miércoles, 29 de diciembre de 2010

El año de los inocentes

Pablo Molina en Libertad Digital

2010 ha sido el año de la inocentada constante para un gran número de españoles, en realidad la inmensa mayoría, obligados a contemplar a una clase política que sigue encantada de haberse conocido y ajena a su grave responsabilidad en el deterioro alarmante de las condiciones de vida de sus compatriotas.

Por poner sólo unos pocos ejemplos a vuelapluma, Bibiana Aído es una inocentada con mechas, al igual que su colega y hoy superiora Leire Pajín; las pintorescas correrías de Zapatero en los foros internacionales, ora dormitando ora buscando su lugar para hacerse una foto, son inocentadas para solaz de la prensa extranjera; los sindicatos españoles son una panda de cachondos dedicada a embromar a los que financiamos sus francachelas; las elecciones catalanas han sido una coña de la que ha surgido un Gobierno capaz de hacer que olvidemos a su antecesor, el Gabinete autonómico más lamentable que ha padecido una región civilizada; y mientras toda esta tropa se divierte colgando muñequitos recortados en la chepa del contribuyente, la oposición se dedica a disfrutar del espectáculo esperando su turno, no en vano tiene en los lugares en que gobierna a varios equipos de bromistas que podrían disputarle el primer puesto a los sociatas, tradicionalmente los más atrevidos a la hora de reírse de los ciudadanos que han de sufrir sus atropellos.

Aquí las inocentadas se suceden a lo largo de todo el año porque ya es imposible concentrar tal volumen de mal gusto en tan sólo veinticuatro horas. Por eso, aunque el santoral católico conmemora hoy la matanza de niños llevada a cabo por Herodes el Grande, Rey de Judea con permiso de los romanos, nuestros políticos celebran a diario la efeméride utilizando especialmente a las nacientes generaciones de españoles. No degüellan a los varones, porque los gobiernos actuales son más civilizados y mucho más igualitarios que hace veinte siglos. Ahora simplemente abortan a la mitad, y a los que sobreviven les imponen un diezmo de unos treinta mil euros para que lo vayan pagando poco a poco durante su vida laboral.

Es normal, por tanto, que la tradición de incluir una noticia absurda en las portadas de la prensa o intercalada en los noticiarios televisivos cada 28 de diciembre se esté perdiendo. Con la tragedia estrambótica provocada por ZP de forma cotidiana nadie sería capaz de identificar una de estas inocentadas al vuelo. Excepto Rubalcaba, claro, pero es que él, de inocente tiene los justito.

martes, 28 de diciembre de 2010

lunes, 27 de diciembre de 2010

Arte de hacer dinero

Gabriel Albiac en ABC

La red es el universo. Duplicado. Su calco fiel. Es, pues, la biblioteca universal. Y las universales fonoteca y filmoteca. Entre otras infinitas cosas. Mejores y peores. Porque la red no distingue: es todo. Como la vida.

Me avergüenza la codicia que por sus derechos de autor exhiben muy progresistas cantautores y muy subvencionados cineastas. Empezando por Sinde. La red irrumpió como el más perfecto paraíso del saber que haya podido soñar «creador» (perdóneseme el pretencioso palabro) alguno. ¿En qué sueña el Flaubert que reescribe diez, cien veces una misma página, hasta tallarla con la matemática del diamante? En que algún día —da igual si quien escribió no existe— los ojos de otro queden cegados por la pura belleza de las líneas que dicen esto tan mínimo: matices del amarillo sobre el cielo de Cartago, para apresar los cuales Flaubert gastó años de testarudez y oficio. Para ganar dinero hay otras cosas. Subvenciones. Sinde a Sinde.

