miércoles, 20 de abril de 2011

Castro & Castro S.L.

José García Domínguez en Libertad Digital

Con exquisito, reverencial respeto no ajeno a un punto de devota admiración, como si se tratara de la Convención de Donantes de Médula Ósea o del centenario de los Beatles, informa Televisión Española a propósito de ese aquelarre del Partido Comunista de Cuba en el que Castro acaba de suceder a Castro. Juntanza donde, de creer a Granma, al fin se ha acometido la superación de una de las principales contradicciones dialécticas de la fase superior de la Revolución: el problema de las ollas arroceras y sus muy quebradizos mangos. "Uno de los temas que más preocupan a la población, en cuya solución ya se trabaja. 77.000 equipos de cocción se reportaban fuera de servicio en diciembre del año pasado", según acaba de referir en audaz autocrítica el portavoz oficial del Comité Central.

"Proceso de reforma del modelo económico" le dicen los humoristas de Prado del Rey a ésa y otras cuitas parejas que ocuparían las cavilaciones de los camaradas. Pues nuestra izquierda doméstica ha dejado de quererse marxista, pero en el fondo de su corazoncito mesiánico aún sigue hechizada por la Idea. De ahí, solo aparente, la contradicción. Y es que, síndromes patológicos al margen, el grueso de la progresía admite sin ambages la naturaleza liberticida del régimen. No cuestionan – ya no – las innúmeras pruebas de cargo. Lo que niegan es la legitimidad misma de la realidad para refutar su dogma supremo, a saber, la superioridad moral de la izquierda en todo tiempo y lugar.

¡Ah, la Idea! ¿No resultaba sublime aquel sentimiento, el de engendrar al hombre nuevo? ¿O los hechos, los prosaicos, los groseros hechos, pueden enmendar la pureza virginal de la utopía?A fin de cuentas, ¿quién es la razón para juzgar al ideal? Dejaron de creer en los Castro hace mucho tiempo. Encarcelan, torturan y espían. Lo saben. Lo saben mejor que nadie. Ellos mismos propalan que han cometido las mayores violaciones del derecho humanitario. Consecuencia: persisten en regalarles idéntica cobertura estratégica y similar inmunidad política, amén de la invariable connivencia diplomática. La Idea. Más pronto que tarde, cuando muera el otro, acudirán en procesión al entierro. Y allí, ante un mojito y frente al último póster del Che, derramarán una lágrima. Por sí mismos.

El ocaso de las utopías económicas

Juan Velarde en Libertad Digital

El siglo XIX vio crecer al liberalismo económico, era gerenciado por empresas capitalistas, con una sociedad que lo admitía y un Estado que procuraba –a veces, tras superar caídas a fondo– impulsar el sistema, primero en Europa y América, y después saltaría a Asia con Japón y a Oceanía gracias al auge de este modelo en Asturias y Nueva Zelanda. En el continente africano, sometido a Europa dentro de un vasto proceso de colonización, no sucedía otra cosa. Por supuesto, tampoco ocurría gracias a políticas tan importantes como las de Witte, en la Rusia zarista.

Pero toda una serie de ideologías, nacidas desde mediados del siglo XIX y sobre todo a partir de la I Guerra Mundial, generaron, al triunfar en una serie de países, algo así como lo que parecía que iba a ser la muerte de la economía libre de mercado. Un fuerte nacionalismo económico, desde luego. Recordemos a Manoilescu. Vinculado a él, de un modo u otro, un socialismo que presentaba aspectos aparentemente atractivos. Una serie de impulsos derivados del keynesianismo que daban la impresión de que iban a completar el panorama. Pero el 29 de diciembre de 1967 Milton Friedman pronunció el discurso presidencial de la LXXX reunión de la American Economic Association, en Washington. Se titulaba, casi humildemente, El papel de la política monetaria. Por otro lado Hayek mantenía, de modo combativo, en alto el pabellón de la Escuela austriaca. A partir de ahí, todo comenzó a cambiar. El epitafio en el mundo occidental, y con ello la desaparición de una ideología socialista solvente para orientar la política económica, se colocó cuando el recién llegado a la Presidencia de la República Francesa, Mitterrand, con un programa socialista del tipo señalado, observó cómo así se derrumbaba la economía de su país por lo que tuvo, a toda velocidad, que rectificar.

Después el desbarajuste ha pasado a ser general. En Rusia reina, de nuevo, el capitalismo y éste se instala cada vez con más fuerza en China. Y de pronto, un pintoresco, y también sangriento, bastión de una de estas utopías, la Cuba castrista comienza a hacerlo. Ahora mismo, basta leer los debates y las propuestas del Congreso del Partido Comunista Cubano que se celebra en La Habana precisamente del 16 al 19 de abril de 2011. Es clave de la nueva situación, la frase de un pequeño empresario cubano, de los que impulsa Raúl Castro y van a ser avalados por este Congreso, en sus declaraciones a Benoît Leganitor, quien escribe desde La Habana para Le Point de 14 de abril de 2011, un artículo titulado Fièvre capitaliste à Cuba: "No logro grandes beneficios. Pero la búsqueda de la ganancia avanza en los cerebros. Y esta marea nadie podrá detenerla". La utopía socialista muere por doquier, después de haber parecido triunfar, y lo hace porque mata el progreso inherente a la Revolución Industrial.

Por eso en España, al perder esa marcha hacia la utopía socialista, el PSOE ha dejado de ser hijo ideológico de Pablo Iglesias, aunque mantenga sus retratos. Ha pasado a ser un simple partido radical, seguidor de lo que predicaba, por ejemplo contra la Iglesia, en el Paralelo barcelonés, Alejandro Lerroux quien acabó teniendo que entenderse, para sobrevivir políticamente, con Gil Robles y la democracia cristiana. ¡Qué cosas van a verse en este siglo XXI!

Unos ateos muy meapilas

Pablo Molina en Libertad Digital

En estos días de recogimiento y fervor, que se decía en la oprobiosa, van a multiplicarse las expresiones piadosas en algunos lugares de España, comenzando por la capital, que en el último momento se ha librado de una charlotada procesional organizada por los supuestos defensores del laicismo, infinitamente más meapilas que el católico más carpetovetónico que encontrarse pueda.

Al lado de estos ateos a la violeta, los lefebvristas son rotarios ecuménicos, porque la pretensión de organizar unos desfiles plenos de cretinismo, en paralelo a las procesiones católicas, sólo se entiende desde la admiración más profunda hacia aquello que se pretende denigrar de forma tan infantil. Son ateos, sí, pero ateos católicos a machamartillo y con la fe del carbonero respecto al dogma sagrado, que ellos veneran con esa estolidez tan enternecedora.

Los izquierdistas imitadores de ZP –que ya hay que tener baja la autoestima–, se han quedado en Madrid sin manifestación paralela al desfile pasional del Jueves Santo, pero a cambio tienen miles de procesiones a su disposición a lo largo y ancho de España para vestirse de nazareno y cargarse al lomo un trono de los más pesados, que es en el fondo lo que les gusta.

A estos ateos católicos es que les das un cirio encendido y un capuchón y se lo pasan bomba la noche entera recorriendo descalzos las calles del pueblo. Si hacen como que se enfadan ante estas expresiones de religiosidad popular es porque sus vicios públicos o sus torpezas privadas les impidieron ser aceptados en la cofradía decana de su pueblo o ciudad. La envidia, que es el deporte nacional por excelencia, explica a veces sentimientos tan aparentemente complejos como el de una pandilla de ateos intentando emular aquello cuya existencia niegan.

Por eso son incapaces de ignorar la Semana Santa y se desgañitan organizando una cosa paralela, para que todos estos fracasados puedan ser penitentes, estantes y mayordomos sin la competencia de los que realmente saben de esto y atesoran los méritos piadosos que ellos jamás van a alcanzar.

Yo los dejaba desfilar, pero descalzos y paseando a una Diosa Razón de mil trescientos doce kilos, que es lo que pesa La Última Cena de Francisco Salzillo, cuyo desfile por las calles murcianas en la mañana de Viernes Santo jamás se perdió el inolvidable Jaime Campmany. Estoy seguro de que el Maestro de la columna estaría aquí de acuerdo conmigo.

