martes, 19 de abril de 2011

¿Traidor, dices?

Hermann Tertsch en ABC

El sumo sacerdote del periodismo de corrección izquierdista de este país es Iñaki Gabilondo. «Su palabra es la ley» para muchos españoles —y españolas, que diría— que lo consideran el yerno ideal. Idealista, tierno, vulnerable, sensible, es el adalid de lo políticamente correcto y lo periodísticamente humano. Porque no levanta la voz mientras sufre por nosotros. Por los vascos, por supuesto, y por los bosques, por el cambio climático y los linces, por los toros, por los visones de granja y por los despedidos por crueles directivos que encima se pagan primas —salvo si se llama Cebrián—. Por la ceguera y la violencia de los hombres y las cuitas eternas de las mujeres, buenas y sabias todas menos Esperanza Aguirre. Sufre por la brutalidad de los norteamericanos blancos y heterosexuales, por las almas tiernas de todo inmigrante de color. Sufre por el colonialismo que fue y las multinacionales opresoras de hoy. Detesta a la derecha que exporta armas y le decepciona la izquierda que las exporta mucho más. Es incondicional en su adhesión a las víctimas tras un atentado pero implacable con sus familiares dos días después si caen, pobres imbéciles, en las garras manipuladoras de la derecha.. Le duele mucho la hostilidad en España hacia el Islam moderado, tan tolerante. Tanto como la zafiedad y el fanatismo de los católicos españoles, siempre empeñados en azuzar cruzadas. Le indignan, eso sí, la Iglesia, guarida de pederastas y el Vaticano, centro de conspiración antidemocrática.

Y le asusta mucho, muchísimo, la ultraderecha. Hay muchísima, ya saben. Baste decir que están allí donde se viola el código de buena conducta de Gabilondo. Desde la derecha que no quiere ser partido satélite en un régimen socialista, a cualquier ciudadano europeo harto de pagar impuestos para que los sindicalistas españoles o griegos se suban los sueldos y arramplen con las subvenciones, todos son ultraderechistas. Ante tal amenaza, llama sin cesar a unirse al movimiento de la verdad humanista que son Felipe —¡que pena lo del GAL!—, Zapatero, —¡tan bueno y tan mala suerte!— y él, el trovador de la armonía que habla de consenso con Zapatero ante las cámaras para convenir con él después en las virtudes del enfrentamiento y la tensión. Rajoy es bueno cuando va a radio Gabilondo a imitar las letanías socialdemócratas, pero un canalla cobarde en cuanto le pone una pega al presidente Zapatero. Últimamente le preocupa el fascismo en televisión, porque hay canales muy modestos que dicen cosas que a él no le gustan, mientras el canal que decía todo lo que le gusta a él cerró por quiebra. Ahora dice que se meten con él. No sabe lo que es eso. Sólo los amigos de Gabilondo tienen secciones fijas en periódicos y televisión para insultar a periodistas discrepantes. Para sacar a diario de contexto sus frases, tergiversarlas y manipularlas y alimentar foros de odio para partidarios de palizas, cerrar televisiones y acabar con «los fachas».

Ahora dice Gabilondo que Aznar es un traidor. Por decir que nuestra economía va mal. Lo dice el amigo de quien negociaba con ETA a espaldas del Gobierno de España mientras firmaba con éste un pacto antiterrorista. Las palabras públicas no pueden ser traición, los acuerdos secretos con enemigos del Estado lo son. Quien ayudó a asediar las sedes del enemigo en jornada de reflexión. Quien aplaude unas negociaciones en las que se dijo que «lo que conviene al Gobierno conviene a ETA y viceversa». Quien jaleó un acuerdo con separatistas y terroristas a partir de El Tinell para proscribir a media España. ¿Y de traición nos habláis?

Manipulación extrema

Tomás Cuesta en ABC

En las virtuosas gacetillas del pensamiento único, braman los titulares y se desmelenan los suplentes: ¡La extrema derecha arrasa en las elecciones finlandesas! ¡El espantajo del fascismo regresa a toda vela! Casi nada, monada: lo que faltaba para el euro. Aún no hemos digerido el sapo nuclear y asoma la bestia parda en el peor momento. Con las maletas hechas, el depósito lleno y el horizonte despejado hasta el lunes que viene. O sea, que en Finlandia, dice usted. Quién lo hubiera supuesto. Cuesta hacerse a la idea de que la banda de la porra haya logrado hacerse un hueco en el país de la excelencia educativa, los teléfonos móviles y el vodka de diseño. Por otra parte (aunque bien es verdad que el vodka obra milagros si el termómetro aprieta), ponerse a desfilar al paso de la oca no es tarea sencilla en medio de tanta nieve. ¿Cómo? ¿Qué también en Finlandia luce el sol en estas fechas? Entonces, menos lobos que ya pasó el invierno. No es tan fiero el león como lo pintan los tigres de papel o los blogeros tuertos. No hay ninguna razón para abrumar la Pascua con un Apocalipsis de opereta.

«Traduttore, traditore». Un traductor es un traidor: esa es la clave del enigma y la madre del cordero. El celebérrimo juego de palabras en el que los italianos cifran la imposibilidad de trasmigrar el alma de las lenguas, se ajusta tal que un guante al vendaval hipócrita de admoniciones y aspavientos que se ha levantado a cuenta de la deriva ultramontana de los comicios domingueros. «Perussuomalaiset» —la desenvuelta alternativa al conservadurismo de salón que ha convertido a Timo Soini en una estrella— significa «Finlandeses de base» o «Finlandeses de a pie», yendo un poco más lejos y arrumbando la literalidad significante a fin de captar su esencia. Sin embargo, el «traduttore» (el «traditore») se obstina en la etiqueta de «Auténticos Finlandeses». ¿A santo de qué ese desplazamiento del prosaico «finlandés de a pie» al «auténtico finlandés», ahuecado y solemne? Porque —según el diagnóstico de Adorno y de Klemperer— la «autenticidad» es la piedra angular sobre la que se sostiene la vomitiva retórica de Hitler y, por ende, la de sus herederos. Y porque, una vez atribuido ese significado, ya no es preciso analizar qué es lo que está ocurriendo. El problema es que para erradicar las causas no basta con maldecir las consecuencias. Finlandia no es el predio de la extrema derecha, sino el símbolo de una Europa desnortada en la que lo excepcional empieza a ser la regla. ¡Que viene! ¡Que viene! Las tinieblas se adensan.

Sólo que no es eso. Ni en la Finlandia de Soini, ni en la Italia de Bossi, ni en la Francia de Le Pen, ni en Austria, ni en Holanda, ni… Glosar las excepciones es estéril (y obsceno). Lo que hay que poner sobre el tapete es la naturaleza del hartazgo de los ciudadanos europeos (de todos y, si no, al tiempo), con lo que representan los que les representan. Las engañifas no cuelan: la clientela de ese nuevo populismo no viene de la derecha burguesa; su implantación más fuerte se produce en las periferias obreras, semillero tradicional del voto izquierdista. Y es un síntoma de lo que esas periferias sufren: el paro masivo, la inmigración descontrolada, el deterioro urbano y social que ello arrastra, el gasto loco de países con cuya quiebra deben cargar otros más sensatos, el odio hacia la casta que, desde Bruselas, hace fortuna propia arruinando a todos.

«Traduttore, traditori». La manipulación extrema.

Los fueros de la Pachamama

José García Domínguez en Libertad Digital

A falta de entretenimiento mejor en que ocupar el ocio de sus diputados durante la Semana Santa, el Congreso de Bolivia se apresta, según parece, a votar una solemne declaración de derechos de la Pachamama. Asunto muy del agrado de cierto Álvaro García, vicepresidente del país y genuino panteísta precolombino tal como delata su apellido. Así, a juicio del inca García "la ley establecerá un nuevo marco de relaciones armonioso y fecundo entre la Tierra y sus habitantes". A su vez, y ya puestos a hacer el indio, el periódicos global ha dado en adherirse a la prosopopeya de los chamanes del Altiplano. Siempre, eso sí, que la atribución de personalidad jurídica a bellotas, frijoles, chuzos, guijarros y hojas de coca "no quede en mera declaración de intenciones", como se prevenía ayer en la plana noble, la de los editoriales de El País.

Ante todo, el rigor jurídico, en estos casos compañero inseparable del intelectual. Nada nuevo, por lo demás. Recuérdese al respecto que Hitler diseñó con extremo cuidado el trazado de las autopistas del Reich a fin de someterse al sacro fuero de la Naturaleza. O que el arquitecto que ingenió la Gran Muralla China se quitó la vida, persuadido como estaba de haber seccionado las arterias de la Tierra con su obra. Ahora, difuntas las utopías de la Modernidad, el ecologismo se ha convertido en renovada expresión política de un mito siempre igual a sí mismo, el que alimentara el discurso prometéico de la izquierda a lo largo de las dos últimas centurias, a saber, el del buen salvaje.

Esa leyenda que ansía recrear la memoria atávica de un hombre natural; idílica criatura cuya inocencia primigenia sería luego corrompida por la vida en sociedad y sus aciagos apéndices: el Estado, la división en clases y la propiedad privada. Al cabo, el ecologismo no deja de constituir una actualización de la vieja retórica de la explotación del hombre por el hombre apenas con la salvedad argumental de que al capital le habría dado por hurtar la plusvalía al planeta. Y como todas las creencias asentadas en emociones básicas, igual ha sabido encontrar alojo en esa región de la mente donde el miedo y el sentimiento de culpa engendran un hábitat propicio a la pura irracionalidad. Por algo auguró ZP que la Pachamama es del viento.

Que se movilicen ellos

Cristina Losada en Libertad Digital

Tras socavar, con singular eficacia, el ansia de conocimientos y la ética del esfuerzo en los adolescentes, el progresismo patrio ha dado en sorprenderse y escandalizarse de que los jóvenes no se movilicen en esta época de crisis. Movilizarse, entiéndase, políticamente y, para ser precisos, en la calle, que ya es hora. Abundan, así, en esos predios, los lamentos por la –supuesta– indiferencia juvenil ante las graves hipotecas que pesan sobre su futuro, atribuidas todas ellas al triunfo de los pérfidos mercados sobre la política, que es dama virtuosa. Y en línea con el panfleto de moda, ese Indignaos que está en boca de todos –y en boca de ganso–, instan a la juventud a sacudirse la abulia y montar en cólera, sea contra el poder económico, sea contra el poder político, elección que dependerá, a buen seguro, del color del gobierno de turno.

Perfectamente inconscientes de la paradoja, los defensores de doctrinas pedagógicas que han privado a los jóvenes de las herramientas para construirse un futuro, les incitan ahora a rebelarse contra otros. Y hasta les afean que no se movilicen, cosa que dada la práctica habitual significa quemar oficinas bancarias, tiendas, vehículos policiales y sedes de partidos de derechas. En suma, suspiran por un nuevo mayo del 68, ése en el que no estuvieron y que los jóvenes de hoy han de protagonizar por ellos. Ese mitificado Mayo cuya repetición vaticina cierta prensa en cuanto unos chavales encapuchados lanzan cocteles molotov contra una escuela. Y ese Mayo que no volverá, desde luego, a lomos de la crisis. No en vano, las rebeliones juveniles de los sesenta no fueron revueltas contra la escasez: fueron las revueltas de la abundancia. Sin olvidar el aburrimiento que, tal como señala Nisbet, es una causa motriz nada despreciable.

