domingo, 30 de enero de 2011
Luz de enero
Aparece muy clara la civilizada imagen de quien cuida sus animales y los hace bendecir, que resulta bastante distinta, por cierto, de la otra imagen de quienes deciden la explotación animal industrial sin muchos escrúpulos y ahí parecen experimentar lo que luego puede hacerse con los seres humanos también organizados como una granja productiva. No había granjas tecno-científicas ni de animales ni de hombres en los tiempos pasados, aunque en ellos tampoco era idílico el mundo, que nunca lo ha sido; pero, al menos, no se mostraba ningún interés especial, como sucedió después, en arrebatar a hombres y animales la alegría de vivir.
Perfil bajo
Hace casi 2500 años, la democracia brilló en Atenas y propició una gloria que aún recordamos. Desde Maratón, en 490, hasta la muerte de Pericles, en el año 429 a. D. C., cuentan los historiadores que la mayor fortuna de Atenas no radicaba en sus minas de plata del Láurium, sino en la abundancia de grandes hombres. Las reformas de Clístenes habían estipulado que la democracia ateniense se regiría por un Consejo de quinientos ciudadanos elegidos al azar, por sorteo. Incluso los nueve jueces del Areópago eran designados así: saliendo milagrosamente escogidos de entre los nombres que contenía una urna. Sin embargo, otros cargos, los de generales o «estrategos», no se confiaban a la casualidad: estaban reservados para los más dotados, ciudadanos de talento que, sin embargo, carecían de privilegios o preeminencias que los distinguieran del resto de sus compatriotas. Formaban una élite, pero sin prerrogativas, supremacías ni subvenciones inherentes a sus cargos. Ponían su genio al servicio de Atenas, de los ideales de la democracia de su época, y dirigían el Estado de manera notable. Dicen que Pericles, al salir de casa cada mañana para ir a su oficina en el Ágora, se repetía a sí mismo: «Acuérdate de que eres un jefe de los griegos, de estos griegos que son hombres libres dentro de una Grecia libre».
Hoy día, desde nuestra perspectiva, podemos poner todos los reparos que nos de la gana a aquella época. Demasiadas obras públicas, expediciones militares, populismo, teatro, riqueza, filosofía… Aristófanes ya se burló de la «suntuosa Atenas» y del gobierno democrático con «sus artes tiránicas y sus malas artes». Pero aquel fue sin duda un momento de la historia extraordinario. (Lo que aconteció después, no tanto). De logros y conquistas humanas, y de más de un hombre valeroso que «sin ser político de profesión se preocupó por saber cuál era la mejor forma de gobierno».
Han pasado los milenios: del siglo de Pericles al de los periclitados (el XXI, el nuestro). Las estatuas de Fidias que decoraban el Partenón ahora son polvo; apenas quedan restos de su viejo esplendor, de la antigua belleza que, hoy como ayer, aún estremece al que la contempla. La humanidad ya no es la misma. Pocas personas con grandes virtudes y formación elevada sienten atracción e interés por los asuntos del gobierno. La política es un oficio bien remunerado, aunque poco prestigiado socialmente. Aquella Atenas era pequeña y rica. Hoy, somos muchos y cada día más pobres. Nuestros próceres, en estos tiempos difíciles, no quieren dar grandes pasos al frente. Huyen despavoridos ante la dificultad. Adoptan un perfil bajo en la tormenta política, social y económica que nos zarandea sin piedad. No quieren destacar, sólo pasar inadvertidos, resistir. Gobierno, oposición, sindicatos, banqueros… Ya ni Rubalcaba da la cara. Todos callados, en lo posible, esperando a que pase el temporal (pero en vez de temporal puede ser definitivo, y a ver qué hacemos…).
Estamos sobrados de pusilanimidad y faltos de «estrategos». Montaigne, tan práctico como lúcido, diría: será mejor, entonces, que nos vayamos acostumbrando cuanto antes...
El rey tartaja
La frase del día: "Cuantas más películas españolas veo, más me gusta el cine inglés."
"Si llamas a alguien «mongolo» o «retrasado mental», tienes inmediatamente que presentar excusas. Pero si te burlas de los tartajas contando el chiste del naufragio y el marinero tartamudo («mi capitán, mejor que zo,zo,zobre que no que fa,fa,falte»), todo el mundo ríe la gracia."
