viernes, 1 de abril de 2011

¿En qué país vivimos?

Un hombre que mató a su primera mujer, detenido por la desaparición de su pareja

La Audiencia le condenó a 57 años de prisión, aunque solamente llegó a cumplir nueve "por buena conducta".

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Sin comentarios.

Irak, golpeado

GEES en Libertad Digital

Con las revueltas árabes extendiéndose a Siria, y tras haber animado alguna protesta esporádica en Irak, es importante destacar que lo que verdaderamente debe de preocuparnos a todos respecto a este país árabe es la vigencia del terrorismo yihadista: osado como siempre, golpeando indistintamente a chiíes, suníes y cristianos y peligrosamente activo. Y todo en estos momentos en los que, recordémoslo de nuevo, muchos insisten en considerar a Al Qaida agonizante y a la ideología yihadista salafista superada por la marea democratizadora que estaría extendiéndose por buena parte del mundo árabe.

Osado fue el ataque producido el 29 de marzo contra la sede del Gobierno Provincial de Saladino, situada en el feudo de Saddam Hussein, en Tikrit. En la más cruel tradición de Al Qaida, seis terroristas atacaron el edificio disfrazados de militares, abriéndose paso con un terrorista suicida. Hicieron estallar un coche bomba cuando acudieron los servicios médicos, policiales y militares. Después, bien pertrechados con armas ligeras y cinturones con explosivos, tomaron varios rehenes en el interior del edificio. Los cinco terroristas murieron en unos enfrentamientos que duraron horas y que dejaron en el momento 60 muertos y decenas de heridos. Recordando el asalto a la ciudad india de Mumbai, la amenaza del yihad urbano se hace presente de nuevo con esta luctuosa página iraquí. Tikrit ya había sido escenario de una matanza cometida por un suicida el 18 de enero, cuando mató a 49 personas al atacar un centro de reclutamiento de la policía. Al día siguiente, en Baquba, eran 60 los muertos provocados por otro suicida en otro centro de reclutamiento policial.

Por otro lado las matanzas de chiíes no cesan y nos obligan a recordar que un gran defensor de los ataques contra esta comunidad heterodoxa musulmana corretea libremente por el vulnerable Egipto: Yusuf Al Qaradawi, que lanzará este viernes su consabida arenga contra infieles y apóstatas incluyendo a los chiíes entre estos últimos. Si queremos una prueba para testear Egipto, es la situación de Al Qaradawi.

A la matanza de 45 peregrinos chiíes en Kerbala el pasado 20 de enero–dos atentados suicidas cometidos con cinturones explosivos–, hay que añadir la cometida por otro suicida el 24 de enero también en la ciudad santa de Kerbala, muriendo 30 peregrinos. El 27 de enero, en Bagdad, un suicida provocaba la muerte de 50 chiíes en el barrio de Al Shuala. La fijación por la comunidad chií ha perdurado hasta hoy en atentados de menor envergadura o que han afectado a seguidores de ambas confesiones del islam, como el ataque suicida realizado el 17 de febrero en Muqdadiya, al noreste de Bagdad.

Finalmente, también en Irak puede hablarse de acoso contra los cristianos, como está ocurriendo en otros países árabes y musulmanes como Egipto, Turquía o Pakistán. Tras el atentado contra la Iglesia de Nuestra Señora de la Salvación, en Bagdad el 31 de octubre–que provocó 52 muertos–, líderes religiosos musulmanes recomendaron a los cristianos que no celebraran ni la Navidad ni los servicios religiosos mínimos. Muchos han recibido amenazas de muerte o incluso han sido agredidos: entre 4.000 y 6.000 han huido ya a Turquía, donde el régimen supuestamente dialoguista y puntal de la Alianza de Civilizaciones del primer ministro Tayyip Recep Erdogan les niega el estatuto de refugiados.

Padres presos por su conciencia

Jaime Urcelay en Libertad Digital

Hace tan sólo unos días, la opinión pública conocía asombrada que en un país democrático como Alemania se había encarcelado a una madre de familia numerosa por negarse a llevar a sus hijos a la clase de educación sexual estatal.

Los hechos han ocurrido en Salzkotten (Renania del Norte-Westfalia) y, según hemos sabido después, no se trata de un episodio aislado. De acuerdo con los datos de Alliance Defense Fund (ADF) –que defiende a las familias afectadas ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo– son ya 35 los padres condenados en Alemania por el mismo motivo. Es más, apenas hace unos días se conocían dos nuevos casos de encarcelamiento de padres en la misma localidad alemana por negarse a que sus hijos participen el programa escolar de educación sexual Mi cuerpo es mío.

Estos casos demuestran que hay estados en Europa dispuestos a llevar muy lejos –nada menos que el castigo de prisión– una pretensión que conocemos bien en la España de Zapatero y su proyecto de reingeniería social: que el poder político se arrogue unilateralmente la potestad de educar la conciencia moral de los futuros ciudadanos. A costa, por supuesto, de negar la responsabilidad de los padres en la elección de la educación que consideran más apropiada para sus hijos. La controversia de las asignaturas adoctrinadoras de Educación para la Ciudadanía o el capítulo educativo de la nueva Ley del Aborto son buenos ejemplos.

Es patente que en Alemania, como aquí, nos encontramos ante una grave anomalía en el respeto de derechos fundamentales básicos. El "derecho preferente de los padres a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos" quedó expresamente reconocido, tras la trágica experiencia de los estados totalitarios, en el artículo 26.3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948. El Convenio Europeo de Derechos Humanos no es menos explícito en el artículo 2 del Protocolo Adicional, en lo que constituye una derivación necesaria de la libertad de conciencia que el Estado debe garantizar también en la enseñanza (art. 9.1 del Convenio). Y es que, como recientemente escribía el profesor Navarro-Valls, "el derecho a elegir el tipo de educación que queremos dar (o no dar) a nuestros hijos forma parte de nuestro propio derecho a elegir una concepción del bien y a ponerla en práctica, sin interferencia de los poderes públicos".

La jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos confirma que cabe esperar, con fundamento, que la justicia prevalecerá cuando dicte sentencia, tanto en el caso de los padres alemanes como en el de los 375 demandantes españoles que han acusado al Estado español de conculcar el Convenio Europeo al imponer las asignaturas de Educación para la Ciudadanía y negar el derecho a la objeción de conciencia de los padres. Las sentencias de los casos Folgero y Zengin (2007) dejaron claro que la libertad de los padres para educar moralmente a sus hijos está por encima del poder coercitivo del Estado y que, por tanto, filigranas jurídicas como las del dividido Tribunal Supremo español en los recursos de Educación para la Ciudadanía o el encarcelamiento de los padres alemanes no son compatibles con el sistema europeo de libertades.

Pero mientras esto ocurre –que va a ocurrir–, es fundamental que casos como el de Alemania o los recientes atropellos con Educación para la Ciudadanía en Badajoz, Cabezas de San Juan (Sevilla) o Villalba (Madrid) no queden sin una respuesta ciudadana responsable y comprometida. La libertad se defiende ejerciéndola y es mucho lo que nos jugamos, como personas individuales, como familias y como comunidad política para el bien común.

Así lo han entendido el medio centenar de entidades y los varios miles de personas que ya se han adherido a la declaración que Profesionales por la Ética está promoviendo a favor de los padres alemanes condenados. Una acción con la que se pretende algo tan sencillo –y tan indispensable en este momento– como concienciar a la opinión pública y apoyar a los padres, exigiendo a las autoridades políticas que no vulneren los derechos humanos en la escuela.

¿Todavía hay tribunales en España?

Guillermo Dupuy en Libertad Digital

Todavía es popular en Alemania una antiquísima anécdota que refuerza la tesis hayekiana de que en Prusia, a pesar de la mala reputación que luego adquirió dicho reino en el siglo XIX, deben situarse los orígenes del movimiento germánico en favor del Estado de Derecho. Se dice que Federico II estaba molesto a consecuencia de un viejo molino que se alzaba cerca de su palacio de Sans Souci, desluciendo el paisaje. Después de varios intentos infructuosos de compra, Federico II amenazó al propietario con la expulsión. Ante tal amenaza se dice que el molinero respondió tranquilo: "Todavía hay tribunales en Prusia".

Volviendo a la España de nuestros días, no voy a negar que mi confianza en nuestro Estado de Derecho se haya recuperado algo al enterarme de que el juez Ruz se ha atrevido, finalmente, a citar y tomar declaración a Gómez Benítez, junto a otros dos emisarios del Gobierno ante ETA como son Moscoso y Eguiguren. Sin embargo y por grande que sea el coraje de este juez, ¿qué quieren que les diga? . La ignominia y la cantidad y gravedad de delitos que entraña la "paz sucia" de este Gobierno, que las actas interceptadas a ETA sólo vienen a confirmar, van mucho más allá que la que radica el capítulo del bar Faisán. El "proceso de paz" de Zapatero es todo él un inmenso y prolongado proceso de colaboración con banda armada y de omisión del deber de perseguir delitos y delincuentes, del que tampoco son ajenos el encubrimiento, la prevaricación o, en cierto sentido, incluso, la financiación ilegal. Y llevar ante los tribunales todos y cada uno de los capítulos de esta –me temo no concluida– historia de infamia podría salpicar, ya sea en el ámbito moral o en el ámbito penal, a quienes, sin llegar a ser reyes como Federico II, son altísimas autoridades del Estado.

A diferencia de los GAL, que fue una cadena vertical de pocos eslabones, la paz sucia de ZP es una red de ignominia que ensucia también algunas togas de jueces y fiscales. No se trata tan "sólo" de lo que pueda haber hecho u ordenado, ya sea ilegal, ya sea inmoralmente, un presidente de gobierno, un ministro del interior o un presidente del PSE en el País Vasco. Se trata del grado de implicación penal o moral que pudiera tener quien actualmente es Fiscal General del Estado (Conde Pumpido), quien lo ha sido, como Javir Moscoso, o quien actualmente es vocal del Consejo General del Poder Judicial, como Manuel Gómez Benítez.

Por otra parte, y para colmo de mi pesimismo, no dejo de tener presente el poco nivel de denuncia que cabe esperar del principal partido de la oposición: Al arriolano empeño de hacer una oposición de perfil bajo y centrada en la crisis económica, están los errores de pasados procesos de paz, de los que Arriola, por cierto, tampoco es ajeno. Naturalmente esos errores de pasados gobiernos no deben servir de excusa de la infamia perpetrada por el actual. Más aun cuando Aznar fue inducido al error y al autoengaño por la presión de los propios socialistas y de los nacionalistas que presentaban la tregua que estos últimos habían cocinado con ETA en Lizarra como "una oportunidad de paz que no debía frustrar el inmovilismo del Gobierno".

Se dirá, pues, que hay que tener desfachatez para equiparar los errores de Aznar y sus antecesores con la infamia que Zapatero ha protagonizado. Pero a los socialistas la desfachatez les sobra tanto como a la derecha los complejos. El miope de Rajoy no va a querer que el pasado le complique sus expectativas de futuro. Si a eso sumamos nuestras mediocres e insensibles élites periodísticas o la politización de la justicia, comprenderán mi pesimismo.

