lunes, 30 de mayo de 2011

Mágica dependencia

Carlos Rodríguez Braun en Libertad Digital

Tituló El País: "La dependencia generaría 45.000 empleos si cesara la lista de espera". El artículo de Carmen Morán era un elogio a la Ley de Dependencia, que "establece una relación entre el número de trabajadores (auxiliares de geriatría, fisioterapeutas, enfermeras) y los dependientes atendidos en geriátricos, centros de día, etcétera. Teniendo en cuenta ese cálculo, se puede afirmar que se han creado o consolidado 127.977 empleos hasta enero de 2011".

Morán sigue a pies juntillas un estudio de la Asociación Estatal de Directores y Gerentes de Servicios Sociales, que sostiene: "si todos los que tienen derecho a una ayuda que están en lista de espera estuvieran atendidos, podrían contarse 45.501 empleos más y 52.355 cotizantes a la seguridad social". El presidente, José Manuel Ramírez, apunta: "La Ley de Dependencia (...) genera empleo y mejora la calidad de vida de 700.000 personas con una inversión de apenas el 0,5% del PIB". Morán añade: "El estudio muestra esos mismos datos por comunidades autónomas, de tal forma que las que tienen una lista de espera más abultada estarían impidiendo la creación de más empleos" [en cursiva en el original]. La conclusión se deduce lógicamente de lo anterior: si basta con aumentar el gasto público para generar miles de empleos, aquellas autoridades que no lo hagan estarán impidiendo reducir el paro.

Es raro: esos malvados que impiden la creación de más empleos porque no aumentan el gasto público no pueden limitarse a las autonomías. En España hay cinco millones de parados: ¿estaría doña Carmen dispuesta a condenar a Rodríguez Zapatero porque está impidiendo la solución de este gravísimo problema, que se lograría aumentando el gasto público?

Independientemente de si simpatiza o no con los socialistas, lo que parece claro es que doña Carmen está informando mal sobre el asunto. Es imposible que el mayor gasto público genere empleo, y no sólo porque, si así fuera, los gobiernos que más gastaran serían los mayores amigos de los trabajadores. Hay algo más de fondo, un asunto capital sobre el que doña Carmen no vierte ni una sola reflexión: el gasto público no es gratis.

Si esta realidad no es ignorada, entonces todo el edificio montado sobre su negación se derrumba. En efecto, si el gasto público no es gratis, entonces los efectos positivos de su desembolso deben ser contrapuestos con los efectos negativos de su recaudación. Doña Carmen: si usted cree que el dinero público crea empleo cuando es gastado, el mismo razonamiento la llevará a concluir que destruye empleo cuando es recaudado. Le ruego que lo tenga en cuenta en su próximo artículo.

Y por último, le ruego también que considere que la Asociación Estatal en la que usted se apoya tiene algún interés en que el gasto público aumente. Con estos elementos en consideración, se divertirá usted con ese comentario de su presidente sobre lo estupenda que es la Ley de Dependencia, con esos magníficos resultados y "con una inversión de apenas el 0,5 % del PIB". Dice apenas como si el 0,5% del PIB no fuera nada, como si fuera una inversión de verdad, respaldada por ahorro voluntario, y como si ese 0,5% del PIB no pudiera generar realmente más empleo y más calidad de vida si su destino fuera decidido libremente por los ciudadanos en vez de por los políticos y los lobbies que a su socaire medran.

Rubalcaba y el chupacabras

José García Domínguez en Libertad Digital

Todos pensaban –y continúan pensando– lo mismo, pero solo Churchill se atrevió a decirlo en voz alta. Tras aguantar cinco minutos escuchando perorar de política al ciudadano medio, se requiere una fortaleza de espíritu en verdad sobrehumana para seguir creyendo en el sufragio universal. De ahí la gran virtud, acaso la única, de los partidos españoles, igual los grandes que los pequeños, a saber, ninguno se rige por principios democráticos. Como por cierto acontece en el resto del mundo, sin excepción conocida. Y que no me vengan con el cuento de Estados Unidos. Lo de allí son consorcios de mercadotecnia electoral, no partidos; carcasas vacías que moran en el limbo y se activan durante unos meses cada cuatro años, justo el tiempo preciso que requiere organizar la logística de las campañas; ni un minuto más.

Ocurre que el poder se quiere oligárquico por definición. Y admitirlo sin escándalo mayor constituye rasgo inequívoco de que al fin se ha entrado en la vida adulta. Por lo demás, ese sucedáneo chusco del mito del buen salvaje, la leyenda del militante de base como depositario de no se sabe qué prístinas virtudes civiles, es fantasía que ni los niños de Sol pueden creerse. Aunque solo fuese porque al célebre militante de base le pasa lo mismo que al Chupacabras y a la nación catalana: ni existe, ni ha existido nunca. Al cabo, nuestros partidos domésticos encarnan poco más que redes de lealtades clientelares engarzadas a través de pactos entre clanes y fratrías. Nada demasiado distinto a lo que ocurría en tiempos de la Restauración.

Las elites se cooptan mientras que los peones de brega de las bases parasitan los escalones inferiores de las administraciones bajo su usufructo. Y quien pretenda ir por libre, más pronto que tarde, deberá vérselas ante esa reedición posmoderna del Santo Oficio que responde por Comité de Disciplina. Así las cosas, mejor habría hecho Barroso releyendo Miau, de Galdós, antes de redactar el consternado de profundis que nos declamó Chacón al ser informada de que los Reyes son los padres. Rubalcaba ha matado una mosca a cañonazos. Pero la genuina caza mayor comienza ahora. En la cúspide nada más cabe uno. Y cuando despierte de su triunfo ya no querrá que el dinosaurio siga ahí.

