miércoles, 6 de abril de 2011

Salvemos nuestra alma

Pablo Molina en Libertad Digital

Las declaraciones de Mariano Rajoy suelen pertenecer al reino de la ambigüedad salvo cuando acude a los micrófonos de la cadena SER, emisora que no escucha absolutamente ninguno de sus votantes y lugar en el que se sincera todo lo que un político puede hacerlo sin que en la profesión le acusen de deslealtad corporativa. Así ha ocurrido en la reciente visita del líder del PP a la radio todavía propiedad del grupo Prisa, al menos en lo referido a un tema que para muchos tiene una importancia toral: el aborto.

Dice Rajoy que si gana las elecciones de 2012 dejará la legislación del aborto tal y como la aprobó el primer Gobierno de Felipe González Márquez a mediados de los ochenta, afirmación que habrá provocado el mismo entusiasmo entre sus principales colaboradores, abortistas todos, que decepción en los votantes que todavía creían que el PP defiende el derecho a la vida.

Como es bien sabido, la primitiva ley fue un coladero que convirtió a España en el abortorio de Europa, discutible galardón que por lo visto Rajoy quiere recuperar para nuestro país. En última instancia, lo único que hace la reforma aprobada por Zapatero es otorgar carta de naturaleza legal a una situación de hecho, el aborto libre y a cuenta del Estado, que ya preexistía desde los inicios de la ley que Rajoy ha situado como el epítome de su proyecto centro-reformista para la sociedad. Por tanto, por más que insistan Mariano y sus voceros, el volver a la ley del felipismo o mantener la del aidismo es lo mismo en términos criminales. La disyuntiva ante la que deben pronunciarse los políticos por tanto no es entre una ley permisiva y otra más laxa aún, sino entre el derecho a vivir y el asesinato legal de seres humanos.

Naturalmente ningún católico puede votar al partido del señor Rajoy salvo que quiera poner su alma en riesgo de perdición, porque las enseñanzas a este respecto de los Concilios, los Santos Padres, los Doctores de la Iglesia, sus instituciones y el vigente código de derecho canónico son muy claras, condenando a la pena de ex comunión sin necesidad de instrucción de proceso eclesiástico (latae sententiae) a todos los cómplices sin cuya ayuda no habría podido ser cometido el crimen del aborto.

¿Se convierten en cómplices los que votan a un partido cuyo principal dirigente muestra públicamente su acuerdo con el aborto? Hombre, hay opiniones para todos los gustos (miren sin ir más lejos al abortista del hisopo a las faldas de Martínez Sistach), pero cuando se trata de la condenación eterna cualquier precaución es poca. Y como la alternativa es votar a minipartidos de la órbita de la derecha radical, tan socialistas o más que el PSOE, con lo que salvamos el alma pero perdemos el intelecto, lo más probable es que en las próximas citas electorales haya mucha más gente pescando en la costa o triscando por el monte de lo que viene siendo habitual.

Total, la ilusión es que íbamos a echar a ZP y el tío ya ha dicho que se va solito...

Esnobismo en el Financial Times

José Antonio Martínez-Abarca en Libertad Digital

Uno echa mucho de menos aquel tiempo en que los corresponsales de prensa, para hablar de un país, no salían de la habitación de la pensión porque no hablaban el idioma local o, mejor, ni siquiera aparecían por el país, porque lo que importaba eran los hechos pero sólo cuando estaban aplicados a la buena literatura, y no al revés. Es fama que algún corresponsal español hizo las mejores crónicas sobre el ascenso al poder de Hitler en Alemania mirando un rato por la ventana de su alojamiento berlinés y teniendo los periódicos alemanes de la tarde delante, sin saber leer ni papa del idioma de Goethe. La inspiración sobre lo que estaba ocurriendo venía por el contacto de los codos con aquellos diarios alemanes, por absorción.

Y es que para hablar de algo tan anómalo como el triunfo de la encantadora visión de la vida nazi (el propio Hitler llegó a decirle, en desopilante entrevista, al diplomático y escritor Eugeni Xammar que los españoles eran muy bienvenidos en la nueva Alemania, aunque le pronosticaba a Xammar alguna paliza accidental por la calle, porque tenía nariz judaica), nada mejor que inventarse las crónicas del modo más anómalo posible. Total, nunca serían lo bastante disparatadas como para igualar lo que de verdad ocurría en la calle. Digo que echo mucho de menos aquellos tiempos más serios de los corresponsales y enviados especiales de prensa porque tengo noticia de cierto editorial del Financial Times riñéndonos ahora a los españoles por tener mala opinión de Zapater o y por no haber impedido que se vaya. Cuando para ser corresponsal o para opinar algo sobre el extranjero no hacía falta enterarse de nada sobre lo que pasaba, las cosas se ajustaban mucho más a la realidad de un país. Pero que mucho más.

