lunes, 10 de enero de 2011
La salvación social-demócrata
Tezanos ha abogado por una política realista de los partidos socialdemócratas que les permita sortear la actual crisis y, a la vez, no enfrentarse con sus bases tradicionales y verse triturados. Para alcanzar esa meta, Tezanos plantea aceptar la formación de coaliciones que puedan resultar extrañas para un votante medio de izquierdas, pero que lograrían que la carga de las reformas para enfrentarse con la crisis se repartiera entre las distintas fuerzas políticas. El enfoque de Tezanos me parece, con todos los matices que se deseen, digno de tener en consideración y me lo parece porque creo que con la tensión que ha creado ZP incluso desde antes de llegar al poder no existe actualmente un solo partido que pueda realizar las reformas con posibilidades de éxito. En el caso del PSOE, sus sectores más radicales lo impedirían y en el caso del PP tendríamos a unos sindicatos nada representativos, pero sí agresivos entregados al vandalismo para protestar contra unos pasos legales indispensables para que la nación no termine en la quiebra. Por añadidura, la clave de las reformas reside no tanto en los denominados recortes sociales como, según Bruselas, en nuestro absurdo sistema autonómico. Un Gobierno de coalición PP-PSOE, formado por técnicos, dispuesto a abordar reformas como las de las cajas de ahorros o el mercado de trabajo y, sobre todo, entregado a cara de perro a dejar reducido el estado de las autonomías a su expresión racional –que no es la presente– puede sacarnos de esa situación. Obviamente, esas reformas implicarían el enfrentamiento con los nacionalistas y con las castas regionales de los partidos, pero esos pasos son indispensables si se pretende que no acabemos en suspensión de pagos antes del verano y que todo se desplome. Con un Gobierno presidido por ZP o con Rajoy atenazado por el miedo a una respuesta de la izquierda más radical lo único que nos espera es la quiebra económica y el final del presente sistema constitucional.
Huelga de consumo
El sindicato CGT, Confederación General del Trabajo, convocó hace poco una "Huelga de Consumo contra el capitalismo". Explicó así sus razones:
Implica una apuesta por la austeridad, una apuesta por el reparto del trabajo y la riqueza, una apuesta por el decrecimiento, contra la ostentación, el lujo, el derroche, lo superfluo (...) Significa cambiar el orden de prioridades sobre lo que se debe seguir produciendo, en qué sectores seguir creciendo y en qué sectores es necesario decrecer, una reflexión sobre lo que se debe consumir, sobre la calidad de vida, sobre la soberanía alimentaria, sobre la procedencia de los productos que comemos.
Por empezar por el final: la "soberanía alimentaria" es una forma de llamar al proteccionismo en el comercio de los productos agrícolas, es decir, una medida que castiga universalmente a los pobres. En primer lugar, a los pobres de los países pobres, que podrían superar la pobreza si pudieran exportar sus cultivos hacia los países ricos. Y en segundo lugar a los pobres del mundo desarrollado, a quienes el proteccionismo castiga obligándolos a pagar más por sus alimentos. Que algo tan reaccionario sea demandado por unos progresistas sugiere que su progresismo es dudoso.
También es dudoso que sientan aprecio por la libertad de los ciudadanos, porque alguien les ha de imponer lo que tienen que producir y consumir. Pensar que se puede "cambiar el orden de prioridades" y al mismo tiempo dejar a los trabajadores en paz es asombroso.
Y asombra también que no hayan dedicado el más mínimo recuerdo a un sistema que hizo precisamente lo que ellos pretenden, un sistema que moderó el consumo, impuso la austeridad y decidió los sectores que debían crecer. No fue el capitalismo, claro que no. Fue, y es, el comunismo. De momento, los comunistas llevan cien millones de trabajadores asesinados para conseguir una sociedad más justa. Lógicamente, la CGT no ha convocado una huelga en contra de tan noble sistema.
El Tea Party no disparó a Gabrielle Giffords
Ha bastado con que un desequilibrado disparase a la congresista demócrata Gabrielle Giffords y a la multitud que la rodeaba para que el griterío histérico de la izquierda occidental –cada vez más parecida en Estados Unidos y en Europa– se haya vuelto a escuchar con fuerza. Así, en pocas horas, cuando apenas existía información fidedigna de lo ocurrido, se construyó la delirante teoría de que el criminal, Jared Loughner, era un fanático seguidor del Tea Party y, muy en especial, de Sarah Palin, autora intelectual última del atentado.
Poco ha importado que Loughner tuviera entre sus libros de cabecera el Mein Kampf y el Manifiesto Comunista –escasamente favorables a los principios de libre mercado que propugna el Tea Party–, que sus compañeros de instituto lo calificaran como persona de izquierdas, que su odio declarado hacia Giffords se remontase a 2007, cuando ni el Tea Party existía ni Palin gozaba de relevancia alguna, o que el ala más radical del Partido Demócrata estuviera muy enfadada con Giffords por no haber votado por Nancy Pelosi como presidenta de la Cámara de Representantes.
Lo único que ha movido a una parte de la izquierda –que en nuestro país incluye a la práctica totalidad de los medios de comunicación– ha sido crear un muñeco de paja a raíz de un drama humano para poderlo instrumentar políticamente. No es que en España no hayamos padecido execrables maniobras parecidas, pero no convendría olvidar lo poco que algunos valoran su integridad en la arena ideológica.
domingo, 9 de enero de 2011
Lógico
La delación
La corrupción moral que resulta de la denuncia anónima de supuestos «desviacionistas» de las normas impuestas por el poder, es tan tenebrosa como la que Orwell dibuja con maestría en su «1984», novela en la que nos avisa de los riesgos de la «policía del pensamiento» y la «neolengua». En «1984», George Orwell relata la historia de Winston Smith, un personaje que trabaja en el Ministerio de la Verdad y cuya función es «reescribir la historia» para hacerla coincidir con la versión oficial del Estado. Los otros tres ministerios existentes son: el Ministerio del Amor (que se ocupa de los castigos y más que nada de la tortura), el Ministerio de la Paz (rige los asuntos de la Guerra, y focaliza el odio y el miedo colectivos), y el Ministerio de la Abundancia (una especie de Agencia Tributaria encargada de mantener a la mayoría al borde de la subsistencia). Mientras, el Gran Hermano, temible icono de la propaganda oficial, vigila las actividades de la «ciudadanía» que carece de libertad de pensamiento y de derecho a la intimidad aunque sean miembros del Partido Único, bajo cuyas consignas viven, obsesos y alucinados. El resto de la población está formada por grandes masas de ignorantes aterrados por la política que han logrado tener más o menos los mismos derechos que los animales, por lo que pueden darse por satisfechos.
Orwell se inspiró en el nazismo, el estalinismo y la Guerra Civil española para escribir «1984». Su lectura es muy recomendable en estos tiempos en los que nos prohíben fumar (que es malo), a la vez que nos invitan a la delación del desconocido, el vecino o el amigo (lo que es peor).
sábado, 8 de enero de 2011
El nuevo juguete liberticida de Pajín
Se ha extendido la opinión de que el Gobierno de Zapatero es un gabinete oportunista e incompetente que carece de dirección y rumbo. Sin embargo, lo cierto es que el PSOE zapaterista sí posee un marcado objetivo ideológico que sólo el intenso desgaste de la crisis económica ha logrado frenar parcialmente.
Desde un comienzo, los socialistas han tenido muy claro que su propósito era el de debilitar los vínculos de carácter privado que unen a la sociedad para sustituirlos por otros de carácter estatal que pudieran manejar y someter más fácilmente. Así, se ha atacado a instituciones tradicionales como la familia, el Ejército, la Iglesia o la idea misma de nación y se ha buscado el enfrentamiento y la división entre los ciudadanos (la última vez hace pocos días a cuenta de la exhortación a la delación de los fumadores).
El resultado de tales intervenciones ha sido una sociedad civil debilitada cuyas libertades pueden ser violentadas y cercenadas sin apenas oposición popular. Es en este contexto de una nueva vuelta de tuerca de planificación social liberticida en el que se inserta la Ley Integral de Igualdad de Trato y No Discriminación que presentó ayer Leire Pajín. Sería un error pensar que este tipo de iniciativas cumplen la función de una cortina de humo ante la crisis, pues, como decimos, no son la anécdota, sino la categoría de la acción de gobierno del PSOE.
