viernes, 6 de mayo de 2011

El 'proceso de paz' de Obama

Pablo Molina en Libertad Digital

A diferencia de nuestras cortes generales, que aún mantienen una autorización al gobierno de Zapatero para que negocie con los terroristas, en los Estados Unidos los congresistas autorizan al gobierno a que los elimine, algo mucho más higiénico y, en última instancia, lo único que entenderían en aquel país como aplicación práctica del mandato constitucional que obliga a sus políticos a proteger la vida y la libertad de todos los norteamericanos.

En su línea habitual

Pablo Molina en Libertad Digital

Nada más acorde con la altura ética del Tribunal Constitucional español que su decisión de que los enemigos de la Constitución española, de cuyo cumplimiento es garante, pasen a dirigir o a formar parte de unos órganos también constitucionales como son los ayuntamientos del País Vasco. Lo raro habría sido que el TC validara la sentencia del Supremo que prohíbe a los cómplices del terrorismo formar parte del Estado, porque en tal caso habría habido una ruptura en la trayectoria exquisitamente desleal con la nación que nuestra más alta magistratura inició con Rumasa y perfeccionó de modo sublime con el más reciente Estatuto de Cataluña.

En todo caso acatamos la sentencia del Constitucional, faltaría más, y de paso felicitamos a la mayoría "progresista", que no ha tenido reparo en rebozar sus togas en el polvo del camino a la hora de adoptar una decisión que agravia a la memoria de las víctimas del terrorismo, escarnece a sus familiares y nos envilece a todos. A todos los que pensamos que el orden constitucional es incompatible con la presencia de un grupo terrorista en las instituciones democráticas, claro, que es lo que el Supremo, tribunal al menos tan respetable como el TC, dice que va a ocurrir con unas listas electorales que no son más que "un cauce simulado y fraudulento para soslayar la ilegalización judicial del brazo político de ETA y así permitir el acceso de Batasuna/ETA a las instituciones representativas".

Estamos en una bancarrota moral de tal magnitud que el Pascualsalazo de anoche ni siquiera obedece a la búsqueda de esa quimérica "paz" de la que tan partidaria es nuestra izquierda, seguramente algo ya más que pactado por el gran Eguiguren de cara a la campaña electoral de las próximas generales. Es sólo la contrapartida que exigen los seis diputados del PNV para validar los presupuestos generales del Estado y permitir que Zapatero aguante hasta el final de la legislatura.

Muy torpe ha estado ahí Urkullu, porque si hubiera aguantado el tipo podría haber utilizado el cartucho del chantaje presupuestario en una ocasión futura. Alguien debería haberle explicado que para vulnerar el estado de Derecho y quebrantar la constitución, Zapatero no necesita animadores.

El TC se cubre de gloria

Emilio Campmany en Libertad Digital

El Tribunal Constitucional se ha empeñado en demostrar que en España tan sólo hay un poder, el Ejecutivo. Desde el principio, este Tribunal se arrogó la revisión de aquellas sentencias que al partido que lo dominara no le gustaban. Lo ha estado haciendo, desde luego, ejerciendo la función que por antonomasia le corresponde, la de controlar la constitucionalidad de las leyes. El caso más reciente es el del Estatuto de Cataluña. Pero también a través de la vía indirecta del recurso de amparo. La Ley Orgánica de 2007 modificó la Ley del Tribunal Constitucional para que la práctica ya emprendida de revisar las sentencias del Supremo por supuestas violaciones de los derechos fundamentales quedara en tal modo ampliada que el Constitucional se convirtiera en el verdadero Tribunal Supremo de España, al menos en los casos de relevancia política.

Pero, al menos hasta ahora, el Gobierno siempre fue de frente, defendiendo lo que le interesaba y forzando al tribunal a darle la razón, aunque fuera obvio que no la tenía. Ahora, Freddy, ese maquiavelo de pitiminí, le ha dado una nueva vuelta de tuerca al sistema. El Gobierno impugna todas las candidaturas de Bildu para quedar bien con aquellos de sus votantes que creen escandaloso que ETA permanezca en las instituciones. Y luego mangonea al Constitucional para que dicte la sentencia que el Gobierno cree conveniente y que echa abajo su propia impugnación. Vamos, algo así como el "madre, que me toca Roque; Roque tócame". De esa forma también da satisfacción al PNV, a los socialistas del País Vasco y a sus votantes de extrema izquierda, incluidos los comunistas, que querían que la izquierda abertzale, que para algo es izquierda, concurriera a las elecciones municipales.

Mal está que un Gobierno ponga en marcha semejante maniobra, que carga sobre el Tribunal Constitucional la responsabilidad de que la ETA se financie con dinero de los impuestos de todos los españoles mientras el Gobierno se lava cobardemente las manos. Pero más terrible es que los magistrados de ese tribunal se presten a semejante juego.

¿Qué más pueden hacer los socialistas por acabar con la credibilidad de las instituciones del Estado? Pues aunque parezca que ya más no pueden hacer, no es descartable que a Rubalcaba, o a cualquier otro Richelieu de pacotilla del PSOE, se le ocurra en el futuro darle otro estrujón más a la pobre democracia española. Si al menos los magistrados que han votado contra la legalización de la coalición etarra tuvieran el gesto de dimitir, cabría alguna esperanza. Pero, quia, ¡qué digo! Ni en sueños.