No, no hay para un escritor don comparable al de la red. La gratuidad del puro estar al alcance de todos. Comparado a eso, la invención de la imprenta parece un juego semicavernario. Pienso en los viajes agotadores, en las estancias incómodas, en las horas de búsqueda que me han sido precisas para acceder a ciertos textos especialmente raros del siglo XVII, que es el único al cual he juzgado digno entregar mi vida. Textos atrincherados en los fondos de acceso más restringido de algunas de las grandes bibliotecas europeas o norteamericanas. Hoy, cuando llego a clase, basta entregar a mis alumnos la relación de los links que dan acceso a esos libros. Si el wifi de la Complutense fuera sencillamente aceptable, podría, sin más, ir señalando cada día, en las páginas mismas de esos recónditos tesoros, los pasajes compartidos con cualquiera que se tomara la molestia de traerse a clase su iPad o su portátil. Es el mayor milagro en la historia de la inteligencia humana. ¿Quién puede ser tan animal que prefiera el cobro de derechos de autor a la presencia sin límite ante todos los posibles lectores, no de hoy sino de cualquier tiempo futuro?

¿Son los «artistas» distintos? ¿Tan alta es su excelencia que debemos entre todos pagar su distinción? ¿A qué llamamos «artista»? Cézanne se quemaba los ojos buscando retener el instante sagrado de una sombra sobre la Montaña Sainte-Victoire. Vermeer dejó pintados apenas 37 cuadros que hayamos identificado, entre ellos esa «Vista de Delft» a la cual hace Proust proclamar por su dandy Bergotte agonizante, en La recherche du temps perdu, la quintaesencia del refinamiento pictórico. El arte es la suplencia verosímil de lo sagrado. O no es. Nada. Maravillosa imagen de André Malraux, al final de su reflexión estética, Las voces del silencio: la monstruosidad de ese animal enfermo que es el humano alza su frágil dique de contención en la obra de arte; en ella «el delirio disperso del monstruo de sueños se ordena en imágenes soberanas, y la pesadilla saturnal toma figura de sueño acogedor y pacífico». Y «nos hace soñar en la primera noche glacial en la cual una especie de gorila se sintió misteriosamente hermano del cielo estrellado».

Hoy, el cielo estrellado les sirve a los de Sinde para ir haciendo caja.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Cuento de Navidad

Ignacio Camacho en ABC

Estaba harto de teñirse las canas para las entrevistas de trabajo, un empeño que sólo le servía para humillarse ante sí mismo; los jefes de recursos humanos echaban una ojeada al currículum y al ver la fecha de nacimiento le hacían unas preguntas corteses antes de decirle que ya lo llamarían. A su edad empezaba a contemplar en serio la oscura evidencia de no volver a encontrar empleo. Llevaba dos navidades en el paro y le deprimía enfrentarse a la tercera en medio de una crisis de vacío, incertidumbre y desasosiego.

Una tarde coincidió en el portal con una vecina enferma de alzhéimer a la que estaba acostumbrado a saludar en sus casuales encuentros sin obtener más respuesta que una leve sonrisa ensimismada, pero esta vez ella le habló como si estuviera dirigiéndose a su hijo y le reprochó lo poco que iba a verla con un cierto deje de amargura. La mujer que la acompañaba, una colombiana de ojos grandes y dulces, le indicó por señas que le siguiera la corriente y él se dejó regañar con naturalidad y arguyó que estaba sobrecargado de trabajo. Al salir del ascensor la anciana le franqueó el paso hacia su casa y se sintió obligado a entrar para evitar una situación conflictiva; se sentó con ella en un salón lleno de fotos antiguas y se quedó un buen rato sintiéndose útil mientras escuchaba a aquella dama ausente dentro de sí misma que le contaba abstractas escenas familiares que jamás había vivido. Luego pareció adormilarse en su propia bruma y entonces la asistenta le explicó con inevitable zozobra que la señora de la casa era soltera sin hijos ni más parentela que un hermano distante que socorría sus gastos de supervivencia. Se fue con una desazón casi culpable ante aquel silencioso drama de olvido, soledad y desamparo.