Adiós, Carmeta, adiós

César Vidal en La Razón

Por estrambótico y extravagante que ahora pueda parecernos todo su itinerario político, Carme Chacón ha logrado simbolizar como muy pocos esa monstruosidad que ha sido el zapaterismo. Se ha dicho maliciosamente que Carme Chacón se ha apoyado – y Dios le conserve la dicha conyugal muchos años– en uno de esos personajes a los que un antiguo director de informativos de Franco trasmutado en felipista llamó «visitadores de la Moncloa». No creo que ese juicio sea justo. Carme Chacón ha medrado a la sombra de un personaje que ha aniquilado una de las economías más prósperas del mundo y que insiste en tener un puesto de honor en la Historia porque metió a codazos en el código civil el matrimonio de homosexuales. Bajo ZP, se ha podido ocultar impunemente la incompetencia más rampante tras el disparate de que se considerara que ser mujer o catalana era un plus para asumir las riendas del poder. Que los ciudadanos exigieran que además supiera algo de su negociado siempre podía ser rechazado como objeciones basadas en el machismo o en el centralismo. Rodeada de políticos de la talla de Blanco, Leire Pajín, Salgado o el mismísimo ZP no resulta extraño que ambicionara llegar a presidenta del Gobierno. Ahora ha sido arrojada al vacío aunque continúe siendo la titular de un ministerio donde no se puede decir que estén entusiasmados con su gestión. Sé que algunos piensan que se trata de un «todavía no», pero en un PSOE empeñado en purgar por su propio bien hasta el último residuo del zapaterismo, lo más seguro es que se trate de un «final definitivo». Carme es sólo una baja colateral de esa guerra que, a diferencia de la de Afganistán, ha reconocido que existe. Adiós, Carmeta, adiós.

Viñeta de Montoro en La Razón

El legado del zapaterismo

José María Marco en La Razón

Hay un lazo orgánico, casi íntimo entre la cochambre de Sol y el zapaterismo: es su legado a la vida española. Al ver a los okupas indignados de más allá de los Pirineos, en Francia aluden a nuestra inclinación irremediable al aduar y al zoco. Los ingleses y los norteamericanos prefieren remontarse a la España romántica que ellos mismos inventaron, como si en la Puerta del Sol soplara el vendaval anarquista propio del alma hispánica. Se ve que no han visto a nuestros okupas jugando a las casitas. Una revista inglesa los ha comparado con los «piqueteros» argentinos, un movimiento de protesta de jóvenes marginados teledirigido por el peronismo. Una parte de la derecha ideológica y periodística española se dejó llevar por la fascinación ante una posible alternativa a la «partitocracia», a la «casta política», a la «falsa democracia». Durante unos días, volvieron las manías regeneracionistas y antipolíticas que estuvieron detrás del experimento de Primo de Rivera y del régimen de Franco. Las chabolas de Sol y de la plaza de Cataluña han acabado pronto con ellas. No parece que estos neorregeneracionistas vean con buenos ojos a sus vástagos metidos en esta clase de actividades extraescolares. El movimiento ha sido marginal, con dos centros probables de reclutamiento. Uno estará situado en ciertas facultades de las Universidades públicas (Políticas, Ciencias de la Información, etc.). Allí se viene ensayando desde hace años la escenografía, los eslóganes y las actitudes que hemos visto en las plazas españolas en las dos últimas semanas. Otra parte procede de sectores marginalizados, okupas, gente que vive con un pie, o algo más, fuera de la sociedad. Es la versión actual del antiguo «lumpen».

El paro masivo entre los jóvenes, la percepción de que las perspectivas de mejora están cerradas y la inminencia de unas elecciones decisivas hicieron cuajar el movimiento, que el ministro del Interior del gobierno socialista no se resistió a proteger y explorar. Así dejó que los participantes se instalaran en lugares importantes cuando era posible solventar el asunto sin mayores problemas. Probablemente se quiso, más que organizar un nuevo 13 M, movilizar contra el PP un voto de izquierdas hasta ahí abstencionista. Era difícil, porque por mucho que los socialistas hayan dominado el agitprop y las redes sociales, no se pueden hurtar a sus responsabilidades desde 2008. El PP evitó el enfrentamiento y dejó claro que aquello iba más con el Gobierno que con ellos mismos. Además, quienes han participado en este movimiento no son militantes y carecen de un discurso y unas actitudes que permitan articular una fuerza de pegada. Saben resistir a la Policía, pero no han sido capaces de tomar la iniciativa en la vida política. En España hay algo de lumpen, pero no una base social para un movimiento como el de los «piqueteros». Aun así, la tolerancia ha sido significativa. Hay un lazo orgánico, casi íntimo entre la cochambre de Sol y el zapaterismo: es su legado a la vida española. Además, es probable que el ahora candidato a la Presidencia del Gobierno haya querido ensayar lo que se nos viene encima los próximos meses, con unas elecciones aún más importantes.

