jueves, 27 de noviembre de 2008

miércoles, 26 de noviembre de 2008

lunes, 24 de noviembre de 2008

Está claro: apoyar a Rodríguez sale rentable

Juan Goytisolo, otro de los "artistas de la ceja", Premio Nacional de las Letras

"Cómo discutir con una pared", por Juan Carlos Girauta en Libertad Digital

Desde que la nueva izquierda, la del prejuicio, el sentimentalismo y la vanidosa ignorancia, sustituyó a la antigua, los principales desafíos a nuestro sistema de libertades vienen siempre disfrazados de causas justas con fuerte carga simbólica. Las palabras fetiche, las consignas, los gestos de adscripción (como el dedo en la ceja), son en ocasiones simples distintivos de pertenencia; en otras encierran sombríos proyectos. "Paz" y "diálogo" significaron durante años disposición a pagar un precio político a la ETA; mencionar el "cambio climático" de buenas a primeras apenas quiere decir "hola, soy uno de los nuestros".

Bajo diferentes invocaciones a la libertad se persigue la eliminación de todo signo católico del espacio público o se perpetra directamente la conculcación de derechos, como el de recibir la educación en la lengua oficial del Estado. La izquierda ha realizado un prodigio minimalista. En el debate político puede prescindir ya de casi todo: de discurso legitimador, de argumentos, de ideología, de lógica. Difunden expresiones muy simples, en el mejor de los casos frases hechas que se repiten sin alterar un artículo. Con eso tienen bastante. Por poner un ejemplo de la muy nacionalista nueva izquierda que cualquier catalán reconocerá: todo intento de discutir la inmersión o las sanciones lingüísticas a los comercios, cualquier invocación a los convenios internacionales, a la Constitución, a las leyes para denunciar tales prácticas, se despacha las más de las veces con la frase textual "En Cataluña no existe ningún conflicto lingüístico". Punto.

El debate resulta imposible cuando tu oponente se limita a repetir mantras, escudos contra la interacción, preservativos del pensamiento. Esa es la razón de la superioridad intelectual de los jóvenes liberales frente a sus iguales progres. Pero también la causa de la impotencia de la oposición, incapaz de articular una alternativa al pensamiento único que impregna, para empezar, todo el periodismo "progresista" y dos terceras partes del periodismo "conservador".

¿Se ha de entregar el PP, como hace el PSOE, a la fabricación de consignas simplicísimas? ¿Ha de dotar a los suyos de pseudo ideas susceptibles de ser esgrimidas por cualquiera y en cualquier situación? No parece muy edificante. Sin embargo, alguna consecuencia ha de extraer el partido todavía liderado por Rajoy de la cruda evidencia: se está granjeando la desafección de muchos, hartos de la ineficacia sistemática de sus estrategias de comunicación. La derecha ha caído de lleno en las coordenadas del imaginario izquierdista. Son vanas sus esperanzas de transitar, desde ellas, hacia posiciones realmente alternativas.

"Heredar a Zapatero", Editorial de Libertad Digital

Tras su segunda derrota electoral el pasado 9 de marzo, el presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, llegó a la sabia conclusión de que si su candidatura había perdido dos veces frente a Rodríguez Zapatero, era necesario introducir cambios de envergadura. Sin embargo, se equivocó enormemente en la dirección de esos cambios.

En las democracias maduras, las sucesivas derrotas electorales de un equipo político suelen despertarles la intuición de que a los ciudadanos no les gustan. Es hora de hacer las maletas y dejar que otras cabezas perfilen la estrategia. A Rajoy, sin embargo, esta saludable regeneración no le convenció: si el PP había perdido en dos ocasiones frente a ZP, él, jefe de filas, no podía tener ninguna responsabilidad. Los españoles habían dado sendos portazos al gallego por el tenebroso pasado aznarista que arrastraba; había llegado la hora de soltar amarras.

