lunes, 16 de mayo de 2011

Elogio de Chesterton

Xavier Antich en La Vanguardia

Semana de elecciones. Y, como cada vez, por una extraña paradoja, cuando las palabras más deberían referirse a la realidad y a las cosas concretas, más deserta el lenguaje de su consistencia para convertirse en una especie de jerga sólo comprensible para iniciados. Todo se puede decir y todo vale, incluso cuando nada se dice y cuando las palabras sólo oscilan entre la descalificación y la vacuidad, más cerca del titular, el chascarrillo o la ocurrencia. Hablar por hablar, la perversión suprema del lenguaje. Una lección, sin embargo, de dimensiones metafísicas, pues recuerda que el lenguaje, empleado habitualmente para referirse a las cosas, puede acabar convertido en un instrumento de la nada.

Por ello, cuando llega esta época, hay que armarse, primero, de paciencia y, después, de realismo y de sentido común, ese que, como todo el mundo sabe, es desgraciadamente el menos común de los sentidos. Y así, cuando la política se convierte en un territorio de ficción, y de la mala, hay que recurrir a la literatura para darse un atracón de realidad. Walter Benjamin lo dijo con más sutileza: frente a la estetización de la política, habría que politizar la estética.

Por eso hay que tener a mano antídotos dignos de una biblioteca de guardia. Y, en una lista ideal, Gilbert Keith Chesterton ocuparía, tal vez, el primer lugar. A Borges le gustaba pensar que Chesterton hubiera podido ser Kafka pero que, por un extraño acto de valentía, había preferido la felicidad. Sería difícil no reconocerle el acierto. Con los años, este gordinflón de aire bondadoso acabó pareciéndose, aunque sólo físicamente, al detective Hank Quinlan, el podrido personaje que encarnaría Orson Welles en Sed de mal, pero despojado de su cinismo y de su maldad: con casi dos metros de altura y más de 130 kilos, Chesterton fue uno de los pocos personajes positivamente shakespearianos del siglo XX. Desmesurado, brillante, apasionado, íntegro. Católico con el fervor del converso en el Londres anglicano; conservador en la época de los fanatismos utopistas que pretendiendo traer el paraíso a la tierra sembraron Europa de terror; defensor del sentido común en las décadas que triunfaba el psicoanálisis, la física relativista y la cháchara heideggeriana; biógrafo sutilísimo de santos en el siglo de la muerte de Dios; y, por fin, autor de la criatura más extraña de la narrativa policiaca, el padre Brown, ese sacerdote católico y papista que paseó su ingenio ensotanado y su paraguas por los vastos territorios literarios que pronto iban a ocupar los herederos, legítimos o no, del Philip Marlowe de Chandler y del Sam Spade de Hammett.

Siempre fue un azote de estúpidos, pero acaso ningún escritor en los tiempos modernos ha considerado tan inteligentes, y con tanto respeto, a sus lectores. Prefería el dogma al prejuicio y las cosas antes que la nada. En una época de frivolidades sin medida y de invenciones literarias extravagantes, su mundo era el del hombre común y ordinario, sin pretensiones ni manías, capaz de regir su vida con el tan despreciado sentido común, que Chesterton consideraba, y con razón, la cima de la inteligencia. Amante y defensor de la vida sencilla, detractor de las complejidades inútiles, siempre abominó de la falsedad, la impostura y la hipocresía, cosas que siempre conviene recordar en épocas de farsantes sueltos, cuando los lugares comunes adquieren carta de verdad y cualquier promesa pretende esconder la incompetencia.

Hace unos años que Chesterton, por fortuna, goza de cierto favor en nuestro país. Ahora, la editorial de Jaume Vallcorba, que lleva unos meses publicando maravillas como si estuviera sembrada, acaba de compilar un volumen que no tiene desperdicio: Cómo escribir relatos policíacos (Acantilado). La editorial ya dispone en su catálogo de algunas joyas recomendables con entusiasmo: desde El hombre que sabía demasiado hasta, claro, Los relatos del padre Brown, un volumen que debería estar en cualquier casa decente. "Cualquiera puede fingir que es sabio, pero no que es ingenioso", escribió Chesterton, y esa extraña virtud, que combina inventiva y agudeza, es la que mejor le define.

Convencido de que el progreso consiste en el avance de lo complejo a lo simple, siempre le fascinó la literatura policiaca porque, decía, permite disfrutar todos los beneficios de la alegría de la razón. Y también, como confesó a menudo, porque "una novela en la que alguien no mate a otro probablemente no contenga más que un montón de personajes hablando de trivialidades, sin esa silenciosa presencia de la muerte que constituye uno de los lazos espirituales más fuertes de la humanidad". No es mala norma esperar que la literatura contenga tanta vida como la realidad cotidiana.

Chesterton pensaba que la novela policiaca es la primera y única forma de literatura popular en que se expresa la poesía de la vida moderna: "No hay adoquín en las calles ni ladrillo en las tapias de la ciudad que no sean en realidad un símbolo deliberado, un mensaje de alguien, igual que lo son un telegrama o una tarjeta postal. El callejón más estrecho posee en cada rincón el alma del hombre que lo construyó, que tal vez lleve ya mucho tiempo en la tumba. Cada ladrillo contiene un jeroglífico tan humano como si fuese el ladrillo de un ídolo de Babilonia, cada teja de pizarra es un documento tan educativo como una pizarra llena de sumas y restas". Leer a Chesterton, cuando por todas partes se pretende secuestrar la realidad, es una forma de sentir que estamos vivos.

