lunes, 13 de abril de 2009
miércoles, 8 de abril de 2009
Que el Señor nos proteja
La remodelación ministerial llevada a cabo por Zapatero es de las que meten el miedo en el cuerpo, a pesar de que creíamos que la capacidad de sorpresa de los españoles con este Gobierno había tocado techo. Zapatero sigue al frente del Ejecutivo, maldita sea, primer dato decepcionante de esta remodelación, pero junto con la cuota de sectarismo, cubierta con las incorporaciones de un par de cejateros de distinta procedencia, lo más llamativo es la llegada al Gobierno de José Blanco y Manuel Chaves, éste último haciendo doblete tras su inolvidable paso por el felipismo.
Probablemente Blanco haya pedido personalmente a Zapatero la cartera de Fomento, dado que las comunicaciones con los bellos parajes de la costa gallega, en uno de los cuales se ha construido un casoplón ligeramente ilegal, necesitan un empujón para conectarlos con el centro de España, trayecto que el flamante ministro se va a ver obligado a realizar muchos lunes durante su mandato.
En cuanto a Chaves, salvo que se lleve consigo a Gaspar Zarrías, suceso que bien podría ocurrir en atención a los brillantes servicios prestados en Andalucía, su llegada al Ejecutivo parece más una huida estratégica Despeñaperros arriba, exigida por el interesado, que la libre decisión de un presidente del Gobierno que, según sus propias palabras, pretende dar un nuevo impulso a la política nacional. Si se trata de dar un buen empujón a las cifras del paro, la elección del expresidente andaluz es impecable, dada su acrisolada trayectoria en la materia cuando ejerció esas competencias nacionales. Pero en medio de una recesión económica brutal no parece una decisión propia de alguien en sus cabales, aunque sea para desempeñar una cartera como la de "Cooperación Territorial".
El drama de la España de Zapatero es que necesita un ministerio de cooperación territorial, porque los territorios no cooperan entre ellos voluntariamente –como sería lógico en un país normal– sino más bien todo lo contrario. El poner al frente de esa responsabilidad a un político fracasado en todos los cargos que ha desempeñado, demuestra lo que le importa verdaderamente al jefe del Ejecutivo la cohesión nacional.
Más que un Consejo de Ministros, el nuevo Gobierno parece una escuadrilla de demoliciones dispuesta a realizar un trabajo concienzudo. Siempre puede ocurrir un milagro, claro, pero como dijo el obispo de Málaga asomándose a la ventana cuando una representación de fieles le pidió permiso para sacar a la patrona en rogativa durante una sequía, "no parece que el tiempo esté de lluvia".
martes, 7 de abril de 2009
¡Vaya cambio!
Y Chaves, Blanco, Salgado y Jiménez. ¡Ahí es nada! ¡Qué nivel! Ahora sí que no va a haber quien nos pare. ¡Directos a la ruina!
lunes, 6 de abril de 2009
Amigos de lo ajeno
domingo, 5 de abril de 2009
POR EL ABORTO OBLIGATORIO (Manifiesto)
Es por ello que proponemos, mi porquero y yo, la inmediata implantación del ABORTO UNIVERSAL, OBLIGATORIO Y GRATUITO desde ya.
Toda mujer que se encuentre en periodo de gestación será obligada a abortar a cargo de la Seguridad Social, no importando en que etapa del embarazo se encuentre.
Asimismo, proponemos la esterilización de toda la población en edad fértil. Esto, además, sería de gran ayuda en la lucha contra el cambio climático que, como todo el mundo sabe, es producto de las perversas actividades humanas. Así hasta la completa eliminación de la especie.
(Que a mí nadie me gana a salvaje. Y a mi porquero, tampoco.)
sábado, 4 de abril de 2009
Infiernos fiscales
Entre las medidas adoptadas en la cumbre de Londres para luchar contra la crisis, unas ineficaces y otras directamente contraproducentes, llama la atención la aprobación popular que ha suscitado la decisión de acabar con los paraísos fiscales. El Príncipe Rainiero solía replicar cuando le preguntaban al respecto que no existen paraísos, sino infiernos fiscales, definición que me parece muy ajustada a la realidad dada la voracidad estatal de los países socialdemócratas.
Salvo que el dinero provenga de la comisión de un delito, no hay ninguna razón para perseguir a los que quieran poner su patrimonio a salvo del Fisco de su país de origen. Pero es que la cumbre del G-20 no quiere acabar con los paraísos para evitar el lavado de dinero del tráfico de drogas o de armas, sino para que los políticos puedan controlar exhaustivamente todos los flujos financieros que se generan en sus territorios. Denunciar a los países que respetan la privacidad de los depositantes extranjeros por la posibilidad de que sean delincuentes, es tanto como prohibir las comunicaciones telefónicas privadas para acabar con las estafas de algunas líneas de pago: un despropósito y un ataque injustificable a la libertad individual, que sin embargo la masa adocenada aplaude, espoleada por la envidia igualitaria que la socialdemocracia estimula con todos los medios a su alcance.
Personalmente lamento no disponer de una paletada de millones con los que crear una sociedad opaca en cualquier paraíso fiscal de los que salpican el mapamundi. Algunas de estas reservas libertarias tienen unos nombres tan sugestivos (Vírgenes Británicas, Monserrat, Aruba, Dominica, Seychelles, Maldivas o Marianas del Norte) que intentar acabar con ellos resulta hasta un acto de mal gusto.
Los líderes mundiales quieren que todo el planeta sea un infierno fiscal, como lo definió Rainiero, motivo suficiente para que la gente decente sospeche de sus verdaderas motivaciones. No les basta con acelerar la máquina de producir dinero y multiplicar exponencialmente el gasto público –la mejor receta para que las crisis se reproduzcan cíclicamente– sino que quieren acabar con los únicos reductos de privacidad que todavía escapan a sus manejos. Son el rostro siniestro de la nueva Inquisición, aunque se oculten tras la tersura de ébano y el encanto cosmopolita de la espléndida Michelle.