El cine subvencionado no admite disidencias
Para demérito de sus protagonistas, responsables de su mediocridad, y desgracia de los contribuyentes españoles, que hemos de financiarlo, el cine español rechaza prácticamente sin excepciones someterse al criterio de los consumidores para que, en uso de su libertad, decreten el éxito de cada producto. El principal problema del cine español es que, en lugar de ganar el favor del público con su talento, los cineastas prefieren cultivar las relaciones políticas para hacer que las subvenciones públicas permitan la subsistencia de una industria que difícilmente podría sostenerse por sí misma.
Siendo ésta la situación de nuestro cine, el ejemplo del director Alex de la Iglesia adquiere una mayor relevancia por lo que tiene de inusual en un sector distinguido por el monolitismo con que ha defendido siempre sus privilegios injustificados.
De la Iglesia ha sido el único presidente de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas que se ha atrevido a exigir a sus afiliados un mayor respeto a las preferencias del público español, única fórmula válida para crear una industria sólida sin necesidad de recurrir a la limosna estatal. Ocurrió en la Gala de los Premios Goya del año anterior, ocasión que tradicionalmente ha sido utilizada por los cineastas y actores para mostrar su inquina política hacia la derecha o reclamar mayores subvenciones y, a tenor de cómo se están desarrollando los acontecimientos en torno a la Academia de Cine, parece que hay un sector de la profesión dispuesto a cobrarse también aquella afrenta.
Por si fuera poco, el dimisionario presidente de la Academia ha tenido la sensatez de escuchar a los internautas acerca de la peliaguda modificación legal impulsada por la ministra de cultura, y la honestidad de apoyar en conciencia la posición que ha considerado más leal para con los ciudadanos, que dista notablemente de la tesis impuesta por el gobierno socialista y aplaudida por un sector empeñado en no prescindir de las gabelas de que goza gracias a la coacción estatal.
En efecto, Alex de la Iglesia, como les ocurre a los espíritus libres, no era muy popular en el mundo de la cinematografía, rebaño pastoreado con cayado de hierro por una ministra de cultura, que considera a una institución privada como la Academia de cine una simple terminal cuya misión es apoyar sin fisuras el proyecto liberticida del Gobierno Zapatero.
De la Iglesia abandona obligado por las circunstancias, pero no antes de celebrar la entrega de los Premios Goya de este año en fecha inminente, y ya saben sus compañeros de profesión cómo se las gasta el bilbaíno cuando se trata de defender lo que cree mejor para la industria española del entretenimiento. A poco que la torpeza conocida de la ministra y las maniobras de su fieles en la institución sigan enturbiando el ambiente, la gala de este año va a ser un espectáculo digno de verse.
Los piratas y la señora Sinde en Debates en Libertad -29/01/11 (esRadio-LDTV)
Hubiera sido más interesante sin la prescindible presencia de la señora Rodríguez Salmones, que ni se entera de lo que dice, ni de lo que le dicen, ni de lo que ha votado su partido. O sí lo sabe y está intentando darnos gato por liebre, que es peor. En definitiva, una buena muestra del PP marianista y de la clase política actual en general. Así nos va...
sábado, 29 de enero de 2011
El paro, la tragedia que no cesa
Es hora de acometer reformas en profundidad sobre el rígido y obsoleto sistema de relaciones laborales que impera en España desde tiempos del franquismo. Un sistema que fomenta la improductividad, nos condena a liderar siempre y en cualquier circunstancia las listas de desempleo de la OCDE y que, por culpa de los privilegios adquiridos, envía de un modo masivo al paro a las generaciones más jóvenes, provocando un síndrome de expectativas disminuidas como los que padece la juventud de muchos países del Tercer Mundo.
Lo que nos debe quedar claro es que el problema del paro, que ya ha adquirido tintes de tragedia nacional, no se va a solucionar solo ni aplicando viejas recetas. Un desafío para nuestra clase política que, de una vez por todas, debe abandonar las supercherías autocomplacientes en las que retoza desde hace más de treinta años. Ha llegado el momento de que nuestro mercado laboral haga la transición a la democracia.