La televisión antropológica

Xavier Pericay en Letras Libres

En España hay quince canales autonómicos de titularidad pública. Trece de ellos corresponden a comunidades autónomas y los otros dos a las ciudades, también autónomas, de Ceuta y Melilla. Así pues, en lo que llevamos de democracia y de legislación televisiva solo cuatro comunidades –Cantabria, Castilla y León, La Rioja y Navarra– y sus respectivos gobiernos no han juzgado necesario disponer de canal propio. ¿Por qué? Vaya usted a saber, aunque el hecho de que esas cuatro regiones hayan sido gobernadas la mayor parte del tiempo por partidos o coaliciones de tendencia conservadora –más propensos, en principio, a la iniciativa privada– podría explicar hasta cierto punto semejante abstinencia. Y es que, junto a las emisoras de carácter público, existen también, en el mismo ámbito autonómico y desde la progresiva implantación de la televisión digital terrestre, las de capital privado. Existen y, luego, compiten; no en vano unas y otras se alimentan del mismo pastel publicitario.

Con todo, esa competencia –y la que se establece, en general, entre las televisiones públicas y las privadas– está lejos de ser leal. Las cadenas privadas no tienen más que el mencionado pastel para vivir; las autonómicas, en cambio, se nutren también de la subvención que su propio gobierno les asigna año tras año. Y no se trata de una subvención cualquiera. Según el IV Informe Económico sobre la Televisión Pública en España, elaborado por Deloitte a petición de la Unión de Televisiones Comerciales Asociadas, los canales autonómicos recibieron en 2009 814 millones de euros de los respectivos presupuestos regionales, mientras que los ingresos por publicidad fueron tan solo de 234 millones. Lo que significa, por de pronto, que esos canales perdieron –y siguen perdiendo– un montón de dinero. O, lo que es lo mismo: de los 126 euros a que asciende el coste medio por hogar de la televisión autonómica, 110 corresponden a pérdidas y subvenciones. Es verdad que ese montante no llega a los hogares en forma de recibo, como sí llegan, por ejemplo, la contribución o la tasa de residuos urbanos. Pero, para el caso, es lo mismo. Qué digo lo mismo: mucho peor. Porque no solo no tenemos conciencia de estar pagando ese dinero, como sí ocurre con los demás impuestos, sino que encima no le vemos el beneficio ni la necesidad.

Al fin y al cabo, una televisión de esas características no debería tener otro cometido, sobre el papel, que el de formar e informar. O sea, actuar como un servicio público. Y, aun así, podríamos seguir preguntándonos –y más en tiempos de crisis– si su existencia es imprescindible, dado que ya contamos con otra televisión pública, la estatal, a la que se supone idéntica función. (Otra cosa, claro, sería establecer si esa función informativa y formativa debe desempeñarla por fuerza una televisión pública; si no bastaría con que la ejercieran, por un lado, los canales privados, y, por otro, el resto de los medios de comunicación y, en particular, el periodismo digital.) En todo caso, lo que parece fuera de toda duda es que, a estas alturas, nuestras televisiones públicas –y entre ellas, muy especialmente, las autonómicas– han renunciado a cumplir la misión con la que fueron concebidas.

Hoy en día una televisión autonómica no sirve más que para proyectar, de cabo a cabo de programación, una determinada visión del mundo. Una visión estrecha, encorsetada, ceñida a los cuatro tópicos del lugar. Por supuesto, en el centro de esa visión se halla muy a menudo el gobernante de turno, perfectamente integrado en el paisaje, al igual que sus derviches. Y no importa si ese gobernante pertenece a uno u otro partido; una vez en el medio televisivo, pierde casi cualquier atisbo de personalidad, incluso ideológica, para convertirse en una figurilla más del belén. Por lo demás, en las televisiones autonómicas mandan la efusión sentimental y la exaltación del terruño, hasta el punto de que no falta nunca en ellas la tríada formada por el fútbol, la comida y las fiestas y festejos populares. En otras palabras, la cultura y la inteligencia no solo no están, sino que ni siquiera se les espera. Como es natural, cuando alguna de esas cadenas opera en un territorio regado secularmente por el nacionalismo –Cataluña, el País Vasco, Galicia– todo lo anterior se agudiza. A la pasión por lo propio se añade, de modo explícito, la aversión por lo ajeno –esto es, por lo español. Se empieza recortando los mapas del tiempo y se termina por prohibir la presencia en pantalla de cualquier invitado que no alcance a expresarse en la lengua milenaria de la región.

Bien mirado, pues, esa quincena de canales autonómicos que tanto nos cuestan –y a los que habría que añadir, no se nos vaya a olvidar, las emisoras de las diputaciones insulares y las de no pocos ayuntamientos españoles– conforman, en mayor o menor grado, una suerte de televisión antropológica. El adjetivo no es mío. Lo utilizó a comienzos de 1983 el entonces director general de RTVE, José María Calviño, para calificar la imagen que, a su juicio, debía dar de Cataluña lo que entonces se conocía como Tercer Canal y que a la postre acabaría siendo TV3. Al nacionalismo catalán aquello no le gustó. Es más, se ofendió muchísimo. El presidente Pujol, como máximo representante del país ultrajado, declaró incluso que qué se había creído Calviño, que “el Tercer Canal no ha de ser una televisión localista, pobre, folclórica, de porrón... sino que ha de ser una televisión absolutamente normal en su programación con una producción universal y exportable”. Lo sorprendente, visto el resultado, es que durante cerca de un cuarto de siglo Pujol anduviera en aquella televisión como Jordi por su casa.

La maldición de los Ewing

José María Albert de Paco en Libertad Digital

Uno de los efectos secundarios de la transición democrática española fue la implantación de los canales autonómicos. En Cataluña, la supuesta necesidad de una televisión que promocionara el catalán se fundamentó en la conjetura de que el franquismo había borrado de la faz catódica la lengua de Fabra.

Se trataba, obviamente, de una falacia. No en vano, las primeras desconexiones en catalán de TVE databan de 1964, año en que comenzó a emitirse, en dosis homeopáticas, el programa Teatro Catalán,al que se sumaron, andando el tiempo, los divulgativos Mare Nostrum y Giravolt y, ya en 1974, el informativo Miramar. Con la muerte del dictador, lo que constituía una mera cuña folclórica fue ensanchándose hasta ocupar un segmento de la programación en absoluto desdeñable. A ese periodo corresponden Doctor Caparrós, de Joan Capri; Vostè Pregunta, de Joaquim Maria Puyal; Personatges, de Montserrat Roig; Musical Express, de Àngel Casas, o Terra d'Escudella y Quitxalla, ambos destinados al público infantil. La efervescencia experimental de los setenta propició que algunos de estos programas contuvieran una dosis de audacia que, a la vista de lo que hoy se cuece en las parrillas, admite sin calzador alguno el calificativo de contracultural.

La lengua catalana, en suma, no estaba ausente de la televisión, por lo que la voluntad del nacionalismo de dotarse de una televisión autonómica no guardaba una correspondencia fáctica con la extinción del catalán; antes bien, pretendía instaurar un foco de irradiación ideológica que sellara, de una vez y para siempre, la comunión entre lengua, identidad y cultura. Por decirlo en castellano férreo: se trataba de coser el catalán a una visión del mundo. La ausencia de cualquier prurito de ambición en lo tocante a la renovación de los formatos se hizo evidente a las primeras de cambio, cuando se supo que los banderines de enganche de TV3 serían el Barça y la serie Dallas. Irónicamente, las familias más influyentes de esa incipiente roturación moral no fueron los Pujol, Maragall, Vilarasau, Millet o Serra. Quienes levantaron elpal de paller del entoldadofueron los Ewing, con J. R. y Sue Ellen a la cabeza. Después de todo, qué mejor que una familia ficticia para divulgar la restitución de una nación ficticia.

Treinta años después, TV3 no sólo sigue siendo la misma televisión antifranquista que fue en sus albores (es fama que la propagación del antifranquismo es inversamente proporcional a la caducidad de su razón de ser), sino que continúa basando su pegada en los saldos hollywoodienses, el fútbol y, en los últimos tiempos, la fórmula 1. Bajo ese parapeto de infalibilidad (y, en cierto modo, de respetabilidad) campa un discurso obscenamente antiespañol cuyo epítome, tan injusto como resultón, fue el episodio protagonizado por Pepe Rubianes, quien, en el programa El Club, y a propósito de una pregunta sobre Josep Piqué, legó a la wikipedia una ristra de pollas, putaespañas, culos y cojones colgados del campanario que suscitó la carcajada del presentador, Albert Om, y la ovación de la claque del plató. Injusto, decía, porque lo que entendemos por pedagogía del odio no debería ceñirse al exabrupto de un cómico, sino a la praxis habitual en La Teva,el alias con que la propia TV3 se motejó años ha. Valga una muestra de dicha praxis.

