lunes, 13 de junio de 2011

Violencia terrorista

Emilio Campmany en Libertad Digital

Lo que hemos visto que ha ocurrido en Elorrio después de haberse constituido su Ayuntamiento es violencia terrorista. El terrorismo es el empleo de la violencia con fines políticos. Los que han zarandeado e insultado a Carlos García, concejal del PP en aquella villa, no lo han hecho para desahogar su ira, satisfacer sus bajos instintos o atender a sus impulsos primarios. Lo han hecho para aterrorizar al concejal con un objetivo político. Y quienes digan que insultar y zarandear no es propiamente violencia, y menos violencia terrorista, porque no es lo mismo que golpear o asesinar, se equivocan.

En Derecho Internacional, la agresión está constituida no sólo por el uso de la violencia, sino también por la amenaza de su empleo. De las dos hubo en Elorrio. ETA, o Batasuna o la izquierda abertzale o Sortu o Bildu, que todo es lo mismo, ejercieron la violencia y amenazaron con el empleo de otra más enérgica contra un concejal del PP. Desde el momento que esta violencia tuvo y tiene un fin político, es terrorismo.

Rubalcaba dice que no le gusta. Eso lo puedo decir yo o los millones de españoles que no tenemos ninguna responsabilidad en el uso que el Estado ha de hacer del monopolio de la violencia del que es titular. Pero si hay alguien que no puede decir tal cosa, es el ministro del Interior. Porque la cuestión no es lo que a Rubalcaba le guste o deje de gustar. La cuestión es que él es responsable de que los españoles, y Carlos García lo es, no tengan que sufrir ni esa ni ninguna otra clase de violencia terrorista. Se equivocan quienes crean que la única víctima es el valiente concejal del PP.

Las víctimas son todos aquellos que, teniendo derecho a presentarse a las elecciones por el PP o el partido que les pete o expresar en público las opiniones que les parezca o proclamar su ideología a los cuatro vientos, no lo hacen por miedo a ser objeto de la violencia que vieron se empleó en Elorrio.

Lo del sábado fue la imagen viva de un fracaso. Del fracaso de Rubalcaba, que hace dejación de sus funciones; de Zapatero, que insiste en hacer concesiones a ETA a cambio de la paz de la que ya disfrutan en Elorrio; del PSOE, que se ha dejado arrastrar hasta aquí; del Tribunal Constitucional, que se ha prestado indignamente a la farsa; del PP, que prefiere vivir en la mentira del pacto antiterrorista antes que afrontar en solitario la responsabilidad de denunciar la permisividad de los otros; y de toda la sociedad española, que hemos votado a unos y a otros.

Vuelve la violencia terrorista al País Vasco y a Zapatero sólo le preocupa llegar vivo a marzo, a Rubalcaba, que el PP no saque mayoría absoluta, a Rajoy, sacarla, y al Rey, que no le planten un pino en la tripa. No creo que merezcamos tanto deshonor e inoperancia.

Los indignos

José García Domínguez en Libertad Digital

La connivencia tácita, la indignidad ante los indignados de la mayoría silenciosa, refleja un rasgo profundo de nuestra psicología nacional. Porque, en el fondo, lo que late tras todo eso no es más que la pervivencia en el tiempo de un poso infantil del carácter ibérico. A saber, el prejuicio que sostiene que los políticos, estos políticos, representan el verdadero problema porque quiere creer que otros distintos supondrían la verdadera solución. El Estado como eterna niñera de la sociedad. Un país entero en la consulta del pediatra. España.

Libertad y fuerza

Carlos Rodríguez Braun en Libertad Digital

Criticó Luis G. Montero a Esperanza Aguirre en Público: "habla de la libertad de los padres para llevar a sus hijos a los centros escolares que deseen. Conviene aclarar que esto no significa que los colegios para niños ricos vayan a ser obligados a recibir alumnos gratuitos". Pero no hay colegios sólo para ricos sino colegios más o menos caros, y en la sociedad libre no se puede obligar a la gente a que dé cosas gratis, salvo en una sola circunstancia clave, que el señor Montero ignora.

Para él, cuando los padres pueden elegir libremente a qué colegio llevan a sus hijos, en realidad no eligen libremente: "La trampa de confundir la libertad con la falta de regulación social sólo sirve para suprimir derechos. Todo huele a programa ideológico y a estrategia para financiar con dinero público a las élites sociales, siempre incómodas con la experiencia democrática". Es notable que la mayor libertad no sea para él un derecho, sino que lo sea la coacción. La libertad es algo ideológico (como si él no tuviera ideología) y siniestro que sirve para pagar con dinero público a la elites antidemocráticas, lo que es falso, porque a las elites les encanta la democracia, precisamente porque la utilizan para usurpar el dinero del pueblo: eso es lo que hacen las elites políticas, sindicales, intelectuales, mediáticas y empresariales. A quienes nadie pregunta si quieren pagar o no es a los ciudadanos.

Esta es la visión que tiene el señor Montero sobre la libertad ciudadana: "Esperanza Aguirre es coherente con su idea de la libertad: sálvese quien pueda en la ley del más fuerte. Frente a su neoliberalismo desatado, conviene recordar la dimensión social de la palabra libertad, sus orígenes cívicos en un contrato de convivencia. Es otra idea de libertad que tiene que ver con los espacios públicos capaces de asegurar el desarrollo justo de las posibilidades individuales".

Aquí tenemos la circunstancia clave que don Luis ignora: la libertad no es la ley del más fuerte, puesto que en la sociedad libre, en el mercado libre, podemos elegir qué cosa queremos comprar, y si no compramos, no pagamos y no pasa nada. ¿Cuándo se impone esa ley del más fuerte? ¿Cuándo los ciudadanos son efectivamente obligados a pagar contra su voluntad por unos bienes y servicios independientemente de que quieran hacerlo o no? ¿Quién puede obligar a los ciudadanos a pagar e incluso meterlos en la cárcel si no pagan? Sólo el Estado, claro.

Don Luis ignora el carácter esencialmente coactivo del Estado: para él lo malo es el "neoliberalismo desatado" de "la ley del más fuerte", sin que parezca percibir que nadie es más fuerte que quien es fuerte por ley. Por eso se pierde en vaguedades como "un contrato de convivencia", que remite al viejo contrato social, y que jamás ha podido resolver un problema que los contratos resuelven por definición: siempre es posible no firmarlos. Y al final concluye con esa deliciosa apelación a los "espacios públicos capaces de asegurar el desarrollo justo de las posibilidades individuales". Con consignas abnegadas de este tenor, el socialismo en todas sus variantes lleva aplicando la ley del más fuerte y quebrantando vidas, derechos, libertades y haciendas desde hace un siglo.

domingo, 12 de junio de 2011

Siniestro panorama

Gracias a las miembras y miembros progresistas y progresistos del Tribunal Constitucional, Bildu se ha hecho con el gobierno de muchos, siempre demasiados ayuntamientos, entre ellos el de San Sebastián. Los "indignados" han protestado... en Vitoria. Y en todo el "Estao". Pero sólo contra los alcaldes del PP, demostrando una vez más que están en contra del bipartidismo. Prefieren el partido único.

España...



ETA toma el poder

Editorial de Libertad Digital

La traición de seis miembros del Tribunal Constitucional ­–es decir, del Gobierno– a la Nación se ha consumado este sábado con la toma de posesión de los concejales de Bildu, la marca blanca de ETA. La banda terrorista continúa de este modo instalada en las instituciones ­–donde ya estaba merced a la inaplicación socialista de la Ley de Bases de Régimen Local en contra de ANV–, pero a partir de ahora lo hará con más poder que nunca, tal como ilustra el hecho de que haya tomado el mando de la capital de una de las tres provincias forales.

La situación es desoladora, no sólo porque de nuevo ETA va a contar con una plataforma para financiarse, conseguir información sobre sus potenciales víctimas y continuar con su labor propagandística; también lo es porque millares de ciudadanos pasarán a vivir bajo la bota de consistorios pro-etarras, que ya se han afanado en retirar las banderas españolas para mostrar cuáles son sus intenciones. Pero, sobre todo, lo es porque esta catástrofe podría haberse evitado si simplemente el Partido Socialista no hubiese presionado a sus jueces del Constitucional para que sobrepasaran sus competencias y enmendaran la plana al Supremo.

Al fin y al cabo, el desarrollo natural de los acontecimientos, desde la policía a los jueces, estaba conduciendo a la ilegalización de Bildu, esa coalición de tres partidos cuya pieza esencial son los restos de Batasuna. Sus conexiones con ETA estaban bien asentadas, tanto que el PSOE tuvo que intervenir en el Constitucional para garantizar que la banda terrorista estuviera en las elecciones y, de este modo, salvar un proceso de rendición ante los pistoleros que, todavía hoy, sigue abierto.

En este sentido, conviene recordar la línea roja que el propio PP se encargó de trazar hace tres años: que ETA permaneciera en los ayuntamientos iba a ser la señal inequívoca de que las conversaciones entre el Ejecutivo y la banda seguían produciéndose, por lo que se impondría un giro de 180 grados en su acomodaticia política antiterrorista. Ese momento ha llegado: con los criminales copando las instituciones, España necesita más que nunca una Oposición de verdad que se enfrente al desmantelamiento de su Estado de Derecho. La marea azul que recubre todo nuestro territorio no puede olvidarse de lo que está pasando en el País Vasco.

Ilustrísimos batasunos

Ignacio Camacho en ABC

Otro lance de gloria para el legado de Zapatero: los herederos de Batasuna no sólo han vuelto a los ayuntamientos sino que desde ayer gobiernan en el de San Sebastián y en media Guipúzcoa. Veinticinco años después, los continuadores de ETA están en mejores posiciones políticas que en 1987, sin haber condenado los crímenes, sin pedir perdón y sin que se haya disuelto la banda. En los ordenadores de las instituciones a las que acaban de acceder tienen acceso a los datos personales, censales y fiscales de los ciudadanos y las empresas del País Vasco. Y quizá pronto, si el Constitucional legaliza Sortu en coherencia con su propia doctrina reciente, volverán a sentarse en el Congreso de los Diputados. El constitucionalismo ha retrocedido y el Partido Socialista de Euskadi se ha pegado un severo batacazo. Ya está consumado el comienzo del nuevo orden, que consiste en volver al viejo. El presidente puede estar satisfecho: de triunfo en triunfo hasta el fracaso final.

Quizá por casualidad siniestra, la llegada de los postbatasunos al poder local coincide con el trigésimo aniversario de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, a cuya celebración el Gobierno ha enviado a un delegado de tercer nivel. Las vestales de la dignidad, que durante tres décadas han sostenido la energía moral de la democracia frente al terror sin un solo gesto de rencor ni un soplo de venganza, han recibido como regalo de efemérides una bofetada. Un gigantesco paso atrás en la resistencia del Estado, que ha abierto sus muros en canal para que los legatarios de ETA penetren sin obstáculos hasta la tierra que hasta ahora nadie les había prometido. A partir de hoy, las víctimas tendrán que tratar de ilustrísimos señores a los albaceas de sus verdugos.

