viernes, 6 de mayo de 2011

No es la economía, estúpido

Pío Moa en Libertad Digital

Si alguna posibilidad real tienen los separatistas de cumplir sus sueños, está en la inanidad política e intelectual de "Madrid", es decir, de los dos grandes partidos que se suponen nacionales: uno, porque su desprecio a España hace el juego al separatismo; el otro porque renunció hace tiempo a la lucha de las ideas, hasta vaciarse de ellas.

Una manifestación de esa inanidad consiste en la habitual reducción del problema a la economía. Así, esgrimen el argumento "decisivo" de que la secesión de Cataluña supondría gravísimos daños económicos para esa región, al perder su principal mercado en el resto de España, y que a su vez "Madrid" podría impedirle el acceso a la UE. Los dos argumentos apenas rebasan el nivel de la tontería.

La secesión de Cataluña podría traer cierto coste económico inmediato para ella –y para el resto del país–, por el resentimiento que crearía y algún posible, aunque poco probable, boicot a los productos catalanes; pero la lógica del intercambio comercial limitaría pronto ese efecto. La gente no compra productos catalanes por amor a Cataluña, sino por interés práctico, y el desamor actual de los españoles por su propio país hace que la clase empresarial española lo sea solo geográficamente, pues culturalmente es más bien anglosajona. Cataluña no perdería de modo importante el mercado del resto de España, y en cambio entraría cada vez más en la esfera de influencia económica francesa, dirección que siguen conscientemente los separatistas.

No menos ridícula es la amenaza de impedirle entrar en la Unión Europea. Si España llegase al grado de agusanamiento que permitiese tal secesión, debería aceptar también la integración de Cataluña en la UE, un asunto insignificante comparado con la enormidad de la secesión. Y si, dentro de la nulidad política corriente, "Madrid" se enrabietase con cerrar el paso a una Cataluña separada, ya se encargarían las potencias realmente dominantes de la UE de hacerle entrar en razón "con mano de hierro en guante de seda".

Y debe considerarse otro aspecto: en la estúpida casta político-intelectual española ha arraigado con fuerza indestructible la idea de que fuera de la UE no hay salvación. Pero Suiza o Noruega están feliz y prósperamente fuera, y Reino Unido mantiene dentro una posición muy especial, por poner dos casos. La propia experiencia de España, que nunca parece servir de nada a nuestros políticos, enseña que nuestro país creció mucho más rápidamente fuera de la CEE que dentro, y que la integración "en Europa" –como dicen demostrando nuevamente su sandez–, no nos ha librado de graves crisis económicas, como la actual.

Todo ello sin contar con que un país que consintiese tal secesión se hallaría sin fuerza política y moral para impedir el contagio de las tendencias disgregadoras a otras regiones. Porque el problema de Cataluña es político, cultural e histórico. Y en él entra la economía, por supuesto, pero solo de modo secundario y derivado. ¿Es tan difícil de entender?

Ben Laden, la mafia y la guerra

Cristina Losada en Libertaf Digital

La operación fue un acto de guerra en respuesta a otro –los ataques del 11-S– y, en la guerra, la eliminación del enemigo es un objetivo legítimo y legal. Quién hubiera protestado si, en 1942, un comando británico asesinara a Hitler. La guerra del terrorismo no es la guerra convencional, desde luego. Pero es tan guerra que tropas de varios países combaten en Afganistán contra los discípulos de Ben Laden y sus aliados. Creo que allí matan a los terroristas a traición y sin darles tiempo ni a desenfundar ni a detonar. Así mataron a uno de los jefes militares de los talibán en 2007. Y así mataron en Irak en 2006 al que llevaba las riendas de Al Qaeda. No se abrieron grandes interrogantes éticos y legales entonces. Ningún Llamazares denunció "asesinatos extrajudiciales" y nos dejó con la incógnita de cuáles pueden ser los "asesinatos judiciales". Pero al "enemigo número uno de Occidente" no se le va a matar como a un enemigo cualquiera.


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Lo que tenían que haber hecho es darle un tirón de orejas y ponerle un ratito cara a la pared para que recapacitara. Más o menos, eso es lo que esperaban algunos.

Ni justicia, ni venganza

Pilar Rahola en La Vanguardia

El yihadismo es la amenaza totalitaria del siglo XXI, heredera natural de los totalitarismos del siglo XX. Ha declarado la guerra contra el mundo y, aparte de estresar la vida cotidiana de las sociedades que violenta, ha conseguido matar a miles de personas. Es una guerra con toda su crudeza, por mucho que la trinchera sea el mapamundi. En este contexto, la muerte de Bin Laden es un acto de guerra. No es bonito, no es simpático, no es justo, no es injusto: es un eslabón más de la larga cadena de un conflicto bélico.


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Los occidentales vivimos en una especie de infancia perpetua. Y lo de los españoles es aún peor: nunca acaban de salirnos los dientes de leche. Y así nos va.

jueves, 5 de mayo de 2011

El futuro de España es el mercado negro

Jorge Valín en Libertad Digital

España ha caído en una espiral de decadencia absoluta. Profunda crisis del modelo socialista monetario. Los ciclos creados por la sobreemisión de dinero nos llevaron a una explosión productiva que no estaba fundamentada en nada (burbuja). Se coronó la inflación como el motor de la economía occidental. Expliqué las consecuencias –que se han cumplido– en el 2004. ¿Cómo actúan los bancos centrales ante tal fracaso? Con más inflación crediticia, ayuda a los bancos y así haciendo crecer otra burbuja. ¿Qué pide la gente? ¡Tipos de interés más bajos! Sin saberlo están cavando su tumba.

El Gobierno y las comunidades autónomas, casi arruinadas por su gestión, compra de votos, clientelismo de los lobbies y corrupción, recortan privilegios sociales y suben impuestos. Desde la tribuna vemos aberraciones: las autonomías mantienen sus embajadas. El Gobierno regala más de 400.000 euros a organizaciones como el Centre d’Informació i Documentació Internacional a Barcelona. Paga 143.000 euros a cosas como un Seminario Sobre la Pena de Muerte en el Caribe. Regala 100.000 euros a la Fundación Centro Internacional de Toledo para la Paz. ¿Había oído hablar nunca de ella? Todo esto, y mucho más, en el BOE del 23 de abril.

¿Cuál es la respuesta de la gente? Más privilegios sociales para vivir de la producción ajena, del robo y el latrocinio. Al igual que los banqueros centrales, ¿es qué no han aprendido nada de los errores pasados? El Estado no sabe gestionar el dinero para la sociedad. El Estado solo paga favores a sus lobbies. No saca nada ayudando a la sociedad. Los únicos que saben gestionar nuestro dinero son aquellos que no nos roban. Aquellos que necesitan del consentimiento de su cliente para sobrevivir. En otras palabras, la propia sociedad, que en lenguaje económico se llama libre mercado. ¿Cómo puede transmitir confianza una organización que obtiene sus recursos del robo masivo, el engaño y las prohibiciones? El mayor gasto de cualquier ciudadano son los impuestos. Y no son nada voluntario.

La gran farsa sigue. Casi todos los economistas damos por sentado que pasadas las elecciones el ejecutivo aumentará los impuestos (especiales y no sé si se atreverá con el IVA) y eliminará más privilegios sociales. Probablemente sea en verano, que es cuando la gente está más despistada. Y es que no es la primera vez que harían algo así. Hace un par años algunas administraciones subieron el IBI (Impuesto de Bienes Inmuebles) por sorpresa, sin decir nada. Cada vez que baja la gasolina, le cargan algún impuesto, y cuando sube, lo mantienen.

El Gobierno es incapaz de crear políticas realistas enfocadas al pueblo. ¿Cómo puede ser que en un país donde hay un 20% de desempleo y un 40% de paro juvenil, mantenga una carga sobre el trabajo del 50% del desembolso total al trabajador? Un mileurista paga casi 900 euros al mes al Gobierno (cuota empresarial a la SS + cuota del trabajador + IRPF + IVA). Cuando los reyes medievales cobraban una tercera parte de la producción a sus ciudadanos lo llamamos esclavitud, pero si el Gobierno nos arrebata la mitad de nuestro sueldo y nos sigue saqueando en cada compra e inversión que hacemos, lo llamamos Estado del Bienestar.

No sé si a España la van a intervenir oficialmente o no. Lo que sí sé es que le están obligando a dinamizarse un poco ante el estado de despilfarro y descontrol actual. La están sometiendo a una intervención opaca. Nuestro futuro inmediato son más cargas tributarias, más Estado policial contra el pequeño comercio que representa el 80% del tejido económico del país y menos privilegios. Muy bien, el Estado es el principal foco de pobreza. No es la solución a nuestras penas. Solo hay un camino para la prosperidad: menos dependencia del Estado. Que se ahogue en sus deudas y junto a sus lobbies. Cuando una solución es injusta, se ha de combatir por las buenas o por las malas. No le están dando otra solución al pueblo. Declara tu particular guerra al Estado: insumisión fiscal y mercado negro. Ese va a ser el futuro de España. De hecho, la economía sumergida ya es el mayor "sector" de nuestro país con más de un 20% del PIB. E irá en aumento.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Me ofende usted

Ángel Vallvey en La Razón

Señor presidente Zapatero: me ofende usted. Su último discurso –«nosotros no provocamos la crisis»– ha colmado mi paciencia. Me siento insultada por sus palabras. Usted quizás no comprenda mi vergüenza ante su disertación, usted es gente principal, gente poderosa, gente «gorda» como se dice en mi tierra.

A usted, el número de parados se nota que no le afecta personalmente, que esa cantidad escalofriante es sólo un inconveniente cuya importancia pasará pronto: en cuanto se largue usted. Pero mire, cinco millones de parados son muchos; si hiciese una sencilla operación matemática se daría cuenta de que, al resto de los españoles, los que no somos usted y su familia y amigos (influyentes y poderosos), al resto de esa «ciudadanía» que usted ha convertido en nuevo proletariado, a nosotros sí nos toca de cerca al menos un parado de esos cinco millones. Ni siquiera hay que aplicar los «seis grados de separación», todos los españoles –excepto usted y sus etcéteras– tenemos a alguien a nuestro alrededor que está parado –amigo, familiar, compañero…–, y a muchos nos humilla oírle una y otra vez el mismo irresponsable, mostrenco y emético discurso: el de «yo no he sido». Ha tenido 7 años para hacer cosas, para arreglar cosas, pero desde el principio repite usted la misma cantinela: «el problema viene de fuera, que la solución venga de fuera también». ¿Creía usted que España era una cuenta de gastos a su disposición que no requería más que distribuir los montones de billetes y con la que se podía jugar a la ingeniería social? Los problemas le han venido a usted demasiado grandes. Usted no es un estadista. No sabe solucionar conflictos, sólo sabe crearlos. A mi alrededor, aumenta el número de personas desempleadas. Gente que, nunca en su vida, estuvo parada. Mientras, usted sigue con su discurso de la pureza socialista. Usted… ¡inocente, sin pecado concebido, mirando la miseria de España desde su altar moral socialista! Su irresponsabilidad es una desfachatez. Su ineficacia, una falta que no le perdonará la historia. Su discurso de «yo no he sido» demuestra que usted no está pisando el barro de esta situación, que sigue en lo único que sabe hacer bien: sobrevolar la realidad, producir ideología, gastar la pasta de nuestros impuestos en chorradas. Y alejarse años luz de quienes le votaron y a quienes ahora lastima usted con sus palabras.

