lunes, 5 de enero de 2009

Por mucho que les pese

Israel es un estado (democrático, no se olvide) de pequenísimas dimensiones, rodeado de enemigos por todas partes. Una organización terrorista fundamentalista, Hamas, se encarga de lanzar día sí y día también cohetes contra su territorio. Si ese pequeño estado decide responder a estas acciones continuadas militarmente, se convierte, según nos cuenta el 90 por ciento (y me quedaré corto) de periodistas e intelectuales (?) españoles, en un monstruo genocida.

Son de lamentar las víctimas civiles, pero como lo son en cualquier acción bélica. Ni más ni menos. Y nadie puede quitar a Israel el legítimo derecho a defenderse. Esa es la realidad, por mucho que les pese a los periodistas e intelectuales (?) españoles que tienen las neuronas reblandecidas y el corazón siempre en la (extrema) izquierda.

El envite

Gabriel Albiac en La Razón

Gaza por tierra, mar y aire

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos, en Libertad Digital

¿Yo pirata? Tú corsario

Mentira y libertad

Diagnóstico socialista sobre el capitalismo

La Izquierda no existe

Ni con Mayor Oreja

Rajoy se esconde detrás de Mayor Oreja

Editorial de Libertad Digital

sábado, 3 de enero de 2009

Felicitación para el nuevo año

Juan Manuel de Prada en ABC

Cuba desconectada

¡Estatuas fuera!

Mi tía está preocupadísima

Ilusiones

Melchor, Gaspar, Baltasar… y Bibiana

Pablo Molina en Libertad Digital

La circunstancia de que los tres Reyes Magos de Oriente fueran varones, resabio machista típico de la Iglesia Católica, es una ofensa a la sociedad igualitaria que quiere implantar Zapatero con la colaboración inestimable de Bibiana Aído, su ministra del ramo. Aunque parezca que las tradiciones de una confesión religiosa determinada no son algo sustancial para el proyecto revolucionario de los socialistas posmodernos, el asunto tiene su importancia puesto que la principal misión de los socialistas cuando gobiernan es precisamente ejercer de reyes magos, trayendo regalos a los que se portan bien según el canon marxista y carbón contaminante a los rebeldes irrecuperables.

La ministra de Igualdad, de hecho, ha acabado este año repartiendo subvenciones en función de las aptitudes y vocación de quienes las solicitaron, aunque sea a costa del procedimiento administrativo y de un elemental sentido de la equidad.

En primer lugar hay que destacar la inmoralidad de regalar dinero público a entidades particulares, sea cual sea el objetivo perseguido con ese trasvase de fondos. La socialdemocracia es así un combate permanente entre los grupos organizados contra el común de los contribuyentes, en el que los primeros salen siempre ganando sin que la sociedad en su conjunto reciba ningún beneficio a cambio. ¿Alguien piensa seriamente que regalando subvenciones se va a acabar con el asesinato de mujeres a manos de sus "parejas"? Si es así, sólo tiene que echar un vistazo a las estadísticas de violencia doméstica, cuyas cifras no dejan de aumentar año tras año, casi al mismo ritmo que el montante anual de dinero público dedicado a la materia.

Pero la realidad no es algo que interpele la conciencia de los socialistas, porque lo suyo es la farfolla ideológica en pos de un ideal, tan abstracto que siempre resultará imposible determinar si se ha alcanzado o no. En el caso de la igualdad, el PSOE y sus voceros se limitan a ofrecer a los contribuyentes los datos del dinero invertido en "programas", "acciones" y "campañas" de toda índole, organizadas, eso sí, por la miríada de organizaciones-sanguijuela próximas al partido, expertas en detectar dónde hay una arteria presupuestaria lista para succionar.

Las mujeres siguen muriendo asesinadas, pero ni siquiera a los votantes parece importarles. Lo sustantivo es que tenemos un Gobierno que lucha por ellas y hasta ha creado un ministerio de Igualdad. Y todos contentos, especialmente las asociaciones de mujeres progresistas, que están viviendo unas navidades de dulce gracias a la epifanía laica organizada por la camarada Aído.

Tampoco parece muy disgustado el PP, que en lugar de impugnar en su totalidad la existencia de ese ministerio y el latrocinio constante hacia nuestros bolsillos bajo el chantaje del igualitarismo, se limita a presentar una batería de preguntas parlamentarias para saber por qué a las asociaciones de mujeres conservadoras no les ha dejado la Reina Bibiana la casita de muñecas que pidieron en su carta. Y aún hay quien se extraña de que sigan por debajo de bibianas y pajines en las encuestas de intención de voto.