Los internautas criminales
A Manuel Gutiérrez Aragón se le ha atribuido una frase la mar de simpática: «No hay que dar ninguna tregua a los internautas, porque es como pactar con los terroristas». Frase que tal vez sea apócrifa, pero que desde luego es inconsecuente, pues si hay algo que distinga a terroristas e internautas es que con los primeros se ha pactado repetidamente.
(...)
La llamada «ley Sinde» será un fracaso sin paliativos, porque no se puede poner puertas al campo ni mantener artificialmente la respiración de un muerto; a menos, claro está, que se pretenda encerrar a todos los internautas en un inmenso, desquiciado, pesadillesco campo de concentración, para intentar mantener vivo al zombi. Que eso es, al fin y a la postre, lo que pretenden quienes identifican a los internautas con criminales: convertir el mundo en una cárcel orwelliana.
Rubalcaba apunta a internet
Es un mal asunto que Rubalcaba vincule la existencia de internet con la del terrorismo "internacional". No se ha limitado a señalar algo que todos sabemos, que los terroristas utilizan la red para comunicarse y difundir sus mensajes (al igual que usan los teléfonos para hablar, los coches para desplazarse o las casas para esconderse). Muy al contrario, ha afirmado que sin la red no existiría ese tipo de terrorismo al que desde el Gobierno tanto cuesta calificar de "islamista" o "islámico" (sin que esto último quiera decir que todos los musulmanes sean miembros de Al-Qaeda, Hamas, Hizbollah y otras organizaciones similares).
Lo que ha hecho el ministro del Interior es criminalizar la red en su conjunto sin fundamento alguno. Las redes de terroristas que actúan en diversos países, con independencia de sus objetivos y naturaleza ideológica, existen desde mucho antes de la invención de internet. Grupos como la OLP y Septiembre Negro se dedicaban a asesinar, secuestrar aviones o barcos y capturar rehenes en todos los continentes desde antes de que se hiciera algo parecido a comunicar unos ordenadores con otros a través de la línea telefónica. Y no sólo eso. Durante la segunda mitad del siglo pasado, grupos terroristas como ETA, IRA, la Fracción del Ejército Rojo o las FARC colaboraban entre sí y con muchos otros sin necesidad de páginas web y correo electrónico.
Incluso limitándonos al terrorismo islamista, este es también anterior a la red. Sólo por poner un ejemplo, el iraní Hizbollah se fundó entre 1977 y 1979. De hecho, su patrocinador, el régimen de los ayatolás, lleva apoyando a grupos similares en varios países desde que Jomeini tomara el poder en Irán en 1979.
Pero lo más preocupante de las declaraciones de Rubalcaba no es la falta de conocimiento de la historia del terrorismo de la que hace gala. Lo peor es que si un ministro del Interior señala a "internet" como una de las causas de dicho terrorismo, puede tener en mente medidas coactivas para la libertad en la red. Durante la década pasada, y con la alarma mundial causada por los terribles atentados del 11 de septiembre de 2001 en EEUU, en todo el mundo se impusieron normas (en gran medida todavía vigentes) que lesionan los derechos de los ciudadanos en internet (como el secreto de las comunicaciones o la intimidad) al tiempo que no ofrecen una gran eficacia. Máximo ejemplo de eso son la Patriot Act en Estados Unidos junto a la directiva de retención de datos en Europa y su transposición a la legislación de los estados miembros de la UE.
Por tanto, nada bueno se puede esperar. Y menos aún si se tiene en cuenta el poco respeto por los derechos de los ciudadanos en internet que ha demostrado este Gobierno –con el apoyo final de un PP que ha preferido ponerse del lado de los cantantes y demás "culturetas" en vez de junto al resto de los españoles– en todo el asunto de la Ley Sinde.
Esperemos que la declaración de Rubalcaba se quede en una de esas muchas cosas (en numerosas ocasiones escritas por asesores) que numerosos políticos dicen en una conferencia para rellenar tiempo y no señale futuras normas lesivas para la libertad en internet. En definitiva, que tras una "Ley Sinde" con la excusa de los derechos de autor no venga una "Ley Rubalcaba" que traten de justificar con la lucha contra el terrorismo. También en internet hay que luchar contra el terror, por supuesto, pero sin dañar la libertad de expresión o la intimidad de los ciudadanos.
