viernes, 10 de junio de 2011

¡Se sienten, koñio!

Pepinos, pepinazos y cebolletas

Alfonso Ussía en La Razón

Nos dan pepinazos con nuestros pepinos. Mandamos tropas a miles de kilómetros para que no suelten los reglamentarios pepinazos a las tropas de Gadafi. Y en el Congreso de los Diputados, quienes sólo se representan a sí mismos, animados por los cultos y desapasionados mítines del «Abuelo Cebolleta», los llamados indignados en trance de convertirse en indignaditos intentan asaltar la sede de la soberanía nacional sin que Rubalcaba, el que quiere ser llamado «Alfredo», mueva un dedo para poner la ley y el orden en sus respectivos sitios. Claro, que Zapatero sigue reunido y en España se confirma que no tenemos Gobierno. Ni para los pepinos, ni para los pepinazos, ni para los cebolletas, ni –lo que es peor– para los españoles.

Pilatos

Cristina L. Schlichting en La Razón

Una de las cosas más sobrecogedoras para el visitante del País Vasco son los carteles con las fotos de los etarras. Te los encuentras en los bares batasunos, presidiendo la barra, pero también en las calles de algunas localidades, o entre las colgaduras de las fiestas. A ninguna persona sana le puede parecer normal la exaltación de los asesinos. Sin embargo, los pobres vascos deambulan entre las imágenes como si no se pudiese hacer nada para quitarlas. El Gobierno de Patxi López ha reducido estos «adornos», aunque siguen existiendo. El Tribunal Supremo ha sentenciado ahora –corrigiendo a la Audiencia Nacional– que la exhibición pública de los rostros de los pistoleros es apología del terrorismo… y ha condenado al demandante a pagar las costas del proceso. Daniel Portero denunció las imágenes de los asesinos de su padre, mostradas en una caseta de las fiestas de Bilbao, pero los jueces dicen que no se sabe quién las colocó allí y que ha de ser él quien corra con el precio del fallo. No se sabe si es un chiste o una broma de mal gusto. No hay derecho. Los de la caseta deberían pagar las costas, por supuesto, y una multa. Por albergar fotos de criminales. El mensaje de los magistrados, por el contrario, es un aviso para navegantes que podría haber sido escrito por Pilatos. Parece decir: «No te molestes en denunciar estas cosas porque sólo te va a costar pasta». Me pregunto si los jueces temen a los propietarios de la caseta. En ese caso deberían perseguirlos en lugar de a Portero.

Solo nos queda la paz

Hermann Tertsch en ABC

Más allá de consabidos pactos con ETA que prometan alguna sorpresa, la izquierda fracasada parece dispuesta a utilizar a una oposición extraparlamentaria para intentar imponer desde la agitación callejera lo que ya sabe no podrá en las urnas. Al enemigo exterior se le ignora, al interior se le ataca. Esperemos que quede alguien sensato que lo impida. Porque la paz social es lo único que aun no ha destruido esta tropa. Que no lo consigan.

El destete

Ignacio Ruiz Quintano en ABC

Tengo para mí que esta ola de indignación que recorre España es efecto natural del destete político. Destetados por las urnas, los hijos del progreso se cogen un berrinche de no te menees. ¡Fascismo! ¡Fascismo! La lógica es bien conocida: derecha es fascismo; las urnas traen derecha; luego el sistema es un adefesio. Tanta indignación, pues, sólo es un ensayo general de oposición a la derecha. Si mañana las encuestas fueran favorables a la banda electoral de Interior, la indignación se acababa en diez minutos. ¡Anda, que no daba voces Barrionuevo los domingos con el cuento de «¡la Vaguada es nuestra!». Asociacionismo, se llamaba entonces la cosa. Jugando al golpismo, en efecto, se puede terminar dando un golpe. Los charlatanes de la Red creen que son ellos los que mueven el cotarro, y celebran que el «New York Times» ya nos ha sacado en portada. Es lo que decía Thomas Bernhard de los Cursos de Verano de El Escorial: te llaman para invitarte a una semana de balde, y para animarte a decir «sí» te sueltan: «¡Umberto Eco ha aceptado ya!» Bueno, pues el «New York Times» nos ha sacado ya. O sea, a los indignados. ¡Qué gran periódico, el «New York Times»! En el 33 tuvo un corresponsal en Moscú, Walter Duranty, más stalinista que Stalin, que negaba la hambruna de Ucrania. En el 85 tuvo un enviado especial en Angola, James Brroke, para el cual «Angolan writers Bloom in independent climate». En los 90 «reportearon» Madrid para contar que los bares del centro estaban atestados de reyes y toreros. ¡Pues el «New York Times» nos ha sacado ya! ¡Pues Umberto Eco ha aceptado ya! «Nunca máis!» ¡No a la guerra! Etcétera. Sólo por no aguantarlos vale la pena no votar. Y de eso se trata. Camba: «¡Pobres magnates del socialismo español, condenados a predicar la revolución social para seguir disfrutando los encantos de la vida burguesa y sin poder declararse nunca burgueses so pena de quedar convertidos ipso facto en unos tristes y paupérrimos proletarios!».