Jóvenes

Alfredo Abián en La Vanguardia

El movimiento del 15 de mayo, que pretende conquistar una pretendida democracia real, acaba de cumplir dos semanas. Los jóvenes acampados en la plaza Catalunya y en la Puerta del Sol siguen debatiendo qué quieren, mientras sus mayores elevan a la categoría de decálogo sus utópicos planteamientos: empleo digno, vivienda barata, educación completamente gratuita, democracia asamblearia... Y, cómo no, un rígido control del capitalismo financiero. Es como la carta a los Reyes Magos que nos leyó el jueves Carme Chacón cuando dijo: "Quería encabezar un proyecto que reafirmara la autonomía de la política frente a los grandes poderes económicos y que distribuyera los sacrificios de la crisis con la máxima equidad". Juventud, divino tesoro. Unos creen que es un largo paréntesis biológico que discurre entre la niñez y la madurez; otros, que es un estado de ánimo del que pueden contagiarse hasta los sexagenarios, y un tercer grupo de viejos irónicos considera a la juventud una enfermedad que se cura con el tiempo. Pero lo cierto es que todos los movimientos ideológicos han intentado lavar su cerebro. De izquierda a derecha, pasando por sus respectivos extremos. Siempre ha habido también jóvenes que parecen esos planetas errantes que acaban de descubrir, deambulando por el espacio sideral sin someterse a la gravedad de ningún sol. No sabemos si los indignados, que son una minúscula parte del segmento de edad al que representan, forman parte de esa materia cósmica. Pero a buen seguro que la mayoría de ellos se siente expulsada de un sistema, alimentado por sus propios padres, que les prometía dinero, canapés, alcohol y música a todo trapo. Y ahora, cuando han llegado a la edad de empezar a disfrutar de la juerga, se encuentran con que la sala de fiestas ha cerrado.

domingo, 29 de mayo de 2011

Comercios

Alfonso Ussía en La Razón

La Puerta del Sol presenta un espectáculo lamentable, una visión ruinosa y chabolista. Hora es de hacer cumplir la ley y devolver a todos los madrileños, visitantes y turistas sus derechos de libre circulación. Y hora es, sobre todo, de hacer cumplir la ley para que los últimos indignados de la Puerta del Sol y sus aledaños, los comerciantes, puedan ganarse la vida honestamente, como siempre han hecho, sin sufrir el quebranto y la suciedad de sus negocios.

(..)

Rubalcaba tiene que ordenar que la Puerta del Sol vuelva a ser lo que ha sido siempre, no un campamento insalubre de desocupados. Los de verdad ya no están. O la Policía, o el enviado del Ministerio del Interior para repartir los sobres prometidos. Pero ya.

El puchero

Ángela Vallvey en La Razón

Dicen que el marido de Carme Chacón, asesor de ZP, ha mandado muchísimo. Sin embargo, en el PSOE –ahora ya no se trata de ZP ni España, sino del PSOE–, en cuanto se enfrentan a cuestiones trascendentes se les pasan los ataques de feminismo fotográfico en un pispás y dejan las cosas del comer en manos de los machotes. No es justo para doña Carme. Seguro que se mosquea cuando oye decir en el PSOE: «Queremos un candidato, no una empresa productora de publicidad». Ése ha sido, justamente, el gran error de ZP: dejarse aconsejar mal y gobernar España con técnicas publicitarias vacías, sin sentido común.

La ministra, empero, no quiso estar en la «otra» foto: la de la derrota electoral, para que no le «salpicara»… Precisamente cuando en España estamos ansiosos de líderes que desciendan hasta el barro miserable de las circunstancias, líderes que se remanguen y dejen de hacer pucheros de una condenada vez.

Romance del dedo

Antonio Burgos en ABC

¿Cómo se va a comparar, no hay que pensarlo siquiera, ese dedo que a Rajoy lo puso en la calle Génova con el dedo que en Ferraz a Rubalcaba lo hiciera el mejor de los nacidos, la solución clara y cierta para la crisis y el paro, el remedio de la deuda, evitando así, señores, que nos pase como a Grecia y que Europa, harta de coles, la economía intervenga? Es un dedo salvador, es un dedo a la europea. Los diecisiete barones aplauden con las orejas. Que a Carmen Chacón le den por do el pepino amarguea. Y que nos deje tranquilos, y a remontar las encuestas, lo mismito que el salmón va y remonta el río Sella. La salvación del partido en ese dedo se encuentra. Con un solo candidato las primarias son más buenas. ¡Que viva la democracia, tanto interna como externa! ¡Viva el candidato único, que el que vota siempre acierta y apuesta por ganador sin perder su mangoleta!

La cabeza de caballo

Luis del Pino en Libertad Digital

¿A qué se debe el cambio de criterio de una Chacón que estaba dispuesta a presentarse? ¿En qué han consistido, exactamente, las presiones que han forzado a Zapatero y Chacón a aceptar unas primarias fraudulentas, en las que el único contendiente será el candidato oficial del núcleo felipista del partido?

¿Qué te ha hecho o dicho Rubalcaba para que tuvieras que anunciar entre lágrimas tu decisión de no concurrir, Chacón?

¿Acaso te has encontrado, al abrir algún baúl, la cabeza ensangrentada de tu caballo favorito?

Venga, Alfredo, cuéntanos: ¿qué oferta les has hecho a Chacón y a Zapatero que éstos no han tenido más remedio que aceptar?

sábado, 28 de mayo de 2011

La quiebra del Estado de derecho

Pío Moa en Libertad Digital

Cuando la quema de conventos, bibliotecas y centros de enseñanza por las izquierdas a poco de empezar la república, Azaña impidió que el Gobierno cumpliese e hiciese cumplir la ley. Y, orgulloso, a las cuatro de la noche, "Llevé a Maura al balcón, le mostré la Puerta del Sol, y le dije: ‘¿Ve usted? Nadie. ¿Cuál sería ahora nuestra situación y la de la República si hubiese ahí tendidos unos cuantos muertos?’".

