Al no haber participado en la Segunda Guerra Mundial y no haber tenido judíos en casa prácticamente desde su expulsión en 1492, los españoles nos decimos que lo ocurrido en el siglo XX con los judíos no va con nosotros. Por eso, seguramente, aquí se toleran cosas que en cualquier país europeo serían inconcebibles, e incluso estarían castigadas, como el pogromo de la Autónoma o algunos artículos aparecidos en periódicos que presumen de globales y modernos. Reina además una ignorancia crasa sobre los judíos, sobre el judaísmo y sobre Israel, ignorancia de la que no están exentas las supuestas élites ilustradas, que en España son particularmente cerriles, acostumbradas como están a vivir en circuito endogámico, sin ventilación ni diálogo. Así que tampoco debemos extrañarnos de lo que pasa. Más bien debemos prepararnos para cosas bastante peores.
domingo, 13 de junio de 2010
El ateísmo moderno
El ateísmo de la izquierda española es apasionado, beligerante, no se ofrece al mundo de las ideas como una tesis que puede ser demostrada, aunque sea basándose en hipótesis interesadas o falaces, sino que se propone como ley, evidencia, verdad y principio fundamental. O sea: como creencia, como fe, como credo. Por eso la izquierda española es profundamente religiosa, y la visita de su sumo pontífice, ZP, al Papa, no sólo es lógica, sino una buena noticia, prueba de que existen unas relaciones cordiales entre ambas confesiones.
En Segovia
Queda demostrado que editar una canción cualquiera subvencionada por el Ayuntamiento de Segovia es un chollo. El editor no se da cuenta ni de la música ni de la letra. Porque para el señor Arranz, oír la música y leer la letra equivale a «darse o no cuenta de ello». De asistir a un concierto sinfónico, su alcalde le preguntaría: «Javier, ¿te has dado cuenta de la música de Mozart?». Y el concejal de Juventud respondería de inmediato. «De la música sí me he dado cuenta, pero no de la letra, porque ahí no ha cantado nadie». Lo que se llama tener cultura y expresarla con sentimiento y síntesis.
Tenemos una mierda de ricos
En Cataluña eres rico y te crujen si ganas más de 120.000 euros al año, pero en Andalucía no hace falta tanto. Aunque no enganches en Feria, ni tengas ganadería de bravo, ni cortijo, date por fornicado como rico si ganas 80.000 euros. Claro que en Extremadura es de llorar: allí se es rico con 60.000 cochinos euros al año. ¿Dónde están los ricos de antaño, los de «media Extremadura es suya», Santiago Castelo? Un rico de 60.000 euros al año ni es rico ni es ná. Eso es una mierda de rico aquí y en La Granja de Torrehermosa, niño.
Agentes de Igualdad, la policía de Aído
La nueva “policía” de Aído es tan inútil como su ministerio pero con un agravante. Y es que si sus funciones se institucionalizan, el que se atribuya también una potestad sancionadora será sólo cuestión de tiempo. Justo lo que necesita un país que, desde que gobierna el jefe de la señorita Aído, no deja de provocar desastres, infortunios y mucha, mucha vergüenza ajena.
sábado, 12 de junio de 2010
Obama o el amo de internet
Antonio José Chinchetru en Libertad Digital
¿Se imagina usted, querido lector, que el presidente de un país democrático pretendiera dotarse de una ley que le otorgara el poder de prohibir la distribución de uno o varios periódicos? ¿Y que esa misma norma le diera capacidad para ordenar cortar las líneas telefónicas de todo el territorio nacional o parte de él, además de impedir el funcionamiento de los servicios postales y de mensajería? ¿Y que además le permitiera cerrar las emisoras de radio y televisión? Sin duda alguna, usted consideraría que ese gobernante busca violar las reglas básicas de la misma democracia que le ha permitido ocupar su cargo.
Pues deje de imaginar y entre en el terreno de la realidad. Algo muy similar a lo que planteábamos en el anterior párrafo es lo que pretende conseguir Barack Obama. El senador demócrata (aunque elegido como independiente, sigue adscrito a su partido) y presidente del Comité de Seguridad Nacional, Joe Lieberman, ha presentado un proyecto que otorgaría al inquilino de la Casa Blanca un poder cuasi absoluto sobre la red por motivos de seguridad en casos de emergencia. El mandatario norteamericano podría ordenar el corte de las conexiones a internet en todo el país o en partes de él y colocar bajo su mando (como si de las Fuerzas Armadas se tratara) el funcionamiento de los buscadores y empresas de software. Las compañías que se negaran a obedecer ante estos abusos serían multadas.