La propia ministra de Sanidad ha reconocido que la finalidad de esta ley es "construir una sociedad que no humille a nadie". Sencilla fórmula en la que se reconocen dos rasgos propios de todo abuso estatista del poder: el colectivismo y el constructivismo. Lo primero porque presupone falsamente que es 'la' sociedad la que humilla a alguien, y lo segundo porque el acto de humillar podrá parecernos reprobable desde un punto de vista moral, pero no debería ser materia de sanción o regulación, salvo cuando esa discriminación vaya acompañada de violencia o incitación a la misma (esto es, por genuinas violaciones de derechos humanos).
Y si el hecho de que el Estado se ponga a perseguir actitudes que, en su caso, sólo deberían ser censuradas en el ámbito privado ya resulta una agresión a la libertad, tanto más lo es cuando los medios empleados para implementarlo también violan derechos tan básicos como la tutela judicial o la presunción de inocencia. Así, con tal de facilitar que cualquier sentimiento, fundado o no, de discriminación sea objeto de fiscalización, Pajín, por un lado, ha instaurado la prueba diabólica –la presunción de culpabilidad– propia de la Inquisición: es decir, la carga de la prueba recaerá sobre cualquier persona que sea acusada de haber discriminado a otra. Se asume, por tanto, que lo natural es que cualquier individuo discrimine y que tenga que ser castigado y "reeducado" por el Estado.
Por otro, la ley extiende y generaliza de tal manera las causas de discriminación –discriminación por asociación, error, múltiple, acaso discriminatorio...–, como para que casi cualquier comportamiento pueda ser sospechoso de discriminación. Es decir, no sólo se presume la discriminación allí donde ésta se denuncia, sino que se presume para casi cualquier comportamiento es discriminador.
Al final, que nos veamos censurados y reprimidos por hacer un uso legítimo y pacífico de nuestra libertad dependerá de la discrecionalidad del burócrata de turno, de su buena o mala voluntad y de sus prejuicios ideológicos. Un adoquín más en este edificio de inflación legislativa que confunde derechos con servidumbres y que coloca a toda la sociedad dentro del molde ingenieril y visionario de la izquierda autoritaria y antiliberal.
Una sociedad sin humos (pero ahumada)
Cortinas de humo
Quien calcula compra en Sepu
viernes, 7 de enero de 2011
Lo ha dicho la tele
A los españoles nos gusta tener políticos que dirijan nuestras vidas y los socialistas no están dispuestos a que experimentemos ninguna necesidad en ese terreno. Somos un pueblo con mucho apego a la autoridad, a la que pedimos permiso hasta para ir a los toros "si el tiempo no lo impide". Desde el espadón decimonónico hasta el demagogo contemporáneo, al español le gusta que le digan qué puede o no hacer con su vida y sus propiedades, aunque luego se desgañite en la taberna contra las coacciones puestas en marcha por esos mismos políticos, a los que previamente ha concedido el poder de regular prácticamente la existencia misma de la sociedad.
En estas circunstancias la televisión juega un papel adoctrinador esencial, consistente en macerar a los ciudadanos con un bombardeo constante de mensajes que señalan la existencia de un problema –la mayoría de las veces irreal, pero eso es lo de menos–, a continuación muestra a las supuestas víctimas apelando al sentimentalismo más cutre y finalmente señala a los culpables a los que, por supuesto, se les niega la defensa. La necesidad de que el Gobierno reprima a estos últimos es una conclusión que el espectador alcanza por sí sólo a poco que frecuente las cadenas generalistas.
El consumo del tabaco, la obesidad o los problemas medioambientales son tres ejemplos interesantes de la forma en que funcionan los grandes medios en colaboración con el aparato coercitivo del Estado. Probablemente hace veinte años hubiera sido imposible poner en marcha una ley que prohibiera fumar en lugares privados como bares o restaurante porque, entre otras cosas, nadie la hubiera acatado y eso sin contar con que el partido político autor de la norma hubiera perdido un río de votos en los siguientes comicios. Lo mismo cabe suponer respecto a las restricciones al consumo de bollería en los centros educativos o las dimensiones de las hamburguesas en los restaurantes de comida rápida. En cuanto al medio ambiente, es difícil que se hubieran aceptado coacciones de todo tipo como las que padecemos, pagando un altísimo precio para evitar un supuesto problema como el absurdo calentamiento global que nadie en sus cabales debería haberse tomado en serio jamás.
Sin embargo, han sido tantas las horas de televisión, asombrosamente el medio de mayor credibilidad ("lo ha dicho la tele"), tantos los programas de radio y tan caudalosos "los ríos de tinta" vertidos para denunciar estas "lacras sociales" desde todos los puntos de vista posibles, sin obviar los más bizarros, que cuando el Gobierno ha decidido imponer unas brutales restricciones a través del BOE apenas nadie ha rechistado.
Tres restaurantes en toda España en cuanto al tabaco, ninguna mochila infantil con el nutritivo donut y sólo una asociación privada denunciando el infame protocolo de Kioto. Este es el saldo de los que defienden la libertad en nuestro país. Normal que hasta Zapatero se haya podido convertir en nuestro presidente.
miércoles, 5 de enero de 2011
Mundo maravilloso
El cielo gris de todos los eneros pone en el alma la añoranza helada de los años perdidos. Nada nuevo: en esa melancolía sosegada se teje la paciencia de ir tirando, por más que uno sepa lo para casi nada que sirve cuanto hacemos. Pero está bien que cada inicio de enero sepamos engañarnos, repetirnos que todo puede ser distinto, que tal vez lo imprevisible aún nos aguarde a la vuelta de una milagrosa esquina. Y cada año inventamos la vida aventurera que no tuvimos nunca. Y en el rincón secreto que nadie revela a nadie, odiamos cuanto somos y seguimos sonriendo. ¿Qué otra cosa podría consolarnos que no fuera esta sonrisa, la distancia que pone entre cada uno y la jodida realidad que acabará tragándonos?
martes, 4 de enero de 2011
Los secretos del Tea Party español
El pasado domingo, coincidiendo con la multitudinaria Misa de la Familia oficiada en Madrid por el cardenal Rouco, el periódico El País se descolgaba con un seudo-reportaje titulado "Los secretos del Tea Party español", en el que se dedicaba a atizar estopa a esos movimientos ciudadanos de corte católico que han protagonizado la contestación, en la calle y en los tribunales, a las medidas de ingeniería social impulsadas por el actual gobierno..
La verdad es que merece la pena leer el reportaje original, porque resulta de lo más novelesco y entretenido. Lo único que cabría exigirle al autor del reportaje es que, la próxima vez, publicara ese tipo de artículos dentro de algún libro de ficción.
Porque, si uno escribe un reportaje afirmando que los principales movimientos ciudadanos de la órbita católica en España están financiados por una misteriosa sociedad secreta mexicana, lo menos que el lector espera es que se aporte algún tipo de demostración de lo que se afirma.
Pero resulta que el artículo no sólo no aporta ningún tipo de documento o de prueba de lo afirmado, sino que tan sólo se remite a un puñado de testimonios de gente que dice que le han dicho que una especie de sociedad católica llamada El Yunque anda detrás de todos los movimientos cívicos que le traen a Zapatero a mal traer.
No sé yo muy bien qué es eso de El Yunque, pero deduzco, leyendo el artículo, que debe de ser al ámbito religioso lo que los malvados especuladores son a la esfera bursátil: los culpables de todo. De la misma forma que no es Zapatero quien nos ha llevado a la ruina, sino que son los malvados especuladores los que la tienen tomada con España, tampoco es Zapatero quien ha soliviantado a media sociedad con sus imposiciones legislativas en materia moral, sino que una tenebrosa sociedad de origen mexicano se dedica a llenar las calles de España de manifestantes. Personalmente, el asunto me da tanta risa como esos enloquecidos ensayos en los que se afirma que la Trilateral y el Club de Bildeberg gobiernan el mundo en la sombra.
