jueves, 9 de junio de 2011

La no-reforma sindical

Juan Ramón Rallo en Libertad Digital

Señala esa vulgata marxista convertida en dogma de fe progresista que existe un conflicto de intereses irresoluble entre la opresora clase capitalista-gerencial y la muy oprimida población trabajadora. La salud de los primeros es la enfermedad de los segundos; los proletarios sólo pueden prosperar arrebatándoles la propiedad y los beneficios a las ratas explotadoras y éstas sólo pueden acumular capital apretándoles las tuercas a los obreros.

Esa fantasía épica, con sus orcos, elfos y unicornios incluidos, se ha erigido en piedra angular de nuestras relaciones laborales y, por tanto, de nuestro desastre económico actual. Lo mismo da que allí donde un mayor número de empresas ganen una cantidad más sobresaliente de dinero los salarios también sean mucho más elevados; el machacón pensamiento único es claro en su diagnóstico, coincidente con esas sesudas reflexiones de la Bruja Avería de "¡Viva el mal, viva el capital!".

Así, dado que los sindicatos deben defender a los trabajadores de sí mismos –de esa enorme osadía de rubricar acuerdos contractuales con los empresarios que ambos se atrevan a juzgar como beneficiosos en contra del más alto y relevante criterio de la plutocracia comisiono-ugetera– en España no hay quien contrate y, por consiguiente, no hay quien trabaje. Porque, quizá convenga repetirlo, si al empresario no le resulta rentable contratar, no se contratará y si no se contrata, no se trabaja.

Era este perverso sistema, ese que apuntala contra viento y marea, contra expansión y contracción crediticia, las condiciones laborales gestadas en medio de la mayor burbuja inmobiliaria que conocieron los siglos, el que había que desmontar. Y es que, aun dejando de lado el problemilla de que unos señores que no creen en la libertad de empresa pacten al milímetro las condiciones laborales de todas las empresas de este país; aun atribuyéndoles a nuestros sindicatos una sapiencia que jamás se han dignado a mostrarnos; aun así, ¿qué creen que significa eso de la ultraactividad de los convenios? Pues que si los sindicatos así lo desean –y lo desean–, lo pactado en 2003, 2005 ó 2007 tiene hoy, cuatro años de desmoronamiento económico después, la misma vigencia que cuando construíamos centenares de millares de viviendas al semestre.

Por eso había que derruir el sistema. Por eso, sí, y también para beneficiar a los empresarios; para no impedirles crear riqueza y contratar a parte de los cinco millones de parados en el proceso. Por eso, sí, y también beneficiar a los trabajadores, pues, por extraño que pueda parecerles a quienes viven de nuestros impuestos, no resulta del todo inverosímil que muchos de esos obreros quieran conservar su empleo o incluso volver a trabajar. Por eso, sí, y también para perjudicar a los sindicatos, que no otros son los únicos que medran en un sistema que los convierte en omnipotentes legisladores.

Mas el Gobierno ha optado, oh sorpresa, por no reformar lo que debería haber sido reducido a cenizas. El Partido Socialista Obrero Español ni ha escuchado a Bruselas, ni a los empresarios ni, tampoco, desengáñense, a los trabajadores. Por una simple cuestión: el socialismo nunca ha defendido a los obreros, se limitó a instrumentalizarlos –y masacrarlos– en beneficio de la casta gobernante. Después de destruir tres millones de empleos en tres años, José Luis, Alfredo y Valeriano han decidido que nada merece ser cambiado en nuestro mercado laboral. ¿Para qué? ¿Algún problema a la vista? ¿Algún sindicato en dificultades?

La guerra ha terminado

Cristina Losada en Libertad Digital

Volví a ver La guerre est finie no hace mucho tiempo, es decir, en algún momento de los últimos diez años. Me pareció, la película de Resnais, una obra maestra, aunque ahora no pondría la mano en el fuego. El tiempo no pasa en balde. Tampoco había pasado en balde el tiempo en España entre la guerra civil y los años sesenta, y ése era el perturbador descubrimiento del que daba cuenta el guionista, Jorge Semprún, tras haber vislumbrado la fisonomía española desde su condición de agente clandestino del PCE, enlace y correo entre la dirección de París y la militancia del interior. Los periplos de Yves Montand en esa película minimalista representan el viaje entre el universo congelado del exilio y un país transformado, ya distante y ajeno a aquella Guerra, en la que todavía habitaban, petrificados, los comunistas y otras gentes del destierro. Era el sobrio viaje a la realidad.

Semprún y su partido percibirían la inutilidad de unas estrategias ancladas en códigos del pasado, fútiles intentos de derrocar a la dictadura mediante huelgas generales de improbable seguimiento y enorme coste. La guerra había terminado, realmente. El engaño y el autoengaño se dieron de bruces con una sociedad que empezaba a cosechar los frutos del progreso económico, se compraba el pisito y el seiscientos, y pensaba en las vacaciones en Torremolinos. Nada de lo cual impediría que el viaje de Montand-Semprún fuera un trayecto que sucesivos aluviones de la izquierda estarían –estaríamos– condenados a repetir, fuese en forma de tragedia o de otro género de menor carga dramática. Entrados los setenta, una miríada de grupos aún creía exultante no en que fuera posible la vuelta a la II República, vieja reliquia para el museo, sino la mismísima Revolución.