– Veto del castellano en las ruedas de prensa. Práctica consistente en cortar la emisión cuando el protagonista de la rueda de prensa (así sea el mismísimo presidente de la Generalitat) responde en castellano a los medios de ámbito nacional. Se da con frecuencia en las ruedas de prensa que concede el entrenador del Barça, Pep Guardiola, a quien los periodistas del resto de España suelen requerir un turno de preguntas en castellano. Por lo general, el veto lingüístico redunda en la quiebra del derecho a la información, ya que lo que se dice en una lengua no necesariamente coincide con lo que se dice en otra. (Bien lo sabe CiU). Por lo demás, la censura del castellano (y, consiguientemente, de los castellanohablantes) es una norma instituida en el libro de estilo de La Teva, que prescribe, por ejemplo, que a la hora de recabar cortes de voz se entreviste preferentemente a catalanohablantes.

– De qué hablamos cuando hablamos de nación. Dado que el libro de estilo reserva la palabra nación a Cataluña, las referencias a España suelen envolverse en el sintagma Estado español. A este respecto, el diputado autonómico del PSC Joan Ferran, progenitor de la expresión costra nacionalista, señaló la mamarrachada que suponía decir "Vuelta ciclista al Estado Español". El calado de semejante arbitrariedad lo ilustró hace unas semanas el periodista Xavier Torres, que afirmó sin inmutarse que los favoritos para ganar la Champions eran el Real Madrid y el Barça, "el representante de España y el representante de Cataluña".

Sobredimensión de cualquier suceso de corte nacionalista. Concentraciones en favor de TV3 en Valencia, pseudoconsultas sobre la independencia, actos proselecciones oficiales catalanas, apariciones estelares de Jimmy Jump... Cualquier suceso que entrañe una cierta exaltación catalanista tiene asegurado unos minutos de gloria en los informativos de La Teva. El correlato de semejante fervor es un indisimulado fomento del independentismo. Basten como ejemplos la retransmisión en directo de la manifestación del 10 de julio contra la sentencia del Tribunal Constitucional o la producción de documentales como Adéu, Espanya? o Cataluña-Espanya, que prefiguran el inexorable advenimiento de la independencia.

– Exclusión de la información taurina. Noticia no es que José Tomás congregue a 20.000 aficionados en la Monumental, sino que, en los aledaños de la plaza, haya veinte animalistas tildando de asesinos a esos mismos aficionados.

La televisión que en 1983 desveló a los catalanes quién había disparado a J. R. Ewing es hoy un monstruo de seis cabezas (TV3, TV3 Cat, Canal 33, Super 3/3XL, Esport 3 y 3/24) que devora un presupuesto de 250 millones anuales y emplea a 2.000 trabajadores, casi el doble que Tele5. La retórica normalizadora que justificó su puesta en marcha palidece ante las proporciones de un tinglado que, antes que al restablecimiento de la realidad, se debe a su deformación. Sobre todo, para blindar su propia existencia.

España y lo español, no obstante, siempre reservan al espectador una postrera vuelta de tuerca. Aun siendo un mayúsculo desvarío, TV3 no es un fenómeno excepcional, sino el artefacto mejor acabado de una trama de televisiones antropológicas (lean a Pericay) que haría las delicias de don Julio Camba. J. R., en efecto, ha terminado por hablar en todos los acentos probables de la piel de toro. Habremos, pues, de saltar al ruedo.

Cataluña es España

Pío Moa en Libertad Digital

El nacionalismo catalán (como el vasco), no es propiamente catalanista, sino antiespañol. Cataluña nunca ha sido una nación en el sentido propio de una comunidad cultural con un Estado, y no lo ha sido porque no ha querido serlo. Sólo a finales del siglo XIX apareció un nacionalismo que no podía basarse en la historia y que, por tanto, la inventó, tratando de crear mitos sugestivos basados en una mezcla de narcisismo y de victimismo. El narcisimo de ser "una raza superior" al resto de los españoles (ver el libro de Paco Caja), más "europea", más "culta" y más rica, y el victimismo de considerarse oprimidos, fuera por Castilla o por el "Estado español", como decidieron llamar a la nación española existente realmente desde Leovigildo y de la que siempre se habían sentido parte la inmensa mayoría de los catalanes.

Desde el primer momento, la táctica nacionalista, en Cataluña y en Vascongadas, consistió en provocar resentimientos y una literatura de odio y desprecio a España de la que he dado algunas muestras en Una historia chocante, pero que merecería por sí sola un buen estudio. El objetivo era doble: proclamarse los representantes genuinos de Cataluña y provocar, por reacción, un sentimiento de aversión en el resto de España, que, en círculo vicioso, empujara a muchos catalanes a identificarse con el nacionalismo. Hay que decir que en ello han tenido bastante éxito, debido a la ausencia de pensamiento político sobre el asunto en el resto de España, una carencia que, con pocas excepciones, pervive. Así, ha sido y sigue siendo muy frecuente en la prensa general referirse a los nacionalistas como "los catalanes" o aceptarlos como la auténtica encarnación de "Cataluña". La torpeza, como en relación con el PNV, ha sido increíble, y adquirió nuevas cotas en la Transición gracias a Suárez y a sectores de la UCD especialmente ineptos e ignorantes de la historia, que propiciaban esos nacionalismos con la creencia de que ellos eran propiamente la derecha en esas regiones (o que, con la misma naturalidad y en compañía del PSOE, proclamaban al orate Blas Infante "padre de la patria andaluza"). No debe olvidarse que fue sobre todo en Madrid donde los desmanes separatistas encontraron respaldo cuando Jiménez Losantos, Amando de Miguel y otros denunciaron los denunciaron.

La identificación de los nacionalistas y su demagogia con los catalanes en general está llevando a algunas personas en el resto de España a aceptar la secesión, e incluso animarla, pretendiendo que desde la Transición los males del país y los ataques a la libertad vienen inspirados por los Gobiernos autonómicos catalanes. Tal posición me parece irresponsable. Los males de Cataluña son los del conjunto del país, y no habrían llegado a tanto sin la colaboración o inhibición de los partidos "madrileños". En La Transiciónde cristal he explicado la generación de tales actitudes y no estaría de más un debate de cierta altura al respecto.

Nuestro amigo Gadafi

Gabriel Albiac en ABC

Gadafi ha sido exactamente el mismo dictador, desde que llegó al poder en 1969 hasta hoy, miércoles 20 de abril de 2011. Dictador, pero no tonto. «Enemigo» de los Estados Unidos cuando había una URSS en cuya guerra fría blindar identidades. En excelente relación con socialistas menos agresivos: los de la Internacional Socialista, por ejemplo. Más tarde, caída ya la URSS y amenazado por el alza islamista, Gadafi se hizo «amigo» de los enemigos de sus enemigos de Al-Qaeda. La cosa funcionó. Sus occidentales amistades de estos últimos años le cortan la cabeza ahora. Confesemos que es bastante enigmático. Aún más que estrafalario.

El raro

Alfonso Ussía en La Razón

La guerra de Libia es consecuencia de un calentón de Sarkozy, una chorrada de Obama y un pelotilleo de Zapatero. No es necesario –insisto– que pasen cuarenta años para que los dirigentes occidentales se aperciban de la calaña del pájaro de Gadafi. No peor calaña que la de los tiranos de Siria e Irán, a los que nadie se atreve ni a soplarles en los bigotes.

martes, 19 de abril de 2011

El acoso a los cristianos en Tierra Santa y el síndrome de Esto-es-el-colmo

Mario Noya en Libertad Digital

Nuestro Tiempo, revista de la muy prestigiosa y más católica Universidad de Navarra, ha publicado un especial sobre la persecución de que son objeto los cristianos en distintas partes del mundo: "Las catacumbas del siglo XXI".

Al pasar las páginas dedicadas a Tierra Santa, a uno le saben las yemas de los dedos a almendras amargas. Lo sabía pero qué mal me ha sentado volver a constatarlo: nuestro tiempo es el del conocimiento inútil y la ceguera voluntaria.

"La desaparición de los cristianos de Tierra Santa", se titula la pieza de marras, firmada por Erika Jara y protagonizada por el padre Firas, "sacerdote católico de origen jordano" y de destino universal pero igual no, por su discurso nacionalista; el doctor Hazmi, "un dentista palestino cristiano que trabaja en Ramala" y tiene a sus dos hijos viviendo en Estados Unidos, y "el padre palestino Manuel", que vive en Cisjordania desde que, Operación Plomo Fundido mediante, no puede vivir en Gaza.