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Si comparamos lo de Obama con Osama y lo de Z con ETA, es para echarse a llorar.

No es la economía, estúpido

Pío Moa en Libertad Digital

Si alguna posibilidad real tienen los separatistas de cumplir sus sueños, está en la inanidad política e intelectual de "Madrid", es decir, de los dos grandes partidos que se suponen nacionales: uno, porque su desprecio a España hace el juego al separatismo; el otro porque renunció hace tiempo a la lucha de las ideas, hasta vaciarse de ellas.

Una manifestación de esa inanidad consiste en la habitual reducción del problema a la economía. Así, esgrimen el argumento "decisivo" de que la secesión de Cataluña supondría gravísimos daños económicos para esa región, al perder su principal mercado en el resto de España, y que a su vez "Madrid" podría impedirle el acceso a la UE. Los dos argumentos apenas rebasan el nivel de la tontería.

La secesión de Cataluña podría traer cierto coste económico inmediato para ella –y para el resto del país–, por el resentimiento que crearía y algún posible, aunque poco probable, boicot a los productos catalanes; pero la lógica del intercambio comercial limitaría pronto ese efecto. La gente no compra productos catalanes por amor a Cataluña, sino por interés práctico, y el desamor actual de los españoles por su propio país hace que la clase empresarial española lo sea solo geográficamente, pues culturalmente es más bien anglosajona. Cataluña no perdería de modo importante el mercado del resto de España, y en cambio entraría cada vez más en la esfera de influencia económica francesa, dirección que siguen conscientemente los separatistas.

No menos ridícula es la amenaza de impedirle entrar en la Unión Europea. Si España llegase al grado de agusanamiento que permitiese tal secesión, debería aceptar también la integración de Cataluña en la UE, un asunto insignificante comparado con la enormidad de la secesión. Y si, dentro de la nulidad política corriente, "Madrid" se enrabietase con cerrar el paso a una Cataluña separada, ya se encargarían las potencias realmente dominantes de la UE de hacerle entrar en razón "con mano de hierro en guante de seda".

Y debe considerarse otro aspecto: en la estúpida casta político-intelectual española ha arraigado con fuerza indestructible la idea de que fuera de la UE no hay salvación. Pero Suiza o Noruega están feliz y prósperamente fuera, y Reino Unido mantiene dentro una posición muy especial, por poner dos casos. La propia experiencia de España, que nunca parece servir de nada a nuestros políticos, enseña que nuestro país creció mucho más rápidamente fuera de la CEE que dentro, y que la integración "en Europa" –como dicen demostrando nuevamente su sandez–, no nos ha librado de graves crisis económicas, como la actual.

Todo ello sin contar con que un país que consintiese tal secesión se hallaría sin fuerza política y moral para impedir el contagio de las tendencias disgregadoras a otras regiones. Porque el problema de Cataluña es político, cultural e histórico. Y en él entra la economía, por supuesto, pero solo de modo secundario y derivado. ¿Es tan difícil de entender?

Ben Laden, la mafia y la guerra

Cristina Losada en Libertaf Digital

La operación fue un acto de guerra en respuesta a otro –los ataques del 11-S– y, en la guerra, la eliminación del enemigo es un objetivo legítimo y legal. Quién hubiera protestado si, en 1942, un comando británico asesinara a Hitler. La guerra del terrorismo no es la guerra convencional, desde luego. Pero es tan guerra que tropas de varios países combaten en Afganistán contra los discípulos de Ben Laden y sus aliados. Creo que allí matan a los terroristas a traición y sin darles tiempo ni a desenfundar ni a detonar. Así mataron a uno de los jefes militares de los talibán en 2007. Y así mataron en Irak en 2006 al que llevaba las riendas de Al Qaeda. No se abrieron grandes interrogantes éticos y legales entonces. Ningún Llamazares denunció "asesinatos extrajudiciales" y nos dejó con la incógnita de cuáles pueden ser los "asesinatos judiciales". Pero al "enemigo número uno de Occidente" no se le va a matar como a un enemigo cualquiera.


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Lo que tenían que haber hecho es darle un tirón de orejas y ponerle un ratito cara a la pared para que recapacitara. Más o menos, eso es lo que esperaban algunos.

Ni justicia, ni venganza

Pilar Rahola en La Vanguardia

El yihadismo es la amenaza totalitaria del siglo XXI, heredera natural de los totalitarismos del siglo XX. Ha declarado la guerra contra el mundo y, aparte de estresar la vida cotidiana de las sociedades que violenta, ha conseguido matar a miles de personas. Es una guerra con toda su crudeza, por mucho que la trinchera sea el mapamundi. En este contexto, la muerte de Bin Laden es un acto de guerra. No es bonito, no es simpático, no es justo, no es injusto: es un eslabón más de la larga cadena de un conflicto bélico.


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Los occidentales vivimos en una especie de infancia perpetua. Y lo de los españoles es aún peor: nunca acaban de salirnos los dientes de leche. Y así nos va.

jueves, 5 de mayo de 2011

El futuro de España es el mercado negro

Jorge Valín en Libertad Digital

España ha caído en una espiral de decadencia absoluta. Profunda crisis del modelo socialista monetario. Los ciclos creados por la sobreemisión de dinero nos llevaron a una explosión productiva que no estaba fundamentada en nada (burbuja). Se coronó la inflación como el motor de la economía occidental. Expliqué las consecuencias –que se han cumplido– en el 2004. ¿Cómo actúan los bancos centrales ante tal fracaso? Con más inflación crediticia, ayuda a los bancos y así haciendo crecer otra burbuja. ¿Qué pide la gente? ¡Tipos de interés más bajos! Sin saberlo están cavando su tumba.