Faltaba la farsa y aquí está, en nuestro presente. De nuevo se proclama que la guerra no ha terminado, como en un viaje de vuelta a aquel planeta inmóvil en el que vivían las gentes del exilio y medraban los capos estalinistas. Pretende revestirse de recuperación de la memoria, pero es mera falsificación. Hoy, incluso, la muerte de Semprún, Jorge, permitía agregar capas al mendaz envoltorio. Cierto que él mismo se entregó a la impostura, como denunciaron su hermano Carlos y otros conocedores de su papel en Buchenwald. Y es bien triste que quien supo afrontar la realidad política y reflejar la experiencia con brillantez no fuera nunca capaz de afrontar la realidad más suya.

Aquel Semprún

César Vidal en La Razón

Conocí a Jorge Semprún a inicios de 1995. Ambos fuimos invitados a un programa de libros de RTVE dedicado al Holocausto. A esas alturas, los nazis andaban destruyendo en las librerías mi libro «La revisión del Holocausto» y Alianza Editorial acababa de editar «El Holocausto», otra obra mía que era la primera Historia global de la Shoah escrita en lengua española. Semprún aportaba al programa no un libro sino una experiencia muy clara, la de haber sobrevivido a los campos nazis. Recuerdo que estuvo muy amable conmigo y que elogió calurosamente mi labor historiográfica. A la salida, charlamos un rato e intercambiamos direcciones. Volvimos a encontrarnos en distintas ocasiones, por regla general, en mesas redondas o conferencias sobre el sistema nacional-socialista. Aquí y allá, me habló de Carrillo –conseguía hacerlo con un distanciamiento prodigioso teniendo en cuenta lo que había narrado de él en su «Autobiografía de Federico Sánchez»– o me comentó que, en realidad, sus libros se vendían muy poco en Francia –cuatro, cinco mil ejemplares– algo que causaba una enorme sorpresa en los que lo escuchaban. A esas alturas había pasado sin pena ni gloria por uno de los gobiernos de Felipe González y había fracasado estrepitosamente como contertulio en el programa de Luis del Olmo –sólo aguantó una primera y silenciosa vez– seguramente porque él era más de argumentos sopesados y tranquilos que de choques estrepitosos y partidistas. Seguramente, también encajaba con una imagen que se había ido creando desde la época en que era un recluso de Buchenwald. Reuniendo materiales para mi «Recuerdo 1936», uno de sus compañeros de deportación, también del PCE, me contó cómo había leído la novela de Semprún sobre el tren de deportados y, a pesar de que lo acompañaba en el mismo vagón, no había reconocido absolutamente nada. También es cierto que el personaje nunca me dijo –a diferencia de Semprún, que lo reconoció por escrito– que los comunistas habían sobrevivido en los campos nazis simplemente porque se habían apoderado de la administración interior ante la actitud permisiva de las SS. Sin duda, quien me permitió conocerlo mejor fue su hermano, Carlos Semprún Maura. Perseguido por una izquierda que no podía tolerar que se hubiera convertido en liberal, Carlos me relató en una larga entrevista emitida desde los micrófonos de COPE cómo su hermano Jorge –al que consideraba un héroe al regresar de Buchenwald– había sobrevivido simplemente porque había sido un kapo, actividad, dicho sea de paso, que los comunistas estaban dispuestos a asumir para continuar vivos en el infierno creado por el nacional-socialismo alemán. Me he preguntado muchas veces si esa infernal experiencia no marcó a Jorge Semprún determinando su vida posterior. Lo impulsó, inicialmente, a seguir en el PCE escribiendo odas a Stalin y a la Pasionaria, pero, al fin y a la postre, el conocimiento de la condición humana le otorgó el suficiente espíritu crítico para enfrentarse con la dirección de Carrillo –el hombre al que los demócratas nunca agradeceremos bastante el haber liquidado el PCE–, para convertirse en atlantista frente a la URSS, para abandonar a Felipe González cuando la corrupción salpicaba en todas direcciones y para no sumarse a disparates como el zapaterismo. No fue poco, dado que todavía hay quien defiende el comunismo a pesar de los cien millones de muertos que causó en el siglo XX. Descanse en paz.

El diccionario histórico de Angelines

Ignacio Ruiz Quintano en ABC

En tiempos de Google, ¿cuántos hojean diccionarios?

—La erudición es una fuente donde abrevan las bestias, y a veces, los hombres —contestó Tierno a Fraga en una discusión parlamentaria sobre el preámbulo constitucional.

¿Diccionarios? Para los comunistas y la ministra Angelines, que querrá ser llamada así, una vez que Rubalcaba, su jefe, sólo aspira a que lo llamen Alfredo, alias, por cierto, de Togliatti, uno de los filántropos de Stalin en la mesacamilla de la guerra civil.

¿Autoritario o totalitario?

Esa controversia sobre Franco, su fantasma mitomotriz, es lo que entretiene a la izquierda de los cinco millones de parados.

—No tenemos una Real Academia, sino una Real Caverna contra la República —perora en el Congreso el doctor Llamazares, científico ducho en la agrobiología de Lyssenko e incapaz, ay, de comprender las licencias literarias del profesor Suárez sobre el franquismo como las del Nobel García Márquez sobre los «boat-people» vietnamitas.

¿Autoritario o totalitario?