Indignados y escépticos

Ignacio Camacho en ABC

La asonada de la otra noche ante el Congreso se deslizó por una peligrosa pendiente antidemocrática al cuestionar nada menos que la soberanía del Parlamento. Unos cientos de personas que sólo se representan a sí mismas no pueden impugnar la representatividad de unos diputados limpia y libremente elegidos por treinta millones de ciudadanos. Han confundido la crítica al mal ejercicio de la función representativa, que ciertamente deja mucho que desear, con la refutación del principio esencial del régimen democrático. De ahí a romper las urnas, o a negar su legitimidad, hay muy poco trecho. Un trecho que en todo caso no parece dispuesta a recorrer la mayoría de los ciudadanos, por muy indignada o cabreada que se halle.

Bautismo de porra

Cristina Losada en Libertad Digital

Los indignados han recibido un bautismo de porra y, francamente, me sorprenden sus lamentos. Creo que la benevolencia paternalista con la que les estaba tratando la autoridad, que es concepto tabú y señora muy selectiva, les hurtaba esa experiencia iniciática de cualquier revoltoso que se precie. Qué podrían contar a sus nietecillos de haber sido privados del seco contacto humano con los grises de hoy en día. Nada digno de tomarse en serio. "Ocupamos la Puerta del Sol, cercamos el Congreso, cercamos las Cortes Valencianas... y no pasó nada". ¡Qué diferencia con enseñar cicatrices! Pero salta a la vista que prefieren hacerse tatuajes: la simulación de haber vivido. Su relato del suceso es el de quien se asombra de que pinchen los cardos. La policía, claman, "ha reaccionado inmediatamente desenfundando las porras y usándolas sin ninguna precaución". Haberles puesto unas Bob Esponjas, hombre. En cuanto a la otra parte contratante, tiene un derecho fundamental a emplear los instrumentos arrojadizos que le plazcan.

Espero un tropel de artículos que vinculen la última encuesta del CIS con el Cacao Party. La clase política, tercer problema y el 15-M como síntoma. Cuidado con los diagnósticos que se inspiran en la rabiosa actualidad telediaria. Por lo general, quien cree que los políticos son el problema, cree también que son la solución. Pero el dato significativo es que no hubo indignación en las calles y las plazas mientras los políticos de las distintas Administraciones gastaban a manos llenas. Se han vuelto inútiles y corruptos desde que el grifo del dinero público dejó de soltar a chorro. Hasta ese cierre, sólo se escuchaban quejas de los sospechosos habituales, los aborrecidos aguafiestas, pájaros agoreros. La sociedad socialdemócrata soporta mal el punto en el que las buenas intenciones rebasan la capacidad para alcanzarlas.

Los enojados cercaban sedes parlamentarias, convencidos de que la soberanía reside en sus asambleas y no en los elegidos por sufragio universal y secreto. Pero la clase política que asedian los mima y les perdona todo. Hasta el PP protesta por el uso de la porra sin precauciones. Dónde vamos a llegar. Pues, piano piano, a aquel tren en el que viajaba Cesare Pavese por el sur de Italia. Al vagón donde un camisa negra se puso en pie y lanzó su estridente arenga a los pasajeros, demasiado cansados, perezosos y amedrentados para obligarle a callar. Allí, el poeta percibió que el fascismo iba a ganar la partida y seis meses después, empezó la Marcha sobre Roma. Los totalitarios no siempre saben lo que son, pero siempre se les ve venir.

Dando excusas a Rubalcaba

Editorial de Libertad Digital

La manifestación del 15 de mayo estuvo lejos de ser masiva; la práctica totalidad de las movilizaciones de las víctimas del terrorismo han congregado a muchas más personas. Adquirió relevancia cuando pasó a okupar las plazas de varias ciudades, comenzando por la madrileña Puerta del Sol. Muchos ingenuos lo tomaron por una protesta espontánea, largamente esperada, contra los políticos que nos habían sumido en la crisis. De ahí que por las tardes y noches la acampada se llenara de gente. Pero quienes se quedaban eran en general radicales de extrema izquierda, y sus consignas, mensajes y actitudes terminaron espantando a quienes realmente poseían razones para estar indignados.

Así, las distintas acampadas han quedado reducidas a un problema de orden público. Los ciudadanos contemplan atónitos que no pueden saltarse el nuevo límite de velocidad de Rubalcaba ni un kilómetro hora sin que les caiga una multa, mientras los radicales pueden hacer lo que quieran, okupando durante semanas una de las plazas más emblemáticas y turísticas de Madrid –entre otras–, sin que nadie mueva un dedo para impedirlo.

Muchas voces han exigido el fin de las acampadas y han acusado al ministro de Interior de pasividad. Rubalcaba, mientras tanto, aseguraba que iba a actuar con "inteligencia", lo que en la práctica ha resultado ser sinónimo de no actuar en absoluto. Y para una vez que la policía actúa, disolviendo una concentración ilegal frente a las Cortes Valencianas, los mismos que pedían que se hiciera algo se llevan la mano a la cabeza.

No nos engañemos. Habrá quien se escandalice por las imágenes de lo sucedido en Valencia, pero la única diferencia entre esa actuación policial y muchas otras que no han provocado ni el levantamiento de una ceja es que hoy día se graba todo. Disolver una manifestación o desalojar un piso okupado o una plaza cuando los implicados no tienen voluntad de cejar en su empeño sólo puede hacerse de una manera, y es empleando la violencia en mayor o menor grado. Se puede procurar que la policía extreme el cuidado y no emplee más que la imprescindible. Pero quien pretenda que puede hacer su labor repartiendo flores y con buenas palabras o se engaña o pretende engañarnos. Hablar de "soluciones intermedias" y "mano izquierda" sin especificar en qué consisten no es propio de un partido que pretende ser Gobierno.

