lunes, 9 de mayo de 2011

La muerte de un sistema

César Vidal en La Razón

De entre las características peculiares y no precisamente felices que definen la Historia de España existe una que me ha ido causando un sobrecogimiento creciente con el paso del tiempo. Me refiero a la frecuencia con que en nuestra Historia patria un sistema político se muere y, sin embargo, sigue dando boqueadas durante años hasta que, al fin y a la postre, se desploma de la peor manera. Los ejemplos son abundantes. El sistema de la monarquía de los Austrias seguramente había entrado en agonía al final del reinado de Felipe II, pero aguantó por la política exterior sensata de su sucesor para luego entrar en barrena con Felipe IV y hundirse estrepitosamente con un pobre imbécil que se llamaba Carlos II. En otra nación, la situación hubiera experimentado un quiebro decisivo más de medio siglo antes. En España se produjo una lentísima y dolorosa agonía. Volvió a suceder lo mismo con el Antiguo Régimen. Antes de que los invasores franceses entraran en España, la monarquía estaba muerta por culpa de las intrigas de la camarilla de Fernando contra Carlos IV. Fue precisamente la guerra de la independencia la que insufló una apariencia de salud a un régimen periclitado y casi la mitad del s. XIX transcurrió en los choques feroces entre los que se daban cuenta de que la Historia no podía ir hacia atrás y los que se empecinaron en ello apoyando, primero, el absolutismo de Fernando VII y luego el cerrilismo fanático de don Carlos. También la monarquía de Isabel II era un cadáver antes de que la derrocara una revolución de bolsillo que recibió un tanto pomposamente el nombre de Gloriosa. Lo que vino después fue una sucesión desastrosa de regímenes –¡en seis años!– que acabó derivando en el sistema de la Restauración. Posiblemente fue lo más sensato y realista que disfrutó España en el s. XIX, pero antes de que llegara 1900 y Alfonso XIII se sentara en el trono, el régimen daba señales de consunción. Murió en algún momento situado entre la segunda y la tercera década del s. XX, pero siguió dando tumbos como un zombi hasta abril de 1931 cuando un enésimo golpe de Estado provocó un cambio de régimen, esta vez, republicano. Oficialmente, su final tuvo lugar en 1939, pero la II República estaba muerta desde el momento en que en 1934 el PSOE y la ERC –dos de sus parteras– se alzaron en armas contra el Gobierno republicano. Para remate, esa muerte la precipita no pocas veces un fanático sectario que hunde la economía y la educación. Me duele profundamente decirlo, pero temo que el Régimen de la Transición ya ha muerto. Seguramente, el acta de defunción se extenderá cuando se produzca la inevitable quiebra económica de un sistema que no es viable, pero su muerte comenzó a dibujarse en el horizonte cuando un atentado todavía no resuelto llevó a ZP a La Moncloa; resultó innegable cuando el Tribunal Constitucional dio por bueno un Estatuto de Cataluña que descuartizaba la Constitución y se ha vuelto palpable cuando ese mismo organismo ha decidido que los terroristas de ETA puedan concurrir a las elecciones sin los frenos mínimos de hace cuatro años. Ahora –triste es decirlo– sólo queda por establecer qué vendrá después y qué coste tendrá para los españoles de a pie.

Viñeta de Montoro en La Razón

El tío del GAL

Emilio Campmany en Libertad Digital

Cuando Felipe González vio lo que aplaudían a Obama por haber liquidado a Ben Laden, le dio envidia y quiso que también le aplaudieran por los ratones que en su día cazó. Hoy lo ha conseguido. Se ha comparado con Obama quejándose de que a él le pusieron de chupa de dómine cuando contó que se había planteado volar a la cúpula de ETA. Y luego ha dicho que la acción de Obama contra Ben Laden era legal y legítima. A los demás nos toca deducir que, en consecuencia, lo que él hizo contra la banda terrorista vasca también lo era.

Dice que el Consejo de Seguridad tachó de acto de guerra el 11-S. Falso. Quién tachó de acto de guerra aquel atentado fue el Congreso de los Estados Unidos. ¿Alguien hizo algo parecido con la que la ETA declaró a España hace más de 40 años? Nadie. Por supuesto, no lo hizo la ONU. No lo hicieron nuestras Cortes. No lo hizo ninguno de nuestros Gobiernos. Tampoco lo hizo Felipe González. Lo que hizo el gatazo fue ponerse a cazar ratones bajo mano mientras cantaba el "pío, pío que yo no he sido". No mandó a los infantes de marina, ni a los Grupos de Operaciones Especiales, ni a los legionarios. Mandó a dos chorizos que se quedaron con la pasta y se llevaron por delante a algunos inocentes, amén de no acabar el trabajo.

Cuando metieron en la cárcel a su ministro y a su secretario de Estado por haber cumplido sus órdenes, el tontiastuto se libró de los barrotes escondiéndose el muy valiente tras el ropón de quien hoy preside el Tribunal Constitucional. Y ahora que los americanos apiolan a Ben Laden, sale el felino gordinflón alardeando de que él también sabía cazar. ¿Por qué no lo dijo entonces para defender a quienes fueron a la cárcel por él?

Hoy los socialistas aplauden a Obama porque lo consideran uno de los suyos. Pero pusieron pingando a Bush por las torturas de Guantánamo. Y hoy también aplauden al tío cuyos subordinados secuestraron, arrancaron las uñas, asesinaron y enterraron en cal viva a dos terroristas.

La guerra sucia del gatazo que hoy vuelve a maullar en un mitin en Aluche no tiene nada que ver con la librada por los Estados Unidos contra Al Qaeda. No es ya que los norteamericanos, con Bush y con Obama, estén cubiertos por la legalidad internacional y la de su país, que es cosa que en algún aspecto se puede discutir. La diferencia, y gorda, es que ambos han dicho bien claramente a sus ciudadanos y al mundo que lo que hacen sus hombres es bajo sus órdenes y que a ellos dos solamente corresponde la responsabilidad. ¿Cuándo ha asumido Felipe González ninguna por la guerra sucia contra ETA? Ahora empieza a hacerlo. Y con la boca chica, no vaya a ser que lo encausen. Un héroe, el tío.

Rubalcaba ordena silencio

José García Domínguez en Libertad Digital

Igual que existen las mentiras, las grandes mentiras y las estadísticas, también el universo mundo acoge en régimen de estricta subordinación jerárquica a los cínicos, a los grandes cínicos y a Rubalcaba. Nadie se extrañe entonces de cuanto acaba de deponer don Alfredo a propósito de la sentencia de marras. "Lo que distingue a los demócratas de los que no lo son es que respetan el funcionamiento del Estado de Derecho", ha pontificado impertérrito, sin aparente sonrojo ni tampoco la previsible carcajada final a modo de epílogo. Y es que, acaso víctima colateral de su propio personaje, el tapado, como suele acontecer con los presentadores de concursos, tiende a subestimar la inteligencia del prójimo en forma algo temeraria.

De ahí, quizá, que presuma olvidado aquel célebre llamamiento a la algarada callejera contra el Tribunal Constitucional que urdió cierto José Montilla Aguilera, a la sazón presidente de la Generalidad de Cataluña durante el día de autos. Tumultuoso aquelarre institucional en repudio del Estado de Derecho y el principio de la división de poderes que, como acreditan las hemerotecas, concluiría con la quema ritual de banderas nacionales y la precipitada huida a las carreras del mentado Montilla. El mismo estadista, por cierto, que acto seguido habría de proclamar que el Tribunal se prodigaba en "ofensas gratuitas contra Cataluña que tocan las narices".

Todo ello antes de consentir la presencia de luz y taquígrafos en el transcurso de la siguiente cogitación: "He hablado con el presidente del Gobierno de España. Le he trasladado, sin ambigüedades, nuestra decepción por un proceso y una sentencia que nunca se debiera haber producido". De tal guisa, sin ambigüedades, certificó el baranda del PSC su muy reverencial respeto hacia los fundamentos jurídicos de nuestro orden político. ¿Y qué se fizo por la fecha de Rubalcaba? ¿Qué fue de tanto galán? ¿Qué de tanta invención como truxieron? Por ventura para él, nadie lo recuerda. Y así, entre la amnesia selectiva y la diglosia ocasional, el valido se enroca ahora en la pose de respetable hombre de Estado con el fin único de acongojar al Partido Popular, empresa nada difícil como es fama. Los quería ciegos, sordos y mudos –sobre todo, mudos– ante el apaño de Bildu. Sea, pues. ¡Shhh! ¡Shhh!

El PP traspasa su línea roja

Editorial de Libertad Digital

Podrá ETA permanecer en las instituciones de la mano de Bildu y podrá Rubalcaba mofarse de las víctimas y de los demócratas, incluidos los militantes del PP, pero nada de ello parece ser suficiente para que Rajoy se decida a ejercer de Oposición denunciando el abierto proceso de demolición institucional que el Gobierno y la ETA se llevan entre manos.

El arriolismo, esa falaz teoría de que el PP debe dejar de ser el PP para no movilizar el voto de la izquierda, arrambla incluso con la hemeroteca. Insistió la plana mayor de los populares que la presencia de ETA en las elecciones de mayo sería la prueba del algodón para averiguar si el PSOE continuaba enfangado en el lodazal batasuno. Finalmente, el algodón se ha tornado negrísimo, pero Rajoy se niega a moverse, no sea que denunciar que los terroristas van a seguir nutriéndose del erario público moleste a las masas durmientes de votantes sociales.

Poco parece importarle al líder de los populares que más de un 60% de los españoles esté, por puro sentido común y por pura defensa de sus libertades, en contra de esa legalización de Bildu por la puerta de atrás que ha perpetrado un Tribunal Constitucional infestado de jueces politizados. El liberalismo simpático del nuevo PP no tiene ni siquiera una mala palabra para quienes han permitido que ETA continúe recabando dinero e información de las instituciones democráticas para seguir atentando contra todos nosotros.

Por fortuna, parece que dentro del partido todavía quedan destacados militantes y dirigentes que no se resignan a que a los terroristas se les entregue maniatado el Estado de Derecho. Sin ir más lejos, el presidente de honor del PP, José María Aznar, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y el ex ministro del Interior y ex secretario general, Ángel Acebes, han sido todos ellos muy claros a la hora de ejercer de Oposición, no ya sólo contra el Gobierno sino también contra la ETA.

Una tarea esencial que, sin embargo, no les corresponde a ellos, sino a Rajoy. Mas el gallego prefiere centrarse –y sólo a medias y de mala manera– en la economía. Habrá que recordarle al líder de la Oposición que sus obligaciones son las que son –defender el ordenamiento jurídico español como garante de las libertades de todos los ciudadanos– y no las que le gustaría que fueran –por ejemplo, dedicarse al esparcimiento deportivo–. Si no quiere asumirlas, lo tiene sencillo: que le ceda su asiento a cualquier otro político popular que sí esté dispuesto a defender la legalidad y los fallos judiciales acordes con la misma. Lo que no es de recibo es que la (mala) estrategia electoral de Arriola degenere, deliberadamente o no, en una pasiva colaboración por parte del PP para que Bildu permanezca en los consistorios vascos y navarros. Todo tiene un límite y el PP no debería traspasar la línea roja de la complicidad con ETA que él mismo le impuso al PSOE.