Diremos que «totalitario» es cuando te dictan lo que has de hacer y además no te dejan entrar ni salir del país, salvo que seas los Beatles, el Ché (paseante de la Gran Vía en uniforme verde oliva) y así. O sea, el franquismo. Y «autoritario» es cuando te dictan lo que no has de hacer, pero te dejan entrar y salir a tu bola. O sea, el castrismo, para no perdernos en el Gulag.

—La historia —advierte Croce— es siempre historia contemporánea.

En 1973, la hoy ministra Angelines clavaba una estaca en el corazón del totalitarismo franquista con su cameo en «El Love Feroz o cuando los hijos juegan al amor».

En 1974, Nixon envía a El Pardo al general Vernon Walters para otear la situación:

—El Príncipe será Rey —le dice Franco—, porque no hay alternativa. España irá lejos en el camino que desean ustedes, los ingleses y los franceses: democracia, pornografía, droga y qué sé yo. Habrá grandes locuras, pero ninguna de ellas será fatal para España. Porque yo voy a dejar algo que no encontré: la clase media española.

En 1975 (¡octubre!), en «L'Europeo» milanés, Carrillo le confiesa a Oriana Fallaci:

—Si la derecha no ayuda, derribaremos la Dictadura con la violencia. He hecho también la guerrilla. Durante nueve años. No sé si soy un buen tirador, pero sé que apuntaba con cuidado: para matar… No estoy dispuesto a dejar con vida a Franco. Sería una injusticia histórica ver morir a Franco en su lecho… ¿Qué posibilidades tiene Juan Carlos? Todo lo más ser rey durante unos meses… Yo soy comunista, no soy rosa… Stalin no era antipático: sabía tratar a la gente… Y la República española no era un régimen capitalista, sino una democracia popular en el verdadero sentido de la palabra.

Menuda golfa, la Historia.

miércoles, 8 de junio de 2011

Joeeeeeeee!!!

José García Domínguez en Libertad Digital

"El jueves día 17 me llamaron por teléfono, y me dicen que si no tenía inconveniente, al día siguiente me proponían en el Parlamento de Catalunya, para un importante cargo institucional.... No tiene nada que ver con la política, es un cargo público, importante, pero independiente (de hecho, se DEBE ser independiente, igual que un juez por ejemplo, para poder desempeñar bien la función). El asunto me pilló por completa sorpresa, y apenas pude balbucear algo por teléfono (debía parecer profunda! jajaja). Un año atrás me habían insinuado algo, pero desde entonces no había tenido más noticias, y pensé sinceramente que se había desestimado el tema".

"El viernes por la mañana me llaman para comunicarme que ya se había propuesto oficialmente mi candidatura y que debía prepararme porque el lunes 21 de febrero, a las 12 del mediodía debía comparecer ante una comisión de unos 40-50 diputados del parlamento, de todos los partidos políticos, para exponer mi currículum y defender mi idoneidad para el cargo. Después de la exposición, era muy posible que tuviera que responder a preguntas que me hicieran. Jolín... me entraron todos los tembleques!!!! Qué tenía que decir???? Quién estaría en esa comisión?????? Qué me preguntarían????? QUÉ ME PONÍA????????joeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!!!!".

"Mi marido me mandó a la pelu el sábado por la mañana (qué pasa???? Yo no me corto ni tiño bien el pelo????? jajajajaja... qué horror!!!), y por la tarde, halaaaaaaaaa, a tirar de la VISA comprando ropa y zapatos ‘serios’.... Qué ruina! Y el domingo enterito dedicado a preparar la comparecencia, a hablar con gente que me pudiera echar una mano para prepararme bien, y a visitar a una amiga, que es diseñadora de modas, y a parte de tener un gusto exquisito, tiene 8000 complementos monísimos para acabar de ‘adornar’ cualquier vestimenta... así que llegué a casa con una bolsa cargada de foulares y bisutería fashion y ‘buena’. Parecía que hubieran pasado los Reyes Majos!!!! jajajaja. La pena es que todo era prestado! Jeje".

"El jueves por la tarde-noche, ya tuve que asistir al primer coctail semi-oficial de celebración.... y llevo varios días con entrevistas con las personas a las que ‘sustituimos’, para hacer cambio de impresiones y ‘quedar bien’, preparando diversos temas previos, etc... Por suerte me van informando poco a poco de los pasos que tenemos que ir dando, porque entro en un mundo totalmente nuevo para mí!!!! El viernes próximo tengo que volver de nuevo al Parlamento para hacer la toma de posesión oficial del cargo, delante de la presidenta del Parlamento y del presidente de la Generalitat".

"Me han dicho que allí nos hacen entrega de un escudito para la solapa y que seguramente tendremos que decir algunas palabras, aparte de posar para las fotos oficiales...... Aissssssss, y yo con el régimen por empezarrrrrrrrrrrrrrrrr!!!grrrrrr Ya me podían haber avisado con un par de meses de antelación y al menos podría haber bajado algo de ‘gordura’!!! jijijiji (=risa nerviosa). Y nada, el martes 8 (el lunes 7 es fiesta en Barcelona) a trabajar ya oficialmente!! Por lo que me han dicho los ‘antiguos’, podemos hacer un horario bastante flexible, o sea, adaptado a nuestras necesidades..... En fin, un montón de temas!!".

