domingo, 15 de mayo de 2011

Ante la traición, una lección de dignidad

Editorial de Libertad Digital

La actuación del Tribunal Constitucional autorizando la presencia de la franquicia política de la ETA en los organismos democráticos recibió ayer la respuesta contundente de las víctimas del terrorismo, que son las primeras damnificadas por una decisión que olvida a la Justicia para someterse a un dictado gubernamental de una vesania sin límites.

Pero es la nación entera la que resulta atacada por las maniobras de un gobierno amoral, que ha dispuesto de la judicatura para validar unos enjuagues cuyo vergonzoso legado habrá de perseguir a sus protagonistas por mucho tiempo. En esta situación, la salida nuevamente a la calle de las organizaciones que defienden a las víctimas del terrorismo no era una opción, sino una cuestión de estricta necesidad y, como señalábamos ayer aquí mismo, perfectamente oportuna digan lo que digan los voceros de los partidos políticos, preocupados únicamente por el resultado electoral de este próximo domingo.

Los políticos, en el mejor de los casos, han decidido eludir el llamamiento de las víctimas para protestar por el desafuero del órgano -nos cuesta llamarlo Tribunal- presidido por Pascual Sala. En el peor, han intentado boicotear en la medida de lo posible el acto público previsto. Pero nada de esto importa. Lo sustantivo es que con frío, con calor, con lluvia o con nieve, las víctimas del terrorismo cuentan siempre con el apoyo de la parte más noble de una nación que se rebela contra las injusticias que sus órganos políticos perpetran contra ellas una y otra vez.

Ayer las víctimas del terrorismo volvieron a sentirse arropadas por una multitud de ciudadanos libres que quisieron expresarles una vez más su cariño y su respeto, al tiempo que se sumaban a la protesta pacífica contra una villanía que nos va a hacer retroceder una década en la lucha para derrotar al terrorismo y sus secuaces. El gobierno, ya lo hemos visto, está dispuesto a hacerse el sordo ante el clamor de una ciudadanía que asiste atónita a sus maniobras ilegítimas en una materia tan sensible como la lucha contra el terrorismo.

Algo parecido podemos decir de la oposición política, con las excepciones habituales que, a título personal y muy honrosamente, nunca fallan cuando las víctimas del terror realizan un llamamiento público. Mas las víctimas no están solas. Tienen a todos los españoles de bien con ellas, respaldándolas y sumándose a su voz para reclamar lo que el estado de derecho les debe, que no es otra cosa que justicia.

Modestamente, también nosotros estamos dispuestos a perseverar en nuestro apoyo, tal y como hemos hecho siempre desde nuestro nacimiento. Ochocientos cincuenta y un asesinados, varios miles de heridos y sus familias no merecen menos.

Carne de gallina

Antonio Burgos en ABC

Don Pascual Sala Sánchez, presidente del Constitucional, ha dicho que se le pone la carne de gallina al pensar que haya quien dude de la independencia de ese Tribunal, donde los papeles de las investigaciones de la Guardia Civil y de la Policía que demuestran la conexión de la ETA con Bildu sirven por lo visto para lo mismo que los rollos que anuncia el perrito simpático de Scottex.

Y a mí, al leer estas declaraciones de don Pascual, que es la leche, se me pone no carne de gallina, sino carne de granja avícola y de todas las pastillas de Avecrem y de caldo Maggi que hay en Carrefour, en Alcampo, en Hipercor y en Mercadona.

Se me pone la carne de gallina al pensar que la gente contemple como lo más normal del mundo la politización de los más altos tribunales según el partido que nombró a cada magistrado, y que acepte que haya una Justicia Progresista y una Justicia Conservadora, aberración semejante a la admisión de la existencia de unas Matemáticas Progresistas y unas Matemáticas Conservadoras.

Se me pone la carne de gallina al pensar que antes de que un asunto de extrema gravedad sea resuelto, ora por el Tribunal Supremo, ora por el Constitucional, se sepa por dónde va a ir la sentencia de sus señorías ilustrísimas, según sea el número de señorías ilustrísimas progresistas y de señorías ilustrísimas conservadoras.

Se me pone la carne de gallina al pensar que un tiparraco criminal de la ETA que acaba de salir de la cárcel donde debió pudrirse, tras cumplir por asesinato bastantes menos años de los de su condena, desmantela la monserga de la independencia judicial cuando va y saca una pancarta de propaganda electoral donde pide el voto para sus compadres de Bildu.

Se me pone la carne de gallina al pensar que el mismo gachó asesino de la pancarta pone en ella palabras que mueven más a risa que a respeto por la noble lengua vascuence, porque parece que se cachondea de ella cuando pide «Independentzia» y «Sozialismoa»; vamos, que se le entiende todo aunque no se haya pisado una ikastola.

Se me pone la carne de gallina al pensar que hay quien defiende al mentado etarra con la pancarta de Bildu porque dicen que eso es libertad de expresión.

Se me pone la carne de gallina al pensar que habrá miles de tíos filoterroristas con las orejas más grandes que la boina, y miles de tías proetarras, pelorratas modelo Nekanes, que harán que la lista de los asesinos gobierne en muchos ayuntamientos vascongados, que se gastarán el dinero de nuestros impuestos en lo que usted ya se puede imaginar.

Se me pone la carne de gallina al pensar que Navarra puede dejar de ser española por culpa de la presencia de Bildu en las elecciones del próximo domingo.

Se me pone la carne de gallina al pensar que ya les habrán dado las listas completas del censo electoral, con lo que los fichados no son los etarras, sino sus víctimas; ellos son los que nos tienen fichados a todos nosotros; y lo digo porque de ahí, del censo electoral, tomaron mi dirección los pistoleros del Comando Andalucía que vinieron a buscarme y que si no me quitaron del tabaco fue gracias a la Virgen de los Reyes.

Se me pone la carne de gallina al pensar que la más alta institución del Estado de Derecho cante de esta forma la gallina ante la ETA.