La anécdota refleja muy bien la frivolidad y necedad del Azaña político: se había convertido en cómplice de una masiva vulneración de la ley en lugar de defenderla, so pretexto de que podría haber algún o algunos muertos. No tenía por qué haberlos, desde luego, pero ese es un riesgo que un gobernante debe asumir, por su propio compromiso, o dimitir. Otro problema era que toda la demagogia de los republicanos incitaba a tales cosas, de las que luego querían hacerse los desentendidos. Las consecuencias fueron que la república se inauguró con una grave quiebra del Estado de derecho, la cual dividió moral y políticamente al país; y que, establecido el precedente de la impunidad, la república ya solo subsistió a trancas y barrancas con leyes tan brutales como la de Defensa de la República, censura y estado de excepción casi permanentes. La guerra civil vino, en última instancia, porque la base de la paz cívica, que es el respeto a la ley, fue pisoteada desde el principio y con creciente gravedad por las izquierdas.

El actual deterioro del Estado de derecho comenzó cuando Alfonso Guerra decretó el fin de la división de poderes y Felipe González intentó imponer una "ley anti difamación" para proteger la oleada de corrupción de su partido y utilizar el poder judicial a su favor. Un proceso de corrosión paralelo fue la "salida política" para los etarras –que convertía el asesinato en un modo premiable de hacer política–, combinada con el GAL. Aznar frenó, insuficientemente, el deterioro, pero con el funesto presidente actual ha llegado la quiebra: colaboración abierta con la ETA, corrupción de jueces y del Tribunal Constitucional, ley totalitaria de "memoria histórica", leyes perversas contra la familia y la vida humana, etc. Todo lo cual deriva lógicamente de las ideas de base de estos individuos que se consideran "rojos", de las viejas demagogias nunca del todo abandonadas, de su desprecio por España...

La situación puede resumirse en los últimos episodios: unos miles de descerebrados desafían la ley y el Gobierno se hace cómplice de ellos. ¿Y cómo podría ser de otro modo si el responsable del orden público es mucho más delincuente que los descerebrados, como colaborador y chivato de la ETA, portavoz del GAL y primer transgresor de la llamada jornada de reflexión? Repito lo de siempre: o la democracia acaba con estos delincuentes o estos delincuentes acaban con la democracia.

jueves, 26 de mayo de 2011

Un proyecto de ingeniería social

Ignacio Sánchez-Cámara en ABC

El anuncio de Rodríguez Zapatero de que no se presentará a la reelección como candidato de su partido a la presidencia del Gobierno y su desastre electoral no despejan las dudas sobre la continuidad de su proyecto político, al menos hasta la convocatoria de elecciones generales. Ahora de lo que se trata es de si el PSOE persiste o no en él.

Varias han sido y son las interpretaciones sobre la empresa política y la índole intelectual y moral, valga la exageración, de Zapatero. Entre ellas, el «buenismo», el «pensamiento Alicia», la improvisación permanente, la ausencia de proyecto, la ingenuidad utópica. Algunas aciertan, pero solo en parte. En realidad, sea obra suya o no, y más bien cabe conjeturar lo segundo, existe un proyecto político muy bien definido y, en gran parte, consumado. Sus consecuencias quizá solo en parte serán reversibles.

La naturaleza del proyecto consiste en la transformación moral radical de la sociedad. No se trata de un ingenuo u oportunista improvisador. Está orientado por el relativismo ético, pero acaso se trate de algo aún peor. El relativismo es quizá el medio, pero no el fin. Este fin es más la inversión de la jerarquía natural de los valores que su mera disolución. Al cabo, se trata, en muchos casos, de que lo inferior ocupe el lugar de lo superior, y lo malo el de lo bueno. Si estoy en lo cierto, se trata de un proyecto de ingeniería social, es decir, de conformación de la sociedad a la medida de los valores (o contravalores) del Gobierno. Ignoro si todo su partido lo respalda, aunque lo dudo, pero lo cierto es que los discrepantes son o escasos o silentes.

Los ejemplos son notorios. La crisis económica, solo en este sentido providencial, no ha hecho sino aminorar la intensidad del desmán. La nómina es conocida, aunque demasiadas veces se mire hacia otro lado, como si no se quisiera ver la realidad. La nueva legislación del aborto ha transformado un delito en un derecho de la mujer, solo limitado por un plazo arbitrario. La nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía, que muy probablemente contraviene el derecho de los padres a elegir la educación religiosa y moral de sus hijos, entraña una usurpación del Gobierno, cuya misión es garantizar el ejercicio del derecho a la educación, pero no determinar su contenido antropológico y moral. La regulación de la experimentación con embriones y la reproducción asistida asesta un golpe decisivo a la dignidad de la vida. Algo más renuente se encuentra, aparentemente, el Ejecutivo sobre la legalización de la eutanasia. Ha elegido, de momento, una vía vergonzante: la regulación de los cuidados paliativos y la «concesión» de un nuevo derecho: el derecho a la muerte digna. Como si hasta ahora el encarnizamiento terapéutico fuera una exigencia legal y la práctica médica no se preocupara de la administración de los cuidados paliativos; como si la legislación actual nos condenara al deber de una muerte indigna. La consideración como matrimonio de las uniones legales entre personas del mismo sexo ha destruido la concepción tradicional del matrimonio y la familia. La legislación sobre la «memoria histórica» entraña una ruptura de la concordia nacional y un agravio al derecho a la libertad de investigación y de expresión. Y ya está preparado el proyecto de ley de no discriminación e igualdad de trato, de naturaleza totalitaria.