Una de las razones de que los ciudadanos sitúen a los políticos entre los principales problemas de España son estos arranques de demagogia. Si el Gobierno estuvo seis años poniéndose medallas por haber aumentado el mal llamado gasto social, es normal que sus votantes no entiendan los posteriores recortes. Tampoco quienes apoyen al PP entenderán que se critique al ministro del Interior por actuar y por no actuar. Son ya más de tres semanas de acampada que reprocharle al candidato por vía digital. Como si a Rubalcaba le hicieran falta más excusas para violentar el Estado de Derecho.

¿Por qué no lo paga usted, Sebastián?

Manuel Fernández Ordóñez en Libertad Digital

Un breve resumen de la situación sería el siguiente: tenemos unas energías (renovables) muy caras e incapaces de competir en el mercado. Este hecho, lejos de ser un motivo para rechazarlas, hace que se subvencionen enormemente, incitando a su instalación masiva. Por si esto fuera poco, se les da preferencia a la hora de vender, con lo que expulsan del mercado a otras tecnologías claramente competitivas. Estos últimos protestan por la situación y el ministro decide también darles subvenciones, en lugar de retirárselas a los primeros solucionando el problema y ahorrándonos a los españoles, de paso, más de 5.000 millones de euros al año.

Con subvenciones crean un problema y con más subvenciones pretenden solucionarlo. Lo que viene después ya lo tenemos claro, ¿verdad? Y yo me pregunto ¿esto por qué no lo paga usted, señor ministro? En su defecto, con que dejara de ejercer tanta presión fiscal con el ánimo de despilfarrar nuestros ahorros de esta forma le estaría realmente agradecido. Y ya de paso, si se dignara usted a tomar la decisión sobre el emplazamiento del ATC dejaríamos de regalarle 60.000 euros diarios a Francia. Mientras tanto, le ruego tenga en consideración mi humilde petición de dimisión de su cargo, la economía española se lo agradecería.

¿Quien ordenó destruir los trenes del 11-M?

Luis del Pino en Libertad Digital

No consta en ninguna parte quién mandó (incumpliendo la Ley de Enjuiciamiento Criminal) hacer desaparecer los propios escenarios del crimen. Nadie se atrevió a poner su firma en semejante barbaridad, que fue el origen de todas las manipulaciones de pruebas posteriores: sin la desaparición de los trenes, hubiera sido imposible sustituir las pruebas originales del delito por otras aparecidas fuera de los vagones atacados.

(...)

¿Se atreverá a contestar la Audiencia Nacional a la petición realizada por la juez Coro Cillán? ¿Se atreverá simplemente a decir "SI" o "NO" a la pregunta de si Del Olmo ordenó destruir los trenes?

El simple hecho de que tengamos que formularnos esta pregunta indica que algo no funciona en determinados niveles judiciales de este país. Y apunta, por supuesto, a que la verdadera naturaleza del 11-M no tiene nada que ver con la versión oficial que pretendieron, infructuosamente, imponernos a los españoles

jueves, 9 de junio de 2011

Lo que de verdad ocultan los socialistas bajo la alfombra...



Viñeta de Montoro en La Razón

Vuelve la economía

GEES en Libertad Digital

Los políticos celebraron en 2008 el inicio de la crisis diciendo que iban a poner en cintura a las fuerzas desalmadas de la economía. El jefe de la Reserva Federal americana anunció la puesta entre paréntesis de la ideología –capitalista y liberal– para desatar la potencia redentora del consenso socialdemócrata intervencionista.

Hoy los USA confirman crecimiento escaso, paro constante y riesgo de inflación, aumenta el desempleo en Grecia y los tipos de los bonos de países periféricos. La garantía del IMF de la parte del préstamo comprometido a ésta se hace a cambio de que la UE la financie un año más. En el colmo de la desfachatez, Obama (17,1% del FMI) abronca a Merkel para que impida la quiebra helena.

Pero parece que la realidad se va a imponer a la ficción financiera.

Por un lado, Bernanke ha dicho que la última relajación crediticia de la Reserva Federal –600.000 millones– no será prorrogada después de julio. Por otro, las tendencias electorales europeas y el liderazgo de los países que mejor han vadeado la crisis hacen prever una espera en los créditos debidos por Grecia a bancos privados y al BCE.

En contra de la ley europea, cuando empezó la fiebre rescatadora, se obligó al BCE a comprar bonos de los países afectados. No sólo aumentó la pelota de la deuda sin generar más confianza en estos sino que puso en peligro el balance del BCE. No extrañamente, es el actor europeo más opuesto a la asunción de pérdidas por los acreedores, en la forma del retraso de pagos que parece inevitable. El único argumento que queda a favor de más rescates es el de que los primeros han fracasado y esto obliga al BCE a perpetuar la compra ilegal e infructuosa de bonos. Demencial.