Las rebajas (energéticas) de enero

Editorial de Libertad Digital

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Dickens, 2009

Gabrial Albiac en La Razón

Magnífico, aterrador, pesimista y me temo que certero artículo.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Reeducación para la ciudadanía - 21/01/08

Reeducación para la ciudadanía - 14/01/08

Los zapatos de Bush

Todos los que en estos días se regocijan del lanzamiento de zapatos contra el presidente estadounidense, se verán algún día (y los demás, por desgracia) obligados a rezar mirando a La Meca. Y si no, al tiempo. Puede que entonces piensen en Bush de manera distinta a como lo hacen ahora. Pero será demasiado tarde. Que Alá los coja (y nos coja) confesados.

La idolatría zapateril

Juan Manuel de Prada en ABC

miércoles, 17 de diciembre de 2008

La hipócrita Google

Daniel Rodríguez Herrera en Libertad Digital


Se suele llamar hipócrita a quien defiende de palabra una cosa y se le caza haciendo otra en privado. Es un abuso del término, pues la hipocresía es proclamar algo en lo que no se cree realmente. Caer ocasionalmente en la tentación, dado que la carne es débil y todo eso, es ser incoherente, sí, pero no necesariamente hipócrita. Es necesaria, por tanto, una violación más a fondo de los principios que se proclaman para tildar a una persona o una organización de hipócrita. Como la que comete Google.

Por más que algunos defensores de la neutralidad en la red como Enrique Dans aseguren que Google lleva este concepto integrado en su ADN y que el comunicado de la empresa en respuesta a las acusaciones del Wall Street Journal supone un desmentido en toda regla, lo cierto es que el gigante de las búsquedas no ha hecho sino confirmar punto por punto las acusaciones del diario neoyorquino. Lo único que viene a decir es que lo que está haciendo no viola la sacrosanta "neutralidad en la red". Y eso, lamento decirlo, es sumamente hipócrita.

No estoy para nada en contra de lo que está planeando hacer Google, como tampoco lo estoy de que una empresa como Akamai (que cualquiera puede contratar para que sus usuarios vean sus páginas más rápido) lleve ya tiempo haciendo lo mismo. Alojar servidores caché propios en los centros de datos de los proveedores de internet acelerará algunos servicios de Google, principalmente la descarga de vídeos de YouTube, y aligerará de peso el tráfico en las redes. Todos nos beneficiaremos de ello, incluso quienes no usen productos de Google, porque aumentará la velocidad de internet y reducirá la necesidad de inversiones de las operadoras; inversiones que al final terminamos pagando sus clientes.

Como recuerda Richard Bennet, la propia Google reconoce que quiere prohibir a los proveedores de internet "cobrar un recargo a los proveedores de contenidos que no sean clientes suyos", "priorizar el envío de paquetes de datos basándose en la propiedad o afiliación del contenido, o la fuente o destino del mismo" y "construir un 'carril rápido' que confine las aplicaciones y contenidos de internet a una porción de ancho de banda relativamente escasa y lenta". Si en los acuerdos de Google el dinero cambia de manos, se incumplirán los tres principios; si no, "sólo" los dos últimos. Y es que los servidores caché de Google supondrán un "carril rápido" que provocará que las aplicaciones y contenidos de internet que no le pertenezcan vayan relativamente más despacio y priorizarán su tráfico con respecto a los de los demás proveedores de contenidos de la red.

El lobbista de Google, Richard Whitt, se defiende con el argumento de que el acuerdo no impide a otras empresas llegar a convenios similares. ¡Sólo faltaría! Pero es que las hipotéticas violaciones de la neutralidad en la red por parte de los proveedores de internet que Google quiere prohibir tampoco tendrían por qué estar cerradas sólo a unos proveedores de contenidos. Whitt añade que el miedo es que las empresas de telecomunicaciones "cobraran por el envío rápido de ciertos contenidos a los usuarios y, al hacerlo, se pusieran a sí mismas en el negocio de qué contenido logra esa velocidad extra". ¿Y qué suponen estos acuerdos sino una forma de lograr el envío rápido de ciertos contenidos a los usuarios?

La única defensa real de que estos acuerdos no violan la neutralidad en la red es técnica: ciertamente todos los bits seguirán siendo "tratados iguales" en las redes. Pero los efectos prácticos para la competencia en internet son exactamente los mismos que si se concediera mayor prioridad a los bits de Google sobre los de los demás. Excepto para quienes apoyen la neutralidad sólo por defender una suerte de "pureza ingenieril" en la gestión de las redes, que igual hay alguno, y no porque teman ciertas consecuencias prácticas de violar ese principio, la postura de Google es una ruptura en toda regla de aquello que dice defender y por lo que ha creado un lobby en Washington. La empresa de Palo Alto ha generado una doctrina en la que violar la neutralidad en la red es admisible sólo cuando ella misma lo hace. Y su patética defensa no supone más que meras excusas de mal pagador.

La globalización de la idiocia

La deslealtad hacia la traición

Editorial de Libertad Digital

Bush, en la tormenta

Gabriel Albiac en La Razón