Incluso en la muy optimista y poco probable hipótesis de que la legalización de Bildu y su consiguiente acceso franco a municipios y diputaciones constituya un avance en el proceso de aislamiento y deslegitimación de ETA, el presunto beneficio pragmático de esta operación incumpliría una premisa esencial de la lucha antiterrorista: el de no permitir contrapartidas políticas a cambio del cese de la violencia. El Estado ha puesto el carro delante de los bueyes y se ha desdicho de su propia doctrina de identidad de fines, rompiendo el consenso político y dejando además una grave quiebra en la cúpula del poder judicial. La policía ha sido burlada, las víctimas ofendidas y los partidos constitucionalistas vascos se han quedado colgando de la brocha con la que trataban de pintar un horizonte de esperanza. La estrategia del zapaterismo les ha retirado la escalera, derribando de paso a quienes, como el exalcalde donostiarra Elorza, aplaudían el statu quoque les ha dejado a la intemperie.

Ayer fue un mal día para la democracia. Siempre lo es el momento en que la libertad permite que se aprovechen de ella sus enemigos.

El peor día

Alfonso Ussía en La Razón

Hoy pienso en muchos seres queridos que estarían con nosotros. En mil inocentes enterrados y dispersos por los cementerios de España. En el vuelo de las cenizas de los asesinados por ETA posándose en sus lugares arraigados. Hoy pienso en los heridos, los familiares y los amigos de todos aquellos que callaron para siempre por el disparo en la nuca o la explosión traidora. Hoy pienso en la desesperación de los padres que despidieron a sus hijos camino del colegio y pocos minutos después los recogían, ya sin vida, ya sin nada, de los charcos tremendos de sus sangres. Hoy pienso en el sufrimiento insuperable de los secuestrados, en los «zulos» de la ignominia, en las celdas de castigo de quienes eran encerrados de acuerdo a la ley de los criminales con el precio de sus vidas marcados en su terror. Hoy me acuerdo de los vascos que día tras día, amenazados, insultados, golpeados y humillados, han resistido la brutalidad y la chulería de quienes de nuevo, gracias a seis dóciles, ocuparán un lugar en las instituciones democráticas de un Estado de Derecho que ellos pretenden pulverizar. Hoy me acuerdo de los navarros, también amenazados y controlados por los sicarios de la ETA. Hoy me acuerdo de Alfredo Pérez-Rubalcaba, el ministro del Interior que ha ayudado desde las sombras, como siempre hace, el retorno a las instituciones de los compañeros de los asesinos. Hoy me acuerdo de José Luis Rodríguez Zapatero, la mayor calamidad política que ha gobernado España en su periodo de libertad, el iluminado tonto que ha aplaudido sin reservas la presencia de «Bildu» en las elecciones. Hoy me acuerdo de todos los periodistas del pesebre, que desde sus medios afines al Gobierno, se han traicionado a sí mismos defediendo lo indefendible. Hoy me acuerdo de los doscientos mil vascos que han tenido que abandonar, sólo para disfrutar la seguridad de la supervivencia, la tierra de sus antepasados, su propia tierra. Hoy me acuerdo de los políticos que alcanzaron un acuerdo histórico y echaron de las instituciones a los asesinos. Y hoy me acuerdo de los que han abierto las puertas a los mismos que antaño expulsaron. Hoy me acuerdo de los jueces, fiscales y magistrados asesinados por la ETA. De los militares. De los guardias civiles y policías nacionales. De los miembros de la «Ertzantza», de los empresarios, de los obreros, de los civiles, de los niños quebrados por la barbarie del terrorismo. Hoy, que tendría que ser un día normal y alegre para España con la formación de los nuevos parlamentos autonómicos y ayuntamientos, es un día trágico y nauseabundo. Hoy, entre los socialistas y sus mandados del Tribunal Constitucional han levantado en España un monumento al terrorismo. No a las víctimas del terrorismo, sino a los terroristas. Cuando Irene Villa, recién casada, se quite esta noche sus dos piernas de mentira, se acordará como tantos otros de los seis nombres de la vergüenza. Pascual Sala, Eugeni Gay, Elisa Pérez Vera, Luis Ignacio Ortega, Pablo Pérez Tremps y Adela Asúa. Nada malo les deseo. Me gustaría saber que vivirán en paz y armonía si logran superar los cuchillos de sus conciencias. Pero hoy tendrían que abandonar todos ellos sus cómodos sillones del Tribunal Constitucional. Por decencia y por penitencia. Y renunciar a sus escoltas y sus coches oficiales. Nada tienen que temer. Hoy les exijo, sólo desde mi voz, que se vayan, como se irán en pocas semanas los que les indujeron u ordenaron culminar la traición a nuestras víctimas y nuestro futuro.

Viñeta de Montoro en La Razón

Fueros del trabajador

Ángela Vallvey en La Razón

Un país incapaz de crear riqueza, alentar a los emprendedores, facilitar la abundancia de trabajo; que sólo genera empleo público, funcionarial, bajo la protección del sacrosanto Estado. Que ama las nacionalizaciones y teme a las «privatizaciones» porque las entiende como robo y acto de «codicia». España lleva casi 8 décadas demostrando su insolvencia para crear empleo desde la «iniciativa privada» (esa que no gustaba a Franco y sigue sin gustar a nadie), sofocando la producción y el crecimiento individuales. Y forjando una sociedad injusta terriblemente dividida en dos: ultra-protegidos trabajadores (funcionarios o contratados indefinidos) ante desempleados, becarios, jóvenes precarizados… Así nos va.

sábado, 11 de junio de 2011

Aprendemos despacito

Bernd Dietz en Libertad Digital

El fin de la historia no llega aún, aunque ciertos optimistas lo presumieran hace veinte años tras desplomarse, él solito, el comunismo. Al cundir públicamente que el socialismo real sólo sabía sostenerse con coerción y cadáveres, puesto que su economía política comportaba un error criminal, muchos racionalistas creyeron que el liberalismo democrático se quedaría sin el famoso enemigo encantado de sajarle la garganta. Que la mayoría de los seres humanos se dejaría guiar por el sano egoísmo de impulsar las políticas constatablemente conducentes a la libertad individual, la mejora del nivel de vida y una convivencia sensata. Aunque el precio a pagar fuese la desigualdad, no de apellido o punto de partida (según avala el caciquismo ancestral e imponen los casposos capos del PSOE), sino de recompensa legítima en el punto de destino (al aceptarse, albricias, que arraigasen las diferencias de inteligencia y laboriosidad en ecuanimidad meritocrática).

Se pasaron de triunfalistas, los alumnos de Allan Bloom. No contaron con irracionalismos fundamentalistas como la religión, el nacionalismo, la etnicidad o los delirios identitarios. Desoyeron la furia del rencor. No previeron que el mesianismo desacreditado de los Stalin, Mao, Castro o Pol Pot acabaría fabricando nuevos pretextos para justificar la guerra sin cuartel contra el mercado. Considérese el ecologismo, ardid particularmente cínico y malévolo, toda vez que fue durante la larga noche de la dictadura del proletariado (más bien de la nueva clase oligárquica de Milovan Djilas), bajo el férrea bota de las tiranías marxistas, al no poder siquiera existir la propiedad privada del suelo o la industria, cuando más salvajemente se contaminó la naturaleza, con menos miramiento se exterminaron especies y más se despreció la sostenibilidad del medio ambiente. Tal si los pederastas (eclesiásticos o sartreanos) exigieran controlar las guarderías, alegando piadosamente la protección de la infancia.

Parecidamente chusco es el apoyo del progresismo a los fanatismos religiosos más ansiosos por eviscerar personas, según atestigua el maridaje entre chavismo e islamismo. Que Estados Unidos practicara algo equivalente cuando Afganistán era comunista, endiosando a Ben Laden para que masacrara soviéticos, no exculpa moralmente el hecho de que el comandante haya sembrado la Amazonía de misioneros chiitas, consagrados a islamizar en masa a los indígenas. Repugnan esas fotos de niñitos de la tribu Wayuu, ya sin un taparrabos rousseauniano por demás muy ajustado al clima, ellas tapadas de la cabeza a los pies, ellos de yihadistas de Hezbollah, con su cinturoncito de bombas de juguete. Algo bastante más siniestro que la "Revolución Teocrática Venezolana" del "hermano Comandante Muslim" Teodoro Rafael Darnott, macarra de momento preso tras haber atentado con bombas contra la embajada estadounidense. ¡Si Rosa Luxemburgo levantara la cabeza!

Avanza la historia malamente. Constantes humanas como el cretinismo, la crueldad y el resentimiento rigen más persuasivas que la ilustración, la generosidad y la vocación de entender. Que nos lo digan a los que hemos padecido eso que Gabriel Albiac denomina el septenato necio. Tara que han aplaudido, inmodestos farsantes, cómplices sin perdón, hasta quedarse sin piel en las palmas, el grueso de los intelectuales, los universitarios, los artistas, los humanitarios.

¿Qué es ser antifranquista?

Pío Moa en Libertad Digital

Observen: antifranquistas son Carod Rovira, De Juana Chaos, Rubalcaba, Rajoy, Alfonso Guerra, Josu Ternera, Mas, Carrillo, la Chacó, Cebrián, Arenas, Camps, Roldán, Odón Elorza, Setién, Basagoiti, Arzallus... Señalarlo no es demagogia, sino destacar un hecho objetivo, oscurecido vergonzantemente. ¿A qué obedece tan peculiar fenómeno, si el franquismo se disolvió, por voluntad propia, hace 35 años? Obtendrán una respuesta si reparan en que ninguno de ellos ha contribuido a la democracia, la cual se implantó "de la ley a la ley", al margen o en contra de ellos; y en que todos han envilecido el régimen de libertades con abusos de poder, manejos separatistas, corrupción, terrorismo o colaboración –activa o pasiva– con el terrorismo, negación de la separación de poderes y desprecio a la nación española. Han inventado "naciones" y "hechos nacionales" para diluir la nación española, base de la soberanía, y denigrado y confundido con mil falsedades la historia de España...

¿Qué significa, entonces, el antifranquismo? Significa, muy literalmente, oposición a España y a la democracia. Lo primero es tradicional ya desde antes de los tiempos en que los vivas a Rusia y a la república se contraponían agresivamente a los vivas a España. Lo segundo sorprende solo a los ingenuos porque se ha identificado, con pleno fraude, antifranquismo y democracia, cuando son con toda evidencia conceptos opuestos: la democracia procede históricamente del franquismo, y todas las amenazas a ella nacen del antifranquismo, como salta a la vista y casi nadie señala.