Lo dicho: le recomiendo al autor del "reportaje" que, la próxima vez, lo amplíe en 300 o 400 páginas; que añada una protagonista de atractivas curvas que sea doctora universitaria en arqueología o filología semítica y un protagonista atlético y simplón que sea, por ejemplo, detective privado; que introduzca en la trama algunos misteriosos códices que ocultan antiguos y peligrosos acertijos y que intercale aquí y allá escenas de persecución, en las que todos los malvados reciban su merecido.
Porque hay que reconocer que un título como "El oscuro secreto de El Yunque" tiene muchísimo gancho y la novela podría venderse como churros.
Es una pena que un título tan prometedor se desperdicie en una memez de reportaje.
P.D.: Por cierto, según iba escribiendo el artículo, se me estaba ocurriendo una trama para otra novela: ¿creen ustedes que podría tener éxito un thriller sobre una sociedad tan secreta, tan secreta, que ni siquiera sus miembros saben que pertenecen a ella?
El gran poder
Sí uno es "laico" y no va a misa, o no sigue la doctrina de la Iglesia, no pasa nada. Y si es católico, tampoco (pruebe a ser musulmán "heterodoxo" y verá qué bien le va). Ahora, si a usted se le olvida pagar sus impuestos, tributos, multas, sanciones... comprobará lo que es el poder terrenal de verdad. El poder de "los laicos", vamos.
A mí me pasa con ellos, con "los laicos", lo mismo que al señor Rosa con los obispos: cada vez me río menos con sus "gracias". Es que a algunos me los imagino charlando entre ellos tal que así: “Consigamos que no nos tomen en serio, y nosotros mientras a lo nuestro, a consolidar el poder que ya tenemos y a ganar nuevas parcelas”.
Mariano y Pepín
El fascismo antitabaquista ha echado a la calle a la gente que mataba el insomnio en los bares. «¿Usted ha estado enamorado alguna vez?». «No. Yo siempre he sido camarero». Y en la calle todo el mundo habla de Cascos, rechazado por las febles damas del PP y su centrismo zen. Primero, Pizarro. Ahora, Cascos. ¿Qué tienen en común? Para empezar, la brillantez. Ser brillante en un partido resulta tan escandaloso como estar sano en un hospital. Y luego, ay, la fealdad. Pizarro y Cascos son dos tipos feos que no tienen sitio en esa Galerías Preciados que viene montando Mariano Rajoy, el Pepín Fernández de la derecha española. «Mire usted —se quejaba Pepín Fernández a Ruano—, hay capítulos inexcusables y desesperantes. ¿Sabe usted que he de emplear unos cuarenta minutos diarios sólo en contestar las cartas de recomendación para el personal femenino?». Y así es como se imagina uno a Mariano, enchufando dependientas. Mariano tendrá que colgar en la calle de Génova el descortés y famoso rótulo del pequeño comercio galdosiano: «No confundirse con la tienda de al lado». La tienda de al lado es la de Zapatero, claro, que hace tiempo que colgó ese cartel. ¡Mariano y Pepín! Ruano veía en Pepín a un gran capitán de los números cuyas batallas resultaban victorias de cantidad. Veinte años estuvo Pepín en Cuba y veinte años debe de llevar Mariano en la oposición, que en España es La Habana con menos negritos, un terrón de azúcar en medio de mares amargos, la cuna del relajo, que no es la decadente relajación, sino el suave abandono, tan típico, nos dice Foxá, como la «gana» española o la «saudade» portuguesa, o «il dolce far niente» napolitano: «El relajo es dejar hacer, el no importa, el filosófico para cuatro días que vamos a vivir, traducido a la dulzura tropical. Con el relajo se puede disculpar casi todo; es una sonrisa; es una comprensión humana; un sentido benévolo y optimista de la vida». Cascos, ¿para qué?
El gran pacto de Estado
A cinco minutos de que un poder extranjero tome el control del país por primera vez desde la invasión napoleónica, el gran debate entre la crema de la intelectualidad gira en torno a si hemos de llamar "Pepiño" al titular de Fomento. Max Estrella y don Latino de Hispalis deben estar retorciéndose en sus tumbas.
lunes, 3 de enero de 2011
¿Nos prohibirán fumar en casa?
El problema de fondo, como en la mayoría de los conflictos sociales, reside en una cuestión de respeto a la propiedad privada. El dueño de cada bar, o los socios de cada club, deben tener la potestad de decidir si quieren o no quieren humos en sus propiedades. Cada consumidor, a su vez, debe tener plena libertad para decidir en qué bar quiere tomarse una copa y fumarse un puro, y en cuáles no quiere entrar para no salir atufado. Y es que después de permitir que el Estado entre a prohibir a su antojo en nuestras propiedades privadas, por mucho que haya gente invitada a entrar en ellas, no existe ningún motivo para que no nos prohíban fumar en nuestras casas. Al fin y a cabo, también en ellas, espacios cerrados, pueden convivir fumadores y no fumadores. ¿Nos prohibirán fumar en casa?
Comparaciones
"La Iglesia ve más drama en el aborto que en la crisis", se puede leer hoy en Público. Y eso parece ser que les escandaliza y les solivianta. Pero es lógico ver más drama (y más crueldad, diría yo), en la pérdida violenta (sí, hay pocas cosas más violentas que un aborto, por muy bonito que nos lo pongan) de una vida que en la pérdida de un trabajo. Un puesto de trabajo se puede volver a conseguir (aunque en España, y hoy por hoy, parezca imposible), pero la vida, cuando se pierde... En fin, qué les voy yo a decir a los señores de Público que ellos no sepan... Puestos a hacer comparaciones, podríamos decir que fumar (esa cosa tan fea que desde ayer sólo se puede hacer en cárceles y manicomios, además de en la casa propia, aunque me temo que no por mucho tiempo) es más perjudicial para la salud que leer la prensa. Pero yo tengo mis dudas.
viernes, 31 de diciembre de 2010
La esperanza de 2011
Hay dos hechos de 2010 que son síntomas de esperanza, también estratégica, para 2011. Uno es el revolcón del Tea Party al olvido de los fundamentos de la economía liberal en Estados Unidos. El segundo, las recientes declaraciones del Papa en defensa de la libertad individual.
Frente a ello, en los mismos Estados Unidos que –a pesar de la creciente deuda que para algunos es síntoma de decadencia y presagio de aislacionismo–, siguen siendo lo que un ministro francés llamó con envidia reprobatoria la hiper-potencia, se adivinan signos preocupantes. Este año, con la excusa de "desmantelar" exclusivamente a Al Qaeda, Obama ha copiado en Afganistán el plan de incremento de tropas adoptado por Bush en Irak, llegando a encomendárselo al mismo general. Sin embargo, y a pesar de que Guantánamo sigue abierto y los asesinatos selectivos con aviones no tripulados han adquirido otra dimensión con el nuevo presidente, la tendencia general en la guerra contra el terrorismo islámico no es comparable.
Lo que el Tea Party no ha cambiado es el nombre que dio Obama –respondiendo al cansancio respecto a las aventuras exteriores–, a la Guerra Global Contra el Terrorismo, rebautizada profilácticamente "operaciones de contingencia" exterior; ni las encuestas, que siguen favoreciendo una retirada pronta del campo de batalla más significativo de Afganistán. De modo que se puede argumentar que en este conflicto mundial –que ha sucedido a la Guerra Fría en lugar del previsto fin de la historia– ha habido ya dos fases. En la primera, los Estados Unidos trataron de fomentar una agenda para la libertad aplicable específicamente a los países islámicos; y en la segunda, marcaron el acento no sólo en la prevista retirada de Irak a final de 2011, sino en la limitación temporal de la lucha en Afganistán, ya sea la progresiva de 2011-2014. A lo que esta etapa se parece peligrosamente es al retraimiento que llevó en su día a abandonar Vietnam bajo el nombre académico de retirada estratégica y el nombre mediático de détente.
No es sólo que las atroces consecuencias de aquello a pesar de la pericia de Kissinger en ejecutar el mandato del pueblo americano –atolondrado entonces por la contracultura y hoy por la posmodernidad– deberían hacer pensar a los americanos. Es que ahora es el propio éxito, ya sea relativo y parcial, y no el fracaso de las políticas seguidas, el que permite el repliegue.