Tan psicotrópico editorial del Financial Times coincide con el delegado del Gobierno en mi pueblo, quien dice lloroso ante la huida de Zapatero que "la Historia hará justicia con Zapatero" (o sea, la Historia lo absolverá, que dijo de sí mismo cierto estadista llamado Fidel Castro Ruz). Pero al Delegado del Gobierno de mi pueblo le pagan por decir esas cosas, no así al "Financial Times". ¿O al Financial Times también? Lo emitido por la publicación de referencia recuerda irresistiblemente al clásico esnobismo anglosajón de elogiar para países que consideran inferiores en dignidad y derechos lo que jamás querrían para su propia nación. No está tan lejos el editorial del Financial Times respecto a lo que dice de Zapatero que los saltimbanquis Oliver Stone o Sean Penn en relación a la banana sudamericana. Claro que tampoco está tan lejos, ay, lo que supura en su editorial el Financial Times de lo que la semana pasada opinaba Emilio Botín, quien, siguiendo con el esnobismo exquisito, jamás querría para su banco lo que pide para España. ¿Pondrá toda su fortuna en las manos de Zapatero, nombrándolo administrador único, ahora que éste va a quedar desoficiado?

"Los españoles no parecen inclinados a reelegir al Partido Socialista. Pero con el tiempo pueden llegar a valorar los servicios que Zapatero rindió a su país en su hora de necesidad", según el mencionado editorial del periódico financiero. Se le escapa al Financial Times que la hora de necesidad española la causó en mucha parte el propio Zapatero, quizás para rendirnos ahora el inestimable servicio de irse. Causa pavor el editorial también por lo que no dice, pero desde luego sugiere: que sólo el más sectario Gobierno socialista imaginable y el peor Gobierno de la historia de la democracia parlamentaria europea puede llevar a cabo en España alguna reforma económica que rebaje nuestro anquilosamiento, porque al partido de Rajoy. Si gobierna tras las generales, lo dan como carne picada desde el primer momento en manos de los sindicatos y de la Academia de Cine. Así, los españoles según el Financial Times acabaremos por estar agradecidos a Zapatero... por aquella desinencia de la Ley de Murphy, "cuando parece que nada puede ir peor, inevitablemente empeora". Gran futuro el que nos augura tan prestigiosa publicación financiera.

Ante la magnitud del dictamen del Financial Times sobre lo que añoraremos a Zapatero cuando comprobemos lo que viene detrás, el primero que debería salir corriendo de España es su corresponsal, si lo tiene. Y mientras pueda.

Excusatio non petita, accusatio manifesta

Guillermo Dupuy en Libertad Digital

Lo más paradójico del bochornoso voto particular de José Ricardo de Prada contra el auto de la Audiencia Nacional que, afortunadamente, desestima la no menos vergonzosa pretensión de la Fiscalía de que el chivatazo a ETA no constituya un delito de colaboración con organización terrorista, es la forma que este magistrado tiene de excusar los hechos enjuiciados con el objetivo de que no sean "criminalizados". Al tratar de justificar la delación policial a ETA por la "negociación política" o "proceso de paz" en el que estaban inmersos el Gobierno y ETA (tal y como también hizo el policía que la perpetró por teléfono), el magistrado discrepante transluce el hecho decisivo de que ese delito se tuvo que producir por orden del Ejecutivo. Si no, no se entiende su referencia a las negociaciones del Gobierno con ETA, ni que diga que los policías involucrados en este capítulo "no actuaban autónomamente sino en cumplimiento de sus obligaciones profesionales, dentro de las márgenes de actuación y en situación y contextos como el expresado".

Ya es escalofriante constatar que un magistrado en ejercicio y –se supone– en plenas facultades mentales pueda considerar que un policía pueda estar "cumpliendo sus obligaciones profesionales" cuando lo que trata, en realidad, es de evitar la detención policial de unos terroristas, alertándoles de su inminente detención. Pero más terrible aun es que, por el hecho cierto de que "la finalidad última de los delitos terroristas es política", este indigno magistrado afirme que "es en este plano, en el de posibles negociaciones políticas, donde se encuentran legitimados los Gobiernos de los Estados a disponer de un determinado margen de actuación, en que, sin infringir normas jurídicas que impliquen una quiebra del Estado de Derecho, les permita llevar adelante acciones tendentes a obtener resultados que quedan indiscutiblemente bajo lo que son las obligaciones de todos los Gobiernos".

Pero, ¿qué mayor quiebra del Estado de Derecho que admitir una "negociación política" entre un Estado y una banda terrorista? Pero, ¿cómo no va a ser una flagrante violación del imperio de la ley revelar a los terroristas que van a ser detenidos por orden judicial para que puedan huir? Naturalmente que es obligación de todo Gobierno lograr que los terroristas dejen de matar; pero tratar de lograrlo cediendo o simplemente mostrándose condescediente con lo que exigen a cambio es aceptar la contraproducente lógica del chantaje o la del síndrome de Estocolmo, pero no desde luego la del Estado de Derecho. Ni el Gal puede buscar justificación en "la obligación de todo Gobierno" de acabar con el terrorismo, ni menos aun los delitos que, durante la paz sucia de ZP, objetivamente han beneficiado a la banda terrorista.