Procede distinguir también entre el antifranquismo de otrora y el actual. Cuando Franco, había un antifranquismo activo, básicamente comunista, y otro antifranquismo de pandereta, tolerado por el régimen y con la vista puesta en la muerte del Caudillo para extraer ventajas políticas, así fuera en connivencia con el terrorismo. El primero, por los riesgos que corría, no dejaba de tener cierta dignidad a pesar de su totalitarismo. El que ha venido creciendo después ha sido particularmente abyecto, porque la mayoría de sus líderes no solo no hizo nada contra aquella que ahora llaman terrible dictadura, sino que prosperó e hizo carrera en ella y en sus aparatos. Cebrián o Ángel Viñas son modelos de esa miseria tan extendida. Y si no se clarifican de una vez las cosas y se les para los pies, enlazarán, como siempre han querido, con el nefasto Frente Popular con el que se identifican en sus desvaríos. Mientras estas cosas elementalísimas no se clarifiquen, España y sus libertades correrán serios peligros: pueblo que olvida la historia, tiende a repetir lo peor de ella.

Credibilidad por decreto

José T. Raga en Libertad Digital

Cada día más, las intervenciones del presidente del Gobierno me producen un efecto entre hastío y nausea. La mal llamada sesión de control parlamentario del miércoles pasado superó lo grotesco habitual para alcanzar las cotas de lo repulsivo. El presidente, lejos de dar respuesta a las formulaciones de la oposición, se permitió exigir un esfuerzo ejemplar para conseguir la credibilidad de nuestra nación y en particular de nuestra economía.

El señor ZP, cada vez está más ausente del mundo real y más cautivo de la ficción que alimenta su vida. La credibilidad, señor presidente, es una resultante; es una consecuencia del hecho de ser creíble y, usted, para nuestra desgracia, no tiene la mínima credibilidad. Lo cual no es producto del azar, sino que se lo ha ganado a pulso en los casi ocho años de desgobierno que lleva usted engañando a propios y extraños.

Mentir tiene un elevado coste y usted lo está comprobando, hasta el punto de que hoy, aunque se le ocurriese decir una verdad, la gente seguiría sin creerle, porque ha abusado usted del engaño y no tiene propósito de enmienda. No le creemos los españoles y no le creen tampoco fuera de España.

Aseguraba que no había crisis y, al mismo tiempo, anunciaba que ya estábamos saliendo de ella. Ha tratado de convencer a Europa de las medidas que iba a poner en marcha para cumplir el compromiso de estabilidad y crecimiento, y nada de eso se ha producido. Cuando se le ocurre hacer algo, del Consejo de Ministros de hoy viernes sale un real decreto que camina justo en dirección contraria a la que esperaba Europa y, lo que es peor, a la que esperaba nuestra economía. Eso sí, siguiendo su estela, el ministro de Trabajo y el vicepresidente del Gobierno y muchas cosas más anuncian su contenido, diseñando una reforma laboral, que nada tiene que ver con el texto aprobado por el Consejo.

Hoy, en su Gobierno, no hay nadie que sea acreedor a la confianza de los ciudadanos; nadie tiene credibilidad. Pero la culpa es sólo de ustedes. Los que están y los que estuvieron han mentido hasta la saciedad. Carente de la fortaleza necesaria para afrontar la realidad, se ha refugiado usted en el engaño; una decisión que, a lo mejor, puede tener el efecto pretendido a muy corto plazo, pero que cae en picado inmediatamente después, dañando su credibilidad para nunca más remontar.

Cuando el miércoles último, ante las acusaciones de torpeza en materia económica que se le dirigían, pedía usted esfuerzos a la oposición para una mayor credibilidad, ¿estaba usted sugiriendo que ésta mintiera tanto como miente usted? ¿Pedía usted colaboración con el engaño generalizado? Dios quiera que no lo hagan nunca; tratemos de conservar al menos un varón justo para que pueda enderezar lo que usted ha devastado. Mintiendo, nunca conseguirá credibilidad, como tampoco imponiéndola por decreto, aunque todo el Consejo de Ministros estuviera de acuerdo en ello.

¿Para qué sirve la negociación colectiva?

Juan Ramón Rallo en Libertad Digital

La negociación colectiva es un modo de organizar las relaciones laborales en una industria, sector o territorio concreto. Su funcionamiento consiste en que las negociaciones individuales entre trabajador y empresario son sustituidas por una negociación vis-à-vis entre quienes ostentan –o detenta­n– la representación de unos y otros.

A priori parecería que ninguno de ambos sistemas es mejor que el otro, pues lo que importan son los resultados y no tanto los procedimientos a seguir. El problema, claro, es precisamente que en sistemas de información y organización tan complejos como una economía de mercado, el resultado deviene indisociable del procedimiento. Al cabo, la gran ventaja del mercado, de las negociaciones descentralizadas entre propietarios, es que permiten manejar un volumen de información tan enorme que ningún individuo o grupo sería capaz de adquirirla, procesarla o entenderla en su totalidad.

El error de la negociación colectiva consiste en meter a todas las empresas de un sector o territorio en el mismo saco, como si fueran idénticas o pudieran llegar a serlo. Si Zara no es igual a cualquier camisería de barrio, no parece demasiado lógico que la base de la organización laboral de ambas firmas sea la misma, tal como pretende el convenio. Así, cuanto más se aleje el ámbito de negociación de las normas laborales del ámbito de aplicación de esas normas, mayor cantidad de ruido, errores e inadecuaciones tenderán a introducirse en los contratos laborales. Por eso, el resultado habitual de una ronda de negociaciones colectivas serán condiciones contractuales que, lejos de adaptarse al contexto particular de cada compañía, se ceñirán a las preferencias o a la ideología de los negociantes. Que esto constituye un error es de puro sentido común: si lo que buscamos son los planos de las estructuras de un edificio, no recurriremos a un mapamundi. Y si queremos unos contratos laborales que se ajusten como guantes a la situación de cada empresa, no habría que recurrir a convenios colectivos territoriales o sectoriales.

Claro que uno podría elucubrar que lo conveniente es que la negociación colectiva sirva para igualar a todos los trabajadores por arriba. A saber, puede que Zara no sea lo mismo que una pequeña camisería, pero las condiciones laborales de Zara deberían extenderse a toda la competencia. De este modo, los convenios colectivos servirían para evitar discriminaciones entre trabajadores según la compañía en la que operen. Al cabo, ¿por qué si diversos obreros se dedican a lo mismo pero en distintas empresas han de estar sometidos a diferentes condiciones laborales?

Planteémoslo desde otra perspectiva. Imagine que los representantes de los compradores de inmuebles se reúnen con los representantes de los propietarios de inmuebles y ambos firman un convenio colectivo dirigido a regular las condiciones de la compraventa de viviendas. Si los propietarios logran imponer una cláusula que establezca, por ejemplo, que el precio mínimo de los inmuebles, sea cual sea su superficie, localización o calidad, será de 150.000 euros, ¿qué cree que sucederá? Pues que muchos pisos que podrían haberse enajenado por menos de 150.000 euros ahora quedarán fuera del mercado.

La cosa sólo cambiará levemente en caso de que el convenio trate de segmentar territorial o funcionalmente el tipo de operaciones de compraventa. Si, por ejemplo, el convenio anterior deja de ser aplicable a toda España y se limita a la Comunidad de Madrid, donde el metro cuadrado es de media más oneroso, parece claro que resultará menos restrictivo y que generará menos distorsiones, pero, aun así, seguirá habiendo pisos por debajo de 150.000 –presentes en mayor o menor medida en todos los barrios de la capital– que no encontrarán comprador.

Asimismo, que se creen dos categorías de inmuebles residenciales –vivienda familiar y vivienda de lujo, verbigracia– con distintos precios mínimos de compraventa –75.000 y 500.000 euros– tampoco solventará el problema, pues o bien los precios mínimos serán demasiado bajos como para limitar los libres pactos entre compradores y vendedores (y por tanto serán irrelevantes para beneficiar a los propietarios de viviendas) o bien, si resultan demasiado altos, seguirán restringiendo el número de operaciones posibles. Además, el hecho de que existan varias categorías no garantiza necesariamente una mayor flexibilidad contractual, pues perfectamente los "inspectores inmobiliarios" podrían etiquetar a una vivienda normalita como "de lujo", impidiendo en consecuencia que su propietario la venda por menos de 500.000 euros.

El despropósito anterior puede empeorar todavía más si esos convenios de compraventa de viviendas se prorrogan automáticamente en ausencia de una nueva ronda de negociaciones colectivas (lo que se conoce como ultraactividad de los convenios). Imaginen que los precios mínimos de compraventa de viviendas se pactaron en el momento más elevado de una burbuja inmobiliaria y que, al cabo de tres años, la sequedad del crédito y la competencia de un alquiler mucho más asequible fuerzan caídas de precios del 50% en los pisos. Obviamente, perpetuar durante la crisis unos precios mínimos de compraventa que ya eran demasiado elevados para la época de burbuja sólo provocará un desplome brutal de las operaciones, dejando un colosal stock de viviendas invendido.

Y quede claro que los precios mínimos son sólo una de las muchas cláusulas que integran un convenio. Existe un amplio rango de intervenciones posibles sobre la contratación: cláusulas que prohíban darle un uso comercial a un inmueble, que restrinjan el número de horas al día que puede ser habitado, que establezcan la necesidad de que toda vivienda cuente con una zona libre de humos, etc. Todas éstas, si bien no regularían directamente el precio de venta de los inmuebles, sí erosionarían su utilidad o rentabilidad, forzando a los potenciales inversores a exigir importantes descuentos en sus precios para que les resulte atractivo adquirirlos.

En definitiva, los convenios colectivos sobre cualquier bien económico tenderán a reducir su uso, volviéndolo artificialmente sobreabundante (desempleo). Pero en el caso específico del factor trabajo, los perjuicios no terminan ahí: dado que se trata de un recurso productivo, los convenios, al reducir su ocupación, también minorarán la producción de bienes de consumo y de capital, lo que los encarecerá y empobrecerá al resto de la población.

Los trabajadores sólo pueden escapar a esta dictadura de los convenios colectivos en caso de que éstos sólo regulen algunas industrias concretas. En ese supuesto, la destrucción de empleo y de producción se concentrará en esas áreas de la economía, que pasarán a operar por debajo de su potencial, mientras que los trabajadores desempleados podrán buscar ocupación en otras industrias no sometidas a convenio. Claro que, como resulta bastante probable que la productividad de esos trabajadores sea menor en esos otros sectores, aun así los convenios seguirían destruyendo parte de la riqueza que podría llegar a crearse sin ellos.

Por supuesto, cuando todos o casi todos los sectores de una economía estén sometidos a convenio –situación de España–, no habrá vía de escape posible y es muy probable que el desempleo generalizado haga acto de presencia, sobre todo si media una crisis económica que erosione la productividad de la mayor parte de los trabajadores.

He aquí lo irónico de la negociación colectiva: si bien ésta se justifica políticamente por la peregrina necesidad de nivelar el poder de negociación de trabajadores y empresarios, son los propios convenios los que, al masificar el paro, colocan a los trabajadores en una posición de absoluta inferioridad frente a los empresarios. La mejor baza negociadora del trabajador frente al empresario no es una pauperizadora negociación colectiva, sino la facilidad de rechazar un empleo cuyas condiciones no le agraden porque tenga la seguridad de que puede encontrar ocupación en otras partes de la economía.