Así que ante esta situación insólita, y junto al llamativo toque de atención, sustancialmente económico, del Tea Party, ha surgido otra disputa más discreta, pero aún más relevante a esta política de détente 2.0.
Benedicto XVI ha retomado con ánimo renovado la continuidad del papado liberador de su predecesor. Sus recientes manifestaciones en defensa de las minorías cristianas atacadas por fundamentalistas islámicos, a las que hay que añadir la abierta crítica a la limitación de la libertad religiosa y de conciencia impuesta por China, confirman que la libertad individual es algo más que un detalle en su agenda. Esta expresión pública deliberada de una alternativa moral a las oscuras fuerzas de la opresión es esencial y forma parte de las divisiones que tiene el Papa.
Lo que une ambos hechos es la apelación a la responsabilidad, uno de los fundamentos de Occidente, como correlato de la libertad personal e individual que es un deber proteger y promover.
Una de dos, o hay finlandización –que era la expresión que en la Guerra Fría identificaba la rendición pacífica a los postulados soviéticos– vestida hoy de multiculturalismo y alianza de civilizaciones, a la que un retraimiento americano nos abocaría; o hay un renacimiento de Occidente entorno a sus valores tradicionales, empezando por la libertad. Esto es lo que, cada uno a su modo, han recordado el Papa y los teapartiers en 2010. El asentamiento de esas tendencias es nuestra esperanza para 2011.
El año de la pulga
Zapatero y Rajoy han comparecido ante los medios casi simultáneamente para comunicar urbi et orbi cómo afrontan 2011. Éste será en China el año del conejo. Aquí en España podría ser el año del perro, naturalmente, del perro flaco, al que todo serán pulgas. Pero ya que todo serán pulgas, ¿por qué no inaugurar directamente el año de la pulga? De momento, el presidente del Gobierno y el líder de la oposición ya se han vestido de tales. Jesús, qué sarta de vaguedades, generalidades, obviedades y sinsustancias. Nos han endilgado dos clases magistrales de hablar y no decir nada, dos conferencias vacías. La imagen que sugieren nuestros dos líderes, el que está al cargo y el que aspira a sustituirle, es la del campo yermo, la del páramo en el que apenas son visibles ellos como dos pulgas escandalosamente irrelevantes.
Y cuando han dicho algo inteligible lo han hecho para engañar. Zapatero ha dicho que su Gobierno ha sido el de las políticas sociales, siendo como es el suyo el que está demoliendo a base de despilfarro el Estado de bienestar. Y Rajoy, que apoyará al Gobierno en lo que convenga a España, cuando lo que ha hecho hasta ahora es votar las medidas populistas y despilfarradoras que adoptó Zapatero en los comienzos de la crisis y se le ha opuesto siempre a partir del momento en que empezó a tomar unas pocas de las muchas necesarias que nos van imponiendo desde fuera.
Es verdad que de Zapatero nada bueno podemos esperar ya. Y también lo es que cabe la posibilidad de que Rajoy, aunque ahora no lo parezca, sea un gobernante serio y haga todo lo que hay que hacer para superar las crisis económica y política que nos atenaza. Pero el que sea posible no lo hace probable.
Aznar no pudo con los sindicatos y tuvo que envainarse una tibia reforma laboral por no enfrentarse a ellos. ¿Creen que será Rajoy quien se atreva a hacerlo? Aznar no tuvo valor para meter en cintura a las comunidades autónomas díscolas. ¿Lo hará Rajoy ahora que algunos de sus Gobiernos, especialmente el de Cataluña, se colocan abiertamente al margen de la ley y la Constitución? Aznar no quiso acometer la reforma política más urgente que necesita España, más aun que la de la reforma de la organización territorial, que es la de la justicia para que ésta sea de una vez por todas un poder independiente. ¿Está Rajoy en la idea de acometerla y renunciar a influir en los jueces?
Vivimos gobernados por políticos que no respetan las leyes, revestidos de privilegios económicos y legales, que no tienen empacho en tratarnos con el desprecio que no merecen ni los esclavos, que reparten el dinero que nos esquilman con los impuestos entre sus amigos, parientes y compañeros de militancia en forma de subvenciones y empleos públicos. Y no rechistamos. A lo más que aspiramos es a ser uno de ellos y, si eso no fuera posible, a entrar en el afortunado club de los perceptores de alguna subvención.
Es triste reconocerlo, pero probablemente tengamos lo que nos merecemos, dos irrelevantes pulgas entre las que elegir. Mientras España se desangra por un oscuro sumidero, nuestros dos líderes no paran de largarnos banalidades. Y lo peor no es eso, lo peor es que los demás nos quedamos embobados escuchándolas. País.
Los años no tienen la culpa
(Rafael S. Ferlosio)
Los años no son por sí mismos felices ni funestos, afortunados ni lúgubres; son como nosotros hacemos que sean. Si el 2011 se presenta sombrío es porque a los aprietos socioeconómicos se superpone en España una penosa crisis política que complica sobremanera el hallazgo de salidas viables. El escenario institucional está agrietado por el sectarismo, la clase dirigente permanece enrocada en un desencuentro estéril, el Gobierno ha perdido la autoridad moral y la sociedad civil no encuentra impulso. La estructura de liderazgo ha quedado resquebrajada después de siete años de parálisis funcional y amenaza con venirse abajo por simple efecto de atrofia. Falta pujanza social, eficacia administrativa, competitividad empresarial y generosidad política. Las instituciones se han desarrollado con una hipertrofia inversamente proporcional a su capacidad de respuesta. Y el tejido de dirección pública está desgastado, descosido, raído por la inercia de una mentalidad inadaptada a este tiempo de desafíos que obliga a una profunda revisión de conceptos, de estilos y de ideas.
Buen año en el corredor de la muerte
Disfruten cuanto puedan esta noche con sus seres queridos. Coman, beban y fumen –sean benévolos con los drogadictos familiares–, porque a partir del lunes todo seguirá igual... o peor. Si este annus horribilis invita a que las uvas nos obturen la faringe, el que viene nos aboca directamente a la respiración asistida. Así de cruel es el corredor de la muerte donde pretenden que electrocutemos nuestro modo de vida. Los argonautas que pilotan la nave extraterrestre Mercados nos bombardean con distintos misiles balísticos. Atienden por deuda soberana, ajuste fiscal y estructural, stock de vivienda, guerra de divisas... Por si fuera poco, somos para ellos unos vulgares cerdos, junto a Portugal, Irlanda y Grecia. PIGS. La S final es de Spain. Qué gracia tienen los alienígenas que hablan inglés. Pero es lo que hay. El sistema se propone que nuestros hijos y nietos paguen los supuestos excesos que hemos cometido. Y, ciertamente, alguien ha perpetrado abundancias en nuestro nombre. Por ejemplo, hemos abierto facultades en territorios vacíos de universitarios, aeródromos en terrazas de aldea y estaciones de AVE en pedanías. Hemos llegado a tal punto crítico que hasta Zapatero luce fe de converso y nos amenaza con cinco años más de penurias. Por eso, buena parte de nuestros jóvenes mejor preparados emigran. A Alemania, Estados Unidos, Reino Unido, Asia. Aquí, con una tasa de paro africana para la gente de su edad (40%), no podemos ofrecerles nada. Salvo ser funcionarios. No nos extraña que en esta coyuntura que padecemos hasta la vividora Carmen Lomana abogue, en paños menores, por cambiar “este gobierno de necios”. Dicen que la gente de edad acumula sabiduría. En nuestro caso, tememos que lo único que amontonamos es deuda y frivolidad. Buen año.
Rumbo sin capitán
Éste es el rumbo, afirmó ayer Zapatero con tono impostado de estadista responsable para defender los ajustes y reformas que le han impuesto desde Bruselas. Y me recordó otra de sus inolvidables sentencias para despedir el año: «La tempestad es fuerte, pero tenemos un barco sólido que conoce muy bien su rumbo». La pronunció en 2008, poco después de esta otra, que tampoco tiene desperdicio: «No subiría a un barco cuyo capitán tuviera dudas sobre cómo conducirlo». A los españoles no nos ha quedado otra que navegar con él al timón desde entonces.