Semana de pasión

Gabriel Albiac en ABC

Los peores. Los peores, sin comparación posible con el resto. Aquellos a los cuales gandulería e ignorancia hicieron incapaces para vivir de otro modo que no sea a costa de la extorsión legal de todos. A eso quedó reducida una casta política que, en sus inicios, hace algo más de dos siglos, apostaba por la certeza de ofrendar su vida en grandilocuente —pero veraz— martirio sobre el altar humano. Lo único que sacrifica hoy el político es a sus conciudadanos, si no se ajustan al milímetro de cuanto se les exige.

Un socialista de Porsche

José María Carrascal en ABC

Monsieur Strauss-Kahn es lo que llaman un «socialista de Porsche». Podía añadirse, «de caviar», que devora, y «de suite», la que ocupaba en Nueva York costaba 3.000 dólares diarios. Por no hablar de los negocios turbios en los que se vio envuelto cuando ocupaba la cartera de Economía en el gobierno Jospin. Tal vez piensen que la «superioridad moral de la izquierda» les libera de tales engorros. En Europa, puede. En Estados Unidos, no. Sus amigos se lo advirtieron al irse a Washington. No les hizo caso y hoy, en vez de ir camino de la presidencia francesa, se encuentra en una celda neoyorkina buscando con su abogado la forma de salir de ella. No le deseamos suerte porque no se la merece.

Pormenores de Ben Laden

Paco Reyero en La Razón

Quizá Ben Laden debería varias mensualidades de luz, no daría las buenas noches a sus vecinos y saldría a conducir con el sello de la ITV caducado. Ya se sospecha que estamos ante un opiófago que para poner un pie en la esterilla se agarraba a media botella de anís machaco. Estos hábitos, delitos y faltas, que aquí le atribuimos, no suman nada a su principal condición. El andoba ha encarnado al diablo en nuestra era y por tanto, importa relativamente –ustedes dirán cuánto– que el diablo no esté al corriente en los pagos, le dé al frasco o, como acabamos de saber, le hayan detectado una póstuma tenencia de películas porno. Que se empieza, como vio de Quincey, declarando la guerra a las naciones libres, derribando las Torres Gemelas y de enemigo público número uno y se acaba convertido en un paria que se toca en VHS, como el muchachito de la estanquera de Fellini. Esta afición al porno ha concernido, porque, como según Primo Levi, monstruos hay pocos (Ben Laden), pero el verdadero mal es el que arraiga en el corazón de los hombres comunes. Este goteo de pormenores de Laden puede, paradójicamente, acercarnos al hombre, para descubrir que fue precisamente un individuo de carne, hueso, enfermedades renales y pulsiones (como tantos tiranos cuerdos) el causante de un agujero de terror en el mundo. Evitemos el riesgo: si le quedan estrechos todos los adjetivos del mal, no se le puede liquidar la factura como onanista. Ni siquiera como gran onanista.

Dos tazas

José Antonio Vera en La Razón

Bildu se presentará a las elecciones y no habrá recursos que valgan ni más camelancias como hasta ahora. La decisión política del Gobierno era que ETA volviera a las instituciones y eso ya está conseguido con creces, por mucho que Alonso diga que se va a estudiar si lo del etarra con la pancarta de Bildu puede dar pie a la ilegalización de la coalición alkarto-batasuna.
No hay nada que hacer porque todo fue una farsa montada para engañar al Partido Popular y para aparentar lo que no era ante los votantes socialistas. Y lo que viene ahora es más de lo mismo pero en doble ración. O sea, dos tazas. Bildu+Sortu. Los argumentos esgrimidos para favorecer a Bildu deben valer para que el Tribunal Constitucional diga que Sortu tiene todo el derecho del mundo a concurrir a las elecciones. No a las municipales del próximo domingo, pues eso es matemáticamente imposible, pero sí a las generales de 2012 o a las autonómicas cuando toquen. Así ya tendremos al mundo de ETA plenamente legalizado, integrado y dispuesto a seguir usando los ayuntamientos y parlamentos democráticos en beneficio de la banda, sin haberse arrepentido de nada. Zapatero ya puede irse satisfecho y Rubalcaba aspirar a sucederle en el trono con la satisfacción del deber cumplido. Ver para creer.

Séneca en Lorca

César Vidal en La Razón

No se trata sólo de que en Lorca no se han visto escenas de saqueos, de pillajes o de histeria sino que los lorquinos han reaccionado como lo han hecho por regla general los murcianos a lo largo de la Historia de España. Temo que si esta desgracia hubiera golpeado a cierta región norteña privilegiada fiscalmente, habríamos escuchado enseguida los cantos a la independencia porque el Gobierno central no impidió el terremoto y si la catástrofe hubiera recaído sobre Cataluña, los nacionalistas nos habrían acusado de quitarles los medios para evitar los seísmos y, acto seguido, habrían ideado nuevas maneras de vaciar el bolsillo de los españoles.

No les votes

José Carlos Rodríguez en Libertad Digital

Varios grupos, nacidos de entre lo más servil de la izquierda española, han convocado a los ciudadanos a manifestarse contra todo. Contra los políticos, o al menos contra los partidos mayoritarios, al grito de "no les votes". Contra los bancos. Contra los recortes en el gasto social y cabe pensar que también contra los recortes en cualquier tipo de gasto, incluido el de la paga de los funcionarios. Y contra todas las manifestaciones de la crisis económica: el paro, el difícil acceso a la vivienda, la falta de oportunidades... Se refugian bajo un paraguas de nombre Democracia Real Ya, quizá por añoranza de las dictaduras reales de antaño. Pese a no llevar la bandera de ningún partido, aunque no podría descartar que fuera una organización pantalla al servicio de Izquierda Unida. O que reaparezca en las elecciones generales pidiendo el voto para contra el PP.