El Gobierno y las comunidades autónomas, casi arruinadas por su gestión, compra de votos, clientelismo de los lobbies y corrupción, recortan privilegios sociales y suben impuestos. Desde la tribuna vemos aberraciones: las autonomías mantienen sus embajadas. El Gobierno regala más de 400.000 euros a organizaciones como el Centre d’Informació i Documentació Internacional a Barcelona. Paga 143.000 euros a cosas como un Seminario Sobre la Pena de Muerte en el Caribe. Regala 100.000 euros a la Fundación Centro Internacional de Toledo para la Paz. ¿Había oído hablar nunca de ella? Todo esto, y mucho más, en el BOE del 23 de abril.

¿Cuál es la respuesta de la gente? Más privilegios sociales para vivir de la producción ajena, del robo y el latrocinio. Al igual que los banqueros centrales, ¿es qué no han aprendido nada de los errores pasados? El Estado no sabe gestionar el dinero para la sociedad. El Estado solo paga favores a sus lobbies. No saca nada ayudando a la sociedad. Los únicos que saben gestionar nuestro dinero son aquellos que no nos roban. Aquellos que necesitan del consentimiento de su cliente para sobrevivir. En otras palabras, la propia sociedad, que en lenguaje económico se llama libre mercado. ¿Cómo puede transmitir confianza una organización que obtiene sus recursos del robo masivo, el engaño y las prohibiciones? El mayor gasto de cualquier ciudadano son los impuestos. Y no son nada voluntario.

La gran farsa sigue. Casi todos los economistas damos por sentado que pasadas las elecciones el ejecutivo aumentará los impuestos (especiales y no sé si se atreverá con el IVA) y eliminará más privilegios sociales. Probablemente sea en verano, que es cuando la gente está más despistada. Y es que no es la primera vez que harían algo así. Hace un par años algunas administraciones subieron el IBI (Impuesto de Bienes Inmuebles) por sorpresa, sin decir nada. Cada vez que baja la gasolina, le cargan algún impuesto, y cuando sube, lo mantienen.

El Gobierno es incapaz de crear políticas realistas enfocadas al pueblo. ¿Cómo puede ser que en un país donde hay un 20% de desempleo y un 40% de paro juvenil, mantenga una carga sobre el trabajo del 50% del desembolso total al trabajador? Un mileurista paga casi 900 euros al mes al Gobierno (cuota empresarial a la SS + cuota del trabajador + IRPF + IVA). Cuando los reyes medievales cobraban una tercera parte de la producción a sus ciudadanos lo llamamos esclavitud, pero si el Gobierno nos arrebata la mitad de nuestro sueldo y nos sigue saqueando en cada compra e inversión que hacemos, lo llamamos Estado del Bienestar.

No sé si a España la van a intervenir oficialmente o no. Lo que sí sé es que le están obligando a dinamizarse un poco ante el estado de despilfarro y descontrol actual. La están sometiendo a una intervención opaca. Nuestro futuro inmediato son más cargas tributarias, más Estado policial contra el pequeño comercio que representa el 80% del tejido económico del país y menos privilegios. Muy bien, el Estado es el principal foco de pobreza. No es la solución a nuestras penas. Solo hay un camino para la prosperidad: menos dependencia del Estado. Que se ahogue en sus deudas y junto a sus lobbies. Cuando una solución es injusta, se ha de combatir por las buenas o por las malas. No le están dando otra solución al pueblo. Declara tu particular guerra al Estado: insumisión fiscal y mercado negro. Ese va a ser el futuro de España. De hecho, la economía sumergida ya es el mayor "sector" de nuestro país con más de un 20% del PIB. E irá en aumento.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Me ofende usted

Ángel Vallvey en La Razón

Señor presidente Zapatero: me ofende usted. Su último discurso –«nosotros no provocamos la crisis»– ha colmado mi paciencia. Me siento insultada por sus palabras. Usted quizás no comprenda mi vergüenza ante su disertación, usted es gente principal, gente poderosa, gente «gorda» como se dice en mi tierra.