La única limitación a la norma sería que para vigilar el uso de la red que hace un ciudadano debería obtenerse autorización de un juez. En el resto de los aspectos, la norma de la que se quiere dotar Obama le exime de tener que dar explicaciones a nadie.
Aunque el proyecto se limitara a dar al presidente el poder de ordenar el corte de las conexiones a internet, las consecuencias para la libertad de expresión y de comunicación serían tremendas. Equivaldrían a la situación que planteábamos al principio de este texto. Millones de ciudadanos de Estados Unidos leen el periódico, escuchan la radio y ven la televisión por internet. Es más, según las zonas afectadas por el corte, muchos de estos medios on line no podrían funcionar desde esas áreas o estar en ellas los servidores donde se alojan. Lo mismo puede aplicarse a todos los servicios de mensajería instantánea y el correo electrónico.
Añádale el resto de puntos de la norma (pensemos qué implicaría poder ordenar a Google que borre miles de resultados de búsquedas o que deje de funcionar durante unos días) y lo que vemos es una situación más propia de Cuba o Vietnam que de Estados Unidos. Se criticó, y con razón, la Patriot Act de George W. Bush. Comparado con lo que pretende lograr su sucesor, aquello era una broma. Obama busca ser el amo de internet y dar por terminada la libertad en la red. Una terrible aspiración.
¿Se nos ha vuelto de derechas ZP?
Pablo Molina en Libertad Digital
El socialismo no se inventó para crear riqueza sino para repartir la que otros generan según el criterio sectario de los gobernantes. Es lo que en la jerga marxista posmoderna se denomina "corregir las desigualdades", "redistribuir la riqueza" o "justicia social". En definitiva, que usted y yo trabajamos para que los socialistas repartan nuestro dinero en función de sus necesidades electorales.
El problema surge cuando no queda apenas riqueza que "redistribuir", que es exactamente lo que le está ocurriendo a Zapatero, agravado por el hecho de que cada vez le resulta más difícil timar a los "especuladores" internacionales para que le sigan facilitando dinero sin garantías de que podrá devolverlo, que es lo que en el sur llamamos prestar dinero "al ya te veré".
La situación económica de España es tan grave que incluso dos personajes como Zapatero y Corbacho han aceptado el requerimiento insistente de las autoridades financieras internacionales para llevar a cabo una reforma laboral. Ahora ya no importan los así denominados "derechos sociales", que según Zapatero sólo se recortan cuando gobierna "la derecha"; y algo de cierto hay en ello, porque cuando manda la izquierda no se rebajan sino que se destruyen, comenzando por el principal de esos derechos, que es el de tener un puesto de trabajo.
Aliviar las trabas coactivas del Estado sobre el mercado laboral es una cuestión básica que todo gobierno debería observar incluso en las mejores circunstancias económicas, porque es lo que permite que los empresarios emprendan nuevos negocios y creen puestos de trabajo. Sin embargo, para la izquierda es sólo un último recurso al que acudir cuando se ha dilapidado la riqueza acumulada por los gobiernos anteriores.
Pero no nos engañemos. Zapatero no va a hacer esta reforma laboral porque se nos haya convertido en un liberal descafeinado o entienda que es necesaria para salvar al país. Lo hace únicamente porque necesita dinero para seguir "redistribuyendo" entre los de siempre y para eso es imprescindible aumentar el número de contribuyentes. Por eso y porque del éxito de esta última intentona depende que en dos años pueda revalidar su más que dudosa victoria en las urnas. Con razón el empresario hípico le compara con los grandes hombres de Estado.
El problema no es sólo la deuda
El problema de España va mucho más allá de un presidente inútil y de un gobierno incapaz, o de una coyuntura financiera o laboral. El problema es estructural y para solucionarlo se necesitan unas reformas muy sustanciales y profundas que exigirán un coraje que por desgracia no se percibe en el actual panorama político español.