Tiene un elemento muy interesante, y es el hastío hacia la clase política. Los políticos prometen a los electores parabienes sin fin, sin decirles que son los mismos ciudadanos los que tendrán que pagar las promesas que votan. Eso es la democracia, el engaño masivo para obtener el control del Estado que, como decía Bastiat, es esa "gran ficción a través de la cual todo el mundo trata de vivir a costa de todo el mundo". Es un juego de trileros en el que sólo salen ganando la clase dirigente y los grupos sociales que son lo suficientemente poderosos como para influir en quién toma las decisiones. Un juego en el que pierde la mayoría y sólo ganan unos pocos. Lo sorprendente no es que haya unos cuantos desencantados. Lo sorprendente es que no sea la mayoría de los ciudadanos.

Pero estos miles de españoles que han salido a la calle no se han desengañado. Su problema es que siguen creyendo todos los señuelos de la política, todas sus mentiras una a una. Tenemos un sistema tan perverso y tan perfecto que coloca el cartel de críticos a quienes son sus mayores defensores. No quieren privilegios para los políticos, pero los quieren todos para la política a costa del libre desarrollo de la sociedad. ¿Quiénes creerán que iban a tener privilegios en su España ideal? Su lema es "no somos mercancías en manos de políticos y banqueros". ¡No, hombre, no! Una mercancía tiene más dignidad que un esclavo que le pide al amo más comida y más horas libres, y que habla de derechos mientras pide más grilletes para todos. Es difícil describir a estos críticos sin insultar su inteligencia, pero es lo que hay.

Verde, ¿pero a costa de quién?

Jane Abel, de la Fundación Heritage, en Libertad Digital

Texto original

La semana pasada los ecologistas conmemoraron el Dia Mundial contra la Malaria. Mientras tanto, miles de niños africanos murieron de malaria (o paludismo).

Puede que, mientras estos activistas sienten que están salvando al mundo, en realidad están haciendo caso omiso a la mejor solución para el problema de la malaria de África: El uso del DDT para eliminar al mosquito anófeles.

Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) volvió a promocionar el uso del DDT en septiembre de 2006 –al darse cuenta de que el DDT tenía el mejor récord, salvando las vidas de 500 millones de niños africanos– los ecologistas siguen poniendo el énfasis en el uso de las mosquiteras para camas. El uso del DDT prácticamente erradicó la enfermedad en Europa y América del Norte hace 50 años, pero un niño africano muere hoy cada 45 segundos debido a la malaria.

Suministrar mosquiteras para camas a africanos subsaharianos ha tenido poquísimo éxito en el nivel de protección necesario contra los mosquitos.

El Banco Mundial va pregonando como algo bueno de que el 50% de niños en Zambia ahora duerme protegido por una mosquitera, pero ¿qué pasa con la otra mitad que se queda indefensa ante una enfermedad asesina? La República Democrática del Congo tenía solamente al 38% de sus niños con mosquiteras en 2010.

Uno se pregunta por qué, en pleno siglo XXI, la gente tiene que vivir dentro de una red para protegerse de la malaria. El mundo tiene una mejor solución y no es poner en cuarentena a los niños africanos. El Dr. John Rwakimari, como jefe del Programa Nacional contra la Malaria de Uganda, describió el DDT, que es no tóxico para los seres humanos, como "la respuesta a nuestros problemas".

El Día Mundial contra la Malaria 2011 tenía como tema "Conseguir el Progreso e Impacto" y como objetivo, cero muertes por malaria antes del año 2015. Si el mundo quiere realmente hacer progresos y disminuir el número de vidas segadas por la malaria, le hace falta adoptar la mejor de las tecnologías disponibles para los africanos hoy en día. Y eso es nada menos que el DDT.

Zambrana y el socialismo

Carlos Rodríguez Braun en Libertad Digital

El economista y político socialista Justo Zambrana cree que durante los últimos 30 años hemos estado dominados por Hayek, nada menos. Claro, quien cree eso puede creer cualquier cosa, por ejemplo, que la crisis económica ha "negado la viabilidad del laissez-faire". Vamos, que los impuestos, las regulaciones, las multas y las prohibiciones que han padecido los ciudadanos durante las últimas décadas se corresponden a los de una sociedad de mujeres y hombres libres. Miedo da pensar qué sería para don Justo una bonita comunidad sin esos desorbitados niveles cuasi anarquizantes de laissez-faire.

Diagnosticada de forma tan disparatada la realidad, el señor Zambrana pasa a definir cómo debería ser el socialismo. Y nos da cinco pautas: equilibrio entre mercado y Estado, igualitarismo, internacionalismo, ecologismo y alianza con las nuevas tecnologías. Houston, tenemos un problema, o más bien varios.

Primero, este sistema político en el que vivimos es precisamente el que quiere don Justo, y el famoso "equilibrio entre mercado y Estado" ha dado lugar a unos Estados que usurpan directamente en torno a un 40 ó un 50 % del PIB todos los años, y condicionan y regulan severamente el resto. ¿Cuánto más debe aumentar la coacción para que lleguemos a un punto satisfactorio para los socialistas? Lo inquietante del asunto es que este no es un problema para don Justo: según él, el principio que debe orientar al Estado es la eficiencia. ¡La eficiencia, oiga! Cree que si la coacción es eficiente, no debe tener límites precisos. Y a esto llama don Justo "equilibrio" entre libertad y coacción.

Segundo: "las sociedades solo son moralmente aceptables si son igualitarias". Puede volver a leer esto usted todas las veces que quiera, pero no saldrá de su estupor: para este caballero la libertad no importa a la hora de aceptar moralmente una sociedad, sino la igualdad.

