sábado, 28 de mayo de 2011

La quiebra del Estado de derecho

Pío Moa en Libertad Digital

Cuando la quema de conventos, bibliotecas y centros de enseñanza por las izquierdas a poco de empezar la república, Azaña impidió que el Gobierno cumpliese e hiciese cumplir la ley. Y, orgulloso, a las cuatro de la noche, "Llevé a Maura al balcón, le mostré la Puerta del Sol, y le dije: ‘¿Ve usted? Nadie. ¿Cuál sería ahora nuestra situación y la de la República si hubiese ahí tendidos unos cuantos muertos?’".

La anécdota refleja muy bien la frivolidad y necedad del Azaña político: se había convertido en cómplice de una masiva vulneración de la ley en lugar de defenderla, so pretexto de que podría haber algún o algunos muertos. No tenía por qué haberlos, desde luego, pero ese es un riesgo que un gobernante debe asumir, por su propio compromiso, o dimitir. Otro problema era que toda la demagogia de los republicanos incitaba a tales cosas, de las que luego querían hacerse los desentendidos. Las consecuencias fueron que la república se inauguró con una grave quiebra del Estado de derecho, la cual dividió moral y políticamente al país; y que, establecido el precedente de la impunidad, la república ya solo subsistió a trancas y barrancas con leyes tan brutales como la de Defensa de la República, censura y estado de excepción casi permanentes. La guerra civil vino, en última instancia, porque la base de la paz cívica, que es el respeto a la ley, fue pisoteada desde el principio y con creciente gravedad por las izquierdas.

El actual deterioro del Estado de derecho comenzó cuando Alfonso Guerra decretó el fin de la división de poderes y Felipe González intentó imponer una "ley anti difamación" para proteger la oleada de corrupción de su partido y utilizar el poder judicial a su favor. Un proceso de corrosión paralelo fue la "salida política" para los etarras –que convertía el asesinato en un modo premiable de hacer política–, combinada con el GAL. Aznar frenó, insuficientemente, el deterioro, pero con el funesto presidente actual ha llegado la quiebra: colaboración abierta con la ETA, corrupción de jueces y del Tribunal Constitucional, ley totalitaria de "memoria histórica", leyes perversas contra la familia y la vida humana, etc. Todo lo cual deriva lógicamente de las ideas de base de estos individuos que se consideran "rojos", de las viejas demagogias nunca del todo abandonadas, de su desprecio por España...

La situación puede resumirse en los últimos episodios: unos miles de descerebrados desafían la ley y el Gobierno se hace cómplice de ellos. ¿Y cómo podría ser de otro modo si el responsable del orden público es mucho más delincuente que los descerebrados, como colaborador y chivato de la ETA, portavoz del GAL y primer transgresor de la llamada jornada de reflexión? Repito lo de siempre: o la democracia acaba con estos delincuentes o estos delincuentes acaban con la democracia.

jueves, 26 de mayo de 2011

Un proyecto de ingeniería social

Ignacio Sánchez-Cámara en ABC

El anuncio de Rodríguez Zapatero de que no se presentará a la reelección como candidato de su partido a la presidencia del Gobierno y su desastre electoral no despejan las dudas sobre la continuidad de su proyecto político, al menos hasta la convocatoria de elecciones generales. Ahora de lo que se trata es de si el PSOE persiste o no en él.

Varias han sido y son las interpretaciones sobre la empresa política y la índole intelectual y moral, valga la exageración, de Zapatero. Entre ellas, el «buenismo», el «pensamiento Alicia», la improvisación permanente, la ausencia de proyecto, la ingenuidad utópica. Algunas aciertan, pero solo en parte. En realidad, sea obra suya o no, y más bien cabe conjeturar lo segundo, existe un proyecto político muy bien definido y, en gran parte, consumado. Sus consecuencias quizá solo en parte serán reversibles.

La naturaleza del proyecto consiste en la transformación moral radical de la sociedad. No se trata de un ingenuo u oportunista improvisador. Está orientado por el relativismo ético, pero acaso se trate de algo aún peor. El relativismo es quizá el medio, pero no el fin. Este fin es más la inversión de la jerarquía natural de los valores que su mera disolución. Al cabo, se trata, en muchos casos, de que lo inferior ocupe el lugar de lo superior, y lo malo el de lo bueno. Si estoy en lo cierto, se trata de un proyecto de ingeniería social, es decir, de conformación de la sociedad a la medida de los valores (o contravalores) del Gobierno. Ignoro si todo su partido lo respalda, aunque lo dudo, pero lo cierto es que los discrepantes son o escasos o silentes.

Los ejemplos son notorios. La crisis económica, solo en este sentido providencial, no ha hecho sino aminorar la intensidad del desmán. La nómina es conocida, aunque demasiadas veces se mire hacia otro lado, como si no se quisiera ver la realidad. La nueva legislación del aborto ha transformado un delito en un derecho de la mujer, solo limitado por un plazo arbitrario. La nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía, que muy probablemente contraviene el derecho de los padres a elegir la educación religiosa y moral de sus hijos, entraña una usurpación del Gobierno, cuya misión es garantizar el ejercicio del derecho a la educación, pero no determinar su contenido antropológico y moral. La regulación de la experimentación con embriones y la reproducción asistida asesta un golpe decisivo a la dignidad de la vida. Algo más renuente se encuentra, aparentemente, el Ejecutivo sobre la legalización de la eutanasia. Ha elegido, de momento, una vía vergonzante: la regulación de los cuidados paliativos y la «concesión» de un nuevo derecho: el derecho a la muerte digna. Como si hasta ahora el encarnizamiento terapéutico fuera una exigencia legal y la práctica médica no se preocupara de la administración de los cuidados paliativos; como si la legislación actual nos condenara al deber de una muerte indigna. La consideración como matrimonio de las uniones legales entre personas del mismo sexo ha destruido la concepción tradicional del matrimonio y la familia. La legislación sobre la «memoria histórica» entraña una ruptura de la concordia nacional y un agravio al derecho a la libertad de investigación y de expresión. Y ya está preparado el proyecto de ley de no discriminación e igualdad de trato, de naturaleza totalitaria.