Estos son los elementos principales de este proyecto de ingeniería social, que persigue la modelación de la sociedad y sus costumbres a los dictados del poder político. Un poder que, por cierto, nunca ha obtenido la mayoría absoluta, que sí lograron González y Aznar. Sus raíces ideológicas quizá se encuentren, si es que se encuentran en algún lugar, en el nihilismo derivado del posestructuralismo francés. Y su objetivo es el combate contra el cristianismo y el liberalismo (y no cabe olvidar a este último). Todo proyecto de ingeniería social es enemigo de la libertad. Este lo es también del cristianismo, y, más concretamente del catolicismo. Se trata de derruir los fundamentos católicos de la sociedad española, por más que se invoque solo la aconfesionalidad del Estado y la libertad religiosa.

Y, de manera solo aparentemente paradójica, se ataca a la libertad mientras se reconocen «nuevos derechos». Por lo demás, los derechos no son creaciones ni concesiones del Gobierno, como si se tratara de un nuevo señor feudal democrático que dispensa derechos a sus vasallos agradecidos. Los derechos solo se reconocen y garantizan, pero no se crean. Además, esta apoteosis de los derechos los convierte en enemigos de la libertad. Y no es extraño. Kant afirmó que tener un derecho es tener la capacidad de obligar a los demás. Todo derecho entraña deberes y obligaciones para uno mismo y para los demás. Desde el aborto al aire limpio. Si abortar, contra todo derecho y razón, se convierte en un derecho, generará obligaciones para el personal de la Sanidad y, en general, para toda la sociedad. Si uno tiene derecho a no aspirar humo de tabaco ajeno, se limitará necesariamente el derecho a fumar en espacios públicos. Y así podríamos continuar con otras limitaciones a la libertad, unas justificadas y muchas no, en el nombre de los derechos Los deberes se cobran así su venganza, y el dispensador de derechos se convierte en generador de cargas y obligaciones.

Quizá no exista un síntoma más rotundo de que un gobierno se desliza por la pendiente que conduce al totalitarismo que su pretensión de erigirse en autoridad espiritual. Y esto se manifiesta en su designio de que las leyes por él aprobadas, no por cierto las aprobadas por la oposición cuando estaba en el poder, constituyen la única y verdadera moral exigible a todos. Todo gobernante autoritario pretende que su Derecho se convierta en moral. No quiere rivales. El poder temporal pretende suplantar hoy al poder espiritual. Y esto solo es posible cuando el poder espiritual está vacante.

Ortega y Gasset afirmó en La rebelión de las masas que Europa se había quedado sin moral. Parece que seguimos así, pues, si la hubiera, no podría fabricarla a su antojo el Gobierno. Al final del segundo volumen de La democracia en América, afirmó Tocqueville que las naciones democráticas de sus (nuestros) días no podían evitar la igualdad de condiciones en su seno, pero que de ellas dependía que la igualdad condujera a la libertad, la civilización y la prosperidad, o al despotismo, la barbarie y la miseria. De nosotros, me refiero a los españoles, depende, pero mucho me temo que hayamos emprendido el camino equivocado. Pero el futuro no está determinado, y podemos cambiar el rumbo. Mas conviene advertir que no se trata solo de un cambio de Gobierno, con ser este necesario y urgente, sino de algo mucho más profundo y difícil: la restauración de la moral. Por eso, el único modo de combatir el proyecto de ingeniería social consiste en emprender otro proyecto alternativo de regeneración intelectual y moral. La política, imprescindible, vendrá después y de suyo. Están en juego la libertad, la civilización y la prosperidad.

La hora del fascismo

Ignacio Ruiz Quintano en ABC

Con la grande polvareda pepera perdimos a don Beltrane, que era Bildu, con su alegría de chorro de piedras etarra. Después de todo, también ellos son izquierda.

Si en mis días de Facultad no me perdí nada, las cosas, hoy, serían como sigue: sólo la izquierda es democracia; todo lo que no sea izquierda es fascismo; luego España es fascista.

¿Y la ley?

—La ley es la organización de la violencia destinada a dominar a una cierta clase.

Eso decía el delegado de curso en la Facultad y eso ha animado a Rubalcaba a echarle morro a lo de la Puerta del Sol. Pobre Rubalcaba, que iba para Cromwell de Solares y se ha quedado en Jaruzelski de Ferraz (¡ni siquiera en Lotso, el oso de «Toy Story»!), con las llamas entrando por el portalillo del partido y los perros flautas jugando a estibadores de Solidaridad.

Ya hay un regeneracionista muy cursi que dice que esto ya se lo olió él al ver cómo corría el jamón. Él, claro, se comió el jamón, y ahora la Revolución de Sol parece imparable: el día de San Fernando la Revolución se propone volar el capitalismo enviando a sus hijos a extraer de los cajeros 155 euros.

Lo dijo Revel hace veinticinco años: arruinada su doctrina por los acontecimientos, la izquierda protege su identidad cultural llamando fascista a aquél que no sea asimilable a su «sensibilidad». Sin el espantapájaros del fascismo, no hay comodidad intelectual.

—Usted a mí no me representa —le dice un «indignado» al nuevo alcalde de Sevilla.