Justicia mutilada

Editorial de ABC

La posibilidad de que el Tribunal Constitucional, con el indisimulado interés del Gobierno, deje sin autonomía a la acción popular en el proceso penal es otro motivo añadido de preocupación sobre el futuro de la Justicia. La acción popular permite a cualquier ciudadano acusar a otro por un delito público. Es una institución de arraigada tradición en España, con antecedentes en las Siete Partidas, prevista en la Constitución de Cádiz para los delitos cometidos por jueces y regulada definitivamente en 1835. La Constitución de 1978 también se refiere a ella, junto con el jurado, como forma de participación de la sociedad en la administración de justicia. No se trata, pues, de una institución creada al capricho de un partido o de un momento histórico, sino que representa una fuente de legitimación de la justicia penal y, al mismo tiempo, de control democrático de su administración. Es cierto que la acción popular se ha prestado a abusos y que, en ocasiones, ha servido solo para politizar asuntos judiciales y filtrar documentos. Pero utilizar estas desviaciones en el ejercicio de la acción popular para desactivarla sería tan desproporcionado como utilizar los errores del fiscal en sus acusaciones para mutilar sus facultades públicas. Las leyes procesales tienen suficientes mecanismos de prevención y control para frenar estos abusos. Además, el Tribunal Supremo ya fijó, en los casos Botín y Atutxa, unos límites razonables al declarar que el acusador popular puede acusar al margen del fiscal, cuando se juzgue un delito contra intereses generales, es decir, sin víctimas concretas.

La sentencia que prepara el TC suprime esta autonomía de la acusación popular. Esto supone entregar al fiscal —libre de un régimen de responsabilidad adecuado a este monopolio acusatorio— el control absoluto en los procesos que investiguen, por ejemplo, delitos de corrupción, de cohecho o de enaltecimiento del terrorismo. Precisamente, son estos los delitos en los que históricamente la acusación popular ha permitido condenas que, de otra manera, no se habrían dictado por la oposición del Fiscal. Por eso, la acusación popular que molesta políticamente no es la temeraria, sino la que está bien fundada, cuenta con el respaldo de los jueces y produce condenas incómodas. Esa es la acusación popular que desaparecerá si el TC aprueba la sentencia proyectada, y así saldrán beneficiados los chivatos del Faisán, el dos veces suspendido Garzón o la «izquierda abertzale», y tantos otros que con igual o mayor motivo que Otegui preguntarán aquello de «¿lo sabe Conde-Pumpido?».

sábado, 14 de mayo de 2011

Magnolios

Alfonso Ussía en La Razón

Una mañana soleada de principios de marzo, César González-Ruano, en su mesa del Café Teide, escribió para ABC un texto redondo, prodigioso, en el que anunciaba que habían florecido los almendros. El entonces Director de ABC, el genial, volcánico y caprichoso Luis Calvo, se quedó sorprendido al leer el artículo de César. Y le llamó: -Ruano, ¿y qué coño, me pregunto yo, les importa a los lectores de ABC que hayan florecido los almendros?-. César no era de fácil dominio.-Director, ¿te imaginas lo que sucedería si un año no florecieran los almendros?

Víctimas a la intemperie

Tomás Cuesta en ABC

La consecuencia más visible del fallo del Constitucional a favor de Bildu ha sido la de un terrorista riéndose de vivos y muertos con un cartel de su franquicia electoral entre las manos. El «ex preso», acentuaban los propagandistas del régimen, ha pasado de las pistolas a las pancartas y eso les parece una «buena noticia». Con el calibre moral inutilizado, el mal menor es la utopía post-mortem del zapaterismo, memoria selectiva, impunidad y amnistía. Una vez desmantelada la arquitectura legal y policial contra el terrorismo, comienza el rito de las excarcelaciones. La euforia en los patios de las cárceles es el precio de los últimos presupuestos, el peaje del fin de ciclo y el ricino contra quienes sienten de nuevo el aliento de sus verdugos en la nuca, el regreso del hacha y la serpiente, la voladura controlada del Estado de Derecho, algo menos ya que una incierta sensación de seguridad jurídica y una apariencia de cordura política. Así, mientras la Fiscalía mira para otro lado, los taliboinas amenazan con querellarse contra quienes les recuerden su pertenencia y subordinación al clan de la goma dos. Desbordada cualquier ficción de línea roja, el respeto por las víctimas del terrorismo no es siquiera un lugar común, un pretexto o una formalidad, como ceder el paso.

Como algo había que disolver, hace ya tiempo que se optó por la disolución de las víctimas por la vía de los infundios, las infamias y la aplicación masiva de la luz de gas. Pisoteadas sus vidas, el proceso consiste en blanquear a los terroristas a costa de negar las consecuencias de sus actos, el dolor de los supervivientes. Sin memoria y sin justicia, cuya expresión plástica es el revelador testimonio de Pascual Sala sobre lo mucho que le irrita que se dude de su independencia, se trata de acabar con la dignidad, arrinconar la carne de cañón en el pabellón de los casos perdidos y suplantarla por un retén de abuelas argentinas y bisnietos del capitán Lozano, mucho más flexibles y desde luego menos concernidos en la última hora del horror.

Sin embargo, quienes lo han perdido casi todo, sobrevivido a un secuestro o gobernado en las fauces de ETA, Alcaraz, Ortega Lara y Regina Otaola, por ejemplo, se resisten a desaparecer, se niegan a callar y no acatan la aplicación de la eutanasia contra la libertad y la democracia, contra las leyes y contra el porvenir. Esas víctimas y muchas otras se concentran hoy en Madrid para alzar la voz y plantarse ante las carcajadas de los terroristas y su vuelta a las calles por la puerta grande, ante el jolgorio de los Usabiaga, Otegi, Troitiño, De Juana y Ternera, ante sus brindis por la «paz», sus «goras» por el socialismo y el hedor de su victoria. Las víctimas componen el último dique frente a ETA, la línea Maginot de la democracia en España, uno de los pocos motivos para aferrarse a la esperanza de que no todo está perdido, que no todo es política, cálculo electoral, cambalache y mentira.

Bin Laden y el 11-M

César Alonso de los Ríos en ABC

Apenas alusión alguna a la autoría del 11-M por el islamismo yihadista en estos días sobre Bin Laden y la Yihad islamista. Me pregunto por qué razón los políticos y analistas que impusieron sus tesis sobre el atentado de Madrid no han aprovechado la ocasión para reafirmarlas. Lo lógico es que los que desautorizaron otras explicaciones como teorías emanadas de un sentido conspiratorio de la Historia deberían haber aprovechado la revisión biográfica de Bin Laden para volver sobre el atentado de Madrid. Si el debate sobre los autores llegó a dividir a la sociedad española ¿no habría sido normal que la persecución y muerte de Bin Laden hubiera sido aprovechada para reafirmar la interpretación sobre la autoría del atentado más grave de Europa? La discreción, por no decir el silencio, resultan realmente sospechosos.