Estos son los elementos principales de este proyecto de ingeniería social, que persigue la modelación de la sociedad y sus costumbres a los dictados del poder político. Un poder que, por cierto, nunca ha obtenido la mayoría absoluta, que sí lograron González y Aznar. Sus raíces ideológicas quizá se encuentren, si es que se encuentran en algún lugar, en el nihilismo derivado del posestructuralismo francés. Y su objetivo es el combate contra el cristianismo y el liberalismo (y no cabe olvidar a este último). Todo proyecto de ingeniería social es enemigo de la libertad. Este lo es también del cristianismo, y, más concretamente del catolicismo. Se trata de derruir los fundamentos católicos de la sociedad española, por más que se invoque solo la aconfesionalidad del Estado y la libertad religiosa.

Y, de manera solo aparentemente paradójica, se ataca a la libertad mientras se reconocen «nuevos derechos». Por lo demás, los derechos no son creaciones ni concesiones del Gobierno, como si se tratara de un nuevo señor feudal democrático que dispensa derechos a sus vasallos agradecidos. Los derechos solo se reconocen y garantizan, pero no se crean. Además, esta apoteosis de los derechos los convierte en enemigos de la libertad. Y no es extraño. Kant afirmó que tener un derecho es tener la capacidad de obligar a los demás. Todo derecho entraña deberes y obligaciones para uno mismo y para los demás. Desde el aborto al aire limpio. Si abortar, contra todo derecho y razón, se convierte en un derecho, generará obligaciones para el personal de la Sanidad y, en general, para toda la sociedad. Si uno tiene derecho a no aspirar humo de tabaco ajeno, se limitará necesariamente el derecho a fumar en espacios públicos. Y así podríamos continuar con otras limitaciones a la libertad, unas justificadas y muchas no, en el nombre de los derechos Los deberes se cobran así su venganza, y el dispensador de derechos se convierte en generador de cargas y obligaciones.

Quizá no exista un síntoma más rotundo de que un gobierno se desliza por la pendiente que conduce al totalitarismo que su pretensión de erigirse en autoridad espiritual. Y esto se manifiesta en su designio de que las leyes por él aprobadas, no por cierto las aprobadas por la oposición cuando estaba en el poder, constituyen la única y verdadera moral exigible a todos. Todo gobernante autoritario pretende que su Derecho se convierta en moral. No quiere rivales. El poder temporal pretende suplantar hoy al poder espiritual. Y esto solo es posible cuando el poder espiritual está vacante.

Ortega y Gasset afirmó en La rebelión de las masas que Europa se había quedado sin moral. Parece que seguimos así, pues, si la hubiera, no podría fabricarla a su antojo el Gobierno. Al final del segundo volumen de La democracia en América, afirmó Tocqueville que las naciones democráticas de sus (nuestros) días no podían evitar la igualdad de condiciones en su seno, pero que de ellas dependía que la igualdad condujera a la libertad, la civilización y la prosperidad, o al despotismo, la barbarie y la miseria. De nosotros, me refiero a los españoles, depende, pero mucho me temo que hayamos emprendido el camino equivocado. Pero el futuro no está determinado, y podemos cambiar el rumbo. Mas conviene advertir que no se trata solo de un cambio de Gobierno, con ser este necesario y urgente, sino de algo mucho más profundo y difícil: la restauración de la moral. Por eso, el único modo de combatir el proyecto de ingeniería social consiste en emprender otro proyecto alternativo de regeneración intelectual y moral. La política, imprescindible, vendrá después y de suyo. Están en juego la libertad, la civilización y la prosperidad.

La hora del fascismo

Ignacio Ruiz Quintano en ABC

Con la grande polvareda pepera perdimos a don Beltrane, que era Bildu, con su alegría de chorro de piedras etarra. Después de todo, también ellos son izquierda.

Si en mis días de Facultad no me perdí nada, las cosas, hoy, serían como sigue: sólo la izquierda es democracia; todo lo que no sea izquierda es fascismo; luego España es fascista.

¿Y la ley?

—La ley es la organización de la violencia destinada a dominar a una cierta clase.

Eso decía el delegado de curso en la Facultad y eso ha animado a Rubalcaba a echarle morro a lo de la Puerta del Sol. Pobre Rubalcaba, que iba para Cromwell de Solares y se ha quedado en Jaruzelski de Ferraz (¡ni siquiera en Lotso, el oso de «Toy Story»!), con las llamas entrando por el portalillo del partido y los perros flautas jugando a estibadores de Solidaridad.

Ya hay un regeneracionista muy cursi que dice que esto ya se lo olió él al ver cómo corría el jamón. Él, claro, se comió el jamón, y ahora la Revolución de Sol parece imparable: el día de San Fernando la Revolución se propone volar el capitalismo enviando a sus hijos a extraer de los cajeros 155 euros.