¡Ah, la democracia parlamentaria «podrida»! Eso ya lo denunciaban los camisas negras y los camisas pardas. Pero así van a estar hasta que San Juan baje el dedo, que es decir hasta las generales, fecha de entrada, según las encuestas, del fascismo en La Moncloa. De compañeros y tontos útiles (Umbral, que hizo de las dos cosas, tiene explicada con buena sorna la diferencia) hacen los charlatanes de la Red, tan ayunos de lecturas como los charlatanes de Universidad, cuyas exudaciones intelectuales están impresas en los cartones de la Puerta del Sol. Ahí quería yo ver a Revel, que ya en el 70, subyugado por «el burlesco cretinismo de los apotegmas del déspota pequinés», se atrevió al análisis del «Pequeño Libro Rojo» de Mao.

—Contemplemos —escribe en «El conocimiento inútil»— la cuádruple función de la ideología: es un instrumento de poder; es un mecanismo de defensa contra la información; es un pretexto para sustraerse a la moral; y es un medio para eliminar o aplazar indefinidamente los criterios de éxito o de fracaso.

El Adolescente de La Moncloa nos ha petado la calle de hijillos ideológicos. Y se acabó el jamón. Ullán, al que tanto echamos de menos, rescató del cubano Emilio Bobadilla una ocurrencia que resume al zapaterismo: «Una rumba bailada alrededor de un jamón».

Censura

José García Domínguez en Libertad Digital

¿Cómo obrar ante un autista recluido en La Moncloa, alguien inhabilitado a fin de establecer transacción ninguna con la realidad? Rajoy, fiel a sí mismo, ha respondido raudo que mejor será no hacer nada, la gran especialidad de la casa como es fama. "Frivolidades las justas", le espetó a un plumilla solo oír la expresión moción de censura saliendo de su boca. Pues ese hombre que se presume de Estado, el dirigente responsable siempre presto a subordinar el interés personal o partidista al de la Nación, tiene por muy "frívola" bagatela exponer un programa de regeneración ante las Cortes Generales. Nerón tocaba la lira –dicen– mientras ardía Roma, don Mariano, más prosaico, prefiere leer el Marca al tiempo que se desmoronan las últimas balaustradas del PIB y aves carroñeras de medio mundo revolotean en torno a la deuda soberana (todavía) del Reino de España.

Senequismo, el del gallego, que hace pertinente la pregunta de si tendremos uno o dos. Autistas, quiero decir. Más que nada porque el país requiere, y con urgencia, un líder, no un administrador de fincas. Que tiempo habrá para los apis cuando escampe. Espectáculo en verdad crepuscular el de esta corte de los milagros donde el Parlamento pugna por emular a La Noria y, peregrinas o no, las únicas ideas políticas en curso moran acampadas en el asfalto, entre huertos de improbables tomates y airados lamentos del sufrido gremio del comercio. Súmese un Ejecutivo abocado a la parálisis numantina. Y añádase una leal oposición atenazada a su vez por el miedo escénico del aspirante.

Así las cosas, la responsabilidad histórica por casi un año entero de inacción, otros diez meses esperando a Godot, no solo ha de corresponder al cadáver insepulto. Ya decía Juan de Mairena que es mucho más fácil estar au dessus de la mêlée que a la altura de las circunstancias. Por eso, si Rajoy quiere demostrar que no es otro pequeño político al uso, un oportunista más guiado por el afán mezquino del corto plazo, debe interponer la moción. Supeditada a la inmediata disolución de las cámaras, huelga decir. Aunque la pierda. Como la perdió González antes de conquistar una mayoría no absoluta, sideral. Doscientos dos diputados. De él depende. Y el tiempo apremia.

Queeg en La Moncloa

César Vidal en La Razón

Seguramente, muchos de los que lean estas líneas recordarán aquella novela de Wouk que se titulaba «El motín del Caine» y que fue llevada al cine por un elenco extraordinario de actores entre los que se encontraba el mismísimo Humphrey Bogart. La acción era sencilla. El Caine era un dragaminas destinado en el frente del Pacífico y situado bajo las órdenes de un capitán llamado Queeg. Hasta ahí la acción no pasaba de lo trivial. El gran problema, sin embargo, era que Queeg era un peligroso psicópata y, al fin y a la postre, los oficiales a sus órdenes lo deponían para salvaguardar la seguridad del navío y de los tripulantes. Semejante acto, inusual, pero contemplado en las ordenanzas militares, derivaba en un juicio de guerra en el que todo parece desarrollarse en contra de los amotinados hasta que Queeg, interrogado como testigo, saca del bolsillo unas bolitas de metal y comienza a jugar compulsivamente con ellas. Aquel gesto, en apariencia sin relevancia, deja de manifiesto que Queeg es, en verdad, un loco especialmente peligroso para la gente situada a sus órdenes. Quizá durante años Queeg hubiera dado la apariencia de cumplir con sus funciones con mayor o menor fortuna, pero, al final, quedaba de manifiesto que no pasaba de ser un desequilibrado al que había que privar del mando y que lo único que cabía lamentar era que ese paso no se hubiera producido antes. Las elecciones del 22-M dejaron de manifiesto que ZP es un capitán Queeg que llegó a La Moncloa hace siete años gracias al atentado terrorista más espantoso de la Historia de España. Su sobrecogedora enfermedad quedó de manifiesto cuando, esa noche, en lugar de anunciar su dimisión y la convocatoria de elecciones generales, se colocó delante de los micrófonos y, más alterado que Humphrey Bogart en la citada película, comenzó a jugar compulsivamente con sus bolitas preferidas. Nos dijo, a punto de romper a llorar, que la culpa de la crisis económica más espantosa que ha conocido España en siglos y de los cinco millones de parados no es suya. Al parecer, se trata de una desgracia semejante a los temporales a los que culpó Felipe II por el desastre de la Invencible. Tampoco ha hecho nada malo él, que ha abierto las heridas cerradas hace décadas, que ha descoyuntado el orden constitucional con el estatuto de Cataluña, que ha realizado concesión tras concesión a la banda terrorista ETA, que ha encabezado una sectaria cruzada laicista, que se ha convertido en representante máximo de la cultura de la muerte y que, como logro máximo, puede esgrimir que los homosexuales contraigan matrimonio. Cualquiera que lo viera el domingo por la noche –pensara lo que pensara en los años anteriores– se dio cuenta de que ZP es una desgracia inconmensurable para el barco en el que manda y, para remate, para España, que no puede soportar casi un año más de su aciaga gestión. Ahora la única solución es que los oficiales de ese PSOE que conserva, gracias a ZP, los ayuntamientos de Cuenca y Zaragoza; la CC AA de Extremadura y la Diputación de Ciudad Real se quiten de encima al trastornado y a los que lo han servido como guardia de corps. Que lo hagan cuanto antes porque ni ellos, ni España pueden permitirse esperar un solo minuto más.