A usted, el número de parados se nota que no le afecta personalmente, que esa cantidad escalofriante es sólo un inconveniente cuya importancia pasará pronto: en cuanto se largue usted. Pero mire, cinco millones de parados son muchos; si hiciese una sencilla operación matemática se daría cuenta de que, al resto de los españoles, los que no somos usted y su familia y amigos (influyentes y poderosos), al resto de esa «ciudadanía» que usted ha convertido en nuevo proletariado, a nosotros sí nos toca de cerca al menos un parado de esos cinco millones. Ni siquiera hay que aplicar los «seis grados de separación», todos los españoles –excepto usted y sus etcéteras– tenemos a alguien a nuestro alrededor que está parado –amigo, familiar, compañero…–, y a muchos nos humilla oírle una y otra vez el mismo irresponsable, mostrenco y emético discurso: el de «yo no he sido». Ha tenido 7 años para hacer cosas, para arreglar cosas, pero desde el principio repite usted la misma cantinela: «el problema viene de fuera, que la solución venga de fuera también». ¿Creía usted que España era una cuenta de gastos a su disposición que no requería más que distribuir los montones de billetes y con la que se podía jugar a la ingeniería social? Los problemas le han venido a usted demasiado grandes. Usted no es un estadista. No sabe solucionar conflictos, sólo sabe crearlos. A mi alrededor, aumenta el número de personas desempleadas. Gente que, nunca en su vida, estuvo parada. Mientras, usted sigue con su discurso de la pureza socialista. Usted… ¡inocente, sin pecado concebido, mirando la miseria de España desde su altar moral socialista! Su irresponsabilidad es una desfachatez. Su ineficacia, una falta que no le perdonará la historia. Su discurso de «yo no he sido» demuestra que usted no está pisando el barro de esta situación, que sigue en lo único que sabe hacer bien: sobrevolar la realidad, producir ideología, gastar la pasta de nuestros impuestos en chorradas. Y alejarse años luz de quienes le votaron y a quienes ahora lastima usted con sus palabras.

Quieren subir los impuestos en vez de bajar el gasto público

Jaime de Piniés en Libertad Digital

Parece ser que nuestro Gobierno prepara subidas de impuestos en vez de incentivar recortes en el gasto. Según el Programa de Estabilidad que se envió el pasado viernes a Bruselas, se permitirá al Estado, a las comunidades autónomas y a los ayuntamientos evitar mayores recortes del gasto si se adoptan cambios normativos que supongan un aumento permanente de los ingresos, es decir, si se aumentan de forma permanente los impuestos. Además, el programa amenaza a las comunidades autónomas que osen reducir sus impuestos ya que pueden ver limitado su techo de gasto.

Conviene tener muy claro por qué dicho programa es un despropósito mayúsculo para España. En primer término, mantener el gasto público a expensas de un incremento permanente de los impuestos sólo sirve para perpetuar una transferencia de recursos del sector que crea riqueza, el privado, al público. Detraer recursos de forma permanente al sector privado sólo frenará nuestra tasa de crecimiento potencial; y con una tasa de desempleo del 21,3%, que equivale a 4,91 millones de parados, simplemente no nos lo podemos permitir.

En segundo lugar, con más de 3,17 millones de asalariados públicos en España, un incremento neto de 1,2 millones desde el año 1996, ¿hay alguien que verdaderamente crea que todo ese personal público es necesario? Como tuvimos ocasión de analizar la pasada semana en esta columna, los informes de la UPyD demuestran que si se hubieran seguido las prácticas más eficientes, sin menoscabar los servicios sociales prestados a los ciudadanos, sólo entre las comunidades autónomas nos podríamos haber ahorrado más de 52.000 millones de euros en los últimos tres años, más del 5% del PIB nacional. A la misma conclusión se puede llegar centrando la mirada en las principales ciudades de nuestro país. Sólo en el año 2010 nos podríamos haber ahorrado más de 6.000 millones de euros, sin pérdida de prestaciones para los ciudadanos, si se hubieran seguido las prácticas más eficientes entre las 40 ciudades principales.

El déficit público en el año 2010 de las comunidades autónomas fue de 36.000 millones de euros y el de las corporaciones locales de casi 7.000 millones. Pues la ineficiencia o sobrecoste, definido como gasto público excesivo o innecesario para la prestación de los servicios sociales a los ciudadanos, representó el 56% de aquel déficit público para las comunidades autónomas y más del 86% para las entidades locales. Por lo tanto, no hace falta recortar prestaciones a jubilados, ni reducir otras prestaciones sociales a la ciudadanía, ni, insisto, incrementar los impuestos para recortar el déficit. Sólo hay que recortar el gasto estrictamente excesivo e innecesario para cumplir nuestros objetivos de déficit público.

Por último, el Programa de Estabilidad es un despropósito porque su única y verdadera función es cumplir un objetivo político: mantener contentas a las fuerzas nacionalistas que reclaman más recursos para que siga manteniéndose en pie el Gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero.

¿Qué hacemos con el niño Ivancito?

Pablo Molina en Libertad Digital

Con la operación destinada a blindar a más de treinta mil contratados a dedo, los socialistas andaluces acreditan nuevamente el mérito de ser la organización más creativa a la hora de esquilmar las arcas públicas con cierta apariencia de legalidad. No hay grupo humano más voraz que una horda de sociatas meridionales encaramada al poder, como saben perfectamente los ciudadanos que han de padecer esta situación por más de ocho años seguidos. En Andalucía llevan ya más de treinta, así que calculen.

El razonamiento del equipo de Griñán ha sido el siguiente. Puesto que resultaría obsceno hasta para una organización tan desvergonzada como la nuestra convertir de golpe en funcionarios a los más de tres decenas de miles de "compañeros" que hemos enchufado, hagamos que los chiringuitos que hemos creado para mantener a tanto inútil pasen a formar parte de la estructura orgánica de la Junta de Andalucía. ¿No es genial? Así nadie puede acusar a los socialistas de haber convertido en funcionarios a los 30.000 familiares y afiliados que cobran del presupuesto autonómico, pero el resultado es el mismo puesto que a partir de este momento ya no son trabajadores de sociedades anónimas, agencias y fundaciones privadas varias a los que se puede despedir de un plumazo, sino empleados públicos dependientes del organigrama administrativo de la Junta de Andalucía, lo que para el caso es lo mismo que ser funcionario de carrera.