Lo dijo Revel hace veinticinco años: arruinada su doctrina por los acontecimientos, la izquierda protege su identidad cultural llamando fascista a aquél que no sea asimilable a su «sensibilidad». Sin el espantapájaros del fascismo, no hay comodidad intelectual.

—Usted a mí no me representa —le dice un «indignado» al nuevo alcalde de Sevilla.

¡Ah, la democracia parlamentaria «podrida»! Eso ya lo denunciaban los camisas negras y los camisas pardas. Pero así van a estar hasta que San Juan baje el dedo, que es decir hasta las generales, fecha de entrada, según las encuestas, del fascismo en La Moncloa. De compañeros y tontos útiles (Umbral, que hizo de las dos cosas, tiene explicada con buena sorna la diferencia) hacen los charlatanes de la Red, tan ayunos de lecturas como los charlatanes de Universidad, cuyas exudaciones intelectuales están impresas en los cartones de la Puerta del Sol. Ahí quería yo ver a Revel, que ya en el 70, subyugado por «el burlesco cretinismo de los apotegmas del déspota pequinés», se atrevió al análisis del «Pequeño Libro Rojo» de Mao.

—Contemplemos —escribe en «El conocimiento inútil»— la cuádruple función de la ideología: es un instrumento de poder; es un mecanismo de defensa contra la información; es un pretexto para sustraerse a la moral; y es un medio para eliminar o aplazar indefinidamente los criterios de éxito o de fracaso.

El Adolescente de La Moncloa nos ha petado la calle de hijillos ideológicos. Y se acabó el jamón. Ullán, al que tanto echamos de menos, rescató del cubano Emilio Bobadilla una ocurrencia que resume al zapaterismo: «Una rumba bailada alrededor de un jamón».

Censura

José García Domínguez en Libertad Digital

¿Cómo obrar ante un autista recluido en La Moncloa, alguien inhabilitado a fin de establecer transacción ninguna con la realidad? Rajoy, fiel a sí mismo, ha respondido raudo que mejor será no hacer nada, la gran especialidad de la casa como es fama. "Frivolidades las justas", le espetó a un plumilla solo oír la expresión moción de censura saliendo de su boca. Pues ese hombre que se presume de Estado, el dirigente responsable siempre presto a subordinar el interés personal o partidista al de la Nación, tiene por muy "frívola" bagatela exponer un programa de regeneración ante las Cortes Generales. Nerón tocaba la lira –dicen– mientras ardía Roma, don Mariano, más prosaico, prefiere leer el Marca al tiempo que se desmoronan las últimas balaustradas del PIB y aves carroñeras de medio mundo revolotean en torno a la deuda soberana (todavía) del Reino de España.

Senequismo, el del gallego, que hace pertinente la pregunta de si tendremos uno o dos. Autistas, quiero decir. Más que nada porque el país requiere, y con urgencia, un líder, no un administrador de fincas. Que tiempo habrá para los apis cuando escampe. Espectáculo en verdad crepuscular el de esta corte de los milagros donde el Parlamento pugna por emular a La Noria y, peregrinas o no, las únicas ideas políticas en curso moran acampadas en el asfalto, entre huertos de improbables tomates y airados lamentos del sufrido gremio del comercio. Súmese un Ejecutivo abocado a la parálisis numantina. Y añádase una leal oposición atenazada a su vez por el miedo escénico del aspirante.

Así las cosas, la responsabilidad histórica por casi un año entero de inacción, otros diez meses esperando a Godot, no solo ha de corresponder al cadáver insepulto. Ya decía Juan de Mairena que es mucho más fácil estar au dessus de la mêlée que a la altura de las circunstancias. Por eso, si Rajoy quiere demostrar que no es otro pequeño político al uso, un oportunista más guiado por el afán mezquino del corto plazo, debe interponer la moción. Supeditada a la inmediata disolución de las cámaras, huelga decir. Aunque la pierda. Como la perdió González antes de conquistar una mayoría no absoluta, sideral. Doscientos dos diputados. De él depende. Y el tiempo apremia.