El día de Nochebuena las vio de lejos cuando regresaban de un paseo y se dejó llevar por el impulso de hacerles una visita. La vecina estaba delante del televisor y lo miró con extrañeza cuando dijo que venía a felicitarle la Navidad; él sintió una punzada de desconcierto al darse cuenta de que el almanaque se le había extraviado en la niebla neuronal y no supo cómo controlar aquel momento de embarazo. Entonces la acompañante lo invitó a sentarse con un gesto de complicidad y en un tono de mucha dulzura ponderó ante la enferma el cariño de su hijo. La mujer le cogió la mano con ternura y empezó a relatarle borrosos episodios de una vida familiar tal vez escrita en la pizarra húmeda de su ensueño, que intercalaba con preguntas muy precisas sobre cómo le iba en la vida. Tuvo que inventar respuestas sobre un trabajo que no tenía él y unos nietos que no tenía ella; la tarde se le fue entera en aquella piadosa simulación de la que no sabía cómo escapar y en un momento dado se le quebró el alma cuando ella alargó la mano hasta sus sienes, se las acarició muy delicadamente y le preguntó con afectuoso aire maternal por qué se teñía el pelo.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Satrapías y belenes

José Jiménez Lozano en La Razón

Ahora mismo, toda la vieja ideología y retórica de hace más de siglo y medio, sigue segregando la escolástica necesaria para que las explicaciones, comprensiones, y justificaciones de un lenguaje que siempre es el políticamente correcto y conveniente para encubrir cualquier tipo de barbarie, según ya Tucídides avisaba, a propósito de los sucesos de Corcira. Mientras que el necio humanitarismo masoquista de nuestra cultura de moda propondrá una vez más su «mantra» sagrado de que la violencia es perfectamente inútil, aunque sabemos que se ha llevado por delante millones de personas y pueblos y culturas enteros, o que queda justificada y hasta es sagrada, porque es la expiación y vindicta, igualmente sagrada, de ciertas injusticias, y puede explicarse y perdonarse sencillamente por el simple color ideológico de las víctimas o el de los verdugos.

Lo que se nos prohíbe es sentir horror por el mal y compasión por quienes lo padecen, preguntar inoportunamente por la burla de la razón y de la misericordia, y, desde luego, por toda nuestra necia confianza en los grandes pasos que llevamos dados en lo oscuro hacia la configuración y funcionamiento de un progreso, que conlleva la destrucción necesaria de miles de seres humanos.

No hace tanto que George Gadamer, lúcido a sus cien años, al referirse, poco antes de morir, a la ruta perversa que la historia de los hombres ha iniciado, y en la que también nos veía muy avanzados, afirmaba que sólo una gran catástrofe podría sacarnos de nuestra ceguera y nuestra insensatez. Pero a mí me parece un precio injusto, y del que no cabe esperar bondad alguna. La terrible palabra de Hobbes, que dice que los hombres sabemos que somos iguales porque nos podemos matar los unos a los otros, es la única encarnación real del célebre y pomposo tríptico de libertad, igualdad, fraternidad, con cuya retórica llevamos doscientos años mareándonos hasta dar por ultimo con el descubrimiento de la clonación de la especie como ganado de granja.

Nunca veremos lo que no queremos ver, y no hace falta un hecho horrible más –ya hay demasiados–, porque sabemos de sobra, por ejemplo, que el odio produce la muerte, la banalización de nuestras vidas y la cháchara sobre la inexistencia del mal y de la verdad produce la indiferenciación entre víctimas y verdugos, y hombres vacíos y redondos. Ya fue más que anunciado todo esto en la literatura –pongamos por caso Eliot y Nietzsche, las profecías de los «Demonios» de Dostoievski y algunas novelas de Huxley–, y la literatura no miente.

A quienes están familiarizados con esas escrituras o con las de la vieja Biblia, precisamente porque viven en lo real y no en la fabricada burbuja de un mundo supuestamente habitado por la plenitud de los deseos cumplidos, no puede sorprenderles en absoluto lo que ocurre delante de nuestros ojos. Saben que las viejas y nuevas satrapías se sostuvieron siempre del mismo modo; –digamos como faraones o al «estilo asiático» de tártaros y mongoles– sobre un control de la población mediante el infanticidio en sus varias formas, la ausencia de una educación seria y libre, una expropiación a través del impuesto confiscatorio, y la utilización esclavista de unos seres de desgracia, que son quienes sostienen los tinglados del poder. Y todo el mundo debe ser censado y conocido, precisamente para ser transparente y útil para el Augusto César.