Y tú más

Juan Manuel de Prada en ABC

Desde que ganaran las elecciones, andan los peperos muy alarmados con la posibilidad de que las comunidades autónomas y municipios que han arrebatado a los sociatas escondan un déficit muy superior al que hasta ahora se ha declarado; y se trata, desde luego, de un temor muy fundado... en la experiencia que los peperos poseen de las comunidades autónomas y municipios que han gobernado. Los sociatas, por su parte, sospechan que la alarma de los peperos no obedece sino al intento de justificar los recortes que se proponen realizar; sospecha que, nuevamente, es muy fundada... puesto que esos recortes son, justamente, los que los sociatas tendrían que haber hecho, si hubiesen sido mínimamente responsables. Hay algo pueril y exasperante en este cruce de acusaciones que trata de endosar al adversario una responsabilidad solidaria; y esa puerilidad exasperante adquiere ribetes pavorosos si consideramos la circunstancia presente, con un erario público quebrado y en parihuelas.

Peperos y sociatas lo saben de sobra: el modelo de gasto público es insostenible; y si se ha sostenido hasta la fecha ha sido sobre la mentira, con unos niveles de endeudamiento mastodónticos que ninguna economía sana puede soportar. Lo saben de sobra; pero el pesebre partitocrático había hallado en este modelo de gasto público la levadura perfecta para asegurar el crecimiento monstruoso de sus estructuras, y el cloroformo idóneo para extender una red clientelar. Durante décadas, los partidos se han dedicado a crear artificialmente necesidades inexistentes entre la «ciudadanía» (así llaman al pueblo reducido a masa amorfa, en constante solicitud de «prestaciones» y «derechos»), para después satisfacerlas mediante un crecimiento hipertrófico de la administración; y así han logrado, so capa de atender los requerimientos de la «ciudadanía», poner el Estado al servicio de los partidos políticos, que al cobijo de un modelo de gasto público insostenible han logrado hacerse con el control de las instituciones (desde los sindicatos al poder judicial, pasando por las universidades, las cajas de ahorro o la prensa), a costa de dejarlas hechas unos zorros.

Pero el flujo del dinero se ha cortado. ¿Y qué hacen nuestros partidos políticos? Echarse los trastos a la cabeza, según la consigna partitocrática al uso: «Y tú más». Tal consigna les ha procurado, desde luego, beneficios pingües, pues mientras se lanzaban los trastos en la cabeza, fomentando la demogresca, mientras exaltaban los intereses particulares a costa del bien común, lograron que el crecimiento hipertrófico de las estructuras partitocráticas pasase inadvertido; o que, si se advertía, se considerase un mal menor, pues entretanto se satisfacían los intereses particulares de la «ciudadanía», esa masa amorfa en constante solicitud de «prestaciones» y «derechos». Ahora que el flujo del dinero se ha cortado, la consigna del «Y tú más» suena ridícula y anacrónica; pero es el único asidero al que pueden aferrarse, porque saben que la cruda y escueta verdad los deja sin la levadura y sin el cloroformo que permitió su expansión. Y saben que una administración despojada de sus excesos hipertróficos no les garantiza la subsistencia. Están dispuestos, como Sansón, a morir matando, aferrados a la cantinela del «Y tú más»; pero los vapores del cloroformo se empiezan a disipar, y temen que el monstruo que crearon —la «ciudadanía» ahíta que ahora no tiene un mendrugo que llevarse a la boca— se revuelva contra ellos.

Viñeta de Montoro en La Razón

viernes, 10 de junio de 2011

¡Se sienten, koñio!

Pepinos, pepinazos y cebolletas

Alfonso Ussía en La Razón

Nos dan pepinazos con nuestros pepinos. Mandamos tropas a miles de kilómetros para que no suelten los reglamentarios pepinazos a las tropas de Gadafi. Y en el Congreso de los Diputados, quienes sólo se representan a sí mismos, animados por los cultos y desapasionados mítines del «Abuelo Cebolleta», los llamados indignados en trance de convertirse en indignaditos intentan asaltar la sede de la soberanía nacional sin que Rubalcaba, el que quiere ser llamado «Alfredo», mueva un dedo para poner la ley y el orden en sus respectivos sitios. Claro, que Zapatero sigue reunido y en España se confirma que no tenemos Gobierno. Ni para los pepinos, ni para los pepinazos, ni para los cebolletas, ni –lo que es peor– para los españoles.

Pilatos

Cristina L. Schlichting en La Razón

Una de las cosas más sobrecogedoras para el visitante del País Vasco son los carteles con las fotos de los etarras. Te los encuentras en los bares batasunos, presidiendo la barra, pero también en las calles de algunas localidades, o entre las colgaduras de las fiestas. A ninguna persona sana le puede parecer normal la exaltación de los asesinos. Sin embargo, los pobres vascos deambulan entre las imágenes como si no se pudiese hacer nada para quitarlas. El Gobierno de Patxi López ha reducido estos «adornos», aunque siguen existiendo. El Tribunal Supremo ha sentenciado ahora –corrigiendo a la Audiencia Nacional– que la exhibición pública de los rostros de los pistoleros es apología del terrorismo… y ha condenado al demandante a pagar las costas del proceso. Daniel Portero denunció las imágenes de los asesinos de su padre, mostradas en una caseta de las fiestas de Bilbao, pero los jueces dicen que no se sabe quién las colocó allí y que ha de ser él quien corra con el precio del fallo. No se sabe si es un chiste o una broma de mal gusto. No hay derecho. Los de la caseta deberían pagar las costas, por supuesto, y una multa. Por albergar fotos de criminales. El mensaje de los magistrados, por el contrario, es un aviso para navegantes que podría haber sido escrito por Pilatos. Parece decir: «No te molestes en denunciar estas cosas porque sólo te va a costar pasta». Me pregunto si los jueces temen a los propietarios de la caseta. En ese caso deberían perseguirlos en lugar de a Portero.

Solo nos queda la paz

Hermann Tertsch en ABC

Más allá de consabidos pactos con ETA que prometan alguna sorpresa, la izquierda fracasada parece dispuesta a utilizar a una oposición extraparlamentaria para intentar imponer desde la agitación callejera lo que ya sabe no podrá en las urnas. Al enemigo exterior se le ignora, al interior se le ataca. Esperemos que quede alguien sensato que lo impida. Porque la paz social es lo único que aun no ha destruido esta tropa. Que no lo consigan.

El destete

Ignacio Ruiz Quintano en ABC

Tengo para mí que esta ola de indignación que recorre España es efecto natural del destete político. Destetados por las urnas, los hijos del progreso se cogen un berrinche de no te menees. ¡Fascismo! ¡Fascismo! La lógica es bien conocida: derecha es fascismo; las urnas traen derecha; luego el sistema es un adefesio. Tanta indignación, pues, sólo es un ensayo general de oposición a la derecha. Si mañana las encuestas fueran favorables a la banda electoral de Interior, la indignación se acababa en diez minutos. ¡Anda, que no daba voces Barrionuevo los domingos con el cuento de «¡la Vaguada es nuestra!». Asociacionismo, se llamaba entonces la cosa. Jugando al golpismo, en efecto, se puede terminar dando un golpe. Los charlatanes de la Red creen que son ellos los que mueven el cotarro, y celebran que el «New York Times» ya nos ha sacado en portada. Es lo que decía Thomas Bernhard de los Cursos de Verano de El Escorial: te llaman para invitarte a una semana de balde, y para animarte a decir «sí» te sueltan: «¡Umberto Eco ha aceptado ya!» Bueno, pues el «New York Times» nos ha sacado ya. O sea, a los indignados. ¡Qué gran periódico, el «New York Times»! En el 33 tuvo un corresponsal en Moscú, Walter Duranty, más stalinista que Stalin, que negaba la hambruna de Ucrania. En el 85 tuvo un enviado especial en Angola, James Brroke, para el cual «Angolan writers Bloom in independent climate». En los 90 «reportearon» Madrid para contar que los bares del centro estaban atestados de reyes y toreros. ¡Pues el «New York Times» nos ha sacado ya! ¡Pues Umberto Eco ha aceptado ya! «Nunca máis!» ¡No a la guerra! Etcétera. Sólo por no aguantarlos vale la pena no votar. Y de eso se trata. Camba: «¡Pobres magnates del socialismo español, condenados a predicar la revolución social para seguir disfrutando los encantos de la vida burguesa y sin poder declararse nunca burgueses so pena de quedar convertidos ipso facto en unos tristes y paupérrimos proletarios!».

Indignados y escépticos

Ignacio Camacho en ABC

La asonada de la otra noche ante el Congreso se deslizó por una peligrosa pendiente antidemocrática al cuestionar nada menos que la soberanía del Parlamento. Unos cientos de personas que sólo se representan a sí mismas no pueden impugnar la representatividad de unos diputados limpia y libremente elegidos por treinta millones de ciudadanos. Han confundido la crítica al mal ejercicio de la función representativa, que ciertamente deja mucho que desear, con la refutación del principio esencial del régimen democrático. De ahí a romper las urnas, o a negar su legitimidad, hay muy poco trecho. Un trecho que en todo caso no parece dispuesta a recorrer la mayoría de los ciudadanos, por muy indignada o cabreada que se halle.

Bautismo de porra

Cristina Losada en Libertad Digital

Los indignados han recibido un bautismo de porra y, francamente, me sorprenden sus lamentos. Creo que la benevolencia paternalista con la que les estaba tratando la autoridad, que es concepto tabú y señora muy selectiva, les hurtaba esa experiencia iniciática de cualquier revoltoso que se precie. Qué podrían contar a sus nietecillos de haber sido privados del seco contacto humano con los grises de hoy en día. Nada digno de tomarse en serio. "Ocupamos la Puerta del Sol, cercamos el Congreso, cercamos las Cortes Valencianas... y no pasó nada". ¡Qué diferencia con enseñar cicatrices! Pero salta a la vista que prefieren hacerse tatuajes: la simulación de haber vivido. Su relato del suceso es el de quien se asombra de que pinchen los cardos. La policía, claman, "ha reaccionado inmediatamente desenfundando las porras y usándolas sin ninguna precaución". Haberles puesto unas Bob Esponjas, hombre. En cuanto a la otra parte contratante, tiene un derecho fundamental a emplear los instrumentos arrojadizos que le plazcan.

Espero un tropel de artículos que vinculen la última encuesta del CIS con el Cacao Party. La clase política, tercer problema y el 15-M como síntoma. Cuidado con los diagnósticos que se inspiran en la rabiosa actualidad telediaria. Por lo general, quien cree que los políticos son el problema, cree también que son la solución. Pero el dato significativo es que no hubo indignación en las calles y las plazas mientras los políticos de las distintas Administraciones gastaban a manos llenas. Se han vuelto inútiles y corruptos desde que el grifo del dinero público dejó de soltar a chorro. Hasta ese cierre, sólo se escuchaban quejas de los sospechosos habituales, los aborrecidos aguafiestas, pájaros agoreros. La sociedad socialdemócrata soporta mal el punto en el que las buenas intenciones rebasan la capacidad para alcanzarlas.