Queeg en La Moncloa

César Vidal en La Razón

Seguramente, muchos de los que lean estas líneas recordarán aquella novela de Wouk que se titulaba «El motín del Caine» y que fue llevada al cine por un elenco extraordinario de actores entre los que se encontraba el mismísimo Humphrey Bogart. La acción era sencilla. El Caine era un dragaminas destinado en el frente del Pacífico y situado bajo las órdenes de un capitán llamado Queeg. Hasta ahí la acción no pasaba de lo trivial. El gran problema, sin embargo, era que Queeg era un peligroso psicópata y, al fin y a la postre, los oficiales a sus órdenes lo deponían para salvaguardar la seguridad del navío y de los tripulantes. Semejante acto, inusual, pero contemplado en las ordenanzas militares, derivaba en un juicio de guerra en el que todo parece desarrollarse en contra de los amotinados hasta que Queeg, interrogado como testigo, saca del bolsillo unas bolitas de metal y comienza a jugar compulsivamente con ellas. Aquel gesto, en apariencia sin relevancia, deja de manifiesto que Queeg es, en verdad, un loco especialmente peligroso para la gente situada a sus órdenes. Quizá durante años Queeg hubiera dado la apariencia de cumplir con sus funciones con mayor o menor fortuna, pero, al final, quedaba de manifiesto que no pasaba de ser un desequilibrado al que había que privar del mando y que lo único que cabía lamentar era que ese paso no se hubiera producido antes. Las elecciones del 22-M dejaron de manifiesto que ZP es un capitán Queeg que llegó a La Moncloa hace siete años gracias al atentado terrorista más espantoso de la Historia de España. Su sobrecogedora enfermedad quedó de manifiesto cuando, esa noche, en lugar de anunciar su dimisión y la convocatoria de elecciones generales, se colocó delante de los micrófonos y, más alterado que Humphrey Bogart en la citada película, comenzó a jugar compulsivamente con sus bolitas preferidas. Nos dijo, a punto de romper a llorar, que la culpa de la crisis económica más espantosa que ha conocido España en siglos y de los cinco millones de parados no es suya. Al parecer, se trata de una desgracia semejante a los temporales a los que culpó Felipe II por el desastre de la Invencible. Tampoco ha hecho nada malo él, que ha abierto las heridas cerradas hace décadas, que ha descoyuntado el orden constitucional con el estatuto de Cataluña, que ha realizado concesión tras concesión a la banda terrorista ETA, que ha encabezado una sectaria cruzada laicista, que se ha convertido en representante máximo de la cultura de la muerte y que, como logro máximo, puede esgrimir que los homosexuales contraigan matrimonio. Cualquiera que lo viera el domingo por la noche –pensara lo que pensara en los años anteriores– se dio cuenta de que ZP es una desgracia inconmensurable para el barco en el que manda y, para remate, para España, que no puede soportar casi un año más de su aciaga gestión. Ahora la única solución es que los oficiales de ese PSOE que conserva, gracias a ZP, los ayuntamientos de Cuenca y Zaragoza; la CC AA de Extremadura y la Diputación de Ciudad Real se quiten de encima al trastornado y a los que lo han servido como guardia de corps. Que lo hagan cuanto antes porque ni ellos, ni España pueden permitirse esperar un solo minuto más.

miércoles, 25 de mayo de 2011

El PSOE necesita algo más que un cambio de líder

Editorial de Libertad Digital

El PSOE necesita algo mucho más prioritario e importante que un cambio de líder, como también lo necesita España. El PSOE debe abandonar el radicalismo ideológico y la deriva nacionalista de la era Zapatero. Debe volver a ser un partido auténticamente nacional, con sentido del Estado y para el que la nación no sea un "concepto discutido y discutible"; un partido que abandone su sectarismo y su guerracivilismo para ser capaz de llegar a acuerdos con el otro gran partido nacional para hacer frente a la crisis económica y al nuevo envite nacionalista que se nos viene encima en el País Vasco.

Moción en las urnas

GEES en Libertad Digital

Los españoles plantearon al Gobierno de Zapatero una auténtica moción de censura en las urnas el pasado domingo. Y muy dura: el PSOE no sólo pierde, sino que pierde buena parte del poder autonómico y local que había atesorado desde la Transición democrática. El resultado es tan catastrófico para los socialistas que ha puesto en riesgo no solo la estabilidad del Gobierno, sino la propia supervivencia del partido que lo sustenta como fuerza política de ámbito nacional. En nuestra opinión, el fracaso de Zapatero puede tener la única y gran virtud de vacunar a España de socialismo por unas cuantas décadas.

Las elecciones han puesto en evidencia además la nula representatividad de las movilizaciones protagonizadas por extremistas de izquierda en la jornada electoral. Y eso que lo han hecho ante la indolencia de un Rubalcaba que se ha negado a cumplir los mandatos de la Junta Electoral de disolver las ilegales concentraciones. La participación, superior a la de comicios pasados, ha desautorizado por completo un movimiento que pretendía en última instancia deslegitimar la alternancia democrática. La voluntad de los ciudadanos se ha expresado con claridad y contundencia en las urnas para castigar a un Gobierno que ha hecho un daño inmenso a nuestra Nación y que ha dañado gravemente a familias y empresas españolas. El mensaje en las urnas es claro y rotundo: un voto de confianza a una alternativa que gobernará a partir de ahora la mayoría de las comunidades autónomas y las principales ciudades de nuestro país.

La página más amarga de estas elecciones es la vuelta de ETA a las instituciones democráticas del País Vasco y Navarra, sin que la banda terrorista haya anunciado su disolución ni sus cómplices políticos hayan mostrado arrepentimiento ni condenado un solo asesinato. Los representantes políticos de los terroristas se han convertido por la voluntad del Gobierno Zapatero en la segunda fuerza política en el País Vasco, pueden gobernar en más de un centenar de ayuntamientos y manejar millones de euros de dinero público al servicio de sus fines totalitarios y criminales. La presencia de ETA en los ayuntamientos vascos y navarros supone un retroceso de décadas en la lucha contra el terrorismo y pone en riesgo la propia victoria de la democracia española sobre el terror. Es una traición a las víctimas del terrorismo que nos resulta inaceptable.