Sólo unos irresponsables pueden aconsejar a los jóvenes que respondan a la crisis representando una parodia sesentayochista de propósitos confusos y manipulación probable. En lugar de despilfarrar sus energías de ese modo, mejor harán si las invierten en su preparación: en aprovechar las escasas oportunidades de remontar los efectos perversos de una enseñanza pública moldeada, durante décadas, por la utopía de la mediocridad. La única rebelión inteligente será contra ese lecho de Procusto –la igualación por abajo– que ha tendido el progresismo pedagógico. Y si los nostálgicos anhelan un nuevo Mayo, que se movilicen ellos.

lunes, 18 de abril de 2011

El chollo de la Memoria Histórica

César Vidal en La Razón

Hace apenas unos días, el autor de estas líneas contemplaba al Brujo en el escenario de un teatro madrileño diciendo: «A Garsias-Lorca lo buscaron por allí y no lo encontraron. Lo buscaron por allá y tampoco lo encontraron. Y después por allá y tampoco lo encontraron. ¡Cohone con la Memoria Histórica y no se acuerdan siquiera de dónde lo enterraron!». Sin duda, las carcajadas del público hubieran sido menores de saber todos lo que nos cuesta el invento de la Memoria Histórica. Teóricamente, el dinero de nuestros impuestos que se dedica a este tema debería dedicarse en no menos del cincuenta por ciento a la localización, identificación y exhumación de los cadáveres de las fosas comunes de la Guerra Civil, pero, año tras año, queda de manifiesto que la realidad es muy diferente. El año pasado sólo el 28,2% de la cifra global se dedicó a ese fin. Este año, el montante se ha reducido al 25, 46% y es que no hay –por mucho que se haya empeñado algún personaje conocido por su afición a las bebidas espirituosas– ni lejanamente 300.000 cadáveres en las cunetas. Así, el 74,54% del presupuesto de la Desmemoria va a parar mayoritariamente a los sindicatos y los partidos de izquierdas y nacionalistas. Vean si no ustedes. Por ejemplo, El canto del cárabo recibe 37.930 euros como proyecto de VERHIS. Que en esto había pájaros de cuenta lo sabíamos, pero tanto como para subvencionar un ave tan rara parece excesivo. Otros 14.286 euros se lleva la UGT Madrid por la Tercera parte de Historia de vida de militantes de UGT durante el franquismo lo que teniendo en cuenta la ausencia clamorosa de ese sindicato durante la dictadura parece, como mínimo, exagerado. Más razón de ser parece tener que se dediquen 26.275 euros a que la Fundación Pablo Iglesias logre la «Identificación de dirigentes socialistas en la clandestinidad». Me consta que es un trabajo arduo ya que durante el franquismo tan clandestinos eran que nadie llegó a conocerlos. Algo similar cabría decir de los 21.726 euros destinados a la Fundación Anastasio de Gracia de la UGT por la Recuperación de la Memoria Histórica y la dignificación moral de los líderes sindicalistas del metal y la construcción de UGT. Conmovedora va a ser también la muestra cinematográfica –24.426 euros – que organizará la Asociación El Ojo cojo, un nombre ciertamente poco apropiado para ver. Otros 17.910 se lleva el Institut per a la Memòria Històrica por Libros al infierno. Dadas las veleidades que ha mostrado Cristina Almeida por quemar los míos y puesto que en Cataluña ahogaron mi Camino hacia la cultura en un programa de televisión financiado con fondos públicos al principio me temí lo peor, pero, finalmente, me tranquilicé pensando que la recogida de mis libros representaría un trabajo descomunal para gente acostumbrada a vivir de subvenciones. Finalmente, algunas subvenciones no consigo entenderlas como esos 26.095 euros entregados al Instituto Obrero de Valencia por las «Vidas congeladas por el franquismo», término que no sé si va referido a los obreros que pudieron tener por primera vez una nevera o que comenzaron a comer merluza que, por culpa de Franco, era congelada. Al final, entre unos y otros, se van a embolsar casi mil millones de pesetas destinados no precisamente a localizar cadáveres de fusilados. Ciertamente, un verdadero chollo.

La era de China

José Carlos Rodríguez en Libertad Digital

El mundo que hemos estudiado, el que conocemos todavía hoy (y esto hay que escribirlo con prisa), no es el que van a ver nuestros hijos.

Nosotros hemos tenido la oportunidad de ves derrumbarse el bloque soviético, pero Rusia hace un papel geoestratégico parecido al de la URSS, aunque más taimado. La amenaza del islamismo es perdurable, pero no tiene por qué cambiarnos la vida, y además el reinado del petróleo en la energía no está claro que dure muchas décadas.

Pero ante nuestros ojos se produce un cambio muy rápido, en términos históricos, y que sí es perdurable: el ascenso de China. Según el FMI, desbancará a los EEUU como primera potencia mundial en 2016, es decir, ya.

Mientras EEUU se europeíza, pierde el vigor que le lanzó a la primacía económica mundial en 1870. Aunque nada está escrito, aunque China tiene que pasar por una gran crisis económica que ya se atisba, el gigante asiático crece a una velocidad de vértigo y reclama su puesto de superpotencia. Su riqueza nos dará oportunidades para multiplicar la nuestra, pero políticamente será más una

Milagrosa nitroglicerina

Gabriel Moris en Libertad Digital

Desde hace unos años, en el pórtico de la Semana Santa, viene a mi memoria un hecho milagroso que viví en primera persona durante la pericial de explosivos ordenada por el tribunal que juzgó el grado de participación de los veintinueve imputados en los 193 crímenes del 11-M.

Mi memoria puede resultar incómoda e incluso odiosa. No quisiera molestar ni a policías, ni a jueces, ni a gobernantes. Tampoco quiero turbar la paz de los muchos ciudadanos y grupos que disfrutan de prebendas derivadas de aquel genocidio. Mi memoria no es histórica ni recibe subvenciones. Es sencillamente la de un padre de una víctima mortal del atentado que se vio obligado a actuar como perito por la negativa a hacerlo por parte de unos profesionales a los que solicitamos sus servicios, por tratarse de un asunto "muy politizado".

Transcurrían los trabajos analíticos centrados en determinar si el dinitrotolueno (DNT) –presente en todas las muestras de los focos de explosión-previamente lavadas– provenía de alguna posible fuente contaminante. Lo que no se pudo demostrar en las pruebas realizadas. Al retomar el análisis de una muestra calificada como "polvo de extintor" –referenciada como M-1– se aprecia en el cromatograma un pico correspondiente a la nitroglicerina (NG), además del mencionado DNT. Esta muestra de polvo de extintor fue tomada en la estación de El Pozo. El cromatograma (registro gráfico del análisis realizado por cromatografía de gases) era coincidente con el de una muestra de Titadyn analizada como muestra de referencia en la pericia. Los dos componentes del citado explosivo no estaban presentes en la muestra de Goma 2 ECO que sirvió también de muestra de referencia. La presencia de nitroglicerina, unida a la de dinitrotolueno, puso de manifiesto que el explosivo de los focos no era el anunciado ni el explosivo intacto encontrado lejos de los focos. Las grabaciones pendientes de difusión pueden permitir visualizar el hallazgo.

El impacto que produjo la presencia de nitroglicerina, en el polvo de extintor, fue tal que el director de la pericia, haciendo uso de su poder de decisión, no aceptó el resultado hasta la séptima vez que se realizó el análisis. Todo ello cambiando equipos y condiciones analíticas. Esta circunstancia nos hizo comprender la oposición manifestada anteriormente, por él mismo, a que analizáramos la muestra de Titadyn antes aludida. Lo justificaba al decir que este explosivo contenía nitroglicerina y "la nitroglicerina" era un componente muy controvertido". ¿Sería por las declaraciones iniciales de Sánchez Manzano anunciando la presencia de nitroglicerina?

Los cuatro peritos de parte, conscientes de la importancia del resultado, elaboramos un informe para el Tribunal dando cuenta del posible interés del mismo. Los peritos oficiales no se adhirieron. Todo esto ocurrió los días previos a la suspensión de los trabajos durante la Semana Santa.

La muestra M-1, irrelevante en principio por ser polvo de extintor, resultó crucial para poner en evidencia varias cosas:

  1. Que el polvo de extintor adsorbió, debido a su gran superficie específica, el explosivo utilizado en la estación de El Pozo. Muy probablemente Titadyn.
  2. Que el DNT de las veintitrés muestras de los focos, no se eliminó totalmente con el lavado, para análisis, realizado por los Tedax; apareciendo también en esta muestra.
  3. La razón de la negativa del laboratorio de los Tedax a:
    • Dar resultados analíticos de las muestras lavadas (23).
    • Presentar los registros analíticos obtenidos por cromatografía en capa fina.
    • Conservar los líquidos de lavado de las muestras para eventuales análisis.

Después de lo que antecede podemos hacer algunas reflexiones al respecto:

  1. Sin la participación de los cuatro peritos de parte, ¿hubiéramos conocido la presencia de DNT y NG en las muestras de de los focos?
  2. La desaparición de muestras entre los trenes y la sede de los Tedax en Canillas, la escasez de muestras de los focos para realizar la pericia, la negativa de los Tedax a solicitar los análisis iniciales de las 23 muestras a la Policía Científica (incumpliendo los protocolos) y la negativa a dar los resultados de dicho laboratorio tanto al juez instructor como al director de la pericia ¿no serían consecuencia de que los resultados analíticos apuntaban al Titadyn?
  3. En mi opinión, todos estos aspectos no fueron suficientemente valorados por el tribunal, dejando la duda sobre el origen de la carga explosiva utilizada en los trenes.

Anecdóticamente hemos de resaltar que el director de la pericia fue condecorado con la medalla al Mérito Policial con distintivo rojo, es decir, con un sueldo vitalicio. Mi felicitación por esta condecoración. Ignoro las razones. Supongo que se debería al trabajo desarrollado para esclarecer el explosivo utilizado en la T-4.

El final de ETA

Agapito Maestre en Libertad Digital

Zapatero siempre ha utilizado el terrorismo de ETA para mantenerse en el poder. Lo seguirá haciendo para que los de su partido sigan mandando en el trozo más grande de España. Entonces, me pregunto, ¿por qué se extrañan algunos periodistas de que ayer, en un mitin en el País Vasco, volviera sobre sus pasos para arremeter contra el PP y darle cariño a Eguiguren, el principal defensor de la negociación con ETA, y a la banda criminal para que siga luchando por la paz de cementerio? Hay, sin embargo, algo peor que hacerse el lelo; es, en verdad, serlo, según demuestran cada día quienes dicen "ETA está en su final". Obvio.