Los enojados cercaban sedes parlamentarias, convencidos de que la soberanía reside en sus asambleas y no en los elegidos por sufragio universal y secreto. Pero la clase política que asedian los mima y les perdona todo. Hasta el PP protesta por el uso de la porra sin precauciones. Dónde vamos a llegar. Pues, piano piano, a aquel tren en el que viajaba Cesare Pavese por el sur de Italia. Al vagón donde un camisa negra se puso en pie y lanzó su estridente arenga a los pasajeros, demasiado cansados, perezosos y amedrentados para obligarle a callar. Allí, el poeta percibió que el fascismo iba a ganar la partida y seis meses después, empezó la Marcha sobre Roma. Los totalitarios no siempre saben lo que son, pero siempre se les ve venir.

Dando excusas a Rubalcaba

Editorial de Libertad Digital

La manifestación del 15 de mayo estuvo lejos de ser masiva; la práctica totalidad de las movilizaciones de las víctimas del terrorismo han congregado a muchas más personas. Adquirió relevancia cuando pasó a okupar las plazas de varias ciudades, comenzando por la madrileña Puerta del Sol. Muchos ingenuos lo tomaron por una protesta espontánea, largamente esperada, contra los políticos que nos habían sumido en la crisis. De ahí que por las tardes y noches la acampada se llenara de gente. Pero quienes se quedaban eran en general radicales de extrema izquierda, y sus consignas, mensajes y actitudes terminaron espantando a quienes realmente poseían razones para estar indignados.

Así, las distintas acampadas han quedado reducidas a un problema de orden público. Los ciudadanos contemplan atónitos que no pueden saltarse el nuevo límite de velocidad de Rubalcaba ni un kilómetro hora sin que les caiga una multa, mientras los radicales pueden hacer lo que quieran, okupando durante semanas una de las plazas más emblemáticas y turísticas de Madrid –entre otras–, sin que nadie mueva un dedo para impedirlo.

Muchas voces han exigido el fin de las acampadas y han acusado al ministro de Interior de pasividad. Rubalcaba, mientras tanto, aseguraba que iba a actuar con "inteligencia", lo que en la práctica ha resultado ser sinónimo de no actuar en absoluto. Y para una vez que la policía actúa, disolviendo una concentración ilegal frente a las Cortes Valencianas, los mismos que pedían que se hiciera algo se llevan la mano a la cabeza.

No nos engañemos. Habrá quien se escandalice por las imágenes de lo sucedido en Valencia, pero la única diferencia entre esa actuación policial y muchas otras que no han provocado ni el levantamiento de una ceja es que hoy día se graba todo. Disolver una manifestación o desalojar un piso okupado o una plaza cuando los implicados no tienen voluntad de cejar en su empeño sólo puede hacerse de una manera, y es empleando la violencia en mayor o menor grado. Se puede procurar que la policía extreme el cuidado y no emplee más que la imprescindible. Pero quien pretenda que puede hacer su labor repartiendo flores y con buenas palabras o se engaña o pretende engañarnos. Hablar de "soluciones intermedias" y "mano izquierda" sin especificar en qué consisten no es propio de un partido que pretende ser Gobierno.

Una de las razones de que los ciudadanos sitúen a los políticos entre los principales problemas de España son estos arranques de demagogia. Si el Gobierno estuvo seis años poniéndose medallas por haber aumentado el mal llamado gasto social, es normal que sus votantes no entiendan los posteriores recortes. Tampoco quienes apoyen al PP entenderán que se critique al ministro del Interior por actuar y por no actuar. Son ya más de tres semanas de acampada que reprocharle al candidato por vía digital. Como si a Rubalcaba le hicieran falta más excusas para violentar el Estado de Derecho.

¿Por qué no lo paga usted, Sebastián?

Manuel Fernández Ordóñez en Libertad Digital

Un breve resumen de la situación sería el siguiente: tenemos unas energías (renovables) muy caras e incapaces de competir en el mercado. Este hecho, lejos de ser un motivo para rechazarlas, hace que se subvencionen enormemente, incitando a su instalación masiva. Por si esto fuera poco, se les da preferencia a la hora de vender, con lo que expulsan del mercado a otras tecnologías claramente competitivas. Estos últimos protestan por la situación y el ministro decide también darles subvenciones, en lugar de retirárselas a los primeros solucionando el problema y ahorrándonos a los españoles, de paso, más de 5.000 millones de euros al año.

Con subvenciones crean un problema y con más subvenciones pretenden solucionarlo. Lo que viene después ya lo tenemos claro, ¿verdad? Y yo me pregunto ¿esto por qué no lo paga usted, señor ministro? En su defecto, con que dejara de ejercer tanta presión fiscal con el ánimo de despilfarrar nuestros ahorros de esta forma le estaría realmente agradecido. Y ya de paso, si se dignara usted a tomar la decisión sobre el emplazamiento del ATC dejaríamos de regalarle 60.000 euros diarios a Francia. Mientras tanto, le ruego tenga en consideración mi humilde petición de dimisión de su cargo, la economía española se lo agradecería.

¿Quien ordenó destruir los trenes del 11-M?

Luis del Pino en Libertad Digital

No consta en ninguna parte quién mandó (incumpliendo la Ley de Enjuiciamiento Criminal) hacer desaparecer los propios escenarios del crimen. Nadie se atrevió a poner su firma en semejante barbaridad, que fue el origen de todas las manipulaciones de pruebas posteriores: sin la desaparición de los trenes, hubiera sido imposible sustituir las pruebas originales del delito por otras aparecidas fuera de los vagones atacados.

(...)

¿Se atreverá a contestar la Audiencia Nacional a la petición realizada por la juez Coro Cillán? ¿Se atreverá simplemente a decir "SI" o "NO" a la pregunta de si Del Olmo ordenó destruir los trenes?

El simple hecho de que tengamos que formularnos esta pregunta indica que algo no funciona en determinados niveles judiciales de este país. Y apunta, por supuesto, a que la verdadera naturaleza del 11-M no tiene nada que ver con la versión oficial que pretendieron, infructuosamente, imponernos a los españoles

jueves, 9 de junio de 2011

Lo que de verdad ocultan los socialistas bajo la alfombra...



Viñeta de Montoro en La Razón

Vuelve la economía

GEES en Libertad Digital

Los políticos celebraron en 2008 el inicio de la crisis diciendo que iban a poner en cintura a las fuerzas desalmadas de la economía. El jefe de la Reserva Federal americana anunció la puesta entre paréntesis de la ideología –capitalista y liberal– para desatar la potencia redentora del consenso socialdemócrata intervencionista.

Hoy los USA confirman crecimiento escaso, paro constante y riesgo de inflación, aumenta el desempleo en Grecia y los tipos de los bonos de países periféricos. La garantía del IMF de la parte del préstamo comprometido a ésta se hace a cambio de que la UE la financie un año más. En el colmo de la desfachatez, Obama (17,1% del FMI) abronca a Merkel para que impida la quiebra helena.

Pero parece que la realidad se va a imponer a la ficción financiera.

Por un lado, Bernanke ha dicho que la última relajación crediticia de la Reserva Federal –600.000 millones– no será prorrogada después de julio. Por otro, las tendencias electorales europeas y el liderazgo de los países que mejor han vadeado la crisis hacen prever una espera en los créditos debidos por Grecia a bancos privados y al BCE.

En contra de la ley europea, cuando empezó la fiebre rescatadora, se obligó al BCE a comprar bonos de los países afectados. No sólo aumentó la pelota de la deuda sin generar más confianza en estos sino que puso en peligro el balance del BCE. No extrañamente, es el actor europeo más opuesto a la asunción de pérdidas por los acreedores, en la forma del retraso de pagos que parece inevitable. El único argumento que queda a favor de más rescates es el de que los primeros han fracasado y esto obliga al BCE a perpetuar la compra ilegal e infructuosa de bonos. Demencial.

Lo sustancial es que el resto de acreedores han caído en la cuenta de que más vale anotarse las pérdidas de la restructuración griega cuanto antes porque esperar no mejora las expectativas de cobro. Algún día alguien tendrá que explicar porqué ante la explosión de una burbuja crediticia se respondió con más de la misma medicina generando más malas inversiones y una nueva burbuja a añadir a la primera en forma de expansión monetaria e incremento desmesurado de deuda en países ya en dificultades.

Ha costado tres años descubrir la ausencia de virtudes taumatúrgicas de los artificios del multiplicador keynesiano, la deuda y los rescates. La situación es hoy peor que entonces, pero al menos se está deteniendo el mal. Empezar a hacerlo bien requiere la ortodoxia económica de siempre: ahorrar para invertir, invertir para crear empleo, sometiéndose a las reglas del mercado y no a la voluntad interesada de los políticos. Resulta que sí hay ideólogos en las crisis financieras y los que han fracasado son los partidarios del consenso socialdemócrata. En esta segunda caída del Muro, los liberales habrán de sustituirlos. No podrán hacer milagros, pero sí esperanzarnos con una recuperación real y no ficticia.

¿Dónde está el Gobierno?

Emilio J. González en Libertad Digital

Desde que los socialistas se llevaron un tremendo varapalo en las últimas elecciones municipales, en este país el Gobierno brilla por su ausencia. A Zapatero y su Ejecutivo no se les ve por ninguna parte, excepto cuando ya no les queda más remedio, por ejemplo, cuando tienen que comparecer ante el Congreso de los Diputados. Pero, por lo demás, el Gobierno brilla por su ausencia. Pase lo que pase en este país, a los ministros casi ni se les ve ni se les oye, y cuando hablan se limitan a referirse a lugares comunes, sin decir ni hacer nada más que lo imprescindible, y muchas veces ni tan siquiera eso.

El caso más flagrante estos días es, por supuesto, el de Rosa Aguilar, entre cuyas responsabilidades se encuentra la agricultura española. ¿Alguien la ha visto en algún momento salir abiertamente en defensa del pepino español y de sus productores? Para nada. Ella se ha quedado tranquilita en su despacho y cuando se le ha preguntado se ha limitado a responder que el Gobierno va a pedir a Bruselas dinero para compensar a los agricultores, cuando la cantidad que está ofreciendo la Unión Europea, algo más de doscientos millones de euros, apenas alcanza para cubrir las pérdidas de una sola semana de los cultivadores de esta hortaliza. Y la ministra, tan pancha, disfrutando de su mal ganado sueldo, su coche oficial y sus privilegios como miembro del Gobierno, como si la cosa no fuera con ella.