Quieren subir los impuestos en vez de bajar el gasto público

Jaime de Piniés en Libertad Digital

Parece ser que nuestro Gobierno prepara subidas de impuestos en vez de incentivar recortes en el gasto. Según el Programa de Estabilidad que se envió el pasado viernes a Bruselas, se permitirá al Estado, a las comunidades autónomas y a los ayuntamientos evitar mayores recortes del gasto si se adoptan cambios normativos que supongan un aumento permanente de los ingresos, es decir, si se aumentan de forma permanente los impuestos. Además, el programa amenaza a las comunidades autónomas que osen reducir sus impuestos ya que pueden ver limitado su techo de gasto.

Conviene tener muy claro por qué dicho programa es un despropósito mayúsculo para España. En primer término, mantener el gasto público a expensas de un incremento permanente de los impuestos sólo sirve para perpetuar una transferencia de recursos del sector que crea riqueza, el privado, al público. Detraer recursos de forma permanente al sector privado sólo frenará nuestra tasa de crecimiento potencial; y con una tasa de desempleo del 21,3%, que equivale a 4,91 millones de parados, simplemente no nos lo podemos permitir.

En segundo lugar, con más de 3,17 millones de asalariados públicos en España, un incremento neto de 1,2 millones desde el año 1996, ¿hay alguien que verdaderamente crea que todo ese personal público es necesario? Como tuvimos ocasión de analizar la pasada semana en esta columna, los informes de la UPyD demuestran que si se hubieran seguido las prácticas más eficientes, sin menoscabar los servicios sociales prestados a los ciudadanos, sólo entre las comunidades autónomas nos podríamos haber ahorrado más de 52.000 millones de euros en los últimos tres años, más del 5% del PIB nacional. A la misma conclusión se puede llegar centrando la mirada en las principales ciudades de nuestro país. Sólo en el año 2010 nos podríamos haber ahorrado más de 6.000 millones de euros, sin pérdida de prestaciones para los ciudadanos, si se hubieran seguido las prácticas más eficientes entre las 40 ciudades principales.

El déficit público en el año 2010 de las comunidades autónomas fue de 36.000 millones de euros y el de las corporaciones locales de casi 7.000 millones. Pues la ineficiencia o sobrecoste, definido como gasto público excesivo o innecesario para la prestación de los servicios sociales a los ciudadanos, representó el 56% de aquel déficit público para las comunidades autónomas y más del 86% para las entidades locales. Por lo tanto, no hace falta recortar prestaciones a jubilados, ni reducir otras prestaciones sociales a la ciudadanía, ni, insisto, incrementar los impuestos para recortar el déficit. Sólo hay que recortar el gasto estrictamente excesivo e innecesario para cumplir nuestros objetivos de déficit público.

Por último, el Programa de Estabilidad es un despropósito porque su única y verdadera función es cumplir un objetivo político: mantener contentas a las fuerzas nacionalistas que reclaman más recursos para que siga manteniéndose en pie el Gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero.

¿Qué hacemos con el niño Ivancito?

Pablo Molina en Libertad Digital

Con la operación destinada a blindar a más de treinta mil contratados a dedo, los socialistas andaluces acreditan nuevamente el mérito de ser la organización más creativa a la hora de esquilmar las arcas públicas con cierta apariencia de legalidad. No hay grupo humano más voraz que una horda de sociatas meridionales encaramada al poder, como saben perfectamente los ciudadanos que han de padecer esta situación por más de ocho años seguidos. En Andalucía llevan ya más de treinta, así que calculen.

El razonamiento del equipo de Griñán ha sido el siguiente. Puesto que resultaría obsceno hasta para una organización tan desvergonzada como la nuestra convertir de golpe en funcionarios a los más de tres decenas de miles de "compañeros" que hemos enchufado, hagamos que los chiringuitos que hemos creado para mantener a tanto inútil pasen a formar parte de la estructura orgánica de la Junta de Andalucía. ¿No es genial? Así nadie puede acusar a los socialistas de haber convertido en funcionarios a los 30.000 familiares y afiliados que cobran del presupuesto autonómico, pero el resultado es el mismo puesto que a partir de este momento ya no son trabajadores de sociedades anónimas, agencias y fundaciones privadas varias a los que se puede despedir de un plumazo, sino empleados públicos dependientes del organigrama administrativo de la Junta de Andalucía, lo que para el caso es lo mismo que ser funcionario de carrera.

Es que las oposiciones por el turno libre son una costumbre franquista que griñánidos, zarríacos y chavésicos, y no digamos los pizarreos del decadente Clan de Alcalá, se confiesan incapaces de superar por fácil que sean los ejercicios, así que el partido, La Pesoe, ha decidido no someter a estos treinta mil compañeros a semejante crueldad.

El resultado es que el nuevo presidente de la Junta de Andalucía, si es que cambia el gobierno en las elecciones del año próximo, tendrá a más de treinta mil submarinos del PSOE encargados de llevar a cabo, en su caso, las decisiones políticas del nuevo equipo de gobierno. ¿A quién van a obedecer todos estos compañeros? ¿A Don Javier Arenas o a la organización que los ha colocado en la ubre autonómica junto con toda su familia? Pues hombre, es fácil comprender que un número indeterminado de ellos tendrá la tentación de actuar lealmente, pero con La Pesoe, corporación a la que deben su fortuna.

Sólo hay un cliente de esta corporación socialista, muy bien recomendado por cierto, cuyo futuro laboral no ha quedado todavía solucionado para zozobra de los que seguimos asiduamente la actualidad andaluza. Me refiero obviamente al niño Ivancito, abandonado al albur de los rigores del libre mercado en cuanto el apellido de su tarjeta de visita, en vez de respeto cause hilaridad en los despachos oficiales de la Junta.

Poco ha de poder Don Manuel si no convence a su sucesor para que encuentre acomodo institucional a la criatura. Con su extraordinaria facilidad para hacer números y extraer porcentajes debe haber algún lugar en la administración andaluza acorde a sus merecimientos, de Presidente de la Cámara de Cuentas para arriba. Sus ingresos mensuales se resentirán, pero para este miembro preeminente de la segunda generación del apellido Chaves lo importante, seguramente, es seguir sacrificándose por Andalucía los años que haga falta. El ejemplo de su "papá" no admitiría otro comportamiento.

Pepe, el del Alakrana

Editorial de Libertad Digital

"Llegó a Nairobi un tal Pepe –se puede leer en el texto judicial–, persona de unos 45 años de edad, de aspecto español, buen conversador, que aparentaba tener soltura en estas cuestiones" y que comenzó a tener conversaciones "telefónicas" con los piratas. Según el tribunal, Pepe le hizo ver a los piratas la imposibilidad de que dos de ellos (los condenados ayer a más de 400 años) fueran puestos en libertad una vez que ya habían sido capturados por la fragata Canarias –coordinada por la OTAN– por lo que "las negociaciones se centraron en el aspecto económico". Que después de esto la ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez, sostenga que el Gobierno no ha pagado revela, como mínimo, el desprecio más absoluto del Ejecutivo por las sentencias judiciales que tanto dice respetar. El silencio ante una descripción como la que se infiere del relato de las andanzas de Pepe, nuestro hombre en Nairobi, hubiera sido más decoroso para una ministra que demuestra desconocer los protocolos de un cargo como el suyo. Pero como negar la mayor tiene un coste cero para el Gobierno, adelante con los faroles.

Ni estimula ni frena el terrorismo

GEES en Libertad Digital

Ahora que tanto se especula sobre si Al Qaeda continuará su supuesto descenso hacia la irrelevancia o si, por el contrario, la eliminación de su líder provocará una oleada de atentados para vengarle, es importante recordar la rutina del combate yihadista salafista.

Osama Bin Laden ha alcanzado, para sus seguidores, el martirio, y esto no es en absoluto una mala noticia. Lo más natural para un "muyahid" o combatiente sagrado, es morir en combate, enfrentándose a sus múltiples enemigos, apóstatas y/o infieles. Lo peor para ellos es caer en cautividad y no poder continuar su Yihad guerrero: si en prisión siguen trabajando por la causa, haciendo proselitismo y engrandeciendo el bando de los "muyahidin", el cautiverio es una bendición, como lo es morir combatiendo contra los infieles estadounidenses. Es por ello que los yihadistas no van a arrugarse, sino que van a continuar su rutina asesina.

¿Debemos esperar atentados inminentes? Lo cierto es que estos se cometen cuándo y dónde se puede, poco importa que sea en suelo afgano o estadounidense. Lo más frecuente en tiempos recientes es que sea, sobre todo, en lugares "calientes" como Afganistán, Pakistán, Somalia, Irak o Daguestán en la Federación Rusa, pero podría ser en cualquier otro lugar y en cualquier otro momento. Precisamente la matanza de Marrakech, los dieciséis asesinados a buen seguro por Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI), son un recordatorio aún muy reciente de la vigencia del terrorismo en cualquier lugar y contra cualquiera.

Cabe preguntarse si ahora que Bin Laden ha desaparecido ha dejado algún mensaje preparado en previsión de la llegada de este momento. Entre los "muyahidin" que en estos últimos lustros han asesinado por doquier y han acabado muriendo en combate, en ocasiones dejaban algún testimonio para ser conocido tras su "martirio", y no sería descabellado que en el caso de alguien tan relevante lo haya dejado. Ahora que tanto se especula sobre quién va a sucederle al frente de la "empresa", como si de eso se tratara Al Qaida, lo que sí parece seguro es que las líneas directrices del yihadismo salafista que el ahora fallecido recibió de su mentor Abdallah Azzam permanecerán inamovibles: seguir combatiendo a los apóstatas (malos musulmanes) hasta la muerte, fijando los esfuerzos por derribar y eliminar a todo "taghout" (tirano musulmán), diezmando a los infieles que les sostienen y trabajando con ahínco por construir el Califato Universal a escala planetaria.

Esos son los pilares ideológicos del yihadismo salafista, y por delirantes que nos parezcan hay quien cree firmemente en ellos. Es por ello que quienes se hacen ilusiones buscando con quién negociar entre los Talibán y los miembros de Al Qaeda, quien libera alegremente presos radicales –el Rey de Marruecos hace dos semanas– o incluso el líder del Movimiento de Resistencia Islámica " palestino (Hamas), Ismail Haniyeh, que ha ensalzado a Bin Laden como "combatiente del Islam", lamentarán más pronto que tarde su error.

El asesino está muerto

Pilar Rahola en La Vanguardia

Una de las cosas más delirantes que pasarán los próximos días serán las coloristas teorías de la conspiración que inundarán la red.