El Partido Popular ha obtenido en estas elecciones una victoria muy importante. No solo en términos de poder territorial, sino también en la consolidación de su alternativa al desastre de Zapatero. Tiene ahora el difícil reto de no defraudar la confianza y la ilusión depositada por millones de españoles en unos momentos particularmente difíciles. En nuestra opinión, en este último tramo de legislatura Rajoy tiene la obligación de intensificar su labor de oposición para lograr la convocatoria de unas elecciones generales que son una necesidad cada vez más urgente, empezando por la imagen exterior del país. Por otro lado, en la campaña de las elecciones generales el candidato del PP a la presidencia del Gobierno deberá ampliar el catálogo de asuntos a tratar, dar mayor contenido a su discurso y generar ilusión de verdad. En la situación de emergencia que atraviesa España, Rajoy no puede sentarse a esperar que los socialistas se destruyan a sí mismos, porque en esa lucha partidista ambos pueden sumir al conjunto de España en un caos absoluto. Frente a esta tentación, nosotros tenemos claro que es la ocasión de hacer retroceder veinte años al Partido Socialista que ha hecho retroceder a España cuarenta.

Repugnante

Regina Otaola en Libertad Digital

Lo primero que debo decir es que siento una gran repugnancia por los resultados que ha obtenido Bildu. Porque estos resultados no han llovido del cielo –mejor dicho, del infierno–, sino que se deben a la acción de personas de carne y hueso que han depositado su voto conscientes de lo que hacían. En otras palabras, sabemos fehacientemente que una parte considerable de esta sociedad considera que es bueno premiar al que ha apoyado el tiro en la nuca, el coche bomba, la extorsión y el chantaje. Y que no digan lo contrario: Permach celebró el triunfo de y con Bildu al grito de "independencia" y "presos a casa". Son los mismos con distinto nombre. Y una gran parte de esta sociedad los apoya.

(...)

El futuro es incierto y nada esperanzador para quien no sea nacionalista. ETA ni se ha rendido, ni ha entregado las armas. Por perdonarnos la vida un ratito está recibiendo una gran cantidad de regalos envueltos en papel negociador. Los presos a la calle, Bildu a las instituciones y los ciudadanos ofrecidos como víctimas propiciatorias en pos de una claudicación disfrazada de paz; pero, eso sí, todos de la mano al son de la txalaparta.

Los que no estemos de acuerdo con ese futuro deberemos trabajar para que dure lo menos posible. Para ello es necesario un Gobierno central con una idea clara: al terrorismo no se le convence, se le vence. El PP tiene que ser ese Gobierno. Economía, sí; derrotar a ETA, también.

Son los de la porra

José Antonio Martínez-Abarca en Libertad Digital

Los "indignados" se han quitado por fin su careta, que tiene inequívoca vocación de pasamontañas. César Vidal no se equivocaba: en efecto, desde el principio eran la "banda de la porra" de la izquierda. Pero hasta las elecciones del domingo, queriendo sacar su rédito electoral, los "indignados" habían estado jugando, bien que con dificultades, a la convención burguesa del monólogo, ya que no diálogo, en vez de jugar a lo que les tira el cuerpo: el ejercicio de la violencia explícita. Naturalmente, todo en la primavera de los pardillos del #spanishrevolution ha sido, en todo momento, violento. Violencia ya era ocupar el espacio público, como violencia eran sus apropiaciones indebidas de la "soberanía nacional" (que decían representar ellos y sólo ellos) y de la "opinión pública", como si los que han votado a algún partido no tuviesen opinión o ésta debiese circunscribirse a lo privado, como la fe en tiempos de persecución. Pero ahora han pasado a mayores.

En mi pueblo, tras saberse los resultados electorales que condenan al PSOE a un cuasiextraparlamentarismo, los supuestos "transversales y pacíficos" del 15-M ya no han tenido por qué simular moderación. Como Superman, se han metido corriendo en sus sacos de dormir, arrancándose la gafapasta y el traje de faena del regeneracionismo (a más de abandonar la flauta y meter el perro en la perrera municipal) y saliendo de él con la inmarcesible camiseta negra del "Nunca Mais", dispuestos –y ya no en nombre de los berberechos con chapapote, como entonces– a que cualquier cosa que huela a democracia liberal no prevalezca en el planeta. La misma noche triunfal del PP volaron desde sus "vivacs" al hotel donde este partido celebraba los resultados para obligar a la Policía Nacional a mantener la ficción del "pacifismo". Dos días después, han tomado la sede de la televisión autonómica, 7RM, donde se emiten opiniones tan poco favorecedoras como las mías. No hace falta añadir que por supuesto lo perpetraron violentamente, porque, entre empellones, obligar a escuchar un manifiesto no solicitado a favor pero en realidad en contra de la libertad periodística ya es pura ultraviolencia. Ya que las urnas los ignoran, los bienaventurados pacíficos del 15-M (15 minutos de democracia y ni un minuto más) van a por el clásico de "Bildu": cuanto peor, mejor.

Dos de los tres promotores del 15-M reniegan de los decálogos totalitarios excretados en las acampadas, pero eso sólo indica que en realidad estas células nunca les han pertenecido. La propiedad de estos movimientos "espontáneos" corresponde a los de siempre. O sea, a los que meses antes de las elecciones autonómicas en mi pueblo persiguieron de forma oficiosa o "casual" (es decir, también oficiosa) a los cargos públicos del PP, agrediéndolos en varias ocasiones, y a la media hora de resolverse las elecciones vuelven a lo que saben hacer. Preparar el camino en Europa para una romántica dictadura bananera o, en su defecto, hacer que los votantes de Rajoy se lo piensen antes de salir de casa.


Oh, Sole mio!