Lo sustancial es que el resto de acreedores han caído en la cuenta de que más vale anotarse las pérdidas de la restructuración griega cuanto antes porque esperar no mejora las expectativas de cobro. Algún día alguien tendrá que explicar porqué ante la explosión de una burbuja crediticia se respondió con más de la misma medicina generando más malas inversiones y una nueva burbuja a añadir a la primera en forma de expansión monetaria e incremento desmesurado de deuda en países ya en dificultades.

Ha costado tres años descubrir la ausencia de virtudes taumatúrgicas de los artificios del multiplicador keynesiano, la deuda y los rescates. La situación es hoy peor que entonces, pero al menos se está deteniendo el mal. Empezar a hacerlo bien requiere la ortodoxia económica de siempre: ahorrar para invertir, invertir para crear empleo, sometiéndose a las reglas del mercado y no a la voluntad interesada de los políticos. Resulta que sí hay ideólogos en las crisis financieras y los que han fracasado son los partidarios del consenso socialdemócrata. En esta segunda caída del Muro, los liberales habrán de sustituirlos. No podrán hacer milagros, pero sí esperanzarnos con una recuperación real y no ficticia.

¿Dónde está el Gobierno?

Emilio J. González en Libertad Digital

Desde que los socialistas se llevaron un tremendo varapalo en las últimas elecciones municipales, en este país el Gobierno brilla por su ausencia. A Zapatero y su Ejecutivo no se les ve por ninguna parte, excepto cuando ya no les queda más remedio, por ejemplo, cuando tienen que comparecer ante el Congreso de los Diputados. Pero, por lo demás, el Gobierno brilla por su ausencia. Pase lo que pase en este país, a los ministros casi ni se les ve ni se les oye, y cuando hablan se limitan a referirse a lugares comunes, sin decir ni hacer nada más que lo imprescindible, y muchas veces ni tan siquiera eso.

El caso más flagrante estos días es, por supuesto, el de Rosa Aguilar, entre cuyas responsabilidades se encuentra la agricultura española. ¿Alguien la ha visto en algún momento salir abiertamente en defensa del pepino español y de sus productores? Para nada. Ella se ha quedado tranquilita en su despacho y cuando se le ha preguntado se ha limitado a responder que el Gobierno va a pedir a Bruselas dinero para compensar a los agricultores, cuando la cantidad que está ofreciendo la Unión Europea, algo más de doscientos millones de euros, apenas alcanza para cubrir las pérdidas de una sola semana de los cultivadores de esta hortaliza. Y la ministra, tan pancha, disfrutando de su mal ganado sueldo, su coche oficial y sus privilegios como miembro del Gobierno, como si la cosa no fuera con ella.

Con la vicepresidenta económica, Elena Salgado, ocurre tres cuartos de lo mismo. La Comisión Europea acaba de pegarnos un buen tirón de orejas con su informe pidiendo la subida del IVA, la bajada de las cotizaciones sociales y la reforma laboral. ¿Y qué hace la señora ministra? Pues limitarse a decir que eso no entra en los planes del Gobierno, y punto. Claro, no entra porque el Ejecutivo no tiene ningún plan ni nada que se le parezca. Por eso Salgado no puede responder a Bruselas anunciando un nuevo paquete de medidas económicas para salir de la crisis. A ella lo único que le importa es que los presupuestos para 2012 salgan adelante en la tramitación, aunque sea a costa de vender a los nacionalistas lo poco que queda de España y, por lo demás, que la dejen tranquila que ella ya tiene bastante con sus cosas. Lo que no sabemos es con cuáles porque, desde luego, de las de su cargo no se ocupa.

¿Y Miguel Sebastián? Porque el titular de Industria apenas abre el pico. Y con el de Trabajo, Valeriano Gómez, sucede tres cuartos de lo mismo. Ahora ha hablado para presentar ese simulacro de reforma laboral con el que el Gobierno pretende seguir mareando la perdiz con los mercados y con la UE y poco más sabemos de él. Y así uno tras otro. Si lo que quieren es estar tranquilos, mejor que convoquen elecciones y se marchen ya a su casa.

La no-reforma sindical

Juan Ramón Rallo en Libertad Digital

Señala esa vulgata marxista convertida en dogma de fe progresista que existe un conflicto de intereses irresoluble entre la opresora clase capitalista-gerencial y la muy oprimida población trabajadora. La salud de los primeros es la enfermedad de los segundos; los proletarios sólo pueden prosperar arrebatándoles la propiedad y los beneficios a las ratas explotadoras y éstas sólo pueden acumular capital apretándoles las tuercas a los obreros.

Esa fantasía épica, con sus orcos, elfos y unicornios incluidos, se ha erigido en piedra angular de nuestras relaciones laborales y, por tanto, de nuestro desastre económico actual. Lo mismo da que allí donde un mayor número de empresas ganen una cantidad más sobresaliente de dinero los salarios también sean mucho más elevados; el machacón pensamiento único es claro en su diagnóstico, coincidente con esas sesudas reflexiones de la Bruja Avería de "¡Viva el mal, viva el capital!".

Así, dado que los sindicatos deben defender a los trabajadores de sí mismos –de esa enorme osadía de rubricar acuerdos contractuales con los empresarios que ambos se atrevan a juzgar como beneficiosos en contra del más alto y relevante criterio de la plutocracia comisiono-ugetera– en España no hay quien contrate y, por consiguiente, no hay quien trabaje. Porque, quizá convenga repetirlo, si al empresario no le resulta rentable contratar, no se contratará y si no se contrata, no se trabaja.