Veremos cómo Bin Laden no estará muerto y los estadounidenses serán los autorresponsables de los atentados que los matan. Y es que es posible que internet sea el invento del siglo, pero la cantidad de cretinos, extremistas e ignorantes que acumula es también una de sus grandes características. Y, cuando se trata de despreciar a los yanquis y minimizar a los fanáticos radicales, el ejército de paranoicos es inmenso. Más allá del judeomasonismo ideológico, la muerte de Bin Laden es un hecho simbólicamente muy relevante. Y uso este adverbio de manera expresa. Porque el gran valor de su muerte, en esta guerra no declarada pero muy cruenta, tiene que ver con la simbología. En realidad, y desde la estricta perspectiva de la seguridad, hacía mucho que Bin Laden era poco importante, más próximo al mito guerrero que al liderazgo operativo del terrorismo internacional. Primero, porque el fenómeno yihadista es una hidra de muchas cabezas, cada una de ellas con un gran nivel de autonomía. Es decir, cualquier cerebro destruido por esta ideología totalitaria y convencido de que tiene que matar en nombre de Alá se puede convertir en un asesino: recordemos el ejemplo de Theo van Gogh. Además, la mayor parte de los grupúsculos terroristas que actúan en el planeta no recibe ninguna orden de Al Qaeda, más allá de las ideas generales. Ciertamente, Bin Laden hacía tiempo que no era otra cosa que un espectro, cuyo liderazgo se había debilitado considerablemente. Su muerte, pues, tiene la fuerza de una importante victoria bélica, pero no cambia en nada el riesgo global del fenómeno. No olvidemos que cada día hay atentados, y que el número de muertos en nombre del islamismo radical se cuenta por millares. Por lo tanto, esta es una noticia muy importante para el estado anímico de cada parte del conflicto, pero desgraciadamente no lo es para la erradicación del yihadismo. Y ¿ahora qué?, se preguntan los micrófonos que recogen la desazón y el miedo ciudadanos. Sin duda, aumenta el riesgo específico, no en vano el yihadismo necesita alguna acción inmediata de impacto para recuperar posiciones, y sabemos que Occidente es el objetivo prioritario. Pero más allá del reforzamiento policial, sería importante que también reaccionara el mundo político y social, demasiado errático en la lucha contra este fenómeno. Hablo de radicalismo ideológico en nuestro país, de imanes que fomentan el odio a Occidente, de dictaduras que los financian, hablo, en definitiva, del buenismo yupiyaya con que nos enfrentamos al fenómeno.

Porque Bin Laden era, sin duda, un asesino de masas, pero en nuestra casa tenemos asesinos de ideas, cuya eficacia no mata personas, pero destruye cerebros. Y son tan enemigos de la libertad como el propio Bin Laden.

martes, 3 de mayo de 2011

No es Ben Laden

Óscar Elía en Libertad Digital

El problema no es ni era Ben Laden. Ni siquiera la red alqaedista, que permanece aún estable y dispuesta a golpear. El problema es que el islamismo ha avanzado desde 2001, y aunque no bajo la tutela directa de Ben Laden, sí en la misma versión nihilista y despiadada de émulos y discípulos. Y sí en la versión "moderada" de políticos, imanes o intelectuales, que desde Casablanca a Yakarta siguen impulsando impunemente la ideología de la yihad. Y ese es el problema; Occidente, lejos de aprender que los islamismos acaban en terrorismo, juega con una doble ficción: que los primeros pueden sustituir, apaciguando, al segundo, y que basta con eliminar o detener a éste o aquel dirigente para solucionar el problema. De ahí que se esté celebrando la muerte de Ben Laden como si todo hubiese acabado, como si con él terminase una realidad que siempre nos ha aterrado y que nunca hemos querido mirar de frente. Pero el carácter global del islamismo nos recuerda que a Ben Laden le sustituirá Al-Zawahiri, que en Afganistán Occidente negocia la entrada talibán en el Gobierno, que los Hermanos Musulmanes cogen fuerza en Egipto, y que para Al Qaeda se abre una oportunidad de oro con las crisis libia y tunecina en el Magreb y el Sahel. Hoy, como en 2001, Ben Laden no es el problema. No el más importante, al menos. ¿Queremos verlo?

Ben Laden: ¿De qué se felicita el Gobierno?

Editorial de Libertad Digital

Si ya resulta extraño que el Gobierno y el PSOE se feliciten por una operación militar de los Estados Unidos, vincular el 11-M a la actividad terrorista de Ben Laden es consecuencia del masivo intento de manipulación con el que se pretende cerrar una causa que aún recorre los tribunales españoles, entre otras muchas razones por la manipulación y desaparición de pruebas consideradas clave. Ahora, imputar el 11-M a Ben Laden aprovechando su muerte tras la acción del Ejército de los EEUU es la consigna y el verdadero objetivo de las comparecencias socialistas, cuyo entusiasmo sobrepasa de largo a sus esfuerzos, incluidos los teóricos, para acabar con la amenaza terrorista que suponía el líder de Al Qaeda.

lunes, 2 de mayo de 2011

Viñeta de Caín en La Razón

2 de Mayo

César Vidal en La Razón

El 2 de mayo ha sido presentado de maneras muy diversas con el correr del tiempo. Cuando yo era niño, era presentado como el inicio de la resistencia patria contra Napoleón y su relevancia era de alcance nacional.

Desde hace décadas, esa perspectiva ha sido ferozmente negada gracias al nefasto sistema autonómico y se ha visto reducido a fiesta de la Comunidad de Madrid. Semejante sectarismo aldeano explica que «Sangre de mayo», de Garci, apenas pudiera verse fuera de Madrid por eso de que el 2 de mayo era sólo de interés local. Visión sesgada por visión sesgada, era mejor la antigua. Mejor, pero muy incompleta. El 2 de mayo amaneció con un sistema político español agonizante. El rey Carlos IV y su hijo Fernando habían acudido a Napoleón para que resolviera quién iba a ser rey de España. Por supuesto, el Corso había decidido que ninguno de los dos y que la corona fuera a parar a su nada entusiasmado hermano José. Mientras tanto las autoridades del reino –con la excepción de algunos militares jóvenes– habían decidido contemporizar y entregarse al dominio francés. Quizá así hubiera resultado de no ser por que la mañana del 2 de mayo unos transeúntes descubrieron que se llevaban del Palacio Real al último miembro de la Familia Real e inmediatamente comenzaron a lanzar gritos contra los franceses. No estaba el francés Murat –que había llegado unas horas antes a Madrid e incluso había asistido a misa – para tolerar algaradas y ordenó reprimirlas con todo el rigor posible. Lo que se produjo entonces fue un estallido de cólera popular absolutamente inesperado. Desde Manuela Malasaña a los héroes del parque de Monteleón –cuyo nombre dejó de estudiarse gracias a la LOGSE– pasando por los madrileños que sufrieron las cargas de los mamelucos en la Puerta del Sol, las clases populares –y nadie más– se echaron a la calle para combatir a los gabachos. Fue una verdadera carnicería porque las navajas y las agujas de coser no se pueden enfrentar con los cañones y los sables. Pero lo que sucedió después resultó, desde muchos puntos de vista, peor. Las autoridades españolas nombraron presidente de la máxima institución del Reino a Murat; los obispos y la Inquisición condenaron la sublevación y amenazaron con la excomunión a los que empuñaran las armas contra los invasores; se llegó a decir que los oficiales del parque de Monteleón no habían querido sublevarse y se aceptaron los fusilamientos masivos perpetrados por los franceses. Era la gran impostura de un sistema muerto, pero que se empeñaba en seguir viviendo como fuera. Si al final se produjo un cambio fue porque el pueblo llano, comenzando por Andrés Torrejón, el alcalde de Móstoles, decidió resistir como fuera; porque los franceses estaban más dispuestos a profanar iglesias que a respetarlas; y porque Inglaterra captó la importancia de ayudar a los únicos europeos que se enfrentaban con Napoleón. La prolongación de la lucha y la barbarie francesa obligaron a todas las instituciones a cambiar de opinión más por la fuerza de los hechos que por la convicción moral. Seguirían seis años de derramamiento de sangre para que las instituciones que peor estuvieron aquel 2 de mayo se alzaran con el santo y la limosna y el pueblo, una vez más, resultara burlado. Obligatorio es recordarlo todo a día de hoy.

Catarro ideológico

José Luis Alvite en La Razón

Se habla más del cambio climático desde que los asuntos meteorológicos dejaron de ser una ocupación profesional para convertirse en un credo ideológico, en gramática de pancarta. Ya digo que carezco de rigor científico para asegurar que el clima ha cambiado. Mi impresión personal es que ahora llueve menos que antes, aunque luego resulta que mi empírico anciano de cabecera dice lo contrario. La verdad es que hace ya unos cuantos años se vaticinaba una desertización que al final no se ha producido. En algunas zonas del país incluso hay pastizales donde antes sólo echaba raíz el polvo. A mí lo que no deja de sorprenderme es que contra el calentamiento global siempre salgan a manifestarse a la calle unos señores muy abrigados que no van a la playa en agosto por temor a acatarrarse.

TVE, todos a la calle

José Carlos Rodríguez en Libertad Digital

El otro día, mientras veía un panegírico a un conspicuo ex dictador, me acordé de la polémica entre María Dolores de Cospedal y Ana Pastor, y eso que aún no se había producido. Cospedal, en respuesta a un periodista, dijo con total naturalidad que los servicios informativos manipulan a favor del Gobierno y en contra del Partido Popular. Lo dijo con una desenvoltura notable. La misma que tiene Ana Pastor y con ella la mayoría de los presentadores de Televisión Española para ajustar el mensaje que dan a los intereses políticos del Gobierno. Una naturalidad, una gracia descarada y fría que contrasta con el ardor de un corazón entregado a una causa, una, la de que el Gobierno no caiga en otras manos que no sean las socialistas. La de que las masas españolas se traguen la ideología progresista, tan pobre que se puede resumir en un folleto de 30 páginas.

Recordaba ya la polémica entre la político popular y la Pastor porque es la de siempre. No ha habido un solo día en que Televisión Española o la siempre Radio Nacional de España hayan faltado al propósito por el que fueron creadas: favorecer al Gobierno y ser un vehículo de su ideología. Ni siquiera es necesario darle indicaciones a los periodistas de lo que se debe contar y lo que no, aunque no dudo de que esa debe ser una práctica habitual. Basta seleccionar a las personas adecuadas. Sin ir más lejos, a Ana Pastor, que con su conexión telepática con su marido no necesita otra conexión áulica. Su función nunca cambia, y la harán con mayor o menor eficacia. Antes se justificaba la manipulación porque la televisión pública realizaba una labor social que no harían las televisiones privadas. Como si no fuera a desaparecer TVE, con todos sus documentales sobre el Serengueti, si una ley prohibiese la emisión de espacios informativos en aquel canal. Hoy la manipulación se justifica por sí misma, por el tradicional método de negar lo evidente. Es cierto, no obstante, que no es tan burda como otros años, y que la sal gruesa se ha trasladado de los programas estrictamente informativos a las series y los programas.

