viernes, 14 de noviembre de 2008

Los cachorros del nacionalismo

Editorial de Libertad Digital

Desde hace varias décadas, la atmósfera ideológica que se vive en Cataluña resulta insufrible para aquella parte de la población que no comulga con las ruedas de molino nacionalistas. Los partidos políticos, incluido el PP, parecen haber asumido la necesidad de exaltar la identidad colectiva como un corpus lingüístico, cultural e histórico diferenciado e incluso contrapuesto al del resto de los españoles.

El precio a pagar por esta construcción nacional no ha sido precisamente reducido. Al exilio de decenas de miles de ciudadanos, profesionales y empresarios se ha sumado el acoso social e institucional hacia las asociaciones cívicas que osan desafiar los planteamientos de la casta política mayoritaria.

Ha sido necesario llevar a cabo toda una campaña propagandística y adoctrinadora en tantos frentes como ha sido posible: los medios de comunicación, las administraciones, la vida interna de las empresas y, por supuesto, la educación. Con el nacionalismo al poder, pero especialmente desde la Ley de Política Lingüística de 1998, estudiar en español se ha ido convirtiendo progresivamente en un imposible. Los derechos de los padres para educar a sus hijos en sus valores, en sus ideas y, desde luego, en su lengua, se han violado sistemáticamente como condición sine qua non de la nueva Catalunya.

La consecuencia obvia de esta continuada inyección de odio no ha podido ser otra que el nacimiento en los contornos del "nacionalismo oficial" de una generación de jóvenes aun más radicales que no dudan en utilizar la violencia para reprimir cualquier manifestación de españolidad.

Afortunadamente, no todos los catalanes se resignan a que el avanzado (y en buena medida irreversible) entramado de dominación política pergeñado por el nacionalismo termine de consolidarse. Hace poco más de un mes, el 28 de septiembre, miles de personas se manifestaron en Barcelona a favor de la libertad lingüística y de la convivencia pacífica y armoniosa de los españoles. La exitosa convocatoria corrió a cargo de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía, la formación política que, pese a su corta vida, con mayor contundencia está defendiendo los derechos de todos los catalanes.

Ayer, Ciudadanos volvió a rebelarse contra otro de los instrumentos de control del nacionalismo: la uniformización lingüística e ideológica de la educación. La nueva ley educativa que prepara el tripartito no sólo conserva sino que empeora algunos de los aspectos más liberticidas del sistema de enseñanza pujolista, en la medida en que se reducen, aun más, las posibilidades para escuchar en algún momento el castellano dentro de las aulas.

Varios grupos izquierdistas se unieron también a la manifestación, pero no para protestar contra la imposición lingüística, sino contra una supuesta e inexistente voluntad privatizadora de las escuelas públicas por parte del socialismo catalán (ya se sabe que para la izquierda más extrema cualquier medida que no multiplique el gasto público y prohíba los centros privados equivale a una subrepticia voluntad de acabar con todos los privilegios funcionariales y a cortar el chorro de financiación a costa del contribuyente).

El resultado era inevitable: para estos cachorros del odio nacionalista, la simple presencia pública de declarados críticos del proceso de construcción nacional constituye una afrenta que debe ser aplacada por cualquier medio, violencia incluida. Los golpes e insultos hacia Ciudadanos se sucedieron ante la pasividad de una policía regional (convertida en guardia personal del Gobierno) en algo que, por mucho que resulte habitual en la Cataluña nacionalista, no deja de constituir un acto vergonzoso que debería mover a la reflexión ciudadana y política.

La degeneración a la que se ha llegado tendría que constituir una luz de alarma para que el PP se replanteara su estrategia del avestruz (especialmente cuando él mismo fue objeto de agresiones pasadas) y el resto de individuos que no mamen económica o ideológicamente del nacionalismo emprendan su particular oposición al régimen.

Aunque, por desgracia, no parece que nada vaya a cambiar. La mayoría de la población está tan acostumbrada a que sus libertades sean pisoteadas, que lo más conservador y cómodo será hacer como si nada hubiera pasado. Esperemos que Ciudadanos, pese a las amenazas y las coacciones, continúe ejerciendo su imprescindible papel de refugio último de la dignidad catalana.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Entre la xenofobia y la temeridad debería estar la prudencia

Me pregunto qué sentido tiene permitir una cantidad tan elevada de musulmanes en los países occidentales, siendo una proporción no desdeñable de los mismos enemigos de nuestra civilización, de la religión mayoritaria y de la democracia. Y me pregunto también qué porcentaje de estos musulmanes no estarían dispuestos, llegado el momento, a convertirse en terroristas suicidas o, en el mejor de los casos, realizar labores de espionaje o sabotaje. Queramos verlo o no, tenemos al enemigo en casa; y no porque nosotros lo seamos de ellos, sino porque ellos nos consideran enemigos. Cierto que no todos, pero, repito, sí una parte considerable.