Ángela Vallvey en La Razón

Ayer iba caminando por los aledaños de la Plaza del Sol, en Madrid, en dirección a «mi» casa, por «mi» barrio, el lugar donde vivo y pago impuestos. Iba distraída entre el móvil y mis demonios personales, que, es fama, son muchos y bastante pelmazos. Pronto me di cuenta de que alguien me increpaba. En principio, mi impulso inicial es pensar bien. Estuve a punto de dirigirle una amable sonrisa al tipo que me gritaba cuando observé que, sin lugar a dudas, trataba de intimidarme: «¡Tú, ‘‘fxtkw!’’, por aquí ni pases, ¡esto es territorio comanche!», me vociferaba el individuo, muy indignado. «Ah, es un indignado», cavilé (puede que sea lenta, pero al final pesco las indirectas de acoso y/o agresión, sobre todo si van directas a mi cuello). Le contesté «¡capullo!», y seguí andando. Ser libre –y salir por la tele– me ha «obsequiado» en los últimos siete años grandes momentos de violencia por parte de desconocidos que no soportan que diga lo que pienso y se consideran con derecho a ofenderme o maltratarme verbalmente. He pagado un alto precio por querer ser libre, y a estas alturas, ya no reparo en gastos. También he aprendido –con enorme dificultad– que debo defenderme, que no defenderme es un error gravísimo que engendra más violencia en mis agresores y en mí misma.

martes, 24 de mayo de 2011

De Irak a Bildu

Tomás Cuesta en ABC

Zapatero llegó al poder a lomos de la historia y ha vuelto a hacer historia al llegarle el momento de salir de naja. Si el 11-M fue un acontecimiento histórico, un punto de inflexión, un órdago cerril y un disparate planetario, es porque edificó un precedente trágico sobre las ruinas ateridas de una tragedia inenarrable. Fue la primera vez que un país democrático (un país respetado y, en teoría, respetable) se plegaba al chantaje de los carniceros y echaba mano sin rubor de la bandera blanca. Con la retirada de Irak, que era una opción legítima antes de que el horror acaparase el escenario, Zapatero, a lo tonto, debutó en los anales. Sin llegar a figura, se convirtió en un figurante. En algo así como una nota a pie de página en la historiografía de la infamia.

Al cabo de siete años, con el teatro hundido, el público insurrecto y la claque en desbandada, el eterno farsante continúa empeñado, contra viento y marea, en prolongar la farsa. Todavía es capaz de empeorar las cosas. No ha despachado aún el último capítulo de esta historieta aciaga. Hay margen todavía —¡ole mi Cid!— para, después de muerto, perder otra batalla. «But this is another story»… Tiempo habrá de contarla. La que se consumó anteayer es la que nos conduce desde la deserción de antaño a la traición de hogaño. Zapatero, en Irak, rindió el Estado al terrorismo. Ahora, a través de Bildu, se lo ha entregado a cuenta de una paz deshonrosa que remata a las víctimas y aviva a los victimarios. Se lo ha puesto en bandeja, en bandeja de plata. Y, si es que salva la cara, nos va a salir muy caro.

La atronadora victoria electoral de los aviesos taliboinas y los machacas filoetarras se sustancia, a la postre, en un descenso «ad inferos», en un retorno agónico a los abismos del pasado. «Un voto —decía Lincoln— es más fuerte que una bala». Pero a Gregorio Ordóñez le quitaron de en medio porque hoy mismo, ¿quién sabe?, quizá sería alcalde. Y lo mismo ocurrió con Miguel Ángel Blanco, con López de Lacalle, con Joseba Pagazaurtundúa... Válganos Dios, son tantos... ¿Es posible comprarse un lugar en la Historia enajenando tanta sangre?

Nada de esto se hubiera planteado sin la aquiescencia del Gobierno, la sumisión culposa del Constitucional y la actitud pacata, abúlica y titubeante de algunos dirigentes populares. Histórica. La del domingo, en efecto, ha sido una fecha histórica. Vamos, que, a fuerza de ser histórica, casi resulta insoportable. Fue la noche triste del señor Zapatero y la noche de Walpurgis de las libertades. Que la historia le juzgue y que le absuelva Pascual Sala.

Y ahora, ¿qué?

Ignacio Ruiz Quintano en ABC

Pobre pueblo, decía el sábado —con su Platón a cuestas— Gregorio Luri, el que se cree superior a sus políticos. Y llevaba más razón que un santo. Yo siempre he creído que Zapatero es la crema de la izquierda española (sólo hay que leer las frases de camiseta de la Puerta del Sol), y Rajoy, la crema de la derecha española. Ahora la ley del péndulo que mece a la democracia ha echado de una patada en el culo a Zapatero, que todavía tiene dos salidas para seguir jugando a estadista: la guerra de Libia y la impugnación de las elecciones del domingo por el aquelarre antidemocrático del sábado en la Puerta del Sol, sede del Gobierno que ha renovado brillantemente Esperanza Aguirre, con toda la secta progre en contra. «No debemos dejar paso a esos sectores casposos, llenos de rencor y sedientos de riquezas», había avisado desde Getafe, con la elegancia propia de quien está acostumbrado a intimar con Tácito, el profesor Peces. A lo que los madrileños, que empiezan a tener gracias a Zapatero una idea bastante aproximada de lo que es la pobreza, contestaron con sed de riqueza insatisfecha llenando de votos las urnas de la marquesa, bajo cuyo paraguas el profesor Peces podrá seguir llevando esa vida muelle que caracteriza a la Universidad española, donde con una lectura somera del librillo de Stéphane Hessel te las puedes echar de Althusser de Getafe que despacha consignas y artículos de fondo. Electoralmente, pierde peso Gallardón, pero poco, visto su empeño por convertir Madrid en la Kaohsiung (Taiwán) del Occidente, transformando las aceras en circuitos y velódromos, y las coquetas plazas burguesas, en desoladas explanadas para «performances» sesentayochistas inspiradas en el gazpacho metafísico del Althusser de Getafe, que nos ha hecho pasar de «Leer “El Capital”» a «Leer “¡Indignaos!”». Gallardón sigue sin entender que, por más que acaricie sus bolsillos con los cheques de la señora Claypool, para la izquierda siempre será un facha.