No está de más recordar que TVE está al servicio del Gobierno pero que se paga con los impuestos de quienes votan a los socialistas y de quienes no les votan. Que la pagan quienes han hecho suya la ideología de TVE y los que no. Es un organismo extremadamente caro y cumple la función, antisocial, de servir al Gobierno. "¿Qué modelo de televisión pública tienen ustedes?", le preguntaba cínicamente Ana Pastor a Cospedal. Yo puedo responder sin ningún rodeo: el de una televisión cerrada o privatizada.

Por descontado, el servil elogio al ex dictador lo vi en Televisión Española.

Demócratas de toda la vida

Emilio Campmany en Libertad Digital

Este viernes, el diario Público ha denunciado que "Cospedal aloja en sus listas en Seseña a un ex candidato ultraderechista". Se trata de Juan Manuel Medina, concejal del ayuntamiento de Seseña, número dos de la lista del PP. Medina fue candidato de la Alianza por la Unidad Nacional de Ricardo Sáenz de Ynestrillas, de Falange y de España 2000.

Según el socialista toledano, Jesús Fernández Vaquero, esto "es impresionante. No es de recibo que el PP aloje a un candidato que ha militado durante años en la extrema derecha antidemocrática, enemiga no del PSOE, sino del Estado". Tiene guasa que esto lo diga un tío del PSOE, que ha sido y es aliado de algunos partidos que sí son inequívocamente enemigos del Estado puesto que su deseo no es cambiarlo, sino descuartizarlo. Enemigos del Estado confesos son Esquerra Republicana y el Bloque Nacionalista Galego e incluso el PNV y CiU. Los partidos en los que estuvo Medina son como mucho enemigos del Estado democrático. En cambio, ERC, BNG, PNV y CiU son enemigos del Estado a secas, democrático o no, puesto que persiguen su desmembración. Y, no obstante ser estos partidos confesos enemigos del Estado, no merecen por parte del PSOE, en general, y del de Toledo, en particular, la más leve descalificación. ¿Por qué? Pues porque a los socialistas no les preocupan los enemigos del Estado, sino los enemigos del PSOE.

Y encima la acusación viene del partido de Largo Caballero, Álvarez del Vayo y Negrín, aceptados como ilustres socialistas del pasado del PSOE. Todos ellos fueron enemigos del Estado, o por lo menos, enemigos del Estado democrático, poco más o menos lo mismo de lo que podría ser acusado el señor Medina en el pasado. Y no hay que irse tan lejos. El PSOE tiene, no en la candidatura al ayuntamiento de Seseña o de Vitigudino, sino en su Gobierno, a dos ilustres ex comunistas, Rosa Aguilar, ministra de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, y Diego López Garrido, secretario de Estado para la Unión Europea. A ver si nos van a contar ahora que el pasado comunista de estos dos figuras es de recibo y en cambio el pasado falangista del señor Medina, no.

El candidato popular, por su parte, bailando al son que los socialistas le marcan, en vez de denunciar a los que, con un pasado antidemocrático, disfrutan de cargos con el PSOE, se justifica alegando que tenía 20 años, como si tener esa edad tuviera que implicar necesariamente el ser estúpido. ¿Por qué tenemos que aceptar a ex comunistas como personas de intachable pasado democrático y en cambio no podemos aguantar a un falangista ganado para la democracia? Pues porque es el PSOE quien expide en España los carnets de demócrata. Y, naturalmente, lo hace bajo el principio de al amigo, todo; al enemigo, ni agua, y al indiferente, la legislación vigente. Hay que fastidiarse.

La boda de la modernidad

David Jiménez Torres en Libertad Digital

De todo lo que vemos, sólo hay algo que seguimos reconociendo como verdaderamente importante, que es el amor, o su sugerencia. Esa idea del amor tan derivada de historias como esta, esas fantasías de Disney que se parecen tanto a lo que estamos viendo: el Príncipe y la Princesa, la boda que sale bien, la plebe que se regocija ante el paso de la pareja feliz en coche de caballos. Ese beso sin lengua ante el pueblo jubiloso.

Y sin embargo hablamos poco de ello. Sería vergonzoso decir "parece que se quieren de verdad". Quizás porque ya se dijo en referencia a los padres del novio, en su día. Quizás porque otra de las incongruencias de la modernidad es seguir usando una ceremonia con aspiraciones de eternidad para un estado que aceptamos como pasajero. Sea por lo que sea, preferimos comentar el horrible vestido de tal y cual.

Carrillo social

Carlos Rodríguez Braun en Libertad Digital

Santiago Carrillo escribió en El País: "Yo sigo siendo partidario de la transformación del capitalismo por un sistema de propiedad social". Esto de "propiedad social" significa naturalmente propiedad política; no está pensando Carrillo en amables cooperativas sino en la propiedad pública, coactiva. Es decir, el comunismo. Enormes masas de trabajadores empobrecidos e incluso millones de ellos asesinados por los comunistas durante el último siglo no han sido suficientes para que don Santiago piense que igual la propiedad social tiene algún pequeño problema.

Lo único que ha cambiado en el señor Carrillo es que "en esta coyuntura" admitiría generosamente la propiedad privada en todo pero no en la banca, que según él debería estar controlada políticamente por los Estados. Llega a esa notable conclusión después de afirmar que está desilusionado: el capitalismo no ha sido modificado, la política no ha podido "cortar las excrecencias cancerosas que se han desarrollado en el sistema capitalista" y, horror de horrores: "la banca ha vuelto a tomar las riendas de la política" y es "un poder fáctico mundial más poderoso que ningún otro".

La inquietud que provoca una persona capaz de defender un sistema criminal como el comunismo se ve, por tanto, complementada por la incredulidad que suscita al tener una visión tan asombrosamente alejada de la realidad como para pensar que la banca debería ser controlada políticamente. Llega incluso al delirio de sostener que una banca estatal mundial –¡y controlada por la ONU!– acabaría con la especulación y las crisis.

Carrillo no parece prestar atención al hecho visible de que la banca ya está controlada políticamente: el dinero es un monopolio público, en manos de autoridades políticas que regulan ampliamente la actividad bancaria. Los políticos no son en absoluto esclavos de los banqueros, sino que ambos se necesitan en un sistema que está totalmente alejado de la propiedad privada. Eso que tanto ansía don Santiago, la propiedad "social" se cumple más en el dinero y la banca que en ninguna otra actividad: mi viejo amigo el profesor Jesús Huerta de Soto suele decir que el sistema monetario y financiero es lo único que queda de la planificación soviética. Igual por eso Carrillo quiere que sea aún menos libre.

Karol Wojtyla

José García Domínguez en Libertad Digital

Como más de una vez se tiene dicho aquí, a algunos agnósticos nos ocurre aquello que dejara escrito Ricardo Reis en El libro del desasosiego antes de perderse definitivamente entre el alcohol y el delirio por los callejones más sórdidos de Lisboa. También nosotros pertenecemos a una generación que dejó de ser católica por el mismo motivo que sus padres lo fueron: sin saber por qué. Acaso de ahí que respecto al cristianismo nos suceda algo parejo a lo que confesaba José Bergamín de su muy personal adscripción al marxismo-leninismo: "Con los comunistas, hasta la muerte, aunque ni un paso más".

Pues, al modo del beato Karol Wojtyla, tampoco nos concedemos ceder a la tentación de confundir relatividad y relativismo. Supremo dogma de fe contemporáneo, esa superstición institucionalizada, la que implacable ordena la muerte de los absolutos. Que no otro habría de ser el corolario posmoderno del "todo vale" predicado por los eternos adolescentes del sesenta y ocho. Así, nuestros James Dean del laicismo militante, ya algo fondones y alopécicos, pero aún amotinados por norma contra "las jerarquías" del Vaticano. Y es que los cardenales de la Curia se empeñan sistemáticamente en desoír sus mandatos; en especial, la orden tantas veces cursada de que sea investido papa algún híbrido entre Antonio Gala y el Pare Manel.

Mas ellos, erre que erre, promoviendo a los altares no solo a devotos creyentes, sino a practicantes de estricta obediencia canónica. En el fondo, lo que les irrita no son sus principios sino el arcaísmo, en sí subversivo, de que los posen. Por algo les faltaría tiempo para tildar de reaccionario a Juan Pablo II. Wojtyla, al igual por cierto que su sucesor, incurría ante sus ojos en el más imperdonable delito de lesa modernidad, a saber, rehuir el eclecticismo moral que predica seleccionar los principios y los valores con el mando a distancia del televisor; mantra nihilista que rebaja los viejos imperativos éticos a triviales opciones, prosaica cuestión de gustos y apetitos en última instancia. "¿Cuántas divisiones posee el Papa?", inquirió en su día aquel viejo ex seminarista, Stalin. Hubo que esperar décadas hasta conocer la respuesta que llegaría de Cracovia. "Las suficientes a fin de poner en desbandada histórica al Ejército Rojo: ninguna, salvo un credo".

1 de mayo, dicen

Gabriel Albiac en ABC

¿Qué fue de la clase obrera? Era la misma historia cada año. Desde mis diecisiete, que es cuando de verdad nací; de lo de antes, ni me acuerdo: esa suerte que tengo. Cada primero de mayo era lo mismo: víspera de la llegada de los bárbaros, que jamás acudían. Los únicos bárbaros allí éramos nosotros: borrachos de los muchos libros y los pocos años. Lo más proletario que había por las calles del Madrid que queríamos soñar insurrecto, eran aquellos hijos del pueblo que, uniformados de gris, nos sacudían la badana. Los incautos hijos de la ínfima burguesía, que salíamos de las tediosas aulas para dar la bienvenida a la clase «objetivamente revolucionaria», regresábamos a casa con la cabeza más gacha cada año. Alguno no regresaba: sólo al cabo de unos meses o unos años, según se le terciara la neurona al juez de Orden Público. Pero a la legendaria clase obrera, ninguno de nosotros recuerda habérsela cruzado.

Yo me largué a París. Esa suerte que tuve. Sobre todo, porque un par de meses después, se descubrió que el responsable de propaganda de mi célula del PC era un policía infiltrado. Allí, en París, sí que había proletas el 1 de mayo. Mogollón. De la plaza de la Nación a la Bastilla no podías dar un paso. Cientos de miles, sí. ¿Revolucionarios? Eso era, desde luego, mucho menos claro. Quienes, año tras año, sacaban aquella muchedumbre obrera tras las enseñas rojas y los himnos de combate, eran los mismos que eludieron tomar el poder en 1968 y aniquilaron a quienes querían tomarlo. Así son las cosas. Les lendemains qui chantent, «los mañanas cantarines» en la arcaica retórica —no exenta de cierto encanto entonces— del comunismo francés, significaba eso: «mañana». Hoy, nunca.

Volví. Para mi desdicha, volví. Al principio, también aquí me encontré aquella escenografía solemne. Menos creíble, desde luego. Porque, ¿quién, aquí, iba a creer en la buena fe de un convocante tan cargado de muerte como el entonces secretario del Partido Comunista de España? ¿Y a quién podía ocurrírsele que unos sindicatos que habían aceptado ser estructuras funcionariales del Estado y zamparse el patrimonio de la CNT sin fruncir una ceja, pudieran en serio llamar a revolución alguna? Poco a poco, todos se fueron descolgando. Al cabo de media docena de convocatorias, a la manifestación del día 1 no asistía ya ni esa banda de zánganos a sueldo que son los «liberados» sindicales. Todo el mundo percibía que, junto a los partidos, los sindicatos autollamados obreros eran lo más corrupto de aquel pacto de arribistas que saldó en beneficio propio el fin de la dictadura.