Tercero: "La economía actual es global y el capitalismo financiero actúa globalmente. Cualquier intervención política sobre la economía también debe ser global". El pensamiento único repite esto con tanta insistencia como falta de fundamento. En efecto, si las personas libres pueden efectuar transacciones libremente entre países, ¿por qué eso va a significar que es imprescindible un ministerio Regulador Internacional?

Cuarto: la ecología o el delirio verde. "Esta es una civilización cortoplacista que puede topar pronto con los límites del planeta. El mercado capitalista no prevé, ni puede prever, los costes externos que su funcionamiento produce... hay muchos bienes que no pueden ser entregados a la lógica de los mercados". O sea, don Justo de verdad pretende que creamos que la alternativa al mercado, es decir, los políticos y los burócratas, ellos sí prevén costes externos, ellos sí conocen los límites del planeta, ello sí hacen las cosas con una lógica mejor que la lógica de la libertad, ellos sí que atienden al largo plazo, y nunca a cosas ordinarias cortoplacistas como, por ejemplo, las próximas elecciones.

Quinto: alianza con las nuevas tecnologías. La tecnología ha sido siempre una fuerza a favor de la libertad. De ahí la pasión de los antiliberales por controlar, vigilar, prohibir y bloquear las tecnologías modernas. Pero don Justo dice que quiere aliarse con ellas. No sé qué tal les caerá su propuesta a los socialistas que quieren restringir la libertad con toda suerte de bonitas excusas como "neutralidad en la red", "defender la cultura", y demás apotegmas que nunca apuntan a salvaguardar la libertad individual. ¿No será precisamente esto lo que el señor Zambrana entiende por "alianza" con la tecnología?

Buscando el enfrentamiento contra Israel

Editorial de Libertad Digital

La inmensa mayoría de analistas internacionales venían pronosticando desde hacía meses que las revueltas internas en los países árabes terminarían degenerando en un conflicto militar, más o menos abierto, contra Israel. Las causas, básicamente, eran dos: por un lado, las revueltas estaban demostrando que el victimismo islamista consistente en culpar de todos los males del mundo a Israel carecía de base, en tanto en cuanto la Primavera Árabe no tenía su origen en el odio hacia el Estado hebreo sino en la exigencia de reforma de las autocracias gobernantes; por otro, la debilidad de los propios gobiernos ante las manifestaciones callejeras aconsejaba buscar un enemigo exterior que desviara el foco de atención.

Finalmente, parece que estamos asistiendo a un inicio de las hostilidades por parte de Siria, donde la autocracia de los Assad ha estado tambaleándose durante los últimos meses. Así, en el día de ayer, miles de palestinos cruzaron la frontera israelí por tres zonas distintas –la frontera siria, la libanesa y la gazatí– ocasionando alrededor de diez muertos. No es que los problemas fronterizos con Israel sean algo excepcional, pues ser un islote de libertad y democracia en medio de un océano de dictaduras no facilita precisamente una convivencia pacífica con los vecinos. Sin embargo, el hecho de que los conflictos se hayan producido simultáneamente en tres fronteras y que, al menos una de ella, la del Golán, se encuentre fuertemente controlada por el ejército sirio, sugiere la existencia de una cierta coordinación entre las autoridades de los tres territorios –Siria ejerce una poderosa influencia en el Líbano; y su aliado Irán la ejerce en Gaza a través de Hamás– para apuntalar el régimen de los Assad en estos momentos de zozobra.

Como cabía esperar, el primer ministro Netanyahu ya ha avisado de que harán todo lo posible para defender su soberanía de esta nueva agresión. Una advertencia cuyo sentido deriva del genuino derecho a la legítima defensa, pero que no obstante será recibida con críticas y reproches por parte del resto del resto del mundo (siempre más interesado en favorecer la avanzadilla del islamismo que en defender los valores occidentales en la zona). Nada a lo que, por otro lado, no esté acostumbrado Israel, salvo por un decisivo detalle: en esta ocasión, Estados Unidos podría alejarse definitivamente de su tradicional aliado y abrazar la causa palestina.

Obama está convencido de que será muy beneficioso para la zona que los Hermanos Musulmanes gobiernen Egipto y que una coalición entre Hamás y Al Fatah se sitúe al frente de un nuevo Estado palestino. A buen seguro que Israel no se amilanará ante la traición de la primera potencia mundial –pues les va la supervivencia con ello–, pero en esa coyuntura de completo aislamiento, será más necesario que nunca que todos aquellos que tenemos muy claro quiénes son el bueno y los malos en el conflicto de Oriente Medio les expresemos nuestra solidaridad y comprensión. Al cabo, por causas muy distintas a las que apunta la progresía, en Oriente Medio está en juego algo más que el futuro de Israel.

domingo, 15 de mayo de 2011

Ante la traición, una lección de dignidad

Editorial de Libertad Digital

La actuación del Tribunal Constitucional autorizando la presencia de la franquicia política de la ETA en los organismos democráticos recibió ayer la respuesta contundente de las víctimas del terrorismo, que son las primeras damnificadas por una decisión que olvida a la Justicia para someterse a un dictado gubernamental de una vesania sin límites.

Pero es la nación entera la que resulta atacada por las maniobras de un gobierno amoral, que ha dispuesto de la judicatura para validar unos enjuagues cuyo vergonzoso legado habrá de perseguir a sus protagonistas por mucho tiempo. En esta situación, la salida nuevamente a la calle de las organizaciones que defienden a las víctimas del terrorismo no era una opción, sino una cuestión de estricta necesidad y, como señalábamos ayer aquí mismo, perfectamente oportuna digan lo que digan los voceros de los partidos políticos, preocupados únicamente por el resultado electoral de este próximo domingo.