La policía de los Castro mata a golpes a un disidente cubano

domingo, 8 de mayo de 2011

El asalto a una iglesia cristiana en El Cairo deja 10 muertos y 186 heridos

Un diputado y diez justos

José Jiménez Lozano en La Razón

En mal día dijo el señor Gide aquello de que con buenas intenciones no se hace buena literatura, porque, ello es cierto, pero parece que de ahí en adelante se extrajo la consecuencia de que es suficiente que algo sea canalla para ser literatura, y entonces nos cuidaremos de decir por nuestra parte que la buena política no se hace con buenos sentimientos y nos conformaremos con desear que, aunque quienes gobiernan el mundo no sean dechados de virtud, por lo menos la simulen, y tengan civilidad.

Lo que ocurre es que, si se está muy arriba, se está tentado de ponerse al mundo por montera, y un poco de esto es lo que se ha hecho ya muchas veces, quizás porque los señores políticos observan que tampoco nosotros somos virtuosos ni lo aparentamos siquiera, y, entonces, por ejemplo como en el «asunto Clinton», éste vino a decir, aunque con un cierto rodeo o perífrasis: «Pues sí, mentí a todo el mundo, y me reí de la ley ¿Y qué?».

Dicho así, parece que no hubiera pasado nada, en efecto, o que sólo tuvo que estar cinco años sin poder ejercer de abogado porque tal fue el acuerdo al que llegó con el fiscal para cerrar su caso, y asunto concluido. Pero no tan concluido porque todo tiene sus consecuencias, desde luego. Tanto en lo fácil que resulta arreglar las peores fechorías de los grandes de este mundo –que es algo viejísimo– como en la decepción el desespero, la rabia el desinterés, y la corrupción que siembran esas conductas en las mentes de otras personas. O quizás de todas, porque ante abusos de poder y mangoneos de cierto descaro las gentes dicen casi humildemente que han sentido vergüenza ajena, pero casi siempre es que el vaso de la paciencia ya se ha colmado y se dice algo así como». ¡Ah, no! ¡Ya está bien sentir vergüenza ajena, que cada cual tenga la suya, si es que hay que tenerla! Porque a lo mejor ni siquiera hay que tenerla».

Por un momento podemos imaginar que, de repente, en el caso de un gran desastre ocasionado por actos de comisión u omisión de unos altos y poderosos señores, procesados y luego absueltos, éstos convocaran una rueda de prensa y en ella afirmaran que habían mentido y que en realidad habían hecho aquello de lo que se les acusaba, dejando entender, por lo tanto, que hacían esto ahora tranquilamente porque ya no había ninguna posibilidad de intervención judicial. Y, desde luego, se dan casos de estos; pero, si ello se repitiera muchas veces, ya no sería cosa digna de mención.

Lo que sí resultaría grave y hasta socialmente peligroso sería el hecho de que alguien altamente situado se comportara de modo muy distinto, como, por ejemplo, cuando en el tiempo de la construcción del Canal de Suez tuvo que pedirse el procesamiento del único diputado de la Asamblea Nacional Francesa, que no había tratado de sacar ni un céntimo del escandaloso y suculento negocio que fue. Porque hay que comprender que una actitud ética tan inusitada obligaba a pensar que detrás de ella no podía haber nada tranquilizador. Cuando toda una sociedad se convierte en una banda, todos los miembros de ésta tienen que «estar pringados».

La historia humana no escasea en situaciones como la descrita, aunque no abunde en excepciones como la también aludida del diputado francés; pero nada ha tenido aún el poder necesario para haber liquidado del todo un cierto «ethos» civil y la civilidad, que ciertamente ha costado tantos siglos construir, tantas veces ha experimentado una vuelta atrás, y siempre está en peligro. Pero se sostiene como sabemos por los famosos diez justos, por un solo diputado o por la cínica razón de que toda corrupción intelectual y moral se caen ellas solitas cuando faltan los dineros que las sostienen. Aunque no existan ni diez justos como en el caso de Abraham, ni un solo diputado como en el caso de Francia.

Luchando en Salamina

Ángela Vallvey en La Razón

Victor Davis Hanson en «Guerra. El origen de todo» (Ed. Turner) escribe que «Tucídides era libre de criticar a su polis natal griega; los escribas persas que narraron la gesta de Darío en las murallas de Persépolis, no». Ésa era, y sigue siendo, la única, la gran diferencia entre el mundo del que procedía Ben Laden y el mundo occidental.

El mismo autor asegura que «no tenemos la más mínima afinidad cultural con los talibanes o los saudíes. En Grecia los agricultores eran dueños de sus tierras, votaban y formaban la milicia de las polis; esto no ocurría ni en Persia ni en Egipto. El rey Jerjes se sentó en su trono en Salamina e hizo un registro de sus súbditos valientes y cobardes… El general espartano Euribíades, y Temístocles, debatieron la conveniencia de luchar, condujeron ellos mismos a sus soldados a la batalla y escucharon a sus remeros gritar por la libertad mientras embestían al enemigo».

…Dos mil quinientos años después, seguimos igual: luchando en Salamina.

Una vergüenza

Alfonso Ussía en La Razón

El PSOE se había comprometido con los nacionalistas vascos a permitir que «Bildu» –es decir, una buena parte de la ETA– volviera a las instituciones. Y seis magistrados políticos y obedientes han cumplido con su labor de subalternos del Gobierno. Sus nombres pasarán a la Historia por la puerta pequeña. Pascual Sala, Eugeni Gay, Elisa Pérez Vera, Luis Ignacio Ortega, Pablo Pérez Tremps y Adela Asúa Batarrita. Para que no los olviden, se los relaciono al revés. Adela Asúa Batarrita, Pablo Pérez Tremps, Luis Ignacio Ortega, Elisa Pérez Vera, Eugeni Gay y Pascual Sala. No olviden sus nombres. Cuando la ETA, de nuevo poderosa económicamente y de nuevo traidora de sus pactos y zalemas, vuelva a asesinar, a alguno de los magistrados que llevan esos nombres se les caerá la cara de vergüenza. Pero ya no habrá posibilidad de retorno. Los «progresistas». Los designados por el PSOE. Los obedientes a Zapatero. Sigan el ejemplo de García Pelayo. Cumplida la sumisión, dimitan y a casa.

Viñeta de Esteban en La Razón

Cuerpo glorioso

Juan Manuel de Prada en ABC

«Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también nuestra fe», reprende San Pablo a los miembros de la comunidad cristiana de Corinto. Y, en efecto, sólo la Resurrección de Cristo da sentido completo a la Encarnación, a la Redención y a la vida futura que se nos ha prometido a cada uno de nosotros, tras la Parusía. Pero, ¿cómo fue esa resurrección que anticipa la nuestra? No fue un mero revivir a la existencia terrena, como el de Lázaro o el de la hija de Jairo, sino que pasó «del estado de muerte a otra vida más allá del tiempo y del espacio», leemos en el Catecismo (nº 646). Nuestra mentalidad cientifista enseguida se pone en guardia, engreída y suspicaz, y reclama que se le explique esta metamorfosis del cuerpo inerte en cuerpo glorioso. El propio Joseph Ratzinger acepta que se trata de «un proceso que se ha desarrollado en el secreto de Dios, entre Jesús y el Padre, un proceso que nosotros no podemos describir y que por su naturaleza escapa a la experiencia humana». Pero el cientifista acucioso no cede en su demanda: «¿Qué ocurrió en el interior del sepulcro?».

Es cierto, como sostiene Ratzinger, que ninguno de los evangelistas describe la resurrección de Jesús; pero no es menos cierto que alguno ofrece al teólogo metido a detective —y al poeta— pistas dilucidadoras. Reparemos en la narración de Juan. Pedro y el «discípulo amado» llegan corriendo al sepulcro y descubren, tal como les había anunciado María Magdalena, que la losa ha sido apartada. Penetran ambos en el recinto funerario y ven los lienzos o vendas con los que había sido envuelto el cadáver de Jesús «tendidos». Así traduce la reciente versión bíblica de la Conferencia Episcopal el «keímena» del original, mejorando la traducción más inexacta de Nácar-Colunga, que dice que vieron «las fajas allí colocadas». Pero «lienzos tendidos» y «fajas colocadas» se complementan y nos ayudan a entender mejor el significado pleno del participio plural del verbo «keimai». Los lienzos, vendas o fajas que cubrían a Jesús no han sido arrojados al suelo, sino que permanecen «colocados» en el sepulcro; y no se hallan desatados y hechos un gurruño informe, sino que se mantienen atados y «tendidos», como un molde blando que, al ser abandonado por el cuerpo que envuelve, pierde parcialmente su volumen pero todavía conserva, aunque allanada, su forma. Esto significa exactamente «keímena»: las vendas y lienzos que cubrían el cuerpo de Jesús están suavemente «desinflados», como una crisálida vacía. De este modo, Juan nos confirma que el cuerpo de Jesús no ha sido robado (ningún ladrón en su sano juicio se habría entretenido desanudando las vendas, para después anudarlas otra vez y tenderlas en el sepulcro, en la misma disposición en que se hallaban mientras envolvían el cadáver); y también que Jesús no ha necesitado, para liberarse de las vendas, desliarlas o romperlas, como tendría que haber hecho cualquier persona subordinada a la materia.

Sobre esta capacidad de Jesús resucitado para desafiar los impedimentos y restricciones de la materia nos ofrece Juan otro testimonio dilucidador. En la octava de Pascua, al anochecer, los discípulos están reunidos en una casa «con las puertas cerradas, por miedo a los judíos»; y, de súbito, Jesús se pone en medio de ellos sin forzar cerraduras ni arramblar puertas. «¿Se trata, pues, de un fantasma?», nos pregunta aquí el incrédulo frotándose las manos, pues nada lo entusiasma más que una cuchipanda espiritista. Esto mismo pensaron, «aterrorizados y llenos de miedo», los discípulos; y, para espantarles ese miedo, Jesús les pide que toquen su cuerpo hecho «de carne y de huesos» (Lc 24, 29); y a Tomás, incluso, le permitirá meter el dedo en el agujero de los clavos y la mano entera en la llaga del costado. ¿Cabe mayor prueba de fisicidad que este dejarse palpar sin remilgos ni melindres? Vive Dios que sí. Resulta que Jesús resucitado come como una auténtica lima, que diría un castizo: en la posada próxima a Emaús comparte con dos discípulos andarines el pan (Lc 24, 30); en la casa donde se hallan todos reunidos come un trozo de pez asado (Lc 24, 42); tras la pesca milagrosa en el lago de Tiberíades come pan y pescado, que Él mismo se ha encargado de asar en unas brasas (Jn 21, 9-13); y, todavía, antes de darles las últimas instrucciones antes de su Ascensión, vuelve a comer con ellos (Hch 1, 4). ¡A esto se llama tener buen saque!