Por otra parte, ni el Derecho ni los Tribunales de Justicia juzgan finalidades últimas, como las que pudiera perseguir la "guerra sucia" de González o la no menos infame "paz sucia" protagonizada por Zapatero. Ni siquiera juzga las finalidades últimas de los terroristas. Lo que se juzga son los medios. Y si, por "seguir adelante" en esas negociaciones, que ya socavaban en sí mismas el Estado de Derecho, el Gobierno ordenó secretamente evitar la detención dictada por el juez Marlaska, el Ejecutivo de Zapatero perpetró un delito de colaboración con banda armada.

Desde la Fiscalía General del Estado, y a raíz de ese infame "proceso de paz", se animó a jueces y fiscales a ensuciar sus togas con el polvo del camino. Una de las más sucias, desde luego, es la que, para vergüenza y escarnio de nuestro Estado de Derecho, todavía viste José Ignacio de Prada.

Goldstone en Pallywood

Gabriel Albiac en ABC

La historia me la contó un periodista ya curtido en años de cubrir guerras. «Llamé a mi periódico y pedí hablar con el director. Oye, aquí no hay ningún genocidio, le dije, ni siquiera una matanza; esto es una escaramuza entre guerrilleros y fuerzas regulares. Él me respondió que el periódico había apostado por el genocidio y que a mí me pagaban por contarlo. Así que lo conté». Sólo cuando Human Rights Watch publicó, meses después, su informe sobre Yenín, estuve seguro de que aquel viejo escéptico no me tomaba el pelo. El medio millar de víctimas civiles exhibidas por las fuentes palestinas, quedaban en 75: 52 combatientes fedayines y 23 soldados israelíes. Apenas ocupó ese informe algún que otro cuadradito en páginas interiores. El genocidio vende. Sobre todo, si se atribuye a Israel. La seca verdad atrae a pocos compradores.

La historia se repite. No es tan nuevo. La certeza de ver en lo judío al diablo acompaña al inconsciente occidental desde hace demasiado tiempo. El 16 de octubre de 2010, la Comisión de Derechos humanos de la ONU ratificaba el informe de la comisión, presidida por el juez sudafricano Richard Goldstone, en el cual se atribuía veracidad a las denuncias por crímenes de guerra, lanzadas —vivimos en un mundo muy paradójico— por Fatah y Hamas contra Israel tras la operación abierta por el Tsahal en Gaza a fines de 2008. Era la prueba del nueve de la perversidad judía, y como tal fue exhibida por los titulares de casi toda la prensa europea. La gran ventaja de vivir en tiempos de Internet es que no hace siquiera falta acercarse a la hemeroteca para comprobarlo. Basta con irse a Google y hacer búsquedas en tres o cuatro idiomas. Crímenes de guerra. En primera página. Y punto.

El viernes pasado, el Washington Post publicaba un sobrio artículo de título calculadamente frío: Reconsidering the Goldstone Report on Israel and war crimes. Lo firmaba Richard Goldstone (http://www.washingtonpost.com/opinions/reconsidering-the-goldstone-report-on-israel-and-war-crimes/2011/04/01/AFg111JC_story.html?hpid=z3). Se requiere un gran coraje moral para escribir allí que las claves mayores sobre las cuales él había alzado su propio informe eran falsas. Y pedir perdón por el mal causado: «Si hubiera sabido entonces todo lo que ahora sé, el informe Goldstone hubiera sido diferente». Ni hubo «crímenes de guerra», ni «civiles tomados como blanco» por las fuerzas israelíes; tomados como escudo por Hamás, en todo caso. Los lectores de prensa escrita podrán hallar la noticia, rebuscando atentamente en el interior de sus periódicos. Para quienes se alimentan de lo que las pantallas televisivas dictan, esta retractación no habrá ni sucedido.

El antisemitismo no es una locura. No sólo. Es una estrategia eficacísima. Por eso ha funcionado igual de bien en tiempos y mundos tan diversos. Si alguien acapara sobre sí todo el infinito mal para el cual está tan capacitada la especie humana, si ese alguien puede ser aislado, puesto aparte como la nefanda semilla de Satán, marcada por el deicidio, entonces todos podemos quedar tranquilos con nuestra conciencia. Apostamos por contar el «genocidio de Israel contra los palestinos». Y a lo benéfico unimos lo beneficioso.

Libia no existe

Antonio Burgos en ABC

Si algo se muere en el alma cuando un amigo se va, ¿qué pasa cuando el que anuncia que se va es Zapatero? Pues que los enanos del circo del PSOE se convierten automáticamente en estrellas de la NBA, y que empieza el baile en su granero andaluz de votos, donde los EREderos de Chaves cantan el MisEREre en una Semana Santa anticipada, porque los quitan de enmedio. A los que no pueden quitar, claro, es a los hijos de Chaves, aunque muchos los borrarían del mapa. Yo lo miro por otro lado. En esta España de tantos miles de jóvenes licenciados sin encontrar su primer trabajo, qué envidia, qué listos le han salido los niños a este hombre. Qué colocaciones más buenas han conseguido: la una, especialista en subvenciones de papá para su empresita; el otro, virtuoso comisionista inmobiliario. Sí, el otro, el que se casó con todo fasto y boato religioso en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla, donde no creo yo que se celebren precisamente bodas civiles propias del Estado laico que defiende el partido del que papá es presidente, ese PSOE que quita de las escuelas los crucifijos y la enseñanza de la Religión. El partido que ha mandado a su presidente, a papá, a por tabaco, quitándolo de Andalucía antes que saltaran los previstos escándalos y la jueza Alaya pidiera papeles, y colocándolo de Vicenada Tercero del autotitulado Gobierno de España.