Méndez, Toxo y ZP nos hacen un "chamosa"
El régimen público de previsión social, eso que los pusilánimes llaman "uno de los vértices del Estado del Bienestar", es una estafa piramidal en función de la cual el Gobierno te roba una parte de tu salario para pagar los subsidios actuales, a cambio de la promesa de que cuando tú te jubiles habrá los suficientes pardillos en activo como para hacer lo propio contigo. En el proceso desaparece el ochenta por ciento de todo lo que has pagado a lo largo de tu vida laboral, pero asombrosamente es un robo que el español medio acepta con la mejor de sus sonrisas, porque encargarse de su propia jubilación le produce un pánico insuperable.
Queremos que López i Chamosa gestione nuestra jubilación y luego nos escandalizamos de la magnitud del latrocinio, una reacción absurda porque es lo que ocurre invariablemente cuando entregamos a los políticos la capacidad de decidir sobre nuestras finanzas. Si, además, en el conciliábulo parlamentario en que se decide la cuantía del robo una de las voces autorizadas es la de la oronda académica del PSC, el resultado no puede ser otro que el que finalmente han rubricado los sindicatos y ZP tras la tradicional cena copiosa y los dos paquetes reglamentarios de tabaco.
Es preocupante que los chamosas decidan cuándo tenemos que dejar de trabajar y a cambio de cuánto dinero, pero mucho más lo es que el borrador de intenciones surgido de la comisión parlamentaria de la que forman parte deba ser validado por los sindicatos llamados mayoritarios. Méndez y Toxo, junto al presidente del "sindicato de productores" y ZP, acuerdan la reforma del sistema público de pensiones aumentando la intensidad del robo institucional, y asombrosamente no hay una manifestación espontánea de los dieciocho millones de cotizantes actuales exigiendo a los cuatro que saquen sus sucias manos de nuestro dinero.
Está visto que la estafa de las pensiones públicas va a perdurar en España durante muchas generaciones, por eso lo único que cabe exigir es que nos dejen fuera del sistema a los que no queremos permanecer en él ni un segundo más. Queremos sufrir los rigores del capitalismo y depositar nuestro dinero únicamente en planes de ahorro privados como ZP, que los contrata a pares. Y si nos arruinamos lo asumiremos con gallardía. Preferimos compartir el destino financiero de ZP a continuar sometidos al despojo solidario del clan de los chamosas. Cuestión de gustos.
viernes, 28 de enero de 2011
Álex, el enemigo del pueblo
La jefa de la Cultura oficialista le condena por no comulgar con "una decisión democrática" adoptada por tres partidos políticos con millones de votantes. De modo que, según esa mentalidad rudimentaria y antiliberal que equipara las decisiones de la mayoría con la razón y la verdad, hay que colgarle al díscolo el sambenito de "enemigo del pueblo". Si esto fuera Inglaterra, una pediría que al cineasta desafecto se le concediera el título de Sir. Como no lo es, que se le ponga su nombre a alguna calle. Aunque sólo fuera por el gesto excepcional de dimitir.
lunes, 24 de enero de 2011
Recuperar la verdad
Una sociedad que reniega de la verdad que la constituye se convierte, inevitablemente, en pasto de ingeniería social; se convierte en barro moldeable en manos del político que, a cambio de exaltar sus caprichos y conveniencias, puede instaurar un reinado de la mentira sin violencias ni sobresaltos, sabiendo que quienes lo sostienen no se rebelarán, pues previamente han sido sobornados.
lunes, 17 de enero de 2011
Orwell en la España de Zapatero
Las 33 páginas del anteproyecto de ley para la igualdad de trato y la no discriminación nos llevan, ya desde el título, a un mundo orwelliano. sin ironías ni como una denuncia, sino como un objetivo deseable. En el planeta pajillesco no habrá acción u omisión que resulte en una discriminación, menoscabo o perjuicio de terceros.
Sigamos el texto, y hagámoslo fielmente, porque de otro modo todo lo que se diga de él parecería mentira. Su objetivo es "prevenir, eliminar y corregir toda forma de discriminación en los sectores público y privado". No sólo serán penadas las acciones que considere la administración que están tipificadas en la ley, sino también las omisiones. Y no cabe descargarse en el error, pues tipifica la "discriminación por error", esto es, la que "se funda en una apreciación incorrecta acerca de las características de la persona discriminada". Atentarán contra la ley las meras opiniones. Dice: "Queda prohibida toda conducta, acto, criterio o práctica" tipificada. Un mero criterio, una opinión, podrá ir contra la ley. Y cualquier uso social asentado, cualquier tradición, se puede convertir en ilegal con la plasmación de este texto en el BOE.