Siempre habrá alguien, que leyendo esto, se apresure a etiquetarme de xenófobo, pero yo sólo diré que deberíamos tener siempre bien presentes los nombres de tres ciudades: Nueva York, Madrid y Londres.

"Vergonzoso absentismo en el Parlamento"

Editorial de Libertad Digital

La Cámara Baja ha vuelto a registrar un nuevo y alarmante récord de absentismo laboral. Durante el pleno del miércoles tan sólo una veintena de los 350 diputados que la forman atendía al debate desde su escaño. Es un escandaloso suma y sigue que, delante de todos los españoles, se repite con demasiada frecuencia. A estas alturas los ciudadanos ya han visto casi de todo. Han visto diputados que votaban dos veces y diputados que se olvidaban de ir a votar porque tenían asuntos pendientes y, a lo que parece, inaplazables en su despacho. Han visto como se ha convertido en algo muy común que sólo un tercio de la cámara tenga por costumbre acudir a los plenos. Han visto, en definitiva, que el diputado medio tan sólo se digna a aparecer por el hemiciclo para votar y poco más.

A esto ha quedado reducida, después de tres décadas de democracia, la vida parlamentaria. Las formaciones políticas debaten y votan en bloque, por lo que no es necesario un número tan grande de diputados que, en el fondo, se limitan a hacer bulto, a apretar el botón que les dicen y a aplaudir o a abuchear, según toque. Con que cada partido electo designase un representante bastaría para lo fundamental, que es debatir y votar conforme a los sufragios obtenidos en las urnas. El círculo se cierra porque estos sufragios van a listas cerradas que presentan los partidos. El sistema actual de partidos, monolítico y cerrado, anula la capacidad legislativa individual de sus diputados y enaltece el papel del partido, verdadera piedra de toque de todo este invento.

En otros países, tanto o más democráticos que el nuestro, el diputado debe su escaño a sus votantes, no al partido que lo ha incluido discrecionalmente en una lista. Eso implica que el diputado, erigido en verdadero representante y no en extremidad de un partido, siente como una obligación laboral –y también moral– asistir a los plenos y votar en función de los intereses de su electorado. Si alguna vez pretenden mejorar la calidad de nuestra democracia deberían ir por ese camino y no por el de los aumentos de sueldo o el de los nuevos despachos.

Porque, aunque los diputados españoles no sean los mejor pagados de Europa, cobran a fin de mes bastante más que el español medio, el mismo que, en estas fechas y por miles, se está quedando en paro. No ocupar el escaño, que es casi lo mismo que no ir a trabajar, supone una burla a los contribuyentes que, religiosamente, pagan el sueldo íntegro de los diputados mediante impuestos. No hay ningún partido que se salve ni los jefes de los diferentes grupos parlamentarios hacen nada al respecto. Se ha tomado como algo natural que sólo una minoría acuda al Congreso de los Diputados las tres veces por semana que hay pleno.

Esto indica hasta que punto la parte más visible de la política, que no es otra que el Parlamento, vive desconectada del mundo real. No parece importarles lo más mínimo la crisis ni, por descontado, el drama del desempleo que afecta a un número creciente de españoles. Ellos tienen el trabajo asegurado hasta el año 2012, y, llegado el momento, ya se ocuparán de medrar dentro de su propio partido para ser incluidos en las listas una vez más. Sólo entonces necesitarán que los ciudadanos se acuerden, pero no de ellos, sino del partido por el que se presentan. Entonces, vuelta a empezar. Lo que pase a su alrededor no es que no vaya con ellos, es que no les afecta. Por eso no van al Parlamento, por eso, mientras se lo puedan permitir, seguirán ofreciendo el bochornoso espectáculo de este miércoles.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