La mayoría de los exegetas opinan que los evangelistas, en su celo apologético, exageran, pues tanto manduque nos pinta a un Jesús con apetito de caballo, en flagrante contradicción con el propio relato evangélico, que previamente nos ha presentado a un Jesús que ha superado con la resurrección la «corporeidad empírica». Pero aquí yo diría que la mayoría de los exegetas se pasan de listos (o de medrosos), tal vez por temor a que una interpretación literal de estos pasajes abone las tesis heréticas del milenarismo craso o carnal (que postulaban, en una interpretación desmelenada del capítulo XX del Apocalipsis, un Reino de los Mil Años en que los justos resucitados se entregarían a banquetes y francachelas). Pero que el cuerpo glorioso de Jesús no requiera comida para su subsistencia no implica que sea absurdo que Jesús coma; pues su deseo no es otro —no ha sido nunca otro— sino abrazar la naturaleza humana, entablar con ella un vínculo corporal, allanándose con ella. Y, así como el padre amoroso, por igualarse con su hijo pequeño, emplea en sus pláticas con él un lenguaje rudimentario (y hasta una inflexión de voz pueril), mientras le hace carantoñas, Jesús se abaja ante sus discípulos y les muestra su proximidad compartiendo con ellos sus viandas más sencillas; no porque las necesite, sino por hacerse uno con ellos, en amor y compaña. No hace falta ser exegeta para entender que el roce y la comida compartida hacen el cariño.

Jesús comió y bebió con sus discípulos después de resucitar, como atestiguan insistentemente los evangelistas y Pedro certifica (Hch 10, 41). «Pero —repite el cientifista, exasperado—, ¿qué ocurrió en el interior del sepulcro?». Lo que allí ocurrió sobrepasa nuestro entendimiento; pero el jesuita Manuel Carreira, profesor de física y teólogo, ha probado a imaginarlo, basándose en los últimos avances de la mecánica cuántica, que han logrado observar en el laboratorio fenómenos de movimiento discontinuo, compenetración y multilocación en partículas elementales. Si estos experimentos (que explican la formación de estrellas de neutrones y agujeros negros) se han podido realizar con partículas elementales, ¿por qué no podría el poder divino hacer algo semejante con un cuerpo, que al fin y a la postre es un conjunto de partículas? Si los avances de la física nos demuestran que las partículas elementales no están confinadas a un solo sitio, que además de comportarse como corpúsculos lo hacen como ondas, de tal modo que un electrón puede estar en dos lugares a la vez, ¿por qué no podemos imaginar un cuerpo glorioso que abandona las vendas que lo aprisionan?

Aquel cuerpo glorioso de Jesús empezó a vivir de una manera totalmente nueva: resplandece, entra en las habitaciones sin abrir puertas ni agujeros en las paredes, desaparece instantáneamente, va de un sitio a otro sin usar medio alguno de locomoción. Dios —concluye Carreira— es omnipotente, pero no puede hacer cosas absurdas o irracionales; y no hay inconveniente en aceptar que pueda hacer cosas parecidas a las que se observan en los laboratorios a nivel subatómico, sólo que a un nivel macroscópico y visible. Por lo demás, si la materia está sujeta a una serie de procesos por los cuales se altera, decae, envejece, muere y se corrompe, es porque está dentro de un marco espacio-temporal; si no actuase dentro de este marco, no estaría sujeta a ninguna de esas fuerzas destructoras. En el cuerpo glorioso, en lugar de estar el espíritu subordinado a la materia (como ocurre en nuestra vida mortal), la materia se subordina al espíritu, existe fuera del espacio y del tiempo. Y al liberarse —sin llegar a desatarlas siquiera— de las ataduras espaciales y temporales (que quedan «keímena», desinfladas, como una crisálida vacía), el cuerpo se torna incorruptible, no envejece ni enferma, posee la libertad plena de quienes han vencido las restricciones materiales. Una libertad que le permite, incluso, compartir con los amigos los gozos menudos —un pedazo de pan recién horneado, un pez asado en la lumbre—; y que, algún día, «transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene de someter a sí todas las cosas» (Flp 3, 21). De ese día hablaremos en otra ocasión, porque ya se nos ha acabado el folio.

sábado, 7 de mayo de 2011

Viñeta de Esteban en La Razón

El clásico de Rubalcaba

Tomás Cuesta en ABC

La precampaña en España es un clásico en el que la pegada de carteles se ha convertido en un rito judicial mediante el cual las candidaturas de ETA son blanqueadas al filo de las campanadas. Doblan a muerto, tañidos negros y que corra el «kalimotxo». Para solaz de la grada proetarra, aquí sí ha habido patadas, entradas alevosas, agarrones y desgarrones, trampas, juego subterráneo y tensión en los banquillos. Y al final, el equipo arbitral, los jueces de línea y los del Constitucional que miran para otro lado; penalti a favor de Bildu. Hace cuatro años, otros jueces y los mismos jueces dejaron al equipo de ETA con la mitad de las listas sobre el campo. Este año, la noticia del clásico ha sido que todo vale. Ni una triste alineación ha quedado excluida de la gran «fiesta de la democracia». Y los últimos en enterarse, como siempre, han sido los probos ciudadanos. O sea, que cornudos como siempre y, también como siempre, chasqueados.

Toda la documentación elaborada por las Fuerzas de Seguridad del Estado, las actas de las reuniones entre los terroristas y sus mandados políticos, las evidencias, certezas y pruebas que conectan a los de la capucha con los de la urna, no han servido para nada, salvo que el objetivo fuera engordar la sensación de impunidad de la jauría etarra y ofrecerle, además, una satisfacción suplementaria a costa de reírse de las instituciones y repartir collejas a la «txakurrada». Rubalcaba tendría que dimitir-ja-ja (ojo al chiste, que es de plata) por prurito profesional y porque ni como traidorzuelo alcanza a dar la talla. Sin poner el acento en quisicosas menores (la moral, la decencia, la dignidad, la ética; el compromiso contraído con los vivos y el contrato de sangre con los asesinados), es reo de lesa incapacidad —formal y técnica— a la hora de poner coto a una siniestra martingala. En esas condiciones, cada minuto que continúe en el Gobierno es un ítem que corrobora las sospechas de que el fallo del Constitucional ha sido un petardazo. Si a la Guardia Civil, a la Policía Nacional, al CNI y al ministro del ramo no les cabía, ni les cabe, la más mínima duda de que Bildu es la ganzúa con que los taliboinas van a descerrajar los plenos y las cajas, el fracaso del vicepresidente resulta tan palmario que sólo le queda una salida: la de emergencia y cuanto antes. ¿Cuánto antes? Ja, ja. La carca-ja-ja-da inacabable.

En cuanto a esa notilla insulsa que ha expedido el PP atribuyendo el desafuero a una «exigua mayoría» de leguleyos descarriados parece una intentona de convertir el clásico en un penoso derbi a orillas del Manzanares. «Jugamos como nunca, perdimos como siempre». Vamos, que si el PNV hubiese cumplido su bravata de embestir contra la tramitación presupuestaria, ahí estaban Rajoy y sus mariachis para echar un capote al fugitivo en vez de los pies por alto. Una «exigua mayoría», qué alivio, qué descanso. «El día que la mataron, Lupita estaba de suerte. De seis tiros que la hirieron, no más tres eran de muerte». Corridos de vergüenza, se impone el corrido clásico. ¡Vengan clásicos!

El ámbito político del TC

Manuel Martín Ferrand en ABC

Si nos atenemos a la definición de respeto que da en su diccionario Julio Casares —«Justa apreciación de las excelencias morales de una persona y acatamiento que por tal causa se le hace»— es más difícil respetar al TC que preside Pascual Sala, un notable magistrado presente en todas las salsas judiciales del socialismo español desde los ya lejanos días en que Felipe González acabó con la separación de los poderes del Estado y Alfonso Guerra pudo anunciar, con precisión científica, la muerte de Montesquieu, barón de Secondat; la enfermedad de partida de nuestra democracia.

Los hinchas de Bin Laden

Hermann Tertsch en ABC

La organización terrorista Al Qaida confirmó ayer la muerte de Osama bin Laden. Se lo agradecemos porque nos ahorra la lata de quienes por principio no se creen nada que suene a versión oficial norteamericana. Y evita también el intento de venta de exclusivas de quienes pretenden haberlo visto en Copacabana, en el Tíbet, en Damasco o en el Bernabéu. Dada la palabra de Al Qaida, todos habrán de darse por enterados de que el «jeque general de la “yihad” en el mundo» y el «león del islam» ya no está con nosotros. Al Qaida lanza por lo demás sus consabidas amenazas que a estas alturas tienen poco interés. Y llamaba a grandes protestas en todo Pakistán para expresar el furor que los embarga. Pues este viernes, pese a los llamamientos de otros grupos radicales islámicos, los hinchas de Bin Laden en Pakistán, en todo Pakistán, no hubieran llenado un estadio de segunda división. La concentración más grande, según Al Yazira, en la ciudad de Quetta, capital de Baluchistán, no llegó a los 1.500 feligreses. En otras ciudades fueron un par de cientos. Dado que la población de Pakistán es de nada menos que 187 millones de almas, en su inmensa mayoría musulmanas muy piadosas, hay que deducir una vez más que la enorme preocupación de ciertos círculos occidentales por no herir la sensibilidad musulmana era como poco exagerada. ¡Qué angustia la de ciertos sectores occidentales por el hecho de que EE.UU. matara a su enemigo n.º 1 y no le diera un sepelio con honores! Nos hizo temer una terrible venganza «post mortem» que confirmara esa tesis tan popular —en España al parecer razón de Estado— de que a los terroristas no hay que provocarlos. Pues ni caso. Al final resulta que Bin Laden tenía más hinchas aquí que en aquella sociedad abigarrada de mezquitas, madrasas y fanatismo del Pakistán popular.

Una agradable vergüenza

Maite Nolla en Libertad Digital

Como dijo un diputado del PSOE, ya tenemos una decisión agradable. Así es como saluda la sentencia del Constitucional el partido del Gobierno que pretendió la ilegalización de los que ahora salen del "Guantánamo electoral". Lo que ha pasado con Bildu es absurdo, si no fuera porque estamos ante el guión de una comedia planeada desde hace tiempo. Digo que es absurdo –luego añadiremos alguna cosa más– porque la sentencia del Constitucional sobre Bildu supone que el Gobierno del partido que quería una decisión agradable ha acabado perdiendo el pleito que ellos iniciaron. Al fin y al cabo, la sentencia del Constitucional es el final de un proceso que inicia el mismo Gobierno obligando a la Abogacía del Estado y a la Fiscalía a presentar sendas demandas. Con lo cual se nos plantean algunas cuestiones: ¿Felicitamos al Gobierno por haber perdido el pleito o felicitamos al PSE por haber ganado?