Si les cabe aún el asombro, sepan que queda invertida la carga de la prueba. Será el acusado quien tenga que demostrar que es inocente: "Corresponderá a la parte demandada o a quien se impute la situación discriminatoria la aportación de una justificación objetiva y razonable". Como es un delito de opinión, de ofensa, y es el ofendido quien alega sus razones para sentirse así, resultará muy difícil defenderse. Además, cualquiera puede verse en la tesitura de ser denunciado por llevar una vida normal, como la que hacemos todos los días Y los ofendidos o discriminados tienen la consideración, en el texto que quiere ser norma, de "víctimas". Lo cual nos convertirá a los ciudadanos de a pie en... bueno, ya se lo imaginan.
El anteproyecto "incorpora expresamente tres nuevos motivos"de discriminación: "enfermedad, identidad sexual y lengua". Bien, por fin el Gobierno va a echarse atrás en su connivencia con las discriminaciones contra quienes quieren recibir la educación en castellano en regiones como Cataluña, País Vasco, Galicia o Valencia. Pues no, porque dice textualmente: "La prohibición de discriminación por lengua excluye cualquier diferencia de trato por el uso del castellano en todo el territorio nacional así como por el uso de las distintas lenguas cooficiales en sus respectivos territorios y en aquellos otros ámbitos previstos en las leyes". Hay que leerla varias veces para creérsela. Es decir, que el anteproyecto introduce un nuevo criterio de discriminación, que es la lengua, pero saca del ámbito de la ley las lenguas oficiales, precisamente las que están creando un problema de derechos civiles por discriminación y atentado contra nuestra libertad. Por lo que se refiere a la "identidad sexual", ya podemos ver claramente que cualquier opinión que resulte intolerable a la ideología de género de los socialistas estará perseguida por la ley.
Menciona expresamente, para que nos vayamos todos preparando, a los medios de comunicación, y precisa que "se prevé su sometimiento a dicha prohibición". Si han podido multar a Intereconomía por una autopromoción sin necesidad de la ley, ¿qué no harán cuando entre en vigor? Pues lo que harán será cerrarla; a esta cadena o a cualquier otro medio de comunicación que les resulte incómodo, como este mismo. Acaso no sólo por sus contenidos, pero sí porque la ley entra en el ámbito de la empresa, y arroga a la administración la facultad de cerrar cualquier compañía que considere recalcitrante en la discriminación. Ah, y lo de la Educación para la Ciudadanía va a ser de risa en comparación con lo que puede esperarle a los colegios, pues el texto ya apunta que va por ellos.
Yo no soy capaz de identificar una sola norma desde el final de la Guerra Civil que sea tan totalitaria como la que ha concebido el Gobierno socialista. Es un instrumento para modelar la sociedad según los pobres esquemas de nuestra izquierda. Pero no es un salto cualitativo. Es la culminación de todo un proceso intelectual que conduce al sometimiento de los individuos a las terroríficas ensoñaciones socialistas.
----------------------------------------------------------------Mienten los calendarios, estamos en 1984.
El PSOE prepara su ley de blasfemia
Desde que Moncloa emitió el 7 de enero la nota de prensa informando del anteproyecto de ley "antihumillaciones" impulsado por la ministra Pajín, la red se ha desparramado con todo tipo de chanzas al respecto: "multarán por llamar feo", prohibirán los piropos... Pero según se va leyendo más gente el siniestro anteproyecto, van saltando las alarmas: los colegios con la opción pedagógica de educación diferenciada serán excluidos de los conciertos, no podrás negarte a alquilar tu casa a, por ejemplo, un inmigrante sin trabajo, podrán cerrarse empresas que "discriminen", etc, etc. Como bien apunta la redactora de la noticia, teniendo en cuenta que esta ley se aplicaría prácticamente en todos los ámbitos –empleo, asociaciones de todo tipo, educación, sanidad, servicios sociales, bienes y servicios y medios de comunicación–, no habrá parcela libre de la amenaza de cierre o fin de actividad si comete una infracción que sea considerada como "extraordinaria".