Es que las oposiciones por el turno libre son una costumbre franquista que griñánidos, zarríacos y chavésicos, y no digamos los pizarreos del decadente Clan de Alcalá, se confiesan incapaces de superar por fácil que sean los ejercicios, así que el partido, La Pesoe, ha decidido no someter a estos treinta mil compañeros a semejante crueldad.

El resultado es que el nuevo presidente de la Junta de Andalucía, si es que cambia el gobierno en las elecciones del año próximo, tendrá a más de treinta mil submarinos del PSOE encargados de llevar a cabo, en su caso, las decisiones políticas del nuevo equipo de gobierno. ¿A quién van a obedecer todos estos compañeros? ¿A Don Javier Arenas o a la organización que los ha colocado en la ubre autonómica junto con toda su familia? Pues hombre, es fácil comprender que un número indeterminado de ellos tendrá la tentación de actuar lealmente, pero con La Pesoe, corporación a la que deben su fortuna.

Sólo hay un cliente de esta corporación socialista, muy bien recomendado por cierto, cuyo futuro laboral no ha quedado todavía solucionado para zozobra de los que seguimos asiduamente la actualidad andaluza. Me refiero obviamente al niño Ivancito, abandonado al albur de los rigores del libre mercado en cuanto el apellido de su tarjeta de visita, en vez de respeto cause hilaridad en los despachos oficiales de la Junta.

Poco ha de poder Don Manuel si no convence a su sucesor para que encuentre acomodo institucional a la criatura. Con su extraordinaria facilidad para hacer números y extraer porcentajes debe haber algún lugar en la administración andaluza acorde a sus merecimientos, de Presidente de la Cámara de Cuentas para arriba. Sus ingresos mensuales se resentirán, pero para este miembro preeminente de la segunda generación del apellido Chaves lo importante, seguramente, es seguir sacrificándose por Andalucía los años que haga falta. El ejemplo de su "papá" no admitiría otro comportamiento.

Pepe, el del Alakrana

Editorial de Libertad Digital

"Llegó a Nairobi un tal Pepe –se puede leer en el texto judicial–, persona de unos 45 años de edad, de aspecto español, buen conversador, que aparentaba tener soltura en estas cuestiones" y que comenzó a tener conversaciones "telefónicas" con los piratas. Según el tribunal, Pepe le hizo ver a los piratas la imposibilidad de que dos de ellos (los condenados ayer a más de 400 años) fueran puestos en libertad una vez que ya habían sido capturados por la fragata Canarias –coordinada por la OTAN– por lo que "las negociaciones se centraron en el aspecto económico". Que después de esto la ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez, sostenga que el Gobierno no ha pagado revela, como mínimo, el desprecio más absoluto del Ejecutivo por las sentencias judiciales que tanto dice respetar. El silencio ante una descripción como la que se infiere del relato de las andanzas de Pepe, nuestro hombre en Nairobi, hubiera sido más decoroso para una ministra que demuestra desconocer los protocolos de un cargo como el suyo. Pero como negar la mayor tiene un coste cero para el Gobierno, adelante con los faroles.

Ni estimula ni frena el terrorismo

GEES en Libertad Digital

Ahora que tanto se especula sobre si Al Qaeda continuará su supuesto descenso hacia la irrelevancia o si, por el contrario, la eliminación de su líder provocará una oleada de atentados para vengarle, es importante recordar la rutina del combate yihadista salafista.

Osama Bin Laden ha alcanzado, para sus seguidores, el martirio, y esto no es en absoluto una mala noticia. Lo más natural para un "muyahid" o combatiente sagrado, es morir en combate, enfrentándose a sus múltiples enemigos, apóstatas y/o infieles. Lo peor para ellos es caer en cautividad y no poder continuar su Yihad guerrero: si en prisión siguen trabajando por la causa, haciendo proselitismo y engrandeciendo el bando de los "muyahidin", el cautiverio es una bendición, como lo es morir combatiendo contra los infieles estadounidenses. Es por ello que los yihadistas no van a arrugarse, sino que van a continuar su rutina asesina.

¿Debemos esperar atentados inminentes? Lo cierto es que estos se cometen cuándo y dónde se puede, poco importa que sea en suelo afgano o estadounidense. Lo más frecuente en tiempos recientes es que sea, sobre todo, en lugares "calientes" como Afganistán, Pakistán, Somalia, Irak o Daguestán en la Federación Rusa, pero podría ser en cualquier otro lugar y en cualquier otro momento. Precisamente la matanza de Marrakech, los dieciséis asesinados a buen seguro por Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI), son un recordatorio aún muy reciente de la vigencia del terrorismo en cualquier lugar y contra cualquiera.

Cabe preguntarse si ahora que Bin Laden ha desaparecido ha dejado algún mensaje preparado en previsión de la llegada de este momento. Entre los "muyahidin" que en estos últimos lustros han asesinado por doquier y han acabado muriendo en combate, en ocasiones dejaban algún testimonio para ser conocido tras su "martirio", y no sería descabellado que en el caso de alguien tan relevante lo haya dejado. Ahora que tanto se especula sobre quién va a sucederle al frente de la "empresa", como si de eso se tratara Al Qaida, lo que sí parece seguro es que las líneas directrices del yihadismo salafista que el ahora fallecido recibió de su mentor Abdallah Azzam permanecerán inamovibles: seguir combatiendo a los apóstatas (malos musulmanes) hasta la muerte, fijando los esfuerzos por derribar y eliminar a todo "taghout" (tirano musulmán), diezmando a los infieles que les sostienen y trabajando con ahínco por construir el Califato Universal a escala planetaria.