ETA está retirándose, sencillamente porque ha conseguido la mayoría de sus objetivos culturales y políticos, aunque por si acaso se reserva el "derecho" de ametrallar a quien se le ponga en gana. Y a tiro. Es el único precepto de carácter universal que podemos extraer de una historia terrorífica: los de ETA seguirán matando, con el plácet de los nacionalistas, hasta independizarse totalmente de España.

Muchos son los actores que han participado en ese inmoral proceso. En primer lugar, hay que citar a la famosa "justicia". Naturalmente, desde hace décadas, el sistema judicial y penitenciario tiene asumido que sus funciones represivas son contingentes. Nada tiene que ver la justicia española con la universalidad moral de la ley. El sistema judicial español es vicario del poderoso Zapatero, o peor, de las contingencias electorales por las que pase el todopoderoso PSOE. El premio concedido por el sistema judicial al sanguinario Troitiño, que debería aún cumplir condena hasta por lo menos el 2017, no es sino sólo un ejemplo de los cientos de despropósitos que los jueces y fiscales de España ha cometido a favor de los sanguinarios de ETA.

Menester es citar, aunque sea en segundo lugar, a muchos creadores de opinión pública que o miran para otro lado ante ETA o, sencillamente, dicen alguna grosera generalización. Toda esa gente simula que el gobierno de España está ganando la guerra a ETA. Mil pruebas ponen en evidencia esa falsificación. Otras tantas podríamos esgrimir para mostrar que Rajoy, tercer actor de la gran ocultación, cambalachea con Zapatero para ocultar lo inocultable: los terroristas ganan todos los días alguna batalla al escuálido Estado de Derecho. Nadie me hable por favor de los éxitos policiales frente a ETA... Sólo faltaba que no los hubiera, pero sólo sirven al ministro-candidato para mantener entretenida a la chusma. Es la cebadilla socialista para sacar pecho delante de una prensa indefensa de ideas democráticas y ayuna de Estado-nacional.

En pocas palabras, no hay moral suficiente en la casta política para acabar con ETA, sobre todo, cuando la propia casta está entregada a los ideologemas nacionalistas. Así las cosas, prepárense para lo peor: Eusko Arkatasuna y Bildu pegarán sus carteles en las próximas elecciones. López y Basaigoiti ya han blanqueado las paredes sobre las que colgarán su nauseabunda propaganda. ETA, por desgracia, estará otra vez presente en las instituciones. Los responsables máximos de este acto criminal serán PSOE y PP.

Nuestro Gadafi

Emilio Campmany en Libertad Digital

El lunes pasado, en una conferencia en la Universidad de Columbia, el ex presidente Aznar vino a recordar lo que hasta hace poco era Gadafi para Occidente. Vino a decir de él lo que Roosevelt de Anastasio Somoza en 1939: "Puede que Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta". Y es verdad que, hasta hace unas semanas, Gadafi era "nuestro hijo de puta". El "nuestro" significa que también lo era de Zapatero.

Un vibrante editorial de El País pone el grito en el cielo tirando de brocha gorda. Miren cómo explican allí lo sucedido: "Ocurre que las cosas han cambiado y el presidente Obama no es su antecesor George W. Bush –este también gran amigo del ex líder del PP–; ni la operación libia comparable a la invasión norteamericana de Irak en 2003". O sea, que Obama, a diferencia de Bush, ya no es amigo de dictadores árabes. ¿Recuerda alguien en nuestra izquierda el discurso de El Cairo pronunciado por Obama en junio de 2009? ¿Alguien se ha preocupado de ver si no hay alguna contradicción entre nuestra intervención en Libia y la zapateril Alianza de Civilizaciones?

Mucho más ajustado resulta el editorial de El Mundo titulado La contradicción de Aznar, reflejo de las de Occidente. El editorialista de Pedro J. le recuerda al ex presidente que la defensa que hizo de la intervención en Irak no se fundó en que Sadam Husein no era "nuestro hijo de puta", sino en evitar que el dictador iraquí masacrara a su pueblo, que es precisamente lo que supuestamente se está intentando hacer en Libia. Y en eso es obvio que Aznar se contradice.

Lo que ocurre es que no menos de lo que lo hace ahora nuestro Gobierno, tan opuesto a la intervención en Irak como partidario de la de Libia. Contradicción de la que la opinión pública española participa. Al fin, todo se reduce a argumentar que allí no había resolución de la ONU y para Libia sí que la hay. Así que, por estos lares, los derechos humanos se pueden defender cuando a Rusia y a China, tan democráticas ellas, les parezca bien y no cuando les parezca mal. Y encima todos cierran los ojos cuando se acuerda que el objetivo sea derrocar a Gadafi, que es algo que la ONU no ha autorizado.

Lo que es posible que esté encorajinando a Aznar y no se haya atrevido a denunciarlo, es ver que las fuerzas de la OTAN hayan sido en parte arrastradas a una operación fuera de zona para defender los intereses petrolíferos y gasísticos de British Petroleum, la francesa Total y probablemente también de Repsol en perjuicio de la italiana ENI. Mientras que a él, cuando lo de Perejil, le dijeron que era un asunto que no concernía a la OTAN porque el islote se encuentra precisamente fuera de zona. Un poco irritante sí que es.

Sandel x 3

Carlos Rodríguez Braun en Libertad Digital

El conocido filósofo y catedrático de Harvard, Michael J. Sandel, entrevistado con entusiasmo por J.A. Rojo en El País, declaró: "En los últimos años se impuso la idea de que era suficiente con que la economía funcionara. Y ha sido un error: no se pueden eliminar los argumentos políticos, y no se puede pensar que el mercado establece por sí mismo la justicia y la equidad. La fe en el mercado ha eliminado cualquier debate público sobre ética y justicia".

Primero, ¿cuándo se impuso la idea de que era suficiente con una economía que funcione?, ¿sobre quién se impuso?, ¿quién la practicó? Esa idea tiene que ver con la fantasía políticamente correcta conforme a la cual hemos vivido bajo una suerte de anarquía, una libertad excesiva, unos Estados desaparecidos, etc.

Segundo, ¿quién eliminó los argumentos políticos? Nadie. Y, peor aún, ¿quién dijo que el mercado establece por sí mismo la justicia y la equidad? En realidad, es al revés: si no hay justicia y equidad, no puede haber mercado. Pero el profesor Sandel está sugiriendo que la justicia y la equidad son establecidas aparte de los ciudadanos libres, son impuestas por la ley.

Y tercero, sugiriendo eso, se atreve a afirmar que la fe en el mercado eliminó el debate sobre ética y justicia. Como si no hubiese sido atacada la libertad en las últimas décadas en nombre de la ética y la justicia, como si él no tuviera fe en lo contrario del mercado, que es la coacción, como si esa coacción zanjase los argumentos políticos, como si no demandase debates sobre ética y justicia.

Tormenta sobre Siria

Gabriel Albiac en ABC

El Baaz es un partido laico. Tomó el poder en Siria el año 1963 y en Irak en 1968. Instauró, en ambos casos, regímenes de partido único. Nada extraño, si se considera la filiación hitleriana de sus fundadores y la ideología nacional-socialista de sus estatutos. Es el siguiente peón del Gran Juego que está teniendo lugar en torno a la península arábiga. Y el más decisivo.

A la salida de la Guerra Fría, el Cercano Oriente aparecía articulado en tres bloques: despotismos coránicos, despotismos militares y una excepción democrática asediada en todas sus fronteras: Israel. La guerra civil en Argelia, tras el golpe militar que siguió a la victoria islamista de 1991, puso en el primer plano la fragilidad de los regímenes de la zona no directamente fundados en el Corán. Pero esa inestabilidad nos pareció un problema local. Luego, vino el ataque contra las Torres Gemelas de Nueva York en 2001, contra Madrid en 2004, contra el metro de Londres en 2005… Y, bien que mal, hubimos de entender lo decisivo: el islamismo había declarado una guerra al occidente democrático, frente a la cual no habría más remedio que estructurar alguna alternativa militar coherente. Afganistán primero, de inmediato Irak, marcaron el inicio de esa nueva guerra mundial no declarada, en la cual aún hoy vivimos.

La secuencia de piezas de dominó que han ido cayendo en el norte de África da síntoma de que esa guerra ha entrado en una nueva fase. Es difícil decir con certeza quién programó el cuidado calendario de esas caídas. Aunque la sincronía entre el inicio del avispero libio y la entrada del ejército saudí en Baréin mueven a trabajar con la hipótesis más verosímil: sólo los servicios saudíes —con la ayuda inestimable del clero wahabita— pueden haber puesto en marcha una relojería de tales dimensiones.

La fase actual —probablemente sólo la primera— de este juego se ha ido centrando sobre los últimos despotismos no islamistas del Cercano Oriente. Ya fueran dictablandas como la tunecina, ya corruptos regímenes militares como el egipcio; o bien, un nazismo tan inequívoco como el de Al-Assad. Si la operación transcurre como parece haber sido planificada, los clérigos irán haciéndose con el control confesional de toda la región en no demasiados meses.

¿A quién puede beneficiar tal lógica? Dejemos de lado lo de Francia: es una sencilla defensa de los intereses petrolíferos de Elf-Aquitaine en un momento electoral muy difícil para Sarkozy. Pero eso es poco más que anécdota. La recomposición de todo el mundo árabe tiene otras dimensiones. Inseparables del conflicto hoy más insalvable en el Cercano Oriente musulmán: el que opone a sunitas y chiitas; lo cual equivale a decir al Reino Saudí y la República Islámica de Irán. La corrupción despótica frente al despotismo puritano. En vísperas de que Irán consiga la bomba atómica, y en vísperas de que —como jamás lo han ocultado— los saudíes compren la suya, todo régimen político ajeno a esa confrontación está siendo borrado. Con la asombrosa complicidad de Europa. Con la aún más asombrosa inhibición de los Estados Unidos.

Siria es la última pieza de este juego. Punto de cruce entre Irán, Arabia Saudí, Irak y Turquía. Vórtice hoy de la tormenta.

Libertad religiosa

Juan Manuel de Prada en ABC

Allá donde todas las religiones toleradas valen nada, es natural que el orden temporal quiera erigirse a sí mismo en religión única, usurpando los atributos divinos y exigiendo adoración. Esto es lo que se oculta bajo la afirmación de «libertad religiosa» contenida en las declaraciones de derechos humanos: puesto que todas las religiones valen un ardite, la única religión valiosa es la que se postula en tales declaraciones; y toda religión que ose contrariar su designio se convertirá ipso facto en una religión contraria a la «dignidad humana». Esto es lo que está sucediendo hoy con la religión católica.

domingo, 17 de abril de 2011

¡Indignaos!

