lunes, 12 de abril de 2010
Gürtel, políticos, jueces
No existe en España soporte institucional de la división de poderes, desde que la Ley Orgánica de Felipe González puso en manos de los partidos la designación del Consejo General del Poder judicial y, con ella, la promoción profesional de los jueces. Garzón es la caricatura de lo que esa certeza desencadena. Que un juez intervenga las comunicaciones entre abogado y defendido, no sólo es un delito; es la destrucción del procedimiento judicial. La Albania de Hoxha lo hizo en modo más directo: puesto que el Estado socialista velaba por el bien y defensa del ciudadano, los abogados eran innecesarios; fueron abolidos. Violar la confidencialidad entre defensor y cliente es lo mismo. En más cínico. En el secreto de la comunicación con su abogado, el cliente debe contar todo: sobre eso reposa su relación. Si eso que cuenta es accesible al juez, ¿para qué el juicio? Gürtel puede poner a este país ante un dilema trágico: anular el procedimiento contra sujetos muy verosímilmente culpables, además de moral y estéticamente repulsivos... O... ¿O qué? ¿Juzgar y condenar sobre una instrucción viciada, que cualquier tribunal internacional -Estrasburgo, sin ir más lejos- declarará nula?
¿Qué pacto educativo?
Las ideas que a un ministro de progreso parecen interesantes ya sabemos cuáles son. Son las que, en sucesivas reformas educativas impulsadas siempre por ministros de progreso, han ido ajustando las clavijas de un proyecto monolítico que ha acreditado su fracaso, tanto académica como pedagógicamente, y cuyo objetivo final e irrenunciable consiste en completar una ingeniería social: postergación de las Humanidades, exaltación del igualitarismo y negación del principio de autoridad, utilización de la enseñanza como vía de adoctrinamiento e infiltración ideológica; a lo que en breve sumarán una asignatura de educación sexual, que es como finamente denominan la corrupción de menores. Contra tal proyecto de ingeniería social no hay consensos que valgan.
"He visto morir"
José Carlos Rodríguez en Libertad Digital
La escuela iba a ser el vehículo para implantar una nueva sociedad, que haría buenos los objetivos sociales de la izquierda. Se vistió de tolerancia la intolerancia con la moral tradicional. Y se ha vestido de libertad la imposición de nuevos valores. Con el nuevo sistema educativo tendríamos, entre otras cosas, menos violencia en las aulas. Lo que nos encontramos es exactamente todo lo contrario: una violencia que es experiencia común, aceptada e incluso filmada. Íbamos a ver más autonomía y libertad y lo que encontramos son dependencias tempranas a distintas sustancias. E íbamos a ver una juventud cada vez más preparada, y nos encontramos con que sus referentes intelectuales y morales son Crepúsculo y Harry Potter, y eso en el mejor de los casos. Todo un éxito, vaya.
Garzón, ese pájaro
Pedro de Tena en Libertad Digital
No es que haya utilizado la magistratura para fines inmorales; no es que haya usado su poder para vengarse de gente mala tal vez, pero necesitada como él ahora de la presunción de inocencia; no es que haya malusado las leyes y los procedimientos para joder al Partido Popular o al PSOE del señor X, sin miramientos; no es que haya desbaratado el Estado de Derecho para pisotear a quienes le incomodan. Es que quería dinero. Poderoso Caballero. Para ese viaje no hacían falta ni tantas alforjas ni tanta ideología. En dos tardes, Correa y algunos otros le hubieran puesto al tanto sin tantos aspavientos.
Patriotismo de partido
José García Domínguez en Libertad Digital
La más funesta de las lacras cívicas todas, el llamado patriotismo de partido; ese atavismo tan castizo que ordena juzgar los episodios de corrupción no por su propia naturaleza, sino por quién incurra en ellos. De ahí que la dirección del PP se sepa ahora relativamente impune, pase lo que pase con el sumario Gürtel. Tan impune como el felipismo tras aquella sucesión de escándalos que se saldaría al final con un coste electoral nimio, pese al atronador ruido mediático. Por algo, a imagen y semejanza de las tribus indígenas de la selva amazónica, los españoles damos prioridad a las voces "nosotros" y "ellos" por delante de los términos "verdad" y "mentira".
La paz, para el futuro
Clifford D. May en Libertad Digital
En Camp David, en el año 2000, el entonces primer ministro israelí Ehud Barak ofreció a los palestinos secciones de Jerusalén Este en las cuales podrían establecer la capital de un Estado que también abarcaría el 100% de Gaza y el 95% de Cisjordania. El entonces líder palestino Yasser Arafat rechazó la oferta y puso en marcha una sangrienta intifada. En 2008, el entonces primer ministro israelí Ehud Olmert hizo una oferta similar. Ningún líder palestino mostró interés. El lema de los defensores del proceso de de paz podría ser: Viva y no aprenda.