Y ahora, al fin, no hay nadie. Ni en Madrid, ni en París, ni en ningún sitio. Me dicen los amigos que dejé, que allí ya del primero de mayo la única que saca beneficio es la hija de Jean-Marie Le Pen, que el Frente Nacional es la última fuerza política con desvergüenza bastante para exhibir obrerismo y enarbolar viejas retóricas insurreccionales. La verdad, no debería, pero me siento triste, sucia, pesada, culpablemente triste. Y, aunque sabe demasiado bien la respuesta, no yo, algo en mí, sigue rumiando la que fue épica y es ahora sólo lírica pregunta: ¿pero dónde demonios está la clase obrera? En casa. Viendo la tele.

domingo, 1 de mayo de 2011

¿Tópicos?

Es España un país de mediocres iluminados (Zapatero), de funcionarios sin prisas (Rajoy), donde el que no corre, vuela; el más tonto hace relojes y todo el mundo detesta y/o envidia al vecino, dando lo mismo que se lleve a matar con él o sean compadres. Un país donde ya no es que la siesta sea deporte nacional, no, eso ya pasó a la historia; es que es sacrilegio despertar de la modorra. Modorra, que si no viene de serie, nos es suministrada por las mil cadenas que habrá, aproximadamente, empezando por la primera y siguiendo por la segunda y así sucesivamente, con una eficacia digna de mejores fines. Aunque para los que nos pastorean, su fin justifica todos los media. Un país donde todos llevamos, más o menos oculto, a un funcionario. O a un liberado sindical. O a un parado subsidiado. Un país donde la modernidad eran Almodóvar y Mariscal y lo que mola es estar subvencionado. Un país de donde unos se quieren ir y a otros ya sólo les falta pedirles de rodillas que lo hagan. Un país donde muchos quieren entrar y a algunos no hay manera de echarlos...

Y así podríamos seguir casi interminablemente con nuestros ¿tópicos? Ojalá lo fueran... Si Larra resucitara, volvía a volarse la tapa de los sesos.

jueves, 28 de abril de 2011

Pertinaz sequía

Bernd Dietz en Libertad Digital

Los librepensadores existen. Son individuos que prefieren la falsabilidad permanente al ombliguismo, se desprenden de condicionamientos espurios no más los detectan y disfrutan cuando resplandece la sana inteligencia, aunque fuere a su costa. Constitutivamente alérgicos a la corrupción, consideran que no hay ética sin estética y a la inversa. No conciben placer más gratificante que el de obtener con limpieza, mediante la reflexión y la experiencia extraída de los hechos del mundo, explicaciones veraces y conclusiones solventes, encaminadas a tornar más genuina la justicia. Pues su modestia es su orgullo. Como el de Diógenes ante Alejandro Magno o el de Spinoza ante las Santas Madres Iglesias.

En España, para desgracia de nuestras opciones de enmienda, son imperceptibles. Sobre todo por su natural escasez. O vamos a perretxikos o vamos a rólex, ¿eh Patxi? Ocioso confirmarlo aquí, donde modernidad y mamoneo, liderazgo y latrocinio, compromiso y cutrez, riman rotundamente. Según resulta palmario, son nuestros pastores de la izquierda y sus innumerables borreguillos quienes más han hecho por emputecer la integridad intelectual y moral como simiente de cualquier renacimiento. Objetivo, por demás, tradicionalmente repudiado por nuestro caciquismo. Que las mesnadas socialistas salgan en tromba, cuando tira para atrás el hedor en Andalucía, a defender la honorabilidad de Chaves (ese portento que atesoró tres mil euros tras tres tristes décadas de sueldazos) es crasa prueba de aconchabamiento. Como no hay más que escuchar a Blanco decir que Rajoy es un cobarde y por eso no preguntará por Troitiño. Deposición que evoca al Rubalcaba del 11-M perorando que los españoles no se merecen un Gobierno que les mienta.

Más que ese sectarismo soez, más que esa jactancia con que se pisotean la belleza y la verdad, revuelve las tripas la socializada omertà. Porque cunden mensajes que sólo un ingenuo podría percibir como tentativas de embaucar. A hermanos de leche y televidentes asiduos, será. A cambio, otros conciudadanos captan sobradamente aquello que se persigue que disciernan. Se dan por aludidos. Calan la advertencia, sopesan el chantaje, calibran lo que les conviene y se reconocen ignacianos, enemigos de toda mudanza, por la cuenta que les trae.

La costra de impostura y embeleco que asfixia nuestra vida pública es una convención doméstica, un sobrentendido carpetovetónico. Lo chocarrero llega cuando Zetapé oficia en China, se lía patosamente con los códigos y fabula al ibérico estilo, creyéndose en Leganés. Los orientales, al no estar en el ajo, no le siguen la corriente, despejan el trampantojo y logran que los inversores, que no están por tirar dinero o margaritas, se persuadan de que esto se va al garete sí o sí, puesto que ningún dirigente nuestro parece sentirse tentado a rozar la honradez. A ofrecer fiabilidad, aunque fuese como exceso exótico y contra natura, cual anomalía in extremis para librar al país del trabajado hundimiento.

Los librepensadores, basándose en Epicuro, Lucrecio, Hobbes y Hume, cimentaron la emancipación occidental. Lo cuenta bien Juan Velarde Fuertes en El libertino y el nacimiento del capitalismo. ¡Para que esos intonsos meapilas de nuestro fondo de armario progresista, hijos del romanticismo más gazmoño, demagógico y acomplejado, descalifiquen al avezado escritor como falangista! Donde esté un buen prejuicio, que se quite la funesta manía de pensar. Eso, eso. Vivan las caenas, los jerarcas castizos.

Los tres gallegos desaparecidos por ETA

Pedro Fernández Barbadillo en Libertad Digital

Secuestrar, torturar y asesinar a tres sospechosos, enterrarlos en un lugar desconocido y afirmar que nunca se les ha visto. ¿El caso de unos desaparecidos en Argentina bajo la última junta militar? No. Hablo de tres gallegos asesinados por unos etarras en 1973. Tres desaparecidos a los que ni Baltasar Garzón ni los subvencionados de la memoria histórica buscan.

Entre las víctimas de ETA hay algunas que carecen incluso del consuelo de una tumba. Sus cuerpos, si todavía existen, reposan en sitios desconocidos. Una de ellas es José Miguel Etxeberria Álvarez, alias Naparra, miembro de los Comandos Autónomos Anticapitalistas, que se esfumó en 1980; otra, la más conocida, el jefe etarra Eduardo Moreno Bergareche, alias Pertur, que desapareció en Francia julio de 1976. Todas las bandas mafiosas, al igual que los partidos comunistas, suelen purgarse para fortalecerse. Pero entre los desaparecidos también hay gentes ajenas al mundo etarra, enemigos suyos o pobres desgraciados que tuvieron la mala suerte de toparse con unos asesinos psicópatas. En abril de 1976, dos inspectores de policía, Jesús María González Ituero y José Luis Martínez Martínez, destinados en la comisaría de San Sebastián, pasaron a Francia a hacer compras, pero fueron reconocidos por los etarras (o por alguno de los muchos chivatos que había entonces en el país vasco francés). Entonces, los terroristas les secuestraron y les torturaron durante varios días; sus cuerpos descoyuntados aparecieron un año después en una playa de Anglet.

El 24 de marzo de 1973, tres gallegos que residían en Irún cruzaron a Francia para ver –en San Juan de Luz– una película picante, El último tango en París. Se llamaban Humberto Fouz Escobero, Fernando Quiroga Veiga y Jorge García Carneiro; eran de la provincia de La Coruña, y el mayor de ellos, Fouz, tenía 28 años. Si ahora los franceses vienen a los burdeles españoles, durante el franquismo los pueblos fronterizos franceses recibían muchos españoles que querían ver cinema cochon.

Chivatos y colaboracionistas

El país vasco francés era una región con tradición de hospedar a conspiradores, carlistas o liberales, republicanos o monárquicos. En Bayona, Napoleón recibió a Carlos IV y a Fernando VII, y a otro grupo de traidores le entregó la Constitución de Bayona. Pero no deja de ser un lugar aburrido y provinciano, tan pequeño que los forasteros no pasan inadvertidos. En esos años había pocos bares y restaurantes, pocos cines, pocas calles por las que pasear, ninguna industria, y muchos ojos para descubrir las caras nuevas, sobre todo si venían en coches con matrícula española. El de los tres gallegos, un Austin 1300, llevaba placa de La Coruña.

Los tres jóvenes no regresaron esa noche. Ni al día siguiente. No acudieron a sus puestos de trabajo. Comenzó una búsqueda que se prolongó durante meses, pero no había la menor pista. Tampoco se puede decir que la Policía francesa, formada por masones y socialistas, y por tanto opuesta al franquismo, se empeñara en solucionar el caso. En los meses siguientes, la prensa española informó esporádicamente. El 26 de diciembre de 1973, ABC publicó una crónica de Alfredo Semprún en la que, al desvelar más indicios sobre el magnicidio del almirante Carrero Blanco, añadía que los tres jóvenes habían sido secuestrados y asesinados por ocho etarras. Incluso se daba el nombre del jefe de éstos: Tomás Pérez Revilla, que murió en un atentado de los GAL. Debido a la falta de pruebas nuevas, las referencias acabaron desapareciendo.

No se ha encontrado nada de ellos, ningún resto, ni siquiera el coche en el que cruzaron la muga. Todas las conjeturas posteriores parten de rumores y de referencias de segunda mano.

En una finca de Telesforo Monzón

El etarra arrepentido Soares Gamboa les menciona en su libro Agur ETA, pero sin añadir nada nuevo. Mikel Lejarza, infiltrado de la Policía española en ETA, asegura que en 1974 habló al respecto con el etarra José Manuel Pagoaga, alias Peixoto. Éste le dijo que para hacerles confesar que eran policías, a uno de los jóvenes llegaron a sacarle los ojos con un destornillador. También le reveló que los cuerpos estuvieron enterrados en una playa de Hendaya, pero que luego los trasladaron a otro lugar.

El Mundo TV elaboró un reportaje, que se emitió en 2005, en el que se aventuraba que una finca propiedad de Telesforo Monzón –antiguo burukide (dirigente) del PNV y luego fundador de Herri Batasuna–, situada entre las localidades de San Juan de Luz y Ascain, podía haber servido de fosa común para varias víctimas de ETA. Allí podían estar enterrados los restos de Humberto Fouz, Fernando Quiroga y Jorge García.

Una reclamación en el Parlamento vasco

Pero los muertos, como dice Federico Jiménez Losantos, se vengan.

