A nadie que no tenga obturado el entendimiento por la propaganda del Mátrix progre se le ocurriría pensar que esta preocupación de Munilla por los males espirituales que han quebrantado el corazón del hombre discurre ajena a la preocupación por los males corporales que acarrea un terremoto. Pero el Mátrix progre, engolfado en sus «orgías solidarias», se revuelve furioso y escandalizado, porque no admite que se recuerden las enfermedades del alma, contra las que no vale todo el dinero del mundo; y en cuyo mantenimiento sostiene su dominio. Y al obispo Munilla, ante un mundo que ha convertido la caridad en una virtud loca, separándola de la verdad, no le queda más remedio que callar, como hizo Jesús en el pretorio, mientras crece el clamor rabioso de la multitud cretinizada: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!».
lunes, 18 de enero de 2010
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