Viñeta de Montoro en La Razón

España sigue siendo de izquierdas

Manuel Llamas en Libertad Digital

Basta con observar la última encuesta sobre política fiscal elaborada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en 2010. Así, en general, la mayoría de los españoles valora satisfactoriamente los servicios públicos y justifica el pago de impuestos para su mantenimiento; de hecho, el 45% opina que el gasto público en sanidad, educación y servicios sociales debería incrementarse, incluso si eso significa que haya que subir los impuestos (sólo el 4,1% defiende lo contrario, menos gasto y menos impuestos); el 73% defiende que se incremente la fiscalidad a las rentas más altas; el 56% considera que el Estado debe esforzarse más en perseguir el fraude tributario; el 81% piensa que engañar a Hacienda es engañar al resto de los ciudadanos. Por último, un par curiosidades: casi el 79% de los encuestados estudió en un colegio público y el 18% trabaja en la Administración.

Con estos mimbres se explican muchas cosas, como el hecho de que el PP de Génova se escore a la izquierda para tratar de cosechar votos en eso que algunos llaman centro político, y que no es más que la típica socialdemocracia; o que la educación –de nivel medio o superior–, al estar mayoritariamente bajo el control del Estado, se haya convertido en una máquina muy eficiente para pulir a medida "ciudadanos" sumisos, dependientes y favorables al statu quo, es decir, al poder político. Sin ir más lejos, el movimiento 15-M de la Puerta del Sol, pese a que algunos lo tildan de antisistema, no deja de ser otro reflejo, aunque más evidente, del poso izquierdista que todo lo impregna en España. Y es que, estos jóvenes, acompañados de parados, hipotecados, pensionistas y algún que otro contribuyente bienintencionado, protestan contra el poder político sugiriendo como alternativa mucho más Estado y menos mercado con el ilusorio fin de cambiar las cosas... ¡A peor!

lunes, 23 de mayo de 2011

Libertad y prosperidad

César Vidal en La Razón

El siglo XX constituyó una terrorífica sucesión de batallas libradas entre el socialismo y la causa de la libertad. El primero adoptó las más diversas y siniestras formas. Unas veces, fue internacionalista y se envolvió en la bandera roja; otras, fue nacionalista y llevó camisa negra, parda o azul. Sin embargo, en todos los casos sólo trajo violencia, miseria y supresión de libertad. En las últimas horas previas al final de la campaña electoral, Falange se sumó a los ocupantes de la Puerta del Sol. Es coherente porque el socialismo azul comparte buena parte de la cosmovisión económica del socialismo rojo y como él provocó la desgracia de millones de personas. En 1959, a dos décadas del final de la guerra civil, España se moría de hambre y estaba al borde de la quiebra fundamentalmente porque la ortodoxia económica oficial era la de la Falange de gente como Girón que no tenía la menor idea de economía, que rezumaba voluntarismo y que insistía en avanzar más todavía en la misma dirección con la que llevaba aplastando económicamente España desde hacía veinte años.

En 2011, España ha vuelto a entrar en el Top Ten de las naciones al borde de la quiebra simplemente porque llevamos siete años de política socialista salpimentada de alianzas con los nacionalistas. En 1959, España pudo salir adelante y comenzar el espectacular desarrollo de los años sesenta simplemente porque Franco decidió ser pragmático y aceptar una profunda liberalización económica pautada por el FMI y diseñada por los tecnócratas del Opus. En 2011, España sólo podrá salir adelante si liberaliza a fondo su economía y se libra como de la peor plaga de las aciagas recetas socialistas que nos han llevado, entre otras maravillas, a tener más de cinco millones de desempleados y un cuarenta por ciento de paro juvenil. Por supuesto, puestos a ocupar un espacio público, falangistas y antisistema, anarquistas y comunistas, socialistas y bilduistas –¡qué apoyo más revelador el de Bildu a estas ocupaciones!– pueden clamar contra el capitalismo, el liberalismo y el simple sentido común, pero es un hecho objetivo y repetido hasta la saciedad que sus recetas son las que siempre traen demagogia, pobreza y castas empeñadas en decir a los demás hasta cómo miccionar. Históricamente, la pobreza tiene su mayor enemigo en la libertad.

Se trata de la libertad de elegir y de contratar como quieren las partes y no como se le antoja a los liberados sindicales; la libertad para gastar el dinero como nos place y no como desean los burócratas; la libertad que deriva de esa propiedad privada que tanto molesta a los estatalistas; la libertad que viene de poder disfrutar unos ahorros no devorados por los impuestos o la inflación; la libertad de una educación escogida de acuerdo con la propia conciencia y no como se le pone en las insignias al comisario político de turno; la libertad para abrir empresas sin temor a que la quiebre la agencia tributaria, los ayuntamientos o las CCAA; la libertad para ir a una iglesia o no ir a ninguna; o la libertad incluso para acudir a los toros, fumar o hacerse vegetariano según nos apetezca. No lo entienden y no quieren entenderlo empeñados en que cuanto más recorten la libertad mejor nos irá. Se equivocan trágicamente. Sin libertad, no existe la menor posibilidad de prosperidad.