Esos son los pilares ideológicos del yihadismo salafista, y por delirantes que nos parezcan hay quien cree firmemente en ellos. Es por ello que quienes se hacen ilusiones buscando con quién negociar entre los Talibán y los miembros de Al Qaeda, quien libera alegremente presos radicales –el Rey de Marruecos hace dos semanas– o incluso el líder del Movimiento de Resistencia Islámica " palestino (Hamas), Ismail Haniyeh, que ha ensalzado a Bin Laden como "combatiente del Islam", lamentarán más pronto que tarde su error.

El asesino está muerto

Pilar Rahola en La Vanguardia

Una de las cosas más delirantes que pasarán los próximos días serán las coloristas teorías de la conspiración que inundarán la red.

Veremos cómo Bin Laden no estará muerto y los estadounidenses serán los autorresponsables de los atentados que los matan. Y es que es posible que internet sea el invento del siglo, pero la cantidad de cretinos, extremistas e ignorantes que acumula es también una de sus grandes características. Y, cuando se trata de despreciar a los yanquis y minimizar a los fanáticos radicales, el ejército de paranoicos es inmenso. Más allá del judeomasonismo ideológico, la muerte de Bin Laden es un hecho simbólicamente muy relevante. Y uso este adverbio de manera expresa. Porque el gran valor de su muerte, en esta guerra no declarada pero muy cruenta, tiene que ver con la simbología. En realidad, y desde la estricta perspectiva de la seguridad, hacía mucho que Bin Laden era poco importante, más próximo al mito guerrero que al liderazgo operativo del terrorismo internacional. Primero, porque el fenómeno yihadista es una hidra de muchas cabezas, cada una de ellas con un gran nivel de autonomía. Es decir, cualquier cerebro destruido por esta ideología totalitaria y convencido de que tiene que matar en nombre de Alá se puede convertir en un asesino: recordemos el ejemplo de Theo van Gogh. Además, la mayor parte de los grupúsculos terroristas que actúan en el planeta no recibe ninguna orden de Al Qaeda, más allá de las ideas generales. Ciertamente, Bin Laden hacía tiempo que no era otra cosa que un espectro, cuyo liderazgo se había debilitado considerablemente. Su muerte, pues, tiene la fuerza de una importante victoria bélica, pero no cambia en nada el riesgo global del fenómeno. No olvidemos que cada día hay atentados, y que el número de muertos en nombre del islamismo radical se cuenta por millares. Por lo tanto, esta es una noticia muy importante para el estado anímico de cada parte del conflicto, pero desgraciadamente no lo es para la erradicación del yihadismo. Y ¿ahora qué?, se preguntan los micrófonos que recogen la desazón y el miedo ciudadanos. Sin duda, aumenta el riesgo específico, no en vano el yihadismo necesita alguna acción inmediata de impacto para recuperar posiciones, y sabemos que Occidente es el objetivo prioritario. Pero más allá del reforzamiento policial, sería importante que también reaccionara el mundo político y social, demasiado errático en la lucha contra este fenómeno. Hablo de radicalismo ideológico en nuestro país, de imanes que fomentan el odio a Occidente, de dictaduras que los financian, hablo, en definitiva, del buenismo yupiyaya con que nos enfrentamos al fenómeno.

Porque Bin Laden era, sin duda, un asesino de masas, pero en nuestra casa tenemos asesinos de ideas, cuya eficacia no mata personas, pero destruye cerebros. Y son tan enemigos de la libertad como el propio Bin Laden.

martes, 3 de mayo de 2011

No es Ben Laden

Óscar Elía en Libertad Digital

El problema no es ni era Ben Laden. Ni siquiera la red alqaedista, que permanece aún estable y dispuesta a golpear. El problema es que el islamismo ha avanzado desde 2001, y aunque no bajo la tutela directa de Ben Laden, sí en la misma versión nihilista y despiadada de émulos y discípulos. Y sí en la versión "moderada" de políticos, imanes o intelectuales, que desde Casablanca a Yakarta siguen impulsando impunemente la ideología de la yihad. Y ese es el problema; Occidente, lejos de aprender que los islamismos acaban en terrorismo, juega con una doble ficción: que los primeros pueden sustituir, apaciguando, al segundo, y que basta con eliminar o detener a éste o aquel dirigente para solucionar el problema. De ahí que se esté celebrando la muerte de Ben Laden como si todo hubiese acabado, como si con él terminase una realidad que siempre nos ha aterrado y que nunca hemos querido mirar de frente. Pero el carácter global del islamismo nos recuerda que a Ben Laden le sustituirá Al-Zawahiri, que en Afganistán Occidente negocia la entrada talibán en el Gobierno, que los Hermanos Musulmanes cogen fuerza en Egipto, y que para Al Qaeda se abre una oportunidad de oro con las crisis libia y tunecina en el Magreb y el Sahel. Hoy, como en 2001, Ben Laden no es el problema. No el más importante, al menos. ¿Queremos verlo?