El padre Firas de origen jordano es, se nos informa, "jefe de estudios de una escuela del Patriarcado Latino en el poblado de Jifna, al norte de Ramala"; una escuela con abrumadora mayoría islámica: son musulmanes 150 de sus 200 alumnos. "Todos nos sentimos parte del mismo pueblo", afirma el padre Firas de origen jordano. Antes en el reportaje, el doctor Hazmi había destacado la "buena integración de los cristianos en una sociedad dominada por el islam" (pero las palabras no son suyas sino de Erika Jara).

Por eso, cuando se les pregunta por el principal problema de los cristianos en Palestina, tanto Hazmi como el padre Firas contestan al unísono: "La ocupación israelí".

Ramala, históricamente cristiana, es hoy una ciudad de abrumadora mayoría islámica. Hay un cristiano por cada tres musulmanes (y medio, si nos ponemos picajosos con la estadística). Son 7.000 los primeros, de un total de 25.000. (No hay un judío ni para un remedio antisemita, aclaro). Hacen bien en integrarse. Y si tienen que pagar, que paguen.

Como el doctor Hazmi, el pastor Isa vive en Ramala. Vivía, por mejor decir. Del pastor Isa, además del nombre, sabemos el apellido. Su caso no lo encontramos en Nuestro Tiempo, sino en medios como el Jerusalem Post o CNS News:

Hace pocas semanas [este texto es de diciembre de 2008], el pastor de Ramala Isa Bajalia, [ciudadano] americano de origen árabe [su familia procede, precisamente, de Ramala], declaró públicamente haber sido amenazado por un oficial de la Autoridad Palestina, que le exigió 30.000 dólares en concepto de protección. El 11 de noviembre, la cadena Fox reportó: "El pastor Isa Bajalia es legalmente ciego, y el oficial le dijo que le dejaría lisiado de por vida. Los problemas empezaron después de que los miembros de la iglesia [del pastor Isa] rezaran junto con varios palestinos. Bajalia dice que [desde entonces] ha estado bajo vigilancia y recibido amenazadas".

Al parecer, al pastor Isa Bajalia el matón uniformado que le extorsionaba le auguró la misma suerte siniestra que corrió Rami Ayyad, un librero cristiano que fue apuñalado hasta la muerte en Gaza en julio de 2007.

El pastor Isa Bajalia acabó abandonando Ramala.

Gaza. En Gaza vivía el padre palestino Manuel hasta que Israel desencadenó la Operación Plomo Fundido. El padre palestino Manuel, que asegura que el mayor problema de los gazatíes –sean cristianos o musulmanes que votan en masa al partido fundamentalista islámico Hamás– es "la desesperación y la pérdida de la fe", por otro lado

quita importancia a las fricciones entre cristianos y musulmanes: "Todos sufrimos igual y nos consideramos parte de un único pueblo", comenta.

En cuanto a Hamás, el padre palestino Manuel

apunta que mantiene un contacto cordial con sus líderes, quienes escuchan sus problemas y tratan de protegerles.

¿"Protegerles"? ¿Es una errata el plural? ¿"Protegerles"? ¿De quiénes? ¿De los judíos que no hay en la Franja? No, de los tiburones que acechan en "un océano de musulmanes en el que la mayoría son puros e inocentes".

La desesperación que se vive en Gaza es un caldo de cultivo perfecto para que el número de tiburones se reproduzca rápidamente, como de hecho está sucediendo. Por suerte, hasta ahora Hamás los tiene controlados.

Qué suerte, padre Manuel, que Hamás sea tan cordial con los cristianos y esté tan atento a los desmanes de los escualos islamistas. Hamás, el "movimiento de resistencia islámica" que considera que "la tierra de Palestina" (en la que incluye a la Tierra de Israel) es "un waqf islámico consagrado a las futuras generaciones musulmanas hasta el Día del Juicio" –un waqf islámico en el que, obviamente, ha de regir la sharia, que condena a los cristianos a convertirse o someterse– y que ha llamado reiteradamente en su televisión a matar judíos y cristianos hasta que no quede uno.

A Ramy Ayyad, ya vimos, no le dieron tiempo a "quitar importancia a las fricciones entre cristianos y musulmanes". Los tiburones le cosieron a puñaladas. La protección de Hamás debió de llegarle tarde. Su pastor (baptista), Hanna Massad –también de éste conocemos el apellido; tampoco sabemos el del padre palestino Manuel–, optó cuando lo martirizaron por huir de la Franja. "Los cristianos son asesinados aquí, por no hablar de los musulmanes conversos –leemos no en Nuestro Tiempo sino en el Washington Times; a un cristiano de la ciudad de Gaza llamado Ashraf y que, vaya por Alá, prefiere no dar su apellido–. Yo dejé de ir a la iglesia incluso antes del golpe" de Hamás. Porque esa es otra que lo mismo se nos pasa leyendo la revista de la Universidad de Navarra: Hamás gobierna en Gaza luego de levantarse contra el Gobierno de la Autoridad Palestina y exterminar a los seguidores locales de Al Fatah. Un solo pueblo tan unido y tal.

Según el padre Artymos, de la Iglesia Ortodoxa Griega, los cristianos y los musulmanes viven pacíficamente en Gaza, "pero las conversiones y la construcción de nuevas iglesias están prohibidas". La buena integración de los cristianos en una sociedad dominada por el islam, que diría Erika Jara.

Por cierto, en Gaza los cristianos son 3.000 entre 1,5 millones de musulmanes. Algunas fuentes sostienen que, desde que Hamás tomó el control, 2.000 creyentes en Cristo han abandonado esa porción del waqf islámico de Palestina en la que se llama a los cristianos a la sumisión, se advierte a los misioneros de que serán tratados "con severidad" y se asaltan escuelas y conventos católicos.

También se habla en Nuestro Tiempo de Jerusalén, cuya población cristiana "podría reducirse a la mitad en seis años", alerta Jara, "si se siguen confiscando permisos de residencia al mismo ritmo que en la actualidad". Jara habla de 9.000 cristianos; los datos oficiales, de 11.000. Cuando, en 1948, la muy islámica Jordania ocupó la ciudad tres veces santa (pero el caso es que los judíos y sólo los judíos la han rezado por milenios, y elevado al rango de capital cada vez que han podido), los cristianos eran 28.000. Cuando Israel expulsó a los jordanos, sólo quedaban 11.000, la misma cifra que ahora, sí. Habían pasado sólo veinte años. Este dato no lo da Jara. Tampoco este otro: en 1952, los cristianos representaban el 18% de la población de Jordania y Cisjordania; hoy, no llegan al 4%. La culpa debe de ser de los judíos. Los judíos, por cierto, no pueden ser ciudadanos de Jordania, reino moderado donde los haya. Lástima no saber qué opina de todo esto el padre Firas de origen jordano.

"La desaparición de los cristianos de Tierra Santa" tiene una laguna, no, un agujero del tamaño de los boquetes que abren en Israel los cohetes que lanzan desde Gaza los entrañables terroristas de Hamás: y es que no se dice una sola palabra de la situación de los cristianos en las cristianísimas Belén y Nazaret. Lo de "cristianísimas", ya, es un decir: en Nazaret ("¡El islam dominará el mundo!"), los cristianos eran el 60% de la población al finalizar la Segunda Guerra Mundial; hoy, a las apuradas alcanzan a ser el 30%: 22.000 de un total de 72.000 habitantes. En Belén, la descristianización ha sido aún más profunda: antes de la transferencia de la ciudad de Jesús a la Autoridad Nacional Palestina (1995), los cristianos eran más del 60% de la población; hoy son el 20%, si bien algunos rebajan aún más la cifra, hasta un estupefaciente 12%. Según los investigadores Jonathan Adelman y Agota Kuperman, tres cuartas partes de los cristianos originarios de Belén viven fuera de la ciudad.

Belén tiene que quedar fuera de una pieza como "La desaparición de los cristianos de Tierra Santa" porque no encaja en el discurso de la apacible hermandad cristiano-musulmana puesta a dura prueba por la ocupación (¿por la existencia?) de Israel. Porque si se habla de Belén se tiene que informar de la virulenta islamización de la plaza, que por tal motivo vio incrementada su extensión territorial en tiempos de Arafat, rais que mostró el respeto que le merecían los cristianos cuando convirtió a la fuerza un monasterio ortodoxo en su residencia oficial en la ciudad. Si se habla de Belén no hay más remedio que referirse al asalto sacrílego a la Iglesia de Natividad de abril de 2002, perpetrado por terroristas de Hamás, las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa y las milicias Tanzim, estas dos últimas integradas en Al Fatah, el partido del entonces presidente palestino. O historias como la muy triste del taxista George Rabie, a quien unos musulmanes maltrataron por llevar un crucifijo en el parabrisas, o la terrible del joven Jeriez Moussa, de la vecina Beit Jala, cuyas hermanas (Rada, de 24 años, y Dunya, de 18) fueron asesinadas en su propia casa.