Nota bene: Extracto de las reflexiones de cierta Marian-S, acrónimo que se corresponde con las iniciales de Maria Àngels Servat, vertidas en el foro de bricolaje y manualidades facilisimo.com. Síndico del Tribunal de Cuentas de Cataluña merced a los votos de tres quintas partes de los diputados del Parlament, la señora Maria Àngels Servat dirige junto a otros seis electos la institución llamada a auditar, fiscalizar y verificar todas las cuentas de la Generalidad, cifras oficiales del déficit incluidas.

Indignados en el "híper"

José Antonio Martínez-Abarca en Libertad Digital

Ya se sabe que los comunistas de Stalin ordenaron fusilar en masa a los anarquistas españoles hartos, entre otras cosas, de que éstos hiciesen de "indignados" de #acampadasol. Aquellos primeros ensayos de "perroflautas" (imperfectos, puesto que por entonces no había costumbre de tocar los bongos) pretendían repartirse lo que incautaban a los terratenientes de forma asamblearia y en acto, sin esperar a la llegada de la sociedad perfecta, que, para los propios comunistas, no venía ya sino que siempre anunciaba su llegada para mañana. El general estalinista Líster, sin ir más lejos, prefería la injusticia al desorden, y acabó con aquella fiesta de los derechos sociales de forma sumaria y con alguna contundencia más que los "mossos" en la Plaza de Cataluña, de lo que estuvo siempre orgulloso. Pero estos incautos de la indignación de ahora resultan tan desavisados que pretenden la llegada del comunismo ternurista sin saber que el comunismo que tanto ansían lo primero que haría sería expedir la orden de que se alinearan, al amanecer, frente a las blancas tapias del cementerio. Quieren ser la tumba del capitalismo cuando es precisamente el capitalismo el único sistema que les permite sus patochadas y de paso continuar con vida para contarlo.

De cuándo aquí iban a permitir sus mitificados héroes de la izquierda, los para ellos legítimos representantes de una "democracia real" de la buena, que, como acaban de hacer los campistas en mi pueblo, tomen por asalto un "carrefour" para intentar llevarse los carros llenos con la merienda diciendo que ellos son simples intermediarios –simples, por supuesto– entre los que se benefician de la venta de alimentos y los pobres que no pueden pagarlos. En lugar de llegar algunos números de la policía nacional a susurrarles lo inoportuno de su acción asamblearia, la "democracia real" a la que tanto cantan los metería en camionetas rumbo a tomarse todos un cafelito sin retorno. El general Líster hubiese sabido lo que hacer con estos chicos, sin dudarlo un momento. Es desarmante la candidez de esta gente, que incluye en la cesta de la compra "de primera necesidad" por la patilla un cargamento de compresas y otro, eso sí, de tampones, se conoce que por si hay que trasladar ahora la acampada a la playa, y que no cante el "bikini". Mueve a la profunda piedad que estos arrapiezos de cabello jamaicano empastado con guano de paloma creyeran que iban a llegar a un "hiper" y, en nombre de esas recetas que dan las "misses" para arreglar el mundo en un rato, se iban a llevar los carros tupidos gratis total. Pretendían aliviar a los dueños del "carrefour" de "la privatización de las ganancias" (sic). Se sorprendieron sinceramente de que la negociación con los dependientes no llegase a buen puerto, y encima éstos llamasen a la madera. ¿Cómo enfadarse?

No se le puede pegar, y ni siquiera reñir, a unos bebés de ochenta kilos de peso/media. Antes de mandarles a las brigadas de desinsectación a las plazas del 15-M por imponer unas mínimas normas cívicas, es mucho más urgente para estos "indignados", dada su inconsciencia casi prenatal pese a que algunos ya corrieron delante de los "grises" cuando todavía no habían expulsado a Aranguren de la Universidad, pedirles la vez para el próximo curso en algún jardín de infancia, donde les enseñen que la economía de trueque aquí no funciona, ni en su exigida "sociedad perfecta" mucho menos: aquí si te llevas las cosas haciendo un llamamiento a la fraternidad desinteresada viene la poli, pero allí vienen los enterradores.

Las fragonetas de Barreda

Pablo Molina en Libertad Digital

La imagen de un operario de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha llenando una furgoneta con bolsas de basura llenas de documentos, es tan descriptiva que cualquier intento de explicar la escena sólo consigue acrecentar la certeza de que se trata de un expolio documental en toda regla.

Marcelino Iglesias, a pesar de su intelecto privilegiado, lo ha terminado de arreglar diciendo que el funcionario del grupo D con mono azul estaba transportando en esos cuarenta o cincuenta sacos de basura únicamente "archivos personales", pero entonces surgen varias incoherencias que ni siquiera el gran Marcelino parece haber previsto en su muy estudiada estrategia de desactivación de los efectos de la ya famosa instantánea.

Primero, en una administración pública no existe eso que Marcelino denomina "archivos personales", porque cualquier documento generado es de carácter público excepto los que afectan a la carrera profesional de un funcionario en concreto y que, por su propia naturaleza, no exceden de cuatro o cinco folios según el número de traslados o ascensos que el empleado en cuestión haya conseguido a lo largo de su vida laboral. Convengamos en que resulta como mínimo dudoso que todos los funcionarios de la comunidad autónoma hayan decidido de golpe desprenderse de sus nombramientos oficiales metiéndolos en sacos de basura para su posterior destrucción.