Coral Rodríguez Fouz, sobrina de uno de los asesinados, es militante del Partido Socialista de Euskadi. En 2005, siendo miembro del Parlamento vasco, suplicó al Gobierno autonómico, entonces presidido por Juan José Ibarretxe (PNV) y respaldado por la Izquierda Unida de Javier Madrazo, que se ocupara de buscar no sólo a los desaparecidos (de un solo bando) de la guerra civil, también a otros más recientes.

Según se supo después de la solicitud de Coral Rodríguez, el sumario instruido por un juzgado de San Sebastián por la desaparición de los tres jóvenes se reduce a un delgado expediente formado en su mayoría por recortes de prensa y declaraciones de los familiares.

Sea como fuere, en una muestra de patriotismo de partido, Coral Rodríguez participó en febrero de 2006 en un acto con otras víctimas vascas del terrorismo, en su mayoría vinculadas al PSE, de apoyo al proceso de negociación con ETA abierto por José Luis Rodríguez Zapatero.

El blanqueo de ETA

La desaparición de los tres gallegos ocurrió en marzo de 1973, lo que demuestra que los etarras, pese a la insistencia de los políticos y curas del PNV y los aguerridos luchadores antifranquistas acomodados en sus puestos de funcionario en Madrid, no eran unos jóvenes románticos movidos por un sentimiento de justicia, sino unos asesinos despiadados.

Mikel Azurmendi, autor de una novela sobre este crimen, se pregunta por la inactividad de la justicia española:

El juez Garzón tiene un buen asunto que esclarecer aquí al par que indaga en Buenos Aires o Santiago. Tendría un buen proceso aquí en el que juzgar a aquellos asesinos.

La importancia de este caso de desaparecidos a manos de etarras –y no es el único– se debe a que podría impedir cualquier amnistía, indulto, arreglo o pacto entre ETA y un Gobierno español. En este sentido, desde hace meses el PSOE y su bloque mediático están tratando de blanquear el pasado de la ETA, aceptando la tesis abertzale de que los etarras también han sufrido y también son víctimas.

Así, Luis R. Aizpeolea, el periodista de cabecera de Rodríguez Zapatero, publicó el 20 de marzo en El País una página entera que era un publirreportaje de un documental, filmado en 2007 (dato que omite), en el que se sostiene que a otro desaparecido, Pertur, le podían haber asesinado matones ultraderechistas italianos a sueldo de los lamentables servicios de información españoles de la época, no sus propios camaradas, como es la creencia general.

Si, de acuerdo con la jurisprudencia sentada por Garzón en sus autos abracadabrantes, los casos de desaparecidos no prescriben jamás ni están amparados por leyes de amnistía, y además pueden ser investigados por cualquier juez extranjero si no se investigan en España o en Francia, bien podría ocurrir que unos veteranos de ETA que hubiesen regresado a sus pueblos como héroes, con el bolsillo lleno por el Estado español y con un empleo por cuenta del Ayuntamiento, podrían encontrarse con una orden de busca y captura dictada por un juez incontrolable.

Informe Semanal: un motivo para indignarse

Domingo Soriano en Libertad Digital

Uno de los fenómenos más sorprendentes de los últimos meses es el descomunal éxito de Indignaos, el pequeño manifiesto escrito por el nonagenario ex diplomático galo, Stéphane Hessel. En Francia, va camino de los dos millones de libros vendidos y en España ya supera ampliamente los 200.000 ejemplares y fue el ensayo más regalado en el último Sant Jordi.

El panfleto, como lo llama la propia editorial, es en realidad un artículo largo, de apenas una docena de folios, que algún avispado ha decidido publicar encuadernado para sacarse unas perrillas; eso sí, con letra bien grande, para que abulte más y disimular un poco (por cierto, esto es un ejemplo de libro de visión empresarial en una sociedad capitalista, pero no se ha escuchado ninguna queja al respecto por parte del propio autor).

Lo raro no es sólo que alguien vaya a una librería y pague cinco euros por un texto que podría imprimir, grapar, leer y olvidar en cinco minutos en su propia casa. Lo verdaderamente notable es que una retahíla tan grande de lugares comunes, vaguedades y falsedades como las que desgrana Hessel se haya convertido en el texto de cabecera de la nueva izquierda europea. Llevamos tiempo escuchando, desde sus propios altavoces mediáticos, que al socialismo le faltan referentes. Si Indignaos es lo único a lo que se pueden agarrar, definitivamente tienen un grave problema.

Sin embargo, la levedad intelectual del artículo de Hessel no le quita ni un ápice de peligro. La bonachona cara del autor, sus 93 años, su voz temblorosa pero firme, su pasado como miembro de la resistencia y su papel en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos le convierten en el héroe perfecto que tanto tiempo llevaban esperando. Porque detrás de esa tranquila apariencia se esconde la sempiterna retórica intervencionista, liberticida y filocomunista que tanto gusta al intervencionista europeo de ayer y de hoy.

Por eso, en los últimos días menudean los reportajes, entrevistas y artículos sobre lo necesario que era su grito en una sociedad acomodada como la actual. En todos ellos, se mezclan críticas al capitalismo (¡por extender la pobreza!) con apelaciones al pasado idílico en el que supuestamente vivió Europa tras la Segunda Guerra Mundial, y todo ello mezclado con defensas del más rancio intervencionismo estatal y unas gotas del imprescindible antisemitismo.

Hasta aquí no habría más problema que el que se deriva de un nuevo ataque a la libertad (especialmente económica, pero no sólo) por parte de la izquierda europea. De nuevo, habría que recordar que no sólo el capitalismo ha sido el motor del mayor crecimiento económico que haya experimentado nunca la humanidad, sino que han sido los países que con más ganas se han incorporado a la globalización los que con más rapidez están saliendo de una miseria que parecía eterna.

Sin embargo, la pereza que normalmente produce responder de nuevo a los manidos argumentos socialistas se convierte en indignación (quizás sí hay algo que aprender de Hessel) cuando te lo tratan de colar en tu casa y con tu propio dinero. El pasado sábado 2 de abril, Informe Semanal conseguía 1,6 millones de espectadores y un 10% de cuota de pantalla con un programa en el que se incluía un publirreportaje de 15 minutos sobre la obra. Y no era un simple documento que reflejase de forma objetiva el inesperado éxito del librillo. Era una cuidada obra de propaganda que, en más tiempo del que lleva leer el texto de Hessel, atacaba al capitalismo y a la libertad, y ofrecía "las antiguas ideas del progreso" contra "las injusticias de un mundo dominado por los poderes económicos".

Así, Vicente Romero, narrador y autor del reportaje, celebra a Hessel por oponerse a "un orden económico mundial que ha producido mil millones de hambrientos". Eso sí, no se hace ninguna pregunta sobre cuántos millones de hambrientos había hace cien años o en los países del Este de Europa o en Cuba o Corea del Norte en estos instantes.

Romero tampoco se corta en mezclar imágenes de unos corredores en las bolsas occidentales con las de unos niños africanos hambrientos, mientras denuncia "el vergonzoso contraste entre la especulación financiera y las situaciones de miseria extrema; resulta imposible contener la indignación ante unas imágenes dolorosas que evidencian una injusticia radical". Mientras se suceden las instantáneas de manifestaciones de las últimas huelgas en Francia, se apela a la lucha contra la pobreza; pero nadie se hace preguntas sobre las subvenciones a las industrias europeas, el cierre de mercados a las importaciones del tercer mundo o el poder de las grandes centrales sindicales occidentales en las negociaciones comerciales.

Afortunadamente, Hessel tiene un referente y se lo comunica al periodista en una reveladora afirmación: "En nuestra juventud el enemigo estaba claro, era Hitler, era Mussolini, era Franco... [por cierto, a Stalin o a la URSS ni nombrarlos], pero desde que la caída del muro de Berlín descartó un pensamiento social ambicioso como era el pensamiento de los países del Este, pernicioso en muchos aspectos pero ambicioso, es la economía la que domina".

Romero, que tan indignado se muestra ante la "especulación financiera", no tiene ningún comentario que hacer ante esta afirmación. De hecho, cierra un documental con una frase contundente sobre el manifiesto: "Más allá de ser un grito de alarma, contiene la única salida posible: indignarse y actuar, recuperando los más viejos y nobles ideales del genero humano".

Pues eso, "los más viejos y nobles ideales del ser humano" le parecen a Informe Semanal los propios de alguien que califica de "pensamiento social ambicioso" al régimen más mortífero que conoció nunca la humanidad. Todo esto lo difunde TVE con mi dinero. Y me pide que me indigne. Pues le voy a dar una sorpresa: lo ha conseguido.

Sectarismo informativo a cargo del contribuyente

Editorial de Libertad Digital

Somos los primeros en reconocer que la parcialidad y el sectarismo progubernamental en los servicios informativos de RTVE –incluido Los desayunos de RTVE, que dirige Ana Pastor– no quedan muy a la zaga a los que se pueden detectar en los programas de La Sexta, cuyo director es, precisamente, el marido de Ana Pastor, Antonio García Ferreras. No nos extraña, en este sentido, que los socialistas –incluido el presidente de Castilla- La Mancha, cuya jefa de prensa es Mercedes Pastor, hermana de Ana– estén encantados con la "imparcialidad" del ente público que dirigen políticamente.

No seremos nosotros tampoco los que nieguen, entre muchos otros ejemplos, el desigual trato que se da en RTVE de los casos de corrupción, dependiendo del color político de sus protagonistas, o de la edulcorada imagen que transmiten de la crisis económica o de la práctica ocultación de asuntos tan graves e incómodos para el Gobierno como el chivatazo policial a ETA. Es más: el propio enfrentamiento dialéctico que la periodista Ana Pastor se ha permitido protagonizar –supuestamente como presentadora de su programa– contra la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, por la tibia y timorata denuncia que su partido ha hecho contra la falta de imparcialidad de RTVE, es también una elocuente muestra de esa falta de "neutralidad" que –se supone– debería imperar en un servicio público.

Sin embargo, y a diferencia del comunicado con el que el sindicato USO ha denunciado que Pastor se haya erigido indebidamente en "portavoz de plantilla", no consideramos que la periodista sea un "agente político". El problema ni siquiera es que Ana Pastor simpatice ideológicamente con el Gobierno y que se le note. El problema, que en modo alguno se puede circunscribir a esta o cualquier otro periodista, es que RTVE es un ente público que se financia coactivamente a cargo, en última instancia, del contribuyente.

En este sentido, la libertad de información y de opinión ampara la inevitable subjetividad, incluso el sectarismo y las simpatías ideológicas que podemos ver en algunos medios de comunicación, como otros podrían verlos en nosotros. Pero eso no es un problema porque nadie obliga a leer, ver, escuchar ni, sobre todo, a financiar a Libertad Digital, ni la La Sexta, ni a Público, ni a cualquier otro medio de comunicación privado. El problema, sin embargo, sí que existe cuando se obliga a los ciudadanos vía impuestos a financiar un medio de comunicación que, para colmo, tiende inevitablemente a alinearse con el Gobierno de turno del que depende.