La realidad moral
José María Marco en Libertad Digital
La crisis inacabable en la que nos encontramos es también una ocasión para volver a articular –en la medida de lo posible– el mundo de la acción política con el mundo de la moral. Hemos vivido en una ficción que se está desplomando ante nuestros ojos. Los gobiernos no pueden permitirse ya lo que hasta ahora se han permitido: ni los lujos para los políticos, ni los derroches culturales, ni actividades que se decían esenciales y eran pura y simple compra del electorado. Se ha terminado la fábula de los gobiernos todopoderosos, que tenían en su mano la solución de los problemas, la creación de derechos, la felicidad de sus súbditos.
viernes, 11 de junio de 2010
España ensimismada de nuevo
Florentino Portero en Libertad Digital
Los gobiernos de Rodríguez Zapatero representan, por muchas razones, el fin de un ciclo que se inicia con la coronación de Juan Carlos de Borbón como Rey de España y se cierra con el atentado del 11-M. Si nos centramos en el ámbito de la política exterior, vemos que ese ciclo estuvo marcado por el objetivo patriótico de "situar a España en el lugar que le correspondía" en el concierto de las naciones. Éramos una sociedad acomplejada porque no habíamos sido capaces de vivir en democracia, de generar un desarrollo económico semejante al de nuestros vecinos, de tener un "estado de bienestar" comparable ni, sobre todo, de estar en la cocina de la política internacional. La España de Franco era una apestada y los españoles de 1975 querían superar esa situación incorporándose plenamente a los organismos donde se tomaban las decisiones clave.
Los gobiernos de Suárez y, sobre todo, los de Calvo-Sotelo, González y Aznar se pusieron manos a la obra para lograr ese objetivo común y no hay duda de que lo lograron. No veían el papel de España en el mundo de la misma manera, había sensibilidades distintas sobre cómo tratar a una dictadura de izquierdas, la promoción de la democracia o los mercados abiertos, pero coincidían en que España debía estar en la cocina de la política europea, lograr un nivel de interlocución importante con Estados Unidos, asumir un liderazgo en la comunidad iberoamericana e involucrarse en la política magrebí y de Oriente Medio.
El 11-M produjo un efecto reaccionario en la sociedad española. Sintió miedo por el protagonismo alcanzado, auténtico mal de altura, y muchos concluyeron que el precio a pagar era demasiado alto. La sociedad española, con Zapatero a la cabeza y Rajoy a su espalda, se embarcó en un proceso de marcha atrás, desandando el camino que tanto trabajo nos había costado. Volvimos al "corazón de Europa", es decir a subordinarnos a lo que franceses y alemanes decidieran según sus propios intereses nacionales, pero todo ello teñido de sacrosanto europeísmo. Desde entonces no hemos hecho nada relevante en política europea, salvo poner en peligro la viabilidad del euro.
Hace treinta años, cuando Franco agonizaba entre la expectación de propios y extraños, muchos denunciaban, recogiendo discursos de la época liberal, el ensimismamiento en que había caído la sociedad española. Nos mirábamos el ombligo hasta el aburrimiento. Hacíamos metafísica de una supuesta naturaleza española... cuando lo importante era recuperar el sentido común, asumir una actitud racional, abandonar la secular tendencia a la melancolía y ponernos a trabajar para que España fuera una más en el concierto de las naciones. Si hoy repasamos la prensa española o caemos en la tentación de ver u oír las innumerables tertulias que vertebran la opinión pública española concluiremos que, cual fatídico ciclo, hemos vuelto al principio. De nuevo hemos caído en la melancolía, de nuevo estamos fuera del pelotón de cabeza de la política mundial. Apenas encontramos noticias que nos sitúen en los grandes problemas de nuestro tiempo. Todo es España, la reforma laboral, la inviabilidad de la financiación autonómica, elecciones sí o no... pero casi nada de lo realmente relevante sobre política europea, atlántica o global.
Mientras que en Francia o el Reino Unido se trabaja para definir una estrategia en el medio y largo plazo que les permita seguir gozando de un nivel de influencia relevante, aunque menor que en tiempos pasados, nosotros nos hemos desenganchado de nuestro entorno para perdernos, de nuevo, en los viejos temas: corrupción y caciquismo, la clase política como problema, separatismos y violencia, el fracaso de la educación como motor de la modernización... todo ello en el marco de un estado en descomposición. No hay duda de que Rodríguez Zapatero se ha ganado a pulso un lugar relevante en nuestra historia nacional.