Ojalá me equivoque, pero no creo que en relación a este terrible asunto llegue el día en que pueda decir, parafraseando al molinero de la anécdota prusiana, que "todavía hay tribunales en España".

Sabina rima con Guadalmina

Cristina Losada en Libertad Digital

El cantante Joaquín Sabina, icono de nuestra progresía, tuvo a bien vulnerar la ley antitabaco en Uruguay, donde también gobiernan los suyos y, como aquí, llevan su pulsión intervencionista al extremo. Intervencionista e intolerante, amén de moralista, que la persecución al fumador es una faceta de la pretensión de imponer una moral obligatoria en que han fosilizado las proclamas de "prohibido prohibir" de tiempos más frescos. El caso es que Sabina se fumó un pitillo en un hotel, cosa que en España ya no se permite ni por exigencias del guión, a pesar de que le avisaron. Pero aparte de las consecuencias que afronta el Sheraton –donde ocurrió el tremendo desafío– y que se cifran en miles de dólares, no hay que esperar otras de enjundia mayor. Siendo Sabina de los nuestrosy dados sus servicios a la causa, su gesto pasa como una divertida transgresión, una voluta rebelde y simpática de quien, por lo demás, defiende la ortodoxia. Y lo hizo en Montevideo.

No corre Sabina, desde luego, el riesgo de que se le trate como al dueño del asador Guadalmina, cuya insumisión a la ley antitabaco fue exhibida como el rugido zafio y primitivo de los cavernícolas de la derecha. Y, sin embargo, en el rigor de hechos, son uno y el mismo. Si el propietario del restaurante andaluz representaba el desprecio a las leyes y al estado de Derecho, no menos lo representa el cantautor. ¿O en la capital de Uruguay no merece la ley tanto respeto como en Marbella? ¿O hay bula para el artista de izquierdas y no para el hostelero de derechas? Aunque más que el doble rasero, que ya es costumbre fatigosa, resalta la similitud entre figuras y estereotipos en apariencia diversos. Y es que bajo el barniz de modernidad que cultiva la grey de la Zeja, tras la cuidada pose de ilustración y cultura, se encuentra, a poco que se rasque, a ese sujeto que vocifera: ¡yo hago lo que me sale de los huevos y paso de leyes! En especial, si no paga la multa de su bolsillo ni perjudica a su negocio.

Puede uno ahorrarse, de cualquier modo, el sermón que incite a reflexionar a quienes, como este cantante, coadyuvaron al advenimiento de la Inquisición actual. Siempre se mantienen la distancia y la disonancia entre su conducta personal y aquella que exigen del común. Es el privilegio de los ungidos.

Suben la luz, el gas y la incompetencia

Editorial de Libertad Digital

Frente a la situación de penuria de miles de empresarios, cientos de miles de familias y millones de trabajadores, las administraciones continúan con sus prerrogativas, falsean déficits, aplazan pagos, lanzan emisiones de bonos y engordan la bola de impagados e incumplimientos como si la salida de la crisis dependiera de imponderables cuya culpa siempre es de los demás, antes de las subprime y ahora de las revueltas en Oriente Medio. Cualquier excusa es buena para subir las facturas, los precios y la desesperanza.

La socialización de la pobreza

Hermann Tertsch en ABC

Definitivamente el país mágico de Zapatero no sabe crear riqueza. Estamos volcados en redistribuir pobreza. Y condenados a hacerlo cuando se haya ido. Sepa que no le olvidaremos.

Palabra de Biblia

Pilar Rahola en La Vanguardia

¿Debemos leer La Biblia? La pregunta me parece, en sí misma, un inequívoco síntoma del naufragio de nuestra sociedad. ¿Tiene lógica que nos hagamos esa pregunta? Y no me refiero a la lectura espiritual que harán todos aquellos que la conciban como la gramática de su fe, sino a la lectura que nos atañe y nos apela a todos. Si nadie pone en duda que los niños deben conocer el Tirant lo Blanc, o El Quijote, ¿cómo podemos dudar de la lectura del referente más importante de nuestra civilización? No leerla no es ser más laicos o más progresistas o más multiculturales o más democráticos, y sigan ustedes con el diccionario de sinónimos de la tontería al uso. No.

Sencillamente, no conocer La Biblia nos hace más ignorantes, más ilusos, más necios y más desconcertados, porque no saber de dónde venimos nos impide saber, a ciencia cierta, hacia dónde vamos.

Viñeta de Esteban en La Razón

jueves, 31 de marzo de 2011

Ese cadáver exquisito

Juan Ángel Juristo en ABC

Lo que llama la atención ahora es la imposibilidad de que el héroe de ficción mantenga el poderío fascinante de otras épocas, algo que sigue pasando en el cine y en los «best sellers», un fenómeno que hubiera descompuesto a un crítico como Maurice Blanchot, tan fascinado por el acontecimiento mágico de la creación de ese tercer personaje que es el personaje de novela, una fascinación que comenzó como ejemplo en la tragedia clásica y que ha pasado por los tiempos metamorfoseándose hasta convertirse en el héroe problemático con que arranca la novela moderna, una fascinación que nos ha dado nombres, porque todo esto se desarrolla en el ámbito de la palabra, como Alonso Quijano, Ana Karenina, Picwick, Raskolnikov, la señora Dalloway, Franz Biberkoft, Joseph K., el ciudadano corriente Leopoldo Bloom, en fin, ¿para qué seguir?, y que ahora perece víctima de los personajes reales debidamente novelados, es decir, convertidos en personajes de ficción ellos mismos o por ese otro personaje que es el autor y las querencias de su yo, normalmente raquítico, plasmadas en palabras, constituyéndose en ejemplo para el lector, mi semejante, mi hermano. No establezco aquí una oración fúnebre, todos tenemos que morir, pero sí constatar algo que, creo, define con precisión nuestra época. No seré yo quien saque conclusiones, que si la autosatisfacción se ha enseñoreado de nuestras vidas, que si el narcisismo es consecuencia de la fase del capitalismo más actual y en crisis, donde los ciudadanos son meras burbujas chupadoras de productos, que si esto o lo otro, pero sí quisiera alarmar, por aquello de la melancolía, de tal acontecimiento. Si el héroe novelesco es cosa del pasado, lo que por ahora lo sustituye no pasa de ser un entretenimiento para anémicos donde el vigor y lo desconocido, tan acorde con el destino del héroe, han sido sustituidos por saber de una vida igual a la nuestra, todas las vidas reales se parecen, o leer la salmodia del yo agónico del autor. Narciso sólo se reconoce cuando se mira en su reflejo.