Segundo, si el todavía secretario de organización del PSOE confundió "archivos" con "efectos" personales el asunto no hace más que empeorar, porque los portarretratos, los cubos para lápices y otros regalos del Día del Padre o de la Madre así como los dibujos que los niños dedican a sus progenitores caben perfectamente en una caja de folios o una bolsa mediana de El Corte Inglés. Tampoco parece probable que todos los funcionarios de la Junta hayan decidido simultáneamente desprenderse de sus recuerdos familiares de una forma tan mezquina.

Entonces ¿Qué contienen esas bolsas que tan nerviosos ponen a los socialistas y tan verborreico a Marcel.li? Pues papeles, claro, que además van a ser llevados a la incineradora, porque ese curioso sistema de archivo en sacos de basura no parece aventurar otro destino.

Si se trata de documentos oficiales, como parece, los responsables de su desaparición están cometiendo un delito por más que el contenido de esos expedientes carezca de relevancia. Una infracción por lo demás absurda, porque con las nuevas tecnologías cualquier documento en papel tiene un soporte informático que lo justifica. Salvo, claro, que exista un circuito de expedientes escamoteados a la contabilidad electrónica.

Los populares dicen tener indicios de que en Castilla-La Mancha hay 2.000 millones de deuda oculta. ¿Tiene algo que ver la existencia de ese desfase en "B" con la actividad frenética de los socialistas desde el pasado 23 de mayo? La solución en las fragonetas de Barreda.

Brutalidad compartida

Agapito Maestre en Libertad Digital

En Elorrio, un concejal del PP ya ha sido amenazado por Bildu-ETA; tampoco se han salvado algunos medios de comunicación, entre los que estaba Libertad Digital, de ser señalados como víctimas de nuevos atentados por la coalición Bildu. Todo esto, naturalmente, era lo previsto; en cierto sentido, era sabido desde el momento que el Tribunal Constitucional legalizó a esta banda para que participara en el proceso electoral del 22-M.

La brutalidad que ha traído Bildu-ETA a las instituciones no sólo es compartida por diversos actores políticos, sino que es fruto de una falacia argumentativa que, curiosamente, han defendido los que sufren las consecuencias de su legalización. Hay que integrar a los violentos, decían los del PNV. El resultado de esa integración está a la vista: los cargos electos del PNV no quieren que se enteren los de Bildu del estado de sus cuentas bancarias. Temen que ETA-Bildu entre en acción violenta el día menos pensado. Pero, con la llegada de la brutalidad, obviamente ha llegado la hora de criticar a los brutos. Sí, sí, es el momento oportuno de mostrarle a Patxi López, autor de unas declaraciones malvadas acerca de la tranquilidad que se respiraba en el País Vasco, después de haber sido legalizada la coalición electoral Bildu por el Tribunal Constitucional, su brutalidad.

Los filo-etarras no mataron a nadie durante la campaña electoral. Tampoco amedrentaron a ningún paisano y menos aún se les ocurrió amenazar con que seguirían matando. No necesitaban nada de eso para imponer su violencia. Ellos no tenían que imitar las conductas brutales de la antigüedad para mostrar su violencia. Bastaba decir su nombre para que todos supiéramos que representaban a ETA: la banda criminal que ha matado, extorsionado y, por supuesto, seguirán haciéndolo, sin ningún otro límite que él impuesto por ellos mismos. El mismo día que el Tribunal Constitucional legitimó la entrada de ETA-Bildu en las instituciones democráticas, insisto, desapareció el concepto clave del Estado moderno, a saber, el único que tiene el monopolio legítimo de la violencia es el Estado.

Ahora cualquiera, como muestra Bildu en Elorrio, puede hacer uso de la violencia para imponer sus criterios. Eso es lo que hace la banda terroristas ETA a través de Bildu. La cosa es clara. Hay, sin embargo, un pretexto terrible, utilizado por el Tribunal Constitucional y por otros muchos estultos, menos conocido, pero que era y es el "argumento" principal para legalizar a ETA. Me refiero a esa falacia argumental que considera que la mejor manera de acabar con el terror y la violencia de ETA es integrándola en el espacio público-político. El buenismo que desprende esa falacia es tan perverso como ridículo. La gente que así "razona" es brutal, porque, aparte de no ver la principal fuerza del Estado moderno, introduce la violencia y el terror en aquellos lugares donde reinaba la paz. La legalización de Bildu-ETA no sólo no integra a los violentos, sino que, por el contrario, mancha de terror, locura y brutalidad los espacios que el Estado había limpiado anteriormente.

He ahí el resultado de las "buenas" intenciones de Zapatero: la instalación de la brutalidad, la violencia y el terror en el espacio público-político. Un paso atrás en nuestra pervertida democracia.

Bildu y el pelo de la dehesa etarra

Editorial de Libertad Digital

No nos quejemos, ni menos aún sorprendamos, de que la cabra tire al monte o de que los de Bildu se manifiesten como lo que son: si el arrepentimiento por el "vicio" pasado no garantiza la "virtud" futura, ¿qué respeto futuro a la democracia cabía esperar de quienes ni se arrepienten ni quieren condenar la violencia pasada? Nuestra indignación debe dirigirse contra los que han consentido esta burla a nuestro Estado de Derecho, que no son otros que los magistrados designados por el PSOE que todavía se sientan en nuestro Tribunal Constitucional. Ellos son los que han hecho posible este escarnio para las víctimas del terrorismo, pasadas, presentes y futuras.

