domingo, 8 de febrero de 2009
"Ignorantes" no, Corbacho: "tontos de los cojones"
Nuevos proyectos estrella del Plan E: Boleras y pistas de patinaje
Keynes se reencarna en Sarkozy, Brown, Merkel y Zapatero
El alcalde de Getafe llama "tontos de los cojones" a los votantes del PP
"VAN A INTENTAR EXPRIMIR AL CIUDADANO"
El PP no descarta nuevos impuestos porque el Gobierno "está desesperado"
«Personas cualificadas»... para morir
Y entre otras lindezas también se proponen, contra el AVE, «ofrecer apoyo a los sectores populares, así como a las reivindicaciones de la Madre Tierra». La madre que los parió.
sábado, 7 de febrero de 2009
Se extiende
Lo que ya es casi habitual en el País Vasco y Cataluña, se extiende ahora a Galicia. Y lo peor es que no es ni notica, o se le da poca relevancia cuando la tiene y mucha. No hay democracia allí donde se ataca a personas o entidades políticas o de cualquier otro tipo por su ideología o sus opiniones.
"Submission" (Islam)
La Tertulia de los Catedráticos - 06/02/09
La tontería del carné
Que los señores de la SGAE propusieran en su día un "carné de conducir" para internet resulta indignante pero poco más. Por fortuna, y a pesar de su compadreo con el Gobierno, esta entidad no posee todo el poder al que aspira y casi todo el mundo conoce a día de hoy sus aspiraciones de control. Que con la misma propuesta salga un alto cargo del Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación (INTECO) sí resulta preocupante, por mucho que la excusa sea otra diferente.
El responsable de Proyectos en el Centro de Respuesta a Incidentes de Seguridad en Tecnologías de la Información de INTECO, Francisco Lago, se debió quedar a gusto cuando dijo "que si para conducir hace falta un carné, para acceder a internet debería exigirse un requisito similar que garantizara la seguridad". Le faltó ponerse unas gafas de sol oscuras y decir con marcado acento estadounidense: "Recuerda mi canción: si bebes, no navegues". Lo que no dejaría de ser una mera tontería de alguien que da la impresión de tener un cierto complejo de superioridad (al menos el suficiente como para pretender saber cómo proteger de sí mismos a millones de seres humanos a los que él parece no considerar lo suficientemente inteligentes), cobra gravedad por ser él quien es.
Lago es un alto cargo en una empresa pública a la que el Gobierno le ha encomendado, entre otras, la misión "de sentar las bases de coordinación de distintas iniciativas públicas entorno a la seguridad informática". A pesar de que después de haber sido objeto de numerosas críticas ha matizado diciendo que lo del "carné de conducir" era un símil para "ejemplarizar la necesidad de unos conocimientos mínimos", la verdad es que habló de "exigirse un requisito similar". De hecho, en su matización parece que no ha negado que considere necesario dicho requisito.
Con independencia de que la excusa para pretender implantar un permiso de navegación por internet (puesto que no se trata de otra cosa) sea sincera, las consecuencias de que un gobernante se pudiera tomar en serio la propuesta serían nefastas. En el momento en el que el Estado se otorgara a sí mismo la capacidad de autorizar o no a alguien para conectarse a la red, el abuso estaría servido. Es más que dudoso que se conformara con comprobar que el futuro internauta supiera protegerse de los virus informáticos o de los intentos de estafa on line, por ejemplo. Trataría de adoctrinar sobre qué comportamientos son buenos y cuáles malos en la red, o incluso qué contenidos deben visitarse y cuáles no.
Y una vez que abres la puerta a este tipo de permisos, la evolución lógica sería ampliar las actividades para las cuales se requerirían licencias específicas. Y no nos engañemos, antes o después exigirían una para poder publicar en internet o incluso para poder comprar un ordenador (al fin y al cabo, y según la lógica que parece aplicar Lago, si no hay equipo informático, no hay problemas de seguridad).
La propuesta de Francisco Lago no es sólo una soberana tontería. Denota además un ansia de control sobre los ciudadanos. Puesto que INTECO está adscrito al Ministerio de Industria, Miguel Sebastián o Francisco Ros (puesto que dicha empresa pública depende de la secretaría de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información) deberían dejar claro que no comparten la visión de tan peculiar experto en seguridad informática.
viernes, 6 de febrero de 2009
¿Cine español? No, gracias
Uno de cada dos euros del cine español procede de los contribuyentes
Y encima quieren que pasemos por taquilla.
Las contradicciones de la oposición
El PP, en Galicia sí, en Cataluña no
Si el Gobierno se contradice cada cinco minutos, el PP, después de las últimas elecciones, no le va a la zaga. ¡Estamos apañados!
Simone Weil, cien años
Albiac evoca la caótica coherencia y la brillantez de la filósofa francesa en el centenario de su nacimiento.
Una moral indecente
"No todos los códigos morales se parecen y algunos son detestables", dice Fischer (tiene razón) y pone ejemplos.
La clase, mejor que nunca
Dos películas de estreno sobre otra crisis, la educativa, mucho anterior y que va tan para largo, o más, que la económica.