Policía política
Agapito Maestre en Libertad Digital
Es imposible analizar el desmontaje del Estado de Derecho llevado a cabo por Zapatero en los últimos seis años sin la colaboración de un sector de la policía. Un futuro historiador de la sedicente democracia española estudiará este desmontaje recurriendo a fuentes diversas, pero jamás podrá dejar de estudiar cuál fue el rol que desempeñó la policía.
Cebando a la bestia
Juan Ramón Rallo en Libertad Digital
Están cebando a la bestia tanto como pueden. El problema para los ciudadanos es que el estómago del Estado no tiene fondo y sólo deja de comer en el momento en que ya no le queda nada que echarse a la boca. Cuando nos vuelvan a aumentar los tributos, tenga en mente que su única finalidad es la de financiar la cruzada ideológica de Rodríguez y compañía. Lo que Blanco llama "desafíos como país" y que, en realidad, no es más que añadir grasa al Estado a costa del músculo de familias y empresas.
iPads y coches eléctricos
Borja Prieto en Libertad Digital
Si la apuesta de Apple sale bien, unos cuantos afortunados tendrán un dispositivo útil, que les compensará el precio pagado por él. Otros fabricantes verán una oportunidad de negocio, y ofrecerán productos parecidos, más baratos, o con más prestaciones, con lo que todos los interesados en esa tecnología ganaremos. A los demás no les costará un céntimo. Si sale mal, sólo Apple perderá. En el caso de los coches eléctricos de Zapatero, casi todos hemos perdido antes de empezar a comprarlos, porque pagaremos una parte, queramos o no. Ganarán unos cuantos fabricantes, que tal vez no los hubieran vendido sin la subvención, y ganarán los que decidan comprarlo aprovechando que sus vecinos están obligados a pagar una parte del capricho.
El coche fantástico
Gabriel Calzada en Libertad Digital
Uno puede pensar que han vencido su aversión a la libertad que permite el coche porque puestos a tener coches, el eléctrico respeta más el medio ambiente. Sin embargo, la energía que requerirá cargar las baterías necesitará de la contribución de centrales eléctricas, muchas de las cuales emiten el denostado CO2 y gases contaminantes. Además, las propias baterías son un problema medioambiental. La respuesta está en lo que el gran economista Ludwig von Mises llamaba la dinámica del intervencionismo. Las enormes ayudas públicas a las energías renovables han hecho proliferar hasta tal punto las placas solares y los molinos eólicos que han puesto en serio riesgo la viabilidad técnica y financiera del sistema eléctrico español, según reconoce el propio Ministerio de Industria. Uno de los problemas de estas energías es que producen según el viento y otras variables meteorológicas y no cuando la gente quiere consumir. Por ejemplo, suelen producir electricidad por la noche, cuando nadie la demanda. En lugar de dar marcha atrás, a Zapatero se le ha ocurrido apuntalar los molinos haciéndonos consumir electricidad cuando sople el viento. ¿Cómo? Teniendo que recargar las baterías por la noche. Así es como Zapatero pretende que su coche fantástico, que nos va a costar un ojo de la cara a los españoles, rescate sus fantasiosas aspiraciones energéticas.
Economía, Estado y personas
Carlos Rodríguez Braun en Libertad Digital
Cuando vemos nuestro mundo, donde los Estados alcanzan cotas inéditas de intervencionismo, cuando el gasto público supera el 40 % del PIB y las regulaciones se extienden por doquier, la pregunta es: ¿qué entiende el señor Pigem por "supeditarlo todo a la economía"? Si esto es la economía ¿qué será para él la política?
domingo, 11 de abril de 2010
Desprotegidos
Mientras las denuncias falsas por malos tratos salen gratis, se sigue asesinando a mujeres sin que, por lo visto, nadie sea capaz de evitarlo. Mientras en los medios oficiales y oficiosos se habla continuamente de "violencia machista" (qué me importará a mí, y menos a las víctimas, si los asesinos son machistas o fervientes seguidores de la Santa Igualdad de doña Bibiana Aído; ¿es que nos ha de importar si los ladrones creen o no en la propiedad privada?), se silencia el fallo del Estado en proteger a unas víctimas que, en muchos casos, estaban amenazadas de antemano. ¿De qué sirve un Estado carísimo, incapaz de proteger la vida y la integridad física de sus ciudadanos (uno de los pocos motivos que justifican su existencia)? ¿Libertad de portar armas? ¡No! ¿Protección eficaz del Estado? Tampoco.
Mientras el presidente del gobierno promueve por los foros internacionales el respeto a los derechos humanos y el derecho a la vida, en insultante contradicción facilita el aborto, elevándolo a la categoría de derecho (como si no hubiera suficiente con los más de cien mil abortos anuales que se producían con la ley anterior). Ya que el Estado no protege a los no nacidos, por lo menos no debería facilitarles la tarea a los carniceros matasanos (o mataembriones, o matafetos... cualquier cosa menos "médicos" o "cirujanos") que se lucran con la muerte. Pero es que ya se sabe: los fetos no votan y las mamás y los papás egoístas y cobardes (no he encontrado calificativos más suaves; no para ciudadanos de un país que, todavía, se encuentra entre las primeras potencias económicas mundiales), sí.
