanco es la esencia intelectual y moral del socialismo español del siglo veintiuno.

¿Para qué tanto juego de masacre? Porque, en política, nadie despliega una estrategia tan costosa sin el proyecto verosímil de rentabilizarla. A estas alturas del juego, ser candidato electoral del PSOE es ponerse como víctima oblatoria para que la apisonadora de las urnas te pase por encima. La esperanza de ganar es cero. El riesgo de ser triturado, altísimo. ¿Qué puede aguardar un viejo profesional como Rubalcaba de su empeño por capitanear la deriva de su partido hacia el naufragio? ¿Qué pesadas inercias juegan sobre su maestría en sombras y alcantarillas para soñar que el reloj gire a la inversa, hasta aquellos dorados años de la impunidad perfecta, tras cuyo parapeto hizo fortuna el felipismo?

Muy pocos días antes de que un 11 de marzo cambiara irreversiblemente la historia de España, alguien cercano al clan felipista más estricto me explicaba el sacrificio de peón de 2008: Zapatero es un don nadie que durará poco; mejor que se pegue el bofetón electoral él y pague el coste; podremos pasar luego a las cuestiones serias y empezar de nuevo. Se equivocó en los tiempos. El don nadie fue propulsado a presidente. Y ejerció su disparate de siete años. Alguien logró infiltrarle a Rubalcaba. Alguien ha decidido que es la hora de volver a la casilla de salida. Puede que alguien haya olvidado que, en política, no hay tiempos reversibles.

La verdad es que...

Antonio Burgos en ABC

La verdad es que si suprimimos ese remoquete de «la verdad es que», decimos exactamente lo mismo. ¿No hay que ahorrar, porque estamos en crisis? Ahorremos al menos saliva en estas modas horrendas de repetir remoquetes no significantes. «Dicho lo cual» (como aprendí al aprobar con nota Primero de Tertulianés), la verdad es que ante tanta mentira como nos rodea, conviene quizá resaltar un bien escaso como es la verdad. Siguiendo, pues, las divinas enseñanzas de los dictados de la moda, nos atrevemos a decir:

La verdad es que las lágrimas de Carmen Chacón sonaban a falsas, a guión escrito por su marido, a paripé de la que da un paso atrás ahora para poder darlo luego adelante como rueda de repuesto, cuando se produzca con el pinchazo de Rubalcaba en el segundo batacazo del PSOE.

La verdad es que no me explico que todos contra el PP y nadie contra Bildu; el PSOE de Andalucía le pide a Rubalcaba que frene al PP; el primer objetivo de IU en Extremadura es que no gobierne el PP como lista más votada; en cambio nadie se preocupa de frenar a los proetarras de Bildu, ni de impedir que Bildu gobierne nada, aunque sea la lista más votada.

La verdad es que no sólo tenía razón el otro con lo que dijo, sino que lo han aplicado: «Si de la derrota del PSOE tiene la culpa la crisis, que dimita la crisis».

La verdad es que se puede comer pepino español para demostrar a los alemanes que no matan, como Fraga se bañó en Palomares tras la bomba, pero la consejera de Agricultura de Andalucía es que devoraba el pepino, qué ansia comiéndose el pepino, con lo feo que suena eso, Dios mío de mi alma...