Mercaderes de odio
¿Dios, patria y socialismo? Miedo da. O la libertad, otra víctima de la crisis.
El antisemitismo campa a sus "canchas"
La coalición del odio, editorial de Libertad Digital
jueves, 5 de febrero de 2009
miércoles, 4 de febrero de 2009
Total, ¿qué son 70 milloncejos de nada?
Estos "tontos de los cojones", siempre están igual...
Los ecologistas contra el móvil
Los seres urbanos como un servidor no podemos sino tenerle especial manía a esos ecolojetas sandía que intentan convencernos de que el frío en invierno y el calor en verano son culpa de la acción del hombre. Tienen una especial inquina al progreso tecnológico, es decir, a la mejora de nuestro bienestar, a lo que hace nuestras vidas más cómodas y duraderas. Y también lo que nos permite a muchos ser un poco más felices.
Vimos hace unos días un ejemplo claro de su manera de pensar. Resulta que unos científicos querían hacer un sencillo experimento: fertilizar con seis toneladas de polvo de hierro el Océano Antártico. La idea es dilucidar si, como creen, las algas de la superficie marina tienen nutrientes suficientes para crecer, pero no el hierro que necesitan. Si así fuera, se reproducirían a mayor velocidad y absorberían más dióxido de carbono de la atmósfera. Perfecto, ¿no? Parece una manera barata y eficiente de acabar con los miedos de quienes se creen que el CO2 es un peligro mortal para la humanidad.
Pues no. Los ecologistas quisieron frenarlo porque intentaba poner en manos de la "industria capitalista" un modo barato de hacer desaparecer el CO2 y frenar el cambio climático. Es decir, que realmente no temen tanto el calentamiento global; lo que no quieren es que el hombre siga mejorando las herramientas que tiene a su disposición para hacer del planeta un lugar más habitable para él, que no otra cosa es eso que llaman "industria capitalista". Tras frenar el experimento por miedo a las críticas, finalmente el Gobierno alemán le dio luz verde. Menos mal.
Pero no hace falta irse tan lejos para ver ejemplos de estos nuevos ludditas. La máquina tejedora que quieren destruir ahora no es otra que el teléfono móvil. Ese aparato infernal que podemos llevarnos con nosotros y nos permite comunicarnos con quien queramos en el momento que deseemos. ¡A quién se le ocurre semejante mejora en nuestras vidas! ¡Hay que acabar con ello! Aux armes, citoyens!
La táctica que emplean es la misma que con el calentamiento global: aterrarnos. Por resumirlo mucho, afirman que el uso del teléfono móvil nos va a freír el cerebro o, para ser más exactos, podría llegar a hacerlo, de modo que en aplicación del santo principio de precaución debemos impedir su uso o, en un gesto de generosidad que los honra, restringirlo a los casos de emergencia, como si fuéramos a pagar y llevar encima un cacharro de esos sólo por si nos atracan o se nos estropea el coche.
El principio de precaución significa, teóricamente, que se prohíban innovaciones hasta que no existan pruebas de que no comportan peligros. Suena razonable, pero el problema es que es imposible demostrar que algo no comporta riesgo alguno. Cosas que llevamos milenios comiendo provocan problemas de salud de todo tipo. Así que, en la práctica, el principio de precaución consiste en que el Estado prohíba todo aquello que molesta a los ecologistas.
La excusa para aplicarlo en esta ocasión son las radiaciones y la fuente de autoridad, el profesor sueco Olle Johansson. El problema es que el señor doctor, al menos según los escépticos suecos, no tiene ni idea de lo que habla. Dice que las microondas son comparables a los rayos X o a las radiaciones gamma, que viene a ser como si se dijera que un conejo y un tigre de Bengala suponen un riesgo comparable para el ser humano porque al fin y al cabo ambos son animales.
Hay gente realmente seria que investiga los posibles efectos de las radiaciones sobre la salud, aunque será infrecuente encontrárselos citados en comunicados ecologistas, porque no encuentran evidencia alguna de perjuicios para la salud provocados ni por antenas de telefonía ni por los mismos aparatos. Salvo, claro está, que se usen mientras se conduce. Pero creo que no se refieren a esto los del pez mutante de Garoña, esa organización de ufólogos del medio ambiente llamada Ecologistas en Acción.martes, 3 de febrero de 2009
¿Quién coño nos está gobernando?
lunes, 2 de febrero de 2009
domingo, 1 de febrero de 2009
¿Y por qué no "Radio"?
IU pide que RNE cambie de nombre porque le encuentra una "connotación franquista"
Pues yo encuentro esta propuesta, no sé... ¿bobista? Parece que en Izquierda hUndida no tienen nada mejor por lo que preocuparse. ¡Muy bien, Llamazares! Tómate un Cuba Libre, que estás un poco castrista.
sábado, 31 de enero de 2009
¡Qué vergüenza!
Sí, señor. Defendiendo una dictadura que dura ya medio siglo. Que se vayan a Cuba a vivir como cubanos pobres (valga la redundancia) o disidentes y a ver qué dicen después.
Declaraciones a la Cope
Audio (a partir del minuto 38)