El poder prefiere siempre que el mundo de sus gobernados sea como una casita de cristal, en la que no pueda esconderse ni un mal pensamiento, y donde no haya nadie que suba en estos días invernales al trastero de su casa y baje con una caja de cartón con figuras de barro para poner un belén, o teatrillo del mundo en torno a un niño en un pesebre ante el que se arrodillan unos reyes estrelleros. Son cosas que no pueden ser más políticamente incorrectas, y no gustan al Divino César. Pero nos defienden de las satrapías, y son nuestra alegría navideña.

jueves, 16 de diciembre de 2010

15 de enero

Rafael Martínez Simancas en ABC

«La aldea está en peligro, necesitamos una nueva marmita de pócima mágica para resistir el avance del César», no es un fragmento de «Astérix y Obélix», es la parte esencial de la declaración de intenciones que recoge la petición de ampliación del estado de alarma. Cámbiese Astérix por Rubalcaba y manténgase al César, (Cabo), como la amenaza que socava los principios de unos galos. Para mayor dramatismo cójase una foto cenital de «Google maps» y rodéese con un círculo rojo el entorno de La Moncloa, ahí aparecerá la aldea, y todo lo que la rodea es el peligroso mundo exterior.

(...)

El 15 de enero, cuando termina el poder extraordinario que otorga un real decreto, es el «non plus ultra» de los cálculos gubernamentales. Más allá existe un horizonte lleno de monstruos que acechan, y lo que no son pensiones son recortes sociales. Sólo el ron puede mejorar la pócima.

El inexistente subdesarrollo

César Vidal en La Razón

Una nación que ha dado a Cervantes, a Lope de Vega, a Velázquez o a Goya y que ha creado arquetipos como la Celestina, Don Juan o el Quijote difícilmente puede ser considerada subdesarrollada desde una perspectiva cultural. (...) No, esta nación no padece de subdesarrollo. Lo que sufre realmente es un hiperdesarrollo de tantas instancias que tiene como consecuencia directa también el de la deuda, el déficit y la corrupción. Vamos que, al final, lo que va a dar al traste con todo no va a ser el subdesarrollo sino todo lo contrario.

Sí podemos decidir por ti

GEES en Libertad Digital

El problema no está en que aquellos que o son acreedores del dinero que se nos presta o bien garantizan que se nos pueda seguir prestando, estén exigiendo algo a cambio. Esto es lo normal. El problema es que el Gobierno socialista de España ha dilapidado la soberanía, dejándola en manos de comunidades autónomas, por abajo, y, por arriba, en las de la UE, debido a la imposibilidad de financiarnos con nuestros recursos. Es un alivio, en esta tesitura, pertenecer a la UE y al euro, en el que entramos por Aznar –tachado de antieuropeísta– y no por Felipe –que anda dando lecciones europeas hasta por escrito– ni por Z –que decía aquello tan gracioso de los primeros en Europa en los tiempos ya pasados de la Constitución–. Sin embargo, a largo plazo la cuestión es preocupante y requiere arreglo. Una nación soberana, de serlo España, aunque tenga las cortapisas naturales de sus compromisos jurídicos, y de las limitaciones de la realidad, no puede dejar que su política se decida fuera, porque deja de ser democrática. Este es el fabuloso legado de los que hoy son inquilinos de La Moncloa: la ruina económica, la evaporación de la democracia, y la delicuescencia moral.

Un arrogante spot publicitario decía: no podemos conducir por ti. Eso era el Ministerio del Interior, porque, visto lo visto, Merkel sí puede. Y de paso evita que lo haga nuestro ministro del Interior, que no es poca cosa.