La crisis ya estaba aquí a finales de 2007. Sólo los patriotas no querían verla. Zapatero agotaba su primer mandato y rechazaba cualquier rumbo que dificultara la reelección. «España –se jactó- ha entrado esta legislatura en la “Champions League” de la economía mundial». Un año después, con la tormenta desatada, tuvo que emplearse para tranquilizarnos en Nochevieja. El rumbo era el correcto y pronosticó que en 2009 estaríamos «con un tono vital de país mejor porque estaremos viendo cómo la recuperación económica la tocamos ya con las manos».
Cuando al presidente le tocó hacer balance de 2009 con las oficinas del INEM atestadas de parados y sin pájaro en mano, intentó seducirnos con cientos volando: «La economía española se encuentra en un momento de tránsito. Tránsito desde la recesión a la recuperación, que se confirmará en 2010. Y que esperamos pueda producir empleo en la última parte del año». Hoy despedimos 2010. Cualquier español conoce lo que separa la realidad de las palabras del presidente porque, con mayor o menor virulencia, lo padece en sus carnes.
Ni reformas, ni austeridad. Hace un año no era indispensable nada de lo que el presidente defendió ayer. Tampoco la reivindicada necesidad de gobernar pensando en el futuro. Dice Mefistófeles en “Fausto”: «Ante todo, debéis aferraros a las palabras; entonces ingresaréis por la puerta segura; al templo de la certeza». Desde luego, no será con las de Zapatero. El rumbo que defendió ayer con la fe del converso seguramente sea esta vez el correcto, pero después de tanta singladura errada, ya agotó su crédito como capitán.
jueves, 30 de diciembre de 2010
El autoengaño de Lassalle
La razón por sí misma no mueve a nada, Aristóteles dixit. Son las pasiones las que mueven a las personas. Si las pasiones hubieran sido moldeadas por la selección natural, el deseo de poder sería una de las pasiones más fuertes, ya que no existe mayor oportunidad para dejar descendencia numerosa que la detentación de poder. La escuela de la Public Choice de economía explica con un acierto asombroso la política en base a la hipótesis de que los representantes atienden a sus intereses personales exclusivamente. No es porque los políticos sean conscientemente mentirosos todo el tiempo acerca de los valores y virtudes que representan, sino porque ellos mismos se creen que trabajan para la sociedad cuando en realidad son esencialmente egoístas. El autoengaño siempre opera a favor de uno mismo y la razón, esclava de las pasiones, encuentra en el autoengaño el cerrojo perfecto. La política es el campo de la primera división donde juegan los engañadores más sofisticados que produce cada generación. Todos los mecanismos de control –desde la separación de poderes y el gobierno limitado hasta el imperio de la ley de la democracia liberal– tienen estas verdades en frente desde el primero al último de sus preceptos. O eso nos creíamos... hasta que llegó Lassalle.
No conocía gran cosa del tal Lassalle excepto que es el gafapasta del PP preferido por Rajoy, ese famoso político que dormita visionando Teledeporte y que desayuna con el Marca. Además, Lassalle es el donnadie que tuvo la desfachatez de despachar a María San Gil. ¿Qué se ha creído ese Lassalle? Es una mezcla de Pepiño y Caldera, igualmente engreído. Pero no acaban aquí sus paralelos con el mundo del zapaterismo.
Lassalle ha publicado un libro titulado Liberales: el compromiso civico con la virtud. Ningún liberal ha negado lo buenas que son ciertas virtudes para la vida política, pero eso no les hace ser lo que Lassalle quiere que sean. Porque Lassalle está empeñado en que el liberalismo y el llamado republicanismo son la misma cosa.
El neorrepublicanismo parte del republicanismo de los antiguos pero sin limitar el poder por medio del respeto a la tradición y sin el moderno equilibrio de poderes de la democracia liberal. Para el neorrepublicano, el poder se justifica, no se limita. Y se justifica por medio de la participación ciudadana en la política, que debe sustentar con sus votos, sí o sí, a una meritocracia de la virtud en la que los valores a destacar dependen los gustos particulares de cada neorrepublicano. Como todo ingeniero social, sin ataduras con la tradición y sin tener en cuenta sus limitaciones, el neorrepublicano se inventa unos valores minimalistas, acordes con su visión, que dada su condición humana, es estrecha e ignorante. Y así, por realimentación, se cierra una espiral que conduce inexorablemente al totalitarismo mediático, educativo y legal que estamos padeciendo.
Porque tanto Lassalle, el ideólogo de Rajoy, como Torres Mora, el ideólogo de ZP, son seguidores de los mismos ideólogos neorrepublicanos: Pettit, Viroli, Pocock o Skinner. Para entender hasta qué punto ZP, Lassalle y los ideólogos neorrepublicanos forman un solo bloque ideológico, basta decir que uno de esos últimos, Pettit, es coautor de un libro sobre Zapatero que se subtitula "el republicanismo cívico de Zapatero". En ese libro puede encontrarse una apología de la acción política de ZP y toda la palabrería de Lassalle.
Pettit escribe ese libro a medias con un sociólogo de la Pompeu Fabra, la misma universidad donde da clases la mujer de Lassalle, socialista catalana. Para todos ellos, Aznar, Reagan y Thatcher son "neoliberales y libertarios" .Y entonces... ¿quiénes son los liberales? Por supuesto Lassalle el virtuoso y su jefe, el lector del Marca. ¿Qué quiere decir todo esto? Que Lassalle ha escrito acerca del concepto de liberal que tenía en mente ZP cuando decía que él era liberal. Y quiere decir también que Rajoy, después de su claudicación, es un peligro casi mayor que Zapatero.
Además del concepto de virtud cívica, que lleva a la Educación para la Ciudadanía, y a la larga al adoctrinamiento totalitario, en Pettit está el concepto de "no dominación": el Estado debe vigilar para compensar las desigualdades entre particulares. Por tanto, todo grupo de presión de presuntos agraviados, ya sean gays, feministas militantes, presuntas víctimas de la guerra civil, sindicatos o en general cualquiera que quiera vivir del cuento pueden estatalizar sus odios y ZP o Rajoy, a través de la iluminación centrista de Lassalle, los vengarán mediante leyes de igualdad, de memoria histórica, de justicia redistributiva y generosas subvenciones.
Torres Mora dice claramente que el neorrepublicanismo brinda la "gramática" necesaria para los cambios que ZP quiere hacer en la sociedad española. Yo creo que lo que justifica esa gramática es un nuevo totalitarismo. Lassalle ha recorrido también su camino de autoengaño a favor de su poder personal desde sus tiempos de pelota de Aznar en FAES a ideólogo de la oligarquía partitocrática que manda aquí. Para hacerlo, en su libro ha confeccionado una tortilla de patatas neorrepublicanas de la Pompeu con sobras de cebolla liberal, revuelto en una pasta de verborrea centrista. Que se la coma el que tenga estómago. Y luego, que vote a Rajoy.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
El año de los inocentes
Pablo Molina en Libertad Digital
2010 ha sido el año de la inocentada constante para un gran número de españoles, en realidad la inmensa mayoría, obligados a contemplar a una clase política que sigue encantada de haberse conocido y ajena a su grave responsabilidad en el deterioro alarmante de las condiciones de vida de sus compatriotas.
Por poner sólo unos pocos ejemplos a vuelapluma, Bibiana Aído es una inocentada con mechas, al igual que su colega y hoy superiora Leire Pajín; las pintorescas correrías de Zapatero en los foros internacionales, ora dormitando ora buscando su lugar para hacerse una foto, son inocentadas para solaz de la prensa extranjera; los sindicatos españoles son una panda de cachondos dedicada a embromar a los que financiamos sus francachelas; las elecciones catalanas han sido una coña de la que ha surgido un Gobierno capaz de hacer que olvidemos a su antecesor, el Gabinete autonómico más lamentable que ha padecido una región civilizada; y mientras toda esta tropa se divierte colgando muñequitos recortados en la chepa del contribuyente, la oposición se dedica a disfrutar del espectáculo esperando su turno, no en vano tiene en los lugares en que gobierna a varios equipos de bromistas que podrían disputarle el primer puesto a los sociatas, tradicionalmente los más atrevidos a la hora de reírse de los ciudadanos que han de sufrir sus atropellos.