Su crimen fue ser unas muchachas cristianas y atractivas que lucían ropa occidental y no llevaban velo. Rada se había estado acostando con un musulmán en los últimos meses. Una organización terrorista, la Brigada de los Mártires de Al Aqsa, emitió un comunicado en el que reivindicaba el asesinato y en el que decía: "Queremos limpiar la casa palestina de prostitutas".

Si se hablara de Belén, en fin, habría que hablar con gente como Joseph Canawati, propietario del hotel Alexandria, que ya en vísperas de la Navidad de 2006 declaraba a Elizabeth Day, del Daily Mail:

No hay esperanza para la comunidad cristiana. No creemos que las cosas vayan a ir a mejor. Para nosotros, esto se ha acabado.

De vuelta al mundo de Nuestro Tiempo damos con estas líneas, con las que concluye Erika Jara su pieza viciada:

(...) el padre Firas anima a los peregrinos cristianos de todo el mundo a que dejen de visitar las piedras muertas de Tierra Santa [la cursiva es mía] y se concentren en las vivas: "Los palestinos cristianos que deben poder contar su historia y necesitan saber que fuera tienen apoyo".

El final no parece impostado y desde luego no es irónico, por mucho que parezca proferido por una víctima paradigmática del síndrome de Esto-es-el-colmo.

Cien

Alfonso Ussía en La Razón

La llamada «procesión atea» de Lavapiés, afortunadamente prohibida por la Delegación del Gobierno en Madrid, contaba con cien apoyos. Lo han leído bien. Han conseguido sus cobardes organizadores –contra Alá y Mahoma no se atreven–, armar una zapatiesta para terminar contando con la ridícula solidaridad de un centenar de necios. Reunir a cien cuerpos es lo más sencillo del mundo sin tener la necesidad de herir los sentimientos de decenas de millones de personas gratuitamente y porque sí. En el último certamen local de petanca celebrado en Fresno del Guadalmecín se juntaron cuatrocientos setenta y dos espectadores. Cifra ampliamente superada por los interesados en asistir al campeonato de Canicas sobre Grava recientemente competido en Baños de Dotres. Entre participantes, árbitros, entrenadores y público, más de tres mil asistentes. En 1998, en la localidad palentina, casi fronteriza con La Montaña, de Alar del Rey, seiscientas ochenta personas asistieron a la conferencia del ilustre naturalista Guillermo Pérez-Luminé que disertó durante dos horas acerca de las «Ventajas y algún inconveniente de las galletas “María”». El salón de conferencias tuvo que ser cerrado por falta de espacio y quedaron en la calle otros quinientos frustrados ciudadanos deseosos de oír las interesantes teorías del profesor Pérez-Luminé con respecto a las galletas «María», una de las cuales no deja de ser sorprendente y procedo a su revelación: «La galleta “María” ingresa en la glotis con más suavidad previamente humedecida por el café o el chocolate, que en su sequedad de origen». Al decir tal cosa –según me ha contado alguno de los asistentes–, estalló una unánime y clamorosa ovación.

La Asociación Española de Criadores de Ranas cuenta en la actualidad con más de doscientos cuarenta miembros. Por otro lado, la organización de «Amigos de las Peceras en los Hogares Salmantinos», la célebre APHS, supera los dos mil asociados. A la presentación del último libro de Almudena Grandes, en el que participaron el rapsoda García-Montero y la tía en segundo grado de Javier Bardem, doña Lucinda Fresneda Caporredondo Gómez Bardem –los Bardem no pudieron asistir porque ya están todos en California–, asistieron más de ciento cincuenta personas con un mérito añadido. Se anunció que no se repartirían croquetas después de la presentación. Y a la inauguración de la nueva «boutique» de ropa interior masculina «Eggs», sita en el barrio de La Latina en Madrid, más de setecientos invitados se quedaron en la calle, porque «Eggs» es un comercio de reducido espacio.

Cien personas son muy pocas personas para apoyar una grosera majadería que ha contado con un altísimo nivel de propaganda y publicidad. En el fondo, la prohibición les ha hecho un gran favor a los convocantes, a los que animo desde aquí a que procedan a reírse de Alá y de Mahoma en los alrededores de cualquier mezquita. Este servidor de ustedes, a estas alturas de su vida y de su hastío, es sobradamente capaz de reunir a cien personas por cualquier motivo. Sólo con la familia llego a las noventa y tres. A las siete restantes les ofrezco un bocadillo de jamón y alcanzo el centenar en un minuto, porque el español es muy dado al bocadillo de jamón de regalo.

Después de la frustrante y aleccionadora experiencia, no estaría de más que el Ayuntamiento de Madrid dedicara una calle secundaria a los organizadores de la llamada «procesión atea». La calle de «Los Cien Tontos de Lavapiés».

Una isla varada en el Caribe

Alfredo Abián en La Vanguardia

Imagínese un debate en el que han participado 8.913.838 personas (ni una más, ni una menos) en cerca de 163.000 reuniones. Puestos a imaginar, supongamos que legiones de amanuenses habrán levantado actas para elaborar un documento de síntesis. Y que el resultado final atiende por “Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución”. Estamos hablando del Partido Comunista de Cuba en estado puro, que el pasado fin de semana celebró su VI congreso. Su sexto magno akelarre en medio siglo. Habrá que agradecerle tan escasa efervescencia congresista, porque la literatura documental de estraperlo resulta tan carente de sentido que si se extrajera de ella la grandilocuencia, la jerga vacua, nos quedaríamos con una secuencia de signos de puntuación, obviamente ininteligibles. Pero hay que entender al bolchevismo cubano. Quiere estar a la altura retórica de sus ancestros, teniendo en cuenta que el gran padre Lenin nos obsequió con miles de escritos entre los que figuraba uno que rezaba así: “¿De qué lado amenaza al proletariado el peligro de verse con las manos atadas en la lucha contra la burguesía inconsecuente?”. Poco les importa a los camaradas isleños controlar un navío que lleva décadas a la deriva. De hecho, Cuba ni siquiera flota. Parece un ballenero o un viejo buque corsario varado en el Caribe, por mucho que sueñe e invoque la chatarra del acorazado Potemkin. En su tripulación fantasmal se cuentan más funcionarios corruptos que disidentes, más prostitución que en el peor vertedero asiático. Y, por si fuera poco, con cartilla de racionamiento e importando hasta el azúcar. Apaga y vámonos.

¿Traidor, dices?

Hermann Tertsch en ABC

El sumo sacerdote del periodismo de corrección izquierdista de este país es Iñaki Gabilondo. «Su palabra es la ley» para muchos españoles —y españolas, que diría— que lo consideran el yerno ideal. Idealista, tierno, vulnerable, sensible, es el adalid de lo políticamente correcto y lo periodísticamente humano. Porque no levanta la voz mientras sufre por nosotros. Por los vascos, por supuesto, y por los bosques, por el cambio climático y los linces, por los toros, por los visones de granja y por los despedidos por crueles directivos que encima se pagan primas —salvo si se llama Cebrián—. Por la ceguera y la violencia de los hombres y las cuitas eternas de las mujeres, buenas y sabias todas menos Esperanza Aguirre. Sufre por la brutalidad de los norteamericanos blancos y heterosexuales, por las almas tiernas de todo inmigrante de color. Sufre por el colonialismo que fue y las multinacionales opresoras de hoy. Detesta a la derecha que exporta armas y le decepciona la izquierda que las exporta mucho más. Es incondicional en su adhesión a las víctimas tras un atentado pero implacable con sus familiares dos días después si caen, pobres imbéciles, en las garras manipuladoras de la derecha.. Le duele mucho la hostilidad en España hacia el Islam moderado, tan tolerante. Tanto como la zafiedad y el fanatismo de los católicos españoles, siempre empeñados en azuzar cruzadas. Le indignan, eso sí, la Iglesia, guarida de pederastas y el Vaticano, centro de conspiración antidemocrática.