El show de Tommy Gómez

Juan Manuel de Prada en ABC

Para frases tronchantes, ninguna como la que Tommy Gómez profirió después de que se averiguara que había estudiado en un colegio privado; frase en la que, inflamado de sincero ardor socialista, confunde a Felipe González con Claudio Moyano: «Es que cuando hice la EGB en este país no había educación pública, porque yo estudié antes de que llegase Felipe González al Gobierno». Pero, a buen seguro, Tommy Gómez cree sinceramente que Felipe González fue el promotor de la escuela pública, como también creerá sinceramente que fue el inventor de la rueda y el descubridor de la penicilina, porque el humorismo socialista piensa sinceramente que el mundo era un caos informe, antes de que gobernaran los suyos; y así se lo han hecho creer a la pobre gente. A Tommy Gómez, para rematar su número, sólo le faltó dirigirse a Felipe González y decirle, reverencioso y solícito, como José Luis López Vázquez en «Atraco a las tres», cuando llegaba a la oficina bancaria la maciza que le sorbía el seso: «Tommy Gómez, un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo». Pero —¡qué culata ni qué piñones!, que diría Gracita Morales—, un siervo invictus, caramba.

Schengen de excepción

Hermann Tertsch en ABC

Los tremendos desequilibrios económicos en la zona euro tienen sus efectos también en la zona Schengen. Países con graves crisis como Grecia, Portugal y España y en buena medida Italia, son vistos ya como socios de riesgo por parte de otros países europeos. Que han hecho sus profundos ajustes y recortes antes, hoy se recuperan y no quieren sufrir los efectos perversos de las crisis meridionales, donde los gobiernos no quieren o no pueden aplicar las reformas necesarias.

Nos pasa con el euro. Y nos pasa con la inmigración. Dinamarca, con menos de la tercera parte del desempleo de España, considera un alto riesgo que inmigrantes en España, Grecia o Italia, lleguen a la lógica conclusión de que en el norte escaparán con mayor facilidad de la crisis. Es el origen del conflicto incivil entre París y Roma que estos supieron superar precisamente con la solicitud de medidas especiales ante situaciones especiales.

Pánico en el geriátrico

Pablo Molina en Libertad Digital

Hasta ahora sólo los ancianos que se ponían malitos en Andalucía y Aragón, progresismo obliga, corrían el riesgo cierto de que sus familiares instaran a los médicos a que les metieran un chute de sedación terminal y los mandaran al otro barrio, pero con esta ley inminente que legaliza la eutanasia disfrazada con eufemismos, el gobierno se ha propuesto convertir al país entero en una ratonera para la tercera edad.

Si en Holanda ha habido un éxodo de abuelitos hacia la frontera alemana para evitar la muerte prematura, aquí puede ocurrir lo mismo solo que con la dificultad de que el territorio es más amplio y hay muchas provincias alejadas de la frontera. Tener más de setenta años, vivir en Soria y ser propenso a los resfriados invernales va a ser gracias a ZP un deporte de riesgo, especialmente si en lugar de familiares se tiene a una bandada de buitres deseando heredar.

Ningún enfermo terminal necesita hoy en España una ley para poder morir "dignamente" como se ha empeñado en recetarnos la Pajín, porque los médicos conocen sobradamente los métodos para evitar el sufrimiento innecesario y además los aplican, de forma que los últimos días de estos enfermos transcurren en paz, sin dolor y rodeados del amor de los suyos.

Pero como siempre que los socialistas imponen una norma, el objetivo de esta ley no es solucionar un problema candente, sino aumentar la coacción estatal para que los derechos de los ciudadanos, aún el más elemental, no dependan de su voluntad sino del estado. Lo han conseguido ya con el derecho a vivir de los bebés no nacidos y ahora pretenden cerrar el círculo con esta ley de eutanasia que ya ha dado sus primeros pasos para adquirir carta de naturaleza en unos pocos meses.

Los socialistas primero intentan que no nazcas. Si lo consigues, te someten a un lavado de cerebro durante toda tu vida académica para convertirte en un zombi moral que sólo razone bajo sus premisas. Si llegas a viejo te roban hasta dejarte una pensión de miseria. Y si en el colmo de la terquedad consigues zafarte y labrarte un final de tu vida confortable, ahora amenazan con quitarte de en medio a la menor oportunidad.

Ser un obrero y votar a los socialistas es de cretinos, como demuestra la realidad. Tener más de setenta años y votar a la izquierda, a partir de ahora también.

¿Por qué nos empobrecen las catástrofes naturales?

Juan Ramón Rallo en Libertad Digital

Aunque se trate de un asunto muy manido y del que ya se ha hablado en numerosas ocasiones, el reciente terremoto de Lorca, y el no mucho más lejano en el tiempo de Japón, nos ofrece la oportunidad de volver a reflexionar sobre el tema.

Riqueza es toda aquella acumulación de bienes que nos permite, directa o indirectamente, satisfacer nuestras necesidades presentes y futuras. Tan riqueza es, aunque con distinta forma y probablemente dispar valor, un almacén lleno de trigo que un campo para cultivarlo: el primero lo podemos comer directamente para saciar nuestro apetito y el segundo nos puede proporcionar el trigo con el que hacer lo propio. En definitiva, para volvernos más ricos hemos de disponer de más bienes con los que directa o indirectamente satisfacer nuestras necesidades presentes y futuras. De ahí la muy elemental proposición de que la destrucción indeseada de bienes materiales nunca –insisto, nunca– nos vuelve más ricos. Tal vez sea por ello que a las catástrofes naturales se las llame "catástrofes" y no "bendiciones naturales".

Sentado lo evidentemente cierto, conviene, sin embargo, perder algo de tiempo refutando lo evidentemente falso y, sobre todo, explicando por qué son tantos los que compran las mercancías escacharradas de que destruir es crear y pobreza es riqueza.

Dos de los errores que más ha contribuido a popularizar el keynesianismo son: por un lado, que la medición más aproximada de nuestra riqueza no la constituye el valor de los bienes y servicios que producimos, sino la cantidad de trabajo existente; por otro, que la riqueza no nace de producir y acumular bienes que satisfacen nuestras necesidades, sino de gastar en demandarlos.

Recordemos, además, que el keynesianismo es un engendro teórico concebido en tiempos de estancamiento. En un momento de parálisis económica, como en las fases más depresivas de un ciclo, el desempleo tiende a ser muy elevado y el gasto suele congelarse. Es razonable: los empresarios todavía están recomponiendo sus planes de negocio y el conjunto de los agentes económicos está más preocupado por amortizar sus deudas que por mantener unos niveles de gasto (generalmente basados en un sobreendeudamiento previo) que son insostenibles. En esa coyuntura, pues, cualquier circunstancia, por desgraciada que ésta sea, que contribuya a reanimar el empleo y el gasto será considerada por los keynesianos como "estimulante" para el crecimiento.