Aquí las inocentadas se suceden a lo largo de todo el año porque ya es imposible concentrar tal volumen de mal gusto en tan sólo veinticuatro horas. Por eso, aunque el santoral católico conmemora hoy la matanza de niños llevada a cabo por Herodes el Grande, Rey de Judea con permiso de los romanos, nuestros políticos celebran a diario la efeméride utilizando especialmente a las nacientes generaciones de españoles. No degüellan a los varones, porque los gobiernos actuales son más civilizados y mucho más igualitarios que hace veinte siglos. Ahora simplemente abortan a la mitad, y a los que sobreviven les imponen un diezmo de unos treinta mil euros para que lo vayan pagando poco a poco durante su vida laboral.
Es normal, por tanto, que la tradición de incluir una noticia absurda en las portadas de la prensa o intercalada en los noticiarios televisivos cada 28 de diciembre se esté perdiendo. Con la tragedia estrambótica provocada por ZP de forma cotidiana nadie sería capaz de identificar una de estas inocentadas al vuelo. Excepto Rubalcaba, claro, pero es que él, de inocente tiene los justito.
martes, 28 de diciembre de 2010
lunes, 27 de diciembre de 2010
Arte de hacer dinero
viernes, 24 de diciembre de 2010
Cuento de Navidad
Estaba harto de teñirse las canas para las entrevistas de trabajo, un empeño que sólo le servía para humillarse ante sí mismo; los jefes de recursos humanos echaban una ojeada al currículum y al ver la fecha de nacimiento le hacían unas preguntas corteses antes de decirle que ya lo llamarían. A su edad empezaba a contemplar en serio la oscura evidencia de no volver a encontrar empleo. Llevaba dos navidades en el paro y le deprimía enfrentarse a la tercera en medio de una crisis de vacío, incertidumbre y desasosiego.
Una tarde coincidió en el portal con una vecina enferma de alzhéimer a la que estaba acostumbrado a saludar en sus casuales encuentros sin obtener más respuesta que una leve sonrisa ensimismada, pero esta vez ella le habló como si estuviera dirigiéndose a su hijo y le reprochó lo poco que iba a verla con un cierto deje de amargura. La mujer que la acompañaba, una colombiana de ojos grandes y dulces, le indicó por señas que le siguiera la corriente y él se dejó regañar con naturalidad y arguyó que estaba sobrecargado de trabajo. Al salir del ascensor la anciana le franqueó el paso hacia su casa y se sintió obligado a entrar para evitar una situación conflictiva; se sentó con ella en un salón lleno de fotos antiguas y se quedó un buen rato sintiéndose útil mientras escuchaba a aquella dama ausente dentro de sí misma que le contaba abstractas escenas familiares que jamás había vivido. Luego pareció adormilarse en su propia bruma y entonces la asistenta le explicó con inevitable zozobra que la señora de la casa era soltera sin hijos ni más parentela que un hermano distante que socorría sus gastos de supervivencia. Se fue con una desazón casi culpable ante aquel silencioso drama de olvido, soledad y desamparo.
El día de Nochebuena las vio de lejos cuando regresaban de un paseo y se dejó llevar por el impulso de hacerles una visita. La vecina estaba delante del televisor y lo miró con extrañeza cuando dijo que venía a felicitarle la Navidad; él sintió una punzada de desconcierto al darse cuenta de que el almanaque se le había extraviado en la niebla neuronal y no supo cómo controlar aquel momento de embarazo. Entonces la acompañante lo invitó a sentarse con un gesto de complicidad y en un tono de mucha dulzura ponderó ante la enferma el cariño de su hijo. La mujer le cogió la mano con ternura y empezó a relatarle borrosos episodios de una vida familiar tal vez escrita en la pizarra húmeda de su ensueño, que intercalaba con preguntas muy precisas sobre cómo le iba en la vida. Tuvo que inventar respuestas sobre un trabajo que no tenía él y unos nietos que no tenía ella; la tarde se le fue entera en aquella piadosa simulación de la que no sabía cómo escapar y en un momento dado se le quebró el alma cuando ella alargó la mano hasta sus sienes, se las acarició muy delicadamente y le preguntó con afectuoso aire maternal por qué se teñía el pelo.
domingo, 19 de diciembre de 2010
Satrapías y belenes
Ahora mismo, toda la vieja ideología y retórica de hace más de siglo y medio, sigue segregando la escolástica necesaria para que las explicaciones, comprensiones, y justificaciones de un lenguaje que siempre es el políticamente correcto y conveniente para encubrir cualquier tipo de barbarie, según ya Tucídides avisaba, a propósito de los sucesos de Corcira. Mientras que el necio humanitarismo masoquista de nuestra cultura de moda propondrá una vez más su «mantra» sagrado de que la violencia es perfectamente inútil, aunque sabemos que se ha llevado por delante millones de personas y pueblos y culturas enteros, o que queda justificada y hasta es sagrada, porque es la expiación y vindicta, igualmente sagrada, de ciertas injusticias, y puede explicarse y perdonarse sencillamente por el simple color ideológico de las víctimas o el de los verdugos.
Lo que se nos prohíbe es sentir horror por el mal y compasión por quienes lo padecen, preguntar inoportunamente por la burla de la razón y de la misericordia, y, desde luego, por toda nuestra necia confianza en los grandes pasos que llevamos dados en lo oscuro hacia la configuración y funcionamiento de un progreso, que conlleva la destrucción necesaria de miles de seres humanos.
No hace tanto que George Gadamer, lúcido a sus cien años, al referirse, poco antes de morir, a la ruta perversa que la historia de los hombres ha iniciado, y en la que también nos veía muy avanzados, afirmaba que sólo una gran catástrofe podría sacarnos de nuestra ceguera y nuestra insensatez. Pero a mí me parece un precio injusto, y del que no cabe esperar bondad alguna. La terrible palabra de Hobbes, que dice que los hombres sabemos que somos iguales porque nos podemos matar los unos a los otros, es la única encarnación real del célebre y pomposo tríptico de libertad, igualdad, fraternidad, con cuya retórica llevamos doscientos años mareándonos hasta dar por ultimo con el descubrimiento de la clonación de la especie como ganado de granja.
Nunca veremos lo que no queremos ver, y no hace falta un hecho horrible más –ya hay demasiados–, porque sabemos de sobra, por ejemplo, que el odio produce la muerte, la banalización de nuestras vidas y la cháchara sobre la inexistencia del mal y de la verdad produce la indiferenciación entre víctimas y verdugos, y hombres vacíos y redondos. Ya fue más que anunciado todo esto en la literatura –pongamos por caso Eliot y Nietzsche, las profecías de los «Demonios» de Dostoievski y algunas novelas de Huxley–, y la literatura no miente.
A quienes están familiarizados con esas escrituras o con las de la vieja Biblia, precisamente porque viven en lo real y no en la fabricada burbuja de un mundo supuestamente habitado por la plenitud de los deseos cumplidos, no puede sorprenderles en absoluto lo que ocurre delante de nuestros ojos. Saben que las viejas y nuevas satrapías se sostuvieron siempre del mismo modo; –digamos como faraones o al «estilo asiático» de tártaros y mongoles– sobre un control de la población mediante el infanticidio en sus varias formas, la ausencia de una educación seria y libre, una expropiación a través del impuesto confiscatorio, y la utilización esclavista de unos seres de desgracia, que son quienes sostienen los tinglados del poder. Y todo el mundo debe ser censado y conocido, precisamente para ser transparente y útil para el Augusto César.