Tapan a Chaves y borran todas las huellas de su paso por la Junta de Andalucía y yo sé por qué. Pero no sé por qué han borrado también de un plumazo nuestra presencia en Libia, la guerra en la que nos metió ZP sin que nos fuera nada en ello, como si tuviéramos una situación económica como para andar tirando el dinero en barcos y aviones. ¿Seguimos en guerra con Gadafi o hemos retirado ya los barcos y los aviones? ¿A qué viene este apagón informativo? ¿Es que no quieren hablar de la guerra de Libia para que Carmen Chacón (o Carme Chacó, o como demonios escriba su nombre castellanísimo esta charnega de Esplugas) no salga más de la cuenta en la carrera sucesoria de las primarias?

Como siempre, no hay nada más revolucionario que tener memoria. La memoria y la vergüenza son dos bienes escasos, más que el petróleo y que el agua. Recordarán que cuando con su ardor guerrero ZP nos metió en la guerra de Libia apoyando a unos rebeldes que ni siquiera sabemos quiénes son ni qué es lo que quieren establecer allí, cada dos por tres nos informaban de las misiones de nuestros aviones F-18. Iban a tomar café los pilotos de los F-18, y el Ministerio de Defensa daba un comunicado. Zarpaba la fragata «Méndez Núñez» de Rota, y allá que estaba Carmen Chacón (o Carme Chacó, o como demonios escriba su nombre castellanísimo esta charnega) retratándose con los marineros. ¿Dónde está la fragata? ¿Llegó a su destino o está de vacaciones en el mar? ¿En qué lugar se enamoró de ti y a qué dedica el tiempo libre la «Méndez Núñez», que dicen que nos cuesta allí al día 300.000 euros (que son 50 millones de pesetas)? En esta España de la velocidad máxima a 110, ¿cuántos miles de litros de combustible ha despachado ya el Boeing 707 de abastecimiento en vuelo? Y de ese submarino con nombre de chalé de Sotogrande, el «Tramontana», ¿qué se hizo?

Y sobre todo, los servidores de la Patria. Si no es mucho preguntar, ¿se puede saber en qué, dónde, cómo y para qué se están jugando la vida los cerca de 500 militares españoles que la absurda decisión de ZP metió en los peligros de esta guerra de la que por lo visto ya no es rentable hablar?

Muertos autorizados

Alfonso Ussía en La Razón

La ONU, escrito sea con la mayor de las cordialidades, es una inútil reunión de golfos y vividores. Ahí sólo mandan las naciones con derecho al veto. El resto de los representantes conforman una mancha de funcionarios, diplomáticos, economistas y asesores que se lo pasan muy bien –y me alegro–, en Nueva York y Ginebra. Últimamente, la ONU se dedica a autorizar muertos. Con Libia ha reaccionado con cuarenta años de retraso y ha permitido a algunas naciones occidentales bombardear a sus ciudadanos en apoyo de unos rebeldes que todavía no han dejado su tarjeta de visita. El rebelde libio no está definido. Le sucede lo mismo, salvando las distancias, que a la rana esmeralda de las islas Malucas, que unos dicen que son ranas y otros aseguran que son sapos. Llevan cincuenta años discutiendo los científicos al respecto. Se decidirá si son ranas o sapos cuando la ONU se pronuncie. Para mí, que nos hemos equivocado Obama, Sarkozy, Zapatero y yo. Razón le sobraba a Ángela Merkel cuando no se sumó a la batallita de la ONU. En España, los de la Ceja no han dicho ni mú, y ya han muerto centenares de civiles por nuestros bombardeos. Pero son muertos autorizados por la ONU, a cuyo Secretario General le darán un «Goya» especial el año que viene. Ahora están vendiendo los rebeldes armas a Ben Laden, y Obama se ha preocupado mucho. La ONU autoriza a matar libios. Para tan caritativa organización, los niños libios, israelitas o serbios tienen menos derechos que los iraquíes, los palestinos y los albaneses. Al menos, así lo considera la izquierda en España, siempre pendiente de la ONU.