Lo cierto es que esta es una historia de cobardes. Si la opinión del Gobierno era la de Madina o la de Patxi López o la de Caamaño cuando dijo que "Sortu no era ETA", creo yo que el Gobierno debería haber asumido las consecuencias y a otra cosa. Que yo sepa los abogados del Estado no presentan demandas de motu proprio, sino porque tienen órdenes de hacerlo. Pero no, el Gobierno ha querido que fueran otros los que tomaran la decisión que ellos podían haber tomado. ¿Qué necesidad tenía Zapatero de pringar a los pobres magistrados del Constitucional? Entre Zapatero y Rubalcaba tienen cara suficiente para justificar que no se presentaban las demandas; tienen cara para eso y para mucho más.

Y el PP, como en casi todo, no es sólo un PP, pero manda Rajoy. Y el que manda no puede hacer como si esto no fuera parte de un guión, porque corre el riesgo de que acabemos pensando que la posición del PP es también parte del mismo guión. Se les pide que hagan algo, aunque sólo sea porque les han llamado de todo sin hacer nada. Les han acusado de no querer ver el final del terrorismo, de dar balones de oxígeno a ETA o de poner en riesgo la "unidad"; y ahora les van a acusar de no respetar las decisiones judiciales, y si no al tiempo. No se les pide que encarguen un editorial conjunto a sus periodistas a sueldo –que en el PP también los hay– ni que convoquen una manifestación. Sólo con denunciar esta comedia y con un compromisillo de nada para intentar revertir esto cuando gobiernen, sería suficiente.

La democracia en España ha perdido, de repente, nueve años. Estamos como antes de 2002. ¿Agradable? Una vergüenza.


La insidia de Rubalcaba

Editorial de Libertad Digital

A la escandalosa decisión del Tribunal Constitucional de permitir a Bildu presentarse a las elecciones, tenemos que sumar las insidias del principal responsable de ese crimen, que no es otro que el vicepresidente y ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Quien fuera portavoz del Gobierno de los GAL se ha dado el gusto de darnos lecciones de justicia y democracia a los que hemos criticado la sentencia que quería el Gobierno, dudando precisamente de nuestro carácter democrático.

Efectivamente, como ha afirmado Rubalcaba, en nuestra democracia cada institución tiene su papel. El del Constitucional, después de la reforma de Felipe González, es el de convertirse en una cámara al servicio de los partidos que vista de ropaje jurídico las decisiones políticas que toma. Es cierto que no existe el Estado de Derecho perfecto, aquel en el que la justicia es completamente independiente de los demás poderes; ni siquiera los Estados Unidos, que se acercan notablemente a ese ideal, pueden presumir de un poder judicial completamente independiente. Pero resulta especialmente cínico que se ponga como ejemplo del buen funcionamiento de nuestro Estado de Derecho la institución más contaminada políticamente de nuestro ordenamiento jurídico.

Acatar una sentencia significa obedecerla, sin más. No parece que ningún partido, medio de comunicación ni organización social haya declarado su intención de emplear la fuerza para impedir que Bildu se presente a las elecciones municipales. Pero ser demócrata no significa callarse ante los abusos ni dejar de denunciar la corrupción, sea económica o moral, de nuestras instituciones y quienes las ocupan. Al contrario, es la obligación de todo ciudadano. Pero Rubalcaba, como buen socialista, lo que quiere es que seamos súbditos.

ETA se ha debilitado más cuanto menor presencia ha tenido en las instituciones vascas. Permitir su presencia supone, por tanto, insuflarle el aire que necesita para respirar. Las víctimas y quienes las apoyan ya han salido a las calles en estos últimos meses para denunciar el sabotaje activo que el Gobierno está llevando a cabo contra la definitiva derrota de ETA. Es hora de hacerlo una vez más. Esta infamia no puede salir gratis.

viernes, 6 de mayo de 2011

El 'proceso de paz' de Obama

Pablo Molina en Libertad Digital

A diferencia de nuestras cortes generales, que aún mantienen una autorización al gobierno de Zapatero para que negocie con los terroristas, en los Estados Unidos los congresistas autorizan al gobierno a que los elimine, algo mucho más higiénico y, en última instancia, lo único que entenderían en aquel país como aplicación práctica del mandato constitucional que obliga a sus políticos a proteger la vida y la libertad de todos los norteamericanos.

En su línea habitual

Pablo Molina en Libertad Digital

Nada más acorde con la altura ética del Tribunal Constitucional español que su decisión de que los enemigos de la Constitución española, de cuyo cumplimiento es garante, pasen a dirigir o a formar parte de unos órganos también constitucionales como son los ayuntamientos del País Vasco. Lo raro habría sido que el TC validara la sentencia del Supremo que prohíbe a los cómplices del terrorismo formar parte del Estado, porque en tal caso habría habido una ruptura en la trayectoria exquisitamente desleal con la nación que nuestra más alta magistratura inició con Rumasa y perfeccionó de modo sublime con el más reciente Estatuto de Cataluña.

En todo caso acatamos la sentencia del Constitucional, faltaría más, y de paso felicitamos a la mayoría "progresista", que no ha tenido reparo en rebozar sus togas en el polvo del camino a la hora de adoptar una decisión que agravia a la memoria de las víctimas del terrorismo, escarnece a sus familiares y nos envilece a todos. A todos los que pensamos que el orden constitucional es incompatible con la presencia de un grupo terrorista en las instituciones democráticas, claro, que es lo que el Supremo, tribunal al menos tan respetable como el TC, dice que va a ocurrir con unas listas electorales que no son más que "un cauce simulado y fraudulento para soslayar la ilegalización judicial del brazo político de ETA y así permitir el acceso de Batasuna/ETA a las instituciones representativas".

Estamos en una bancarrota moral de tal magnitud que el Pascualsalazo de anoche ni siquiera obedece a la búsqueda de esa quimérica "paz" de la que tan partidaria es nuestra izquierda, seguramente algo ya más que pactado por el gran Eguiguren de cara a la campaña electoral de las próximas generales. Es sólo la contrapartida que exigen los seis diputados del PNV para validar los presupuestos generales del Estado y permitir que Zapatero aguante hasta el final de la legislatura.

Muy torpe ha estado ahí Urkullu, porque si hubiera aguantado el tipo podría haber utilizado el cartucho del chantaje presupuestario en una ocasión futura. Alguien debería haberle explicado que para vulnerar el estado de Derecho y quebrantar la constitución, Zapatero no necesita animadores.

El TC se cubre de gloria

Emilio Campmany en Libertad Digital

El Tribunal Constitucional se ha empeñado en demostrar que en España tan sólo hay un poder, el Ejecutivo. Desde el principio, este Tribunal se arrogó la revisión de aquellas sentencias que al partido que lo dominara no le gustaban. Lo ha estado haciendo, desde luego, ejerciendo la función que por antonomasia le corresponde, la de controlar la constitucionalidad de las leyes. El caso más reciente es el del Estatuto de Cataluña. Pero también a través de la vía indirecta del recurso de amparo. La Ley Orgánica de 2007 modificó la Ley del Tribunal Constitucional para que la práctica ya emprendida de revisar las sentencias del Supremo por supuestas violaciones de los derechos fundamentales quedara en tal modo ampliada que el Constitucional se convirtiera en el verdadero Tribunal Supremo de España, al menos en los casos de relevancia política.

Pero, al menos hasta ahora, el Gobierno siempre fue de frente, defendiendo lo que le interesaba y forzando al tribunal a darle la razón, aunque fuera obvio que no la tenía. Ahora, Freddy, ese maquiavelo de pitiminí, le ha dado una nueva vuelta de tuerca al sistema. El Gobierno impugna todas las candidaturas de Bildu para quedar bien con aquellos de sus votantes que creen escandaloso que ETA permanezca en las instituciones. Y luego mangonea al Constitucional para que dicte la sentencia que el Gobierno cree conveniente y que echa abajo su propia impugnación. Vamos, algo así como el "madre, que me toca Roque; Roque tócame". De esa forma también da satisfacción al PNV, a los socialistas del País Vasco y a sus votantes de extrema izquierda, incluidos los comunistas, que querían que la izquierda abertzale, que para algo es izquierda, concurriera a las elecciones municipales.

Mal está que un Gobierno ponga en marcha semejante maniobra, que carga sobre el Tribunal Constitucional la responsabilidad de que la ETA se financie con dinero de los impuestos de todos los españoles mientras el Gobierno se lava cobardemente las manos. Pero más terrible es que los magistrados de ese tribunal se presten a semejante juego.

¿Qué más pueden hacer los socialistas por acabar con la credibilidad de las instituciones del Estado? Pues aunque parezca que ya más no pueden hacer, no es descartable que a Rubalcaba, o a cualquier otro Richelieu de pacotilla del PSOE, se le ocurra en el futuro darle otro estrujón más a la pobre democracia española. Si al menos los magistrados que han votado contra la legalización de la coalición etarra tuvieran el gesto de dimitir, cabría alguna esperanza. Pero, quia, ¡qué digo! Ni en sueños.


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Si comparamos lo de Obama con Osama y lo de Z con ETA, es para echarse a llorar.

No es la economía, estúpido

Pío Moa en Libertad Digital

Si alguna posibilidad real tienen los separatistas de cumplir sus sueños, está en la inanidad política e intelectual de "Madrid", es decir, de los dos grandes partidos que se suponen nacionales: uno, porque su desprecio a España hace el juego al separatismo; el otro porque renunció hace tiempo a la lucha de las ideas, hasta vaciarse de ellas.

Una manifestación de esa inanidad consiste en la habitual reducción del problema a la economía. Así, esgrimen el argumento "decisivo" de que la secesión de Cataluña supondría gravísimos daños económicos para esa región, al perder su principal mercado en el resto de España, y que a su vez "Madrid" podría impedirle el acceso a la UE. Los dos argumentos apenas rebasan el nivel de la tontería.

La secesión de Cataluña podría traer cierto coste económico inmediato para ella –y para el resto del país–, por el resentimiento que crearía y algún posible, aunque poco probable, boicot a los productos catalanes; pero la lógica del intercambio comercial limitaría pronto ese efecto. La gente no compra productos catalanes por amor a Cataluña, sino por interés práctico, y el desamor actual de los españoles por su propio país hace que la clase empresarial española lo sea solo geográficamente, pues culturalmente es más bien anglosajona. Cataluña no perdería de modo importante el mercado del resto de España, y en cambio entraría cada vez más en la esfera de influencia económica francesa, dirección que siguen conscientemente los separatistas.

No menos ridícula es la amenaza de impedirle entrar en la Unión Europea. Si España llegase al grado de agusanamiento que permitiese tal secesión, debería aceptar también la integración de Cataluña en la UE, un asunto insignificante comparado con la enormidad de la secesión. Y si, dentro de la nulidad política corriente, "Madrid" se enrabietase con cerrar el paso a una Cataluña separada, ya se encargarían las potencias realmente dominantes de la UE de hacerle entrar en razón "con mano de hierro en guante de seda".

Y debe considerarse otro aspecto: en la estúpida casta político-intelectual española ha arraigado con fuerza indestructible la idea de que fuera de la UE no hay salvación. Pero Suiza o Noruega están feliz y prósperamente fuera, y Reino Unido mantiene dentro una posición muy especial, por poner dos casos. La propia experiencia de España, que nunca parece servir de nada a nuestros políticos, enseña que nuestro país creció mucho más rápidamente fuera de la CEE que dentro, y que la integración "en Europa" –como dicen demostrando nuevamente su sandez–, no nos ha librado de graves crisis económicas, como la actual.