miércoles, 25 de mayo de 2011

El PSOE necesita algo más que un cambio de líder

Editorial de Libertad Digital

El PSOE necesita algo mucho más prioritario e importante que un cambio de líder, como también lo necesita España. El PSOE debe abandonar el radicalismo ideológico y la deriva nacionalista de la era Zapatero. Debe volver a ser un partido auténticamente nacional, con sentido del Estado y para el que la nación no sea un "concepto discutido y discutible"; un partido que abandone su sectarismo y su guerracivilismo para ser capaz de llegar a acuerdos con el otro gran partido nacional para hacer frente a la crisis económica y al nuevo envite nacionalista que se nos viene encima en el País Vasco.

Moción en las urnas

GEES en Libertad Digital

Los españoles plantearon al Gobierno de Zapatero una auténtica moción de censura en las urnas el pasado domingo. Y muy dura: el PSOE no sólo pierde, sino que pierde buena parte del poder autonómico y local que había atesorado desde la Transición democrática. El resultado es tan catastrófico para los socialistas que ha puesto en riesgo no solo la estabilidad del Gobierno, sino la propia supervivencia del partido que lo sustenta como fuerza política de ámbito nacional. En nuestra opinión, el fracaso de Zapatero puede tener la única y gran virtud de vacunar a España de socialismo por unas cuantas décadas.

Las elecciones han puesto en evidencia además la nula representatividad de las movilizaciones protagonizadas por extremistas de izquierda en la jornada electoral. Y eso que lo han hecho ante la indolencia de un Rubalcaba que se ha negado a cumplir los mandatos de la Junta Electoral de disolver las ilegales concentraciones. La participación, superior a la de comicios pasados, ha desautorizado por completo un movimiento que pretendía en última instancia deslegitimar la alternancia democrática. La voluntad de los ciudadanos se ha expresado con claridad y contundencia en las urnas para castigar a un Gobierno que ha hecho un daño inmenso a nuestra Nación y que ha dañado gravemente a familias y empresas españolas. El mensaje en las urnas es claro y rotundo: un voto de confianza a una alternativa que gobernará a partir de ahora la mayoría de las comunidades autónomas y las principales ciudades de nuestro país.

La página más amarga de estas elecciones es la vuelta de ETA a las instituciones democráticas del País Vasco y Navarra, sin que la banda terrorista haya anunciado su disolución ni sus cómplices políticos hayan mostrado arrepentimiento ni condenado un solo asesinato. Los representantes políticos de los terroristas se han convertido por la voluntad del Gobierno Zapatero en la segunda fuerza política en el País Vasco, pueden gobernar en más de un centenar de ayuntamientos y manejar millones de euros de dinero público al servicio de sus fines totalitarios y criminales. La presencia de ETA en los ayuntamientos vascos y navarros supone un retroceso de décadas en la lucha contra el terrorismo y pone en riesgo la propia victoria de la democracia española sobre el terror. Es una traición a las víctimas del terrorismo que nos resulta inaceptable.

El Partido Popular ha obtenido en estas elecciones una victoria muy importante. No solo en términos de poder territorial, sino también en la consolidación de su alternativa al desastre de Zapatero. Tiene ahora el difícil reto de no defraudar la confianza y la ilusión depositada por millones de españoles en unos momentos particularmente difíciles. En nuestra opinión, en este último tramo de legislatura Rajoy tiene la obligación de intensificar su labor de oposición para lograr la convocatoria de unas elecciones generales que son una necesidad cada vez más urgente, empezando por la imagen exterior del país. Por otro lado, en la campaña de las elecciones generales el candidato del PP a la presidencia del Gobierno deberá ampliar el catálogo de asuntos a tratar, dar mayor contenido a su discurso y generar ilusión de verdad. En la situación de emergencia que atraviesa España, Rajoy no puede sentarse a esperar que los socialistas se destruyan a sí mismos, porque en esa lucha partidista ambos pueden sumir al conjunto de España en un caos absoluto. Frente a esta tentación, nosotros tenemos claro que es la ocasión de hacer retroceder veinte años al Partido Socialista que ha hecho retroceder a España cuarenta.

Repugnante

Regina Otaola en Libertad Digital

Lo primero que debo decir es que siento una gran repugnancia por los resultados que ha obtenido Bildu. Porque estos resultados no han llovido del cielo –mejor dicho, del infierno–, sino que se deben a la acción de personas de carne y hueso que han depositado su voto conscientes de lo que hacían. En otras palabras, sabemos fehacientemente que una parte considerable de esta sociedad considera que es bueno premiar al que ha apoyado el tiro en la nuca, el coche bomba, la extorsión y el chantaje. Y que no digan lo contrario: Permach celebró el triunfo de y con Bildu al grito de "independencia" y "presos a casa". Son los mismos con distinto nombre. Y una gran parte de esta sociedad los apoya.