De haber sido Aznar el que enviara las tropas españolas a combatir en Libia, estarían las calles copadas de pancartas y pegatinas. Aznar, conveniente es recordarlo, estableció unos destacamentos de nuestras Fuerzas Armadas en Iraq en misión de paz, que no de guerra. Y le llamaron asesino, criminal y genocida. Para colmo, la ONU aprobó las acciones de guerra contra Sadam Husein posteriormente, pero nadie en España quiso darse por enterado. Me solazo figurándome las charlas de los llamados miembros de la «Cultura». Así que amanece el Wyoming y llama a Guillermo Toledo. –¿Ha dicho algo nuevo la ONU?–; – pues, sinceramente, no lo sé–. Las que tienen que estar enteradísimas por su contacto directo con la ONU son Almudena Grandes y Concha Velasco. Y si te fallan, siempre tendrás a Miguel Bosé. Porque con los Bardem no cuentes. Ya sabes, el niño, el parto, el hospital, California…

Todos sabemos que Gadafi es un asesino. Un asesino muy bien recibido por sus actuales atacantes, dicho sea de paso. Pero nadie está capacitado para explicarnos quiénes son los rebeldes, qué amigos tienen y cuáles son sus proyectos. Lo narra el coronel Hardington en su libro «Entre Masais y Bantúes». Elijo el párrafo fundamental. «Los masai o ngumi contaron con nuestro apoyo. No dejamos a un bantú vivo en toda la región de Mugamba. Los masai nos ofrecieron una fiesta para agradecernos la victoria. Mataron una decena de gacelas impala para festejarnos. Cuando terminó la fiesta, que fue muy cordial y simpática, los masai pasaron a cuchillo a los oficiales y soldados de mi regimiento. Escapé de milagro. Hoy, diez años después, debo reconocer que sigo confuso y un tanto aturdido. Y eso nos pasó porque no hablamos previamente con los masai. Gente muy rara».

Es lo que recomiendo a Obama, Sarkozy o Zapatero, porque yo me he dado de baja. Que hablen con un rebelde. Y a ver qué tal.

Viñeta de Caín en La Razón

martes, 5 de abril de 2011

¿Quién gobierna España?

Editorial de Libertad Digital

La sensación de alivio por el anuncio de Zapatero de no volverse a presentar en 2012 ha sido efímera. En menos de 48 horas, los elogios fúnebres y los sentidos epitafios por el zapaterismo, tal vez apresurados, han dejado paso a la cruda realidad. Los datos oficiales del paro son incontestables. Cuando el presidente llegó al poder, hace siete años, el número de parados en España era de dos millones doscientas mil personas. Siete años después, Zapatero ha doblado esa cifra y la sangría de empleos no tiene visos de parar por el momento. Y si se atiende a las cifras reales, el desempleo alcanza ya a cinco millones de trabajadores, cuyas esperanzas de futuro no pasan precisamente por el resultado de las primarias en el PSOE, ni por las elecciones municipales y autonómicas.

Para quienes forman cola frente a las oficinas del paro, los juegos florales en torno a Zapatero y las quinielas sucesorias son una auténtica ofensa, además de la evidencia más clara de que los sindicatos y el PSOE los han abandonado a su suerte, carne de cañón de su imprevisión, de las falsedades, de la ceguera con la que Zapatero afrontó la crisis, de la ineficacia de todos y cada uno de los ministros del área económica. Sólo apreciar los índices de empleo de algunos de los países de nuestro entorno, incluso de los que atraviesan serias dificultades financieras, basta para comprender el destrozo perpetrado en la economía española por el Gobierno, el efecto brutal de la demagogia como receta frente a los graves problemas del país.

Pero no sólo es la economía. Puede que ese sea el factor principal de la severa derrota que predicen las encuestas, pero, en estos siete años de talante, Zapatero no ha contribuido precisamente a la consolidación de la democracia y sus instituciones. Episodios como el del Estatuto de Cataluña ponen de manifiesto el tono y el tipo de Gobierno llevado a cabo, la subasta de la soberanía nacional a cambio de puntuales apoyos para mantener el poder. El cierre en falso del 11-M, con la inestimable colaboración de un PP convencido de que la verdad es improcedente para sus objetivos; el chivatazo de Estado y la negociación con ETA después del asesinato de los ciudadanos ecuatorianos Palate y Estacio en la T-4 –asunto del que Rajoy dice haberse enterado ahora; nunca es tarde– forman un cuadro moral inasumible en un sistema democrático. Zapatero dice que se va y una alfombra de flores se abre a su paso. Y entre tanto, ¿quién manda aquí y qué ha cambiado?

Rajoy o la abulia

José García Domínguez en Libertad Digital

"Frivolidades las justas", parece ser que ha replicado el jefe de la muy leal oposición al oír la expresión moción de censura en boca de un periodista. Por lo visto, el imperativo categórico de alojar cuanto antes a un adulto en La Moncloa se le antoja jocosa fruslería a Don Mariano, apenas fútil chanza jaranera. Quién sabe, acaso lo serio, responsable y hasta patriótico consista en propiciar que un testaferro interino, como los reyes y los locos exonerado ya de cualquier responsabilidad por sus actos, dirija el país bajo la batuta del tapado del PSOE, genuino valido en la sombra.

Augurio más que cierto, ése, del retorno a las andadas de la demagogia populista con cargo a la rebaba del erario, algo que quizá el Partido Popular se pueda permitir pero España no. Que la tal moción habría de constituir "un brindis al sol", dicen que igual dijo el de Pontevedra. Sea como fuere, convite o ronda pagada a escote, la censura es la única vía al alcance de Rajoy para librar al país de un paréntesis errático como el que el Adolescente ha querido forzar. La única. Lo otro, andar con la cantinela de las elecciones anticipadas por redacciones y telediarios, toreo de salón siempre tan caro a Génova, eso sí es un homenaje a la luna de Valencia.