Como la motivación oficial, al parecer, es evitar las humillaciones a los españoles, nos preguntamos: ¿es que hasta el anteproyecto Pajín los españoles estábamos humillados? ¿No teníamos quién nos defendiera? Es obvio que la Constitución española y su ordenamiento jurídico tenían suficientes instrumentos para impedir y castigar humillaciones y discriminaciones objetivas en cualquier campo. Por ahí no va el tema, pues. Lo confirma también el hecho de que esté contemplada una "Autoridad para la Igualdad de Trato y no Discriminación", que al artículo 38 del anteproyecto prevé sea "organismo público de carácter unipersonal", y que –échense a temblar– tendrá potestad para investigar, por iniciativa propia, la existencia de posibles situaciones de discriminación de especial gravedad o relevancia. También tendrá la facultad de ejercitar acciones judiciales, de solicitar la intervención de las administraciones y la Fiscalía. O sea, un super-comisario político, por encima del sistema judicial. Para rematar la amenaza, se contempla la llamada "inversión de la carga de la prueba", es decir, fin de la presunción de inocencia; cualquier acusado de haber discriminado a alguien, tendrá que demostrar que no lo ha hecho.
Algunos empiezan a ver que, curiosamente, gracias a esta ley-Pajín, se tendría que derogar, por ejemplo, la actual ley antitabaco, porque los fumadores estarían discriminados si quisieran fumar en cualquier local público, y eso no se puede consentir. La esquizofrenia y pulsión totalitaria de estos necios lleva a estas paradojas.
Como la Sra. Pajín invocó para presentar las bondades de su anteproyecto, ¡cómo no! a los países de nuestro entorno, vamos a ver algunos ejemplos prácticos de qué se hace por Europa y Estados Unidos con normas de este tipo llevadas hasta el extremo por los particulares talibanes que las promueven e interpretan. Y digo talibanes porque éste es justamente el punto clave: la motivación última es impedir en la sociedad la libertad de opinar, actuar y moverse con criterios diferentes de los propugnados por la "nueva religión" que empieza a imponerse en Occidente, y que gira en torno a tres parámetros fundamentales: laicismo agresivo con tintes cada vez más claros de cristianofobia, feminismo de género con promoción de la agenda del lobby gay, y odio a la sociedad abierta y el libre mercado.
Uno de los primeros casos que ya en 2004 alcanzó notoriedad fue el del pastor luterano Ake Green, que fue condenado a la cárcel por predicar en su iglesia sobre el pasaje de la Carta de San Pablo a los Corintios sobre la homosexualidad. Aunque se limitó a exponer la doctrina de San Pablo, fue denunciado y condenado por "incitación a la violencia".
En marzo de 2007 una asociación metodista de New Jersey no quiso dejar sus locales privados, que tenían unas bonitas vistas al mar, a unas lesbianas para que celebraran en ellos su "boda". El tribunal falló que la asociación había violado las leyes anti-discriminación de New Jersey, aunque admitía que se trataba de una propiedad privada.
En febrero de 2008, se multó con 63.000 euros a un obispo anglicano que se negó a contratar como monitor de jóvenes a un hombre homosexual, entendiendo que era una discriminación por razón de orientación sexual, sin atender a las razones del obispo: no quería contratar para cargos de confianza en las actividades de su iglesia a personas que están en contra de la moral cristiana.
El año pasado, un padre de familia americano terminó siendo encarcelado por pedir que en el colegio no inculcaran a su hijo de 5 años que las uniones homosexuales eran moralmente aceptables, porque eso iba a contra de sus convicciones.
Hace un año, la ministra de Igualdad británica soltó un globo-sonda similar, anunciando un proyecto de ley que expresamente tenía en el punto de mira a la Iglesia Católica en el país, y pretendía obligar a la jerarquía a no impedir que sus sacerdotes puedan casarse, tener abiertas conductas homosexuales, realicen operaciones de cambio de sexo, mantengan estilos de vida abiertamente promiscuos o realicen cualquier otro tipo de actividades que sean reconocidas como formas legales de expresión sexual. Y naturalmente, no podrán rechazar como candidatas a mujeres que se presenten para ser ordenadas. No hemos vuelto a tener más noticias del tema; suponemos que se debe a que la sociedad y la clase política británica no han perdido completamente la cordura.