Así, si un terremoto destruye varios millares de viviendas, por mucha crisis que haya, dos cosas son evidentes: la primera, que los afectados por el seísmo, aun cuando acumulen ingentes deudas y aun cuando sean muy reacios a gastar a ciegas, harán lo que sea –liquidar otros activos, endeudarse todavía más, recortar otros desembolsos...– para gastar en reparar sus casas; la segunda que, precisamente por lo anterior, existe una oportunidad de negocio bastante grande y bastante evidente en reedificarlas (sobre todo para las empresas que ya cuenten con el equipo para ello), de modo que por dubitativa que estuviera una parte del empresariado acerca de cuál debe ser su oficio futuro, durante un tiempo concentrará sus esfuerzos en construir nuevas viviendas, para lo cual contratará a nuevos trabajadores, reduciendo el nivel de paro.

Ahí lo tienen: si más gasto y más empleo equivalen a más riqueza para los keynesianos –y, por desgracia, para mucha gente que ha sido contaminada por sus ideas–, es consecuente que se tienda a pensar que las catástrofes naturales nos vuelven más prósperos colectivamente por generar, en ciertas circunstancias, más empleo y gasto a muy corto plazo.

¿Dónde está el error de tan primario razonamiento? Antes del terremoto, los agentes económicos estaban paralizados (trabajadores sin empleo, empresarios que no invierten, consumidores que no gastan...) porque no sabían cómo generar riqueza adicional sobre la ya existente. Después del terremoto se han empobrecido, de modo que esos mismos agentes pueden movilizarse durante un tiempo para reponer la riqueza que existía previamente. ¿Acaso se vuelven más ricos volviendo a producir una riqueza que previamente poseían? No, pierden tiempo y recursos; por tanto, se empobrecen. Cierto: hay más empleo que antes, pero no empleo dirigido a incrementar su riqueza sino a restituirla; cierto: hay más gasto en viviendas, pero también menos gasto, presente o futuro, en todos aquellos otros bienes que podrían haber producido y adquirido en ausencia del terremoto.

Ninguna devastación involuntaria mejora nuestro bienestar, ni siquiera cuando sustituyamos las antiguas casas –o la antigua riqueza, más en general– por otras de mejores y más resistentes. Pues, ¿por qué esperar al terremoto para remplazarlas? O, más simplemente, si de crear nuevos bienes desde cero se trata, ¿no sería preferible quedarse con los bienes viejos y con los nuevos? ¿Qué es mejor? ¿Un tractor nuevo o dos tractores, uno nuevo y otro viejo? ¿Una casa recién reformada o dos viviendas, una reformada y otra sin reformar? Puede, es verdad, que cuando vayamos justitos de espacio sí convenga destruir lo viejo para quedarnos sólo con lo nuevo –el espacio también puede ser objeto de economización–, pero en tal caso no necesitamos de terremotos, nos basta con dinamita. Al cabo, el único beneficio de los terremotos sería el de ahorrarnos el coste de los explosivos: claro que la ventaja de estos últimos es que permiten focalizar la destrucción allí donde nos conviene; la pequeña desventaja de las catástrofes naturalezas es que la generalizan de manera indiscriminada.

A diferencia de keynesianos y animistas, no confiaría demasiado en la sapiencia innata de Gaia para seleccionar con precisión cirujana qué obras deben ser derruidas con tal de maximizar nuestro bienestar colectivo. Seguro que al llenar de explosivos todo un territorio, algún error de bulto comete.

El 40% de lo que gana no es suyo

Manuel Llamas en Libertad Digital

Hacienda se apropió en 2010 del 39,6% del sueldo real (bruto) de los trabajadores frente al 38,3% de 2009, y eso sólo contando la tributación directa por IRPF y cotizaciones sociales. De este modo, Zapatero aplicó en España la mayor subida de impuestos directos del conjunto de países desarrollados, tan sólo superado por Islandia. Como resultado, los contribuyentes españoles pagan ahora casi cinco puntos porcentuales más que la media de la OCDE, soportando así una de las fiscalidades más duras de la UE ¡Todo un logro en un país gravemente empobrecido!

Pero ahí no queda la cosa. Si a los directos se suman los indirectos –que también han subido–, la imagen del contribuyente español es para echarse a temblar: un trabajador apenas dispone libremente del 53% de su sueldo tras cumplir con el Fisco o, dicho de otro modo, Hacienda se embolsa de media el 47% de la renta bruta anual. No está nada mal. Así, por ejemplo, un asalariado soltero y sin hijos con un sueldo bruto de unos 1.600 euros apenas ingresará en el banco 1.000 euros limpios al mes, cuantía que se reducirá a apenas 800 una vez satisfecha la extensa y gravosa tributación indirecta que impone el Gobierno. El Estado pasa factura, y todo apunta a que ésta se encarecerá aún más en breve. Recuérdelo la próxima vez que alguien del Ejecutivo argumente que la "presión fiscal en España es baja" porque, simplemente, es mentira.

Consecuencias del pecado original

Quim Monzó en La Vanguardia

Cuando una pareja se separa, lo habitual es que uno se quede en la casa o el piso en el que vivían y el otro se busque otro. De modo que el niño va de una casa a otra: tal y tal día duerme en el piso de la madre; tal y tal día en el del padre. Si los padres han quedado tan hartos uno del otro que ni ganas tienen de verse, el día del traspaso del crío quien lo ha tenido últimamente lo deja en la escuela por la mañana y el otro lo recoge por la tarde.

Saltándose esa costumbre, el juez Francisco Serrano, del Juzgado de Familia número 7 de Sevilla, ha dictado que la pareja del caso que juzgaba –con dos hijos, menores de edad– se turne en el uso de la vivienda que compartían. Tres meses vivirá el padre en ella y, a continuación, la madre los tres meses siguientes. Y así. Es decir: los hijos no irán de un piso a otro, y serán los padres quienes deberán buscar donde vivir cuando les toque no estar en la casa. Europa Press ha tenido acceso a la sentencia y explica que el juez "subraya el derecho de los niños 'a seguir disfrutando del inmueble que les ha servido de morada'" y que, como los hijos se sienten protegidos tanto por el padre como por la madre, la custodia compartida es "el mejor modelo de parentalidad". Momento sublime es cuando el juez valora la norma habitual –conceder la custodia a la madre– y dice que son planteamientos "de carácter trasnochado, reaccionarios al progreso y que siguen valorando la figura materna como referente de apego principal y la figura paterna como referente periférico". Ya puestos, carga contra el abogado de la madre: "Lo que no resulta admisible es afirmar, como hace la representación legal de la demandante en su escrito de conclusiones, que 'la madre manifiesta la seguridad, rutina, disciplina y hábito que necesitan sus hijos, y asimismo las atenciones que en razón a la corta edad de los menores, solamente una madre puede dispensar'". Añade: "No puede concluirse apriorísticamente que sólo las madres pueden preocuparse de dispensar a sus hijos la cobertura de sus necesidades afectivas y materiales. Se han de superar los prejuicios sexistas". Como diría Berto Romero: ¡zasca!