A partir de entonces comenzó la era del "liberalismo simpático", esto es, quedarse con el caparazón y la etiqueta de la ideología pero vaciarla de contenido. La tesis era sencilla: los españoles odian la crispación, no hay librar batalla contra la izquierda y la oposición debe limitarse a ser un grupo de diputados bien remunerados que acuden –o no– al Congreso p’ayudar al Gobierno. Si no se dejan notar demasiado, la crisis económica desgastará al PSOE y en 2012 ascenderán, por fin, al poder.

Los problemas de esta estrategia son, sin embargo, demasiado evidentes como para que incluso los arriolistas no los vean. Cuatro años es mucho tiempo para confiarlo a la marea de una crisis económica internacional. Aun cuando en 2012 la situación sea mucho peor que ahora (algo bastante probable), resulta ingenuo considerar que el PSOE se quedará de brazos cruzados observando como la economía y el paro van consumiendo su granero de votos. 48 meses dan para mucho; por ejemplo, para extender redes clientelares de subsidios públicos por toda España y para articular un discurso alternativo sobre la crisis, dirigido a atacar la línea de flotación del PP: la depresión se debe al neoliberalismo que encarnan los populares. No hay que olvidar que Franklin Delano Roosevelt construyó su imperio político (cuatro victorias electorales) durante la crisis económica más profunda de la historia de Estados Unidos. Y es que, como decía Revel, las motivaciones políticas bien puede llevar a que un Gobierno opte por la bancarrota económica.

Las pobres expectativas electorales para el PP de la última encuesta del CIS sólo auguran un futuro decadente. Si durante los peores meses de Zapatero en La Moncloa, con el desempleo creciendo a razón de 800.000 parados anuales y con un Gobierno desorientado en su estrategia política (¿hay crisis o no la hay?), el PP sólo logra empatar, dentro de unos años la debacle será memorable.

Quizá por esto, los miembros históricos del partido no han tenido más remedio que levantar la voz y advertir sobre la errática estrategia. El ex presidente del Gobierno, José María Aznar, sin estar, ni mucho menos, libre de culpa por el rumbo actual del PP, ya dejó claro el sábado que había que librar la batalla ideológica y no conformarse con heredar el poder, si es que tan improbable suceso acaece en 2012.

Sensatas palabras que, no obstante, sólo podían caer en saco roto. Rajoy quiere librarse de sus fantasmas del pasado y, para ello, nada mejor que dejar claro que él ni es Aznar ni tiene nada que ver con él. La secretaria general, María Dolores de Cospedal, certificando la ruptura con el "viejo PP", ha aprovechado para renunciar a la victoria, ya que lo suyo es el convencimiento de las masas.

Ahora bien, si el "liberalismo simpático" consistía en desechar a la batalla ideológica para no crispar y en heredar al PSOE por simple desgaste natural, ¿de qué quiere convencer Cospedal a los españoles? ¿Qué valores defiende el PP salvo los de un PSOE al que pretende suceder? Pero acaso si el PP convence a los españoles con las ideas del PSOE, ¿no estará haciendo campaña electoral a favor de los socialistas?

La actual dirección popular no parece darse cuenta de que al matar a Aznar están renunciando a la herencia de un Gobierno con cuyas reformas España salió ya de una crisis económica y que, al mismo tiempo, se están abrazando al vacío ideológico de ZP, lo que facilitará que este último les endose a las primeras de cambio la responsabilidad de todas las catástrofes que sufre España.

"He Andado Muchos Caminos", de Antonio Machado

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas,
he navegado en cien mares
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancòlicos
borrachos de sombra negra,

y pedantones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra...

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio,
preguntan adónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,

y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca

Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y en un día como tantos
descansan bajo la tierra.