Pulgas y serpientes

Alfonso Ussía en La Razón

Las pulgas han invadido el campamento de los que no hacen nada. Las serpientes se han adueñado de las tierras vascas. Urkullu, el tiro –nunca mejor escrito–, por la culata. Los acampados en Sol han dejado de interesar. Son los tostones de Sol. Las serpientes se mueven. Ha vuelto el terror y la amenaza a muchas localidades de las provincias vascongadas. Como si en los límites territoriales del País Vasco hubieran abierto centenares de cajones repletos de ofidios. Los responsables de la apertura tienen nombre y apellidos. Pascual Sala, Eugeni Gay, Elisa Pérez Vera, Luis Ignacio Ortega, Pablo Pérez Tremps y Adela Asúa Batarrita. Ocupan un lugar preferente en las páginas negras de nuestra libertad. Quizá les interese conocer a Carlos García, que ocupa un lugar de honor en las páginas heroicas de nuestra convivencia. Carlos García era concejal del Partido Popular en Bilbao. Se presentó en Elorrio, una localidad vizcaina gobernada por ANV hasta el pasado 22 de marzo. Pagó de su bolsillo la campaña electoral, sobreactuada de insultos y amenazas. Quizá les interese a esos seis lamentables personajes saber que los apoderados de «Bildu» mostraban en los colegios electorales fotografías de terroristas etarras estampadas en sus camisetas. Carlos García, con tesón y valentía ha conseguido un acta de concejal de Elorrio. Tiene la llave de la gobernación del áspero municipio. Seis concejales del PNV, seis de «Bildu» y él. Carlos sabe que se juega la vida. Lo ha asumido. Entre serpientes. Las pulgas sólo pican, y gustan de la mugre y la suciedad. Las serpientes han matado a mil inocentes y volverán a hacerlo cuando les llegue el dinero de los municipios y las diputaciones. De ser justos, que no lo son, los seis magistrados del Tribunal Constitucional que han abierto las cajas de las víboras enroscadas en el hacha, harían bien en prescindir cada uno de un escolta y encomendarles la seguridad de Carlos García. Aquí en Madrid, y después del favor concedido, ellos no necesitan que los cuiden. De ello se encargan sus favorecidos. Pero Carlos García, que va a apoyar, aunque no lo merezca, al PNV, y va a alejar de los proetarras la alcaldía de Elorrio, necesitará esos seis escoltas como mínimo para poder desarrollar la labor que sus votantes le han encomendado. Quizá les interese a los magistrados anteriormente relacionados, saber que los votantes del PP y del PSE en muchas localidades vascas no podían elegir libremente su papeleta en el colegio electoral, y tenían que llevarla desde su casa. No creo que les interese conocer a Carlos García, pero podría ofrecerle toda suerte de datos y hechos acontecidos que podrían avergonzarlos. Gracias a esos seis encantadores magistrados, «Bildu» va a controlar los impuestos, las cuentas corrientes y los domicilios de los contribuyentes vascos. Pulgas en Madrid que no pican a Rubalcaba ni a la Delegada del Gobierno y serpientes enroscadas en mil hachas ensangrentadas en el País Vasco. No dejen pasar la ocasión, señores magistrados y llamen a Carlos García. Él les contará con ejemplar sencillez las nefastas y terribles consecuencias de su decisión. Verán a un hombre como la copa de un pino que lucha en soledad por defender la libertad y la democracia en la tierra de los vascos. Resulta emocionante su palabra. Ejemplar. Grandiosa. Ya que no las serpientes, les deseo que al menos, les pique alguna pulga.

Y el Faisán sin aclarar

José Antonio Vera en La Razón

Tienen razón los sindicatos policiales cuando dicen que el vicepresidente-ministro-portavoz-candidato ha olvidado sus funciones y no se dedica a lo que debe. Por ejemplo, a esclarecer quién fue el responsable del chivatazo del Faisán o a solventar el problema de la Puerta del Sol. Rubalcaba cree que gobernar equivale a permitir que cada uno haga lo que quiera. La concentración madrileña se le ha convertido en una acampada antisistema que aprisiona a los comerciantes, coacciona a los viandantes y produce el rechazo general de muchos ciudadanos. Fundamentalmente porque aquello, otrora una manifestación espontánea justificada contra la crisis, los políticos y la partitocracia, ha degenerado en un festín en el que abunda la suciedad. Con un componente de peligro real que no se debe olvidar. Bombonas, motores gasoil, cocinas improvisadas, tiendas sin agua corriente ni servicios de ningún tipo. Cualquier día nos llevamos un susto. Rubalcaba está muy entretenido soñando con suceder a Zapatero. Entre mítines, ruedas de Prensa, maldades y conspiraciones como la que le acaba de perpetrar a Carme Chacón no tiene tiempo para gobernar. Su fuerte nunca fue la gestión, la verdad. El desastre de la Logse es buena muestra de ello. Pero lo de ahora clama al cielo. No para de acumular cargos, y la puerta del Sol sin desalojar, y el Faisán sin aclarar. Demasiado derroche para este país tan necesitado de soluciones y tan sobrado de confabulaciones.

Rubalcaba esprínter

Ángela Vallvey en La Razón

Su elección es la «Rendición de Breda» del zapaterismo ante el felipismo. Todo vuelve porque nunca se fue. El PSOE avanza, pero hacia 1996. Dicen que a Rubalcaba los progresistas buenos le quieren a rabiar y los fachas malos le temen como a una vara verde. Eso forma parte de su encanto, es la certificación AENOR de calidad socialista que avala su candidatura. O sea, que en el Gobierno, y en el PSOE, la cosa está que arde. (Y mientras, España quemada viva. Pero eso, como la opinión de Zapatero, ¿a quién le importa ya…?).