Juguetes sexistas

Alberto Gómez en Libertad Digital

Ya estamos en navidades, viene Papá Noel (y Noela) y los niños están por unos días en sus casas fuera de las garras de los pedagogos. Pero ni aún así están libres del sistema del adoctrinamiento, porque la élite dirigente ha roto todos los límites en su ansia bulímica de superioridad moral, promulgando fatwas contra todo lo que va contra su sentido estrechísimo de lo que para su entender es bueno, correcto y racional, a partir de su limitadísima y sectaria visión del mundo.

En este caso hablamos de la campaña que se nos viene encima contra lo que llaman "juguetes sexistas".

(...)

El juego es una cosa y la enseñanza y la educación otra muy distinta y nunca se debe abordar lo segundo como si fuera lo primero. El programa educativo de los socialistas, basado en el determinismo cultural es un perfecto anti-ejemplo de lo que se debe hacer: los pedagogos quieren que los niños aprendan materias escolares como si fuera un juego, cosa imposible. Al mismo tiempo, reprimen los juegos de los niños como si fueran conductas antisociales y desprecian los gustos de las niñas y su aversión al riesgo como si no tuvieran el efecto de una educación represora. Ese antimasculinismo y antifemeninismo explica muchas cosas. El progresismo está en oposición a cualquier noción sensata de educación y de desarrollo sano de la personalidad de los niños.


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En resumen: los niños tienen que aprender lo que deben de aprender y tienen que jugar a lo que quieran jugar. Como se ha hecho siempre. Pero esto tan sencillo, no les entra en la cabeza a los giliprogres ni a los pedabobos. Y a los pedabobos giliprogres, menos.

"Stop breaking my balls"

Quim Monzó en La Vanguardia

Apesta eso de rebautizarlo todo con palabras inglesas. Comenzaron hace décadas, sacándose de la manga lo del bacon y han acabado llamando noodles a los fideos de los restaurantes chinos. El grado de majadería ambiental es espectacular.

(...)

A todos esos enrollados de tres al cuarto podríamos llamarlos assholes, que sería un trend de lo más fashion. En el Time Out recogían el otro día una escena vivida en un bar de Sant Joan Despí. La camarera y unos alemanes intentan entenderse y, viendo que no hay forma, la camarera se gira hacia la cocinera y le pregunta: “Alicia, ¿cómo se dice beicon en inglés?”.


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Pues está de coña que lo cuenten en el Time Out...

martes, 14 de diciembre de 2010

Todos locos

Hermann Tertsch en ABC

Como no van a remitir los temores a que repitan o reincidan los controladores, ya animados al ver que las chapuzas jurídicas del Gobierno con la cacareada militarización pueden dejarlos impunes, podemos tranquilamente convencer a la sociedad para que aplauda un Estado de alarma indefinido. Al fin y al cabo, no afecta a las personas decentes, como se solía decir de la «Ley de vagos y maleantes», antes de que naciera nuestro presidente. Pero quizás habría que advertir a algunos, por eso del decoro, que quizás estén ellos en colectivos de otros enemigos del pueblo que tengan que recibir el merecido escarmiento del poder. Porque como molesten más de la cuenta o dañen a la economía nacional, el Gobierno podría verse obligado a pararles los pies con las nuevas armas que se ha mercado. O si se ponen muy bordes, con otras nuevas, porque ahí están el Estado de emergencia y el Estado de sitio.

(...)

¿Alguien se atreve a descartar que nuestro Gran Timonel se vea obligado en este futuro agónico inmediato a darle otra vuelta de tuerca a sus necesidades de control ante la catástrofe que, lejos de paliarse, se agudiza según se acercan las próximas elecciones? ¿Están todos tan tranquilos ante la perspectiva de un estado permanente de excepción en el que gobierne no ya el naufragado adolescente sino el amo de las sombras y la doblez? Fouche Rubalcaba, implicado como responsable de interior en el caso Faisan, en el presunto delito de alta traición más grave desde la llegada de Tejero a las Cortes, va a ser previsiblemente el jefe de toda esta operación cuyo fin último es impedir la alternancia política en España. Si estamos tranquilos es que ya, definitivamente, han logrado enloquecernos.