"Los ignorantes, los malos", por Gabriel Albiac en La Razón

La crónica del veneciano Dux Leonardo Donà la transcribe Eugenio Garin en alguno de sus indispensables estudios sobre el renacimiento. Un grupo de inquisidores llega a la ciudad, en los inicios deslumbrantes del siglo XVII. Es portador de las licencias papales que lo habilitan para dar fuego a aquellos libros que pudiera juzgar pecaminosos. El inquisidor al mando de la misión pide, como es de rigor diplomático y cortesía, audiencia al gobernante veneciano, quien lo recibe en la gran sala del Palacio Ducal, frente a la plaza de San Marcos. Es Donà quien narra los detalles del encuentro: «Reverendo Padre, hemos dado licencia a los libreros venecianos para vender toda clase de libros, aun los prohibidos. De vendéroslos incluso a vos, siempre que la Santidad de nuestro Señor el Papa se avenga a pagarlos como todo el mundo. Si obráis así, podréis quemarlos. No de otro modo». Donà termina su relato: «Le escupí a la cara y me di media vuelta». La audiencia había terminado. A eso se reduce todo. En una sociedad civilizada -y Venecia lo era mucho en aquel siglo XVII, y no estoy tan seguro de que España, o como haya que llamar ya a esto de lo cual yo ya sólo sueño en huir, lo sea hoy tanto-, cualquiera posee el derecho de quemar tantos objetos -libros, muebles, Grecos, palacios, papel de estraza u hojarasca- cuantos sean propiedad legal suya. Y ni uno solo que pertenezca a otro. A eso se reduce todo, en rigor; ésa es la línea sencilla que separa la civilización de la barbarie. Cualquier sentimentalismo, en esta materia como en cualquier otra, sirve sólo para confundirnos acerca de lo esencial que está en juego. No voy a perder el tiempo hablando de una pobre ciudadana que ha sido toda su vida la caricatura de una caricatura. Ni a mí me importa que alguien queme libros de autores clásicos o modernos, ni me afecta un comino que queme aquellos que llevan mi firma. Siempre que los compre y pague de acuerdo con los precios fijados por el mercado. Lo de prenderle fuego a un estante dentro de unos grandes almacenes me temo que infrinja un par de normativas de seguridad pública; pero tampoco es cosa mía velar por eso. Pero cuidado con lo de complacernos a nosotros mismos, fingiendo que eso de las hogueras de papel impreso es sólo peculiaridad patológica de gentes muy analfabetas o muy mal de la azotea. Propongo un inocente juego a los lectores, del cual quedan exentos, desde luego, los del gremio periodístico, que están obligados a conocer la respuesta. ¿Quién firmó la bien escrita crónica que aquí transcribo? ¿En qué diario? Berlín, 11 de mayo de 1933, arden los libros en la plaza pública. «Un auto de fe con el producto de la inteligencia, en pleno siglo XX, es cosa que no se puede ver a diario. Tan insólito, que el todo Berlín se ha removido entre inquieto y asombrado, y yo mismo he tardado en convencerme de que esta quema, en la que van a arder cerca de veinte mil volúmenes no es precisamente un acto político de infracultura, sino más bien lo contrario¿ Han ardido libros indignos e ideas abominables». No, aunque el Dux Donà quizá lo pensase, ignorancia y maldad no son lo mismo.

domingo, 23 de noviembre de 2008

"Em poses un tallat, si us plau?", por Eva Miquel Subías en Libertad Digital

Es de agradecer la aplastante sinceridad con la que el periodista Toni Soler se ha expresado en una reciente entrevista en TV3. He escuchado parte de las respuestas que le iba facilitando a su colaborador y amigo Albert Om, en referencia al libro que acaba de publicar y que lleva por título Amb llengua o sense (Con lengua o sin ella) y desde luego, no se puede calificar ni de ambiguo ni de titubeante. Bien clarito lo ha dicho el muchacho.

He de confesar que sigo de manera casi habitual Polònia, el espacio que dirige y presenta en la televisión autonómica catalana y francamente, lo paso bien. Las sátiras que hacen de nuestros políticos, algunas más graciosas que otras, me suelen hacer pasar un buen rato y créanme, he intentado dejar siempre a un margen cualquier tipo de connotación ideológico-política en cualquiera de los programas en los que ha participado Toni Soler. Siempre he pensado que estaban bien hechos y el presentador los ejecutaba de forma más que eficaz. Además, si así no lo hiciera, pocos programas realmente podría ver, tanto en Cataluña como en el resto de España.