José García Domínguez en Libertad Digital

Es sabido que muchos artistas y pensadores genuinos han cedido a la tentación de intentar forrarse garabateando algún best seller mundial. Ninguno lo ha conseguido. A menos, claro, que se tenga por novelista a Umberto Eco. Así, pese a los ímprobos esfuerzos para anular el talento propio, el resultado acostumbra a ser decepcionante. Ni demasiado bueno ni demasiado malo, no consigue dar con el muy preciso toque de mediocridad intelectual que el género exige. De ahí que el Zola del accuse nunca hubiese acertado a concebir algo lejanamente parejo a ese ¡Indignaos!, el librito monserga del tal Stéphane Hessel. Diríase que literal traslación de ¿Quién se ha llevado mi queso?, aquella cumbre de la cultura occidental, al territorio de la ciencia política.

Al respecto, e igual a diestra que a siniestra, ya no hay tonto con balcones a la calle que se resista a recitar el mantra de Hessel. Ese efectista ¡indignaos! tras el que mora el preceptivo carrusel de lugares comunes de barra de bar; en su caso, una exhaustiva retahíla de tópicos donde apenas se echa a faltar nuestro castizo "¡con la que está cayendo!". Surtido, en fin, de manidas convenciones retóricas que culmina con cierta concesión inopinada, a saber, la de que "el terrorismo no es eficaz". Repárese, pues, en que el repudio del beatificado Stéphane a pistolas, bombas, metralla y cadáveres mutilados obedece a un móvil de orden técnico. Exclusivamente. Nada que ver con valor ético alguno.

Que semejante mercancía de saldo cause furor únicamente puede obedecer a una frase que luce radiante en solapa del libro. Ésta: "En 1948, formó parte del equipo redactor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos". Por lo demás, la mayor mentira editorial del siglo. Y es que genuinos redactores de la Declaración fueron Eleanor Roosevelt, de Estados Unidos; René Cassin, el único representante francés; Charles Malik, de Líbano; cierto chino que respondía por Peng Chun Chang; Hernán Santa Cruz, chileno; Alexandre Bogomolov y Alexei Pavlov, el doble sarcasmo que ofreció la Unión Soviética para la ocasión; un lord Dukeston que junto a otro Geoffrey Wilson representaría a Inglaterra; y William Hodgson, australiano por más señas. Punto. Indignaos, sí: os acaban de colar otro Enric Marco, el farsante de los campos de concentración nazis.


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Pues sí que es "graciosa" la presencia en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de un chino y dos soviéticos, tan respetuosos ellos no ya con los derechos, con los humanos en general. Lo que es raro es que no acabara apareciendo el derecho a gulag. Público y gratuito, por supuesto. O el derecho a pagar la bala con la que te ejecuten.

El éxito del tal Hessel en España no es de extrañar, pues vivimos en un país de analfabetos ilustrados: cuanto más estudiamos, menos sabemos. Cualquier analfabeto "clásico" (sin estudios) de hace un siglo era más listo que un universitario de hoy en día. Y es que, parafraseando un famoso anuncio de neumáticos, el conocimiento sin raciocinio no sirve de nada. Eso por no hablar de los efectos que el botellón, la televisión y otras drogas tienen sobre los cerebros.

Zapatero: el verdugo victimista

Editorial de Libertad Digital

Zapatero ocupará un oscuro capítulo dentro de la historia de nuestro país por tres motivos fundamentales: la rendición ante ETA, la desvertebración de España y la depresión económica. Entra dentro de lo previsible, por tanto, que incluso antes de abandonar La Moncloa se dedique con energía a tratar de lavar la imagen de su catastrófica acción de Gobierno, pues a nadie le agrada ser considerado por las generaciones venideras una catástrofe nacional.

Este domingo, el presidente del Gobierno que ha condenado a cinco millones de españoles al desempleo y que ha estado a punto de conducir en más de una ocasión al país a la suspensión de pagos se presentaba como una "víctima" de la crisis. La responsabilidad de la misma, aseguraba Zapatero, no es suya, sino de la derecha: de sus desregulaciones y de su fe religiosa en los mercados.

Un camelo muy útil para la narrativa izquierdista pero que casa muy mal con la realidad. Al cabo, Zapatero lleva gobernando España más de siete años, largo período en el que ha dado tiempo tanto para que se gestara la mayor burbuja inmobiliaria del mundo como para que explotara. Durante todo este ciclo económico, el PSOE ha contado con el casi absoluto poder del BOE, ¿y cuál ha sido su política de izquierdas durante ese tiempo? Primero aprovecharse de la burbuja para incrementar de manera insostenible y disparatada los gastos del Estado (especialmente el de las autonomías) y después recurrir al déficit público para tratar de estimular en vano una economía encallada en la construcción y para intentar no emprender ninguna de las reformas que ésta necesitaba.

Durante estos siete años los españoles hemos recibido una ración diaria de socialismo que nos ha conducido hasta la indigestión. Nadie que no se halle cegado por el fanatismo ideológico puede creerse, como afirma Zapatero, que la crisis haya venido exclusivamente de fuera: no en vano, mientras el PSOE se enorgullecía de estar conduciéndonos hacia el pleno empleo y de superar en renta per cápita a Italia, nuestro país acumulaba unos fortísimos desequilibrios que nos llevaron a edificar, en 2006, alrededor de 800.000 viviendas: más que Alemania, Francia y Reino Unido juntos.

De hecho, si tan externa y derechosa es la crisis, ¿cómo es posible que Estados Unidos o Alemania estén ya recuperándose con vigor mientras nosotros seguimos avanzando hacia el quinto millón de parados? La respuesta es sencilla: nuestra crisis, gestada durante la primera legislatura de Zapatero, tenía impronta indudablemente española, como la tiene también toda la política y legislación antisocial a fuer de izquierdista con la que el PSOE viene frustrando cualquier expectativa de recuperación. Ni austeridad, ni reforma laboral, ni consolidación acelerada del sistema financiero.

El verdugo victimista de Zapatero sólo se ha movido a golpe de Bruselas y de los mercados. Somos los españoles quienes con justicia podríamos quejarnos, y no de una derecha que abandonó el poder a principios de 2004, sino de un socialismo que lo retenido desde entonces y cuyo legado es exactamente el mismo que ha exhibido la izquierda en cualquier época y lugar: pobreza generalizada.

En el error o en la verdad

Fernando García de Cortázar en ABC

Sus vidas se cruzaron una sola vez. Fue en la Viena oscura y desvencijada de los años veinte. La antigua capital de los Habsburgo, carcomida de historia y mercado negro, parecía en suspenso, como si preguntara ante las ruinas de su esplendor imperial, y Victor Serge y Antonio Gramsci hablaron en sus cafés del anhelo de un nuevo orden que recorría Europa y también del giro despótico que, casi de inmediato, había dado la Revolución soviética bajo Lenin.

Hasta aquel encuentro en Austria, los dos habían tenido vidas más o menos paralelas. Nacidos en la última década del siglo XIX, ambos eran soñadores sin salvación posible, crecidos a la utopía con el viento de la Revolución y empujados por este hacia el abismo. Serge, un autodidacta que había vivido a salto de conspiración entre Bélgica, Francia, España y Alemania, un agitador eternamente perseguido que había combatido con los bolcheviques en la guerra civil rusa y cultivado la amistad de Lenin y de Trotski. Gramsci, un periodista activo que había pasado su adolescencia viajando en busca de pan y buenas bibliotecas y que había ingresado en el Partido Comunista empujado por un deber de carácter moral, una pasión de orden ético. Ambos veían en la estrella roja que brillaba sobre el inmenso palacio de los zares una propuesta de civilización, no un terrorífico instrumento para organizar el poder ni una mera resignación ante la promesa de la historia.

Hoy el olvido póstumo reúne a los dos otra vez, y produce cierta tristeza pensar en la indiferencia con que se ha recibido la noticia de la publicación de las Cartas desde la cárcel —obra del segundo— o el silencio con que transcurre el sesenta aniversario de la aparición en París de Memorias de mundos desaparecidos, del primero. Dos libros que cortan el aliento, escritos entre el ocaso y la aurora. Dos de los libros más hermosos, conmovedores y veraces sobre lo que fue la experiencia revolucionaria en la primera mitad del siglo pasado.

Por supuesto, hay una explicación para este olvido, y tiene que ver con sus vidas paralelas. Si ninguno de los dos se ajusta a las ortodoxias de lo literario, tampoco responden a las ortodoxias de nuestro tiempo. Tanto Serge como Gramsci fueron intachables revolucionarios, pero también muy libres en sus posiciones personales. Ambos defendieron la preeminencia y la salvadora función del espíritu, y desde luego los dos despreciaron siempre las fórmulas hechas, los lugares comunes, la esclerosis de las doctrinas. Señas de identidad que no están de moda en nuestro tiempo, que no riman con un mundo que ha perdido la capacidad de pensar más allá de un economismo estrecho, y donde la indiferencia y el cinismo se cubren las espaldas con el fracaso de los grandes proyectos.

Decía Oscar Wilde que el sentimental es quien conoce el valor de todo e ignora el precio de cualquier cosa, y el cínico aquel que solo conoce el precio e ignora el valor de lo que toca. ¿Quién, en este vacío de la historia, en esta pausa gelatinosa en que los principios carecen de precio y solo ofrecen su valor, lee hoy a Gramsci, con excepción de algún estudiante en trance de tesis doctoral? ¿Y quién recuerda a Serge? Ambos son figuras éticas y literarias sobrenaturalmente envejecidas, espectros de un tiempo y de un mundo extinguidos.

Serge fue al comunismo como quien va hacia una fuente de agua fresca y lo abandonó como quien se aleja de un río envenenado. Descendiente directo de quien lanzara la bomba que mató al zar Alejandro II, se atrevió a descubrir dónde se escondían las trampas que convertían el gran sacrificio revolucionario en un siniestro y estúpido burocratismo opresor. Él fue el primero en denominar a la Unión Soviética «Estado totalitario», la víspera de ser detenido en Leningrado; el primero que puso la torturada decisión de contar la verdad por encima de las lealtades políticas y los análisis hemipléjicos donde la moral enmudece; el primero en desvelar el abismo entre la realidad y la propaganda. ¡Hay que tener mucho coraje para cometer un asalto a la propia razón cuando uno sabe que es, al mismo tiempo, su víctima y su verdugo!

Testigo directo del terror estalinista, Serge pudo romper las cadenas psicológicas que le unían a la Unión Soviética y prescindir de los compromisos, los juicios y las instituciones en los que había invertido todo su idealismo. Gramsci, no. Al igual que muchos otros que peregrinaron a la llamada patria del socialismo, el infatigable teórico italiano persistió en albergar esperanzas y se quedó en las filas comunistas hasta el último aliento. Permaneció en ellas, multiplicando los ejercicios de matización en los que, juzgando de modo distinto el mal del mundo y sus responsables, la moral se pudría en una charca inmóvil.

Nada nos puede hacer simpatizar con esa actitud, salvo en un asunto que no es poco importante en nuestro tiempo. Y es que Gramsci, que solo se enteró de las purgas estalinistas en prisión, no obtuvo beneficio alguno en el baile soviético de los mediocres y los asesinos, los mentirosos y los arribistas, los aduladores y los meramente ilusionados. A él lo arrestaron en noviembre de 1926, y en el sistema carcelario donde Mussolini quiso sepultarlo de por vida sólo tuvo aquel espejismo de siempre al que agarrarse, aquella convicción profunda que le ayudaría a sobrevivir más de diez años entre rejas. Hasta el final. Hasta aquella mañana de abril de 1937 en que, ya terminal, fue liberado por sus carceleros para morir.