Ben Laden: ¿De qué se felicita el Gobierno?

Editorial de Libertad Digital

Si ya resulta extraño que el Gobierno y el PSOE se feliciten por una operación militar de los Estados Unidos, vincular el 11-M a la actividad terrorista de Ben Laden es consecuencia del masivo intento de manipulación con el que se pretende cerrar una causa que aún recorre los tribunales españoles, entre otras muchas razones por la manipulación y desaparición de pruebas consideradas clave. Ahora, imputar el 11-M a Ben Laden aprovechando su muerte tras la acción del Ejército de los EEUU es la consigna y el verdadero objetivo de las comparecencias socialistas, cuyo entusiasmo sobrepasa de largo a sus esfuerzos, incluidos los teóricos, para acabar con la amenaza terrorista que suponía el líder de Al Qaeda.

lunes, 2 de mayo de 2011

Viñeta de Caín en La Razón

2 de Mayo

César Vidal en La Razón

El 2 de mayo ha sido presentado de maneras muy diversas con el correr del tiempo. Cuando yo era niño, era presentado como el inicio de la resistencia patria contra Napoleón y su relevancia era de alcance nacional.

Desde hace décadas, esa perspectiva ha sido ferozmente negada gracias al nefasto sistema autonómico y se ha visto reducido a fiesta de la Comunidad de Madrid. Semejante sectarismo aldeano explica que «Sangre de mayo», de Garci, apenas pudiera verse fuera de Madrid por eso de que el 2 de mayo era sólo de interés local. Visión sesgada por visión sesgada, era mejor la antigua. Mejor, pero muy incompleta. El 2 de mayo amaneció con un sistema político español agonizante. El rey Carlos IV y su hijo Fernando habían acudido a Napoleón para que resolviera quién iba a ser rey de España. Por supuesto, el Corso había decidido que ninguno de los dos y que la corona fuera a parar a su nada entusiasmado hermano José. Mientras tanto las autoridades del reino –con la excepción de algunos militares jóvenes– habían decidido contemporizar y entregarse al dominio francés. Quizá así hubiera resultado de no ser por que la mañana del 2 de mayo unos transeúntes descubrieron que se llevaban del Palacio Real al último miembro de la Familia Real e inmediatamente comenzaron a lanzar gritos contra los franceses. No estaba el francés Murat –que había llegado unas horas antes a Madrid e incluso había asistido a misa – para tolerar algaradas y ordenó reprimirlas con todo el rigor posible. Lo que se produjo entonces fue un estallido de cólera popular absolutamente inesperado. Desde Manuela Malasaña a los héroes del parque de Monteleón –cuyo nombre dejó de estudiarse gracias a la LOGSE– pasando por los madrileños que sufrieron las cargas de los mamelucos en la Puerta del Sol, las clases populares –y nadie más– se echaron a la calle para combatir a los gabachos. Fue una verdadera carnicería porque las navajas y las agujas de coser no se pueden enfrentar con los cañones y los sables. Pero lo que sucedió después resultó, desde muchos puntos de vista, peor. Las autoridades españolas nombraron presidente de la máxima institución del Reino a Murat; los obispos y la Inquisición condenaron la sublevación y amenazaron con la excomunión a los que empuñaran las armas contra los invasores; se llegó a decir que los oficiales del parque de Monteleón no habían querido sublevarse y se aceptaron los fusilamientos masivos perpetrados por los franceses. Era la gran impostura de un sistema muerto, pero que se empeñaba en seguir viviendo como fuera. Si al final se produjo un cambio fue porque el pueblo llano, comenzando por Andrés Torrejón, el alcalde de Móstoles, decidió resistir como fuera; porque los franceses estaban más dispuestos a profanar iglesias que a respetarlas; y porque Inglaterra captó la importancia de ayudar a los únicos europeos que se enfrentaban con Napoleón. La prolongación de la lucha y la barbarie francesa obligaron a todas las instituciones a cambiar de opinión más por la fuerza de los hechos que por la convicción moral. Seguirían seis años de derramamiento de sangre para que las instituciones que peor estuvieron aquel 2 de mayo se alzaran con el santo y la limosna y el pueblo, una vez más, resultara burlado. Obligatorio es recordarlo todo a día de hoy.

Catarro ideológico

José Luis Alvite en La Razón

Se habla más del cambio climático desde que los asuntos meteorológicos dejaron de ser una ocupación profesional para convertirse en un credo ideológico, en gramática de pancarta. Ya digo que carezco de rigor científico para asegurar que el clima ha cambiado. Mi impresión personal es que ahora llueve menos que antes, aunque luego resulta que mi empírico anciano de cabecera dice lo contrario. La verdad es que hace ya unos cuantos años se vaticinaba una desertización que al final no se ha producido. En algunas zonas del país incluso hay pastizales donde antes sólo echaba raíz el polvo. A mí lo que no deja de sorprenderme es que contra el calentamiento global siempre salgan a manifestarse a la calle unos señores muy abrigados que no van a la playa en agosto por temor a acatarrarse.