¿Reaccionarán ante esa sentencia todos esos jueces carcomidos que de forma rutinaria deciden que, en caso de separación o divorcio, aunque ninguna razón lo justifique, el padre es –siempre– el malo de la película, motivo por el que se da la custodia a la madre? He ahí un comportamiento sexista que complace al hembrismo imperante en nuestra sociedad, hembrismo que, así, goza de unas prebendas inimaginables en una sociedad igualitaria. Mientras, centenares de miles de padres separados son culpabilizados y apartados de sus hijos por haber nacido con el pecado original, que hoy en día no tiene ya nada que ver con la falta cometida por Adán y Eva y que significó su expulsión del Paraíso, sino con tener genitales externos.

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El señor Monzó está a punto de ser expulsado del Paraíso progre.


¿Quo vadis, Amnistía?

Pilar Rahola en La Vanguardia

No es la primera vez que tengo esta impresión al leer el informe anual de Amnistía Internacional (AI). Pero este año me resulta especialmente evidente que esta emblemática entidad hace años que se ha convertido en un ente ideológico. Es decir, que intenta vender ideología de extrema izquierda (o de izquierda extrema) con la excusa de los derechos humanos. Ello no significa, por supuesto, que no haya informaciones útiles en sus informes, pero también es cierto que a menudo caen en la tentación de proyectar un discurso ideológico que los sitúa fuera de la presumible neutralidad de un observatorio de derechos humanos. Es decir, que algunas cosas que dicen no las compraría nadie si no las presentaran bajo el paraguas de AI.

Veamos el ejemplo actual, referente al sensible tema del velo integral.Lejos de hacer un informe contundente contra la proliferación de imanes y organizaciones fanáticas que sitúan el punto de mira en el dominio de la mujer, Amnistía se ingenia la peregrina teoría de que la prohibición del burka en los lugares públicos va contra la libertad de expresión y la libertad religiosa. La cuestión religiosa ni la respondo, dado el evidente desconocimiento que tiene Amnistía sobre un punto tan fundamental. ¿O no sabe que ni el burka ni el niqab salen en ninguna sura coránica y que es una práctica reciente vinculada a la idea del dominio? Pero el otro uso de la palabra libertad, el de la libertad de expresión, ya no es una cuestión de ignorancia, sino un ejemplo del pensamiento inverso que tienen algunos iluminados de izquierdas. ¡Libertad y burka! ¡Cómo pueden juntar estas dos palabras y quedarse tan frescos! ¡Cómo pueden ignorar que los imanes radicales imponen el velo integral a las mujeres, que en los congresos salafistas se plantea como exigencia primera, y que detrás de una mujer emburcada hay una mujer segregada, víctima de una ideología misógina que la desprecia hasta el delirio! ¡Cómo no conocen las denuncias de las intelectuales musulmanas más valientes! ¡Cómo es posible que en lugar de poner el peso de la denuncia en el islamismo fanático, lo pongan en las instituciones que intentan prohibir una práctica de segregación como esta!


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Amnistía de la Internacional.

Cristianos en Egipto

Editorial de El País

Las comunidades cristianas en el mundo musulmán se han convertido en muchos casos en especies amenazadas, como lo muestran la sucesión de ataques y matanzas que las han tenido como blanco durante los últimos tiempos, se trate de Irak, Egipto, Pakistán, Somalia o Malasia. En estos y otros países, sin embargo, las reiteradas agresiones ni siquiera alcanzan la categoría de noticias.

En Egipto, los ataques contra cristianos coptos, alrededor del 10% de la población, se han multiplicado alarmantemente desde el atentado de Alejandría, en Navidad, y especialmente tras el derrocamiento de Hosni Mubarak. El último, la semana pasada, en un suburbio cairota donde fanáticos salafistas incendiaron una iglesia y causaron 12 muertos y más de 200 heridos.

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Más vale tarde que nunca, pero mejor hubiera estado publicar este editorial hace unos días, cuando se informaba así:

12 muertos en un enfrentamiento de musulmanes y cristianos en Egipto

viernes, 13 de mayo de 2011

Regina



"Después de cuarenta años, ¿no saben todavía lo que es el terrorismo? ¿O no lo quieren saber?"

miércoles, 11 de mayo de 2011

Leer

Horacio Vázquez-Rial en Libertad Digital

Dice la Academia que leer es –primera acepción– "pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados". Después abunda en otros sentidos del término, desde leer el futuro en la bola de cristal o en la baraja hasta leer el pensamiento.

Hace poco recomendé en un artículo la lectura de Hijos de la ira, de Dámaso Alonso, y una leal, respetuosa y muy querida amiga decidió hacerme caso y se puso con el libro, de cabo a rabo. El resultado fue magro, claro, y me dediqué a explicar que la poesía no se lee así, de corrido y en montón, tal como se la expone en los libros de poemas. Se lee poema a poema, de ser posible en voz alta, en compañía. Así fue como yo empecé a leer poesía, en mi muy remota adolescencia, en grupo de amigos, y por eso tengo tantos versos en la cabeza, demasiados casi, que irrumpen sobre todo cuando escribo, porque se escribe con el oído, y el oído está lleno de esas viejas músicas, de "crepitaciones de un pan que en la puerta del horno se nos quema" (Vallejo), de generales que van "en coche al muere" (Borges), de "tan corto el amor y tan largo el olvido" (Neruda), de "si tú me dices ven lo dejo todo" (Nervo: el bolero lo plagia, él hablaba a Cristo), de "poor old Benito" (Pound).

Pero después de decirle esto a mi amiga recordé que no sólo hacíamos eso con los poemas. También en grupo, comentando, subrayando, glosando cada frase, leí la Fenomenología del Espíritu y La ciencia de la Lógica de Hegel, por ejemplo. Hace muchos años que no hago lo uno ni lo otro, que la lectura es para mí una actividad íntima. Aunque a veces echo de menos la compañía cuando descubro o redescubro un gran poema, echo de menos voces y emociones compartidas ante el descubrimiento de una imagen o una idea.