Y le asusta mucho, muchísimo, la ultraderecha. Hay muchísima, ya saben. Baste decir que están allí donde se viola el código de buena conducta de Gabilondo. Desde la derecha que no quiere ser partido satélite en un régimen socialista, a cualquier ciudadano europeo harto de pagar impuestos para que los sindicalistas españoles o griegos se suban los sueldos y arramplen con las subvenciones, todos son ultraderechistas. Ante tal amenaza, llama sin cesar a unirse al movimiento de la verdad humanista que son Felipe —¡que pena lo del GAL!—, Zapatero, —¡tan bueno y tan mala suerte!— y él, el trovador de la armonía que habla de consenso con Zapatero ante las cámaras para convenir con él después en las virtudes del enfrentamiento y la tensión. Rajoy es bueno cuando va a radio Gabilondo a imitar las letanías socialdemócratas, pero un canalla cobarde en cuanto le pone una pega al presidente Zapatero. Últimamente le preocupa el fascismo en televisión, porque hay canales muy modestos que dicen cosas que a él no le gustan, mientras el canal que decía todo lo que le gusta a él cerró por quiebra. Ahora dice que se meten con él. No sabe lo que es eso. Sólo los amigos de Gabilondo tienen secciones fijas en periódicos y televisión para insultar a periodistas discrepantes. Para sacar a diario de contexto sus frases, tergiversarlas y manipularlas y alimentar foros de odio para partidarios de palizas, cerrar televisiones y acabar con «los fachas».

Ahora dice Gabilondo que Aznar es un traidor. Por decir que nuestra economía va mal. Lo dice el amigo de quien negociaba con ETA a espaldas del Gobierno de España mientras firmaba con éste un pacto antiterrorista. Las palabras públicas no pueden ser traición, los acuerdos secretos con enemigos del Estado lo son. Quien ayudó a asediar las sedes del enemigo en jornada de reflexión. Quien aplaude unas negociaciones en las que se dijo que «lo que conviene al Gobierno conviene a ETA y viceversa». Quien jaleó un acuerdo con separatistas y terroristas a partir de El Tinell para proscribir a media España. ¿Y de traición nos habláis?

Manipulación extrema

Tomás Cuesta en ABC

En las virtuosas gacetillas del pensamiento único, braman los titulares y se desmelenan los suplentes: ¡La extrema derecha arrasa en las elecciones finlandesas! ¡El espantajo del fascismo regresa a toda vela! Casi nada, monada: lo que faltaba para el euro. Aún no hemos digerido el sapo nuclear y asoma la bestia parda en el peor momento. Con las maletas hechas, el depósito lleno y el horizonte despejado hasta el lunes que viene. O sea, que en Finlandia, dice usted. Quién lo hubiera supuesto. Cuesta hacerse a la idea de que la banda de la porra haya logrado hacerse un hueco en el país de la excelencia educativa, los teléfonos móviles y el vodka de diseño. Por otra parte (aunque bien es verdad que el vodka obra milagros si el termómetro aprieta), ponerse a desfilar al paso de la oca no es tarea sencilla en medio de tanta nieve. ¿Cómo? ¿Qué también en Finlandia luce el sol en estas fechas? Entonces, menos lobos que ya pasó el invierno. No es tan fiero el león como lo pintan los tigres de papel o los blogeros tuertos. No hay ninguna razón para abrumar la Pascua con un Apocalipsis de opereta.

«Traduttore, traditore». Un traductor es un traidor: esa es la clave del enigma y la madre del cordero. El celebérrimo juego de palabras en el que los italianos cifran la imposibilidad de trasmigrar el alma de las lenguas, se ajusta tal que un guante al vendaval hipócrita de admoniciones y aspavientos que se ha levantado a cuenta de la deriva ultramontana de los comicios domingueros. «Perussuomalaiset» —la desenvuelta alternativa al conservadurismo de salón que ha convertido a Timo Soini en una estrella— significa «Finlandeses de base» o «Finlandeses de a pie», yendo un poco más lejos y arrumbando la literalidad significante a fin de captar su esencia. Sin embargo, el «traduttore» (el «traditore») se obstina en la etiqueta de «Auténticos Finlandeses». ¿A santo de qué ese desplazamiento del prosaico «finlandés de a pie» al «auténtico finlandés», ahuecado y solemne? Porque —según el diagnóstico de Adorno y de Klemperer— la «autenticidad» es la piedra angular sobre la que se sostiene la vomitiva retórica de Hitler y, por ende, la de sus herederos. Y porque, una vez atribuido ese significado, ya no es preciso analizar qué es lo que está ocurriendo. El problema es que para erradicar las causas no basta con maldecir las consecuencias. Finlandia no es el predio de la extrema derecha, sino el símbolo de una Europa desnortada en la que lo excepcional empieza a ser la regla. ¡Que viene! ¡Que viene! Las tinieblas se adensan.

Sólo que no es eso. Ni en la Finlandia de Soini, ni en la Italia de Bossi, ni en la Francia de Le Pen, ni en Austria, ni en Holanda, ni… Glosar las excepciones es estéril (y obsceno). Lo que hay que poner sobre el tapete es la naturaleza del hartazgo de los ciudadanos europeos (de todos y, si no, al tiempo), con lo que representan los que les representan. Las engañifas no cuelan: la clientela de ese nuevo populismo no viene de la derecha burguesa; su implantación más fuerte se produce en las periferias obreras, semillero tradicional del voto izquierdista. Y es un síntoma de lo que esas periferias sufren: el paro masivo, la inmigración descontrolada, el deterioro urbano y social que ello arrastra, el gasto loco de países con cuya quiebra deben cargar otros más sensatos, el odio hacia la casta que, desde Bruselas, hace fortuna propia arruinando a todos.

«Traduttore, traditori». La manipulación extrema.

Los fueros de la Pachamama

José García Domínguez en Libertad Digital

A falta de entretenimiento mejor en que ocupar el ocio de sus diputados durante la Semana Santa, el Congreso de Bolivia se apresta, según parece, a votar una solemne declaración de derechos de la Pachamama. Asunto muy del agrado de cierto Álvaro García, vicepresidente del país y genuino panteísta precolombino tal como delata su apellido. Así, a juicio del inca García "la ley establecerá un nuevo marco de relaciones armonioso y fecundo entre la Tierra y sus habitantes". A su vez, y ya puestos a hacer el indio, el periódicos global ha dado en adherirse a la prosopopeya de los chamanes del Altiplano. Siempre, eso sí, que la atribución de personalidad jurídica a bellotas, frijoles, chuzos, guijarros y hojas de coca "no quede en mera declaración de intenciones", como se prevenía ayer en la plana noble, la de los editoriales de El País.

Ante todo, el rigor jurídico, en estos casos compañero inseparable del intelectual. Nada nuevo, por lo demás. Recuérdese al respecto que Hitler diseñó con extremo cuidado el trazado de las autopistas del Reich a fin de someterse al sacro fuero de la Naturaleza. O que el arquitecto que ingenió la Gran Muralla China se quitó la vida, persuadido como estaba de haber seccionado las arterias de la Tierra con su obra. Ahora, difuntas las utopías de la Modernidad, el ecologismo se ha convertido en renovada expresión política de un mito siempre igual a sí mismo, el que alimentara el discurso prometéico de la izquierda a lo largo de las dos últimas centurias, a saber, el del buen salvaje.

Esa leyenda que ansía recrear la memoria atávica de un hombre natural; idílica criatura cuya inocencia primigenia sería luego corrompida por la vida en sociedad y sus aciagos apéndices: el Estado, la división en clases y la propiedad privada. Al cabo, el ecologismo no deja de constituir una actualización de la vieja retórica de la explotación del hombre por el hombre apenas con la salvedad argumental de que al capital le habría dado por hurtar la plusvalía al planeta. Y como todas las creencias asentadas en emociones básicas, igual ha sabido encontrar alojo en esa región de la mente donde el miedo y el sentimiento de culpa engendran un hábitat propicio a la pura irracionalidad. Por algo auguró ZP que la Pachamama es del viento.

Que se movilicen ellos

Cristina Losada en Libertad Digital

Tras socavar, con singular eficacia, el ansia de conocimientos y la ética del esfuerzo en los adolescentes, el progresismo patrio ha dado en sorprenderse y escandalizarse de que los jóvenes no se movilicen en esta época de crisis. Movilizarse, entiéndase, políticamente y, para ser precisos, en la calle, que ya es hora. Abundan, así, en esos predios, los lamentos por la –supuesta– indiferencia juvenil ante las graves hipotecas que pesan sobre su futuro, atribuidas todas ellas al triunfo de los pérfidos mercados sobre la política, que es dama virtuosa. Y en línea con el panfleto de moda, ese Indignaos que está en boca de todos –y en boca de ganso–, instan a la juventud a sacudirse la abulia y montar en cólera, sea contra el poder económico, sea contra el poder político, elección que dependerá, a buen seguro, del color del gobierno de turno.