(...)

El futuro es incierto y nada esperanzador para quien no sea nacionalista. ETA ni se ha rendido, ni ha entregado las armas. Por perdonarnos la vida un ratito está recibiendo una gran cantidad de regalos envueltos en papel negociador. Los presos a la calle, Bildu a las instituciones y los ciudadanos ofrecidos como víctimas propiciatorias en pos de una claudicación disfrazada de paz; pero, eso sí, todos de la mano al son de la txalaparta.

Los que no estemos de acuerdo con ese futuro deberemos trabajar para que dure lo menos posible. Para ello es necesario un Gobierno central con una idea clara: al terrorismo no se le convence, se le vence. El PP tiene que ser ese Gobierno. Economía, sí; derrotar a ETA, también.

Son los de la porra

José Antonio Martínez-Abarca en Libertad Digital

Los "indignados" se han quitado por fin su careta, que tiene inequívoca vocación de pasamontañas. César Vidal no se equivocaba: en efecto, desde el principio eran la "banda de la porra" de la izquierda. Pero hasta las elecciones del domingo, queriendo sacar su rédito electoral, los "indignados" habían estado jugando, bien que con dificultades, a la convención burguesa del monólogo, ya que no diálogo, en vez de jugar a lo que les tira el cuerpo: el ejercicio de la violencia explícita. Naturalmente, todo en la primavera de los pardillos del #spanishrevolution ha sido, en todo momento, violento. Violencia ya era ocupar el espacio público, como violencia eran sus apropiaciones indebidas de la "soberanía nacional" (que decían representar ellos y sólo ellos) y de la "opinión pública", como si los que han votado a algún partido no tuviesen opinión o ésta debiese circunscribirse a lo privado, como la fe en tiempos de persecución. Pero ahora han pasado a mayores.

En mi pueblo, tras saberse los resultados electorales que condenan al PSOE a un cuasiextraparlamentarismo, los supuestos "transversales y pacíficos" del 15-M ya no han tenido por qué simular moderación. Como Superman, se han metido corriendo en sus sacos de dormir, arrancándose la gafapasta y el traje de faena del regeneracionismo (a más de abandonar la flauta y meter el perro en la perrera municipal) y saliendo de él con la inmarcesible camiseta negra del "Nunca Mais", dispuestos –y ya no en nombre de los berberechos con chapapote, como entonces– a que cualquier cosa que huela a democracia liberal no prevalezca en el planeta. La misma noche triunfal del PP volaron desde sus "vivacs" al hotel donde este partido celebraba los resultados para obligar a la Policía Nacional a mantener la ficción del "pacifismo". Dos días después, han tomado la sede de la televisión autonómica, 7RM, donde se emiten opiniones tan poco favorecedoras como las mías. No hace falta añadir que por supuesto lo perpetraron violentamente, porque, entre empellones, obligar a escuchar un manifiesto no solicitado a favor pero en realidad en contra de la libertad periodística ya es pura ultraviolencia. Ya que las urnas los ignoran, los bienaventurados pacíficos del 15-M (15 minutos de democracia y ni un minuto más) van a por el clásico de "Bildu": cuanto peor, mejor.

Dos de los tres promotores del 15-M reniegan de los decálogos totalitarios excretados en las acampadas, pero eso sólo indica que en realidad estas células nunca les han pertenecido. La propiedad de estos movimientos "espontáneos" corresponde a los de siempre. O sea, a los que meses antes de las elecciones autonómicas en mi pueblo persiguieron de forma oficiosa o "casual" (es decir, también oficiosa) a los cargos públicos del PP, agrediéndolos en varias ocasiones, y a la media hora de resolverse las elecciones vuelven a lo que saben hacer. Preparar el camino en Europa para una romántica dictadura bananera o, en su defecto, hacer que los votantes de Rajoy se lo piensen antes de salir de casa.


Oh, Sole mio!

Ángela Vallvey en La Razón

Ayer iba caminando por los aledaños de la Plaza del Sol, en Madrid, en dirección a «mi» casa, por «mi» barrio, el lugar donde vivo y pago impuestos. Iba distraída entre el móvil y mis demonios personales, que, es fama, son muchos y bastante pelmazos. Pronto me di cuenta de que alguien me increpaba. En principio, mi impulso inicial es pensar bien. Estuve a punto de dirigirle una amable sonrisa al tipo que me gritaba cuando observé que, sin lugar a dudas, trataba de intimidarme: «¡Tú, ‘‘fxtkw!’’, por aquí ni pases, ¡esto es territorio comanche!», me vociferaba el individuo, muy indignado. «Ah, es un indignado», cavilé (puede que sea lenta, pero al final pesco las indirectas de acoso y/o agresión, sobre todo si van directas a mi cuello). Le contesté «¡capullo!», y seguí andando. Ser libre –y salir por la tele– me ha «obsequiado» en los últimos siete años grandes momentos de violencia por parte de desconocidos que no soportan que diga lo que pienso y se consideran con derecho a ofenderme o maltratarme verbalmente. He pagado un alto precio por querer ser libre, y a estas alturas, ya no reparo en gastos. También he aprendido –con enorme dificultad– que debo defenderme, que no defenderme es un error gravísimo que engendra más violencia en mis agresores y en mí misma.