Era este perverso sistema, ese que apuntala contra viento y marea, contra expansión y contracción crediticia, las condiciones laborales gestadas en medio de la mayor burbuja inmobiliaria que conocieron los siglos, el que había que desmontar. Y es que, aun dejando de lado el problemilla de que unos señores que no creen en la libertad de empresa pacten al milímetro las condiciones laborales de todas las empresas de este país; aun atribuyéndoles a nuestros sindicatos una sapiencia que jamás se han dignado a mostrarnos; aun así, ¿qué creen que significa eso de la ultraactividad de los convenios? Pues que si los sindicatos así lo desean –y lo desean–, lo pactado en 2003, 2005 ó 2007 tiene hoy, cuatro años de desmoronamiento económico después, la misma vigencia que cuando construíamos centenares de millares de viviendas al semestre.

Por eso había que derruir el sistema. Por eso, sí, y también para beneficiar a los empresarios; para no impedirles crear riqueza y contratar a parte de los cinco millones de parados en el proceso. Por eso, sí, y también beneficiar a los trabajadores, pues, por extraño que pueda parecerles a quienes viven de nuestros impuestos, no resulta del todo inverosímil que muchos de esos obreros quieran conservar su empleo o incluso volver a trabajar. Por eso, sí, y también para perjudicar a los sindicatos, que no otros son los únicos que medran en un sistema que los convierte en omnipotentes legisladores.

Mas el Gobierno ha optado, oh sorpresa, por no reformar lo que debería haber sido reducido a cenizas. El Partido Socialista Obrero Español ni ha escuchado a Bruselas, ni a los empresarios ni, tampoco, desengáñense, a los trabajadores. Por una simple cuestión: el socialismo nunca ha defendido a los obreros, se limitó a instrumentalizarlos –y masacrarlos– en beneficio de la casta gobernante. Después de destruir tres millones de empleos en tres años, José Luis, Alfredo y Valeriano han decidido que nada merece ser cambiado en nuestro mercado laboral. ¿Para qué? ¿Algún problema a la vista? ¿Algún sindicato en dificultades?

La guerra ha terminado

Cristina Losada en Libertad Digital

Volví a ver La guerre est finie no hace mucho tiempo, es decir, en algún momento de los últimos diez años. Me pareció, la película de Resnais, una obra maestra, aunque ahora no pondría la mano en el fuego. El tiempo no pasa en balde. Tampoco había pasado en balde el tiempo en España entre la guerra civil y los años sesenta, y ése era el perturbador descubrimiento del que daba cuenta el guionista, Jorge Semprún, tras haber vislumbrado la fisonomía española desde su condición de agente clandestino del PCE, enlace y correo entre la dirección de París y la militancia del interior. Los periplos de Yves Montand en esa película minimalista representan el viaje entre el universo congelado del exilio y un país transformado, ya distante y ajeno a aquella Guerra, en la que todavía habitaban, petrificados, los comunistas y otras gentes del destierro. Era el sobrio viaje a la realidad.

Semprún y su partido percibirían la inutilidad de unas estrategias ancladas en códigos del pasado, fútiles intentos de derrocar a la dictadura mediante huelgas generales de improbable seguimiento y enorme coste. La guerra había terminado, realmente. El engaño y el autoengaño se dieron de bruces con una sociedad que empezaba a cosechar los frutos del progreso económico, se compraba el pisito y el seiscientos, y pensaba en las vacaciones en Torremolinos. Nada de lo cual impediría que el viaje de Montand-Semprún fuera un trayecto que sucesivos aluviones de la izquierda estarían –estaríamos– condenados a repetir, fuese en forma de tragedia o de otro género de menor carga dramática. Entrados los setenta, una miríada de grupos aún creía exultante no en que fuera posible la vuelta a la II República, vieja reliquia para el museo, sino la mismísima Revolución.

Faltaba la farsa y aquí está, en nuestro presente. De nuevo se proclama que la guerra no ha terminado, como en un viaje de vuelta a aquel planeta inmóvil en el que vivían las gentes del exilio y medraban los capos estalinistas. Pretende revestirse de recuperación de la memoria, pero es mera falsificación. Hoy, incluso, la muerte de Semprún, Jorge, permitía agregar capas al mendaz envoltorio. Cierto que él mismo se entregó a la impostura, como denunciaron su hermano Carlos y otros conocedores de su papel en Buchenwald. Y es bien triste que quien supo afrontar la realidad política y reflejar la experiencia con brillantez no fuera nunca capaz de afrontar la realidad más suya.