«Hay algo peor que la cárcel, con ser esta malísima —escribió desde la prisión—, y ese algo es el deshonor por debilidad moral o por villanía».

No conmueve menos el destino infortunado de Victor Serge, que buscó refugio en México después de asistir al derrumbe de la República española y a la inaudita rendición sin lucha de Francia ante los nazis. Allí, despierto o en sueños, le persiguió siempre el presentimiento de una muerte violenta a manos de los agentes de Stalin, y a diferencia de otros exiliados, no encontró asideros sólidos para su vida ni para su escritura.

«Es terriblemente difícil crear en el vacío, sin el menor apoyo, sin el menor entorno; escribir para el simple cajón, con un futuro oscuro por delante y sin excluir la hipótesis de que las tiranías duren más de lo que me resta de vida», anotó Serge en uno de sus diarios. Murió en 1947, de un infarto que sufrió en las calles de Ciudad de México a altas horas de la noche.

Cómo sería estar solo en una ciudad extraña y sentirse morir de un repentino ataque al corazón en el asiento trasero de un taxi. Cómo sería escuchar al fiscal que se encarga de la acusación decir: «Hay que evitar que este cerebro funcione durante veinte años». Serge, Gramsci y otros idealistas del siglo XX… los que tuvieron el valor de apostarlo todo por todos, los que rectificaron cuando era lo más difícil, y los que sin aprovecharse de privilegio alguno sufrieron su propia necesidad de un sueño absoluto que ató su lucidez hasta cegarlos, pero que no interrumpió su exigencia de una actitud moral. ¿Qué pensarían ellos de un tiempo como el nuestro? Y el futuro, ¿qué dirá el futuro de un mundo en el que tanto cuesta encontrar a ortodoxos y herejes, fieles y renegados, sencillamente porque hemos renunciado a pensar políticamente, porque bajo la máscara de la cautela, de la prudencia ante las verdades solemnes, hemos entronizado el cinismo, el oportunismo y la frivolidad?

Míster Bean, en China

Ignacio Camacho en ABC

Todavía nos va a dar grandes tardes de gloria. Cuando anunció su retirada sentí un cierto pellizco de desamparo, temiendo que de la noche a la mañana los columnistas nos fuésemos a quedar sin el mejor sostén de nuestros jornales durante los últimos siete años; empero, el tiempo que le queda de mandato augura momentos esplendorosos, como el de China, agrandados por la inevitable sensación que empieza a dominarle de sentirse suelto de manos. Será un calvario para la nación, desgobernada (más si cabe) en medio de un vacío de poder, pero hay un dicho anglosajón que dice que lo que es malo para el país es bueno para el periodismo, y viceversa. Cada uno a su avío, pues; a la mina de despropósitos que ha sido esta Presidencia le restan aún por explotar vetas más que prometedoras.

El viaje a China ha estado a la altura de sus ocasiones más refulgentes. Hay circunstancias en las que algunos personajes públicos insisten en parecerse a su caricatura, y en el periplo asiático Zapatero ha sido más Míster Bean que nunca. El sainete de la falsa inversión del fondo soberano chino, que ni era inversión, ni era de un fondo soberano, ni tal vez tampoco fuese chino, se le puede achacar a algún funcionario sobreexcitado por el ansia propagandística de vender logros o perdido, lost in translation, en las complejidades de la traducción de un exótico idioma; pero la ramplona metáfora del trasatlántico —¡en el aniversario del «Titanic»!— es propia e intransferible de nuestro singular genio sin lámpara, igual que el conseguido disfraz de reportero de «Caiga quien caiga». Toda la gira ha sido un vodevil de incompetencia, desorientación, imprudencia y nervios, un desquiciado enredo de errores sin la grandeza de la comedia shakespereana. Y el primer actor ha cosechado insuperables registros jocosos. Encadenados uno detrás de otro. Uno: el ya citado patinazo del fondo que iba a comprar las cajas. Dos: el anuncio de que no habrá más ajustes y la automática subida de veinte puntos en la prima de riesgo de la deuda. Tres: la proclama optimista del momento económico el día en que se anunciaban los cinco mil despidos de Telefónica, el ERE de Bimbo y el cierre de PC City. Cuatro...

Sí, ya, no tiene gracia. Es España entera la que hace el ridículo cuando su presidente se muestra tan fiel a sí mismo. Y el símil del transatlántico no carece de rigor cuando se piensa en un capitán que abandona el puente de mando y baja a dirigir la orquesta mientras el barco navega hacia la catástrofe. Pero, qué quieren que les diga, o lo tomamos con humor o nos hundimos en la más negra melancolía. Bailemos hasta que el agua irrumpa en el salón de fiesta. La música es alegre, el ambiente está animado y falta por sonar el vals de las primarias...


El conveniente camelo de la desregulación

Juan Ramón Rallo en Libertad Digital

Bien mirado, puede que las críticas izquierdistas contra esos dos culpables de la depresión actual, la desregulación y la codicia deshumanizada, no sean más que mera fachada.

Es cierto que en el ADN ideológico del socialismo está grabada la aversión a la libertad como principio rector del orden social, pero me temo que las vergüenzas que con tan furibundas críticas a la desregulación y a la codicia se están intentando tapar son otras.

Piénselo un momento. ¿Cuáles son las principales quejas del intervencionismo monetario en estos momentos? La primera y principal, que los bancos están restringiendo el crédito a los Estados, lo cual estaría obligando a éstos a abandonar los planes de estímulo que necesita la economía para recuperarse. La segunda y subsidiaria, que el crédito no está llegando a las empresas ni a los consumidores. Dicho de otro modo, incluso en la situación actual, con ese Himalaya impagable de deuda que pesa sobre nuestras espaldas, la única respuesta a la crisis que los dirigistas alcanzar a dar es... más endeudamiento público y privado.

Otro ejemplo. ¿Contra quién se dirigen las iras de esa misma amalgama de políticos, economistas, librepensadores, periodistas y opinólogos que acríticamente abogan por "más regulación", sin saber exactamente en qué? ¿Contra un Bernanke que mantiene contra viento y marea los tipos de interés al 0% para abaratar el coste de los despilfarros de Obama y tratar de que algún imprudente ciudadano estadounidense pida algún crédito de más? ¿O contra un Trichet que, si bien lentamente, está intentando colocar los tipos a niveles más razonables, para así contener el indómito endeudamiento público europeo y estimular un ritmo más acelerado de amortización de nuestra deuda? Pues, obviamente, contra Trichet, que nos niega el pan y la sal, lo que es tanto como decir que nos niega la deuda.

Uno estaría tentado de plantearse si no hemos aprendido nada de los acontecimientos de la última década. Pero el problema es más profundo: nada hay que aprender. El intervencionismo actual va indisociablemente ligado al inflacionismo: no pueden concebir otra forma distinta de la deuda para que la sociedad produzca más bienes y servicios y el Estado se expanda.

Por eso todo el énfasis se concentra en la desregulación y en la codicia: el problema no fue el qué, sino el cómo. La crisis se desató no por la hipertrofia de una deuda que superaba con mucho el volumen de ahorro real, sino porque esos torrentes de deuda estuvieron mal dirigidos: no sólo no se veían sometidos a la aprobación de planificador central alguno que evaluara su contribución al bien común, sino que, al contrario, se emplearon espuriamente para maximizar la codicia de una camarilla de banqueros privados. En definitiva, no es que necesitemos menos bacanales de deuda artificialmente abaratada, es que necesitamos que esas bacanales sean planificadas y supervisadas por el Estado.

Y es aquí donde me asalta la duda de si estamos ante la ignorancia del ungido o ante la maldad del avergonzado. Pues nadie con dos dedos de frente, nadie con una pizca de formación teórica e histórica, podrá sostener durante más de dos segundos que si el crédito se expande a tasas análogas a las de la década pasada, pero esta vez teledirigido desde la Casa Blanca o desde La Moncloa, no se repetirá, corregido y aumentado, el desastre que hemos padecido. Si los mismos políticos que ni supieron comprender que estábamos experimentado la mayor burbuja inmobiliaria de nuestra historia ni fueron capaces de ver venir la crisis –pero, en cambio, sí ven venir de continuo una recuperación que no llega– son los encargados de valorar los proyectos empresariales y familiares de miles de millones de personas, vamos listos.

No digo que no haya ingenuos distopistas que crean poder saltarse a la torera todas las limitaciones que la naturaleza humana y nuestros órdenes sociales imponen a tamaña planificación central, lo que me extraña más es que economistas profesionales, que a buen seguro son conscientes de ello, se sumen a esta competición de demagogia.

Y es aquí donde va cobrando fuerza la alternativa de que quizá no estén tratando de llegar al fondo de la cuestión, sino simplemente quedándose con un conveniente pretexto de forma. Al fin y al cabo, muchos fosilizados economistas han interiorizado ciertos principios propios del keynesianismo –como que todo gasto, y por tanto todo endeudamiento, es bueno y generador de riqueza–, a los que no pueden renunciar sin poner en solfa todo aquello que saben o creen saber. La inversión que han efectuado en capital humano es demasiado importante como para tirarla por la borda, pese a que en última instancia supone la última de las malas inversiones patrocinadas por todo el clima de endeudamiento abaratado de las recientes décadas.

Ahí está el célebre caso de Krugman, quien en 2001, para salir de la crisis de las puntocom, propuso reducir los tipos de interés a fin de generar una burbuja inmobiliaria. Los habrá que, hipnotizados por el de Princeton, se negarán a creer que realmente dijera lo que dijo. Mas, en todo caso, esos mismos deberían plantearse si su posición actual, ésa que reza que toda contracción (esto es, reducción) del crédito es negativa y que toda explosión resulta saludable, no se asienta sobre las mismas bases intelectuales que las que habrían motivado a cualquier economista defender en 2001 recortes drásticos en los tipos de interés para que el crédito creciera como finalmente creció.

Y si es así, tal vez ha llegado la hora de que revisen esas bases o, más bien, esos prejuicios intelectuales. Puede que sea más cómodo sumarse a la explicación sencilla y peliculera de la desregulación y la codicia, pero desde luego no es lo más honesto ni, sobre todo, lo más beneficioso para nuestra libertad y nuestra prosperidad.

Me avergüenzo

Luis del Pino en Libertad Digital

Editorial del programa Sin Complejos del sábado 16/4/2011

Antonio Troitiño Arranz se incorporó a ETA en 1982, cuando contaba con 25 años de edad.

En octubre de 1983, participa en el asesinato a tiros del empresario Lorenzo Mendizábal.

En junio de 1984, participa en el asesinato del guardia civil Ángel Zapatero Antolín, mediante una bomba lapa colocada en su coche. En ese atentado resultó también herido un niño de 14 años.

En abril de 1986, participa en el atentado contra un Land Rover de la Guardia Civil, en el que fueron asesinados cinco agentes de la Benemérita.