Con la vicepresidenta económica, Elena Salgado, ocurre tres cuartos de lo mismo. La Comisión Europea acaba de pegarnos un buen tirón de orejas con su informe pidiendo la subida del IVA, la bajada de las cotizaciones sociales y la reforma laboral. ¿Y qué hace la señora ministra? Pues limitarse a decir que eso no entra en los planes del Gobierno, y punto. Claro, no entra porque el Ejecutivo no tiene ningún plan ni nada que se le parezca. Por eso Salgado no puede responder a Bruselas anunciando un nuevo paquete de medidas económicas para salir de la crisis. A ella lo único que le importa es que los presupuestos para 2012 salgan adelante en la tramitación, aunque sea a costa de vender a los nacionalistas lo poco que queda de España y, por lo demás, que la dejen tranquila que ella ya tiene bastante con sus cosas. Lo que no sabemos es con cuáles porque, desde luego, de las de su cargo no se ocupa.

¿Y Miguel Sebastián? Porque el titular de Industria apenas abre el pico. Y con el de Trabajo, Valeriano Gómez, sucede tres cuartos de lo mismo. Ahora ha hablado para presentar ese simulacro de reforma laboral con el que el Gobierno pretende seguir mareando la perdiz con los mercados y con la UE y poco más sabemos de él. Y así uno tras otro. Si lo que quieren es estar tranquilos, mejor que convoquen elecciones y se marchen ya a su casa.

La no-reforma sindical

Juan Ramón Rallo en Libertad Digital

Señala esa vulgata marxista convertida en dogma de fe progresista que existe un conflicto de intereses irresoluble entre la opresora clase capitalista-gerencial y la muy oprimida población trabajadora. La salud de los primeros es la enfermedad de los segundos; los proletarios sólo pueden prosperar arrebatándoles la propiedad y los beneficios a las ratas explotadoras y éstas sólo pueden acumular capital apretándoles las tuercas a los obreros.

Esa fantasía épica, con sus orcos, elfos y unicornios incluidos, se ha erigido en piedra angular de nuestras relaciones laborales y, por tanto, de nuestro desastre económico actual. Lo mismo da que allí donde un mayor número de empresas ganen una cantidad más sobresaliente de dinero los salarios también sean mucho más elevados; el machacón pensamiento único es claro en su diagnóstico, coincidente con esas sesudas reflexiones de la Bruja Avería de "¡Viva el mal, viva el capital!".

Así, dado que los sindicatos deben defender a los trabajadores de sí mismos –de esa enorme osadía de rubricar acuerdos contractuales con los empresarios que ambos se atrevan a juzgar como beneficiosos en contra del más alto y relevante criterio de la plutocracia comisiono-ugetera– en España no hay quien contrate y, por consiguiente, no hay quien trabaje. Porque, quizá convenga repetirlo, si al empresario no le resulta rentable contratar, no se contratará y si no se contrata, no se trabaja.

Era este perverso sistema, ese que apuntala contra viento y marea, contra expansión y contracción crediticia, las condiciones laborales gestadas en medio de la mayor burbuja inmobiliaria que conocieron los siglos, el que había que desmontar. Y es que, aun dejando de lado el problemilla de que unos señores que no creen en la libertad de empresa pacten al milímetro las condiciones laborales de todas las empresas de este país; aun atribuyéndoles a nuestros sindicatos una sapiencia que jamás se han dignado a mostrarnos; aun así, ¿qué creen que significa eso de la ultraactividad de los convenios? Pues que si los sindicatos así lo desean –y lo desean–, lo pactado en 2003, 2005 ó 2007 tiene hoy, cuatro años de desmoronamiento económico después, la misma vigencia que cuando construíamos centenares de millares de viviendas al semestre.

Por eso había que derruir el sistema. Por eso, sí, y también para beneficiar a los empresarios; para no impedirles crear riqueza y contratar a parte de los cinco millones de parados en el proceso. Por eso, sí, y también beneficiar a los trabajadores, pues, por extraño que pueda parecerles a quienes viven de nuestros impuestos, no resulta del todo inverosímil que muchos de esos obreros quieran conservar su empleo o incluso volver a trabajar. Por eso, sí, y también para perjudicar a los sindicatos, que no otros son los únicos que medran en un sistema que los convierte en omnipotentes legisladores.

Mas el Gobierno ha optado, oh sorpresa, por no reformar lo que debería haber sido reducido a cenizas. El Partido Socialista Obrero Español ni ha escuchado a Bruselas, ni a los empresarios ni, tampoco, desengáñense, a los trabajadores. Por una simple cuestión: el socialismo nunca ha defendido a los obreros, se limitó a instrumentalizarlos –y masacrarlos– en beneficio de la casta gobernante. Después de destruir tres millones de empleos en tres años, José Luis, Alfredo y Valeriano han decidido que nada merece ser cambiado en nuestro mercado laboral. ¿Para qué? ¿Algún problema a la vista? ¿Algún sindicato en dificultades?

La guerra ha terminado

Cristina Losada en Libertad Digital

Volví a ver La guerre est finie no hace mucho tiempo, es decir, en algún momento de los últimos diez años. Me pareció, la película de Resnais, una obra maestra, aunque ahora no pondría la mano en el fuego. El tiempo no pasa en balde. Tampoco había pasado en balde el tiempo en España entre la guerra civil y los años sesenta, y ése era el perturbador descubrimiento del que daba cuenta el guionista, Jorge Semprún, tras haber vislumbrado la fisonomía española desde su condición de agente clandestino del PCE, enlace y correo entre la dirección de París y la militancia del interior. Los periplos de Yves Montand en esa película minimalista representan el viaje entre el universo congelado del exilio y un país transformado, ya distante y ajeno a aquella Guerra, en la que todavía habitaban, petrificados, los comunistas y otras gentes del destierro. Era el sobrio viaje a la realidad.

Semprún y su partido percibirían la inutilidad de unas estrategias ancladas en códigos del pasado, fútiles intentos de derrocar a la dictadura mediante huelgas generales de improbable seguimiento y enorme coste. La guerra había terminado, realmente. El engaño y el autoengaño se dieron de bruces con una sociedad que empezaba a cosechar los frutos del progreso económico, se compraba el pisito y el seiscientos, y pensaba en las vacaciones en Torremolinos. Nada de lo cual impediría que el viaje de Montand-Semprún fuera un trayecto que sucesivos aluviones de la izquierda estarían –estaríamos– condenados a repetir, fuese en forma de tragedia o de otro género de menor carga dramática. Entrados los setenta, una miríada de grupos aún creía exultante no en que fuera posible la vuelta a la II República, vieja reliquia para el museo, sino la mismísima Revolución.

Faltaba la farsa y aquí está, en nuestro presente. De nuevo se proclama que la guerra no ha terminado, como en un viaje de vuelta a aquel planeta inmóvil en el que vivían las gentes del exilio y medraban los capos estalinistas. Pretende revestirse de recuperación de la memoria, pero es mera falsificación. Hoy, incluso, la muerte de Semprún, Jorge, permitía agregar capas al mendaz envoltorio. Cierto que él mismo se entregó a la impostura, como denunciaron su hermano Carlos y otros conocedores de su papel en Buchenwald. Y es bien triste que quien supo afrontar la realidad política y reflejar la experiencia con brillantez no fuera nunca capaz de afrontar la realidad más suya.

Aquel Semprún

César Vidal en La Razón

Conocí a Jorge Semprún a inicios de 1995. Ambos fuimos invitados a un programa de libros de RTVE dedicado al Holocausto. A esas alturas, los nazis andaban destruyendo en las librerías mi libro «La revisión del Holocausto» y Alianza Editorial acababa de editar «El Holocausto», otra obra mía que era la primera Historia global de la Shoah escrita en lengua española. Semprún aportaba al programa no un libro sino una experiencia muy clara, la de haber sobrevivido a los campos nazis. Recuerdo que estuvo muy amable conmigo y que elogió calurosamente mi labor historiográfica. A la salida, charlamos un rato e intercambiamos direcciones. Volvimos a encontrarnos en distintas ocasiones, por regla general, en mesas redondas o conferencias sobre el sistema nacional-socialista. Aquí y allá, me habló de Carrillo –conseguía hacerlo con un distanciamiento prodigioso teniendo en cuenta lo que había narrado de él en su «Autobiografía de Federico Sánchez»– o me comentó que, en realidad, sus libros se vendían muy poco en Francia –cuatro, cinco mil ejemplares– algo que causaba una enorme sorpresa en los que lo escuchaban. A esas alturas había pasado sin pena ni gloria por uno de los gobiernos de Felipe González y había fracasado estrepitosamente como contertulio en el programa de Luis del Olmo –sólo aguantó una primera y silenciosa vez– seguramente porque él era más de argumentos sopesados y tranquilos que de choques estrepitosos y partidistas. Seguramente, también encajaba con una imagen que se había ido creando desde la época en que era un recluso de Buchenwald. Reuniendo materiales para mi «Recuerdo 1936», uno de sus compañeros de deportación, también del PCE, me contó cómo había leído la novela de Semprún sobre el tren de deportados y, a pesar de que lo acompañaba en el mismo vagón, no había reconocido absolutamente nada. También es cierto que el personaje nunca me dijo –a diferencia de Semprún, que lo reconoció por escrito– que los comunistas habían sobrevivido en los campos nazis simplemente porque se habían apoderado de la administración interior ante la actitud permisiva de las SS. Sin duda, quien me permitió conocerlo mejor fue su hermano, Carlos Semprún Maura. Perseguido por una izquierda que no podía tolerar que se hubiera convertido en liberal, Carlos me relató en una larga entrevista emitida desde los micrófonos de COPE cómo su hermano Jorge –al que consideraba un héroe al regresar de Buchenwald– había sobrevivido simplemente porque había sido un kapo, actividad, dicho sea de paso, que los comunistas estaban dispuestos a asumir para continuar vivos en el infierno creado por el nacional-socialismo alemán. Me he preguntado muchas veces si esa infernal experiencia no marcó a Jorge Semprún determinando su vida posterior. Lo impulsó, inicialmente, a seguir en el PCE escribiendo odas a Stalin y a la Pasionaria, pero, al fin y a la postre, el conocimiento de la condición humana le otorgó el suficiente espíritu crítico para enfrentarse con la dirección de Carrillo –el hombre al que los demócratas nunca agradeceremos bastante el haber liquidado el PCE–, para convertirse en atlantista frente a la URSS, para abandonar a Felipe González cuando la corrupción salpicaba en todas direcciones y para no sumarse a disparates como el zapaterismo. No fue poco, dado que todavía hay quien defiende el comunismo a pesar de los cien millones de muertos que causó en el siglo XX. Descanse en paz.

El diccionario histórico de Angelines

Ignacio Ruiz Quintano en ABC

En tiempos de Google, ¿cuántos hojean diccionarios?

—La erudición es una fuente donde abrevan las bestias, y a veces, los hombres —contestó Tierno a Fraga en una discusión parlamentaria sobre el preámbulo constitucional.

¿Diccionarios? Para los comunistas y la ministra Angelines, que querrá ser llamada así, una vez que Rubalcaba, su jefe, sólo aspira a que lo llamen Alfredo, alias, por cierto, de Togliatti, uno de los filántropos de Stalin en la mesacamilla de la guerra civil.

¿Autoritario o totalitario?

Esa controversia sobre Franco, su fantasma mitomotriz, es lo que entretiene a la izquierda de los cinco millones de parados.