Aquel Semprún

César Vidal en La Razón

Conocí a Jorge Semprún a inicios de 1995. Ambos fuimos invitados a un programa de libros de RTVE dedicado al Holocausto. A esas alturas, los nazis andaban destruyendo en las librerías mi libro «La revisión del Holocausto» y Alianza Editorial acababa de editar «El Holocausto», otra obra mía que era la primera Historia global de la Shoah escrita en lengua española. Semprún aportaba al programa no un libro sino una experiencia muy clara, la de haber sobrevivido a los campos nazis. Recuerdo que estuvo muy amable conmigo y que elogió calurosamente mi labor historiográfica. A la salida, charlamos un rato e intercambiamos direcciones. Volvimos a encontrarnos en distintas ocasiones, por regla general, en mesas redondas o conferencias sobre el sistema nacional-socialista. Aquí y allá, me habló de Carrillo –conseguía hacerlo con un distanciamiento prodigioso teniendo en cuenta lo que había narrado de él en su «Autobiografía de Federico Sánchez»– o me comentó que, en realidad, sus libros se vendían muy poco en Francia –cuatro, cinco mil ejemplares– algo que causaba una enorme sorpresa en los que lo escuchaban. A esas alturas había pasado sin pena ni gloria por uno de los gobiernos de Felipe González y había fracasado estrepitosamente como contertulio en el programa de Luis del Olmo –sólo aguantó una primera y silenciosa vez– seguramente porque él era más de argumentos sopesados y tranquilos que de choques estrepitosos y partidistas. Seguramente, también encajaba con una imagen que se había ido creando desde la época en que era un recluso de Buchenwald. Reuniendo materiales para mi «Recuerdo 1936», uno de sus compañeros de deportación, también del PCE, me contó cómo había leído la novela de Semprún sobre el tren de deportados y, a pesar de que lo acompañaba en el mismo vagón, no había reconocido absolutamente nada. También es cierto que el personaje nunca me dijo –a diferencia de Semprún, que lo reconoció por escrito– que los comunistas habían sobrevivido en los campos nazis simplemente porque se habían apoderado de la administración interior ante la actitud permisiva de las SS. Sin duda, quien me permitió conocerlo mejor fue su hermano, Carlos Semprún Maura. Perseguido por una izquierda que no podía tolerar que se hubiera convertido en liberal, Carlos me relató en una larga entrevista emitida desde los micrófonos de COPE cómo su hermano Jorge –al que consideraba un héroe al regresar de Buchenwald– había sobrevivido simplemente porque había sido un kapo, actividad, dicho sea de paso, que los comunistas estaban dispuestos a asumir para continuar vivos en el infierno creado por el nacional-socialismo alemán. Me he preguntado muchas veces si esa infernal experiencia no marcó a Jorge Semprún determinando su vida posterior. Lo impulsó, inicialmente, a seguir en el PCE escribiendo odas a Stalin y a la Pasionaria, pero, al fin y a la postre, el conocimiento de la condición humana le otorgó el suficiente espíritu crítico para enfrentarse con la dirección de Carrillo –el hombre al que los demócratas nunca agradeceremos bastante el haber liquidado el PCE–, para convertirse en atlantista frente a la URSS, para abandonar a Felipe González cuando la corrupción salpicaba en todas direcciones y para no sumarse a disparates como el zapaterismo. No fue poco, dado que todavía hay quien defiende el comunismo a pesar de los cien millones de muertos que causó en el siglo XX. Descanse en paz.

El diccionario histórico de Angelines

Ignacio Ruiz Quintano en ABC

En tiempos de Google, ¿cuántos hojean diccionarios?

—La erudición es una fuente donde abrevan las bestias, y a veces, los hombres —contestó Tierno a Fraga en una discusión parlamentaria sobre el preámbulo constitucional.

¿Diccionarios? Para los comunistas y la ministra Angelines, que querrá ser llamada así, una vez que Rubalcaba, su jefe, sólo aspira a que lo llamen Alfredo, alias, por cierto, de Togliatti, uno de los filántropos de Stalin en la mesacamilla de la guerra civil.

¿Autoritario o totalitario?

Esa controversia sobre Franco, su fantasma mitomotriz, es lo que entretiene a la izquierda de los cinco millones de parados.

—No tenemos una Real Academia, sino una Real Caverna contra la República —perora en el Congreso el doctor Llamazares, científico ducho en la agrobiología de Lyssenko e incapaz, ay, de comprender las licencias literarias del profesor Suárez sobre el franquismo como las del Nobel García Márquez sobre los «boat-people» vietnamitas.

¿Autoritario o totalitario?

Diremos que «totalitario» es cuando te dictan lo que has de hacer y además no te dejan entrar ni salir del país, salvo que seas los Beatles, el Ché (paseante de la Gran Vía en uniforme verde oliva) y así. O sea, el franquismo. Y «autoritario» es cuando te dictan lo que no has de hacer, pero te dejan entrar y salir a tu bola. O sea, el castrismo, para no perdernos en el Gulag.

—La historia —advierte Croce— es siempre historia contemporánea.

En 1973, la hoy ministra Angelines clavaba una estaca en el corazón del totalitarismo franquista con su cameo en «El Love Feroz o cuando los hijos juegan al amor».

En 1974, Nixon envía a El Pardo al general Vernon Walters para otear la situación:

—El Príncipe será Rey —le dice Franco—, porque no hay alternativa. España irá lejos en el camino que desean ustedes, los ingleses y los franceses: democracia, pornografía, droga y qué sé yo. Habrá grandes locuras, pero ninguna de ellas será fatal para España. Porque yo voy a dejar algo que no encontré: la clase media española.

En 1975 (¡octubre!), en «L'Europeo» milanés, Carrillo le confiesa a Oriana Fallaci:

—Si la derecha no ayuda, derribaremos la Dictadura con la violencia. He hecho también la guerrilla. Durante nueve años. No sé si soy un buen tirador, pero sé que apuntaba con cuidado: para matar… No estoy dispuesto a dejar con vida a Franco. Sería una injusticia histórica ver morir a Franco en su lecho… ¿Qué posibilidades tiene Juan Carlos? Todo lo más ser rey durante unos meses… Yo soy comunista, no soy rosa… Stalin no era antipático: sabía tratar a la gente… Y la República española no era un régimen capitalista, sino una democracia popular en el verdadero sentido de la palabra.