Leer no es en absoluto pasar la vista por lo escrito y descifrarlo más o menos coherentemente. Ésa es sólo la primera etapa. La segunda es la comprensión, que va más allá del desciframiento, y que ya tiende a la incorporación de conceptos, imágenes o términos: ideas. Es lo que suele hacer cualquier estudiante aplicado al que le han encomendado el aprendizaje de un texto. A la tercera se llega sólo a veces. Me refiero a la creación de lo que se lee.

Decía Sartre, cuya sabiduría no hay que despreciar por sus estupideces ni por sus ambigüedades, que la obra, el texto, sólo está completa cuando además de un autor y una tesis, o una imagen, o un mensaje, o simplemente un contenido, tiene un lector.

Obviemos aquí al autor, que casi siempre escribe lo que no sabe, para ponerlo en evidencia y, tal vez, no siempre, descubrirlo. La mayor parte de las veces el texto es, en ese sentido, autónomo. Hace años, en una entrevista, Claudio Magris me dijo: "Mis libros son mucho más inteligentes que yo". Y era cierto, no en su caso particular, sino en el de los escritores en general, y me incluyo, pues enseñan en su escritura lo que no han podido aprender. El texto, en expresión de Barthes, prolifera. Es en ese ámbito donde la escritura es un don. Me ocupé de esta condición singular de la escritura en un artículo publicado hace más de diez años, "La resistencia a la revelación", y no voy a reiterarme aquí.

Lo que entonces decía acerca de la revelación literaria estaba relacionado con la experiencia de la escritura, el misterio de lo que el escritor sabe, pero no sabe que sabe, y que aparece en el texto, por mediación de las palabras antes que por la de la conciencia. Ahora quiero señalar que también en la lectura hay un factor revelación, un descubrimiento de que lo que yace en el texto es algo que oscuramente se sabe, pero que no ha salido a la luz hasta ese mismo instante. La experiencia más corriente es la del que descubre que ese autor dice lo que yo pienso pero nunca he podido expresar con esa precisión. Y se empieza a leer, y se adquiere el hábito y hasta la adicción a la lectura, tan pronto como se ve que es posible identificarse con el escritor o con sus personajes: tan pronto como se ve que las palabras, en un orden determinado, revelan algo, ya no exterior o ajeno, sino profundamente propio.

Los libros que componen la Biblia son hijos no sólo de la revelación hecha a sus autores, también de la revelación al lector. Y todo texto es doblemente revelado, por y para el autor, y para y por el lector.

Todo esto se relaciona directamente con una inquietud manifestada por no pocos lectores de mi artículo sobre la posibilidad real de pensar racionalmente, al margen de los desechos ideológicos con que cada uno carga, ya no en su conciencia, sino, sobre todo, en su inconsciente. Lo ideológico, lo prerracional, hace las veces de escudo ante la revelación implícita en cualquier texto literario o filosófico. Impide la entrega a la experiencia, la libertad de asumir o rechazar desde la razón, pero también desde la emoción, sin la cual no hay acceso al verdadero saber. Saber es vivir, leer es vivir. Hay una erótica de la lectura, sin la cual la puerta del conocimiento permanece cerrada.

La voracidad lectora no es una manía ni una costumbre: responde a un hambre real, a un ansia de alimento que no sólo repare, también complete. ¡Se parece tanto a la pasión amorosa! ¿Es una forma de la pasión amorosa? Tiene de ella al menos dos rasgos: la necesidad de llenar un vacío doloroso y la posibilidad de inventar su objeto y de investirlo como don. Yo creo que en ello radica la clave del verdadero camino del saber, del pensamiento, de la verdad, de la libertad.

¿Sirvió de algo el tijeretazo?

Juan Ramón Rallo en Libertad Digital

Esta semana se cumple un año de aquel tragicómico momento en que Zapatero anunció recortes para todos los colectivos a los que previamente había mimado: funcionarios, pensionistas y dependientes. Fue una decisión de urgencia para afrontar una coyuntura en la que los inversores internacionales habían decidido, tirando de sentido común, negarnos el pan y la sal.

Cosas de los perversos especuladores: como el muy progresista Gobierno de Zapatero había incurrido en 2009 en un déficit del 11% del PIB y no había perspectiva de que su preclara majestad tuviese intención de reducirlo por propia voluntad, nos obligaron a apretarnos el cinturón. ¿Cómo? Pues por la muy represiva vía de amenazarnos con no prestarnos el dinero que necesitábamos para mantener nuestros desbocados niveles de gasto.

Los habrá que, hipnotizados por el mantra socialista, hubieran preferido que no nos prestaran antes que ceder a las exigencias de los prestatarios y recortar el sacrosanto gasto social. Pobrecitos. El 11% del PIB equivale a más del 25% del gasto público anual. ¿Se imaginan qué habría sucedido en caso de que no hubiéramos seguido recibiendo dinero? Pues, por ejemplo, que a los funcionarios les habrían recortado el salario no en un 5%, sino en un 30 o un 40%; por no hablar de la interrupción de numerosos servicios que el Estado habría sido incapaz de seguir financiando...

Cosas de la opresiva dictadura de los mercados. Ya sabe: para la progresía, que unos señores decidan no seguir prestándonos su dinero es una intolerable coacción, y que los gobiernos nos saqueen es lo propio y solidario.

Sea como fuere, transcurridos doce meses del tijeretazo que posibilitó que hubiera ahorradores dispuestos a seguir prestándonos dinero, ¿cómo hemos aprovechado esa tregua que nos dieron? Pues muy mal: el déficit público sigue enquistado en el 9% del PIB –algo así como todo lo que recaudamos por IRPF e IVA en 2010–, y la reforma laboral de verdad –esa que necesita España, y no el camelo que nos vendió Corbacho con la colaboración de los sindicatos y su huelga de pacotilla– sigue durmiendo el sueño de los justos, motivo por el cual el paro ha aumentado en medio millón de personas.

Este año de gracia que nos han dado los mercados ha sido desaprovechado groseramente por el Gobierno. Puede que, atendiendo a la pasividad gubernamental, muchos no sean conscientes de la gravedad de la situación, pero lo cierto es que si algo hemos hecho en el último año ha sido empeorar. Así lo certifica, por ejemplo, el movimiento de nuestra prima de riesgo, que pese al recorte y a las promesas de rescate alemán sigue tan alta como hace doce meses.