Ahora bien, la absoluta franqueza del personaje no resta lo más mínimo el calado de sus declaraciones, más bien todo lo contrario, asusta un pelín.

A la pregunta sobre si el castellano está discriminado en Cataluña, Toni Soler reconoce que sí, que hay personas castellanohablantes que consideran conflictivo que su hijo no se pueda escolarizar en castellano y, por otro lado, están las personas catalanoparlantes a las que le parece –y se incluye– conflictivo el hecho de pedir en una cafetería un "tallat" y no les entiendan. Se trata –prosigue– de un conflicto propio de sociedades modernas, plurales y mestizas, como la catalana y sí, existe una discriminación del castellano por la simple razón de que existe una política a favor del catalán, que es la política que han decidido democráticamente los sucesivos Gobiernos de la Generalitat. Y concluye apuntando que cuando se favorece una lengua se perjudica a otra y se hace para compensar una situación histórica inversa que se debe admitir y no negarlo por miedo a qué dirá "el Losantos".

Bien. De entrada, todo el mundo sabe en Cataluña lo que significa un "tallat", sea la procedencia del camarero argentina, colombiana, italiana, de Cáceres o de Avinyonet de Puigventós. Pero aunque así no fuera, comparar el hecho de pedir un café cortado en un establecimiento al hecho de no poder escolarizar a tu hijo, ya no en una única lengua, simplemente en ambas pero en igualdad de condiciones, es, cuanto menos, frívolo. Y preocupante, muy preocupante.

Y por cierto, las sociedades modernas, plurales y mestizas, no discriminan, porque eso constituye en sí mismo, una contradicción. Y mucho menos, sancionan. Quienes lo hacen son, precisamente, las sociedades arcaicas, retrógradas y mentalmente diminutas, que confunden voluntariamente el bilingüismo con una diglosia, propia de colectivos con insuperables complejos de inferioridad. Esa es la cuestión. Y la poderosa y eficiente manipulación política por parte de personajes con ridículos aires de grandeza, por supuesto.

¿Cómo hemos podido llegar hasta este punto? La sociedad catalana no ha tenido nunca problemas de convivencia lingüística, cada cual se ha expresado en la lengua en la que le ha resultado más cómoda, con la se ha manejado mejor o simplemente dependiendo del contexto, del interlocutor y de las circunstancias. Estamos convirtiendo una situación privilegiada de riqueza cultural, de armoniosa interrelación de dos lenguas en un conflicto estéril, hueco y empobrecedor. Además de una clamorosa pérdida de tiempo.

Dice Soler que tenemos el derecho a hablar en la lengua con la que hemos crecido y nos hemos declarado a nuestras novias o novios o la que hablamos a nuestros hijos. Por supuesto. Y yo sería la primera en defenderlo si así no pudiera ser, al igual que lo hago y lo haría con otras muchas cuestiones que afectan directamente a la libertad individual. Pero ¿cuándo ha habido problemas con ello? Una servidora ha leído y sigue leyendo en catalán, ha amado profundamente en el pasado en catalán, sigue escuchando música catalana –en catalán o en castellano, porque ambas lo son–, y continua hablando con numerosos amigos en catalán. Y sigue amando a su tierra, cómo no, pero no de la manera en la que unos pocos deciden cómo se debe hacer.

Pero, ¿saben lo curioso del tema? Pues que personajes como Albert Boadella, Francesc de Carreras, Eugenio Trías, Arcadi Espada o Rafael Argullol hablan un catalán mucho más bello, armonioso y preciso del que el actual presidente de la Generalitat, por poner sólo un ejemplo, llegará a manejar jamás. Y eso es lo que realmente les pone a muchos de los nervios. Y ya se sabe que, en ocasiones, el fanatismo del converso es letal.