La factura de esa innecesaria y anacrónica existencia de medios de comunicación estatales, abocada a la utilización partidista, es además escandalosamente elevada. Con un presupuesto que superaba con creces los 1.200 millones de euros –un importe que equivale al de la congelación de las pensiones–, RTVE cerró el ejercicio de 2010 con un déficit de 60 millones de euros. Otro tanto se podría decir del despilfarro y de la utilización partidista de las numerosísimas cadenas de televisión autonómicas, con independencia del color político de sus Gobiernos.

La solución tanto para esa falta de imparcialidad política como para el despilfarro del dinero del contribuyente que suponen las televisiones públicas pasa, pues, por la privatización de todas ellas. La existencia de televisiones privadas que emiten en abierto es la prueba más palmaria del obsceno despilfarro que, a cargo de todos, representa la existencia de unas televisiones que están al servicio del Gobierno de turno.

Zapatero y la ley

Álvaro Delgado-Gal en ABC

Anda por ahí un papel que en febrero aprobó el Consejo de Ministros y que ostenta un título largo, aunque escrupulosamente descriptivo: «anteproyecto de ley Integral para la Igualdad de Trato y la No Discriminación». El documento ha sido impulsado por el Ministerio Pajín, último destino de Bibiana Aído, la Mme. Roland del zapaterismo y la igualdad. Es posible que la agenda accidentada de esta legislatura ya acéfala, no dé lugar a que el anteproyecto se convierta en ley. Aunque pudiera ocurrir, también, lo contrario. En tal caso, es casi seguro que la ley se aplicaría de forma excepcional y errática, o, como temen algunos sectores conservadores, errática… ma non troppo. Me explicaré mejor mediante un ejemplo. Imaginen que Mangogul, sultán del Congo —tomo prestado a Diderot este personaje de ficción—, publica un edicto por el cual se condena a prisión a todo aquel que luzca un lunar o antojo en mitad de la nalga izquierda. Dado que la tarea de reconocer las nalgas de todos los congoleses raya en lo imposible, los damnificados por el edicto se contarían entre los pocos y raros que la autoridad sometiera a examen, tras jugársela a los chinos. En este sentido, un sentido estadístico, la ley surtiría sus efectos al azar. Ahora bien, la amante de Mongogul, de la que éste quiere desembarazarse, exhibe, ¡bingo!, el antojo proscrito en el lugar proscrito. Por supuesto, el sultán lo sabe, y, por supuesto, la dama acaba bajo rejas. Resulta a la postre que el caos no está reñido con la precisión. La favorita da con sus huesos en la cárcel, que es el fin por el que, desde el principio, se publicó el edicto.

Traduzcamos esta fantasía al román paladino de la política española. El anteproyecto quiere asegurar la igualdad de trato en todos los ámbitos de la vida, tanto públicos como privados. En particular, pone gran empeño en que los medios de comunicación eviten «toda forma de discriminación… en sus contenidos y su programación» (Artículo 22). ¿Cómo llevar esta exigencia a la práctica? Lo ignoramos. Pero no ignoramos que un fiscal podría entender que un diario o una cadena televisiva hostiles al Gobierno incumplen la igualdad de trato y se hacen merecedores de sanciones muy graves. A los conservadores les inquieta aún más el Artículo 16.2, el cual retira la financiación pública a los colegios que admitan solo chicas, o solo chicos. Esos colegios suelen ser religiosos. ¿Puro azar? Me parece que no. Los conservadores inquietos no son, en consecuencia, víctimas de una alucinación paranoica. Yo les comprendo. A la vez, y dado que no comparto necesariamente su sistema de valores, y considerando, de añadidura, que no parece probable que a Pajín y Aído vaya a durarles mucho el mando, me declaro preocupado desde un punto de vista más ecuménico. El anteproyecto refleja, por decirlo brevemente, una ignorancia pasmosa sobre cuáles son los fines de la ley en un régimen de Derecho. Y, por descontado, revela un desconocimiento singular de los límites a que debe sujetarse cualquier Gobierno en una nación civilizada.

Desde una perspectiva puramente conceptual, lo más sustancioso del anteproyecto está contenido en la Exposición de Motivos. Los redactores del documento establecen un paralelo explícito entre algunos éxitos de la sanidad española —verbigracia, que haya aumentado, efectivamente, la esperanza de vida—, y lo que les gustaría que ocurriera a propósito de la igualdad. ¿Qué es eso que les gustaría? Que la igualdad de trato, efectivamente, fuera mayor que al presente, y, si a mano viene, absoluta. Esto es, reclaman resultados, el bien en especie. Y estiman que la ley los puede proporcionar, del mismo modo que las sulfamidas proporcionan inmunidad contra las infecciones. La analogía médica, aparte de sobreestimar el protagonismo de la Administración en el curso general de las cosas —la ciencia y la opulencia relativa, poco afectas al Ministerio de Sanidad, han intervenido también en la elevación de la esperanza de vida—, traiciona un rasgo no infrecuente en este Gobierno: y es la propensión a representarse la ley como un instrumento dirigido a materializar objetivos concretos, tangibles, inmediatos. Esto es desmedido y potencialmente letal para la libertad. En ocasiones, de acuerdo, la urgencia es tanta, y el peligro tan grande y tan definido, que se acude, y es lícito que se haga, al decreto. Así, en el caso de una catástrofe natural. Pero los mores, las costumbres por las que se rigen millones de personas, y no menos, sus decisiones libérrimas, no son catástrofes naturales. No constituyen episodios discretos en el tiempo sino formas difusas de conducta, que la ley sólo acertará a corregir integralmente(me remito a la terminología que han escogido los redactores del anteproyecto) si el legislador declara a la sociedad en cesantía y, a continuación, se pone él en el sitio que ha quedado vacante.

De nuevo, los ejemplos valen más que los argumentos abstractos. Los autores del texto están obsesionados por que se cumpla la igualdad en el arriendo de un piso. Es cierto que a veces se incurre en discriminaciones. Es cierto que esto es malo. Y es cierto que se puede combatir. En este instante, existen incentivos fiscales para favorecer el arriendo a los jóvenes. Pero ¿cómo garantizar que el arrendador no atentará, moralmente, contra la igualdad de trato, en tal caso o el de más allá? ¿Cómo distinguir entre la resistencia a ceder un piso en alquiler porque se odia a los uzbecos, y las reservas que pueda inspirarle al arrendador un señor que no le cae bien, o que se le antoja, por los motivos que fuere, poco de fiar? ¿Habrá que someter a examen al arrendador, hacer preguntas al agente inmobiliario, montar, en fin, un proceso inquisitorial?

Del papel se desprende que sí. El papel propone la creación de una agencia especial cuya misión sería investigar los casos de discriminación y atender a los presuntos perjudicados, más allá de los procedimientos ordinarios que contempla la ley. Teniendo en cuenta que existen precedentes jurídicos que invierten la carga de la prueba —Ley 1 62/2003, artículos 32 y 40— en materias que interesan al anteproyecto, el desenlace sería la conversión de esa agencia en un inmenso buzón destinado a recibir delaciones. La delación es el desquite que se toman los gobiernos a los que fatiga e impacienta que la ley no responda, como el muelle a la presión de la mano, a su instinto justiciero. La delación es un atajo, un cortocircuito. Y como la experiencia histórica confirma, un horror.

Lejos de mí el sospechar que Aído o Pajín son Robespierre reencarnado. Aído y Pajín son españolas normales, que no comprenden bien el Derecho ni sus límites, que no comprenden bien que las constituciones están pensadas para atar al poder, a las que no entra en cabeza que sus puntos de vista son solo eso, suyos, y no la verdad absoluta, y que confunden el BOE con un estropajo para dejar a la sociedad limpia como una patena. Aído y Pajín son como Zapatero. Cuando se nos hayan pasado la murria y el enfado, y el fanatismo partidario, lo que tendremos que preguntarnos los españoles, con calma, sin acidez, pero también con una punta de contrición, es qué ha tenido que pasar para que hayamos puesto, y repuesto, a Pajín, Aído y Zapatero a la altura en que todavía están.

El «¡Uuuuhhhh!» de Pep Guardiola

Ignacio Ruiz Quintano en ABC

Económicamente, y desde el fondo de los tiempos, España es una hormiga que mima al pulgón de la política a la espera de sus secreciones azucaradas. Y, sin embargo, la juventud, según las últimas encuestas, no conoce el proceso y tampoco parece muy interesada en conocerlo. ¿Por qué?

Decimos «juventud» y no «los jóvenes» porque eso dice que hay que decir el catón de la Educación para la Ciudadanía o Formación del Espíritu Nacional, que se reduce a inculcar en la juventud las dos ideas populistas del franquismo: la bicicleta para el asfalto, y para la vida, el «haga como yo, no se meta usted en política».

La juventud española se mueve en bicicleta y no se mete en política, salvo los sobrinillos de los que ya están metidos, «porque alguien tiene que continuar». Es famosamente el caso de Bibiana Aído y Leire Pajín, que no van en bicicleta, pero que tienen cara de hacerlo, y que no saben de política, pero que están metidas en política, como sus padres.

—Rusia y España, unidas como fuerzas hermanas... Y sólo se verán tractores y manzanas, panes y juventud sobre la tierra —cantaba Miguel Hernández, el poeta cabrero del disco de Serrat.

Luego vino Franco y lo que se vio entre la juventud eran bicicletas, que es una cosa que el español lleva en el alma desde Echegaray, que fue Nobel de Literatura y presidente de la cosa ciclista, y ahí tenemos ahora a Contador, y antes a Induráin, y antes a Perico, y antes a Ocaña, y antes a Bahamontes, ganando todos los veranos el Tour de Francia, ese país que nos fascina por su facilidad para pasarse la vida haciendo revoluciones para volver al antiguo régimen.

La generación ni-ni (ni tractores socialistas ni política de la polis) es feliz ignorando que el alcalde de Getafe, cuyo equipo de fútbol acaba de ser adquirido por unos millonarios árabes, está que no levanta cabeza porque la presidenta de la Comunidad le ha llamado «pitufo». Seguramente tampoco sepa esta juventud que María Cospedal ha reñido con una señora de TV dura, tipo Mariví Romero, que ya se las había tenido muy tiesas con el persa Ahmadineyad, en cuya presencia improvisó una caída de pañoleta que, al parecer, hizo muy poca gracia al sucesor de Ciro el Grande. ¿Y qué sabe esta juventud de Llamazares, recibido a cantazos en un poblado chabolista donde iba a echar una arenga sobre los capitanes Galán y García Hernández? ¿Qué sabe de las encuestas que conceden a Rajoy la mayoría en las próximas elecciones? ¿Sabe esta juventud de la preocupación de Matute por la mutilación de cuentos en nombre de la corrección política?

Por no saber, esta juventud ni siquiera sabe que el «Uuuuhhhh!» de Guardiola en Madrid es un invento del payaso Charlie Rivel. Por eso es más feliz que la nuestra.

Turbado por el turbante

Alfonso Rojo en ABC

¿Pero qué broma es esta? Enchufas el televisor, enciendes la radio o abres un periódico y te encuentras, a diestro y siniestro, con empalagosas crónicas sobre el «talento inversor» del emir Hamd Bin Jalifa al Thani y el «glamour» de su enturbantada jequesa.