La nube llega a la gente normal

Daniel Rodríguez Herrera en Libertad Digital

Las ventajas de la nube son muchas y bien conocidas: la ubicuidad, disponer de todas tus cosas donde quiera que estés y accedas como accedas a ellas, la seguridad de que los datos los maneja gente que sabe de esto y que no los perderá ni los borrará accidentalmente ni dejará de hacer copias de seguridad porque este año estoy vago... Pero a veces perdemos de vista que la nube también tiene sus inconvenientes, entre los que destaca lo vulnerables que podremos llegar a estar si toda nuestra vida digital está centralizada en unas pocas empresas. Y no tanto por el uso que puedan hacer éstas, que procurarán no meter la pata demasiado para no echarse encima las iras de clientes y políticos, sino por la facilidad con que los gobiernos podrían acceder a ellos. Les bastaría incautarse unos pocos almacenes centralizados, en lugar de tener que ir casa por casa, u ordenador por ordenador.

No es un escenario que esté a la vuelta de la esquina, ciertamente, pero no digan que eso no va a pasar nunca. Ya ha sucedido muchas veces.

En la nube

Gabriel Albiac en ABC

«Hablaremos hoy de software, del alma; y dejaremos de lado el hardware, el cerebro». La elegancia de Steve Jobs es la del metafísico. Y, en su tenue sonrisa al puntear la frase, hay una carga ambigua de fulgor y sombra: la voladura de lo convenido. No es una apuesta técnica. Ni siquiera científica. Las máquinas de Jobs nos fascinan porque son no-máquinas, o mejor, más-allá-de-máquinas. Entre las criaturas Mac y todo lo demás que ha trastrocado el tránsito del siglo XX a este para el cual aún no tenemos nombre, la diferencia no es —no sólo— maquínica. Metafísico —¿o teológico?—, el envite de Jobs apunta al último nudo mitológico que sobrevivió en nosotros a nuestro pasado siglo de tinieblas.

Las máquinas de Jobs no han sido nunca máquinas. Sí, prótesis anímicas. No es lo mismo; ni siquiera se parece. La gran factoría Gates gestó artilugios impecables. Nunca estaremos lo bastante agradecidos a lo que esa precisión maquínica nos regaló: un mundo que ninguna literatura futurista pudo atisbar. Mac dio siempre eso por ya consumado. Y se lanzó al vacío de lo que un griego intemporal llamaba «la segunda navegación», la reflexión sobre lo hecho, el asombro ante lo descomunal de cuanto abre, la tarea aún más intensa de comprenderlo, de atisbar en ello los emblemas de lo bello, que es —eso pensaba el griego de hace dos mil quinientos años— idéntico a lo bueno. No hay ética más que en la estética. No hay estética sin el mortal salto al vacío al cual llamamos metafísica.

Los dos hoscos decenios que precedieron a la segunda guerra mundial dieron la condensación mayor de grandes metafísicos desde el siglo XVII. Se cierran con la brutal caída en el pozo del sinsentido. Después de 1945, la especie de los hombres hubo de confrontarse a lo siempre negado porque siempre presente: su primordial barbarie. Lo menos ocioso de estos años, en filosofía, ha sido la erudición. En lo demás, un vértigo de cosa efímera se fue tragando obras y autores, por igual prescindibles.

Mediados los ochenta, todas las lógicas del siglo se desmoronaron. Y, con ellas, las de la edad moderna. Desde que pusimos las manos sobre aquellos primeros portátiles 386, con apenas 20 megas de disco duro, supimos que el mayor vuelco del pensar, desde que un griego llamara a la escritura «juego de niños», se había consumado. Todavía era imposible sospechar lo que vendría. Pero terminaba un tiempo: el ciclo de los tres milenios de primacía simbólica del artefacto material. Sabemos ahora que lo esencial sucede en las secuencias numéricas que, sobre una pantalla de ordenador, excluyen toda distinción entre dentro y fuera, entre cerca y lejos, entre yo y otro, yo y nada, entre mi ordenador y mi escritura, mi tasada inteligencia, mis monótonos deseos. Todo está en mi disco duro. Que es mucho más yo que todas las anécdotas a las cuales, por pereza, llamo yo.

Ya, ni eso. «Hablaremos hoy de software, del alma»… Steve Jobs enunció anteayer la ascética del último soporte material: un nebuloso desleír el disco duro. En «nube». Tan intangible como los sueños y tan irrevocable. E infinita. Las máquinas que tecleamos serán sólo extensiones suyas. Hen kai pan, «uno y todo», fue el password con que un griego dio nombre al absoluto.