"Bernardito no tiene derecho", por Maite Nolla en Libertad Digital

Yo les quería hablar de Bernardo Ortiz, un niño monísimo, que tiene apenas unos meses de vida, que ha nacido en España –Lérida es España, de momento–, es hijo de un español y las leyes españolas le otorgan la nacionalidad española. Es pequeñito, pero es español. Sin embargo, Bernadito no tiene derecho al cobro de los dos mil quinientos euros del famoso cheque bebé porque su madre es japonesa, aunque lleva residiendo legalmente en España más de un año.

Casualidades de la vida, me enteré de esto el viernes pasado, cuando su padre me lo explicó, y el domingo se publicaba en La Razón una reseña de la protesta de unos padres que se encuentran en la misma situación.

El origen está en la Ley 35/2007, de 15 de noviembre, que regula el cheque bebé. Si bien la exposición de motivos de la ley menciona un porrón de veces la importancia de la familia y del artículo 39 de la Constitución española, la ley es discriminatoria –algo que se ha puesto de moda en la España zapatera del catálogo de derechos y libertades de las cejas– y los niños españoles de padre español y madre extranjera, aunque ésta sea residente legal, no tienen derecho a cobrar el cheque.

Como les decía la exposición de motivos habla de:

La protección adecuada de la familia. De la familia como un elemento esencial de la sociedad. De incrementar el apoyo otorgado en nuestro país a la familia (...) dado que merece una protección prioritaria. De que la prestación trata de compensar los gastos ocasionados por la incorporación de un nuevo hijo a la unidad familiar y que viene a complementar, en el ámbito de apoyo a las familias y de facilitar una integración efectiva de las políticas de apoyo a las familias.

Mentira todo.

Para abreviar, decirles que la ley ayuda únicamente a las madres, españolas o extranjeras residentes éstas últimas en España de forma legal durante, al menos, dos años. Es decir, un niño español, nacido en España de padre español y madre extranjera, residente legalmente en España, pero durante un periodo inferior a dos años, no tiene derecho a los dos mil quinientos euros, a no ser que la madre muera, que no es plan.

Sin discutir la bondad de las ayudas –que sería otro tema–, lo que no pasa es la desigualdad y la injusticia consagrada por el Gobierno que más presume de lo contrario. Como no debería ser de otra manera, el derecho a los dos mil quinientos euros deberían tenerlo cualquiera de los dos padres por el nacimiento en España de un niño español; y respecto a los padres extranjeros, establecer un tiempo de residencia legal, pero nunca discriminar a los padres españoles que tengan niños españoles en España, que parece mentira tener que decirlo.

Es de suponer que la pobre Bibiana de esto no tiene ni idea, como de todo lo demás. Le iba a explicar, señora ministra, que la ley es inconstitucional y que usted, como ministra del ramo, es la primera responsable; pero da igual, que no quiero abrumarla. Hablando de algo que usted domina, si vuelve a comunicarse vía satélite con Nicole Kidman, dígale de mi parte que se ha pasado con la silicona.