"La perdería", aseguran ha sido la última palabra, que no argumento, del aspirante a ese propósito. Craso error, si error fuera, que lo dudo. Y es que, llegado el momento, catalanistas, nacionalistas vascos y otras hierbas centrífugas, no se resistirían a abundar en un gran clásico español de todos los tiempos, a saber, el aserto que ordena: "al moro muerto, gran lanzada". Así las cosas, subordinada a la inmediata disolución de las Cortes, la enmienda a la totalidad contra el zapaterismo habría de disponer de sobradas papeletas para salir adelante. Es lástima, pues, que el gallego ansíe que el poder les sea donado en bandeja de plata, sin otra molestia ni mayor trámite por su parte que la preceptiva visita a Palacio. En fin, obedezca su quietud a medroso tacticismo, al pánico escénico o a la pura abulia, de aquí a doce meses nadie podrá hurtarle su particular cuota de responsabilidad en el siniestro.

Indignarse en España

Edurne Uriarte en ABC

Stéphane Hessel, el autor de ¡Indignaos! tiene la legitimidad que le da su valiente lucha en la Resistencia francesa, el respeto que merecen sus décadas de compromiso con los derechos humanos, la admiración que produce su activismo a los 93 años. Esté o no uno de acuerdo con sus motivos para la indignación. Pero conoce poco España e ignora que aquí la Resistencia desde hace casi cuarenta años no es contra los criminales nazis sino contra los criminales etarras, ultranacionalistas y de extrema izquierda. Y que los derechos humanos no son conculcados por un Estado sino por un grupo terrorista.

De ahí que parezca tan feliz con esa secuela elaborada por la izquierda española, Reacciona, con la estela marcada por su libro y con su propia colaboración. Ignorante de lo sangrante que resulta en nuestro país tanta loa a su libro, tantas llamadas a la indignación por la misma izquierda que justifica los nauseabundos acuerdos de nuestro Gobierno con quienes en España persiguen, amenazan y asesinan. Y justamente en el momento en que la realidad de esos acuerdos se ratifica con documentos internos de ETA que no permiten un solo intento más de escapismo o de negación.

Muchos de quienes aquí celebran el libro de Hessel jamás estuvieron en la Resistencia contra ETA. Y no tanto por miedo sino porque no veían motivos para esa Resistencia. Quizá porque pensaban, piensan, como el propio Hessel sobre los terroristas de Hamás, que el terrorismo es inaceptable pero puede ser comprensible. Esa es la raíz de su bochornosa complacencia con las cesiones del Gobierno a ETA. No se trata de que no se crean la «bazofia de ETA». Es que les parece bien que este tipo de totalitarismos asesinos de extrema izquierda merezca la «comprensión» del Gobierno con los acuerdos correspondientes.

De ahí que no se limiten a un recatado silencio sino que vayan más allá y pretendan demonizar a los denunciantes de tal escándalo democrático. En una contraresistencia que los envilece. Con el argumento de que los denunciantes utilizan a ETA para ocupar portadas o que no quieren la derrota de ETA. Lo que en los tiempos de la Resistencia francesa de Hessel habría sido que querían hacer portadas o que no deseaban la derrota del nazismo o que no querían la paz.

Con el final feliz entonces de que triunfó la Resistencia y no el colaboracionismo. Con la incertidumbre ahora de si triunfarán las razones de la Resistencia o el acuerdo con los terroristas. Pues de eso se trata en esta etapa final del terrorismo etarra. De que tal disyuntiva aún no está resuelta. De ahí los motivos para indignarse, en España.

El sumo sectario

Hermann Tertsch en ABC

Esta magnífica reyerta a partir del hundimiento del proyecto del zapaterismo del régimen socialista de los mil años, no debería afectarnos al resto de los españoles. No nos afectaría si Zapatero pudiera elevarse hasta la decencia necesaria para decidir su marcha de verdad. Si fuera capaz de encontrar el coraje y la dignidad de asumir que nada puede hacer ya sino arrastrarse hasta el final por el mero capricho de llegar. Eso sí, sin dejar de dañar a España, comprando sus últimas mayorías a unos nacionalismos jubilosos en sus apetitos carroñeros. Su resentimiento hacia media España le impide una vez más decidirse por el bien común. El final de una legislatura que ha sido un tormento, promete convertirse en pesadilla. Los españoles todos, seremos rehenes, del sumo sectario. Aunque no todos inocentes. Los socialistas le han echado de allí donde más daño les hace. La sociedad española, pasmosamente indolente, parece dispuesta a dejarse hacer daño, gratuitamente, hasta el final.