—No tenemos una Real Academia, sino una Real Caverna contra la República —perora en el Congreso el doctor Llamazares, científico ducho en la agrobiología de Lyssenko e incapaz, ay, de comprender las licencias literarias del profesor Suárez sobre el franquismo como las del Nobel García Márquez sobre los «boat-people» vietnamitas.

¿Autoritario o totalitario?

Diremos que «totalitario» es cuando te dictan lo que has de hacer y además no te dejan entrar ni salir del país, salvo que seas los Beatles, el Ché (paseante de la Gran Vía en uniforme verde oliva) y así. O sea, el franquismo. Y «autoritario» es cuando te dictan lo que no has de hacer, pero te dejan entrar y salir a tu bola. O sea, el castrismo, para no perdernos en el Gulag.

—La historia —advierte Croce— es siempre historia contemporánea.

En 1973, la hoy ministra Angelines clavaba una estaca en el corazón del totalitarismo franquista con su cameo en «El Love Feroz o cuando los hijos juegan al amor».

En 1974, Nixon envía a El Pardo al general Vernon Walters para otear la situación:

—El Príncipe será Rey —le dice Franco—, porque no hay alternativa. España irá lejos en el camino que desean ustedes, los ingleses y los franceses: democracia, pornografía, droga y qué sé yo. Habrá grandes locuras, pero ninguna de ellas será fatal para España. Porque yo voy a dejar algo que no encontré: la clase media española.

En 1975 (¡octubre!), en «L'Europeo» milanés, Carrillo le confiesa a Oriana Fallaci:

—Si la derecha no ayuda, derribaremos la Dictadura con la violencia. He hecho también la guerrilla. Durante nueve años. No sé si soy un buen tirador, pero sé que apuntaba con cuidado: para matar… No estoy dispuesto a dejar con vida a Franco. Sería una injusticia histórica ver morir a Franco en su lecho… ¿Qué posibilidades tiene Juan Carlos? Todo lo más ser rey durante unos meses… Yo soy comunista, no soy rosa… Stalin no era antipático: sabía tratar a la gente… Y la República española no era un régimen capitalista, sino una democracia popular en el verdadero sentido de la palabra.

Menuda golfa, la Historia.

miércoles, 8 de junio de 2011

Joeeeeeeee!!!

José García Domínguez en Libertad Digital

"El jueves día 17 me llamaron por teléfono, y me dicen que si no tenía inconveniente, al día siguiente me proponían en el Parlamento de Catalunya, para un importante cargo institucional.... No tiene nada que ver con la política, es un cargo público, importante, pero independiente (de hecho, se DEBE ser independiente, igual que un juez por ejemplo, para poder desempeñar bien la función). El asunto me pilló por completa sorpresa, y apenas pude balbucear algo por teléfono (debía parecer profunda! jajaja). Un año atrás me habían insinuado algo, pero desde entonces no había tenido más noticias, y pensé sinceramente que se había desestimado el tema".

"El viernes por la mañana me llaman para comunicarme que ya se había propuesto oficialmente mi candidatura y que debía prepararme porque el lunes 21 de febrero, a las 12 del mediodía debía comparecer ante una comisión de unos 40-50 diputados del parlamento, de todos los partidos políticos, para exponer mi currículum y defender mi idoneidad para el cargo. Después de la exposición, era muy posible que tuviera que responder a preguntas que me hicieran. Jolín... me entraron todos los tembleques!!!! Qué tenía que decir???? Quién estaría en esa comisión?????? Qué me preguntarían????? QUÉ ME PONÍA????????joeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!!!!".

"Mi marido me mandó a la pelu el sábado por la mañana (qué pasa???? Yo no me corto ni tiño bien el pelo????? jajajajaja... qué horror!!!), y por la tarde, halaaaaaaaaa, a tirar de la VISA comprando ropa y zapatos ‘serios’.... Qué ruina! Y el domingo enterito dedicado a preparar la comparecencia, a hablar con gente que me pudiera echar una mano para prepararme bien, y a visitar a una amiga, que es diseñadora de modas, y a parte de tener un gusto exquisito, tiene 8000 complementos monísimos para acabar de ‘adornar’ cualquier vestimenta... así que llegué a casa con una bolsa cargada de foulares y bisutería fashion y ‘buena’. Parecía que hubieran pasado los Reyes Majos!!!! jajajaja. La pena es que todo era prestado! Jeje".

"El jueves por la tarde-noche, ya tuve que asistir al primer coctail semi-oficial de celebración.... y llevo varios días con entrevistas con las personas a las que ‘sustituimos’, para hacer cambio de impresiones y ‘quedar bien’, preparando diversos temas previos, etc... Por suerte me van informando poco a poco de los pasos que tenemos que ir dando, porque entro en un mundo totalmente nuevo para mí!!!! El viernes próximo tengo que volver de nuevo al Parlamento para hacer la toma de posesión oficial del cargo, delante de la presidenta del Parlamento y del presidente de la Generalitat".

"Me han dicho que allí nos hacen entrega de un escudito para la solapa y que seguramente tendremos que decir algunas palabras, aparte de posar para las fotos oficiales...... Aissssssss, y yo con el régimen por empezarrrrrrrrrrrrrrrrr!!!grrrrrr Ya me podían haber avisado con un par de meses de antelación y al menos podría haber bajado algo de ‘gordura’!!! jijijiji (=risa nerviosa). Y nada, el martes 8 (el lunes 7 es fiesta en Barcelona) a trabajar ya oficialmente!! Por lo que me han dicho los ‘antiguos’, podemos hacer un horario bastante flexible, o sea, adaptado a nuestras necesidades..... En fin, un montón de temas!!".

Nota bene: Extracto de las reflexiones de cierta Marian-S, acrónimo que se corresponde con las iniciales de Maria Àngels Servat, vertidas en el foro de bricolaje y manualidades facilisimo.com. Síndico del Tribunal de Cuentas de Cataluña merced a los votos de tres quintas partes de los diputados del Parlament, la señora Maria Àngels Servat dirige junto a otros seis electos la institución llamada a auditar, fiscalizar y verificar todas las cuentas de la Generalidad, cifras oficiales del déficit incluidas.

Indignados en el "híper"

José Antonio Martínez-Abarca en Libertad Digital

Ya se sabe que los comunistas de Stalin ordenaron fusilar en masa a los anarquistas españoles hartos, entre otras cosas, de que éstos hiciesen de "indignados" de #acampadasol. Aquellos primeros ensayos de "perroflautas" (imperfectos, puesto que por entonces no había costumbre de tocar los bongos) pretendían repartirse lo que incautaban a los terratenientes de forma asamblearia y en acto, sin esperar a la llegada de la sociedad perfecta, que, para los propios comunistas, no venía ya sino que siempre anunciaba su llegada para mañana. El general estalinista Líster, sin ir más lejos, prefería la injusticia al desorden, y acabó con aquella fiesta de los derechos sociales de forma sumaria y con alguna contundencia más que los "mossos" en la Plaza de Cataluña, de lo que estuvo siempre orgulloso. Pero estos incautos de la indignación de ahora resultan tan desavisados que pretenden la llegada del comunismo ternurista sin saber que el comunismo que tanto ansían lo primero que haría sería expedir la orden de que se alinearan, al amanecer, frente a las blancas tapias del cementerio. Quieren ser la tumba del capitalismo cuando es precisamente el capitalismo el único sistema que les permite sus patochadas y de paso continuar con vida para contarlo.

De cuándo aquí iban a permitir sus mitificados héroes de la izquierda, los para ellos legítimos representantes de una "democracia real" de la buena, que, como acaban de hacer los campistas en mi pueblo, tomen por asalto un "carrefour" para intentar llevarse los carros llenos con la merienda diciendo que ellos son simples intermediarios –simples, por supuesto– entre los que se benefician de la venta de alimentos y los pobres que no pueden pagarlos. En lugar de llegar algunos números de la policía nacional a susurrarles lo inoportuno de su acción asamblearia, la "democracia real" a la que tanto cantan los metería en camionetas rumbo a tomarse todos un cafelito sin retorno. El general Líster hubiese sabido lo que hacer con estos chicos, sin dudarlo un momento. Es desarmante la candidez de esta gente, que incluye en la cesta de la compra "de primera necesidad" por la patilla un cargamento de compresas y otro, eso sí, de tampones, se conoce que por si hay que trasladar ahora la acampada a la playa, y que no cante el "bikini". Mueve a la profunda piedad que estos arrapiezos de cabello jamaicano empastado con guano de paloma creyeran que iban a llegar a un "hiper" y, en nombre de esas recetas que dan las "misses" para arreglar el mundo en un rato, se iban a llevar los carros tupidos gratis total. Pretendían aliviar a los dueños del "carrefour" de "la privatización de las ganancias" (sic). Se sorprendieron sinceramente de que la negociación con los dependientes no llegase a buen puerto, y encima éstos llamasen a la madera. ¿Cómo enfadarse?

No se le puede pegar, y ni siquiera reñir, a unos bebés de ochenta kilos de peso/media. Antes de mandarles a las brigadas de desinsectación a las plazas del 15-M por imponer unas mínimas normas cívicas, es mucho más urgente para estos "indignados", dada su inconsciencia casi prenatal pese a que algunos ya corrieron delante de los "grises" cuando todavía no habían expulsado a Aranguren de la Universidad, pedirles la vez para el próximo curso en algún jardín de infancia, donde les enseñen que la economía de trueque aquí no funciona, ni en su exigida "sociedad perfecta" mucho menos: aquí si te llevas las cosas haciendo un llamamiento a la fraternidad desinteresada viene la poli, pero allí vienen los enterradores.

Las fragonetas de Barreda

Pablo Molina en Libertad Digital

La imagen de un operario de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha llenando una furgoneta con bolsas de basura llenas de documentos, es tan descriptiva que cualquier intento de explicar la escena sólo consigue acrecentar la certeza de que se trata de un expolio documental en toda regla.

Marcelino Iglesias, a pesar de su intelecto privilegiado, lo ha terminado de arreglar diciendo que el funcionario del grupo D con mono azul estaba transportando en esos cuarenta o cincuenta sacos de basura únicamente "archivos personales", pero entonces surgen varias incoherencias que ni siquiera el gran Marcelino parece haber previsto en su muy estudiada estrategia de desactivación de los efectos de la ya famosa instantánea.

Primero, en una administración pública no existe eso que Marcelino denomina "archivos personales", porque cualquier documento generado es de carácter público excepto los que afectan a la carrera profesional de un funcionario en concreto y que, por su propia naturaleza, no exceden de cuatro o cinco folios según el número de traslados o ascensos que el empleado en cuestión haya conseguido a lo largo de su vida laboral. Convengamos en que resulta como mínimo dudoso que todos los funcionarios de la comunidad autónoma hayan decidido de golpe desprenderse de sus nombramientos oficiales metiéndolos en sacos de basura para su posterior destrucción.