El poder prefiere siempre que el mundo de sus gobernados sea como una casita de cristal, en la que no pueda esconderse ni un mal pensamiento, y donde no haya nadie que suba en estos días invernales al trastero de su casa y baje con una caja de cartón con figuras de barro para poner un belén, o teatrillo del mundo en torno a un niño en un pesebre ante el que se arrodillan unos reyes estrelleros. Son cosas que no pueden ser más políticamente incorrectas, y no gustan al Divino César. Pero nos defienden de las satrapías, y son nuestra alegría navideña.
jueves, 16 de diciembre de 2010
15 de enero
«La aldea está en peligro, necesitamos una nueva marmita de pócima mágica para resistir el avance del César», no es un fragmento de «Astérix y Obélix», es la parte esencial de la declaración de intenciones que recoge la petición de ampliación del estado de alarma. Cámbiese Astérix por Rubalcaba y manténgase al César, (Cabo), como la amenaza que socava los principios de unos galos. Para mayor dramatismo cójase una foto cenital de «Google maps» y rodéese con un círculo rojo el entorno de La Moncloa, ahí aparecerá la aldea, y todo lo que la rodea es el peligroso mundo exterior.
(...)
El inexistente subdesarrollo
Una nación que ha dado a Cervantes, a Lope de Vega, a Velázquez o a Goya y que ha creado arquetipos como la Celestina, Don Juan o el Quijote difícilmente puede ser considerada subdesarrollada desde una perspectiva cultural. (...) No, esta nación no padece de subdesarrollo. Lo que sufre realmente es un hiperdesarrollo de tantas instancias que tiene como consecuencia directa también el de la deuda, el déficit y la corrupción. Vamos que, al final, lo que va a dar al traste con todo no va a ser el subdesarrollo sino todo lo contrario.
Sí podemos decidir por ti
El problema no está en que aquellos que o son acreedores del dinero que se nos presta o bien garantizan que se nos pueda seguir prestando, estén exigiendo algo a cambio. Esto es lo normal. El problema es que el Gobierno socialista de España ha dilapidado la soberanía, dejándola en manos de comunidades autónomas, por abajo, y, por arriba, en las de la UE, debido a la imposibilidad de financiarnos con nuestros recursos. Es un alivio, en esta tesitura, pertenecer a la UE y al euro, en el que entramos por Aznar –tachado de antieuropeísta– y no por Felipe –que anda dando lecciones europeas hasta por escrito– ni por Z –que decía aquello tan gracioso de los primeros en Europa en los tiempos ya pasados de la Constitución–. Sin embargo, a largo plazo la cuestión es preocupante y requiere arreglo. Una nación soberana, de serlo España, aunque tenga las cortapisas naturales de sus compromisos jurídicos, y de las limitaciones de la realidad, no puede dejar que su política se decida fuera, porque deja de ser democrática. Este es el fabuloso legado de los que hoy son inquilinos de La Moncloa: la ruina económica, la evaporación de la democracia, y la delicuescencia moral.
Un arrogante spot publicitario decía: no podemos conducir por ti. Eso era el Ministerio del Interior, porque, visto lo visto, Merkel sí puede. Y de paso evita que lo haga nuestro ministro del Interior, que no es poca cosa.
Juguetes sexistas
Ya estamos en navidades, viene Papá Noel (y Noela) y los niños están por unos días en sus casas fuera de las garras de los pedagogos. Pero ni aún así están libres del sistema del adoctrinamiento, porque la élite dirigente ha roto todos los límites en su ansia bulímica de superioridad moral, promulgando fatwas contra todo lo que va contra su sentido estrechísimo de lo que para su entender es bueno, correcto y racional, a partir de su limitadísima y sectaria visión del mundo.
En este caso hablamos de la campaña que se nos viene encima contra lo que llaman "juguetes sexistas".(...)
El juego es una cosa y la enseñanza y la educación otra muy distinta y nunca se debe abordar lo segundo como si fuera lo primero. El programa educativo de los socialistas, basado en el determinismo cultural es un perfecto anti-ejemplo de lo que se debe hacer: los pedagogos quieren que los niños aprendan materias escolares como si fuera un juego, cosa imposible. Al mismo tiempo, reprimen los juegos de los niños como si fueran conductas antisociales y desprecian los gustos de las niñas y su aversión al riesgo como si no tuvieran el efecto de una educación represora. Ese antimasculinismo y antifemeninismo explica muchas cosas. El progresismo está en oposición a cualquier noción sensata de educación y de desarrollo sano de la personalidad de los niños.
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En resumen: los niños tienen que aprender lo que deben de aprender y tienen que jugar a lo que quieran jugar. Como se ha hecho siempre. Pero esto tan sencillo, no les entra en la cabeza a los giliprogres ni a los pedabobos. Y a los pedabobos giliprogres, menos.
"Stop breaking my balls"
Apesta eso de rebautizarlo todo con palabras inglesas. Comenzaron hace décadas, sacándose de la manga lo del bacon y han acabado llamando noodles a los fideos de los restaurantes chinos. El grado de majadería ambiental es espectacular.
(...)
A todos esos enrollados de tres al cuarto podríamos llamarlos assholes, que sería un trend de lo más fashion. En el Time Out recogían el otro día una escena vivida en un bar de Sant Joan Despí. La camarera y unos alemanes intentan entenderse y, viendo que no hay forma, la camarera se gira hacia la cocinera y le pregunta: “Alicia, ¿cómo se dice beicon en inglés?”.
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Pues está de coña que lo cuenten en el Time Out...
martes, 14 de diciembre de 2010
Todos locos
Como no van a remitir los temores a que repitan o reincidan los controladores, ya animados al ver que las chapuzas jurídicas del Gobierno con la cacareada militarización pueden dejarlos impunes, podemos tranquilamente convencer a la sociedad para que aplauda un Estado de alarma indefinido. Al fin y al cabo, no afecta a las personas decentes, como se solía decir de la «Ley de vagos y maleantes», antes de que naciera nuestro presidente. Pero quizás habría que advertir a algunos, por eso del decoro, que quizás estén ellos en colectivos de otros enemigos del pueblo que tengan que recibir el merecido escarmiento del poder. Porque como molesten más de la cuenta o dañen a la economía nacional, el Gobierno podría verse obligado a pararles los pies con las nuevas armas que se ha mercado. O si se ponen muy bordes, con otras nuevas, porque ahí están el Estado de emergencia y el Estado de sitio.
(...)
¿Alguien se atreve a descartar que nuestro Gran Timonel se vea obligado en este futuro agónico inmediato a darle otra vuelta de tuerca a sus necesidades de control ante la catástrofe que, lejos de paliarse, se agudiza según se acercan las próximas elecciones? ¿Están todos tan tranquilos ante la perspectiva de un estado permanente de excepción en el que gobierne no ya el naufragado adolescente sino el amo de las sombras y la doblez? Fouche Rubalcaba, implicado como responsable de interior en el caso Faisan, en el presunto delito de alta traición más grave desde la llegada de Tejero a las Cortes, va a ser previsiblemente el jefe de toda esta operación cuyo fin último es impedir la alternancia política en España. Si estamos tranquilos es que ya, definitivamente, han logrado enloquecernos.
Los más y los memos
Todos somos objetivo
Seremos objetivo de sus acciones terroristas mientras ejerzamos nuestra libertad, porque su posible efecto sobre las sociedades musulmanas es percibido por los islamistas como una amenaza directa a su propia cultura. (...) Para ellos el islam no está al otro lado de nuestras fronteras sino allí donde habita un musulmán. Si además esa tierra fue sede de un califato, mancillada por el cristianismo y el moderno laicismo relativista y multicultural, qué le voy a decir que usted no se imagine.
Rubalcaba: ¿candidato a presi... diario?
En una democracia digna de tal nombre, en la que el Estado de Derecho no admita intermitencias y en el que todos –incluidos los gobernantes– estuviesen sometidos al imperio de la ley, un escándalo tan grave como el del caso Faisán sólo podría saldarse de dos maneras: o con la dimisión del ministro del Interior como responsable político del chivatazo a ETA, o con el procesamiento penal también del propio ministro del Interior, en el caso de haber sido él quien diera la orden de perpetrar semejante delito de colaboración con banda armada.
(...)
Pero ya ven ustedes. En esta España nuestra, lo único que se está dirimiendo en estos momentos respecto a Rubalcaba no es si su dimisión debería o no ir acompañada de su procesamiento penal, sino si el omnipotente vicepresidente y ministro del Interior va a ser o no el sustituto de Zapatero como nuevo candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno.