Un zombi anda suelto

Tomás Cuesta en ABC

A Zapatero, dicen unos, le ha echado su partido. A Zapatero, según otros, le han temblado las piernas. ¡Quite usted allá, ignorante!, aseguran, muy serios, los finos analistas que saben de qué va esto. A Zapatero, alma de cántaro, le ha puesto firme la parienta. La clave del intríngulis, la cifra y la respuesta, se encuentra —«Cherchez la femme!»— en la esposa canéfora. O sea, que, por lo visto, y aunque cueste creerlo, el problema de España ya no se llama Zapatero. El señor presidente se ha extraído a sí mismo del fondo (de reptiles) de su proverbial chistera y ha vuelto a correr un estúpido velo sobre el agónico paisaje del presente. Al cabo, a la fuerza ahorcan y, mientras no claree, le sale más a cuenta encarnar al Gatopardo que dárselas de aprendiz de Maquiavelo: «Plus ça change, plus c'est la même chose». De tanto en tanto, hay que fingir que todo cambia para lograr que todo siga igual que siempre.

Lo cierto, en cualquier caso, es que ha llegado el martes y seguimos uncidos al mismo yugo que el viernes. Ni las cifras del paro, ni el alza continua de las hipotecas, ni la amenaza letal de un estancamiento con inflación que parece dibujarse ya como la siguiente plaga bíblica, ni la incertidumbre financiera, se han modificado un átomo. ¿Qué es lo que de verdad ha terminado? ¿Puede sensatamente llamarse a esto un fin de partida?

Cambian las ficciones: ese tejido de fantasías que sirve para ocultar la mugre sórdida de la realidad política. Y las palabras bajo las cuales se encubre la desagradable continuidad de los hechos. Rodríguez Zapatero sigue en La Moncloa. Tiene un año por delante. Gozando de la inmensa ventaja que da ser un zombi, de la impunidad que se concede a aquel al cual se declara ya muerto: a un muerto es al único al que no se puede matar. Y, como proclama el clásico, «tenemos que sufrir aún más por causa de los muertos que por causa de los vivos».

Y la verdad es que un muerto que se sienta en la presidencia del consejo de ministros posee privilegios fantásticos. Puede desentenderse el tedioso día a día. Y dedicarse a las grandes cuestiones socialistas, de cuya estofa está hecho el catastrófico infantilismo que nos hundió en estos años. Porque ha sido socialismo, literal y, por ello, desastroso, lo aplicado por Zapatero sobre el laboratorio español hasta llegar al callejón sin salida. La ingeniería social, la loca legislación «de género», el providencialismo que alucina un acuerdo de paz con la ETA… El zombi Zapatero tiene hoy las manos libres, el colmillo afilado y el ánimo resuelto. La Moncloa, que era el infierno de Sonsoles, es ahora el limbo de un genuino «walking dead», del más encopetado de los muertos vivientes.

Sólo una moción de censura a pecho descubierto podría poner coto a tal «delirium tremens». El problema es que la norma constitucional —la misma que viste entuertos y calza desafueros— contempla únicamente la «moción constructiva», esto es, aquella en la que el promotor del desafío está obligado a diagnosticar la enfermedad y a establecer el tratamiento. Y, puesto que a grandes males corresponde aplicar grandes remedios, el líder del PP calla, y por tanto otorga, para no darle cuartelillo al pregonero. «Do you remember Cameron?» Pues eso: pachorra y tiento al tiento.

Zapatero, gaseoso

José María Carrascal en ABC

La inconsistencia y la movilidad que caracterizan a los gases se adaptan perfectamente a su temperamento, y del mismo modo que las moléculas de los gases se mueven libremente por todas partes, lo veremos aparecer en los lugares más insospechados, rebotando contra lo que encuentre a su paso. Habrá, pues, que tener cuidado con él, pues que terminará la legislatura debe darse por hecho, al contar con el apoyo de los nacionalistas, que querrán exprimirlo al máximo, antes de que se les acabe el chollo que ha representado para ellos. A no ser, naturalmente, que les suceda lo que a su propio partido: que metido en un mundo que nada tiene que ver con la realidad, termine siendo una amenaza para ellos.

Fritanga estadística

Ignacio Ruiz Quintano en ABC

¿Se puede aspirar a La Moncloa cenando sapitos en «Sazadón»? En la democracia española se puede aspirar a La Moncloa incluso desde la modesta caja de unos grandes almacenes en la Plaza de Cataluña. Si, además de meterse sapitos entre pecho y espalda, Rubalcaba consiguiera meter en la cabeza de los españoles una estadística policial bien faisanada, tumbar a Rajoy sería un juego de niños. Tiene a los policías de uniforme, para que parezca que hay más policías, y aplica la magia a los números, para que parezca que hay menos delitos. Sólo le falta saber hacer lo mismo con los euros y con los parados. Y España estará en sus manos. ¿Han visto, cuando habla, qué forma más inquietante tiene de cogerse las manos?

Viñeta de Esteban en La Razón

lunes, 4 de abril de 2011

¿Rehúso debido?