Perfectamente inconscientes de la paradoja, los defensores de doctrinas pedagógicas que han privado a los jóvenes de las herramientas para construirse un futuro, les incitan ahora a rebelarse contra otros. Y hasta les afean que no se movilicen, cosa que dada la práctica habitual significa quemar oficinas bancarias, tiendas, vehículos policiales y sedes de partidos de derechas. En suma, suspiran por un nuevo mayo del 68, ése en el que no estuvieron y que los jóvenes de hoy han de protagonizar por ellos. Ese mitificado Mayo cuya repetición vaticina cierta prensa en cuanto unos chavales encapuchados lanzan cocteles molotov contra una escuela. Y ese Mayo que no volverá, desde luego, a lomos de la crisis. No en vano, las rebeliones juveniles de los sesenta no fueron revueltas contra la escasez: fueron las revueltas de la abundancia. Sin olvidar el aburrimiento que, tal como señala Nisbet, es una causa motriz nada despreciable.

Sólo unos irresponsables pueden aconsejar a los jóvenes que respondan a la crisis representando una parodia sesentayochista de propósitos confusos y manipulación probable. En lugar de despilfarrar sus energías de ese modo, mejor harán si las invierten en su preparación: en aprovechar las escasas oportunidades de remontar los efectos perversos de una enseñanza pública moldeada, durante décadas, por la utopía de la mediocridad. La única rebelión inteligente será contra ese lecho de Procusto –la igualación por abajo– que ha tendido el progresismo pedagógico. Y si los nostálgicos anhelan un nuevo Mayo, que se movilicen ellos.

lunes, 18 de abril de 2011

El chollo de la Memoria Histórica

César Vidal en La Razón

Hace apenas unos días, el autor de estas líneas contemplaba al Brujo en el escenario de un teatro madrileño diciendo: «A Garsias-Lorca lo buscaron por allí y no lo encontraron. Lo buscaron por allá y tampoco lo encontraron. Y después por allá y tampoco lo encontraron. ¡Cohone con la Memoria Histórica y no se acuerdan siquiera de dónde lo enterraron!». Sin duda, las carcajadas del público hubieran sido menores de saber todos lo que nos cuesta el invento de la Memoria Histórica. Teóricamente, el dinero de nuestros impuestos que se dedica a este tema debería dedicarse en no menos del cincuenta por ciento a la localización, identificación y exhumación de los cadáveres de las fosas comunes de la Guerra Civil, pero, año tras año, queda de manifiesto que la realidad es muy diferente. El año pasado sólo el 28,2% de la cifra global se dedicó a ese fin. Este año, el montante se ha reducido al 25, 46% y es que no hay –por mucho que se haya empeñado algún personaje conocido por su afición a las bebidas espirituosas– ni lejanamente 300.000 cadáveres en las cunetas. Así, el 74,54% del presupuesto de la Desmemoria va a parar mayoritariamente a los sindicatos y los partidos de izquierdas y nacionalistas. Vean si no ustedes. Por ejemplo, El canto del cárabo recibe 37.930 euros como proyecto de VERHIS. Que en esto había pájaros de cuenta lo sabíamos, pero tanto como para subvencionar un ave tan rara parece excesivo. Otros 14.286 euros se lleva la UGT Madrid por la Tercera parte de Historia de vida de militantes de UGT durante el franquismo lo que teniendo en cuenta la ausencia clamorosa de ese sindicato durante la dictadura parece, como mínimo, exagerado. Más razón de ser parece tener que se dediquen 26.275 euros a que la Fundación Pablo Iglesias logre la «Identificación de dirigentes socialistas en la clandestinidad». Me consta que es un trabajo arduo ya que durante el franquismo tan clandestinos eran que nadie llegó a conocerlos. Algo similar cabría decir de los 21.726 euros destinados a la Fundación Anastasio de Gracia de la UGT por la Recuperación de la Memoria Histórica y la dignificación moral de los líderes sindicalistas del metal y la construcción de UGT. Conmovedora va a ser también la muestra cinematográfica –24.426 euros – que organizará la Asociación El Ojo cojo, un nombre ciertamente poco apropiado para ver. Otros 17.910 se lleva el Institut per a la Memòria Històrica por Libros al infierno. Dadas las veleidades que ha mostrado Cristina Almeida por quemar los míos y puesto que en Cataluña ahogaron mi Camino hacia la cultura en un programa de televisión financiado con fondos públicos al principio me temí lo peor, pero, finalmente, me tranquilicé pensando que la recogida de mis libros representaría un trabajo descomunal para gente acostumbrada a vivir de subvenciones. Finalmente, algunas subvenciones no consigo entenderlas como esos 26.095 euros entregados al Instituto Obrero de Valencia por las «Vidas congeladas por el franquismo», término que no sé si va referido a los obreros que pudieron tener por primera vez una nevera o que comenzaron a comer merluza que, por culpa de Franco, era congelada. Al final, entre unos y otros, se van a embolsar casi mil millones de pesetas destinados no precisamente a localizar cadáveres de fusilados. Ciertamente, un verdadero chollo.

La era de China

José Carlos Rodríguez en Libertad Digital

El mundo que hemos estudiado, el que conocemos todavía hoy (y esto hay que escribirlo con prisa), no es el que van a ver nuestros hijos.

Nosotros hemos tenido la oportunidad de ves derrumbarse el bloque soviético, pero Rusia hace un papel geoestratégico parecido al de la URSS, aunque más taimado. La amenaza del islamismo es perdurable, pero no tiene por qué cambiarnos la vida, y además el reinado del petróleo en la energía no está claro que dure muchas décadas.

Pero ante nuestros ojos se produce un cambio muy rápido, en términos históricos, y que sí es perdurable: el ascenso de China. Según el FMI, desbancará a los EEUU como primera potencia mundial en 2016, es decir, ya.

Mientras EEUU se europeíza, pierde el vigor que le lanzó a la primacía económica mundial en 1870. Aunque nada está escrito, aunque China tiene que pasar por una gran crisis económica que ya se atisba, el gigante asiático crece a una velocidad de vértigo y reclama su puesto de superpotencia. Su riqueza nos dará oportunidades para multiplicar la nuestra, pero políticamente será más una

Milagrosa nitroglicerina

Gabriel Moris en Libertad Digital

Desde hace unos años, en el pórtico de la Semana Santa, viene a mi memoria un hecho milagroso que viví en primera persona durante la pericial de explosivos ordenada por el tribunal que juzgó el grado de participación de los veintinueve imputados en los 193 crímenes del 11-M.

Mi memoria puede resultar incómoda e incluso odiosa. No quisiera molestar ni a policías, ni a jueces, ni a gobernantes. Tampoco quiero turbar la paz de los muchos ciudadanos y grupos que disfrutan de prebendas derivadas de aquel genocidio. Mi memoria no es histórica ni recibe subvenciones. Es sencillamente la de un padre de una víctima mortal del atentado que se vio obligado a actuar como perito por la negativa a hacerlo por parte de unos profesionales a los que solicitamos sus servicios, por tratarse de un asunto "muy politizado".

Transcurrían los trabajos analíticos centrados en determinar si el dinitrotolueno (DNT) –presente en todas las muestras de los focos de explosión-previamente lavadas– provenía de alguna posible fuente contaminante. Lo que no se pudo demostrar en las pruebas realizadas. Al retomar el análisis de una muestra calificada como "polvo de extintor" –referenciada como M-1– se aprecia en el cromatograma un pico correspondiente a la nitroglicerina (NG), además del mencionado DNT. Esta muestra de polvo de extintor fue tomada en la estación de El Pozo. El cromatograma (registro gráfico del análisis realizado por cromatografía de gases) era coincidente con el de una muestra de Titadyn analizada como muestra de referencia en la pericia. Los dos componentes del citado explosivo no estaban presentes en la muestra de Goma 2 ECO que sirvió también de muestra de referencia. La presencia de nitroglicerina, unida a la de dinitrotolueno, puso de manifiesto que el explosivo de los focos no era el anunciado ni el explosivo intacto encontrado lejos de los focos. Las grabaciones pendientes de difusión pueden permitir visualizar el hallazgo.