Los políticos, en el mejor de los casos, han decidido eludir el llamamiento de las víctimas para protestar por el desafuero del órgano -nos cuesta llamarlo Tribunal- presidido por Pascual Sala. En el peor, han intentado boicotear en la medida de lo posible el acto público previsto. Pero nada de esto importa. Lo sustantivo es que con frío, con calor, con lluvia o con nieve, las víctimas del terrorismo cuentan siempre con el apoyo de la parte más noble de una nación que se rebela contra las injusticias que sus órganos políticos perpetran contra ellas una y otra vez.

Ayer las víctimas del terrorismo volvieron a sentirse arropadas por una multitud de ciudadanos libres que quisieron expresarles una vez más su cariño y su respeto, al tiempo que se sumaban a la protesta pacífica contra una villanía que nos va a hacer retroceder una década en la lucha para derrotar al terrorismo y sus secuaces. El gobierno, ya lo hemos visto, está dispuesto a hacerse el sordo ante el clamor de una ciudadanía que asiste atónita a sus maniobras ilegítimas en una materia tan sensible como la lucha contra el terrorismo.

Algo parecido podemos decir de la oposición política, con las excepciones habituales que, a título personal y muy honrosamente, nunca fallan cuando las víctimas del terror realizan un llamamiento público. Mas las víctimas no están solas. Tienen a todos los españoles de bien con ellas, respaldándolas y sumándose a su voz para reclamar lo que el estado de derecho les debe, que no es otra cosa que justicia.

Modestamente, también nosotros estamos dispuestos a perseverar en nuestro apoyo, tal y como hemos hecho siempre desde nuestro nacimiento. Ochocientos cincuenta y un asesinados, varios miles de heridos y sus familias no merecen menos.

Carne de gallina

Antonio Burgos en ABC

Don Pascual Sala Sánchez, presidente del Constitucional, ha dicho que se le pone la carne de gallina al pensar que haya quien dude de la independencia de ese Tribunal, donde los papeles de las investigaciones de la Guardia Civil y de la Policía que demuestran la conexión de la ETA con Bildu sirven por lo visto para lo mismo que los rollos que anuncia el perrito simpático de Scottex.

Y a mí, al leer estas declaraciones de don Pascual, que es la leche, se me pone no carne de gallina, sino carne de granja avícola y de todas las pastillas de Avecrem y de caldo Maggi que hay en Carrefour, en Alcampo, en Hipercor y en Mercadona.

Se me pone la carne de gallina al pensar que la gente contemple como lo más normal del mundo la politización de los más altos tribunales según el partido que nombró a cada magistrado, y que acepte que haya una Justicia Progresista y una Justicia Conservadora, aberración semejante a la admisión de la existencia de unas Matemáticas Progresistas y unas Matemáticas Conservadoras.

Se me pone la carne de gallina al pensar que antes de que un asunto de extrema gravedad sea resuelto, ora por el Tribunal Supremo, ora por el Constitucional, se sepa por dónde va a ir la sentencia de sus señorías ilustrísimas, según sea el número de señorías ilustrísimas progresistas y de señorías ilustrísimas conservadoras.

Se me pone la carne de gallina al pensar que un tiparraco criminal de la ETA que acaba de salir de la cárcel donde debió pudrirse, tras cumplir por asesinato bastantes menos años de los de su condena, desmantela la monserga de la independencia judicial cuando va y saca una pancarta de propaganda electoral donde pide el voto para sus compadres de Bildu.

Se me pone la carne de gallina al pensar que el mismo gachó asesino de la pancarta pone en ella palabras que mueven más a risa que a respeto por la noble lengua vascuence, porque parece que se cachondea de ella cuando pide «Independentzia» y «Sozialismoa»; vamos, que se le entiende todo aunque no se haya pisado una ikastola.

Se me pone la carne de gallina al pensar que hay quien defiende al mentado etarra con la pancarta de Bildu porque dicen que eso es libertad de expresión.

Se me pone la carne de gallina al pensar que habrá miles de tíos filoterroristas con las orejas más grandes que la boina, y miles de tías proetarras, pelorratas modelo Nekanes, que harán que la lista de los asesinos gobierne en muchos ayuntamientos vascongados, que se gastarán el dinero de nuestros impuestos en lo que usted ya se puede imaginar.

Se me pone la carne de gallina al pensar que Navarra puede dejar de ser española por culpa de la presencia de Bildu en las elecciones del próximo domingo.

Se me pone la carne de gallina al pensar que ya les habrán dado las listas completas del censo electoral, con lo que los fichados no son los etarras, sino sus víctimas; ellos son los que nos tienen fichados a todos nosotros; y lo digo porque de ahí, del censo electoral, tomaron mi dirección los pistoleros del Comando Andalucía que vinieron a buscarme y que si no me quitaron del tabaco fue gracias a la Virgen de los Reyes.

Se me pone la carne de gallina al pensar que la más alta institución del Estado de Derecho cante de esta forma la gallina ante la ETA.