TVE, todos a la calle

José Carlos Rodríguez en Libertad Digital

El otro día, mientras veía un panegírico a un conspicuo ex dictador, me acordé de la polémica entre María Dolores de Cospedal y Ana Pastor, y eso que aún no se había producido. Cospedal, en respuesta a un periodista, dijo con total naturalidad que los servicios informativos manipulan a favor del Gobierno y en contra del Partido Popular. Lo dijo con una desenvoltura notable. La misma que tiene Ana Pastor y con ella la mayoría de los presentadores de Televisión Española para ajustar el mensaje que dan a los intereses políticos del Gobierno. Una naturalidad, una gracia descarada y fría que contrasta con el ardor de un corazón entregado a una causa, una, la de que el Gobierno no caiga en otras manos que no sean las socialistas. La de que las masas españolas se traguen la ideología progresista, tan pobre que se puede resumir en un folleto de 30 páginas.

Recordaba ya la polémica entre la político popular y la Pastor porque es la de siempre. No ha habido un solo día en que Televisión Española o la siempre Radio Nacional de España hayan faltado al propósito por el que fueron creadas: favorecer al Gobierno y ser un vehículo de su ideología. Ni siquiera es necesario darle indicaciones a los periodistas de lo que se debe contar y lo que no, aunque no dudo de que esa debe ser una práctica habitual. Basta seleccionar a las personas adecuadas. Sin ir más lejos, a Ana Pastor, que con su conexión telepática con su marido no necesita otra conexión áulica. Su función nunca cambia, y la harán con mayor o menor eficacia. Antes se justificaba la manipulación porque la televisión pública realizaba una labor social que no harían las televisiones privadas. Como si no fuera a desaparecer TVE, con todos sus documentales sobre el Serengueti, si una ley prohibiese la emisión de espacios informativos en aquel canal. Hoy la manipulación se justifica por sí misma, por el tradicional método de negar lo evidente. Es cierto, no obstante, que no es tan burda como otros años, y que la sal gruesa se ha trasladado de los programas estrictamente informativos a las series y los programas.

No está de más recordar que TVE está al servicio del Gobierno pero que se paga con los impuestos de quienes votan a los socialistas y de quienes no les votan. Que la pagan quienes han hecho suya la ideología de TVE y los que no. Es un organismo extremadamente caro y cumple la función, antisocial, de servir al Gobierno. "¿Qué modelo de televisión pública tienen ustedes?", le preguntaba cínicamente Ana Pastor a Cospedal. Yo puedo responder sin ningún rodeo: el de una televisión cerrada o privatizada.

Por descontado, el servil elogio al ex dictador lo vi en Televisión Española.

Demócratas de toda la vida

Emilio Campmany en Libertad Digital

Este viernes, el diario Público ha denunciado que "Cospedal aloja en sus listas en Seseña a un ex candidato ultraderechista". Se trata de Juan Manuel Medina, concejal del ayuntamiento de Seseña, número dos de la lista del PP. Medina fue candidato de la Alianza por la Unidad Nacional de Ricardo Sáenz de Ynestrillas, de Falange y de España 2000.

Según el socialista toledano, Jesús Fernández Vaquero, esto "es impresionante. No es de recibo que el PP aloje a un candidato que ha militado durante años en la extrema derecha antidemocrática, enemiga no del PSOE, sino del Estado". Tiene guasa que esto lo diga un tío del PSOE, que ha sido y es aliado de algunos partidos que sí son inequívocamente enemigos del Estado puesto que su deseo no es cambiarlo, sino descuartizarlo. Enemigos del Estado confesos son Esquerra Republicana y el Bloque Nacionalista Galego e incluso el PNV y CiU. Los partidos en los que estuvo Medina son como mucho enemigos del Estado democrático. En cambio, ERC, BNG, PNV y CiU son enemigos del Estado a secas, democrático o no, puesto que persiguen su desmembración. Y, no obstante ser estos partidos confesos enemigos del Estado, no merecen por parte del PSOE, en general, y del de Toledo, en particular, la más leve descalificación. ¿Por qué? Pues porque a los socialistas no les preocupan los enemigos del Estado, sino los enemigos del PSOE.

Y encima la acusación viene del partido de Largo Caballero, Álvarez del Vayo y Negrín, aceptados como ilustres socialistas del pasado del PSOE. Todos ellos fueron enemigos del Estado, o por lo menos, enemigos del Estado democrático, poco más o menos lo mismo de lo que podría ser acusado el señor Medina en el pasado. Y no hay que irse tan lejos. El PSOE tiene, no en la candidatura al ayuntamiento de Seseña o de Vitigudino, sino en su Gobierno, a dos ilustres ex comunistas, Rosa Aguilar, ministra de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, y Diego López Garrido, secretario de Estado para la Unión Europea. A ver si nos van a contar ahora que el pasado comunista de estos dos figuras es de recibo y en cambio el pasado falangista del señor Medina, no.

El candidato popular, por su parte, bailando al son que los socialistas le marcan, en vez de denunciar a los que, con un pasado antidemocrático, disfrutan de cargos con el PSOE, se justifica alegando que tenía 20 años, como si tener esa edad tuviera que implicar necesariamente el ser estúpido. ¿Por qué tenemos que aceptar a ex comunistas como personas de intachable pasado democrático y en cambio no podemos aguantar a un falangista ganado para la democracia? Pues porque es el PSOE quien expide en España los carnets de demócrata. Y, naturalmente, lo hace bajo el principio de al amigo, todo; al enemigo, ni agua, y al indiferente, la legislación vigente. Hay que fastidiarse.