Sin haberse aprobado aún la ley Pajín, en España ya es palpable que no hay libre circulación de ideas, si éstas chocan con la "nueva religión", como ha ocurrido también hace unos días en la Universidad de Sevilla, donde se ha impedido que se promocionara el libro de un terapeuta americano. La diputada Rosa Díez, el escritor Pío Moa, y otros muchos relevantes "disidentes" del discurso oficial hace tiempo que son violentamente acallados en sedes universitarias. Las razones son distintas del motivo tratado en este artículo, pero el clima que los propicia es hijo del mismo humus ideológico talibán que inspira a la Sra. Pajín y al Gobierno de Rodríguez Zapatero.
"¿Qué ha hecho Mahoma por vosotras?". Esta simple pregunta ha condenado a muerte a la cristiana Asia Bibi, a tenor de lo que prevé la ley de blasfemia que marca en Pakistán una línea roja: todo lo que cuestione al islam, merece la muerte.
En España, todo lo que cuestione al laicismo radical, al lobby gay, al intervencionismo estatal asfixiante va a merecer la cárcel, la multa, la muerte civil.
El PSOE prepara su ley de blasfemia. Si se aprobara, la libertad de pensamiento, opinión y expresión, y el derecho a la propiedad privada habrán muerto definitivamente en España.
La conexión murciana de Palin
Y en ese tipo de asociaciones irracionales, manipuladas emotivamente, la propaganda izquierdista se ha revelado maestra. Claro que tales asociaciones serían imposibles si previamente no se hubiera impuesto la creencia de que la violencia es una suerte de tic o pulsión irrefrenable de la derecha, un ingrediente constitutivo de su código genético; o, dicho en términos teológicos: una mancha de pecado original que arrastrará mientras exista. De nada sirve que la realidad refute abrumadoramente tal creencia, prodigando por doquier —lo mismo antaño que hogaño— ejemplos de violencia ejercida por la izquierda como método válido de convicción social y asalto al poder. La violencia, en el imaginario colectivo, se ha convertido en patrimonio exclusivo de la derecha; y la propaganda izquierdista puede permitirse desahogos como este aquelarre montado en torno a la matanza de Tucson. Mientras escribo este artículo, leo que han aporreado al consejero de Cultura del Gobierno de Murcia, quebrándole la mandíbula. Siendo el instrumento de agresión un «puño americano», la prensa izquierdista no debería vacilar el atribuir la agresión a un secuaz murciano de Sarah Palin; y, tirando del hilo, tal vez descubra que en Murcia hay montado un Tea Party clandestino.
Nada es seguro en Túnez
NO basta con derrocar a un dictador para poner en pie una democracia. Los que tienen mi edad recuerdan el chasco de 1979. En un Irán donde iba a instalarse, desde entonces, el nudo de las tormentas de después de la guerra fría, tras el inicio de una guerra de religión —la declarada por la Yihad a los infieles— con la cual habremos de pechar aún por muchos años.
Ben Ali ha huido. Hostigado por quienes claman por la democracia en Túnez. Pero no son ellos quienes han recogido el poder. Es el ejército. Tan corrupto como Ben Ali. Los clérigos y Al Qaeda aguardan su hora.
domingo, 16 de enero de 2011
El rey de Inglaterra
Nunca se releyeron sin alegría los versos en que Shakespeare habla en su «Hamlet» del tiempo de Adviento o anterior a la Navidad, en el que el aire se torna como de cristal en su transparencia, y el gallo aleja con su canto más madrugador y como en ninguna parte del año las pesadillas de la noche. La visión poética interpreta así esos fastuosos días y noches que transfiguraba; y los hombres, en su propio modo de vivir y éste en sus diversos aspectos han recogido como el desteñido de esa poesía en los demás tiempos del año, porque la poesía recrea el mundo para nuestros adentros.
Pero se ha perdido en buena parte el sentido de la fiesta, o, más bien, se ha renunciado a él como a otras estancias del vivir humano en seguimiento de ideas abstractas o acecinados por la política, de manera que la fiesta, que fue siempre memoria religiosa, costumbre heredada o decisión individual y de la comunidad, ha sido convertida en una ordenanza política utilitaria, y es lógico que algo tan artificial y construido precise también un construido énfasis y ruido y un encendido de luces de feria, dramáticamente empeñado en sacar a la alegría de allí donde pudiera haberse refugiado.