Todo ello sin contar con que un país que consintiese tal secesión se hallaría sin fuerza política y moral para impedir el contagio de las tendencias disgregadoras a otras regiones. Porque el problema de Cataluña es político, cultural e histórico. Y en él entra la economía, por supuesto, pero solo de modo secundario y derivado. ¿Es tan difícil de entender?

Ben Laden, la mafia y la guerra

Cristina Losada en Libertaf Digital

La operación fue un acto de guerra en respuesta a otro –los ataques del 11-S– y, en la guerra, la eliminación del enemigo es un objetivo legítimo y legal. Quién hubiera protestado si, en 1942, un comando británico asesinara a Hitler. La guerra del terrorismo no es la guerra convencional, desde luego. Pero es tan guerra que tropas de varios países combaten en Afganistán contra los discípulos de Ben Laden y sus aliados. Creo que allí matan a los terroristas a traición y sin darles tiempo ni a desenfundar ni a detonar. Así mataron a uno de los jefes militares de los talibán en 2007. Y así mataron en Irak en 2006 al que llevaba las riendas de Al Qaeda. No se abrieron grandes interrogantes éticos y legales entonces. Ningún Llamazares denunció "asesinatos extrajudiciales" y nos dejó con la incógnita de cuáles pueden ser los "asesinatos judiciales". Pero al "enemigo número uno de Occidente" no se le va a matar como a un enemigo cualquiera.


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Lo que tenían que haber hecho es darle un tirón de orejas y ponerle un ratito cara a la pared para que recapacitara. Más o menos, eso es lo que esperaban algunos.

Ni justicia, ni venganza

Pilar Rahola en La Vanguardia

El yihadismo es la amenaza totalitaria del siglo XXI, heredera natural de los totalitarismos del siglo XX. Ha declarado la guerra contra el mundo y, aparte de estresar la vida cotidiana de las sociedades que violenta, ha conseguido matar a miles de personas. Es una guerra con toda su crudeza, por mucho que la trinchera sea el mapamundi. En este contexto, la muerte de Bin Laden es un acto de guerra. No es bonito, no es simpático, no es justo, no es injusto: es un eslabón más de la larga cadena de un conflicto bélico.


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Los occidentales vivimos en una especie de infancia perpetua. Y lo de los españoles es aún peor: nunca acaban de salirnos los dientes de leche. Y así nos va.

jueves, 5 de mayo de 2011

El futuro de España es el mercado negro

Jorge Valín en Libertad Digital

España ha caído en una espiral de decadencia absoluta. Profunda crisis del modelo socialista monetario. Los ciclos creados por la sobreemisión de dinero nos llevaron a una explosión productiva que no estaba fundamentada en nada (burbuja). Se coronó la inflación como el motor de la economía occidental. Expliqué las consecuencias –que se han cumplido– en el 2004. ¿Cómo actúan los bancos centrales ante tal fracaso? Con más inflación crediticia, ayuda a los bancos y así haciendo crecer otra burbuja. ¿Qué pide la gente? ¡Tipos de interés más bajos! Sin saberlo están cavando su tumba.

El Gobierno y las comunidades autónomas, casi arruinadas por su gestión, compra de votos, clientelismo de los lobbies y corrupción, recortan privilegios sociales y suben impuestos. Desde la tribuna vemos aberraciones: las autonomías mantienen sus embajadas. El Gobierno regala más de 400.000 euros a organizaciones como el Centre d’Informació i Documentació Internacional a Barcelona. Paga 143.000 euros a cosas como un Seminario Sobre la Pena de Muerte en el Caribe. Regala 100.000 euros a la Fundación Centro Internacional de Toledo para la Paz. ¿Había oído hablar nunca de ella? Todo esto, y mucho más, en el BOE del 23 de abril.

¿Cuál es la respuesta de la gente? Más privilegios sociales para vivir de la producción ajena, del robo y el latrocinio. Al igual que los banqueros centrales, ¿es qué no han aprendido nada de los errores pasados? El Estado no sabe gestionar el dinero para la sociedad. El Estado solo paga favores a sus lobbies. No saca nada ayudando a la sociedad. Los únicos que saben gestionar nuestro dinero son aquellos que no nos roban. Aquellos que necesitan del consentimiento de su cliente para sobrevivir. En otras palabras, la propia sociedad, que en lenguaje económico se llama libre mercado. ¿Cómo puede transmitir confianza una organización que obtiene sus recursos del robo masivo, el engaño y las prohibiciones? El mayor gasto de cualquier ciudadano son los impuestos. Y no son nada voluntario.

La gran farsa sigue. Casi todos los economistas damos por sentado que pasadas las elecciones el ejecutivo aumentará los impuestos (especiales y no sé si se atreverá con el IVA) y eliminará más privilegios sociales. Probablemente sea en verano, que es cuando la gente está más despistada. Y es que no es la primera vez que harían algo así. Hace un par años algunas administraciones subieron el IBI (Impuesto de Bienes Inmuebles) por sorpresa, sin decir nada. Cada vez que baja la gasolina, le cargan algún impuesto, y cuando sube, lo mantienen.

El Gobierno es incapaz de crear políticas realistas enfocadas al pueblo. ¿Cómo puede ser que en un país donde hay un 20% de desempleo y un 40% de paro juvenil, mantenga una carga sobre el trabajo del 50% del desembolso total al trabajador? Un mileurista paga casi 900 euros al mes al Gobierno (cuota empresarial a la SS + cuota del trabajador + IRPF + IVA). Cuando los reyes medievales cobraban una tercera parte de la producción a sus ciudadanos lo llamamos esclavitud, pero si el Gobierno nos arrebata la mitad de nuestro sueldo y nos sigue saqueando en cada compra e inversión que hacemos, lo llamamos Estado del Bienestar.

No sé si a España la van a intervenir oficialmente o no. Lo que sí sé es que le están obligando a dinamizarse un poco ante el estado de despilfarro y descontrol actual. La están sometiendo a una intervención opaca. Nuestro futuro inmediato son más cargas tributarias, más Estado policial contra el pequeño comercio que representa el 80% del tejido económico del país y menos privilegios. Muy bien, el Estado es el principal foco de pobreza. No es la solución a nuestras penas. Solo hay un camino para la prosperidad: menos dependencia del Estado. Que se ahogue en sus deudas y junto a sus lobbies. Cuando una solución es injusta, se ha de combatir por las buenas o por las malas. No le están dando otra solución al pueblo. Declara tu particular guerra al Estado: insumisión fiscal y mercado negro. Ese va a ser el futuro de España. De hecho, la economía sumergida ya es el mayor "sector" de nuestro país con más de un 20% del PIB. E irá en aumento.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Me ofende usted

Ángel Vallvey en La Razón

Señor presidente Zapatero: me ofende usted. Su último discurso –«nosotros no provocamos la crisis»– ha colmado mi paciencia. Me siento insultada por sus palabras. Usted quizás no comprenda mi vergüenza ante su disertación, usted es gente principal, gente poderosa, gente «gorda» como se dice en mi tierra.

A usted, el número de parados se nota que no le afecta personalmente, que esa cantidad escalofriante es sólo un inconveniente cuya importancia pasará pronto: en cuanto se largue usted. Pero mire, cinco millones de parados son muchos; si hiciese una sencilla operación matemática se daría cuenta de que, al resto de los españoles, los que no somos usted y su familia y amigos (influyentes y poderosos), al resto de esa «ciudadanía» que usted ha convertido en nuevo proletariado, a nosotros sí nos toca de cerca al menos un parado de esos cinco millones. Ni siquiera hay que aplicar los «seis grados de separación», todos los españoles –excepto usted y sus etcéteras– tenemos a alguien a nuestro alrededor que está parado –amigo, familiar, compañero…–, y a muchos nos humilla oírle una y otra vez el mismo irresponsable, mostrenco y emético discurso: el de «yo no he sido». Ha tenido 7 años para hacer cosas, para arreglar cosas, pero desde el principio repite usted la misma cantinela: «el problema viene de fuera, que la solución venga de fuera también». ¿Creía usted que España era una cuenta de gastos a su disposición que no requería más que distribuir los montones de billetes y con la que se podía jugar a la ingeniería social? Los problemas le han venido a usted demasiado grandes. Usted no es un estadista. No sabe solucionar conflictos, sólo sabe crearlos. A mi alrededor, aumenta el número de personas desempleadas. Gente que, nunca en su vida, estuvo parada. Mientras, usted sigue con su discurso de la pureza socialista. Usted… ¡inocente, sin pecado concebido, mirando la miseria de España desde su altar moral socialista! Su irresponsabilidad es una desfachatez. Su ineficacia, una falta que no le perdonará la historia. Su discurso de «yo no he sido» demuestra que usted no está pisando el barro de esta situación, que sigue en lo único que sabe hacer bien: sobrevolar la realidad, producir ideología, gastar la pasta de nuestros impuestos en chorradas. Y alejarse años luz de quienes le votaron y a quienes ahora lastima usted con sus palabras.

Quieren subir los impuestos en vez de bajar el gasto público

Jaime de Piniés en Libertad Digital

Parece ser que nuestro Gobierno prepara subidas de impuestos en vez de incentivar recortes en el gasto. Según el Programa de Estabilidad que se envió el pasado viernes a Bruselas, se permitirá al Estado, a las comunidades autónomas y a los ayuntamientos evitar mayores recortes del gasto si se adoptan cambios normativos que supongan un aumento permanente de los ingresos, es decir, si se aumentan de forma permanente los impuestos. Además, el programa amenaza a las comunidades autónomas que osen reducir sus impuestos ya que pueden ver limitado su techo de gasto.

Conviene tener muy claro por qué dicho programa es un despropósito mayúsculo para España. En primer término, mantener el gasto público a expensas de un incremento permanente de los impuestos sólo sirve para perpetuar una transferencia de recursos del sector que crea riqueza, el privado, al público. Detraer recursos de forma permanente al sector privado sólo frenará nuestra tasa de crecimiento potencial; y con una tasa de desempleo del 21,3%, que equivale a 4,91 millones de parados, simplemente no nos lo podemos permitir.

En segundo lugar, con más de 3,17 millones de asalariados públicos en España, un incremento neto de 1,2 millones desde el año 1996, ¿hay alguien que verdaderamente crea que todo ese personal público es necesario? Como tuvimos ocasión de analizar la pasada semana en esta columna, los informes de la UPyD demuestran que si se hubieran seguido las prácticas más eficientes, sin menoscabar los servicios sociales prestados a los ciudadanos, sólo entre las comunidades autónomas nos podríamos haber ahorrado más de 52.000 millones de euros en los últimos tres años, más del 5% del PIB nacional. A la misma conclusión se puede llegar centrando la mirada en las principales ciudades de nuestro país. Sólo en el año 2010 nos podríamos haber ahorrado más de 6.000 millones de euros, sin pérdida de prestaciones para los ciudadanos, si se hubieran seguido las prácticas más eficientes entre las 40 ciudades principales.