Justicia mutilada

Editorial de ABC

La posibilidad de que el Tribunal Constitucional, con el indisimulado interés del Gobierno, deje sin autonomía a la acción popular en el proceso penal es otro motivo añadido de preocupación sobre el futuro de la Justicia. La acción popular permite a cualquier ciudadano acusar a otro por un delito público. Es una institución de arraigada tradición en España, con antecedentes en las Siete Partidas, prevista en la Constitución de Cádiz para los delitos cometidos por jueces y regulada definitivamente en 1835. La Constitución de 1978 también se refiere a ella, junto con el jurado, como forma de participación de la sociedad en la administración de justicia. No se trata, pues, de una institución creada al capricho de un partido o de un momento histórico, sino que representa una fuente de legitimación de la justicia penal y, al mismo tiempo, de control democrático de su administración. Es cierto que la acción popular se ha prestado a abusos y que, en ocasiones, ha servido solo para politizar asuntos judiciales y filtrar documentos. Pero utilizar estas desviaciones en el ejercicio de la acción popular para desactivarla sería tan desproporcionado como utilizar los errores del fiscal en sus acusaciones para mutilar sus facultades públicas. Las leyes procesales tienen suficientes mecanismos de prevención y control para frenar estos abusos. Además, el Tribunal Supremo ya fijó, en los casos Botín y Atutxa, unos límites razonables al declarar que el acusador popular puede acusar al margen del fiscal, cuando se juzgue un delito contra intereses generales, es decir, sin víctimas concretas.

La sentencia que prepara el TC suprime esta autonomía de la acusación popular. Esto supone entregar al fiscal —libre de un régimen de responsabilidad adecuado a este monopolio acusatorio— el control absoluto en los procesos que investiguen, por ejemplo, delitos de corrupción, de cohecho o de enaltecimiento del terrorismo. Precisamente, son estos los delitos en los que históricamente la acusación popular ha permitido condenas que, de otra manera, no se habrían dictado por la oposición del Fiscal. Por eso, la acusación popular que molesta políticamente no es la temeraria, sino la que está bien fundada, cuenta con el respaldo de los jueces y produce condenas incómodas. Esa es la acusación popular que desaparecerá si el TC aprueba la sentencia proyectada, y así saldrán beneficiados los chivatos del Faisán, el dos veces suspendido Garzón o la «izquierda abertzale», y tantos otros que con igual o mayor motivo que Otegui preguntarán aquello de «¿lo sabe Conde-Pumpido?».

sábado, 14 de mayo de 2011

Magnolios

Alfonso Ussía en La Razón

Una mañana soleada de principios de marzo, César González-Ruano, en su mesa del Café Teide, escribió para ABC un texto redondo, prodigioso, en el que anunciaba que habían florecido los almendros. El entonces Director de ABC, el genial, volcánico y caprichoso Luis Calvo, se quedó sorprendido al leer el artículo de César. Y le llamó: -Ruano, ¿y qué coño, me pregunto yo, les importa a los lectores de ABC que hayan florecido los almendros?-. César no era de fácil dominio.-Director, ¿te imaginas lo que sucedería si un año no florecieran los almendros?

Víctimas a la intemperie

Tomás Cuesta en ABC

La consecuencia más visible del fallo del Constitucional a favor de Bildu ha sido la de un terrorista riéndose de vivos y muertos con un cartel de su franquicia electoral entre las manos. El «ex preso», acentuaban los propagandistas del régimen, ha pasado de las pistolas a las pancartas y eso les parece una «buena noticia». Con el calibre moral inutilizado, el mal menor es la utopía post-mortem del zapaterismo, memoria selectiva, impunidad y amnistía. Una vez desmantelada la arquitectura legal y policial contra el terrorismo, comienza el rito de las excarcelaciones. La euforia en los patios de las cárceles es el precio de los últimos presupuestos, el peaje del fin de ciclo y el ricino contra quienes sienten de nuevo el aliento de sus verdugos en la nuca, el regreso del hacha y la serpiente, la voladura controlada del Estado de Derecho, algo menos ya que una incierta sensación de seguridad jurídica y una apariencia de cordura política. Así, mientras la Fiscalía mira para otro lado, los taliboinas amenazan con querellarse contra quienes les recuerden su pertenencia y subordinación al clan de la goma dos. Desbordada cualquier ficción de línea roja, el respeto por las víctimas del terrorismo no es siquiera un lugar común, un pretexto o una formalidad, como ceder el paso.

Como algo había que disolver, hace ya tiempo que se optó por la disolución de las víctimas por la vía de los infundios, las infamias y la aplicación masiva de la luz de gas. Pisoteadas sus vidas, el proceso consiste en blanquear a los terroristas a costa de negar las consecuencias de sus actos, el dolor de los supervivientes. Sin memoria y sin justicia, cuya expresión plástica es el revelador testimonio de Pascual Sala sobre lo mucho que le irrita que se dude de su independencia, se trata de acabar con la dignidad, arrinconar la carne de cañón en el pabellón de los casos perdidos y suplantarla por un retén de abuelas argentinas y bisnietos del capitán Lozano, mucho más flexibles y desde luego menos concernidos en la última hora del horror.

Sin embargo, quienes lo han perdido casi todo, sobrevivido a un secuestro o gobernado en las fauces de ETA, Alcaraz, Ortega Lara y Regina Otaola, por ejemplo, se resisten a desaparecer, se niegan a callar y no acatan la aplicación de la eutanasia contra la libertad y la democracia, contra las leyes y contra el porvenir. Esas víctimas y muchas otras se concentran hoy en Madrid para alzar la voz y plantarse ante las carcajadas de los terroristas y su vuelta a las calles por la puerta grande, ante el jolgorio de los Usabiaga, Otegi, Troitiño, De Juana y Ternera, ante sus brindis por la «paz», sus «goras» por el socialismo y el hedor de su victoria. Las víctimas componen el último dique frente a ETA, la línea Maginot de la democracia en España, uno de los pocos motivos para aferrarse a la esperanza de que no todo está perdido, que no todo es política, cálculo electoral, cambalache y mentira.