Pero ¿cómo se reprocharía éste y otros «como si» a un mundo como el nuestro que tiene con frecuencia la sensación de vivir junto a una morgue o en medio de ella, aunque sólo sea porque las noticias de cada día que le llegan son siempre de desgracia y muerte, de envenenamiento de tierra, mar y aire, y de inseguridad misma del andar por la calle, y hasta de los mismos alimentos que consume? Hasta el juego y la diversión están impuestos, normados y teledirigidos para su rentabilidad económica o política, o para la conformación y pedagogía del ánima, en vez de ser el puro ámbito de la libertad.
No se podrá decir, ciertamente de este tiempo nuestro lo que del XVIII, antes de la Revolución, decía Monsieur de Talleyrand, que quien no había vivido en él no podía saber lo que era la dulzura del vivir. Incluso adoctrinados permanentemente, como estamos, de vivir en la plenitud de los tiempos, no podríamos decir aquello ciertamente.
Las luchas político-religiosas del XVI y el XVII –las luchas son siempre políticas y suelen militarizar lo religioso como el resto de la realidad humana– vistieron de negro a Europa entera, y quitaron a sus hombres la alegría de vivir hasta un punto que se decía que en las grandes casas se rechazaban a los candidatos a cocineros que eran calvinistas por miedo de que su oscuro pesimismo sobre la naturaleza humana y la condición del mundo influyera tanto en ellos que hasta sus salsas se cortaran; pero al fin pudo respirarse. Sólo que entonces, como para que los hombres no olvidaran su condición siniestra, las revoluciones de fines del XVIII y de mediados del XX, volvieron a rodear la vida humana de amargor y tristura. Nazis y comunistas cerraron los cafés y otros lugares de esparcimiento en Praga y Viena, y por doquiera donde triunfaron, y se abrieron escuelas de formación global para fabricar un mundo nuevo, a comenzar por una nueva gramática, según la cual la esclavitud es libertad, cultura la ignorancia, alegría la barbarie, y jugar o reír serían prohibidos como no fuera para alabar y divertir al líder redentor.
A la llamada post-modernidad no le ha faltado razón en querer zafarse de toda esa losa de seriedad y horror, pero «tiró el niño con el lebrillo», y el alegre nihilismo en el que se nos invita a vivir no nos proporciona una residencia que sea codiciadera precisamente como Martin Buber decía que no podíamos residir en territorio hegeliano.
Demasiadas explicaciones, en efecto; demasiada atención a los señores de la historia siempre pronunciando un discurso interminable. «¿Y a ti qué te importa lo que piensa el rey de Inglaterra?», preguntaba Erasmo a su lector.
Pues nada, verdaderamente.
Yo acuso a ciertos sindicatos de ser criminales
No estoy acusando como hacen los demócratas americanos de que hayan creado un vago, poco mensurable y finalmente discutible "ambiente de crispación" que haya desembocado a través de tortuosos procesos mentales de algún loco en trágicas consecuencias políticas. No es algo obra de "elementos incontrolados". Sino algo infinitamente más grave: estoy acusando directamente de que algunos sindicatos "de clase" en Murcia han puesto a Cruz en la situación precisa de que alguien, de entre los suyos o aledaños, le dé el paseo. No hay posibilidad de dudas retóricas. "Sobrinísimo", lo llamaron. Ya sabemos quién lo llama así, como sabemos quién llama "txakurra" a la gente decente. Todas las pruebas de esto se han publicado estos días rigurosamente, por tierra, mar y aire. Sólo hay una diferencia de ciertos sindicados "funcionariales" o de gentuza que utiliza sus siglas con su beneplácito respecto a los batasunos: que éstos ahora mismo aseguran repugnar de estos métodos criminales. Qué vacías veo aún las cárceles. Los sindicados "pacíficos" en Murcia deben renegar de ellos y, qué duda cabe, de las comunes reivindicaciones, a partir de hoy irremediablemente teñidas de sangre. Y aún alguien dirá que estos agentes son "interlocutores sociales". De acuerdo: estrictamente en los "vis" a "vis" de los módulos de alta seguridad.