Noticias de Qatar
A lo largo de la historia Alá ha impuesto sobre los judíos todo tipo de castigos por ser gente maligna y corrupta. Su último castigo fue Hitler, que fue una bendición divina”. “Es necesario atentar contra mujeres israelíes embarazadas porque son el enemigo”. “Los que practican el liwaat (sodomía) o el sihaaq (lesbianismo) sólo pueden tener el mismo castigo que el fornicador: la muerte”. “El máximo anhelo de un palestino debe ser convertirse en una bomba humana”. “El castigo físico a la mujer puede ser necesario. A muchas les gustan las palizas”. Y por el camino de estas lindezas, algunas convertidas en fetuas desde la presidencia del Consejo para la Fetua y la Investigación, el jeque egipcio Yusuf al Qaradawi ha lanzado todo tipo de proclamas: desde prohibir los dibujos de Pokemon porque son “judíos y masónicos y enseñan la evolución de Darwin”, hasta convertir los textos antisemitas más terribles –como los Protocolos de los sabios de Sión– en libros de lectura obligatoria. También ha tenido tiempo de defender a Hasan al Banna, el ideólogo de los Hermanos Musulmanes, de donde cuelgan todos los grupos vinculados a Al Qaeda, además de instigar al boicot a los productos norteamericanos. Tiene vetada la entrada en Estados Unidos y en el Reino Unido y goza de un destacado lugar en la lista de los jeques de la muerte que elaboraron más de dos mil intelectuales musulmanes. Este señor tan simpático es la fuente de inspiración de la Qatar Foundation, que incluso lo homenajea con un premio anual que lleva su nombre.
Sé tú misma
Europa vive, en estos momentos una crisis depresiva tan grave como la de 1342, y casi tanto como las de 1680 y 1929. (...) En 1342, cuando era ya evidente el tremendo fenómeno de la gran depresión, que obedecía a causas semejantes a las que hoy padecemos, el desgaste de los modos de producción por una parte, y la difusión de la inmoralidad por otra, un Papa de no mucho prestigio vino a recordar que en la persona humana existen tres derechos que deben ser calificados de «naturales» porque no son consecuencia de ningún contrato social sino que pertenecen a su naturaleza misma: vida, libertad y propiedad. Es precisamente lo que ahora no se respeta: el aborto es el primer paso para la destrucción de la vida, y no sabemos cuáles serán los pasos siguientes en la mentalidad de los políticos, si bien es evidente que cuanto antes mueran los pensionistas mayores serán los recursos del Estado.
lunes, 13 de diciembre de 2010
Zapatero, reina madre
Desde el 3 de diciembre, Zapatero sólo reina; ya no gobierna (si es que alguna vez lo ha hecho). Se ha convertido en la reina madre del zapaterismo. Ahora quien manda (si es que alguna vez dejó de hacerlo) es don Alfredo Españanosemereceungobiernoquemienta, con la colaboración de don José (Blanco o Negro, lo que importa es que cace controladores, digo ratones) y doña Carmen Chacón, alias La Karma, que no se la ve, pero por ahí debe de andar. Y los demás... a callar y obedecer, por la cuenta que nos trae. ¡Y menuda cuenta!
Nadie alarma a los muertos
Que ahora vivamos en democracia no hace sin agravar la prórroga de un recorte en nuestros derechos, que suspende provisionalmente la plenitud constitucional. Que, por ejemplo, hace imposible realizar elecciones generales —esa epítome de la democracia— durante su vigencia.
Es el síntoma de una sociedad enferma. Pienso yo que terminal. ¿Quién sabe? Puede ser —¡ojalá!— que me equivoque. Diez días ya, exentos de ciudadanía, exentos de garantía constitucional. Y nadie alza la voz. Todos caminan, la cabeza gacha, bajo este cielo gris de zinc con algo de espejo de nuestra muerte.
Lo peor del caos aéreo: la reacción ecologista
A todos estos candidatos a ser lo peor de la crisis aérea yo añadiría uno que creo que merece competir por el dudoso honor de encabezar la lista. Se trata de la reacción del movimiento radical ecologista, liderado por Greenpeace.
(...)
El ecologismo radical se ha convertido en una extraña secta que ve positivos sucesos tan dolorosos como las recesiones económicas o los cierres del espacio aéreo y no encuentra nada positivo en que según la NASA llevemos 10 años sin calentamiento global mientras el mundo ha seguido desarrollándose y emitiendo más CO2. Algún día nuestros nietos mirarán atrás y se preguntarán cómo fue posible que un movimiento como éste se desarrollara y tuviera la más mínima aceptación social en la era del conocimiento y la información.
Rubalcaba, lo peor del felipismo y del zapaterismo juntos
El problema es que, a día de hoy, Rubalcaba, a diferencia de Zapatero, sí podría ganarle las elecciones a Rajoy. No porque mereciera esa victoria ni mucho menos; al contrario, probablemente sea el político en activo que acumula mayor cantidad de motivos para una dimisión inmediata. Sin embargo, teniendo a su disposición el BOE, los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, Sitel, algunos de los medios de comunicación más importantes del país, la Fiscalía, gran parte de los juzgados, otros ases en la manga cuya existencia todavía desconocemos y, sobre todo, su ingenuo manipulador, el PP, pese a la que está cayendo, podría tenerlo difícil para ganar.
domingo, 12 de diciembre de 2010
sábado, 11 de diciembre de 2010
Controladores aéreos
Afirmaba Baudelaire que «cualquiera puede tiranizar una gran nación, apoderándose del telégrafo y de la imprenta nacional». Eso sería antaño y en una gran nación; hogaño y en una nación hecha unos zorros como la nuestra, al tirano le basta con intoxicar las tertulietas radiofónicas y televisivas, que son el oráculo de la llamada opinión pública. «Sabemos que tenemos en contra a la opinión pública», repite compungido un portavoz de los controladores aéreos; y, en efecto, no hay tertulieta radiofónica o televisiva donde no los pongan nevaditos de gargajos, como los estudiantes de Alcalá pusieron al Buscón. Y así, nevaditos de gargajos por los prohombres y prohombras de las tertulietas, los controladores son entregados a la plebe, para que desahogue con ellos su resentimiento, mientras el tirano hace lo que le peta.
(...)
España es esa nación hecha unos zorros donde a los controladores se les aplica la ley militar para meterlos en la cárcel, mientras a los batasunos se les aplican todo tipo de tretas leguleyas para sacarlos.
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Seguían en pleno hervor los preparativos para la Semana del Odio y los funcionarios de todos los Ministerios dedicaban a esta tarea horas extraordinarias. Había que organizar los desfiles, manifestaciones, conferencias, exposiciones de figuras de cera, programas cinematográficos y de telepantalla, erigir tribunas, construir efigies, inventar consignas, escribir canciones, extender rumores, falsificar fotografías...
(...)
La nueva canción que había de ser el tema de la Semana del Odio (se llamaba la Canción del Odio) había sido ya compuesta y era repetida incansablemente por las telepantallas. Tenía un ritmo salvaje, de ladridos y no podía llamarse con exactitud música. Más bien era como el redoble de un tambor. Centenares de voces rugían con aquellos sones que se mezclaban con el chas-chas de sus renqueantes pies. Era aterrador. Los proles se habían aficionado a la canción, y por las calles, a media noche, competía con la que seguía siendo popular: «Era una ilusión sin esperanza». Los niños de Parsons la tocaban a todas horas, de un modo alucinante, en su peine cubierto de papel higiénico. Winston tenía las tardes más ocupadas que nunca. Brigadas de voluntarios organizadas por Parsons preparaban la calle para la Semana del Odio cosiendo banderas y estandartes, pintando carteles, clavando palos en los tejados para que sirvieran de astas y tendiendo peligrosamente alambres a través de la calle para colgar pancartas. Parsons se jactaba de que las casas de la Victoria era el único grupo que desplegaría cuatrocientos metros de propaganda. Se hallaba en su elemento y era más feliz que una alondra. El calor y el trabajo manual le habían dado pretexto para ponerse otra vez los shorts y la camisa abierta. Estaba en todas partes a la vez, empujaba, tiraba, aserraba, daba tremendos martillazos, improvisaba, aconsejaba a todos y expulsaba pródigamente una inagotable cantidad de sudor.
(George Orwell. 1984)