No ha habido medio de comunicación español que no haya hecho suya esa solemne memez de que la primera dama de Qatar, «además de ser mundialmente alabada por su belleza y elegancia, es una firme defensora de los Derechos Humanos en el mundo árabe».

¿Nos hemos vuelto locos? La pregunta es retórica y ya les doy la respuesta: no. Hemos perdido la vergüenza. No se trata de insultar a tus invitados, sobre todo cuando cargan tantas joyas, visten de Chanel y vienen a invertir en las descalabradas Cajas de Ahorro, pero a cada uno lo que le corresponde.

¿Es qué ninguno de los que acudieron al besamanos sabe que el 80% de la población del emirato son trabajadores extranjeros cuyos derechos están en permanente cuarentena? ¿O que desde Al Yasira predica a diario el fanático Yusuf al-Qaradawi, con un programa llamado «Sharia y Vida» y cuya receta para los homosexuales es la muerte?

En descargo del polígamo emir es preciso reconocer que no hace caso en todo a Qaradawi: en lugar de colgar de las grúas a los gays, como hacen los ayatolás iraníes, se limita a administrarles latigazos. Y permite que las mujeres conduzcan. Hasta promociona el deporte. O eso creen en el Barça cuya hasta ahora inmaculada y mítica camiseta lucirá a partir del 1 de julio el anagrama de la Qatar Foundation. Todo por la módica suma de 165 millones euros en cinco temporadas.

¿Hubieran aceptado los culés el logotipo de una fundación de Pinochet? se pregunta Pilar Rahola en «La República islámica de España», libro cuya lectura recomiendo encarecidamente a progres, diletantes, comprensivos y distraídos.

¿Y Siria?

César Vidal en La Razón

Al-Asad ha sacado los tanques a la calle y está asesinando a sus súbditos por centenares, igual que su papá hizo con millares. Por un momento, he temido que José Blanco hablara de que vamos a «liberar al pueblo sirio» y que Carme Chacón dijera que tenemos que derribar a Al-Asad. Pero no. Los que tanto protestaron a la hora de intervenir en Irak contra un dictador llamado Sadam Hussein a pesar de las resoluciones de la ONU que había violado y que luego se han empeñado en derrocar a Gadafi, ahora no dirán nada. Francia no ha ordenado a ZP intervenir porque, al menos de momento, no conviene a sus intereses neocoloniales, o sea que de esta guerra lo mismo nos libramos.

Viñeta de Caín en La Razón

miércoles, 27 de abril de 2011

El chiringuito solidario de Mayor Zaragoza

Pablo Molina en Libertad Digital

Federico Mayor Zaragoza preside la Organización No Gubernamental (sic) "Fundación Cultura de Paz". ¿Qué hace esta ONG? Nada. Es decir, lucha por la paz y tal, pero su programa de acción es tan difuso que incluye como actividades realizadas para justificar las numerosas subvenciones que recibe, por ejemplo, la publicación en el diario El País de un artículo de Mario Soares en el que se menciona a la fundación.

Si hemos de creer la declaración de intenciones que recoge su página web, la fundación dedica todos sus esfuerzos, sin duda ímprobos, a "la vinculación y movilización de redes de instituciones, organizaciones e individuos que se destaquen por su compromiso con los valores de la cultura de paz". Los conceptos de vinculación y movilización son tan laxos que prácticamente cualquier acción puede enmarcarse en ellos, desde editar un folleto para que los niños del barrio celebren el Día de la Paz hasta asistir a una reunión en el extranjero donde se va a hablar de Paz. Y a ver quién dice que eso no es "vincular" o "movilizar" a las "redes", claro.

Pero esta circunstancia no impide que reciba numerosas subvenciones de todos los organismos conocidos, la última de las cuales suma 300.000 euros que el Ministerio de Asuntos Exteriores le ha ingresado con cargo a nuestro bolsillo. ¿El objeto de esta subvención? Pues nada menos que la "Promoción y Fomento Internacional y en Red de una Cultura de Paz". Y usted responderá, "la vaca". Pues sí, la vaca, pero esa de cuyas ubres sale la nutricia subvención que permite la subsistencia de esta empresa doméstica. Porque la Fundación Cultura de Paz no es precisamente un crisol de culturas con participación de nombres relevantes en todas las áreas del conocimiento o la empresa. Es más bien, una cosa familiar, íntima, dinástica.

El presidente es, no faltaba más, Federico Mayor Zaragoza, quien tiene como vicepresidenta a una persona de su absoluta confianza, María de los Angeles Mayor Menéndez, que casualmente también es su hija. En el listado de patronos figura asimismo su señora esposa, sus otros dos hijos, Federico y Pablo e incluso sus nietas Andrea y Marta Kallmeyer Mayor, al objeto de que vayan adquiriendo las habilidades necesarias para desenvolverse con éxito en el cada vez más exigente mundo del trinque presupuestario.

Tres generaciones de una familia de luchadores por la paz, amigos, y el ejemplo de unos padres preocupados del futuro de sus hijos, que usted y yo financiamos con el dinero que dejan de disfrutar los nuestros. Me voy a llorar un rato. La emoción, ya saben.

El (oscuro) dinero del poder

José García Domínguez en Libertad Digital

"Conocer es cuantificar", ordena un viejo adagio ilustrado. Cuantifiquemos, pues. El Estado, celoso usufructuario de cerca de la mitad de la riqueza nacional, ocupa a cuarenta y seis mil de sus mejores servidores en la continua vigilancia de los contribuyentes, sujetos pasivos todos de desvelos e insomnios administrativos. Cuarenta y seis mil. Lo más granado de su infantería, es sabido. Ese mismo Estado, prevenido de los innúmeros resquicios por donde puede desvanecerse el dinero, asigna al control de las finanzas de sus custodios, los partidos políticos, un total de...diecinueve probos funcionarios; conserjes y secretarias incluidos, huelga decir. Que ahí empieza y acaba la plantilla llamada a fiscalizar las cuentas –y los cuentos– de los amiguitos del alma de Camps, Chaves, Bárcenas, el par de garrulos de la mariscada, la tocata y fuga de CiU en el Palau, los mil kilos de Montilla, las esquivas facturas opacas de PSOE, PP, PNV, ERC...

Diecinueve. Ni uno más. Y aún han tenido la humorada de llamarle tribunal a la cosa. Tribunal de Cuentas, no "¿de Cuántos?", que, ya puestos, hubiera sido lo propio. Al respecto, sostiene ahora el Consejo de Europa que el de la financiación de los partidos es uno de los grandes capítulos pendientes en España. Craso error. Muy al contrario, el de las coimas, trinques, mordidas, comisiones, cafelitos, convolutos, tres por cientos, trajes, sisas, dobladillos y camisas de once varas, es uno de los –pocos– capítulos cerrados en la España de la partitocracia. Al punto de que el propio Zapatero habrá de hacer mutis por el foro traicionando su personal compromiso de airear las contabilidades de las organizaciones políticas.

He ahí, por cierto, el fin de la política en su obscena desnudez. Espectáculo crepuscular de lo público convertido, sin coartadas ni disimulos, en abierto comercio de apetitos particulares, privativo monopolio de bulímicas fratrías provinciales. Prosaico entramado caciquil por completo ajeno a cualquier ideología o abstracción teórica. Tupida malla feudal de señores que alimentan a sus vasallos a cambio de lealtad ciega, y gleba vinculada por pactos de sangre a sus benefactores. Paraguay, sin salida al mar, posee un Ministerio de Marina. Y Cuba, otro de Justicia. ¿Por qué no presumir nosotros de un Tribunal de Cuentas? Eso sí, con diecinueve cuentistas. Ni uno más, claro.

Papá leía «Mein Kampf»

Gabriel Albiac en ABC

Papá era nazi. Y él fue siempre un buen hijo. Aunque papá lo juzgara no muy listo. No perdió nunca ocasión de propagar la apología del Holocausto. Y fue —¿cómo negarlo?— enternecedor escuchar sus sentidas palabras de advertencia al Pontífice Romano en su visita de 2001: «Los judíos intentan matar los principios de las religiones celestes con la misma mentalidad con la que mataron y torturaron a Jesucristo». Todos supieron que el heredero Bashar iba a estar a la altura legendaria de Hafez Al Assad. Sólo había que darle una oportunidad. Ahora. A golpe de artillería y de blindados, Bashar Al Assad reverdece hoy viejas glorias de su estirpe. La aniquilación de la ciudad sunita de Hama en 1982 marcó el récord de asesinatos por unidad de tiempo en la familia. Por el momento. Bombardeo aéreo y artillería pesada contra población civil, a lo largo de 27 días: veinticinco mil muertos. Civiles, por supuesto. Una hazaña bélica. Sobre Bashar —segundón de papá, sólo heredero tras la muerte de Bassel, el hijo predilecto— recae ahora la pesada responsabilidad de hacer pequeñas las glorias del padre. Le queda aún un buen trecho. Pero las tres centenas largas de manifestantes liquidados por tanques e infantería sugieren un excelente ritmo de partida.

Nuestro amigo Bashar no desmerece su linaje. Puede que tal convicción fuera motivo de la prioridad que le diera la diplomacia española nada más verlo sentado en el sillón del padre. Intercambio de visitas oficiales, exaltaciones marxianas (fracción Groucho) de su inequívoca apuesta por la democracia… ¡La de cosas que hemos oído en estos diez años! ¡La de entrecomillados que uno puede ir sacando de ese antídoto de la idiotización que son las hemerotecas…! Prueben a hacer un par de búsquedas en Google, nuestros curiosos lectores. Dándoles el nombre del dictador sirio y el de un par de políticos españoles: los que más gordos les caigan, da lo mismo color, cargo o ideología. Verán qué risa.

El poder es artesanía «de tiempo y circunstancia», repetía el más clásico de aquellos que, en el siglo XVI, inventaron en Europa la política. Pero, a Europa, Bashar vino tan sólo a aprender oftalmología, allá por los lejanos tiempos en que papá lo miraba entre piedad y desprecio. Hafez Al Assad pudo asesinar cuanto le vino en gana, sin pagar jamás por ello, no por especial favor celeste. Había —es más prosaico— un guerra mundial que, bajo el sarcástico nombre de «Guerra Fría», permitía a sus fieles peones consumir, del todo gratis, sangre ajena. Quienes supieron hacer uso de aquel pulso de medio siglo blindaron despotismos inatacables. Delincuentes como Sadam o Castro, como Videla o Bokassa, como Assad o Arafat, son ridículas marionetas de un Gran Juego cuyos hilos movían otros menos risibles.

Se acabó aquello. Si Assad hijo se empecina en ejercer el oficio carnicero con igual exhibicionismo que su padre, su cita con la Parca estará sellada. Más nos valdría a todos: a los sirios, sobre todo. Pero eso solo no basta. Ni tras el fin de Gadafi se alzará el paraíso en Trípoli, ni tras el batacazo del segundón de papá Al Assad se adivinan tiempos felices para Siria. Papá leía Mein Kampf. Los que vienen, no conocen más libro que El Libro.