España es como una familia de cuatro miembros. Hasta 2007, los padres sustentaban al hijo y al abuelo, y se habían ido endeudando con el banco para pegarse algún caprichito –como alargar inútilmente la escolarización del hijo, subir la asignación mensual al abuelo o remodelar por completo la vivienda– en una cantidad equivalente a un año entero de sus ingresos conjuntos. Pero hete aquí que uno de los cónyuges se quedó en el paro, por lo que, para mantener el mismo nivel de gasto, debieron endeudarse todavía más... y a tipos de interés crecientes. Para más inri, el poco dinero que la familia tenía ahorrado para amortizar sus deudas podría esfumarse –por lo menos, un 20 o un 30%– con una hipotética quiebra de su banco. A todo esto, el valor de la vivienda, con la que garantizan la deuda, se ha desmoronado en torno a un 50%.

Dicho de otro modo: nuestra familia no sólo tiene que restringir enormemente su nivel de gasto –pues ya antes de que le azotara el paro gastaba más de lo que ingresaba–, sino que el saldo real de sus deudas, tanto medidas en relación a sus ingresos anuales como en relación a sus activos, se ha duplicado.

Negro panorama, ¿no? Sin duda. Pero añadamos algún supuesto más a nuestro ejemplo, para acercarlo un poco más a la realidad española. Imaginen que es el padre el que conserva el empleo y que, por un lado, impide a su esposa trabajar –a menos que perciba un salario muy por encima de sus posibilidades– y, por otro, y agobiado por los acreedores, decide minorar sus gastos recortando la asignación que entrega a su mujer, a su padre y a su hijo, y que parte del ahorro que consigue así lo dilapida en alcohol, lupanares varios, automóviles eléctricos de lujo y vacaciones solidarias a dictarrepúblicas bananeras.

Pues en esas estamos. Ha pasado un año y seguimos con las mismas monsergas. La minicredibilidad que ganamos metiendo el tijeretazo a funcionarios y pensionistas –tijeretazo en gran medida imprescindible en aquella complicadísima situación– la hemos dilapidado por amagar y no dar en la reforma laboral, la austeridad presupuestaria y la reestructuración del sistema bancario. Pronto esos especuladores sitos en Zúrich volverán a ponerse nerviosos y a dejar de prestarnos su dinero. Entonces ¿qué diremos? ¿Que hay una conspiración planetaria contra un país con un 21% de paro, que sigue gastando mucho más de lo que ingresa y tiene su sistema bancario medio quebrado? Igual sí, oiga.

Preston, o la historia como fraude

Pío Moa en Libertad Digital

Leo esta afirmación del señor Preston sobre mi persona: "Hay mentiras en cada página de su libro". (¿Cuál?). Muy bien. Ahora solo le queda demostrarlo, y vuelvo a animarle a que lo intente de una buena vez. Yo, en cambio, sí he documentado ampliamente sus muy frecuentes mentiras y manipulaciones (bueno, no todas, porque es casi imposible).

En realidad, su método historiográfico queda bastante bien retratado en la inconsecuencia de su frase. Obsérvese también su respuesta a la crítica de que ofrece cifras distorsionadas, hecha por Stanley Payne: "Que Payne explique su trayectoria desde la izquierda a la extrema derecha". Es decir, el problema no está en los hechos, sino en que Payne –asegura, tergiversando de nuevo la realidad– se ha vuelto de "extrema derecha". Un método de debate, por cierto, empleado masivamente por los marxistas y afines. Otra de sus hazañas metodológicas consiste en habernos descubierto que el homenajeado Carrillo tuvo –¡quién lo hubiera creído!– responsabilidad en Paracuellos. En fin, un historiador de postín, muy respetado no ya por la izquierda sino por la derecha, desde los absurdos halagos que Ansón le tributó para presumir de antifranquista. El nivel.

El último libro de Preston es un fraude desde el mismo título. Fraude en el doble sentido de mencionar un inexistente holocausto español, trivializando de paso el judío, y de emplear la palabra con evidentes fines comerciales. Su tesis, no menos falsa bajo la pretendida objetividad de reconocer (¡a estas alturas!) que "también" hubo crímenes en la izquierda, consiste en la vieja historieta de que la represión nacional hizo el triple de víctimas que la del Frente Popular, y que cualitativamente no pueden equipararse una y otra: "No puedo tratar igual a un violador que a una violada".

El violador sería el bando nacional y la violada el Frente Popular, que él identifica –de nuevo falsamente– con la república del 31. Como he expuesto con todo detalle en Los orígenes de la guerra civil, la violación, si así queremos llamarla, fue emprendida en octubre de 1934 por el PSOE y la Esquerra, apoyados por prácticamente toda la izquierda, con el propósito textual de organizar una guerra civil; y continuó después de las elecciones de febrero del 36, en una verdadera orgía de crímenes e incendios, hasta que se provocó la continuación de la guerra civil, a la que tan aficionadas fueron nuestras izquierdas, que incluso organizaron otras dos en su propio seno.

La violada fue, por un lado, la república del 31, su Constitución y su legalidad, y por otro la masa de población católica y derechista, hasta que decidió defenderse. Las izquierdas, con mayor o menor intensidad, quisieron la guerra civil porque estaban convencidas de ganarla –y casi la ganaron al principio–, pero sus cálculos terminaron por salirles errados. Me permito animar a Preston y compañía a abandonar su pereza intelectual e intentar desmentir estos extremos, que creo haber probado con los documentos de la izquierda.

En fin, presentar como víctima de una violación a un Frente Popular formado por marxistas revolucionarios, stalinistas, golpistas tipo Azaña o Companys, anarquistas y racistas, bajo la tutela de Stalin, es la osada falsificación base de todas las demás. Lo he expuesto en La quiebra de la historia 'progresista'. Pero se ve que estos señores esperan tener siempre una clientela de ignorantes o fanáticos a quienes explotar.

En cuanto a las cifras de la represión, ya Ramón Salas Larrazábal las puso en su lugar, corregidas luego por A. D. Martín Rubio. Pero el asunto se ha convertido para algunos en un negocio bien subvencionado desde el poder, y la realidad les da igual. No hay debate. Les basta descalificar como "de extrema derecha" o "fascistas" los estudios que abandonan la propaganda y van a los hechos. Recordaré, muy en resumen, que el terror lo empezaron las izquierdas; que en el bando izquierdista no fue un terror popular o espontáneo sino organizado por los partidos y el gobierno; que el número de víctimas fue muy parecido en los dos campos; que el extremo sadismo en el terror de izquierdas no tiene parangón en el bando nacional; que las izquierdas practicaron el terror entre ellas mismas, lo que tampoco ocurrió entre los nacionales. Que intente Preston refutar estos datos básicos con otros datos y argumentos, y le prestaremos atención. Sus distorsiones son tan amplias que resulta imposible abordarlas en un artículo. Las he tratado más en detalle en el libro Los crímenes de la guerra civil, que, desde luego, él no ha rebatido en momento alguno.