Menuda golfa, la Historia.

miércoles, 8 de junio de 2011

Joeeeeeeee!!!

José García Domínguez en Libertad Digital

"El jueves día 17 me llamaron por teléfono, y me dicen que si no tenía inconveniente, al día siguiente me proponían en el Parlamento de Catalunya, para un importante cargo institucional.... No tiene nada que ver con la política, es un cargo público, importante, pero independiente (de hecho, se DEBE ser independiente, igual que un juez por ejemplo, para poder desempeñar bien la función). El asunto me pilló por completa sorpresa, y apenas pude balbucear algo por teléfono (debía parecer profunda! jajaja). Un año atrás me habían insinuado algo, pero desde entonces no había tenido más noticias, y pensé sinceramente que se había desestimado el tema".

"El viernes por la mañana me llaman para comunicarme que ya se había propuesto oficialmente mi candidatura y que debía prepararme porque el lunes 21 de febrero, a las 12 del mediodía debía comparecer ante una comisión de unos 40-50 diputados del parlamento, de todos los partidos políticos, para exponer mi currículum y defender mi idoneidad para el cargo. Después de la exposición, era muy posible que tuviera que responder a preguntas que me hicieran. Jolín... me entraron todos los tembleques!!!! Qué tenía que decir???? Quién estaría en esa comisión?????? Qué me preguntarían????? QUÉ ME PONÍA????????joeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!!!!".

"Mi marido me mandó a la pelu el sábado por la mañana (qué pasa???? Yo no me corto ni tiño bien el pelo????? jajajajaja... qué horror!!!), y por la tarde, halaaaaaaaaa, a tirar de la VISA comprando ropa y zapatos ‘serios’.... Qué ruina! Y el domingo enterito dedicado a preparar la comparecencia, a hablar con gente que me pudiera echar una mano para prepararme bien, y a visitar a una amiga, que es diseñadora de modas, y a parte de tener un gusto exquisito, tiene 8000 complementos monísimos para acabar de ‘adornar’ cualquier vestimenta... así que llegué a casa con una bolsa cargada de foulares y bisutería fashion y ‘buena’. Parecía que hubieran pasado los Reyes Majos!!!! jajajaja. La pena es que todo era prestado! Jeje".

"El jueves por la tarde-noche, ya tuve que asistir al primer coctail semi-oficial de celebración.... y llevo varios días con entrevistas con las personas a las que ‘sustituimos’, para hacer cambio de impresiones y ‘quedar bien’, preparando diversos temas previos, etc... Por suerte me van informando poco a poco de los pasos que tenemos que ir dando, porque entro en un mundo totalmente nuevo para mí!!!! El viernes próximo tengo que volver de nuevo al Parlamento para hacer la toma de posesión oficial del cargo, delante de la presidenta del Parlamento y del presidente de la Generalitat".

"Me han dicho que allí nos hacen entrega de un escudito para la solapa y que seguramente tendremos que decir algunas palabras, aparte de posar para las fotos oficiales...... Aissssssss, y yo con el régimen por empezarrrrrrrrrrrrrrrrr!!!grrrrrr Ya me podían haber avisado con un par de meses de antelación y al menos podría haber bajado algo de ‘gordura’!!! jijijiji (=risa nerviosa). Y nada, el martes 8 (el lunes 7 es fiesta en Barcelona) a trabajar ya oficialmente!! Por lo que me han dicho los ‘antiguos’, podemos hacer un horario bastante flexible, o sea, adaptado a nuestras necesidades..... En fin, un montón de temas!!".

Nota bene: Extracto de las reflexiones de cierta Marian-S, acrónimo que se corresponde con las iniciales de Maria Àngels Servat, vertidas en el foro de bricolaje y manualidades facilisimo.com. Síndico del Tribunal de Cuentas de Cataluña merced a los votos de tres quintas partes de los diputados del Parlament, la señora Maria Àngels Servat dirige junto a otros seis electos la institución llamada a auditar, fiscalizar y verificar todas las cuentas de la Generalidad, cifras oficiales del déficit incluidas.

Indignados en el "híper"

José Antonio Martínez-Abarca en Libertad Digital

Ya se sabe que los comunistas de Stalin ordenaron fusilar en masa a los anarquistas españoles hartos, entre otras cosas, de que éstos hiciesen de "indignados" de #acampadasol. Aquellos primeros ensayos de "perroflautas" (imperfectos, puesto que por entonces no había costumbre de tocar los bongos) pretendían repartirse lo que incautaban a los terratenientes de forma asamblearia y en acto, sin esperar a la llegada de la sociedad perfecta, que, para los propios comunistas, no venía ya sino que siempre anunciaba su llegada para mañana. El general estalinista Líster, sin ir más lejos, prefería la injusticia al desorden, y acabó con aquella fiesta de los derechos sociales de forma sumaria y con alguna contundencia más que los "mossos" en la Plaza de Cataluña, de lo que estuvo siempre orgulloso. Pero estos incautos de la indignación de ahora resultan tan desavisados que pretenden la llegada del comunismo ternurista sin saber que el comunismo que tanto ansían lo primero que haría sería expedir la orden de que se alinearan, al amanecer, frente a las blancas tapias del cementerio. Quieren ser la tumba del capitalismo cuando es precisamente el capitalismo el único sistema que les permite sus patochadas y de paso continuar con vida para contarlo.