¿Cómo podemos esperar de un Estado que no protege nuestras vidas, que proteja nuestros datos?
Formar nuestras mentes
José Jiménez Lozano en La Razón
Esto lo sabía muy bien el señor Dostoievski, y lo practicarían el señor Lenin y el señor Hitler, liquidando por lo pronto la antigua cultura, el judeo-cristianismo, y cambiando las mentes, exactamente como se nos dice ya a las claras que es, ahora, el propósito: la liquidación de nuestro yo y el adoctrinamiento por el dios Estado. Y, en este asunto, las democracias parece que van a ser arrolladas, una vez más por las tiranías. Ya he citado aquí más de una vez la predicción de Romano Guardini, de que se repetiría lo ocurrido en la Alemania nazi; o en la Rusia sovietizada, «quizá de modo más destructivo, por estar disfrazado de razonabilidad y humanidad» y por lo tanto sin ocultamientos y convirtiendo el crimen en derecho. Y el sistema de aceptación del horror o de la estupidez, o de las dos realidades a la vez, se ha perfeccionado extraordinariamente.
El chamán
La realidad de lo que está en juego es otra. En primer lugar, un melodrama familiar con toques de chamanismo. Buena parte de la actual clase dirigente española procede de la oligarquía franquista. Eso es lógico, pero no se compadece bien con su estatus actual de adalides de la democracia más progresista del mundo. Como además casi ninguno se molestó en su tiempo en hacer algo contra Franco, tienden a quitarse estos muertos particulares de encima. Ahora bien, para matar al fantasma del padre es imprescindible que éste siga vivo, o por lo menos resucitado… Garzón, bien jaleado, se disponía a limpiar la conciencia de sus amigos mediante un arcano ritual mágico.
El Omeprazol
Sólo un triunfo holgado del Partido Popular puede terminar con la pesadilla de sabernos gobernados por un especimen inclasificable como Zapatero. Pero Mariano Rajoy no se enfrenta a su mal. Se limita a engañar las molestias con medidas pasajeras. Es como el Omeprazol, un fármaco formidable que alivia y elimina los dolores esofágicos pero no sana la enfermedad.
«Gurtélido pardinus», et ál.
No se trata de una especie protegida; al contrario: su rápida proliferación hace temer por el equilibrio ecológico de nuestro hábitat, donde también residen pacíficos y cabales contribuyentes, presas fáciles que cargan con su declaración impoluta del IVA bajo el brazo y el anca marcada a yerro vivo con el sello de la Agencia Tributaria; gente decente (qué palabra tan hermosa, dentro de poco no quedará nadie sobre quien poder aplicarla) que trabaja duramente por conseguir un puñado de euros con los que sacar adelante a su familia mientras contempla estupefacta cómo los manguis no tienen problemas para obtener millones y su única incomodidad reside en preguntar a sus lacayos dónde han aparcado el yate.
Blancanitos
La única duda que me queda es si se advierte alguna diferencia entre la propuesta ministerial y las chorradas edificantes y dulzonas que pasan hoy como cuentos aptos para niños de primaria y niveles inferiores. Por si acaso, al mío lo he criado, desde que comenzó a balbucear, con lecturas macabras y violentas de la Biblia y de los hermanos Grimm. Sé que me la estoy buscando, pero añadiré que vemos juntos, cada fin de semana, una peli de John Ford o de Clint Eastwood, y que, mientras pueda, seguiré maleándolo en la honorable ética del guerrero. Prefiero que salga un poco facha, como John Wayne, a que, con el pretexto de la igualdad de géneros, me lo conviertan en otro Blancanitos.
Propaganda contra derecho
Da igual que la mayoría de esos improvisados agitadores fuesen los mismos que en el pasado reciente acusaron a Garzón de prevaricar en el caso GAL. Da igual que no sea la acusación de Falange, sino el criterio motivado de un magistrado del Supremo -y de la Sala de la Audiencia que rechazó el recurso inicial del querellado- lo que ha motivado el procesamiento objeto de polémica. Da igual incluso que el instructor sea un reputado izquierdista fundador de Jueces para la Democracia. Y por supuesto resulta indiferente que el hecho imputado no sea el de tratar de abrir la fosas del franquismo ni el de enjuiciar los crímenes de la dictadura sino el de hacerlo con conocimiento expreso de la falta de competencias y de capacidad legal para ello. Todo eso es engorroso de resumir, complicado de expresar, enredado de definir en el conciso y eficiente enunciado de una frase-contraseña. Es mucho más sencillo y accesible reducirlo a un dispositivo simbólico, expreso en la delgada pero vistosa tesis de una victoria legal de la ultraderecha facilitada por el resentimiento personal o profesional de un colega del héroe al que sí se puede acusar, sin coste alguno, de flagrante prevaricación por envidia, ojeriza y encono.