Bin Laden y el 11-M

César Alonso de los Ríos en ABC

Apenas alusión alguna a la autoría del 11-M por el islamismo yihadista en estos días sobre Bin Laden y la Yihad islamista. Me pregunto por qué razón los políticos y analistas que impusieron sus tesis sobre el atentado de Madrid no han aprovechado la ocasión para reafirmarlas. Lo lógico es que los que desautorizaron otras explicaciones como teorías emanadas de un sentido conspiratorio de la Historia deberían haber aprovechado la revisión biográfica de Bin Laden para volver sobre el atentado de Madrid. Si el debate sobre los autores llegó a dividir a la sociedad española ¿no habría sido normal que la persecución y muerte de Bin Laden hubiera sido aprovechada para reafirmar la interpretación sobre la autoría del atentado más grave de Europa? La discreción, por no decir el silencio, resultan realmente sospechosos.

El show de Tommy Gómez

Juan Manuel de Prada en ABC

Para frases tronchantes, ninguna como la que Tommy Gómez profirió después de que se averiguara que había estudiado en un colegio privado; frase en la que, inflamado de sincero ardor socialista, confunde a Felipe González con Claudio Moyano: «Es que cuando hice la EGB en este país no había educación pública, porque yo estudié antes de que llegase Felipe González al Gobierno». Pero, a buen seguro, Tommy Gómez cree sinceramente que Felipe González fue el promotor de la escuela pública, como también creerá sinceramente que fue el inventor de la rueda y el descubridor de la penicilina, porque el humorismo socialista piensa sinceramente que el mundo era un caos informe, antes de que gobernaran los suyos; y así se lo han hecho creer a la pobre gente. A Tommy Gómez, para rematar su número, sólo le faltó dirigirse a Felipe González y decirle, reverencioso y solícito, como José Luis López Vázquez en «Atraco a las tres», cuando llegaba a la oficina bancaria la maciza que le sorbía el seso: «Tommy Gómez, un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo». Pero —¡qué culata ni qué piñones!, que diría Gracita Morales—, un siervo invictus, caramba.

Schengen de excepción

Hermann Tertsch en ABC

Los tremendos desequilibrios económicos en la zona euro tienen sus efectos también en la zona Schengen. Países con graves crisis como Grecia, Portugal y España y en buena medida Italia, son vistos ya como socios de riesgo por parte de otros países europeos. Que han hecho sus profundos ajustes y recortes antes, hoy se recuperan y no quieren sufrir los efectos perversos de las crisis meridionales, donde los gobiernos no quieren o no pueden aplicar las reformas necesarias.

Nos pasa con el euro. Y nos pasa con la inmigración. Dinamarca, con menos de la tercera parte del desempleo de España, considera un alto riesgo que inmigrantes en España, Grecia o Italia, lleguen a la lógica conclusión de que en el norte escaparán con mayor facilidad de la crisis. Es el origen del conflicto incivil entre París y Roma que estos supieron superar precisamente con la solicitud de medidas especiales ante situaciones especiales.

Pánico en el geriátrico

Pablo Molina en Libertad Digital

Hasta ahora sólo los ancianos que se ponían malitos en Andalucía y Aragón, progresismo obliga, corrían el riesgo cierto de que sus familiares instaran a los médicos a que les metieran un chute de sedación terminal y los mandaran al otro barrio, pero con esta ley inminente que legaliza la eutanasia disfrazada con eufemismos, el gobierno se ha propuesto convertir al país entero en una ratonera para la tercera edad.

Si en Holanda ha habido un éxodo de abuelitos hacia la frontera alemana para evitar la muerte prematura, aquí puede ocurrir lo mismo solo que con la dificultad de que el territorio es más amplio y hay muchas provincias alejadas de la frontera. Tener más de setenta años, vivir en Soria y ser propenso a los resfriados invernales va a ser gracias a ZP un deporte de riesgo, especialmente si en lugar de familiares se tiene a una bandada de buitres deseando heredar.

Ningún enfermo terminal necesita hoy en España una ley para poder morir "dignamente" como se ha empeñado en recetarnos la Pajín, porque los médicos conocen sobradamente los métodos para evitar el sufrimiento innecesario y además los aplican, de forma que los últimos días de estos enfermos transcurren en paz, sin dolor y rodeados del amor de los suyos.

Pero como siempre que los socialistas imponen una norma, el objetivo de esta ley no es solucionar un problema candente, sino aumentar la coacción estatal para que los derechos de los ciudadanos, aún el más elemental, no dependan de su voluntad sino del estado. Lo han conseguido ya con el derecho a vivir de los bebés no nacidos y ahora pretenden cerrar el círculo con esta ley de eutanasia que ya ha dado sus primeros pasos para adquirir carta de naturaleza en unos pocos meses.

Los socialistas primero intentan que no nazcas. Si lo consigues, te someten a un lavado de cerebro durante toda tu vida académica para convertirte en un zombi moral que sólo razone bajo sus premisas. Si llegas a viejo te roban hasta dejarte una pensión de miseria. Y si en el colmo de la terquedad consigues zafarte y labrarte un final de tu vida confortable, ahora amenazan con quitarte de en medio a la menor oportunidad.

Ser un obrero y votar a los socialistas es de cretinos, como demuestra la realidad. Tener más de setenta años y votar a la izquierda, a partir de ahora también.

¿Por qué nos empobrecen las catástrofes naturales?

Juan Ramón Rallo en Libertad Digital

Aunque se trate de un asunto muy manido y del que ya se ha hablado en numerosas ocasiones, el reciente terremoto de Lorca, y el no mucho más lejano en el tiempo de Japón, nos ofrece la oportunidad de volver a reflexionar sobre el tema.