Una frase llamativa de Preston: "El Valle de los Caídos es una maravilla, pero hay que explicar que fue hecho por presos republicanos". Bien por la primera parte del aserto, mal por la segunda. Hubo allí muy pocos presos, no eran republicanos sino rojos acusados de crímenes, cobraban salario y redimían penas por el trabajo. Y el Valle terminó tomando un carácter de reconciliación nacional que ahora se intenta destruir. Otra frase del autor: "La mayor dificultad para escribir mi libro ha sido poder mantener mi equilibrio psicológico leyendo tantos horrores en ambos lados". A muchos ingleses siempre les ha encantado/horrorizado la crueldad española, y se ve que Preston tampoco sabe mucho de la historia de su propio país. ¿Ha probado a mantener su equilibrio psicológico leyendo acerca los bombardeos de terror ingleses sobre la población civil alemana, que causaron varias veces más víctimas que el terror de los dos bandos en la guerra española?

El PSOE prefiere a los nacionalistas

Pedro de Tena en Libertad Digital

En realidad, lo que ha pasado ya se preveía. En la gran estrategia, las cartas estaban marcadas. El PSOE prefiere a los nacionalistas y a sus métodos de exclusión política y social y a los comunistas recalcitrantes, antes que al PP, para desarrollar la democracia española nacida del proceso de la transición. Nadie duda de que la larga mano del PSOE y del Gobierno ha estado detrás de las decisiones de seis de los once magistrados del Constitucional y de que lo ocurrido es el resultado de una esmerada táctica política diseñada por Moncloa de la mano de Rubalcaba y otros.

Por una parte, se impugnaban las listas proterroristas desde el Ministerio del Interior y la Fiscalía y se hacía creer a los ciudadanos que el gobierno y el PSOE estaban en contra de la presencia de Bildu en las elecciones municipales de la democracia española. Para esta fase se contó con el Tribunal Supremo, que no controla el PSOE, como pieza de convicción. Pero, por otro, se preparaba el acto final del Tribunal Constitucional, bien controlado, con lo que se hacía, se hace, evidente que la negociación con ETA está vigente porque lo que está vigente es la estrategia de alianza histórica entre los nacionalismos periféricos, repito, totalitarios, el comunismo residual y la camarilla que dirige los destinos del PSOE.

Seguramente, con esta decisión el PSOE cree que podrá disponer de mayorías suficientes para gobernar durante 30 ó 40 años e ir expulsando a media España de la gestión del país. Y la realidad así lo ha demostrado. Zapatero lleva años gobernando con el apoyo de los nacionalistas. A Felipe González no le hizo falta el apoyo nacionalista hasta 1993. Pero queda algo pendiente: el PP y media España, a los que se condena a rumiar en el desierto sin mayor esperanza. ¿Cuál va a ser la consecuencia de esta soledad y cuál va a ser la trascendencia electoral de esta noticia, triste noticia, el día 22 de mayo?

¿Qué futuro nos espera? ¿El exilio interior de la media España que quiere democracia con justicia y sin terrorismo? De momento, estamos ya en el fin de la Ley de Partidos, del pacto antiterrorista y el descrédito definitivo del Tribunal Constitucional. Ya es urgente la necesidad de la reforma constitucional que impida que situaciones así puedan volver a repetirse. Que en este país manden los nacionalistas y sus derivaciones pistoleras sobre la mayoría democrática es algo que la inmensa mayoría de los españoles no podemos seguir soportando

PD: ¿Se imaginan a Obama pactando con un supuesto partido pro Al Qaeda en Estados Unidos para impedir el ascenso de los republicanos? La oligarquía del socialismo español tiene síntomas de estar moralmente podrida y sus bases harían bien en forjar una rebelión interna decisiva. Como dice muy bien el catedrático de Historia, Antonio Nadal Sánchez, este PSOE, partido al que conoce bien porque estuvo en su ejecutiva al comienzo de la transición, no tiene arreglo. Hay que disolverlo y refundarlo con otras personas, otras bases y otros modos.

El grifo del tirano

Juan Morote en Libertad Digital

Si Fidel Castro ha sido siempre conocido como el monstruo de Birán, su hermano y sucesor, es decir, el carcomido legatario envuelto en guayabera –en lugar de enfundado en camisa caqui como el fundador de la dinastía– y nuevo secretario general del partido comunista cubano, debería ser conocido como el octogenario delfín del monstruo. Pues bien, el recién investido dictador caribeño, que siempre fue socialista, ha anunciado en los tabloides de la Habana publicados el día de ayer que va a estudiar el permitir la salida de Cuba a los súbditos de tan execrable régimen.

Este cubano, indigno de tal nombre, acaba de moler a palos a Juan Wilfredo Soto, que en paz descanse, quien, como aquel escribano en la novela de Miguel Ángel Asturias, fue golpeado hasta la muerte. Los sicarios castristas han afirmado que murió de pancreatitis. Probablemente Juan Wilfredo no tuviera la piel rosada como ratón tierno, ni el cabello de oro de mala calidad, ni los ojos azules y turbios, pero sufrió los palos en su carne entregando a Dios su alma antes de acabar de recibir cuantos le habían destinado. Probablemente tampoco pudo gritar para aliviarse, como el viejecito guatemalteco a manos del personaje que encarna a Manuel Estrada.

Estos salvajes, en nombre del socialismo, han empobrecido a todos los cubanos al tiempo que han apaleado, torturado, encarcelado y asesinado a todo aquel que haya osado discutir su usurpada autoridad. Estos fanáticos del socialismo real han convertido un edén en un erial en cincuenta años. No satisfechos con todo lo anterior, buscan ahora convencernos de que van a estudiar la fórmula que permita a los cubanos que lo deseen abandonar la isla. Que nadie se llame a engaño: lo que pretenden una vez más es servirse del exilio para resolver un problema interior. Como hasta ahora han venido haciendo con los medicamentos o las divisas, albergan el deseo de que sean los exiliados quienes hagan frente, en este caso, a los costes del destierro de los miles de cubanos que no tienen ninguna posibilidad de prosperar bajo el lema "Socialismo o muerte". El régimen espera que la salida de al menos medio millón de isleños más suponga un alivio para los tiranos socialistas, al tiempo que un problema para los norteamericanos. Así, la última fechoría de los comunistas, como otras veces, toma cuerpo en el grifo del control del flujo del exilio de los masacrados cubanos.