El déficit público en el año 2010 de las comunidades autónomas fue de 36.000 millones de euros y el de las corporaciones locales de casi 7.000 millones. Pues la ineficiencia o sobrecoste, definido como gasto público excesivo o innecesario para la prestación de los servicios sociales a los ciudadanos, representó el 56% de aquel déficit público para las comunidades autónomas y más del 86% para las entidades locales. Por lo tanto, no hace falta recortar prestaciones a jubilados, ni reducir otras prestaciones sociales a la ciudadanía, ni, insisto, incrementar los impuestos para recortar el déficit. Sólo hay que recortar el gasto estrictamente excesivo e innecesario para cumplir nuestros objetivos de déficit público.

Por último, el Programa de Estabilidad es un despropósito porque su única y verdadera función es cumplir un objetivo político: mantener contentas a las fuerzas nacionalistas que reclaman más recursos para que siga manteniéndose en pie el Gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero.

¿Qué hacemos con el niño Ivancito?

Pablo Molina en Libertad Digital

Con la operación destinada a blindar a más de treinta mil contratados a dedo, los socialistas andaluces acreditan nuevamente el mérito de ser la organización más creativa a la hora de esquilmar las arcas públicas con cierta apariencia de legalidad. No hay grupo humano más voraz que una horda de sociatas meridionales encaramada al poder, como saben perfectamente los ciudadanos que han de padecer esta situación por más de ocho años seguidos. En Andalucía llevan ya más de treinta, así que calculen.

El razonamiento del equipo de Griñán ha sido el siguiente. Puesto que resultaría obsceno hasta para una organización tan desvergonzada como la nuestra convertir de golpe en funcionarios a los más de tres decenas de miles de "compañeros" que hemos enchufado, hagamos que los chiringuitos que hemos creado para mantener a tanto inútil pasen a formar parte de la estructura orgánica de la Junta de Andalucía. ¿No es genial? Así nadie puede acusar a los socialistas de haber convertido en funcionarios a los 30.000 familiares y afiliados que cobran del presupuesto autonómico, pero el resultado es el mismo puesto que a partir de este momento ya no son trabajadores de sociedades anónimas, agencias y fundaciones privadas varias a los que se puede despedir de un plumazo, sino empleados públicos dependientes del organigrama administrativo de la Junta de Andalucía, lo que para el caso es lo mismo que ser funcionario de carrera.

Es que las oposiciones por el turno libre son una costumbre franquista que griñánidos, zarríacos y chavésicos, y no digamos los pizarreos del decadente Clan de Alcalá, se confiesan incapaces de superar por fácil que sean los ejercicios, así que el partido, La Pesoe, ha decidido no someter a estos treinta mil compañeros a semejante crueldad.

El resultado es que el nuevo presidente de la Junta de Andalucía, si es que cambia el gobierno en las elecciones del año próximo, tendrá a más de treinta mil submarinos del PSOE encargados de llevar a cabo, en su caso, las decisiones políticas del nuevo equipo de gobierno. ¿A quién van a obedecer todos estos compañeros? ¿A Don Javier Arenas o a la organización que los ha colocado en la ubre autonómica junto con toda su familia? Pues hombre, es fácil comprender que un número indeterminado de ellos tendrá la tentación de actuar lealmente, pero con La Pesoe, corporación a la que deben su fortuna.

Sólo hay un cliente de esta corporación socialista, muy bien recomendado por cierto, cuyo futuro laboral no ha quedado todavía solucionado para zozobra de los que seguimos asiduamente la actualidad andaluza. Me refiero obviamente al niño Ivancito, abandonado al albur de los rigores del libre mercado en cuanto el apellido de su tarjeta de visita, en vez de respeto cause hilaridad en los despachos oficiales de la Junta.

Poco ha de poder Don Manuel si no convence a su sucesor para que encuentre acomodo institucional a la criatura. Con su extraordinaria facilidad para hacer números y extraer porcentajes debe haber algún lugar en la administración andaluza acorde a sus merecimientos, de Presidente de la Cámara de Cuentas para arriba. Sus ingresos mensuales se resentirán, pero para este miembro preeminente de la segunda generación del apellido Chaves lo importante, seguramente, es seguir sacrificándose por Andalucía los años que haga falta. El ejemplo de su "papá" no admitiría otro comportamiento.

Pepe, el del Alakrana

Editorial de Libertad Digital

"Llegó a Nairobi un tal Pepe –se puede leer en el texto judicial–, persona de unos 45 años de edad, de aspecto español, buen conversador, que aparentaba tener soltura en estas cuestiones" y que comenzó a tener conversaciones "telefónicas" con los piratas. Según el tribunal, Pepe le hizo ver a los piratas la imposibilidad de que dos de ellos (los condenados ayer a más de 400 años) fueran puestos en libertad una vez que ya habían sido capturados por la fragata Canarias –coordinada por la OTAN– por lo que "las negociaciones se centraron en el aspecto económico". Que después de esto la ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez, sostenga que el Gobierno no ha pagado revela, como mínimo, el desprecio más absoluto del Ejecutivo por las sentencias judiciales que tanto dice respetar. El silencio ante una descripción como la que se infiere del relato de las andanzas de Pepe, nuestro hombre en Nairobi, hubiera sido más decoroso para una ministra que demuestra desconocer los protocolos de un cargo como el suyo. Pero como negar la mayor tiene un coste cero para el Gobierno, adelante con los faroles.

Ni estimula ni frena el terrorismo

GEES en Libertad Digital

Ahora que tanto se especula sobre si Al Qaeda continuará su supuesto descenso hacia la irrelevancia o si, por el contrario, la eliminación de su líder provocará una oleada de atentados para vengarle, es importante recordar la rutina del combate yihadista salafista.

Osama Bin Laden ha alcanzado, para sus seguidores, el martirio, y esto no es en absoluto una mala noticia. Lo más natural para un "muyahid" o combatiente sagrado, es morir en combate, enfrentándose a sus múltiples enemigos, apóstatas y/o infieles. Lo peor para ellos es caer en cautividad y no poder continuar su Yihad guerrero: si en prisión siguen trabajando por la causa, haciendo proselitismo y engrandeciendo el bando de los "muyahidin", el cautiverio es una bendición, como lo es morir combatiendo contra los infieles estadounidenses. Es por ello que los yihadistas no van a arrugarse, sino que van a continuar su rutina asesina.

¿Debemos esperar atentados inminentes? Lo cierto es que estos se cometen cuándo y dónde se puede, poco importa que sea en suelo afgano o estadounidense. Lo más frecuente en tiempos recientes es que sea, sobre todo, en lugares "calientes" como Afganistán, Pakistán, Somalia, Irak o Daguestán en la Federación Rusa, pero podría ser en cualquier otro lugar y en cualquier otro momento. Precisamente la matanza de Marrakech, los dieciséis asesinados a buen seguro por Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI), son un recordatorio aún muy reciente de la vigencia del terrorismo en cualquier lugar y contra cualquiera.

Cabe preguntarse si ahora que Bin Laden ha desaparecido ha dejado algún mensaje preparado en previsión de la llegada de este momento. Entre los "muyahidin" que en estos últimos lustros han asesinado por doquier y han acabado muriendo en combate, en ocasiones dejaban algún testimonio para ser conocido tras su "martirio", y no sería descabellado que en el caso de alguien tan relevante lo haya dejado. Ahora que tanto se especula sobre quién va a sucederle al frente de la "empresa", como si de eso se tratara Al Qaida, lo que sí parece seguro es que las líneas directrices del yihadismo salafista que el ahora fallecido recibió de su mentor Abdallah Azzam permanecerán inamovibles: seguir combatiendo a los apóstatas (malos musulmanes) hasta la muerte, fijando los esfuerzos por derribar y eliminar a todo "taghout" (tirano musulmán), diezmando a los infieles que les sostienen y trabajando con ahínco por construir el Califato Universal a escala planetaria.

Esos son los pilares ideológicos del yihadismo salafista, y por delirantes que nos parezcan hay quien cree firmemente en ellos. Es por ello que quienes se hacen ilusiones buscando con quién negociar entre los Talibán y los miembros de Al Qaeda, quien libera alegremente presos radicales –el Rey de Marruecos hace dos semanas– o incluso el líder del Movimiento de Resistencia Islámica " palestino (Hamas), Ismail Haniyeh, que ha ensalzado a Bin Laden como "combatiente del Islam", lamentarán más pronto que tarde su error.

El asesino está muerto

Pilar Rahola en La Vanguardia

Una de las cosas más delirantes que pasarán los próximos días serán las coloristas teorías de la conspiración que inundarán la red.

Veremos cómo Bin Laden no estará muerto y los estadounidenses serán los autorresponsables de los atentados que los matan. Y es que es posible que internet sea el invento del siglo, pero la cantidad de cretinos, extremistas e ignorantes que acumula es también una de sus grandes características. Y, cuando se trata de despreciar a los yanquis y minimizar a los fanáticos radicales, el ejército de paranoicos es inmenso. Más allá del judeomasonismo ideológico, la muerte de Bin Laden es un hecho simbólicamente muy relevante. Y uso este adverbio de manera expresa. Porque el gran valor de su muerte, en esta guerra no declarada pero muy cruenta, tiene que ver con la simbología. En realidad, y desde la estricta perspectiva de la seguridad, hacía mucho que Bin Laden era poco importante, más próximo al mito guerrero que al liderazgo operativo del terrorismo internacional. Primero, porque el fenómeno yihadista es una hidra de muchas cabezas, cada una de ellas con un gran nivel de autonomía. Es decir, cualquier cerebro destruido por esta ideología totalitaria y convencido de que tiene que matar en nombre de Alá se puede convertir en un asesino: recordemos el ejemplo de Theo van Gogh. Además, la mayor parte de los grupúsculos terroristas que actúan en el planeta no recibe ninguna orden de Al Qaeda, más allá de las ideas generales. Ciertamente, Bin Laden hacía tiempo que no era otra cosa que un espectro, cuyo liderazgo se había debilitado considerablemente. Su muerte, pues, tiene la fuerza de una importante victoria bélica, pero no cambia en nada el riesgo global del fenómeno. No olvidemos que cada día hay atentados, y que el número de muertos en nombre del islamismo radical se cuenta por millares. Por lo tanto, esta es una noticia muy importante para el estado anímico de cada parte del conflicto, pero desgraciadamente no lo es para la erradicación del yihadismo. Y ¿ahora qué?, se preguntan los micrófonos que recogen la desazón y el miedo ciudadanos. Sin duda, aumenta el riesgo específico, no en vano el yihadismo necesita alguna acción inmediata de impacto para recuperar posiciones, y sabemos que Occidente es el objetivo prioritario. Pero más allá del reforzamiento policial, sería importante que también reaccionara el mundo político y social, demasiado errático en la lucha contra este fenómeno. Hablo de radicalismo ideológico en nuestro país, de imanes que fomentan el odio a Occidente, de dictaduras que los financian, hablo, en definitiva, del buenismo yupiyaya con que nos enfrentamos al fenómeno.