Riqueza es toda aquella acumulación de bienes que nos permite, directa o indirectamente, satisfacer nuestras necesidades presentes y futuras. Tan riqueza es, aunque con distinta forma y probablemente dispar valor, un almacén lleno de trigo que un campo para cultivarlo: el primero lo podemos comer directamente para saciar nuestro apetito y el segundo nos puede proporcionar el trigo con el que hacer lo propio. En definitiva, para volvernos más ricos hemos de disponer de más bienes con los que directa o indirectamente satisfacer nuestras necesidades presentes y futuras. De ahí la muy elemental proposición de que la destrucción indeseada de bienes materiales nunca –insisto, nunca– nos vuelve más ricos. Tal vez sea por ello que a las catástrofes naturales se las llame "catástrofes" y no "bendiciones naturales".

Sentado lo evidentemente cierto, conviene, sin embargo, perder algo de tiempo refutando lo evidentemente falso y, sobre todo, explicando por qué son tantos los que compran las mercancías escacharradas de que destruir es crear y pobreza es riqueza.

Dos de los errores que más ha contribuido a popularizar el keynesianismo son: por un lado, que la medición más aproximada de nuestra riqueza no la constituye el valor de los bienes y servicios que producimos, sino la cantidad de trabajo existente; por otro, que la riqueza no nace de producir y acumular bienes que satisfacen nuestras necesidades, sino de gastar en demandarlos.

Recordemos, además, que el keynesianismo es un engendro teórico concebido en tiempos de estancamiento. En un momento de parálisis económica, como en las fases más depresivas de un ciclo, el desempleo tiende a ser muy elevado y el gasto suele congelarse. Es razonable: los empresarios todavía están recomponiendo sus planes de negocio y el conjunto de los agentes económicos está más preocupado por amortizar sus deudas que por mantener unos niveles de gasto (generalmente basados en un sobreendeudamiento previo) que son insostenibles. En esa coyuntura, pues, cualquier circunstancia, por desgraciada que ésta sea, que contribuya a reanimar el empleo y el gasto será considerada por los keynesianos como "estimulante" para el crecimiento.

Así, si un terremoto destruye varios millares de viviendas, por mucha crisis que haya, dos cosas son evidentes: la primera, que los afectados por el seísmo, aun cuando acumulen ingentes deudas y aun cuando sean muy reacios a gastar a ciegas, harán lo que sea –liquidar otros activos, endeudarse todavía más, recortar otros desembolsos...– para gastar en reparar sus casas; la segunda que, precisamente por lo anterior, existe una oportunidad de negocio bastante grande y bastante evidente en reedificarlas (sobre todo para las empresas que ya cuenten con el equipo para ello), de modo que por dubitativa que estuviera una parte del empresariado acerca de cuál debe ser su oficio futuro, durante un tiempo concentrará sus esfuerzos en construir nuevas viviendas, para lo cual contratará a nuevos trabajadores, reduciendo el nivel de paro.

Ahí lo tienen: si más gasto y más empleo equivalen a más riqueza para los keynesianos –y, por desgracia, para mucha gente que ha sido contaminada por sus ideas–, es consecuente que se tienda a pensar que las catástrofes naturales nos vuelven más prósperos colectivamente por generar, en ciertas circunstancias, más empleo y gasto a muy corto plazo.

¿Dónde está el error de tan primario razonamiento? Antes del terremoto, los agentes económicos estaban paralizados (trabajadores sin empleo, empresarios que no invierten, consumidores que no gastan...) porque no sabían cómo generar riqueza adicional sobre la ya existente. Después del terremoto se han empobrecido, de modo que esos mismos agentes pueden movilizarse durante un tiempo para reponer la riqueza que existía previamente. ¿Acaso se vuelven más ricos volviendo a producir una riqueza que previamente poseían? No, pierden tiempo y recursos; por tanto, se empobrecen. Cierto: hay más empleo que antes, pero no empleo dirigido a incrementar su riqueza sino a restituirla; cierto: hay más gasto en viviendas, pero también menos gasto, presente o futuro, en todos aquellos otros bienes que podrían haber producido y adquirido en ausencia del terremoto.

Ninguna devastación involuntaria mejora nuestro bienestar, ni siquiera cuando sustituyamos las antiguas casas –o la antigua riqueza, más en general– por otras de mejores y más resistentes. Pues, ¿por qué esperar al terremoto para remplazarlas? O, más simplemente, si de crear nuevos bienes desde cero se trata, ¿no sería preferible quedarse con los bienes viejos y con los nuevos? ¿Qué es mejor? ¿Un tractor nuevo o dos tractores, uno nuevo y otro viejo? ¿Una casa recién reformada o dos viviendas, una reformada y otra sin reformar? Puede, es verdad, que cuando vayamos justitos de espacio sí convenga destruir lo viejo para quedarnos sólo con lo nuevo –el espacio también puede ser objeto de economización–, pero en tal caso no necesitamos de terremotos, nos basta con dinamita. Al cabo, el único beneficio de los terremotos sería el de ahorrarnos el coste de los explosivos: claro que la ventaja de estos últimos es que permiten focalizar la destrucción allí donde nos conviene; la pequeña desventaja de las catástrofes naturalezas es que la generalizan de manera indiscriminada.

A diferencia de keynesianos y animistas, no confiaría demasiado en la sapiencia innata de Gaia para seleccionar con precisión cirujana qué obras deben ser derruidas con tal de maximizar nuestro bienestar colectivo. Seguro que al llenar de explosivos todo un territorio, algún error de bulto comete.