Viñeta de Esteban en La Razón

La agonía

Gabriel Albiac en ABC

Se acabó. El septenato necio terminó ayer. En la hecatombe electoral que hubiera debido consumarse hace tres años. La perpendicular da ahora sobre el vacío en el cual naufraga la máquina de acuñar votos que fue el Partido Socialista desde su reinvención en 1975 mediante aquella envidiable amalgama del dinero de la socialdemocracia alemana y del Departamento de Estado. Los inacabables años de corrupción y crímenes de Estado bajo González habían de mostrar hasta dónde puede llegar gente sin más objetivo político que el de enriquecerse deprisa y eternizarse en el Gobierno. Ocho años de normalidad gris bajo Aznar daban a pensar que, al fin, comenzábamos a sospechar lo que es la democracia: el aburrido sistema político en el quienes asesinan o roban en nombre del Estado van aburridamente a la cárcel. Luego, en el estupor que siguió al asesinato en masa del once de marzo de 2004, el poder cayó en manos de la gente más mortífera para un país civilizado: Zapatero es el cerebro de un adolescente no demasiado agudo, injertado sobre una ignorancia más allá de lo descriptible. Lo espantoso es que, tras la exhibición de eso a tumba abierta durante sus cuatro primeros años, el voto de 2008 volviera a darle en la urnas la presidencia, condenándonos ya irremisiblemente a la ruina en la cual hemos desembocado y que no hay manera de camuflar bajo retóricas de humanitarismo angelical, cantarín y faldicorto.

Waterloo

José García Domínguez en Libertad Digital

El rebuzno libertario del honrado pueblo, que diría don Ramón, ese motín de Esquilache con su inconfundible aroma a pachulí rancio y a naftalina del sesenta y ocho –el todo twitter a la espera de un Forrest Gump doméstico para echarse a correr tras él–, algo eclipsará el Waterloo del PSOE. Aunque, pese al batacazo, la impresión no es que la socialdemocracia naíf que todavía encarna el zapaterismo vaya a desplomarse al modo de la monarquía de Alfonso XIII. Tal que así, se antoja improbable el adelanto electoral que ahorraría al país el calvario de los minutos de la basura hasta marzo de 2012. Y será ésa una derrota no del PP, asunto que carecería de mayor importancia, sino de España, cuestión bien distinta. Ocurre, por lo demás, que el fervor por las jaimas de la plaza Tharir no es la exclusiva seña de identidad africana que arrastra la Península.

También la adhesión ciega, devota, incondicional, a "los nuestros", hagan lo que hagan, nos emparenta con la cultura política de las cavilas rifeñas y las tribus subsaharianas. Aquí, el tráfico de lealtades, el alegre trasvase de votos de una a otra sigla, resulta algo exótico; muy desusada extravagancia. Roben, hurten, prevariquen, mientan, piensen con faltas de ortografía o apesten a ajo, se está con los nuestros. Siempre. Pase lo que pase. Un atavismo que limita la posibilidad de alternancia a la abstención de la feligresía del contrario; que no otro ha sido el caso ahora. Y eso donde hay alguna querencia por el sufragio universal. Que si no es tradición de la plaza, como sin ir más lejos sucede en Cataluña, poco importarán los resultados.

La sociovergencia, o sea el Tinell tácito vigente desde la Transición, volverá a excluir a los no nacionalistas de la menor expectativa de pisar moqueta. Pierda toda esperanza, pues, Alberto Fernández en Barcelona. E igual hubiese ocurrido en Asturias, otro burgo podrido bajo custodia del caciquismo pedáneo, de no ser por Francisco Álvarez Cascos. En fin, constatada la más arrolladora de las victorias populares, ésa de Aguirre en la CAM, irrumpe con fuerza UPyD, acaso para conjurar el riesgo separatista en Madrid. Ah, y la gran noticia de la noche: se acabaron por fin los comunicados de ETA; a partir de ahora emitirá bandos de obligado cumplimiento.

sábado, 21 de mayo de 2011

Los extremeños se tocan

Bildu ve "similitudes importantes" entre su ideario y el Movimiento 15-M

Falange se suma al 15-M

Los 'indignados' de Sol censuran a los medios de comunicación

Zapatero no garantiza cumplir la ley: Interior actuará "con inteligencia"
Zapatero ha dicho que, si tuviera 25 años, estaría con los 'indignados' en la Puerta del Sol.


España regresa al 'top ten' de los países con mayor riesgo de quiebra


¿Nos desharemos alguna vez de toda la morralla extremista y anacrónica? ¿Entraremos de una puñetera vez en el siglo XXI? ¿Será alguna vez España una nación normal, seria y madura? Mientras, la escena seguirá dominada por quijotes y sanchos, iluminados y pícaros, tontos y vendedores de capirotes, revoltosos y pescadores en río revuelto... Es de temer que gane quien gane estas elecciones, y las siguientes, seguiremos viviendo la misma astracanada, el mismo esperpento. Y es que, queridos niños, España no tiene arreglo.