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Sin dejar de ser esto cierto, también pudiera ser que nuestras vidas se hayan vuelto más literarias (género esperpento, las más de las veces). Si antaño las vidas, salvo mayor cataclismo, se pasaban trabajando y contemplando el paso de las estaciones mientras se veía crecer la cosecha (y en tal monotonía la ficción se nos antoja algo casi necesario), hoy nos pasan muchas más cosas (y muchas cosas pasan por nosotros, dejando sus marcas). Inútiles o ridículas la mayor parte, pero nos pasan. Por no hablar del exceso de ficción al que estamos expuestos, principalmente la que nos entra por las pantallas de todos los tamaños. Hoy hasta la realidad se nos presenta como una ficción, narrada por los periodistas, nunca ajenos a ideologías u otros intereses más bastardos. Del "Así son las cosas y así se las hemos contado" solo podemos estar seguros de que así nos las han contado. Y no digamos de los políticos, esos cuentacuentos. Así no es de extrañar que haya una "sed de verdad", paliada con cualquier cosa que se nos presente como tal y tal nos parezca.

El piano de Gallardón

Ignacio Ruiz Quintano en ABC

El otro día, al volver, tan contento, a casa del boxeo, me encontré una multa que la Policía de Costumbres de Madrid había puesto a mi hija por «consumo de alcohol en la vía pública».

—¿Algún botellón de los de la Ciudad Universitaria?

—Quia. Un botellín en la calle del doctor Esquerdo.

Menudo contraste, pasar del mundo bizarro del boxeo al mundo finolis de la capital: cuatro universitarias veinteañeras piden una cerveza en un bar; para fumar salen con el botellín a un banco de la calle; y aparecen unos guardias imponentes dispuestos a imponer su prestigio material (la multa) y su prestigio moral (una charleta boba de psicología comprada en los chinos).

—Brindo por el doctor Esquerdo —dijo el loco del manicomio a Camba—, gracias a cuyos cuidados no tardaremos en recobrar la razón, que tanta falta nos hace…

A ver si nos enteramos: fumar es para fuera, pero beber es para dentro. La idea la dieron Las Hurtado hace treinta años: «¡Anda, canuto, palante! ¡Anda, canuto, patrás!» La yenka del demócrata pasada por el ballet municipal de echar una cerveza y un cigarro en Madrid:

—Glissade: deslizamiento. Paso de movimiento en quinta, utilizado para unir otros pasos terminados en demi-plié. ¿Fumar un cigarro? Glissade devant, glissade derrière, glissade dessous. ¿Tomar una cerveza? Glisade dessous, glissade en avant, glissade en arrière.

¿Por qué caen sobre el botellín en lugar de caer sobre el botellón? Por el mismo motivo que hacen la guerra del «Tomahawk» (la más sucia, pues consiste en no arriesgar ni un alamar, razón por la cual la democracia del «Tomahawk» no viene en Walt Whitman) en vez de la de la bayoneta. Es lo que Russell llamó «ley de la pereza cósmica».

No me veo de padre de los James (Frank y Jesse) y, sin embargo, acumulo hojillas policiales por patinar cerca de un centro cultural (lástima que no fuera la catedral de la Almudena), por cruzar una calle fuera del paso de cebra y por tomar un botellín en un banco de la calle, ¡oh, justicia poética!, del doctor Esquerdo, el de los locos. Con estos papelillos en la mano, me siento más subversivo que Garci y Querejeta tirando pasquines antifranquistas en el Metro de Sainz de Baranda y Goya. ¿Por qué los hombres de Rubalcaba avisan que van al «Faisán» por unos insurgentes tremendos y los hombres de Gallardón no avisan cuando van al «Braulio» por unos taurinos con botellín?

La multa del botellín es de trescientos euros. Al alcalde le tengo oído que hizo piano obligado por su padre: si la vida te va mal, vino a decirle, tocar el piano te salvará. Él sabe que no toco el piano. Pero ¿sabe cuántos folios he de tirar para ganar trescientos euros?

El cuervo y el faisán

Manuel Martín Ferrand en ABC

EL escudo constitucional de España prescindió del águila que adornaba el de los tiempos de Francisco Franco y procedía del de los Reyes Católicos; pero, vista la marcha de los acontecimientos, salvo que nos favorezca una epidemia de sentido común, será inevitable que las plumas vuelvan a nuestra señal heráldica y no tardaremos en ver un faisán en nuestro blasón. Del águila de San Juan al faisán de Alfredo Pérez Rubalcaba tampoco hay muchas distancias, son pájaros de cuenta y conveniencia que se alimentan en la mentira, en el engaño a los demás. Una mala costumbre establecida entre nosotros y natural en una Nación que se enorgullece más de sus pícaros que de sus sabios y en la que la intolerancia, el más frecuente de los excesos colectivos, baja su guardia frente a los mentirosos, incluso si nos engañan y manipulan —nos perjudican— con cargo al Presupuesto. Aquí la sinceridad se entiende como simpleza y el manejo de las medias verdades, mentiras dobles, da carta y prestigio de astuto y sutil. Rubalcaba lo sabe y remonta su experiencia a los días del GAL.