"Doña Cristina me quiere gobernar", por César Vidal en La Razón

Aún estaba yo intentando asimilar la noticia dada por Garzón de que Franco ha muerto cuando me enteré de que en medio de un acto de apoyo al que Leguina ha llamado «Juez campeador», Cristina Almeida se refirió a mí. Bueno, más que a mi se refirió a mis libros para indicar que no le gusta verlos cuando entra en El Corte Inglés y que hay que quemarlos junto con los de otros autores cuyos nombres no citó. Confieso que la noticia me sumió en una perplejidad casi tan grande como la de enterarme de que Franco ha fallecido. Por un lado, no terminaba yo de entender qué podía tener contra mis novelas infantiles o mis libros de teología doña Cristina. Es verdad que también arremetió contra la Madre Maravillas, pero yo no la cito en ninguna de mis obras. Pensé a continuación que como era 20 de noviembre la señora Almeida había saltado de lado y de la izquierda se había pasado a ese nacional-socialismo alemán que hizo bueno lo de que «quien comienza quemando libros acaba quemando personas». Pero lo descarté porque la señora Almeida a un patrón de belleza ario no corresponde y no me consta que domine la lengua de Goethe. Y entonces me pregunté si podría haber escrito algo que pudiera doler a doña Cristina. Por ejemplo, la historia de Manuel y Antonio Almeida. Al estallar la Guerra Civil, Manuel Almeida fue detenido por los milicianos del Frente Popular ya que había actuado en la preparación del golpe de julio de 1936. Tuvo suerte por varias razones. La primera porque no fue fusilado como millares y la segunda porque el 14 de agosto, las tropas de Yagüe llegaron a Badajoz. Por cierto, que los Regulares de Asensio avanzaron con más rapidez gracias a la ayuda de Antonio Almeida que era natural de la zona. Antonio sabía que su hermano estaba en una checa del Frente Popular y convirtió en prioritario sacarlo antes de que, a la desesperada, los otros lo asesinaran. Propuso, pues, al mando un plan audaz que tuvo éxito. Así, franquearon los Regulares, guiados por Almeida, la Puerta de la Trinidad, cruzando el foso de Rivillas y evitando el fuego de las murallas. De esa manera, llegaron a la Puerta de Carros y lograron liberar a Manuel Almeida. A Antonio Almeida se refirió elogiosamente Yagüe y es lógico que lo hiciera porque destacó militarmente y ahorró vidas de compañeros. No creo, sin embargo, que los Regulares se abrieran paso por las calles de Badajoz preguntando cortésmente a los que se cruzaban con ellos donde estaba el Almeida detenido. Por lo que se refiere a éste, a Manuel, ha señalado el historiador Antonio Manuel Barragán que colaboró en la represión de Badajoz tan propagandísticamente aireada por los prorrepublicanos. Continuó la guerra enrolado en una Bandera de la legión y fue redactor de «Hoy». Incluso dejó constancia escrita de sus sufrimientos en la checa donde había esperado que lo liberaran las fuerzas alzadas. En la posguerra, Manuel Almeida hizo carrera en el franquismo e incluso tuvo una hija que recibió en el bautismo el nombre de Cristina. Pero de esto yo hasta la fecha no había escrito absolutamente nada. De modo que sigo sin entender porque Cristina Almeida quiere quemar mis libros y me pregunto: «¿no será que me quiere gobernar?».

"El PP entre la resignación y la esperanza", Editorial de Libertad Digital

El sábado el Partido Popular celebró varios congresos provinciales, entre los que destacan el de la provincia de Barcelona y el de Nuevas Generaciones de Madrid. En el primero, Antonio Bosch, candidato apoyado por Alicia Fernández Camacho y los hermanos Fernández Díaz, ha sido elegido nuevo presidente del PP en la principal circunscripción catalana. Santiago Gotor, respaldado por la catalanista Montserrat Nebrera, no consiguió el número de avales necesarios para presentar una candidatura alternativa. Estas circunstancias ilustran la confusión y desorientación imperante en varias regiones de España, donde los militantes del PP sólo pueden optar entre los de siempre y una supuesta y a menudo engañosa renovación.

Muy distinto ha sido el congreso de Nuevas Generaciones de Madrid, en el que se ha apostado de forma clara y sin complejos por un proyecto liberal basado en la igualdad ante la ley, la libertad económica y un Estado limitado aunque firme en la defensa de la democracia y efectivo en la lucha contra las amenazas a la unidad de España. Frente al paternalismo de la izquierda, los jóvenes madrileños del PP propugnan un sistema que fomente la responsabilidad y la iniciativa individuales. Además, no han faltado las denuncias a las falacias del socialismo y el colectivismo, uno de cuyos mejores ejemplos es la simpatía que buena parte de la izquierda española siente hacia distintos regímenes totalitarios.