Emilio Campmany en Libertad Digital

Huele a pacto de alternancia. ¿Por qué Aznar, que incumplió promesas como las de entregar los papeles del Cesid o reformar la Justicia, se atuvo estrictamente a la que hizo de ser presidente sólo ocho años? ¿Por qué ahora Zapatero va hacer exactamente lo mismo? ¿Por qué a ninguno de los dos se le ha ocurrido entregar la presidencia al candidato de su partido unos meses antes de las elecciones y mejorar así las probabilidades de éxito? ¿Por qué Rajoy está tan seguro de que en 2012 será presidente? Tanto lo está que, a pesar de la relevancia del anuncio que Zapatero hizo el sábado, esta es la hora en la que escribo que no ha dicho ni mu a la prensa. Aquí hay gato encerrado.

Zapatero y Rajoy, inseparables hasta 2012

Editorial de Libertad Digital

Mas ni Zapatero ni Rajoy tienen la más mínima intención de servir a su patria. El primero porque difícilmente puede servir a un concepto discutido y discutible; el segundo porque ha optado por esperar a que la fruta se vaya pudriendo y caiga, aun cuando con su caída arrastre a todos los españoles. Los dos están sedientos de poder hasta el punto de olvidar por completo que la legitimidad de origen de ese poder procede de encontrarse subyugado a los intereses de todos los españoles, no a los suyos particulares.

Tras la espantá

José García Domínguez en Libertad Digital

Tras la espantá del Curro Romero de la socialdemocracia flácida, ese espectro feminista que arrastra su pesar por los pasillos de La Moncloa, está por ver que se haya abierto el proceso sucesorio. El genuino quiero decir, asunto bien distinto del macguffin de circunstancias que, según parece, se aprestan a escenificar la niña de Felipe y el señor de González. Y es que en la cúspide de una iglesia de estricta obediencia leninista, cual siempre ha sido el PSOE, solo cabe una cabeza –aun de chorlito–, jamás dos.

Iznogoud por triplicado

Gabriel Albiac en ABC

Los admiradores de René Goscinny, entre los cuales me encuentro, saben que su obra maestra no es la serie del encantador miniguerrero Astérix. Lo es la que se articula alrededor del Visir, de maldad siempre frustrada, Iznogoud: ese que repite encabritado su empeño por ser «Califa en lugar del Califa». Verlo estrellarse, una vez detrás de otra, pone en el lector la risa avinagrada que trasluce lo demasiado humano.

Chacón es un Zapatero que habla catalán: quienes juzgaban imposible dar con alguien del nivel intelectual y moral del Presidente, no tienen más que dirigir los ojos a ella. Rubalcaba, un viejo zorro herido, con serias oportunidades de que el Faisán lo lleve allá adonde llevara el GAL a su colega Barrionuevo, a poco que los jueces se le pongan bordes. ¿Bono? A juzgar por lo florido de su oratoria, está que pega brincos de contento: mala cosa para un político, poner tan al descubierto sus cartas y tan antes de tiempo. A decir verdad, el espectáculo, entre los aspirantes a ser Zapatero en el lugar de Zapatero, augura tiempos mayormente sombríos para el PSOE. Y para los aspirantes, sobre todo.

Iznogoud Chacón, no lo ocultaré, es de todo el enjambre de Iznogouds que van a merendarse el ya putrefacto cadáver del Califa, quien a mí me genera más ternura. Por la continuidad, sobre todo. Las cosas que le hemos oído decir a Zapatero sólo son comparables a aquellas que salieron de la de quien largó lo de «yo soy la niña de González» (Felipe), o eso otro de que además era no sé quién que acababa de «cagarse en la puta España». La mar de astuto por parte de alguien con pretensiones de presidir a la defecada, por supuesto.

Iznogoud Rubalcaba lo tiene todo en contra. Porque todo parece tenerlo a favor. Lo cual, en política, es el modo más seguro de que te aticen hasta en el carné de identidad. Desde que al Jefe le dio la depre en diciembre, aquí el único que ha gobernado es el señor de la faisanería. Tanto lo ha hecho y tan feliz, que no queda ya un solo poderoso en su partido que no afile navaja para cortarle el pescuezo a la que se descuide. Lévi Strauss narra el hábito de los sabios pobladores de cierta tribu amazónica que, cuando ven nacer al anhelado hijo varón, salen a la plaza pública gritando y sollozando: «¡Ah, Dios mío, pero qué feo que es, pero qué raquítico…! ¡Cómo ha podido caer sobre mí una desdicha tan grande!». Ritualizada manera de eludir la envidia de vecinos y dioses. Y Maquiavelo aconsejó siempre al político hablar poco y actuar deprisa. Pero estos no son políticos; son comensales de la sopa boba.

Y queda, de momento, Iznogoud Bono. Que anda aún más contento de lo ya en él habitual por haberse conocido. Y que puede que tenga razón en lo de verse cada día más irresistible ante el espejo. De no ser por la cosa equina. Y por la cosa inmobiliaria. Y por los mil misterios que en la vida de un hombre rigen el tránsito de escasez a opulencia. Y otra vez Maquiavelo: cuídese el político, sobre todo, en materia de dinero; los hombres olvidan de buen grado el asesinato de su padre, pero lo otro…; lo otro es otra cosa, como su propio nombre indica.

El gafe de Iznogoud se multiplica en un laberinto de espejos. Y la cosa comienza a ponerse divertida.