El presidente del Gobierno se ha convertido en un mentiroso compulsivo y sin remedio. Ya, sospecho, no es capaz de distinguir entre cuando nos dice la verdad o nos la falsea y, en concordancia, sus acompañantes en el Ejecutivo mienten con intensidad directamente proporcional a su capacidad de actuación y pensamiento. Es decir, algunos —de Leire Pajín a Valeriano Gómez— ni tan siquiera valen para decirnos lo contrario de lo que piensan o sienten, de lo que saben o intuyen. La suya es la misma razón que convierte en sinceras a las piedras y a buena parte de los vegetales.

El espectáculo que nos ofrece el paisaje político nacional —paisaje con figuras— es penoso. Deprime. El informe que ayer publicaba ABC sobre las mentiras de Zapatero, incontestable, solo podría disminuirse en su efecto demoledor si fuera capaz de provocar una generalizada respuesta ciudadana; pero hemos llegado a un extremo de desgaste representativo y ausencia parlamentaria —¿antidemocrático?— que a muy pocos les importa algo la mentira de quienes, en olvido de la confianza que en ellos tenemos depositada, se afanan en perpetuarse en sus sillones y mantener la grandeza de su sigla de identidad antes que en cumplir con la obligación específica que indica su cargo. Aquí, para nuestra desgracia colectiva y contra lo acostumbrado en los países auténticamente democráticos, la mentira engorda y engrandece al mentiroso. No basta para su repudio colectivo. Es el síndrome demoledor de la esperanza nacional. Podría haber sido peor. Un faisán es más noble que un cuervo.

Credibilidades

Ignacio Camacho en ABC

Este Gobierno que niega toda credibilidad a los terroristas de ETA fue el primero en otorgársela cuando se sentó con ellos en una negociación política. Y muy amena, según los indicios. Cuando te sientas con un puñado de asesinos en una mesa formal, rodeado de intermediarios internacionales e intérpretes —de euskera, cabe colegir—, cualquiera pensaría que los tomas en serio. Ellos también lo pensaron, sin duda, al punto de que levantaron unas actas igual que los mediadores redactaron las suyas. Rubalcaba dice que esos papeles no tienen crédito porque los han escrito unos canallas. Puede ser. Pero más que creer o no creer, lo razonable es verificar si lo que dicen es falso o es cierto. Si nadie comprobase nunca las declaraciones de los malhechores, muchos crímenes, incluidos los de ETA, quedarían impunes porque la justicia se basa a menudo en los testimonios de los delincuentes. El caso GAL, sin ir más lejos, se aclaró gracias a la confesión de un rufián con todas las letras, un policía corrupto, un sicario cuya revelación resultó ser cierta. También entonces el portavoz del Gobierno se defendió diciendo que no había que creer a un truhán de esa especie. Y, qué casualidad, ese portavoz era… el mismo Rubalcaba.

En punto a credibilidad, y salvando las amplísimas distancias comparativas, este Gobierno tampoco tiene mucha que digamos. Ha mentido tanto y se ha contradicho tantas veces que resulta imposible encontrarle un discurso coherente. El propio presidente dejó dicho que para él las palabras están al servicio de la política. Es decir, que se utilizan a conveniencia finalista, al margen de su significado y, por supuesto, de su adecuación a la verdad. Verdad, mentira, qué conceptos tan elásticos, tan relativos en boca de un hombre para el que la política es la ultima ratiomoral. Maquiavelo era un becario. ¿Tiene credibilidad un político capaz de pasarse un año entero negando una evidencia tan palmaria como la crisis? Si fue capaz de negar eso contra toda razón y toda lógica, ¿por qué no habría de negar una secuencia mucho más secreta y oscura como la de las negociaciones con ETA?

Las palabras al servicio de la política. Pongamos dos palabras, pronunciadas inmediatamente después del atentado de Barajas. Una: el sustantivo «accidente». Dos: el verbo «suspender», empleado respecto al diálogo con los terroristas. Sendos lapsus de un hombre abrumado por la tragedia, cabía pensar. ¿O tal vez se trataba de dos mensajes cifrados que daban a entender que estaba dispuesto a continuar negociando más allá de la línea roja de la tregua?

Conjeturas, sí. Pero conjeturas verosímiles e indicios acumulados que dejan el rastro de una amarga sospecha. Para disiparla no bastan abstractas negativas amparadas en secretos de Estado o epistemologías de cartón. Hacen falta explicaciones. Muchas. Contundentes. Claras. Es el precio que tiene haberse juntado con un hatajo de canallas.

La banalidad, el mal

Bernd Dietz en Libertad Digital

¿Qué tienen aquí en común el político, el vendedor, el predicador, el intelectual, el actor o el chamán de éxito? Lo que llamamos labia, desvergüenza, carisma, elocuencia, zalamería y ojito. La aptitud de llevarse el gato al agua, cual flautista de Hamelín. De arrastrar ratas, niños y demás voluntarios hasta ahogarlos, embelesados en entusiástica bandería. Mas junto al reconocimiento de que lo que opera es la maña para decirle a la gente lo que ansía oír, analicemos nuestro prurito de resultar engañados. No tanto el perfil profesional de los gurúes y la panoplia de destrezas que determinan su cotización, cuanto la contextura biológica y cognitiva de los resueltos primos. ¿Por qué nos reconforta que nos mientan? ¿Por qué nos repatean el realismo y la razón responsables?