Por su parte, José María Aznar animó a los miembros de su partido a presentar una alternativa al PSOE y señaló que en política uno debe aspirar a ganar, no a empatar. También ha recordado las incoherencias de Rodríguez Zapatero y su falta de principios, y en un tono parecido al usado en la ponencia política de la organización juvenil, ha atacado las recetas trasnochadas de una socialdemocracia fracasada. Igualmente, Esperanza Aguirre centró su discurso en exponer las traiciones de la izquierda a la democracia y a la libertad y a reivindicar la rebeldía contra las dictaduras que, como la cubana, cuentan con el beneplácito del actual Gobierno de España.

En definitiva, un congreso que apuesta por una auténtica renovación que pasa necesariamente por el cuestionamiento del discurso dominante, ya sea socialista o nacionalista, y ante el que el actual equipo dirigente del PP sólo ofrece quejas mal planteadas y peor comunicadas por un líder que prefiere ganarse la sonrisa de Rodríguez Zapatero antes que la aprobación de sus votantes, hartos de paños calientes.

Así, en la clausura de otro congreso provincial de su partido, el de Almería, Mariano Rajoy se ha limitado a glosar los errores de la política económica del PSOE sin proponer nada que la sustituya y a expresar su confianza en que el PP de Andalucía mejore sus resultados electorales. Una falta de ambición que contrasta vivamente con el entusiasmo de los madrileños, aunque por desgracia se corresponde con el hastío y la resignación que han dominado el congreso de Barcelona.

La arrogancia y el desapego de Rajoy hacia quienes siguen creyendo en los ideales del Partido Popular es en estos momentos el mayor obstáculo para un cambio político en España. Si no quiere enterarse, alguien debería hacérselo ver. Nuevas Generaciones de Madrid ha dado el primer paso. ¿Quién les seguirá?

"Una cúpula con forma de ceja", por Pablo Molina en Libertad Digital

El repaso al gotelé polícromo que el artista Barceló le ha dado a la sala del palacio de la ONU dedicada a la promoción de los derechos humanos, se enmarca en el proyecto redentor de la humanidad desfavorecida al que ZP viene dedicando una enorme cantidad de recursos públicos, casualmente procedentes del bolsillo de todos los españoles.

La obra de arte del mallorquín, a cuyo lado la Capilla Sixtina palidece de envidia, con seguridad será admirada por las generaciones futuras como una de las grandes aportaciones a la historia del arte universal. Y todo por el módico precio de dieciocho millones de euros, de los que una tercera parte ha ido directamente al bolsillo del insigne autor.

Al contrario de quienes se escandalizan por el precio que ha puesto a su obra, particularmente no tengo nada que objetar a la cuantía de la minuta presentada por Barceló. Cada uno pone libremente precio a su trabajo, y mientras haya clientes que estén dispuestos a pagarlo las opiniones de los demás son irrelevantes. El único problema es que entre el consorcio que ha pagado la obra de arte estamos usted y yo, sin ir más lejos, y lo cierto es que una capa de yeso proyectado, con unos pijotronchos pintados de colorines colgando del techo no es precisamente el concepto más extendido de lo que debe ser una obra de arte inmortal.

Barceló es uno de los artistas que hacían el gesto circunflejo en la pasada campaña electoral para pedir el voto a ZP, aunque evidentemente no haya sido ese el motivo de haberle elegido para acabar con la pobreza en el mundo a base de gotelé. Porque si lo relevante para haberle realizado a él dicho encargo es su condición de zejatero, se produce entonces un agravio comparativo de difícil solución. Hubo otros muchos artistas que se significaron con el de la ceja, que están deseando también contribuir a la promoción de los derechos humanos universales a razón de seis millones la performance, aunque procedan de los fondos destinados a comida y vacunas para los niños del tercer mundo. Tal vez un concierto solidario con la participación de los zejateros al completo y Concha Velasco, socialista de toda la vida, en papel de maestra de ceremonias sea la única solución para compensar la ofensa.

Si Barceló tiene ya su cúpula que Moratinos le pague al resto una cópula, porque de lo que se trata, como siempre, es de que la caterva de solidarios nos la meta doblada. Salvar a la humanidad exige estos sacrificios, qué se le va a hacer.