Secuestros en el Sahel
Es de esperar que la firmeza se mantenga y que los terroristas de AQMI encuentren frente a ellos a un bloque coherente de países no dispuestos a ser chantajeados. Sólo así podrá acabarse con el lucrativo negocio del secuestro que, recordémoslo, en nuestras latitudes tanto ha alimentado durante décadas al sanguinario terrorismo de ETA.
Semana de soberanismo virtual
Antonio Robles en Libertad Digital
No hay que descuidar que la crítica que debe prevalecer al abuso nacionalista en esta época de crisis es la corrupción camuflada tras estas asonadas virtuales del catalanismo y la degradación económica de la economía de Cataluña. Nunca, en los últimos 200 años, Cataluña había retrocedido empresarialmente tanto respecto al resto de España, como en los 30 de catalanismo. Y esto no es porque España expolie, sino porque el nacionalismo ha reducido la iniciativa empresarial catalana, a una carrera por colocar a sus vástagos en el presupuesto del negocio nacional.
¿Fue por Helena la Guerra de Troya?
Está claro que los relatos de Troya son ficticios en parte muy importante. Quizá la historia de Helena sea una invención o, de existir, solo un pretexto para otros objetivos. Pero realmente no lo sabemos. Nos queda el arte y el encanto de la epopeya, y haríamos tan mal en reducirlos a intereses comerciales como en explicar las teorías intelectuales por el mero apetito de dinero de sus autores. Aunque deseen ganarlo, evidentemente.
Por qué no tiembla Irán
Los rusos, por ejemplo, están de acuerdo en no venderle carros de combate a Irán, pero eso es algo que los iraníes no pensaban hacer de ningún modo. Y, sin embargo, esta resolución sí le permite a Rusia la entrega de los sistemas de defensa antiaéreos S-300, algo que sí afecta a cualquier iniciativa militar contra Irán.
Es más, con el acceso a estos sistemas de defensa, los iraníes pueden estar más que satisfechos. Ellos ya no necesitan tiempo para adquirir más componentes nucleares. Los tienen. Necesitan tiempo para protegerse de un ataque. Y eso, se lo vuelve a conceder una vez más la ONU.
El colgajo de las grúas
Algún día tendrán que explicar ustedes a los suyos cómo es posible que el movimiento homosexual en España rechace a los homosexuales libres y defienda la brutalidad de quienes los consideran una escoria. Escorias que penden como colgajos desde lo alto de las grúas.
Reflexión sindical
A menudo los sindicatos parecen decimonónicos y hablan en términos muy alejados de la realidad laboral. Primero, porque el binomio empresario/obrero ha sido dinamitado con miles de autónomos, pymes y todo tipo de emprendedores que arriesgan tiempo, patrimonio y salud en activar la economía. Y segundo, porque el aumento impositivo hará más daño a la creación de empresas que la reducción de sueldo de los funcionarios. Quizás la cuestión está en preocuparse más por crear empleo que no sólo por defender el empleo que ya existe. Y también en bajar a la condición terrenal. Hoy los sindicatos son grandes estructuras de poder, económicamente fuertes, políticamente dependientes y retóricamente antiguas. Puede que todo ello no explique el fracaso del otro día. Pero explica la irrealidad en la que habitan. "Una empresa es como una bicicleta. O te mueves o te caes", dijo alguien. El problema está cuando sólo se defiende la bicicleta, pero se desprecia el movimiento. Resultado: cinco millones de parados.