En junio de 1986, participa en el asesinato del teniente coronel Carlos Besteiro, del comandante Ricardo Sáenz de Ynestrillas y del soldado Francisco Casillas Martín.

En julio de 1986, participa en el atentado de la Plaza de la República Dominicana, en el que fueron asesinados 12 guardias civiles y resultaron heridos otros 44. Antonio Troitiño fue el encargado de accionar el control remoto que hizo explotar una furgoneta cargada con 40 kg de Goma2 al paso de dos autobuses de la Guardia Civil.

Detenido en enero de 1987, tenía una condena que, sólo por el atentado de la Plaza de la República Dominicana, ascendía a más de 2.000 años.

Según la Doctrina Parot que el Tribunal Supremo estableció en 2006, Antonio Troitiño tenía que haber salido de la cárcel en el año 2017, después de cumplir 30 años en la cárcel.

Y sin embargo, Antonio Troitiño - después de asesinar a 22 personas y herir al menos a otras 45 - ha quedado en libertad seis años antes de lo previsto, gracias a una nueva doctrina aprobada en el año 2008 por el Tribunal Constitucional.

Los magistrados Guillermo Jiménez Sánchez, Vicente Conde, Eugeni Gay, Elisa Pérez Vera y Pascual Sala decidieron modificar, un mes después de las últimas elecciones generales, los criterios de cálculo de las penas de cárcel, de modo que los presos condenados por varias causas pudieran descontar por separado en cada una de ellas el tiempo pasado en prisión provisional.

Esta doctrina establecida por esos cinco magistrados, que favorece a los delincuentes múltiples, es tan aberrante que dos años después el Parlamento aprobaba una modificación del Código Penal para enmendarle la plana al Tribunal Constitucional.

Pero claro, a los presos se les aplica siempre la legislación más favorable, con lo cual todos los etarras con múltiples condenas se verán beneficiados.

Antonio Troitiño ha visto reducida en seis años su estancia en prisión gracias a esa sentencia del Tribunal Constitucional. Y en los próximos meses, otros varios presos de ETA y del GRAPO saldrán de la cárcel anticipadamente, en aplicación de esa misma doctrina.

No tengo las pruebas documentales. Si las tuviera, iría al juzgado de guardia para interponer una denuncia contra los responsables de que Antonio Troitiño haya quedado en libertad.

Pero hace ya mucho tiempo que no creo en las casualidades. Así que permítanme transmitirles mi convencimiento de que esa decisión del Tribunal Constitucional, tomada un mes después de las elecciones de 2008, no obedece a ninguna casualidad, ni se trata de ninguna metedura de pata, sino que es una decisión consciente, tomada en el marco del proceso de negociación con ETA y a sabiendas del efecto que esa decisión iba a tener sobre el tiempo de estancia en prisión de los etarras.

Permítanme transmitirles mi convencimiento de que detrás de esa aberrante decisión de esos cinco magistrados del Tribunal Constitucional está ese Gobierno socialista que negocia con ETA, que dispone así de una manera de saltarse la doctrina Parot, para poder empezar a poner presos en la calle antes de las elecciones de 2012.

Permítanme expresarles mi convencimiento de que esa decisión ha contado con el aval del actual Partido Popular de Mariano Rajoy, puesto que al menos dos de los magistrados del Constitucional que tomaron esa decisión pertenecían al denominado "sector conservador" del Tribunal.

Acabamos de asistir a una nueva humillación a las víctimas del terrorismo, que ven cómo se les niega la mínima justicia de que los asesinos de sus seres queridos cumplan al menos el máximo de 30 años de reclusión que el antiguo Código Penal contemplaba.

Se avanza, así, un paso más en ese proceso de negociación que va a terminar, sí, con vencedores y vencidos, pero donde los vencidos no van a ser los asesinos, sino sus víctimas.

Me avergüenzo de un Tribunal Constitucional cuyo único papel es retorcer la Ley y pisotear el Estado de Derecho, al dictado de sus amos políticos.

Me avergüenzo de un Gobierno dispuesto a todo con tal de que ETA termine consiguiendo cada uno de sus objetivos, incluida la puesta en libertad de sus asesinos presos.

Me avergüenzo de una Oposición que calla y otorga, permitiendo que el Gobierno humille de nuevo a esas víctimas a las que antes el PP defendía.

Y me avergüenzo, también, de esos miembros de los servicios de información que han contribuido indirectamente - ayudando a ocultar la verdadera realidad del 11-M - a que los asesinos de sus compañeros empiecen a salir a la calle.

Porque ese atentado masivo e indiscriminado del 11-M fue el detonante que sirvió, precisamente, para poner en marcha ese proceso que permite ahora que asesinos como Antonio Troitiño queden en libertad.

Vosotros, los miembros de los servicios de información que sabéis y calláis acerca del 11-M, sois tan culpables de la puesta en libertad de Antonio Troitiño como esos miembros del Tribunal Constitucional que retuercen las leyes para beneficiar a los asesinos de vuestros compañeros; sois tan culpables como ese Gobierno que mueve los hilos de sus guiñoles en el Tribunal Constitucional, al compás de una negociación infame; sois tan culpables como esa Oposición que simula oponerse a la negociación con ETA, al mismo tiempo que trata de desactivar por todos los medios la protesta de su base social contra esa negociación.

Sois igualmente culpables, porque teníais en vuestra mano haber evitado lo que está sucediendo y preferisteis callar.

Los asesinos de vuestros compañeros están hoy de enhorabuena gracias, en parte, a vuestro silencio.

sábado, 16 de abril de 2011

No se metan con el industrioso niño Ivancito

Pablo Molina en Libertad Digital

Los católicos queremos unas jornadas mundiales de la Familia presididas por una foto de la saga de Manolo Chaves y en las que el niño Ivancito nos ofrezca desde el púlpito el testimonio de su amor filial. Si en ese momento no se convierte Zapatero, es que es verdaderamente el Anticristo.

Benditos ateos

Tomás Cuesta en ABC

Solamente en el ámbito de una sociedad esquizoide, gárrula y liliputiense se puede concebir que el ateismo se convierta en un problema de orden público en vez de solventarse como una disquisición moral, filosófica o ética. Creer o no creer, «that is the question». Cada uno en su casa y Dios en la de aquellos que hayan decidido franquearle la puerta. Ese es todo el intríngulis de un caso de conciencia que, todavía hoy, en estas parameras, enciende el infiernillo de las querellas cachicuernas. Porque lo peliagudo en España no es que la grey atea reivindique un espacio que no le corresponde o pretenda sacar los pies del tiesto, sino que, por desgracia, vivimos instalados en el extremo opuesto.

Y es que en España, señoras y señores, los comecuras medran en cualquier parcela y andamos, sin embargo, muy escasos de ateos. El anticlericalismo se manifiesta entre nosotros con el rigor canónico de una teología inversa que impele a sus devotos a incinerar iglesias con el mismo fervor que un familiar del Santo Oficio empleaba en relajar herejes. Y las blasfemias se profieren con tanta devoción, con tan firmes propósitos, con tamaña certeza, que se diría que uno está oyendo el Paternóster reflejado en las aguas (turbias) de un espejo. De ahí que, según quién mande y de por dónde aúlle el viento, en ocasiones, atufe a chamusquina y, en otras, empalague un obsesivo olor a incienso. En resumen, que en la grande polvareda de la historia reciente perdimos a don Beltrán y, de paso, el oremus.

En la solemne sepultura de «monsieur» Voltaire una inscripción advierte que allí yacen los restos de alguien que dedicó su vida a combatir la intolerancia y a darle caña a los ateos. ¡Voto al cielo!, se arrancará algún buscapleitos. ¿Acaso no hay constancia de que ese tal Voltaire fue un paladín del librepensamiento, un látigo de meapilas, un martillo de clérigos? En efecto, lo fue. Y furibundo, a veces. Pero también es cierto que sus vertiginosas diatribas, sus vistosísimas «boutades», sus volatines dialécticos, pusieron contra las cuerdas la iniquidad del viejo mundo y nos pusieron en guardia contra las mixtificaciones del moderno. En contra de la razón mesiánica; del sectarismo laico; de la Inquisición incrédula. Contra los que transmiten una epidemia cafre que se ha encorajinado en los albores del milenio.

Desengáñense ustedes: los miembros de esa jarca que convoca «procesiones ateas» —oxímoron grotesco, a la par que siniestro— son, en realidad, sacristanes del odio, propagandistas de la inquina, cofrades del resentimiento. Ni por el forro, ateos. Un auténtico ateo (el señor Spinoza es un ejemplo: ateo piadoso, por más señas) se desenvuelve en las antípodas del fanatismo rucio y vocinglero. Un auténtico ateo sabe que deicidio y genocidio, si no hermanos de sangre, al menos son parientes. Y no ignora, por último, que, al pie de ese Calvario que se rememora en estas fechas, es posible, a Dios gracias, dialogar con los ateos. Benditos ateos. En cuanto a los de la procesión, si aún siguen en sus trece, que se metan a almuédanos.

La procesión atea va por dentro

Juan Manuel de Prada en ABC

ME estremecieron las declaraciones de uno de los convocantes de esa «procesión atea» que pretendía desfilar la tarde de Jueves Santo: «Representamos un frente ideológico. Un frente dedicado, única y exclusivamente, a castigar las conciencias católicas. Nuestro propósito es hacer daño. Y no nos andamos con contemplaciones». No se me escapa que el odium fidei es un sentimiento inextinguible, cuyas ascuas no se apagarán nunca, mientras el mundo sea mundo; pero me había habituado a considerar que, en este fase democrática de la Historia, el odium fidei se manifestaba bajo expresiones menos furibundas, más sibilinas o asépticas, englobadas bajo lo que hemos dado en denominar «laicismo». Las declaraciones de ese convocante de la «procesión atea» me han permitido comprender que ambas expresiones del odium fidei pueden ser simultáneas y concurrentes, que puede haber un Estado que muy democráticamente imponga una idolatría política de obligado cumplimiento, a la vez que sus más furibundos paladines se ocupan de «castigar» y «hacer daño» a los recalcitrantes que se resistan a obedecerla. De hecho, los odiadores más sañudos de la religión sólo afloran allá donde previamente se ha impuesto una idolatría política que sibilinamente la combate. De todos es sabido que unos sacuden el árbol y otros recogen las nueces. Y declaraciones tan sañudas como las de ese convocante de la «procesión atea» sólo adquieren un sentido pleno si las interpretamos a la luz de otras de apariencia más sibilina, como las que esgrimía Peces-Barba en un artículo reciente: «Cuanto más se les consiente y se les soporta, peor responden. Solo entienden del palo y de la separación de los campos». Para que nadie interprete malévolamente que Peces-Barba está promoviendo la organización de guetos judíos, diremos que se refiere a los católicos.