El horizonte Humala

Pilar Rahola en La Vanguardia

Humala representa una ampliación del peor fenómeno que hoy por hoy sacude Latinoamérica, el de un populismo de corte pseudorrevolucionario que usa un lenguaje del pueblo para consolidar estructuras autárquicas de poder. Aprendices de Chávez, pequeños clones del sátrapa venezolano. El problema es que lejos de superar esta repetición de los discursos revolucionarios de los sesenta, muchos países de la zona están involucionando hacia esas posiciones, hoy amparadas por el enorme poder económico y el más enorme delirio ideológico de Hugo Chávez. Como una mancha de aceite, como un virus letal, como lo que es, un fenómeno regresivo y peligroso, que sólo puede aportar más desestabilización a la zona, más pobreza y más oligarquías enriquecidas con los bolsillos tan llenos como vacías están sus estridentes propuestas. Si Chávez es el ejemplo de todos estos, el ejemplo sirve: lenta destrucción del Estado de derecho auspiciado por un auténtico golpe contra la democracia usando los resortes de la democracia; empobrecimiento brutal de los ciudadanos; aumento de la inestabilidad, con apoyos a las FARC, teócratas iraníes y toda la parafernalia totalitaria al uso; y, finalmente, desprecio profundo por los valores de la libertad.

martes, 7 de junio de 2011

El verbo de Alfred

Carlos Rodríguez Braun en La Razón

Al iniciar su «roadshow» como candidato, o lo que sea, a las primarias socialistas, Alfred l’Écoutant declaró: «Creo saber qué necesita España». Me impresionó el verbo necesitar. Dirá usted: el delirio realmente arrogante es creer saber. En efecto, nadie puede conocer necesidades colectivas indefinibles y contradictorias, y al pensar que él lo sabe revela la clásica soberbia colectivista. Ese antiliberalismo fundamental presidió sus declaraciones desde entonces. Dijo: «Los jóvenes sin escuela y sin trabajo me preocupan», pero no le preocupa el intervencionismo socialista que los ha dejado sin empleo y degradado su educación.

En cuanto al quebrantamiento de la ley de los que acampan en sitios públicos con consignas políticas, insistió Alfred en que «la policía tiene que actuar con proporcionalidad» y que hay que «buscar un entendimiento» entre los caraduras indignados y los comerciantes arruinados; dos falacias que revelan que lo que les interesa a los poderosos es su propia conveniencia política; a ella subordinan la defensa de los derechos de los ciudadanos. Reivindicó el aborto como «conquista social» y la violación de la libertad en aras de la igualdad. Y todo esto es lo que, según él, España necesita. Ese verbo, ese verbo. ¿No recuerda usted la última vez que lo utilizó Alfred l’Écoutant? Pues claro, fue en ese momento terrible cuando miró a la cámara y sin pestañear afirmó: «España necesita un Gobierno que no le mienta».

Viñeta de Esteban en La Razón

¿Y después de Rubalcaba, qué?

José García Domínguez en Libertad Digital

Palabras, ésas que vengo de escucharle a Anibal Cavaco Silva, imposibles entre nosotros, la estirpe íbera de Caín, refractaria por instinto a la más elemental concordia, siempre presta a anteponer la cerril miopía partidista al interés general, por asilvestrado atavismo incapaz de concebir otra política que no sea la de tierra quemada. Así, apenas saber de la victoria de los suyos, el presidente portugués ha postulado una gran coalición con democristianos y socialistas para, juntos, alejar al país del precipicio. En verdad inimaginable, decía, asistir aquí a empeño remotamente parecido. Entre otras razones, porque a este lado del Miño no concedemos distraer energías en asuntos ajenos a las graves cuestiones que ahora mismo acucian a la Nación.

A saber, el expediente masónico del Capitán Lozano y la muy sesuda pesquisa académica a propósito de si un tal Francisco Franco ejerció de dictador o de enfermera de la Cruz Roja, amén de parejas urgencias. Ocurre que, de hoy en diez meses, cuando Rajoy herede la Presidencia, no podrá cumplir ninguna de aquellas grandes promesas suyas que, ¡ay!, ya duermen el sueño de los justos en la indiscreta trastienda de Google. Porque ni el Parlamento va a rescatar competencia alguna a fin de implantar una política educativa que pudiera decirse nacional sin rubor. Ni un Gobierno del PP podrá garantizar por ley el derecho a usar el español en todos los niveles de la red de instrucción pública.

Ni los retoques cosméticos del marco institucional irán más allá de lo que permita una escuálida mayoría relativa con los sindicatos amotinados en la calle. Ni se exonerará a la Justicia de continuar sometida a la custodia política. Ni la elefantiasis administrativa dejará de constituir la madre de las ineficiencias de la sociedad española. Ni la Ley Electoral, en fin, habrá de ser cosa distinta a la que siempre fue. Nada de eso sucederá porque únicamente un Gobierno de concentración podría pasar a limpio en el BOE tal ramillete de buenas intenciones regeneracionistas. Única y exclusivamente. Pero, ¿a quién le importa? Al cabo, lo único que galvaniza a la afición doméstica, igual a la de un lado que a la del otro, es que manden los nuestros. Lo demás, es sabido, resulta zarandaja baladí. Qué lejos Portugal.

La rémora del diálogo social

Cristina Losada en Libertad Digital

La progresiva transformación de las democracias parlamentarias en democracias de partidos y la degeneración de éstas en partitocracias, al extender los partidos su ámbito de actuación hasta colonizar el Estado y parte de la sociedad, es el mar de fondo que precipita los riesgos de deslegitimación del sistema. Pero, junto a ello, se dan excentricidades que remachan la percepción de la inutilidad de las instituciones elegidas democráticamente. Un caso, en España, es ya tradición. Así, viene siendo norma, gobierne quien gobierne, aunque ha gobernado más la izquierda, que el marco legislativo laboral se sustancie al estilo de un Estado corporativo o de la emparentada democracia orgánica que trató de articular el franquismo.