Los más y los memos

Tomás Cuesta en ABC

A fin de no poner alarma sobre alarma —o albarda sobre albarda, pues de acémilas va el cuento—, don Ángel Gabilondo, supuesta eminencia gris del plomizo gobierno del señor Zapatero, ha lidiado en los medios la alimaña de PISA a base de meter pico (¡menudo pico tiene!) y de falsificar el temple. Según el titular de Educación, la enseñanza en España progresa adecuadamente y, si bien es verdad que en calidad pinchamos, en lo que hace a la equidad damos lecciones a cualquiera. Es decir, que, a la postre, la sociedad sin clases sólo ha echado raíces en el recinto de la escuela. Allí donde nadie es más que nadie; allí donde los más son siempre los memos; allí donde se insiste, suma y sigue, en seguir ampliando la suma de catetos.

Todos somos objetivo

Florentino Portero en ABC

Seremos objetivo de sus acciones terroristas mientras ejerzamos nuestra libertad, porque su posible efecto sobre las sociedades musulmanas es percibido por los islamistas como una amenaza directa a su propia cultura. (...) Para ellos el islam no está al otro lado de nuestras fronteras sino allí donde habita un musulmán. Si además esa tierra fue sede de un califato, mancillada por el cristianismo y el moderno laicismo relativista y multicultural, qué le voy a decir que usted no se imagine.

Rubalcaba: ¿candidato a presi... diario?

Guillermo Dupuy en Libertad Digital

En una democracia digna de tal nombre, en la que el Estado de Derecho no admita intermitencias y en el que todos –incluidos los gobernantes– estuviesen sometidos al imperio de la ley, un escándalo tan grave como el del caso Faisán sólo podría saldarse de dos maneras: o con la dimisión del ministro del Interior como responsable político del chivatazo a ETA, o con el procesamiento penal también del propio ministro del Interior, en el caso de haber sido él quien diera la orden de perpetrar semejante delito de colaboración con banda armada.

(...)

Pero ya ven ustedes. En esta España nuestra, lo único que se está dirimiendo en estos momentos respecto a Rubalcaba no es si su dimisión debería o no ir acompañada de su procesamiento penal, sino si el omnipotente vicepresidente y ministro del Interior va a ser o no el sustituto de Zapatero como nuevo candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno.

Noticias de Qatar

Pilar Rahola en La Vanguardia

A lo largo de la historia Alá ha impuesto sobre los judíos todo tipo de castigos por ser gente maligna y corrupta. Su último castigo fue Hitler, que fue una bendición divina”. “Es necesario atentar contra mujeres israelíes embarazadas porque son el enemigo”. “Los que practican el liwaat (sodomía) o el sihaaq (lesbianismo) sólo pueden tener el mismo castigo que el fornicador: la muerte”. “El máximo anhelo de un palestino debe ser convertirse en una bomba humana”. “El castigo físico a la mujer puede ser necesario. A muchas les gustan las palizas”. Y por el camino de estas lindezas, algunas convertidas en fetuas desde la presidencia del Consejo para la Fetua y la Investigación, el jeque egipcio Yusuf al Qaradawi ha lanzado todo tipo de proclamas: desde prohibir los dibujos de Pokemon porque son “judíos y masónicos y enseñan la evolución de Darwin”, hasta convertir los textos antisemitas más terribles –como los Protocolos de los sabios de Sión– en libros de lectura obligatoria. También ha tenido tiempo de defender a Hasan al Banna, el ideólogo de los Hermanos Musulmanes, de donde cuelgan todos los grupos vinculados a Al Qaeda, además de instigar al boicot a los productos norteamericanos. Tiene vetada la entrada en Estados Unidos y en el Reino Unido y goza de un destacado lugar en la lista de los jeques de la muerte que elaboraron más de dos mil intelectuales musulmanes. Este señor tan simpático es la fuente de inspiración de la Qatar Foundation, que incluso lo homenajea con un premio anual que lleva su nombre.