El impacto que produjo la presencia de nitroglicerina, en el polvo de extintor, fue tal que el director de la pericia, haciendo uso de su poder de decisión, no aceptó el resultado hasta la séptima vez que se realizó el análisis. Todo ello cambiando equipos y condiciones analíticas. Esta circunstancia nos hizo comprender la oposición manifestada anteriormente, por él mismo, a que analizáramos la muestra de Titadyn antes aludida. Lo justificaba al decir que este explosivo contenía nitroglicerina y "la nitroglicerina" era un componente muy controvertido". ¿Sería por las declaraciones iniciales de Sánchez Manzano anunciando la presencia de nitroglicerina?

Los cuatro peritos de parte, conscientes de la importancia del resultado, elaboramos un informe para el Tribunal dando cuenta del posible interés del mismo. Los peritos oficiales no se adhirieron. Todo esto ocurrió los días previos a la suspensión de los trabajos durante la Semana Santa.

La muestra M-1, irrelevante en principio por ser polvo de extintor, resultó crucial para poner en evidencia varias cosas:

  1. Que el polvo de extintor adsorbió, debido a su gran superficie específica, el explosivo utilizado en la estación de El Pozo. Muy probablemente Titadyn.
  2. Que el DNT de las veintitrés muestras de los focos, no se eliminó totalmente con el lavado, para análisis, realizado por los Tedax; apareciendo también en esta muestra.
  3. La razón de la negativa del laboratorio de los Tedax a:
    • Dar resultados analíticos de las muestras lavadas (23).
    • Presentar los registros analíticos obtenidos por cromatografía en capa fina.
    • Conservar los líquidos de lavado de las muestras para eventuales análisis.

Después de lo que antecede podemos hacer algunas reflexiones al respecto:

  1. Sin la participación de los cuatro peritos de parte, ¿hubiéramos conocido la presencia de DNT y NG en las muestras de de los focos?
  2. La desaparición de muestras entre los trenes y la sede de los Tedax en Canillas, la escasez de muestras de los focos para realizar la pericia, la negativa de los Tedax a solicitar los análisis iniciales de las 23 muestras a la Policía Científica (incumpliendo los protocolos) y la negativa a dar los resultados de dicho laboratorio tanto al juez instructor como al director de la pericia ¿no serían consecuencia de que los resultados analíticos apuntaban al Titadyn?
  3. En mi opinión, todos estos aspectos no fueron suficientemente valorados por el tribunal, dejando la duda sobre el origen de la carga explosiva utilizada en los trenes.

Anecdóticamente hemos de resaltar que el director de la pericia fue condecorado con la medalla al Mérito Policial con distintivo rojo, es decir, con un sueldo vitalicio. Mi felicitación por esta condecoración. Ignoro las razones. Supongo que se debería al trabajo desarrollado para esclarecer el explosivo utilizado en la T-4.

El final de ETA

Agapito Maestre en Libertad Digital

Zapatero siempre ha utilizado el terrorismo de ETA para mantenerse en el poder. Lo seguirá haciendo para que los de su partido sigan mandando en el trozo más grande de España. Entonces, me pregunto, ¿por qué se extrañan algunos periodistas de que ayer, en un mitin en el País Vasco, volviera sobre sus pasos para arremeter contra el PP y darle cariño a Eguiguren, el principal defensor de la negociación con ETA, y a la banda criminal para que siga luchando por la paz de cementerio? Hay, sin embargo, algo peor que hacerse el lelo; es, en verdad, serlo, según demuestran cada día quienes dicen "ETA está en su final". Obvio.

ETA está retirándose, sencillamente porque ha conseguido la mayoría de sus objetivos culturales y políticos, aunque por si acaso se reserva el "derecho" de ametrallar a quien se le ponga en gana. Y a tiro. Es el único precepto de carácter universal que podemos extraer de una historia terrorífica: los de ETA seguirán matando, con el plácet de los nacionalistas, hasta independizarse totalmente de España.

Muchos son los actores que han participado en ese inmoral proceso. En primer lugar, hay que citar a la famosa "justicia". Naturalmente, desde hace décadas, el sistema judicial y penitenciario tiene asumido que sus funciones represivas son contingentes. Nada tiene que ver la justicia española con la universalidad moral de la ley. El sistema judicial español es vicario del poderoso Zapatero, o peor, de las contingencias electorales por las que pase el todopoderoso PSOE. El premio concedido por el sistema judicial al sanguinario Troitiño, que debería aún cumplir condena hasta por lo menos el 2017, no es sino sólo un ejemplo de los cientos de despropósitos que los jueces y fiscales de España ha cometido a favor de los sanguinarios de ETA.

Menester es citar, aunque sea en segundo lugar, a muchos creadores de opinión pública que o miran para otro lado ante ETA o, sencillamente, dicen alguna grosera generalización. Toda esa gente simula que el gobierno de España está ganando la guerra a ETA. Mil pruebas ponen en evidencia esa falsificación. Otras tantas podríamos esgrimir para mostrar que Rajoy, tercer actor de la gran ocultación, cambalachea con Zapatero para ocultar lo inocultable: los terroristas ganan todos los días alguna batalla al escuálido Estado de Derecho. Nadie me hable por favor de los éxitos policiales frente a ETA... Sólo faltaba que no los hubiera, pero sólo sirven al ministro-candidato para mantener entretenida a la chusma. Es la cebadilla socialista para sacar pecho delante de una prensa indefensa de ideas democráticas y ayuna de Estado-nacional.

En pocas palabras, no hay moral suficiente en la casta política para acabar con ETA, sobre todo, cuando la propia casta está entregada a los ideologemas nacionalistas. Así las cosas, prepárense para lo peor: Eusko Arkatasuna y Bildu pegarán sus carteles en las próximas elecciones. López y Basaigoiti ya han blanqueado las paredes sobre las que colgarán su nauseabunda propaganda. ETA, por desgracia, estará otra vez presente en las instituciones. Los responsables máximos de este acto criminal serán PSOE y PP.

Nuestro Gadafi

Emilio Campmany en Libertad Digital

El lunes pasado, en una conferencia en la Universidad de Columbia, el ex presidente Aznar vino a recordar lo que hasta hace poco era Gadafi para Occidente. Vino a decir de él lo que Roosevelt de Anastasio Somoza en 1939: "Puede que Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta". Y es verdad que, hasta hace unas semanas, Gadafi era "nuestro hijo de puta". El "nuestro" significa que también lo era de Zapatero.

Un vibrante editorial de El País pone el grito en el cielo tirando de brocha gorda. Miren cómo explican allí lo sucedido: "Ocurre que las cosas han cambiado y el presidente Obama no es su antecesor George W. Bush –este también gran amigo del ex líder del PP–; ni la operación libia comparable a la invasión norteamericana de Irak en 2003". O sea, que Obama, a diferencia de Bush, ya no es amigo de dictadores árabes. ¿Recuerda alguien en nuestra izquierda el discurso de El Cairo pronunciado por Obama en junio de 2009? ¿Alguien se ha preocupado de ver si no hay alguna contradicción entre nuestra intervención en Libia y la zapateril Alianza de Civilizaciones?

Mucho más ajustado resulta el editorial de El Mundo titulado La contradicción de Aznar, reflejo de las de Occidente. El editorialista de Pedro J. le recuerda al ex presidente que la defensa que hizo de la intervención en Irak no se fundó en que Sadam Husein no era "nuestro hijo de puta", sino en evitar que el dictador iraquí masacrara a su pueblo, que es precisamente lo que supuestamente se está intentando hacer en Libia. Y en eso es obvio que Aznar se contradice.

Lo que ocurre es que no menos de lo que lo hace ahora nuestro Gobierno, tan opuesto a la intervención en Irak como partidario de la de Libia. Contradicción de la que la opinión pública española participa. Al fin, todo se reduce a argumentar que allí no había resolución de la ONU y para Libia sí que la hay. Así que, por estos lares, los derechos humanos se pueden defender cuando a Rusia y a China, tan democráticas ellas, les parezca bien y no cuando les parezca mal. Y encima todos cierran los ojos cuando se acuerda que el objetivo sea derrocar a Gadafi, que es algo que la ONU no ha autorizado.

Lo que es posible que esté encorajinando a Aznar y no se haya atrevido a denunciarlo, es ver que las fuerzas de la OTAN hayan sido en parte arrastradas a una operación fuera de zona para defender los intereses petrolíferos y gasísticos de British Petroleum, la francesa Total y probablemente también de Repsol en perjuicio de la italiana ENI. Mientras que a él, cuando lo de Perejil, le dijeron que era un asunto que no concernía a la OTAN porque el islote se encuentra precisamente fuera de zona. Un poco irritante sí que es.