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Ahora que hasta Concha Velasco reconoce que cantó para Franco –a diferencia de quienes persisten en fabricarse un impoluto pasado antifranquista– no pasaría nada por aceptar que se han heredado costumbres gremiales y corporativas de aquel régimen. Y acabar con ellas.

Luz y taquígrafos sobre el despilfarro

Editorial de Libertad Digital

A lo largo de los últimos 28 años, casi tres décadas de mayorías absolutas encadenadas, el PSOE de Castilla-La Mancha ha forjado un régimen de partido único en el que, según los indicios y la propia denuncia del PP, todo desafuero ha encontrado acomodo.

Ahora que ha llegado el momento del cambio, ahora que volverá a circular el oxígeno en el sobrecargado ambiente de una Junta de Comunidades que los socialistas creyeron de su propiedad, el PP no puede ni debe mirar hacia otro lado. Y no por una cuestión de venganza, sino de simple y llana higiene democrática.

El dóberman y el perroflauta

Tomás Cuesta en ABC

A los que acampan en Sol (por sus respetos, a sus anchas y sin respetar a nadie) les quedan más lejanas las consignas de Mayo que las soflamas de Marine Le Pen, pongamos por ejemplo, y al que le pique, que se rasque. La abanderada del Frente Nacional también ha denunciado la dictadura del sistema. Ha sacado las uñas contra los atropellos del mercado. Se ha colocado al margen de una casta política que es el instrumento de intereses espurios y ya «no representa» a los verdaderos ciudadanos. O sea que, en resumen, sin novedad en la jaima. «Nihil novo sub sole», afirmaría la pancarta de un latinista en paro. Mal que les pese a aquellos que se obstinan en derramar incienso sobre la peste (parda) el collarín argumental de los perros de presa es el mismo que gastan hoy los perroflautas.

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El 15-M es un relato paralelo al auge de la extrema derecha en parte de Europa, parcialmente visible en España a través de la «Plataforma X Catalunya», cuya dinámica aboca a la superación de la democracia previa deslegitimación; es decir, a las viejas utopías totalitarias resumidas en 140 caracteres y a la nostalgia revolucionaria de las cacerolas, cuando todo parecía posible, incluso un Gobierno que no nos mienta. El retorno a las cavernas es una hipótesis verosímil para cada vez mayor número de economistas. En Sol, ya han llegado sin que les preocupen en absoluto las coincidencias entre galgos y podencos.

El manifiesto natural

Ignacio Ruiz Quintano en ABC

La Revolución de la Puerta del Sol ha dado a la imprenta un manifiesto natural (supongo que se le puede llamar así) que por su sencillez parece redactado por la autora de «Manolito Gafotas», quien, después de todo, no ha ocultado su solidaridad con el pensamiento campamental de los revolucionarios de Sol, llamados «perros flautas», y a mucha honra. Quejábase el gran Cocteau del público francés porque es, decía, casi insoportable: porque ante un cuadro se cree que entiende más que el pintor; ante un poeta, que sabe más que él de poesía; ante un actor, que conoce mejor el teatro. «¿Sabe usted -dice Cocteau a Ruano- lo único que el público francés respeta? Al que toca la flauta, por ejemplo, porque él no sabe tocar la flauta». Desde julio de 1789, todos los meses de julio los franceses hacían una Revolución para volver al Antiguo Régimen, pero un día les pusieron el «Tour» para que mataran el mes de julio, y la verdad es que no han vuelto a dar la lata. Se sientan en el televisor y ven pedalear a Contador o ven tocar la flauta a los desheredados de Sol patrocinados por Rubalcaba, el Fouché comprado en los chinos. Me gusta el manifiesto natural de Sol porque es natural como el agua que llega corriendo alegre desde el manantial, que decía Emilio José. «Vivimos porque somos seres vivos», arranca el documento solariego, que abreva en la filosofía natural de la imponente Bibiana Aído, que un día dijo: «El feto es un ser vivo, pero no es un ser humano». ¿Y dicen que Barreda tritura documentos? ¿Qué clase de documentos? Desde luego, yo no veo a Barreda triturando el Manifiesto Natural de Sol. Barreda es un conde de la calle del Arenal, no un acomplejado escritor sin lectores como Azaña, el Gran Triturador: prometió triturar al Ejército desde el Gobierno, y lo hizo, con las consecuencias conocidas. Como dicen los revolucionarios de Sol: «Hemos antropizado el medio». Pues eso.

Paris Hilton con los indignados

Edurne Uriarte en ABC

Apuntarse a un partido político es estar out, apuntarse a los Indignados es estar in. Y Paris Hilton, que lo ha entendido perfectamente, ha optado por el lado correcto del in/out. Lo que demuestra, a su vez, lo cierto que es en esta ocasión aquello de que el medio es el mensaje, que decía Marshall MacLuhan. Ha importado la puesta en escena y la estética del movimiento, no lo que reclama el movimiento. La juventud, el look hippy, la plaza, las redes sociales, el medio es el mensaje. Y poco importan los contenidos anticapitalistas, populistas y demagógicos. De hecho, ni Paris Hilton ni casi nadie se ha enterado muy bien de ellos.