La «procesión atea» ha sido, en fin, prohibida, por razones más bien colaterales y hasta peregrinas, tal vez porque los odiadores sibilinos de la religión, muy en su papel de polis buenos, consideraban que en esta ocasión los odiadores más sañudos —los polis malos— se habían excedido en su ímpetu. Pero esta «procesión atea» no era sino un aspaviento histriónico; y la verdadera procesión del odium fidei va por dentro. No emplea —de momento— el palo, sino el veneno sutil de la propaganda; y así, envenenando las conciencias, se logra crear el caldo de cultivo que a la larga permitirá sacar el palo del armario sin escándalo. En una célebre obra de C. S. Lewis, Cartas del diablo a su sobrino, Screwtape, un diablo veterano y de alcurnia, dedica a un diablo segundón y bisoño una serie de consejos que faciliten su misión en la tierra; entre los cuales se halla éste: «Queremos que la Iglesia siga siendo pequeña, no sólo para que los menos hombres posibles aprendan a conocer al Enemigo, sino sobre todo para que quienes se vuelvan contra él se coloquen en ese estado de exaltación enfermiza y de fariseísmo agresivo característicos de una sociedad secreta».

Esta es la verdadera procesión del odium fideique juzgo preocupante: la que, a la vez que propaga el ateísmo, pretende caracterizar a los católicos como una secta de fanáticos encerrada en una ciudadela. Y contra esa secta de peligrosos fanáticos sólo vale el «palo», como propugnaba Peces-Barba: la mofa y el escarnio elevados a la categoría de rutina, el confinamiento en un gueto de ostracismo, la muerte civil dosificada en pequeñas dosis. Quien lo probó lo sabe.

Efervescencia en la red

GEES en Libertad Digital

Mientras la nueva Ley Electoral tunecina –que incorpora en igualdad de condiciones a las mujeres como candidatas– o la orden de detención dictada contra Hosni Mubarak y sus hijos, pueden transmitir la idea de que la normalización política allá donde las revueltas han triunfado, y no hay más camino que la democratización, los yihadistas de todo el orbe hacen notables esfuerzos para reconducir estos y los demás procesos.

Es importante reconocerla existencia de tal esfuerzo, sobre todo para corregir la falsa imagen que transmiten los "expertos" que consideran al islamismo radical arrinconado –si no vencido– y que defienden incorporar al islamismo "moderado" como estimable compañero de viaje en el inexorable sendero hacia la democratización.

Hemos de insistir de nuevo en que los islamistas radicales no sólo se manifiestan con sangrientos atentados –incluso si así fuera los ejemplos no faltarían en Irak, Pakistán, Somalia o Mauritania, entre otros–, sino que aparte de lanzar a sus asesinos, también se ocupan en paralelo del adoctrinamiento, ejecutando una labor proselitista cada vez más esmerada en diversos frentes.Aquí destacamosinternet o la televisión, como vías de enorme alcance.

Acusar a Occidente de injerencia en los asuntos de los musulmanes es hoy muy fácil, sobre todo ante su desconcertante actuación en Libia o también por el continuado apoyo a regímenes "apóstatas" como el yemení, el saudí o el paquistaní entre otros. Además, gracias a las vulnerabilidades de las sociedades abiertas, esya posible escuchar hoy un mensaje en inglés del siniestro predicador Abu Hamza Al Misri, pronunciado desde su prisión inglesa, o acceder al "best seller" del sirio-español Mustafá Setmarian Al Suri, según los yihadistas encerrado en una prisión siria bajo el atento control de la Sección 215 de la Inteligencia Militar. Por si esto era poco, ahora los yihadistas somalíes de Al Shabab inauguran cadena de televisión, Al Kataib, desde la que presumen de conducir columnas de camiones de ayuda humanitaria hacia las provincias de Hiran y Shabelle para desdecir a quienes acusan a terroristas y a piratas de agravar la situación de la población somalí. El colmo de la buena propaganda es la emisión de 52 cartas de Póker con los datos de altos cargos egipcios que deberían de ser juzgados por un tribunal de la Sharía: rememoranasi la baraja para Irak. No nos negaran que manejan con habilidad la propaganda.

Al Qaida para el Magreb Islámico no les va a la zaga a sus hermanos egipcios y somalíes. Reivindica el intento de asesinato del presidente mauritano, considerado "agente de Francia" cuando nuestro vecino destaca como intervencionista (Libia y Costa de Marfil) o persigue a "burkas" y a "niqabs". Y tras felicitar a tunecinos y a egipcios por deshacerse de Ben Alí y de Mubarak, les exige no desperdiciar tal esfuerzo y crear rápidamente regímenes islámicos. También en la red, los talibán afganos y el Ejército Islámico de Irak recuerdan a los egipcios que deben proyectar rápidamente su "victoria islámica" hacia Gaza entre otros destinos.

La batalla se da también en la red, y no debemos olvidarlo bajo ninguna circunstancia.

Sinde será "un recuerdo" antes que las descargas

Antonio José Chinchetru en Libertad Digital

La ministra de Cultura no se conforma con ser uno de los personajes más antipáticos de la política española. La detesta hasta la mayor parte de los votantes socialistas. Se lo ha ganado a pulso con sus actitudes; aunque también es cierto que el auténtico responsable final (y, posiblemente, promotor) de la Ley Sinde es Rodríguez Zapatero. No está de más recordar que, ante la reacción indignada de gran parte de los internautas, ZP salió en un primer momento a desautorizar de palabra a González-Sinde; pero no lo hizo jamás con los hechos. A pesar de eso último, la guionista de Mentiras y gordas se merece su mala imagen.

Desde que llegara al Gobierno su estilo personal ha tenido altas dosis de prepotencia y de, pese a sus constantes apelaciones a defender "los intereses" o "los derechos" de "todos", desprecio a quienes la critican o no comparten sus criterios. Ahora, además, se ha metido a futuróloga. González-Sinde ha predicho que "en muy poco tiempo la piratería –léase, el intercambio de archivos– va a ser un recuerdo del pasado". Lo peor de todo es que, seguramente, está convencida de lo que dice y cree que la norma bautizada con su nombre logrará el objetivo que ella no deja de proclamar.

La ministra proclama que la Ley Sinde busca "fomentar un mercado legal competitivo y que permita un acceso a la cultura moderno y contemporáneo". No se da cuenta de que el mayor obstáculo para lograr dicho objetivo es la propia industria cultural, que se niega a evolucionar hacia modelos de negocios adaptados a las posibilidades y retos que implica la red. Los sectores discográfico, cinematográfico y editorial no han hecho todavía los deberes, ni en España ni en el resto del mundo. Y pretenden que los gobiernos paren o modifiquen la evolución tecnológica y social para no tener que hacerlo.

Un mercado "legal competitivo" no se consigue mediante normativas destinadas a proteger a quienes ya están en dicho mercado, que además ha perdido su característica de competitivo. Y menos aún si esas normas legislativas rozan la vulneración de derechos como la libertad de expresión.

Si el Gobierno quiere ayudar a crear un mercado legal competitivo tiene una vía: debe dejar claro a las empresas del sector que no va a acudir en su ayuda para que no tengan que adaptarse a la realidad. Así, a estas no les quedará más remedio que adaptarse o desaparecer. Lo que no desaparecerá hasta entonces serán las descargas, por muchas leyes represivas que se impongan. El ingenio humano siempre encontrará maneras de sortear esos obstáculos legislativos. ¿O acaso el cierre del antiguo Napster consiguió frenar el intercambio de archivos?

No sabemos cuando las descargas pasarán a ser un recuerdo del pasado, si es que ocurre alguna vez. Pero seguro que será mucho después de que González-Sinde entre en esa categoría para la mayor parte de los españoles.

El rábano por las hojas

José T. Raga en Libertad Digital

No se trata en este caso de rendir tributo al viejo principio de coger el rábano por las hojas, como legítimamente podría pensarse, sino de algo mucho más prosaico, aunque más irresponsable, que es sustituir el rábano por las hojas o, lo que es lo mismo, fijarse en las hojas para olvidar o desconsiderar el rábano.

Exactamente a este principio, en mi opinión, responde la política financiera que el gobernador del Banco de España pretende aplicar, como supervisor de las entidades financieras (fundamentalmente bancos y cajas de ahorros), en su labor de control a las mismas, a fin de cumplir las medidas de política monetaria emanadas del Banco Central Europeo.

De la historia iniciada a comienzos del presente siglo, y vivida públicamente desde finales de 2007, parece posible afirmar que si un sector tan regulado como el sector financiero, con una función de inspección por parte del Banco de España para garantizar que la regulación se cumple en la vida real de las instituciones, desemboca en la crisis del sector, es como denunciar que la inspección no se ejercía con el rigor esperado o que, deliberadamente, se prefería eludir el problema por intereses inconfesables, asumiendo así la complicidad con las prácticas irregulares o delictivas.

Sea lo uno o lo otro, el Banco de España debería estar explicando qué ocurrió en algunos bancos y cajas y por qué ocurrió, situando la responsabilidad donde y a quién corresponda, para asegurar que fazañas semejantes no vuelvan a producirse.

Pues bien, éste, que es el rábano, ha quedado postergado en las preferencias del inefable gobernador del Banco de España. Ha preferido cogerse a las hojas, con el ánimo de encontrar en ellas un elixir narcotizante para sí mismo y para la sociedad española.

La última propuesta anunciada consiste en penalizar a las entidades que ofrezcan tipos de interés a los depósitos por encima del 3,1 % anual; esto, adornado para contentar a la izquierda pobre y envidiosa –la rica ya dejó atrás estas veleidades–, de la promesa de supervisión de los salarios en las entidades de crédito en las que éstos superen el millón de euros. Ambas medidas deberían ser dignas de un cese inmediato, pues no estamos ante la independencia de la autoridad monetaria, sino ante la carencia de criterio en ella.

El gobernador del Banco de España no es quién para decirle a una entidad privada cuánto, cómo y por qué tiene que pagar a un empleado, cuando, sin embargo, todos tendríamos derecho a decir cuál debe ser el sueldo del gobernador. Por otro lado, superado el tiempo de los tipos fijos, la retribución de los depósitos es una simple cuestión de política empresarial.

Además, señor gobernador, las tropelías recientes del sector financiero, que usted ha supervisado mal, no se han producido en los depósitos sino en los créditos. ¿Por qué no investiga estas situaciones? Es decir ¿por qué no coge el rábano en vez de distraernos agitando las hojas?

Limpieza de sangre

Maite Nolla en Libertad Digital

Existe una especie de limpieza de sangre entre nacionalistas que ya se ha cobrado dos víctimas por el camino: Carmen Chacón y Duran i Lleida. Aunque la realidad les sitúa en lo que piensa la inmensa mayoría de los que pueden votar en Cataluña, ambos han sido objeto de las iras de los independentistas, para satisfacción de los sectores minoritarios no nacionalistas. Por una parte, a Carmen Chacón, la mujer que arrasó en las generales de 2008, la delfina de Zapatero, el hombre que trajo el Estatuto que ninguno de estos –ni de nosotros– pudo soñar jamás, y la que calificó al PP de anticatalán por recurrirlo, su escaqueo del proceso de consultas le ha costado que el finísimo Puigcercós la califique como "una española de origen catalán". Y a Duran i Lleida, el funambulismo socialcristiano le ha supuesto que en su propio partido pidan su dimisión por su "antiindependentismo". Como pueden comprender, no voy a salir a defender aquí a la pareja. Al fin y al cabo tienen, no sé si lo que se merecen, pero desde luego lo que han deseado a los demás. A disfrutarlo.