"¿Con quién luchamos?", por Gabriel Albiac

A las guerras se va para ganarlas. O uno se queda en casa. Entrar en guerra como quien va a un rastrillo de caridad puede llegar a ser muy fotogénico para el ministro que hace turismo, de vez en cuando, por las seguras retaguardias. Para aquel otro a quien su oficio fuerza a hacer guardia en primera línea, es mortal. Literalmente. Antes o después, una bala se lo llevará por delante, mientras le ordenan poner cara de enfermera de la Cruz Roja. Y su ministro, entonces, se ocupará de dejar bien claro que el muerto no combatía, que el ejército español está para morir, si así place al enemigo; pero no mata. Morir mola; matar es facha. ¿A qué han ido las tropas del ejército español a un Afganistán que es hoy el punto más peligroso del planeta? A ganar una guerra, se supone. La que empezó en Nueva York un 11 septiembre de hace ya siete años. La que tiene como frentes esenciales, desde entonces, Afganistán e Irak: diques de contención de una ofensiva islamista que, de no ser derrotada allí, dará su final batalla sobre el continente europeo. Con todo a su favor para ganarla. Hubiera tenido lógica enviar al ejército español a ambos frentes de combate. A hacer la guerra. O no enviar ningún soldado a ningún sitio, y proceder a la lógica que cifra el corpus doctrinario de la sensible ministra pacifista del pacifista y sensible presidente Zapatero: disolver el ejército y suplirlo por una red de onegés asistenciales. Desertar en nombre de la paz del frente iraquí, al mismo tiempo que se enviaban «tropas de paz» -insuficientes para defenderse pero bastantes para hacerse matar- al frente afgano, es uno de los chistes más negros que ha dado la siempre tragicómica política española. Antes de enviar tropas -o, en su defecto, camilleros- a un territorio en guerra, es preciso explicitar los objetivos; que se alcancen o no, que todo acabe en victoria o derrota, es otra historia. Cuando los Estados Unidos planifican la tenaza estratégica sobre Aganistán e Irak, el objetivo es transparente: quebrar, en el país sin Estado que era Afganistán, el mayor campo de entrenamiento yihadista del planeta; asentar, en Irak, una cuña democrática con la cual resquebrajar la monolítica financiación del yihadismo con cargo a los petrodólares del Golfo. Ambas operaciones se han revelado, al cabo, más difíciles de lo que cálculos erróneamente optimistas previeron. La guerra va ganándose. Pero será larga. Y su coste, mucho más alto que el previsto. Claro que, comparado con el coste de perderla, cualquier esfuerzo es nimio. El Gobierno de Rodríguez Zapatero tiene ante sí dos estrategias posibles. Dos sólo. O bien ser fiel a la alianza de civilizaciones inventada por los ayatolahs iraníes y sumar las unidades de nuestro ejército a la ofensiva yihadista contra los infieles yankis, o bien ser parte de la alianza militar que, bajo la dirección de los Estados Unidos, combate al islamismo. O estar con los asesinos del 11 de marzo, o estar con quienes los persiguen. A mí no es que las lágrimas de la ministra me importen un bledo. Pero empiezo a hartarme ya de que me tomen por imbécil.

Publicado en La Razón

"Chacón, neocon", por Edurne Uriarte

Nunca imaginé a la ministra Chacón pronunciando un discurso neoconservador. Pero lo ha hecho. Dos militares asesinados han provocado la extraña transformación. La de nuestra ministra de Defensa como abanderada de la posición neocon. De la doctrina Bush, que tiene dos sentidos, el ataque preventivo, pero también, el uso de la fuerza militar para defender la libertad, la de los afganos y la de los occidentales.

Texto completo en ABC

La oración del ateo

Oye mi ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes

a nuestro ruego y nuestro anhelo vistes.
Cuando Tú de mi mente más te alejas,
más recuerdo las plácidas consejas
con que mi ama endulzóme noches tristes.

¡Qué grande eres, mi Dios! Eres tan grande
que no eres sino Idea; es muy angosta
la realidad por mucho que se expande

para abarcarte. Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si Tú existieras
existiría yo también de veras.


Miguel de Unamuno

martes, 11 de noviembre de 2008

Semos los namberguán

España semos el país de la Unión Europea donde más cannabis y cocaína se consume. Semos el país del mundo que más parados produce.
Semos uno de los países donde se practican más operaciones de cirugía estética. Semos uno de los países con mayor porcentaje de fracaso escolar. Semos uno de los países que más dinero gasta en juegos de azar. Y otras hazañas similares.

Menos mal que ahora, con Oh!bama en la Casa Mulata, Rodríguez nos lo va a arreglar toro, toro, toro. Y si Sarkozy nos echa otra manita, esto va a ser la repanocha.

We can can.

Pío Moa y Stanley G. Payne debaten sobre la (Des)memoria Histórica