La función crea el órgano. La demanda el producto. La oportunidad el negocio. Si el liberalismo rechaza la prohibición de las drogas no es porque éstas no acarreen adicción o su consumo efectos perjudiciales. Es porque compete a cada individuo renunciar al autoengaño y la servidumbre. Administrar su libertad. Ello no se logra con medidas represivas, que multiplican astutamente la hipocresía y el crimen, según enseñan el Chicago de Capone o el México actual. ¡Cómo hemos degenerado desde que Kant imaginara al hombre dejando atrás una minoría de edad en la que penaba por deméritos propios! Se evidencia en qué pocilga hozamos. La de una clac subalterna, ávida de recibir directrices sobre lo que nos conviene. Una grey que compra lotería anticipando cómo gastará el premio, se conmueve con los telediarios y vota con el prejuicio a flor de piel.

"Miénteme, dime que me has esperado estos cinco años", le pide Sterling Hayden a Joan Crawford en Johnny Guitar. La fe del carbonero. El éxtasis de triunfar en Gran Hermano exhibiendo supina catetez. La confianza en los sacamantecas institucionales, en el humanismo progresista, en el agua bendita. La actitud que adoptamos al conservar esperanza en el fondo de bondad de quienes no paran de regalarnos testimonios de su incombustible vileza. Recordemos a esos alemanes, genuinamente crédulos, sinceros y obedientes, en quienes los nacionalsocialistas avivaron el gusanillo del comunitarismo popular. ¡Qué hermoso fue sentirse conformando una gran familia, sin barreras de clase o rango académico, aunados por un destino manifiesto! Apenas sobraban los judíos, cuyo talento era desmoralizador y mataron a Cristo, como hoy persiguen a los palestinos.

En el timo de la estampita, el más siniestro es el estafado. El tontaina con ínfulas. Verbigracia, los cuatro mil quinientos docentes gallegos quijotescamente pertrechados para lo peor, con tal de no dar clase en español. La función pública, escudilla en ristre. O el tierno eurodiputado del PP, presto a favorecer a los falsos lobbistas. Otros colegas no tuvieron ocasión de picar, pues la tentación les pilló sin el pinganillo y lucen inglés de garrafón. Si estalla este país, o incluso si tras arraigar la lobotomía progresista queda mansurronamente para vestir santos y servir cubalibres, con nuestro solar hecho migas, la culpa no será de los Rajoy o Rubalcaba, que listos como teas rentabilizarán la ruina.

Sin atajos

Eva Miquel Subías en Libertad Digital

Cazo al vuelo y gracias a Twitter la entrevista que José María Aznar le concede a Pedro J. en Veo7. Menudo par. Como para perdérsela.

Así que preparo una bebida estimulante –prefiero obviar sus ingredientes no vaya a ser que pase a engrosar en breve la lista de lo prohibido- y procuro tener a mano lápiz y papel, por si acaso.

Voy a seguir la línea del ex presidente, así que no me andaré con ningún rodeo. Iré directamente al grano. Con lo que, pese a quien le pese, estoy en condiciones de afirmar que disfruté del encuentro en su plenitud. Vamos, me chifló. Fuera corsés, puños apretados para una mayor contención, miradas de dudosa credibilidad, medias sonrisas que dicen sí pero esconden un casi no. Desátame o apriétame más fuerte, parecía pedirle el presidente de FAES al director de El Mundo, tal y como rezaba la canción. Claro, no. Cristalino. Y no saben cómo se agradece en mitad del actual panorama más que sombrío.

Sin apenas pestañear recordó cómo Alfredo Pérez-Rubalcaba había violado la jornada de reflexión previa a las elecciones generales de 2004, algo que la mayoría parece haber olvidado pero cuyo episodio recordamos algunos de manera muy nítida sin haber ocurrido nada al respecto. Apuntó a la búsqueda permanente de atajos por parte del Ejecutivo socialista, con tal de no aplicar el estado de Derecho, con lo que se refirió de manera contundente a la negociación con ETA, a SORTU y la Ley de Partidos. Sin ambages.

Por supuesto se refirió al tiempo político ya agotado por parte de José Luis Rodríguez Zapatero, habló de la importancia de convocar a los españoles a unas elecciones y señaló cómo el único que realmente tiene algo que decir al respecto de su sucesión se mantiene en silencio. En un misterioso e irresponsable silencio, añadiría.

Sin desperdicio su comentario sobre la cuestión de Libia y sus similitudes o no con Irak, poniendo sobre la mesa, con la aplastante seguridad que te da la experiencia de haber pilotado solito la nave, que la principal diferencia es que él no envió ni una sola tropa de combate, ni un soldado, ni un submarino, al tiempo que mostraba su indisimulada extrañeza al respecto de cómo se puede proteger a la población civil de Bengasi mientras se bombardea Trípoli. Remítanse –apuntó con mirada socarrona- a la página web del Ministerio de Defensa. Oído cocina.

Algunos podrían acusarle de ir de "sobradete". Quizás si. Pero cuando se ha tratado a alguien de forma tan manifiestamente injusta y se ha empleado el "todo vale" contra su persona, es lo mínimo que se le puede permitir. Y el tiempo, además, no sólo ya le está dando, sino que acabará por darle enteramente la razón en muchísimos aspectos tan sectariamente tratados. Otro día los enumeraremos.

"Probablemente contra Bush estaba todo justificado aunque la doctrina sea la misma", apuntó José María Aznar casi al final de su intervención. Y contra ti, también, presidente. Aunque mucho me temo que, por fortuna, el tesón castellano, el criterio y la coherencia le habrán ayudado a mantenerse en la posición que en su día decidió adoptar y permanecer, buscando siempre el camino óptimamente trazado, sorteando uno a uno cada obstáculo y sin caer en la tentación de buscar senderos facilones. Porque así es cómo se gobierna. Sin traicionar los postulados que te permitieron en su día manejar los destinos de una nación.