jueves, 10 de junio de 2010
Efecto imitación
Javier Moreno en Libertad Digital
No tiene mucho sentido pedir cuentas a la ministra de Igualdad, como ha hecho el PP, por el número de muertes achacables a la incorrectamente denominada violencia de género o violencia machista. Del mismo modo que Bibiana no tiene culpa de nada, tampoco se podría atribuir ningún mérito en caso de que hubiera descendido la mortandad asociada a esta clase de violencia. Sencillamente, la perfectamente inútil labor desarrollada por su Ministerio no afecta ni en un sentido positivo ni en un sentido negativo al número de asesinatos perpetrados por hombres contra mujeres. Son otros los factores causales. Ayer escuchaba a una psicóloga hablando por la televisión de ciertas correlaciones verosímiles entre crisis económica o clima y violencia. Aunque la correlación no implique causalidad, es bien sabido que la violencia, sea machista o no, aumenta con el aumento de las temperaturas y también que la precariedad económica puede impulsar a las personas a comportarse de forma, digamos, más agresiva. Otro factor supuestamente influyente es el de los mensajes y valores transmitidos por los medios. Se dice que la televisión muestra demasiada violencia. No obstante el mensaje arrojado por los medios, resulta ser más perjudicial en sus valores implícitos que en la violencia que explicita. En nuestra televisión patria se transmiten a diario neovalores, que algunos llamarían sin alejarse demasiado de la verdad contravalores, por eso de que, en su pretendida novedad, atentan contra los valores más tradicionales (esos cuya longevidad se debe por lo general al mérito, pues han superado la prueba del tiempo). Dichos neovalores, al carecer de cimientos, y partir solamente de una crítica a la tradición, se argumentan y defienden desde el relativismo, en particular el moral. Sea como fuere las causas profundas que originan y subyacen esas lamentables explosiones de violencia están más en la naturaleza masculina que en las nefandas influencias del medio social.
Pero ¿cómo afectan los medios, a juicio de la ministra de Igualdad, a la violencia machista? A través del "Efecto Imitación". Los maltratadores en potencia se activarían, como autómatas, tras pulsarse un interruptor en su cerebro determinista; al contemplar noticias sobre otros maltratos imitarían ciegamente al perpetrador.
Ciertamente una de las cosas que nos distingue como especie biológica es la capacidad de imitación. Lo que sucede es que tendemos a imitar aquellos comportamientos que consideramos provechosos, sea porque quien los practique tenga éxito social, sea porque logre algún objetivo material o existencial cuya consecución resulte altamente gratificante. Así, resulta más verosímil que imitemos, por ejemplo, a las estrellas del cine, la política, el deporte (¡Bravo Nadal!) y la televisión, cuyo actuar en el mundo les depara tantos bienes y parabienes (dejemos a un lado los respectivos méritos), que a un fracasado que no encuentra otra salida en su vida que matar a su pareja o ex pareja.
Dentro del relativismo ambiente del que hablaba, se puede llegar al paradójico extremo de que los villanos sean tratados como héroes. No otra cosa ha sucedido con los filoterroristas de la flotilla "solidaria" abordada por el ejército israelí. Los medios nos los han vendido como bienhechores de un pueblo humillado, que afrontan el peligro para llevar a sus gentes una ración de pan que llevarse a la boca. Los israelíes, por contra, se han presentado como los verdaderos terroristas. La realidad es más compleja, y del todo distinta, por no decir directamente opuesta. Pero eso no importa, el "efecto imitación" ha surtido su "efecto" en menos de una semana. Un grupo de jóvenes y jóvenas, miembros y miembras del estudiantado de la Universidad Autónoma de Madrid, se han lanzado a agredir salvajemente a un par de tímidos científicos israelíes, que venían a hablar de energías renovables. Y los gays de Zerolo (a la izquierda) repudian a los gays judíos.
Y es que cuando lo malo se vende como bueno y lo bueno como malo, lo más probable es que el ciego imitador se comporte mal, creyendo obrar correctamente.
La demoscopia, estúpido
Bernd Dietz en Libertad Digital
Cualquier fetiche sirve, si se trata de desviar la atención y profesar respetabilidad denunciando las perversidades ajenas. Como para eso han servido de siempre los judíos (veremos lo que se tarda en endilgarles la crisis financiera; de momento, empiezan a ocurrir en Madrid intentos de linchamiento físico antisemita a manos de sujetos izquierdistas), ahora tenemos el episodio de la flotilla de Gaza, que viene pintiparado. Pobrecillos, estos militantes de la ayuda humanitaria, que añoraban emular al querido comandante Che Guevara. Tal, si gobernasen los republicanos en EEUU, nos estaríamos rasgando las vestiduras y arrancando los cabellos profusamente repoblados (para probar que hasta las vanidades, como las hípicas, pueden ser progresistas, siempre que las usufructúe la izquierda), como reacción al reciente vertido caribeño.