Porque Bin Laden era, sin duda, un asesino de masas, pero en nuestra casa tenemos asesinos de ideas, cuya eficacia no mata personas, pero destruye cerebros. Y son tan enemigos de la libertad como el propio Bin Laden.

martes, 3 de mayo de 2011

No es Ben Laden

Óscar Elía en Libertad Digital

El problema no es ni era Ben Laden. Ni siquiera la red alqaedista, que permanece aún estable y dispuesta a golpear. El problema es que el islamismo ha avanzado desde 2001, y aunque no bajo la tutela directa de Ben Laden, sí en la misma versión nihilista y despiadada de émulos y discípulos. Y sí en la versión "moderada" de políticos, imanes o intelectuales, que desde Casablanca a Yakarta siguen impulsando impunemente la ideología de la yihad. Y ese es el problema; Occidente, lejos de aprender que los islamismos acaban en terrorismo, juega con una doble ficción: que los primeros pueden sustituir, apaciguando, al segundo, y que basta con eliminar o detener a éste o aquel dirigente para solucionar el problema. De ahí que se esté celebrando la muerte de Ben Laden como si todo hubiese acabado, como si con él terminase una realidad que siempre nos ha aterrado y que nunca hemos querido mirar de frente. Pero el carácter global del islamismo nos recuerda que a Ben Laden le sustituirá Al-Zawahiri, que en Afganistán Occidente negocia la entrada talibán en el Gobierno, que los Hermanos Musulmanes cogen fuerza en Egipto, y que para Al Qaeda se abre una oportunidad de oro con las crisis libia y tunecina en el Magreb y el Sahel. Hoy, como en 2001, Ben Laden no es el problema. No el más importante, al menos. ¿Queremos verlo?

Ben Laden: ¿De qué se felicita el Gobierno?

Editorial de Libertad Digital

Si ya resulta extraño que el Gobierno y el PSOE se feliciten por una operación militar de los Estados Unidos, vincular el 11-M a la actividad terrorista de Ben Laden es consecuencia del masivo intento de manipulación con el que se pretende cerrar una causa que aún recorre los tribunales españoles, entre otras muchas razones por la manipulación y desaparición de pruebas consideradas clave. Ahora, imputar el 11-M a Ben Laden aprovechando su muerte tras la acción del Ejército de los EEUU es la consigna y el verdadero objetivo de las comparecencias socialistas, cuyo entusiasmo sobrepasa de largo a sus esfuerzos, incluidos los teóricos, para acabar con la amenaza terrorista que suponía el líder de Al Qaeda.

lunes, 2 de mayo de 2011

Viñeta de Caín en La Razón

2 de Mayo

César Vidal en La Razón

El 2 de mayo ha sido presentado de maneras muy diversas con el correr del tiempo. Cuando yo era niño, era presentado como el inicio de la resistencia patria contra Napoleón y su relevancia era de alcance nacional.

Desde hace décadas, esa perspectiva ha sido ferozmente negada gracias al nefasto sistema autonómico y se ha visto reducido a fiesta de la Comunidad de Madrid. Semejante sectarismo aldeano explica que «Sangre de mayo», de Garci, apenas pudiera verse fuera de Madrid por eso de que el 2 de mayo era sólo de interés local. Visión sesgada por visión sesgada, era mejor la antigua. Mejor, pero muy incompleta. El 2 de mayo amaneció con un sistema político español agonizante. El rey Carlos IV y su hijo Fernando habían acudido a Napoleón para que resolviera quién iba a ser rey de España. Por supuesto, el Corso había decidido que ninguno de los dos y que la corona fuera a parar a su nada entusiasmado hermano José. Mientras tanto las autoridades del reino –con la excepción de algunos militares jóvenes– habían decidido contemporizar y entregarse al dominio francés. Quizá así hubiera resultado de no ser por que la mañana del 2 de mayo unos transeúntes descubrieron que se llevaban del Palacio Real al último miembro de la Familia Real e inmediatamente comenzaron a lanzar gritos contra los franceses. No estaba el francés Murat –que había llegado unas horas antes a Madrid e incluso había asistido a misa – para tolerar algaradas y ordenó reprimirlas con todo el rigor posible. Lo que se produjo entonces fue un estallido de cólera popular absolutamente inesperado. Desde Manuela Malasaña a los héroes del parque de Monteleón –cuyo nombre dejó de estudiarse gracias a la LOGSE– pasando por los madrileños que sufrieron las cargas de los mamelucos en la Puerta del Sol, las clases populares –y nadie más– se echaron a la calle para combatir a los gabachos. Fue una verdadera carnicería porque las navajas y las agujas de coser no se pueden enfrentar con los cañones y los sables. Pero lo que sucedió después resultó, desde muchos puntos de vista, peor. Las autoridades españolas nombraron presidente de la máxima institución del Reino a Murat; los obispos y la Inquisición condenaron la sublevación y amenazaron con la excomunión a los que empuñaran las armas contra los invasores; se llegó a decir que los oficiales del parque de Monteleón no habían querido sublevarse y se aceptaron los fusilamientos masivos perpetrados por los franceses. Era la gran impostura de un sistema muerto, pero que se empeñaba en seguir viviendo como fuera. Si al final se produjo un cambio fue porque el pueblo llano, comenzando por Andrés Torrejón, el alcalde de Móstoles, decidió resistir como fuera; porque los franceses estaban más dispuestos a profanar iglesias que a respetarlas; y porque Inglaterra captó la importancia de ayudar a los únicos europeos que se enfrentaban con Napoleón. La prolongación de la lucha y la barbarie francesa obligaron a todas las instituciones a cambiar de opinión más por la fuerza de los hechos que por la convicción moral. Seguirían seis años de derramamiento de sangre para que las instituciones que peor estuvieron aquel 2 de mayo se alzaran con el santo y la limosna y el pueblo, una vez más, resultara burlado. Obligatorio es recordarlo todo a día de hoy.

Catarro ideológico

José Luis Alvite en La Razón

Se habla más del cambio climático desde que los asuntos meteorológicos dejaron de ser una ocupación profesional para convertirse en un credo ideológico, en gramática de pancarta. Ya digo que carezco de rigor científico para asegurar que el clima ha cambiado. Mi impresión personal es que ahora llueve menos que antes, aunque luego resulta que mi empírico anciano de cabecera dice lo contrario. La verdad es que hace ya unos cuantos años se vaticinaba una desertización que al final no se ha producido. En algunas zonas del país incluso hay pastizales donde antes sólo echaba raíz el polvo. A mí lo que no deja de sorprenderme es que contra el calentamiento global siempre salgan a manifestarse a la calle unos señores muy abrigados que no van a la playa en agosto por temor a acatarrarse.

TVE, todos a la calle

José Carlos Rodríguez en Libertad Digital

El otro día, mientras veía un panegírico a un conspicuo ex dictador, me acordé de la polémica entre María Dolores de Cospedal y Ana Pastor, y eso que aún no se había producido. Cospedal, en respuesta a un periodista, dijo con total naturalidad que los servicios informativos manipulan a favor del Gobierno y en contra del Partido Popular. Lo dijo con una desenvoltura notable. La misma que tiene Ana Pastor y con ella la mayoría de los presentadores de Televisión Española para ajustar el mensaje que dan a los intereses políticos del Gobierno. Una naturalidad, una gracia descarada y fría que contrasta con el ardor de un corazón entregado a una causa, una, la de que el Gobierno no caiga en otras manos que no sean las socialistas. La de que las masas españolas se traguen la ideología progresista, tan pobre que se puede resumir en un folleto de 30 páginas.

Recordaba ya la polémica entre la político popular y la Pastor porque es la de siempre. No ha habido un solo día en que Televisión Española o la siempre Radio Nacional de España hayan faltado al propósito por el que fueron creadas: favorecer al Gobierno y ser un vehículo de su ideología. Ni siquiera es necesario darle indicaciones a los periodistas de lo que se debe contar y lo que no, aunque no dudo de que esa debe ser una práctica habitual. Basta seleccionar a las personas adecuadas. Sin ir más lejos, a Ana Pastor, que con su conexión telepática con su marido no necesita otra conexión áulica. Su función nunca cambia, y la harán con mayor o menor eficacia. Antes se justificaba la manipulación porque la televisión pública realizaba una labor social que no harían las televisiones privadas. Como si no fuera a desaparecer TVE, con todos sus documentales sobre el Serengueti, si una ley prohibiese la emisión de espacios informativos en aquel canal. Hoy la manipulación se justifica por sí misma, por el tradicional método de negar lo evidente. Es cierto, no obstante, que no es tan burda como otros años, y que la sal gruesa se ha trasladado de los programas estrictamente informativos a las series y los programas.

No está de más recordar que TVE está al servicio del Gobierno pero que se paga con los impuestos de quienes votan a los socialistas y de quienes no les votan. Que la pagan quienes han hecho suya la ideología de TVE y los que no. Es un organismo extremadamente caro y cumple la función, antisocial, de servir al Gobierno. "¿Qué modelo de televisión pública tienen ustedes?", le preguntaba cínicamente Ana Pastor a Cospedal. Yo puedo responder sin ningún rodeo: el de una televisión cerrada o privatizada.

Por descontado, el servil elogio al ex dictador lo vi en Televisión Española.

Demócratas de toda la vida

Emilio Campmany en Libertad Digital

Este viernes, el diario Público ha denunciado que "Cospedal aloja en sus listas en Seseña a un ex candidato ultraderechista". Se trata de Juan Manuel Medina, concejal del ayuntamiento de Seseña, número dos de la lista del PP. Medina fue candidato de la Alianza por la Unidad Nacional de Ricardo Sáenz de Ynestrillas, de Falange y de España 2000.

Según el socialista toledano, Jesús Fernández Vaquero, esto "es impresionante. No es de recibo que el PP aloje a un candidato que ha militado durante años en la extrema derecha antidemocrática, enemiga no del PSOE, sino del Estado". Tiene guasa que esto lo diga un tío del PSOE, que ha sido y es aliado de algunos partidos que sí son inequívocamente enemigos del Estado puesto que su deseo no es cambiarlo, sino descuartizarlo. Enemigos del Estado confesos son Esquerra Republicana y el Bloque Nacionalista Galego e incluso el PNV y CiU. Los partidos en los que estuvo Medina son como mucho enemigos del Estado democrático. En cambio, ERC, BNG, PNV y CiU son enemigos del Estado a secas, democrático o no, puesto que persiguen su desmembración. Y, no obstante ser estos partidos confesos enemigos del Estado, no merecen por parte del PSOE, en general, y del de Toledo, en particular, la más leve descalificación. ¿Por qué? Pues porque a los socialistas no les preocupan los enemigos del Estado, sino los enemigos del PSOE.

Y encima la acusación viene del partido de Largo Caballero, Álvarez del Vayo y Negrín, aceptados como ilustres socialistas del pasado del PSOE. Todos ellos fueron enemigos del Estado, o por lo menos, enemigos del Estado democrático, poco más o menos lo mismo de lo que podría ser acusado el señor Medina en el pasado. Y no hay que irse tan lejos. El PSOE tiene, no en la candidatura al ayuntamiento de Seseña o de Vitigudino, sino en su Gobierno, a dos ilustres ex comunistas, Rosa Aguilar, ministra de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, y Diego López Garrido, secretario de Estado para la Unión Europea. A ver si nos van a contar ahora que el pasado comunista de estos dos figuras es de recibo y en cambio el pasado falangista del señor Medina, no.