Aquí lo dejo. Desmelanada, ya. Y aplaudiendo.

Sentencia pírrica

Fernando Herrera en Libertad Digital

Saludaba con alborozo el internauta, mejor, el ciudadano medio, la sentencia de la Audiencia Nacional que anulaba el canon sobre soportes digitales, y entonces se empezó a conocer su contenido. Una vez más, caía el gozo del ciudadano en el pozo de la arbitrariedad.

Porque tras la alharaca de los titulares se esconde la cruda realidad de una sentencia que se puede calificar como pírrica, y que nos deja moralmente satisfechos, pero de nuevo a los pies de lo que quieran hacer con nosotros los políticos.

Vayamos por partes. Empecemos por lo más obvio: los jueces han decidido que, aún siendo un canon ilegal, el dinero indebidamente cobrado mientras los jueces deliberaban no se devuelve. O sea que si este canon era un robo, ahora ya ha dejado de serlo. Se consolida gracias a esta sentencia el expolio realizado a cada individuo y a la sociedad. Mal vamos.

Pero no ha de terminar aquí la desilusión. Si no vamos a poder recuperar lo que nos quitaron, podríamos consolarnos pensando que al menos no nos quitarán más. Pero tampoco parece que vaya a ser así.

En efecto, la sentencia de la Audiencia en realidad no anula ni declara ilegal el canon. Se limita a anular la Orden Ministerial donde se listan los soportes y aparatos a los que hay que cargar el canon, y cual ha de ser su importe. Y ni siquiera lo hace por cuestiones de fondo, simplemente la anula por aspectos formales, esto es, porque no se cumplieron determinados trámites antes de aprobar la citada Orden.

En concreto, la tramitación de esta Orden requería un informe del Consejo de Estado, y sendas memorias justificativa y económica. Los jueces de la Audiencia no han encontrado ninguno de estos documentos en el expediente asociado, tras una infructuosa búsqueda que les ha llevado dos años y medio, ni más ni menos. Y es esta ausencia la que les lleva a anular la Orden, que no el canon.

Así pues, el panorama no es nada halagüeño. En primer lugar, porque a los jueces les ha llevado 30 meses (¡30 meses!) percatarse de que estos documentos no existían, periodo durante el cual los ciudadanos hemos pagado religiosamente un dinero que no tendríamos que haber pagado y que nadie nos va a devolver. Y digo yo que cómo puede llevar tanto tiempo juzgar y decidir sobre la inexistencia de unos informes.

Y en segundo lugar, porque la redacción de dichos documentos no supone ningún obstáculo relevante para la aprobación una nueva Orden en lugar de la anulada. La elaboración de las pomposas memorias no le llevará a un buen funcionario más de un par de tardes, aunque el informe del Consejo de Estado requerirá más fárrago administrativo y retrasará un algo la aprobación.

Por supuesto que la nueva Orden podrá ser llevada de nuevo ante la Audiencia, y forzar a los magistrados a resolver sobre el fondo de la cuestión. Pero para cuando hagan esto ya habrán pasado otros cuantos añitos en que los ciudadanos habremos seguido sufriendo el expolio de un canon eventualmente ilegal, y en todo caso no restituible.

Con todo, lo más divertido es que hay gente que, gracias a sentencias como ésta, se cree que el Estado de Derecho funciona en nuestro país. Y, sin embargo, lo que demuestran es justo lo contrario: son la prueba evidente de que el Estado puede hacer lo que quiere en nuestro país.

El ajedrez de la Paz

Cristina Losada en Libertad Digital

Tranquilícense, todo era un juego. Los negociadores del Gobierno mantuvieron con la ETA una partida de ajedrez con dos clases de piezas, a saber, medias verdades y mentiras completas. Así, por esa esquina lúdica, se evadieron los mensajeros de la Paz de la curiosidad del juez. Y, desde el mismo ángulo, se neutraliza ahora la publicación de las actas que los terroristas hicieron de aquellas sesiones de "a ver quién engaña a quién". En suma: nada de cuanto ponen en boca del trío de ajedrecistas oficiosos iba en serio. A tal aprendiz mayor, o sea, Rodríguez Zapatero, tales aprendices del difunto Bobby Fisher, Karpov y Kasparov. De haber algún cinéfilo entre ellos, igual se identificaría con el caballero que reta a la Muerte al ajedrez para alargar su vida en El Séptimo Sello, de Ingmar Bergman. Con la partida que abrió el presidente, sin embargo, se alargaba la vida de una banda terrorista.

No conviene desechar la frívola analogía a primera vista. Como ha contado Mikel Buesa, hay una autoría intelectual de la negociación fundada en la teoría de juegos. Aunque la ingeniería social revestida de lenguaje matemático fascinaría a Zapatero en la medida en que se adaptaba a un puñado de prejuicios ideológicos y al interés rastrero. El problema es que nada de eso es aún materia para la arqueología. Y frente a la costumbre de pasar página, tan arraigada en la democracia española, será preciso instaurar el hábito liberal, cívico, de la responsabilidad. Sea política, sea penal. Por mucho que suenen ya la melodía de la salvación por las buenas intenciones, siempre supuestas, y la dulce nana de la unidad; esa que induce al olvido alegando que la división beneficia únicamente al terrorista. ¡Más le benefician las cesiones! Y la mayor de todas consiste en hablar de política con una banda tal. Es eso lo que alarga su vida. La expectativa de negociar un precio engrasa su maquinaria. Hacerlo, con o sin engañifas, alienta la convicción de que el terror funciona y, entonces, ¿por qué lo van a dejar?