Sé tú misma

Luis Suárez en La Razón

Europa vive, en estos momentos una crisis depresiva tan grave como la de 1342, y casi tanto como las de 1680 y 1929. (...) En 1342, cuando era ya evidente el tremendo fenómeno de la gran depresión, que obedecía a causas semejantes a las que hoy padecemos, el desgaste de los modos de producción por una parte, y la difusión de la inmoralidad por otra, un Papa de no mucho presti­gio vino a recordar que en la persona humana existen tres derechos que deben ser calificados de «naturales» porque no son consecuencia de ningún contrato social sino que pertenecen a su naturaleza misma: vida, libertad y propiedad. Es precisamente lo que ahora no se respeta: el aborto es el primer paso para la destrucción de la vida, y no sabemos cuáles serán los pasos siguientes en la mentalidad de los políticos, si bien es evidente que cuanto antes mueran los pensionistas mayores serán los recursos del Estado.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Zapatero, reina madre


Desde el 3 de diciembre, Zapatero sólo reina; ya no gobierna (si es que alguna vez lo ha hecho). Se ha convertido en la reina madre del zapaterismo. Ahora quien manda (si es que alguna vez dejó de hacerlo) es don Alfredo Españanosemereceungobiernoquemienta, con la colaboración de don José (Blanco o Negro, lo que importa es que cace controladores, digo ratones) y doña Carmen Chacón, alias La Karma, que no se la ve, pero por ahí debe de andar. Y los demás... a callar y obedecer, por la cuenta que nos trae. ¡Y menuda cuenta!

Nadie alarma a los muertos

Gabriel Albiac en ABC

Que ahora vivamos en democracia no hace sin agravar la prórroga de un recorte en nuestros derechos, que suspende provisionalmente la plenitud constitucional. Que, por ejemplo, hace imposible realizar elecciones generales —esa epítome de la democracia— durante su vigencia.

Es el síntoma de una sociedad enferma. Pienso yo que terminal. ¿Quién sabe? Puede ser —¡ojalá!— que me equivoque. Diez días ya, exentos de ciudadanía, exentos de garantía constitucional. Y nadie alza la voz. Todos caminan, la cabeza gacha, bajo este cielo gris de zinc con algo de espejo de nuestra muerte.

Lo peor del caos aéreo: la reacción ecologista

Gabriel Calzada en Libertad Digital

A todos estos candidatos a ser lo peor de la crisis aérea yo añadiría uno que creo que merece competir por el dudoso honor de encabezar la lista. Se trata de la reacción del movimiento radical ecologista, liderado por Greenpeace.

(...)

El ecologismo radical se ha convertido en una extraña secta que ve positivos sucesos tan dolorosos como las recesiones económicas o los cierres del espacio aéreo y no encuentra nada positivo en que según la NASA llevemos 10 años sin calentamiento global mientras el mundo ha seguido desarrollándose y emitiendo más CO2. Algún día nuestros nietos mirarán atrás y se preguntarán cómo fue posible que un movimiento como éste se desarrollara y tuviera la más mínima aceptación social en la era del conocimiento y la información.

Rubalcaba, lo peor del felipismo y del zapaterismo juntos

Editorial de Libertad Digital

El problema es que, a día de hoy, Rubalcaba, a diferencia de Zapatero, sí podría ganarle las elecciones a Rajoy. No porque mereciera esa victoria ni mucho menos; al contrario, probablemente sea el político en activo que acumula mayor cantidad de motivos para una dimisión inmediata. Sin embargo, teniendo a su disposición el BOE, los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, Sitel, algunos de los medios de comunicación más importantes del país, la Fiscalía, gran parte de los juzgados, otros ases en la manga cuya existencia todavía desconocemos y, sobre todo, su ingenuo manipulador, el PP, pese a la que está cayendo, podría tenerlo difícil para ganar.