De cuándo aquí iban a permitir sus mitificados héroes de la izquierda, los para ellos legítimos representantes de una "democracia real" de la buena, que, como acaban de hacer los campistas en mi pueblo, tomen por asalto un "carrefour" para intentar llevarse los carros llenos con la merienda diciendo que ellos son simples intermediarios –simples, por supuesto– entre los que se benefician de la venta de alimentos y los pobres que no pueden pagarlos. En lugar de llegar algunos números de la policía nacional a susurrarles lo inoportuno de su acción asamblearia, la "democracia real" a la que tanto cantan los metería en camionetas rumbo a tomarse todos un cafelito sin retorno. El general Líster hubiese sabido lo que hacer con estos chicos, sin dudarlo un momento. Es desarmante la candidez de esta gente, que incluye en la cesta de la compra "de primera necesidad" por la patilla un cargamento de compresas y otro, eso sí, de tampones, se conoce que por si hay que trasladar ahora la acampada a la playa, y que no cante el "bikini". Mueve a la profunda piedad que estos arrapiezos de cabello jamaicano empastado con guano de paloma creyeran que iban a llegar a un "hiper" y, en nombre de esas recetas que dan las "misses" para arreglar el mundo en un rato, se iban a llevar los carros tupidos gratis total. Pretendían aliviar a los dueños del "carrefour" de "la privatización de las ganancias" (sic). Se sorprendieron sinceramente de que la negociación con los dependientes no llegase a buen puerto, y encima éstos llamasen a la madera. ¿Cómo enfadarse?

No se le puede pegar, y ni siquiera reñir, a unos bebés de ochenta kilos de peso/media. Antes de mandarles a las brigadas de desinsectación a las plazas del 15-M por imponer unas mínimas normas cívicas, es mucho más urgente para estos "indignados", dada su inconsciencia casi prenatal pese a que algunos ya corrieron delante de los "grises" cuando todavía no habían expulsado a Aranguren de la Universidad, pedirles la vez para el próximo curso en algún jardín de infancia, donde les enseñen que la economía de trueque aquí no funciona, ni en su exigida "sociedad perfecta" mucho menos: aquí si te llevas las cosas haciendo un llamamiento a la fraternidad desinteresada viene la poli, pero allí vienen los enterradores.

Las fragonetas de Barreda

Pablo Molina en Libertad Digital

La imagen de un operario de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha llenando una furgoneta con bolsas de basura llenas de documentos, es tan descriptiva que cualquier intento de explicar la escena sólo consigue acrecentar la certeza de que se trata de un expolio documental en toda regla.

Marcelino Iglesias, a pesar de su intelecto privilegiado, lo ha terminado de arreglar diciendo que el funcionario del grupo D con mono azul estaba transportando en esos cuarenta o cincuenta sacos de basura únicamente "archivos personales", pero entonces surgen varias incoherencias que ni siquiera el gran Marcelino parece haber previsto en su muy estudiada estrategia de desactivación de los efectos de la ya famosa instantánea.

Primero, en una administración pública no existe eso que Marcelino denomina "archivos personales", porque cualquier documento generado es de carácter público excepto los que afectan a la carrera profesional de un funcionario en concreto y que, por su propia naturaleza, no exceden de cuatro o cinco folios según el número de traslados o ascensos que el empleado en cuestión haya conseguido a lo largo de su vida laboral. Convengamos en que resulta como mínimo dudoso que todos los funcionarios de la comunidad autónoma hayan decidido de golpe desprenderse de sus nombramientos oficiales metiéndolos en sacos de basura para su posterior destrucción.

Segundo, si el todavía secretario de organización del PSOE confundió "archivos" con "efectos" personales el asunto no hace más que empeorar, porque los portarretratos, los cubos para lápices y otros regalos del Día del Padre o de la Madre así como los dibujos que los niños dedican a sus progenitores caben perfectamente en una caja de folios o una bolsa mediana de El Corte Inglés. Tampoco parece probable que todos los funcionarios de la Junta hayan decidido simultáneamente desprenderse de sus recuerdos familiares de una forma tan mezquina.

Entonces ¿Qué contienen esas bolsas que tan nerviosos ponen a los socialistas y tan verborreico a Marcel.li? Pues papeles, claro, que además van a ser llevados a la incineradora, porque ese curioso sistema de archivo en sacos de basura no parece aventurar otro destino.

Si se trata de documentos oficiales, como parece, los responsables de su desaparición están cometiendo un delito por más que el contenido de esos expedientes carezca de relevancia. Una infracción por lo demás absurda, porque con las nuevas tecnologías cualquier documento en papel tiene un soporte informático que lo justifica. Salvo, claro, que exista un circuito de expedientes escamoteados a la contabilidad electrónica.

Los populares dicen tener indicios de que en Castilla-La Mancha hay 2.000 millones de deuda oculta. ¿Tiene algo que ver la existencia de ese desfase en "B" con la actividad frenética de los socialistas desde el pasado 23 de mayo? La solución en las fragonetas de Barreda.