Este retorno de un pasado insepulto corre, no obstante, el riesgo de degenerar en un episodio de vuelo bajo y nulo coste. A ello contribuye que el Partido Popular, de natural dispuesto a "mirar al futuro" y más cuando el futuro parece suyo, se incline por reducirlo a una escaramuza contra Rubalcaba, vislumbrando quizás la "sucesión". Pero no es asunto éste para un despliegue de agit-prop de amateur. Ni tampoco para acabar en el juego del gallina.

La letra de Rajoy

Javier Somalo en Libertad Digital

Ya dijo Mariano Rajoy que, en ocasiones, le cuesta entender su propia letra. Pero no parece que sea esa la razón que le impida leer punto por punto el argumentario que ha elaborado el PP sobre la rendición ante la ETA. Si esta es la postura oficial del PP –lleva su membrete–, ¿por qué no la expresan públicamente?

Mariano Rajoy asomó firmeza ante los suyos devolviéndole a Rubalcaba la famosa frase de que no nos merecemos un Gobierno que mienta, la que le apeó del poder que rozaba con los dedos un 13 de marzo de 2004. O sea, que Rajoy ya no cree a Zapatero en la lucha antiterrorista aunque haya dicho decenas de veces que sí. Aunque haya dejado en la estacada otra decena de veces a Jaime Mayor Oreja. Según parece, ahora volvemos a ese 4 de julio de 2007 en el que Rajoy espetó a Zapatero: "O muestra las actas de la negociación con ETA o debe tomar el camino de la Zarzuela". Quizá vuelva a esa otra sentencia, pronunciada como la anterior en un Debate sobre el estado de la Nación. Fue un 5 de mayo de 2005: "Usted ha traicionado la memoria de los muertos". Recomiendo leer aquí un extracto de su discurso escrito y leído en su integridad.

Pero, de momento, este miércoles hemos asistido a otro frenazo. Sólo seis minutos para despachar el cóctel chivatazo-actas. Rajoy, ni palabra. Sólo economía. Soraya hizo amago pero se quedó en una vaga alusión al "Ministerio del Interior" para dejar paso a la "tradicional pregunta del diputado Gil Lázaro"... y a la tradicional respuesta-burla de Rubalcaba, que siempre acaba en las filas en las que militó su padre cuando todavía no había televisión. A veces da la sensación de que en el PP dan por amortizado a Gil Lázaro y no quieren compartir sus angustias.

El argumentario escrito del PP contra la política antiterrorista del Gobierno –que es de rendición y traición– es impecable. El argumentario hablado sigue inédito, salvo el arranque ciclotímico del otro día.

Digan lo que escriben. Cabe suponer que es lo que piensan. Si no, abren la sospecha de que es verdad que no entienden –léase comparten– su propia letra. Aunque sea mecanografiada y lleve el membrete de la gaviota.

Traición sin consecuencias

Francisco José Alcaraz en Libertad Digital

Cuando en el verano del 2004 empecé a denunciar el proceso de negociación del Gobierno con la ETA, algunos por incrédulos y otros por descubiertos empezaron a marcar distancias y ponerme en el punto de mira de sus críticas.

Después de la primera manifestación de la rebelión cívica convocada el 22 de enero del 2005 las posiciones empezaron a ser mucho más claras: había que deslegitimar a Alcaraz y para ello recurrieron a la calumnia. Pero hay un momento donde la campaña se recrudece coincidiendo con las elecciones en la AVT del año 2006 y donde se articula, con la complacencia del Ministerio del Interior, el asalto a la AVT utilizando a algunas víctimas del terrorismo que actuaban como punta de lanza del Gobierno.

Como la jugada no les salió bien pasaron a subir el nivel desde periódicos, shows de televisión, radios y revistas afines al poder, y algunas víctimas del terrorismo haciéndole el caldo al Gobierno iniciaron una campaña demoledora no sólo contra mi persona, sino también contra mi esposa.

Pero no era suficiente y encontraron en la asociación ADADE presidida por José Mariano Benítez de Lugo una oportunidad para acallarnos. Interpusieron una querella en la Audiencia Nacional contra mi persona por decir cosas contra el jefe del Ejecutivo como:

"El proyecto de ETA es el proyecto asumido por el Gobierno", "la declaración de tregua del ETA es una declaración consensuada entre el Gobierno y la banda" o "es indignante que encontremos al Gobierno y partidos afines defendiendo a terroristas".

Esa querella fue justamente archivada y El País, de forma abyecta, atacó sin escrúpulos a la sección cuarta de la AN integrada por Fernando Bermúdez, Teresa Palacios y Flor María Sánchez. De haber prosperado aquella querella mi defensa tenía previsto pedir a la Audiencia Nacional las actas de la negociación con ETA, actas que respaldarían todas y cada unas de las denuncias que realicé y que años después habiendo conocido algún dato más creo que aún está más justificadas si cabe.

En multitudes de ocasiones, tanto en entrevistas como en artículos, he denunciado durante años que el arma más poderosa que tiene ETA contra el Gobierno son las actas de la negociación y así queda reflejado con el conocimiento que tenemos de algunas partes de las actas.

Y ahora ¿que pasa? Esa es la gran pregunta y no podemos permitir que la respuesta sea que "no pasa nada", porque en la medida que estos hechos tan graves y bajo mi punto de vista delictivos puedan quedar impunes sin que tenga las consecuencias políticas y penales que merecen, estaremos destruyendo gran parte de nuestra democracia y la libertad estará condicionada a los pactos entre políticos y terroristas.

Viñeta de Montoro en La Razón