El candidato popular, por su parte, bailando al son que los socialistas le marcan, en vez de denunciar a los que, con un pasado antidemocrático, disfrutan de cargos con el PSOE, se justifica alegando que tenía 20 años, como si tener esa edad tuviera que implicar necesariamente el ser estúpido. ¿Por qué tenemos que aceptar a ex comunistas como personas de intachable pasado democrático y en cambio no podemos aguantar a un falangista ganado para la democracia? Pues porque es el PSOE quien expide en España los carnets de demócrata. Y, naturalmente, lo hace bajo el principio de al amigo, todo; al enemigo, ni agua, y al indiferente, la legislación vigente. Hay que fastidiarse.

La boda de la modernidad

David Jiménez Torres en Libertad Digital

De todo lo que vemos, sólo hay algo que seguimos reconociendo como verdaderamente importante, que es el amor, o su sugerencia. Esa idea del amor tan derivada de historias como esta, esas fantasías de Disney que se parecen tanto a lo que estamos viendo: el Príncipe y la Princesa, la boda que sale bien, la plebe que se regocija ante el paso de la pareja feliz en coche de caballos. Ese beso sin lengua ante el pueblo jubiloso.

Y sin embargo hablamos poco de ello. Sería vergonzoso decir "parece que se quieren de verdad". Quizás porque ya se dijo en referencia a los padres del novio, en su día. Quizás porque otra de las incongruencias de la modernidad es seguir usando una ceremonia con aspiraciones de eternidad para un estado que aceptamos como pasajero. Sea por lo que sea, preferimos comentar el horrible vestido de tal y cual.

Carrillo social

Carlos Rodríguez Braun en Libertad Digital

Santiago Carrillo escribió en El País: "Yo sigo siendo partidario de la transformación del capitalismo por un sistema de propiedad social". Esto de "propiedad social" significa naturalmente propiedad política; no está pensando Carrillo en amables cooperativas sino en la propiedad pública, coactiva. Es decir, el comunismo. Enormes masas de trabajadores empobrecidos e incluso millones de ellos asesinados por los comunistas durante el último siglo no han sido suficientes para que don Santiago piense que igual la propiedad social tiene algún pequeño problema.

Lo único que ha cambiado en el señor Carrillo es que "en esta coyuntura" admitiría generosamente la propiedad privada en todo pero no en la banca, que según él debería estar controlada políticamente por los Estados. Llega a esa notable conclusión después de afirmar que está desilusionado: el capitalismo no ha sido modificado, la política no ha podido "cortar las excrecencias cancerosas que se han desarrollado en el sistema capitalista" y, horror de horrores: "la banca ha vuelto a tomar las riendas de la política" y es "un poder fáctico mundial más poderoso que ningún otro".

La inquietud que provoca una persona capaz de defender un sistema criminal como el comunismo se ve, por tanto, complementada por la incredulidad que suscita al tener una visión tan asombrosamente alejada de la realidad como para pensar que la banca debería ser controlada políticamente. Llega incluso al delirio de sostener que una banca estatal mundial –¡y controlada por la ONU!– acabaría con la especulación y las crisis.

Carrillo no parece prestar atención al hecho visible de que la banca ya está controlada políticamente: el dinero es un monopolio público, en manos de autoridades políticas que regulan ampliamente la actividad bancaria. Los políticos no son en absoluto esclavos de los banqueros, sino que ambos se necesitan en un sistema que está totalmente alejado de la propiedad privada. Eso que tanto ansía don Santiago, la propiedad "social" se cumple más en el dinero y la banca que en ninguna otra actividad: mi viejo amigo el profesor Jesús Huerta de Soto suele decir que el sistema monetario y financiero es lo único que queda de la planificación soviética. Igual por eso Carrillo quiere que sea aún menos libre.

Karol Wojtyla

José García Domínguez en Libertad Digital

Como más de una vez se tiene dicho aquí, a algunos agnósticos nos ocurre aquello que dejara escrito Ricardo Reis en El libro del desasosiego antes de perderse definitivamente entre el alcohol y el delirio por los callejones más sórdidos de Lisboa. También nosotros pertenecemos a una generación que dejó de ser católica por el mismo motivo que sus padres lo fueron: sin saber por qué. Acaso de ahí que respecto al cristianismo nos suceda algo parejo a lo que confesaba José Bergamín de su muy personal adscripción al marxismo-leninismo: "Con los comunistas, hasta la muerte, aunque ni un paso más".

Pues, al modo del beato Karol Wojtyla, tampoco nos concedemos ceder a la tentación de confundir relatividad y relativismo. Supremo dogma de fe contemporáneo, esa superstición institucionalizada, la que implacable ordena la muerte de los absolutos. Que no otro habría de ser el corolario posmoderno del "todo vale" predicado por los eternos adolescentes del sesenta y ocho. Así, nuestros James Dean del laicismo militante, ya algo fondones y alopécicos, pero aún amotinados por norma contra "las jerarquías" del Vaticano. Y es que los cardenales de la Curia se empeñan sistemáticamente en desoír sus mandatos; en especial, la orden tantas veces cursada de que sea investido papa algún híbrido entre Antonio Gala y el Pare Manel.

Mas ellos, erre que erre, promoviendo a los altares no solo a devotos creyentes, sino a practicantes de estricta obediencia canónica. En el fondo, lo que les irrita no son sus principios sino el arcaísmo, en sí subversivo, de que los posen. Por algo les faltaría tiempo para tildar de reaccionario a Juan Pablo II. Wojtyla, al igual por cierto que su sucesor, incurría ante sus ojos en el más imperdonable delito de lesa modernidad, a saber, rehuir el eclecticismo moral que predica seleccionar los principios y los valores con el mando a distancia del televisor; mantra nihilista que rebaja los viejos imperativos éticos a triviales opciones, prosaica cuestión de gustos y apetitos en última instancia. "¿Cuántas divisiones posee el Papa?", inquirió en su día aquel viejo ex seminarista, Stalin. Hubo que esperar décadas hasta conocer la respuesta que llegaría de Cracovia. "Las suficientes a fin de poner en desbandada histórica al Ejército Rojo: ninguna, salvo un credo".

1 de mayo, dicen

Gabriel Albiac en ABC

¿Qué fue de la clase obrera? Era la misma historia cada año. Desde mis diecisiete, que es cuando de verdad nací; de lo de antes, ni me acuerdo: esa suerte que tengo. Cada primero de mayo era lo mismo: víspera de la llegada de los bárbaros, que jamás acudían. Los únicos bárbaros allí éramos nosotros: borrachos de los muchos libros y los pocos años. Lo más proletario que había por las calles del Madrid que queríamos soñar insurrecto, eran aquellos hijos del pueblo que, uniformados de gris, nos sacudían la badana. Los incautos hijos de la ínfima burguesía, que salíamos de las tediosas aulas para dar la bienvenida a la clase «objetivamente revolucionaria», regresábamos a casa con la cabeza más gacha cada año. Alguno no regresaba: sólo al cabo de unos meses o unos años, según se le terciara la neurona al juez de Orden Público. Pero a la legendaria clase obrera, ninguno de nosotros recuerda habérsela cruzado.

Yo me largué a París. Esa suerte que tuve. Sobre todo, porque un par de meses después, se descubrió que el responsable de propaganda de mi célula del PC era un policía infiltrado. Allí, en París, sí que había proletas el 1 de mayo. Mogollón. De la plaza de la Nación a la Bastilla no podías dar un paso. Cientos de miles, sí. ¿Revolucionarios? Eso era, desde luego, mucho menos claro. Quienes, año tras año, sacaban aquella muchedumbre obrera tras las enseñas rojas y los himnos de combate, eran los mismos que eludieron tomar el poder en 1968 y aniquilaron a quienes querían tomarlo. Así son las cosas. Les lendemains qui chantent, «los mañanas cantarines» en la arcaica retórica —no exenta de cierto encanto entonces— del comunismo francés, significaba eso: «mañana». Hoy, nunca.

Volví. Para mi desdicha, volví. Al principio, también aquí me encontré aquella escenografía solemne. Menos creíble, desde luego. Porque, ¿quién, aquí, iba a creer en la buena fe de un convocante tan cargado de muerte como el entonces secretario del Partido Comunista de España? ¿Y a quién podía ocurrírsele que unos sindicatos que habían aceptado ser estructuras funcionariales del Estado y zamparse el patrimonio de la CNT sin fruncir una ceja, pudieran en serio llamar a revolución alguna? Poco a poco, todos se fueron descolgando. Al cabo de media docena de convocatorias, a la manifestación del día 1 no asistía ya ni esa banda de zánganos a sueldo que son los «liberados» sindicales. Todo el mundo percibía que, junto a los partidos, los sindicatos autollamados obreros eran lo más corrupto de aquel pacto de arribistas que saldó en beneficio propio el fin de la dictadura.

Y ahora, al fin, no hay nadie. Ni en Madrid, ni en París, ni en ningún sitio. Me dicen los amigos que dejé, que allí ya del primero de mayo la única que saca beneficio es la hija de Jean-Marie Le Pen, que el Frente Nacional es la última fuerza política con desvergüenza bastante para exhibir obrerismo y enarbolar viejas retóricas insurreccionales. La verdad, no debería, pero me siento triste, sucia, pesada, culpablemente triste. Y, aunque sabe demasiado bien la respuesta, no yo, algo en mí, sigue rumiando la que fue épica y es ahora sólo lírica pregunta: ¿pero dónde demonios está la clase obrera? En casa. Viendo la tele.

domingo, 1 de mayo de 2011

¿Tópicos?

Es España un país de mediocres iluminados (Zapatero), de funcionarios sin prisas (Rajoy), donde el que no corre, vuela; el más tonto hace relojes y todo el mundo detesta y/o envidia al vecino, dando lo mismo que se lleve a matar con él o sean compadres. Un país donde ya no es que la siesta sea deporte nacional, no, eso ya pasó a la historia; es que es sacrilegio despertar de la modorra. Modorra, que si no viene de serie, nos es suministrada por las mil cadenas que habrá, aproximadamente, empezando por la primera y siguiendo por la segunda y así sucesivamente, con una eficacia digna de mejores fines. Aunque para los que nos pastorean, su fin justifica todos los media. Un país donde todos llevamos, más o menos oculto, a un funcionario. O a un liberado sindical. O a un parado subsidiado. Un país donde la modernidad eran Almodóvar y Mariscal y lo que mola es estar subvencionado. Un país de donde unos se quieren ir y a otros ya sólo les falta pedirles de rodillas que lo hagan. Un país donde muchos quieren entrar y a algunos no hay manera de echarlos...

Y así podríamos seguir casi interminablemente con nuestros ¿tópicos? Ojalá lo fueran... Si Larra resucitara, volvía a volarse la tapa de los sesos.