Mariano Esteban y Belén Rajoy

Pablo Molina en Libertad Digital

Las continuas escaramuzas de Mariano Rajoy para escabullirse de la prensa convencional y dedicarse en exclusiva a dialogar con los espectadores de Jorge Javier Vázquez, les parecerá a muchos un estrambote poco apropiado para dar lustre al nivel intelectual del debate de ideas en el seno del Partido Popular. Sin embargo, es evidente que el PP ha decidido que su objetivo electoral es el espectador medio de los programas galantes y eso es algo que todos debemos respetar.

La política en los sistemas democráticos consiste en engañar al mayor número de votantes posible en el momento oportuno, con el fin de que las urnas garanticen cuatro años en el poder al más avispado de los contendientes. Bajo esa premisa los espectadores de Sálvame presentan una dificultad añadida para ser timados, porque acostumbrados como están a ver desfilar continuamente por la pantalla a mentirosos compulsivos y quinquis de todo pelaje, no es fácil que un político, por muy ducho que sea en su oficio, les engañe de buenas a primeras. Desde esa perspectiva, la decisión del equipo de Rajoy de que su líder le dispute minutos de pantalla a la hetaira o el cornúpeta del momento es absolutamente coherente con la necesidad de ganar las próximas elecciones.

El debate público en torno a un partido político sobre los principios compartidos, las ideas testadas sobre la realidad o una cierta visión de la moral carecen de sentido para los gabinetes demoscópicos que asesoran a los líderes, preocupados únicamente de que su marca electoral se diferencie del resto de sus competidoras en el mercado democrático ganando en la comparación.

Sucede que muchos españoles todavía creen que el partido que representa a la parte más pujante de la sociedad española, la que paga impuestos, o sea, la derecha, debería tener una actitud mucho más aguerrida frente al Gobierno más dañino que jamás ha debido padecer una nación civilizada, pero es que esa gente no entiende de encuestas electorales. Tan sólo vota. Al menos antes lo hacía.

El "indignante" populismo del nuevo PP

Editorial de Libertad Digital

Hubo un tiempo en el que el PP enarboló dos banderas en torno a las que se identificaron millones de españoles: la unidad de España y el liberalismo económico. Con mayor o menor coherencia, estaba claro que esos eran los dos principios sobre los que en última instancia descansaba su programa electoral.

Eran, desde luego, otros tiempos. Desde que hace tres años en Elche Rajoy invitara a liberales y conservadores a marcharse del partido, la inmensa mayoría de los cuadros intermedios de la formación política, carentes de convicciones y deseosos de mullidos sillones, pasaron rápidamente a abrazar lo que José María Lassalle denominó "liberalismo simpático", que no era más que el batiburrillo ideológico intervencionista resultante de retorcer el pensamiento de algunos clásicos liberales (como Adam Smith) unido a las ideas de otros pensadores antiliberales (como John Rawls).

A partir de ahí, el PP ha ido degenerando hacia un centrismo populista y oportunista, muy acorde al espíritu zapateriano de los tiempos. Ha habido, sin duda alguna, honrosas excepciones, muy en particular en la Comunidad de Madrid y en torno al espíritu del "No me resigno" que el otro día Esperanza Aguirre se encargó afortunadamente de resucitar. Pero en general el partido ha renunciado a tener convicciones o, peor, ha hecho suyas las convicciones de la izquierda.

Ahí estaba, por ejemplo, el caso de Nacho Uriarte, quien durante cuatro años y medio ha presidido las Nuevas Generaciones del PP. Dejando de lado que la sección de "juventudes" de todo partido político debería desaparecer (¿qué sentido tiene politizar, en el peor sentido de la palabra, a los individuos desde su más temprana adolescencia?), lo cierto es que las NNGG se adaptaron perfectamente a la mentalidad rajoyana de diluir la ideología, de no tomar partido por nada salvo para ayudar al PSOE. El propio Nacho Uriarte lo resumió perfectamente al decir que "me gustaría en vez de oír tanto ‘soy liberal’, escuchar ‘soy del PP’".

Ayer Uriarte abandonó en Zaragoza la presidencia de Nuevas Generaciones, pero no parece que esta organización vaya a cambiar demasiado de coordenadas. Sin ir más lejos, el secretario de Comunicación del PP, Esteban González Pons, ha hecho toda una declaración de principios en ese Congreso de Zaragoza: la lectura que ha utilizado para arengar a los militantes más jóvenes de la formación política es el panfleto de extrema izquierda Indignaos de Stéphane Hessel, conocido antisemita que en más de una ocasión ha disculpado las atrocidades del comunismo. No sólo eso, Pons ha hecho gala de una retórica típicamente peronista al denunciar el contubernio entre el Gobierno y la "gran banca", al criticar el reparto de bonus por parte de las "grandes empresas" o al definir al PP como el "partido de los currantes".

Es lo que sucede cuando se abandonan los principios, los valores y las convicciones y se los sustituye por el populismo descarnado: que terminas siendo arrastrado por la ideología que, para nuestra desgracia, mayor éxito propagandístico ha tenido en toda la historia, el socialismo. ¿Es esto, la reencarnación de Zapatero, lo que nos depara el nuevo PP?

Asqueado

Alfonso Ussía en La Razón

A Lola Flores, por burlar con torpeza al fisco, le pidió el Fiscal diez años de cárcel. A Troitiño, cada asesinado le ha salido por un año. Entiendo que en nuestra sociedad buenista y devastada, pedir el cumplimiento íntegro de las penas o la cadena perpetua –revisable o no–, puede considerarse una provocación inadmisible. Bueno, pues yo la pido. Tengo el derecho a hacerlo. Soy una voz, un impulso individual, pero no me sale el silencio ante tanto asco, tanta podredumbre política, tanta componenda eventual y tanta porquería gubernativa. Tampoco ante tanta cobardía judicial.

viernes, 15 de abril de 2011

La tentación totalitaria de la censura

Editorial de Libertad Digital

Pocas cosas demuestran más a las claras que un país está recorriendo el camino de servidumbre del que hablaba Hayek que la intromisión de los poderes estatales en los medios de comunicación. En esto, como en tantas cosas relacionadas con el totalitarismo, el ejemplo venezolano es extremadamente clarificador. Pero como las libertades pueden ser recortadas gradualmente, no debería ser necesario que se llegue al extremo de cerrar una televisión o un periódico para que salte la alarma.

La queja del Partido Popular de la Comunidad Valenciana, léase Camps, contra varias televisiones por emplear términos como "corrupción" e "implicados" demuestra lo poco que le gusta a una parte de la casta política la existencia de una prensa libre. Evidentemente, a Camps y los suyos les haría feliz no salir en los papeles que hablen de la trama Gürtel, aunque para lograrlo quizá debieran viajar en el tiempo para deshacer ciertos hechos de su pasado. Como no parece posible, la única alternativa es que no se pueda contar y de la ignorancia llegue la felicidad. La suya, al menos.

Con todo, esta inadmisible injerencia en la libertad de informar sobre la trama Gürtel no deja de ser un síntoma. Porque el PP ha forzado la retirada de la queja, pero apoyó con su voto un atropello mucho más grave, tanto más preocupante por cuanto fue aprobado en el Congreso por consenso. La nueva ley electoral obliga a las televisiones privadas a repartir el tiempo que dedican en sus informativos, entrevistas y tertulias a los distintos partidos políticos dependiendo de sus resultados en las elecciones pasadas. Una norma que obliga a empresas privadas a someterse a las instrucciones políticas en época electoral, cuando más necesaria es la información libre, supone una intromisión inadmisible de una casta que, una vez más, se ha puesto de acuerdo cuando de defender y ampliar sus privilegios se trata.

Como siempre, la excusa con la que se aprueba no puede sonar mejor: se trata de garantizar el pluralismo político. Del mismo modo, la obligación que se impuso a las radios norteamericanas de dividir sus tiempos en igualdad a los candidatos se denominó "doctrina de la imparcialidad". Cuando de limitar la libertad se trata, los políticos siempre encontrarán palabras bonitas que les permita justificarse. Pero ser ciudadano consiste, en buena medida, en no dejarse engañar. Y para lograrlo resulta imprescindible la libertad de expresión que tan poco gusta a tantos políticos.

ETA, 1984

Cristina Losada en Libertad Digital

La reescritura de esa historia ya está en marcha. Hace algunos años, un hijo de Fernando Múgica declaró: "Se tiene que saber quiénes son las víctimas, sus nombres y apellidos, su historia anónima de persecución, de humillación y de ofensa. (...) Hay que saber quién murió y quién mató". Se hubiera dicho entonces que era una demanda redundante, que estaba claro quién había matado e incluso quiénes eran cómplices y quiénes compañeros de viaje. Parecía que la aduana democrática había levantado, al fin, una frontera inexpugnable entre los criminales y las víctimas. Y que las víctimas habían salido, definitivamente, de su anterior condición invisible. Pues no. El partido de Múgica y de tantos otros asesinados acaba de derribar aquella nítida barrera. Lo ha hecho al promover el reconocimiento de las "víctimas policiales".

En un Estado de Derecho, los abusos cometidos por agentes de las fuerzas de seguridad se sustancian en los tribunales. El parlamento vasco, sin embargo, ha decidido conceder a ciertos afectados un reconocimiento institucional e idéntica atención que a las víctimas de ETA. Entiéndase: no se conferirá ese rango a cualquier detenido que fue maltratado en comisaría, pero sí al presunto simpatizante de ETA al que le ocurriera eso mismo. Ah, es "violencia de motivación política". Así, bajo ese extraño paraguas, el Gobierno de Patxi López agrupará a un nuevo colectivo de víctimas; uno paralelo, uno que representará al otro "bando" –el otro bando de la guerra–, y que será exactamente igual a las víctimas de ETA en razón del sufrimiento. Unas víctimas taparán a las otras, y las de ETA serán indistinguibles, invisibles, de nuevo.

Como quien no quiere la cosa, se ha dado el primer paso para oficializar el relato del "conflicto vasco" que hasta ahora difundía en exclusiva el nacionalismo. Y todos los partidos menos uno han dado el plácet. Como quien no quiere la cosa, se ha precipitado un cambio radical en la esencia del pasado y en la configuración del futuro, que para eso trabajan los Winston Smith de turno. La consagración de "las otras víctimas" no sólo conduce a la anulación de las víctimas de ETA. Significa reemplazar el paradigma de vencedores y vencidos por el de "todos perdedores" y sustituir el lenguaje de la democracia, la ley y la justicia por la retórica afectiva: no importa quién murió y quién mató, sino que unos y otros comparten sufrimiento. De ahí a la impunidad, al perdón que sella la reconciliación entre sufrientes, no queda nada.