Segundo, si el todavía secretario de organización del PSOE confundió "archivos" con "efectos" personales el asunto no hace más que empeorar, porque los portarretratos, los cubos para lápices y otros regalos del Día del Padre o de la Madre así como los dibujos que los niños dedican a sus progenitores caben perfectamente en una caja de folios o una bolsa mediana de El Corte Inglés. Tampoco parece probable que todos los funcionarios de la Junta hayan decidido simultáneamente desprenderse de sus recuerdos familiares de una forma tan mezquina.

Entonces ¿Qué contienen esas bolsas que tan nerviosos ponen a los socialistas y tan verborreico a Marcel.li? Pues papeles, claro, que además van a ser llevados a la incineradora, porque ese curioso sistema de archivo en sacos de basura no parece aventurar otro destino.

Si se trata de documentos oficiales, como parece, los responsables de su desaparición están cometiendo un delito por más que el contenido de esos expedientes carezca de relevancia. Una infracción por lo demás absurda, porque con las nuevas tecnologías cualquier documento en papel tiene un soporte informático que lo justifica. Salvo, claro, que exista un circuito de expedientes escamoteados a la contabilidad electrónica.

Los populares dicen tener indicios de que en Castilla-La Mancha hay 2.000 millones de deuda oculta. ¿Tiene algo que ver la existencia de ese desfase en "B" con la actividad frenética de los socialistas desde el pasado 23 de mayo? La solución en las fragonetas de Barreda.

Brutalidad compartida

Agapito Maestre en Libertad Digital

En Elorrio, un concejal del PP ya ha sido amenazado por Bildu-ETA; tampoco se han salvado algunos medios de comunicación, entre los que estaba Libertad Digital, de ser señalados como víctimas de nuevos atentados por la coalición Bildu. Todo esto, naturalmente, era lo previsto; en cierto sentido, era sabido desde el momento que el Tribunal Constitucional legalizó a esta banda para que participara en el proceso electoral del 22-M.

La brutalidad que ha traído Bildu-ETA a las instituciones no sólo es compartida por diversos actores políticos, sino que es fruto de una falacia argumentativa que, curiosamente, han defendido los que sufren las consecuencias de su legalización. Hay que integrar a los violentos, decían los del PNV. El resultado de esa integración está a la vista: los cargos electos del PNV no quieren que se enteren los de Bildu del estado de sus cuentas bancarias. Temen que ETA-Bildu entre en acción violenta el día menos pensado. Pero, con la llegada de la brutalidad, obviamente ha llegado la hora de criticar a los brutos. Sí, sí, es el momento oportuno de mostrarle a Patxi López, autor de unas declaraciones malvadas acerca de la tranquilidad que se respiraba en el País Vasco, después de haber sido legalizada la coalición electoral Bildu por el Tribunal Constitucional, su brutalidad.

Los filo-etarras no mataron a nadie durante la campaña electoral. Tampoco amedrentaron a ningún paisano y menos aún se les ocurrió amenazar con que seguirían matando. No necesitaban nada de eso para imponer su violencia. Ellos no tenían que imitar las conductas brutales de la antigüedad para mostrar su violencia. Bastaba decir su nombre para que todos supiéramos que representaban a ETA: la banda criminal que ha matado, extorsionado y, por supuesto, seguirán haciéndolo, sin ningún otro límite que él impuesto por ellos mismos. El mismo día que el Tribunal Constitucional legitimó la entrada de ETA-Bildu en las instituciones democráticas, insisto, desapareció el concepto clave del Estado moderno, a saber, el único que tiene el monopolio legítimo de la violencia es el Estado.

Ahora cualquiera, como muestra Bildu en Elorrio, puede hacer uso de la violencia para imponer sus criterios. Eso es lo que hace la banda terroristas ETA a través de Bildu. La cosa es clara. Hay, sin embargo, un pretexto terrible, utilizado por el Tribunal Constitucional y por otros muchos estultos, menos conocido, pero que era y es el "argumento" principal para legalizar a ETA. Me refiero a esa falacia argumental que considera que la mejor manera de acabar con el terror y la violencia de ETA es integrándola en el espacio público-político. El buenismo que desprende esa falacia es tan perverso como ridículo. La gente que así "razona" es brutal, porque, aparte de no ver la principal fuerza del Estado moderno, introduce la violencia y el terror en aquellos lugares donde reinaba la paz. La legalización de Bildu-ETA no sólo no integra a los violentos, sino que, por el contrario, mancha de terror, locura y brutalidad los espacios que el Estado había limpiado anteriormente.

He ahí el resultado de las "buenas" intenciones de Zapatero: la instalación de la brutalidad, la violencia y el terror en el espacio público-político. Un paso atrás en nuestra pervertida democracia.

Bildu y el pelo de la dehesa etarra

Editorial de Libertad Digital

No nos quejemos, ni menos aún sorprendamos, de que la cabra tire al monte o de que los de Bildu se manifiesten como lo que son: si el arrepentimiento por el "vicio" pasado no garantiza la "virtud" futura, ¿qué respeto futuro a la democracia cabía esperar de quienes ni se arrepienten ni quieren condenar la violencia pasada? Nuestra indignación debe dirigirse contra los que han consentido esta burla a nuestro Estado de Derecho, que no son otros que los magistrados designados por el PSOE que todavía se sientan en nuestro Tribunal Constitucional. Ellos son los que han hecho posible este escarnio para las víctimas del terrorismo, pasadas, presentes y futuras.

La nube llega a la gente normal

Daniel Rodríguez Herrera en Libertad Digital

Las ventajas de la nube son muchas y bien conocidas: la ubicuidad, disponer de todas tus cosas donde quiera que estés y accedas como accedas a ellas, la seguridad de que los datos los maneja gente que sabe de esto y que no los perderá ni los borrará accidentalmente ni dejará de hacer copias de seguridad porque este año estoy vago... Pero a veces perdemos de vista que la nube también tiene sus inconvenientes, entre los que destaca lo vulnerables que podremos llegar a estar si toda nuestra vida digital está centralizada en unas pocas empresas. Y no tanto por el uso que puedan hacer éstas, que procurarán no meter la pata demasiado para no echarse encima las iras de clientes y políticos, sino por la facilidad con que los gobiernos podrían acceder a ellos. Les bastaría incautarse unos pocos almacenes centralizados, en lugar de tener que ir casa por casa, u ordenador por ordenador.

No es un escenario que esté a la vuelta de la esquina, ciertamente, pero no digan que eso no va a pasar nunca. Ya ha sucedido muchas veces.

En la nube

Gabriel Albiac en ABC

«Hablaremos hoy de software, del alma; y dejaremos de lado el hardware, el cerebro». La elegancia de Steve Jobs es la del metafísico. Y, en su tenue sonrisa al puntear la frase, hay una carga ambigua de fulgor y sombra: la voladura de lo convenido. No es una apuesta técnica. Ni siquiera científica. Las máquinas de Jobs nos fascinan porque son no-máquinas, o mejor, más-allá-de-máquinas. Entre las criaturas Mac y todo lo demás que ha trastrocado el tránsito del siglo XX a este para el cual aún no tenemos nombre, la diferencia no es —no sólo— maquínica. Metafísico —¿o teológico?—, el envite de Jobs apunta al último nudo mitológico que sobrevivió en nosotros a nuestro pasado siglo de tinieblas.

Las máquinas de Jobs no han sido nunca máquinas. Sí, prótesis anímicas. No es lo mismo; ni siquiera se parece. La gran factoría Gates gestó artilugios impecables. Nunca estaremos lo bastante agradecidos a lo que esa precisión maquínica nos regaló: un mundo que ninguna literatura futurista pudo atisbar. Mac dio siempre eso por ya consumado. Y se lanzó al vacío de lo que un griego intemporal llamaba «la segunda navegación», la reflexión sobre lo hecho, el asombro ante lo descomunal de cuanto abre, la tarea aún más intensa de comprenderlo, de atisbar en ello los emblemas de lo bello, que es —eso pensaba el griego de hace dos mil quinientos años— idéntico a lo bueno. No hay ética más que en la estética. No hay estética sin el mortal salto al vacío al cual llamamos metafísica.

Los dos hoscos decenios que precedieron a la segunda guerra mundial dieron la condensación mayor de grandes metafísicos desde el siglo XVII. Se cierran con la brutal caída en el pozo del sinsentido. Después de 1945, la especie de los hombres hubo de confrontarse a lo siempre negado porque siempre presente: su primordial barbarie. Lo menos ocioso de estos años, en filosofía, ha sido la erudición. En lo demás, un vértigo de cosa efímera se fue tragando obras y autores, por igual prescindibles.

Mediados los ochenta, todas las lógicas del siglo se desmoronaron. Y, con ellas, las de la edad moderna. Desde que pusimos las manos sobre aquellos primeros portátiles 386, con apenas 20 megas de disco duro, supimos que el mayor vuelco del pensar, desde que un griego llamara a la escritura «juego de niños», se había consumado. Todavía era imposible sospechar lo que vendría. Pero terminaba un tiempo: el ciclo de los tres milenios de primacía simbólica del artefacto material. Sabemos ahora que lo esencial sucede en las secuencias numéricas que, sobre una pantalla de ordenador, excluyen toda distinción entre dentro y fuera, entre cerca y lejos, entre yo y otro, yo y nada, entre mi ordenador y mi escritura, mi tasada inteligencia, mis monótonos deseos. Todo está en mi disco duro. Que es mucho más yo que todas las anécdotas a las cuales, por pereza, llamo yo.

Ya, ni eso. «Hablaremos hoy de software, del alma»… Steve Jobs enunció anteayer la ascética del último soporte material: un nebuloso desleír el disco duro. En «nube». Tan intangible como los sueños y tan irrevocable. E infinita. Las máquinas que tecleamos serán sólo extensiones suyas. Hen kai pan, «uno y todo», fue el password con que un griego dio nombre al absoluto.

El horizonte Humala

Pilar Rahola en La Vanguardia

Humala representa una ampliación del peor fenómeno que hoy por hoy sacude Latinoamérica, el de un populismo de corte pseudorrevolucionario que usa un lenguaje del pueblo para consolidar estructuras autárquicas de poder. Aprendices de Chávez, pequeños clones del sátrapa venezolano. El problema es que lejos de superar esta repetición de los discursos revolucionarios de los sesenta, muchos países de la zona están involucionando hacia esas posiciones, hoy amparadas por el enorme poder económico y el más enorme delirio ideológico de Hugo Chávez. Como una mancha de aceite, como un virus letal, como lo que es, un fenómeno regresivo y peligroso, que sólo puede aportar más desestabilización a la zona, más pobreza y más oligarquías enriquecidas con los bolsillos tan llenos como vacías están sus estridentes propuestas. Si Chávez es el ejemplo de todos estos, el ejemplo sirve: lenta destrucción del Estado de derecho auspiciado por un auténtico golpe contra la democracia usando los resortes de la democracia; empobrecimiento brutal de los ciudadanos; aumento de la inestabilidad, con apoyos a las FARC, teócratas iraníes y toda la parafernalia totalitaria al uso; y, finalmente, desprecio profundo por los valores de la libertad.