viernes, 7 de enero de 2011
Lo ha dicho la tele
A los españoles nos gusta tener políticos que dirijan nuestras vidas y los socialistas no están dispuestos a que experimentemos ninguna necesidad en ese terreno. Somos un pueblo con mucho apego a la autoridad, a la que pedimos permiso hasta para ir a los toros "si el tiempo no lo impide". Desde el espadón decimonónico hasta el demagogo contemporáneo, al español le gusta que le digan qué puede o no hacer con su vida y sus propiedades, aunque luego se desgañite en la taberna contra las coacciones puestas en marcha por esos mismos políticos, a los que previamente ha concedido el poder de regular prácticamente la existencia misma de la sociedad.
En estas circunstancias la televisión juega un papel adoctrinador esencial, consistente en macerar a los ciudadanos con un bombardeo constante de mensajes que señalan la existencia de un problema –la mayoría de las veces irreal, pero eso es lo de menos–, a continuación muestra a las supuestas víctimas apelando al sentimentalismo más cutre y finalmente señala a los culpables a los que, por supuesto, se les niega la defensa. La necesidad de que el Gobierno reprima a estos últimos es una conclusión que el espectador alcanza por sí sólo a poco que frecuente las cadenas generalistas.
El consumo del tabaco, la obesidad o los problemas medioambientales son tres ejemplos interesantes de la forma en que funcionan los grandes medios en colaboración con el aparato coercitivo del Estado. Probablemente hace veinte años hubiera sido imposible poner en marcha una ley que prohibiera fumar en lugares privados como bares o restaurante porque, entre otras cosas, nadie la hubiera acatado y eso sin contar con que el partido político autor de la norma hubiera perdido un río de votos en los siguientes comicios. Lo mismo cabe suponer respecto a las restricciones al consumo de bollería en los centros educativos o las dimensiones de las hamburguesas en los restaurantes de comida rápida. En cuanto al medio ambiente, es difícil que se hubieran aceptado coacciones de todo tipo como las que padecemos, pagando un altísimo precio para evitar un supuesto problema como el absurdo calentamiento global que nadie en sus cabales debería haberse tomado en serio jamás.
Sin embargo, han sido tantas las horas de televisión, asombrosamente el medio de mayor credibilidad ("lo ha dicho la tele"), tantos los programas de radio y tan caudalosos "los ríos de tinta" vertidos para denunciar estas "lacras sociales" desde todos los puntos de vista posibles, sin obviar los más bizarros, que cuando el Gobierno ha decidido imponer unas brutales restricciones a través del BOE apenas nadie ha rechistado.
Tres restaurantes en toda España en cuanto al tabaco, ninguna mochila infantil con el nutritivo donut y sólo una asociación privada denunciando el infame protocolo de Kioto. Este es el saldo de los que defienden la libertad en nuestro país. Normal que hasta Zapatero se haya podido convertir en nuestro presidente.
miércoles, 5 de enero de 2011
Mundo maravilloso
El cielo gris de todos los eneros pone en el alma la añoranza helada de los años perdidos. Nada nuevo: en esa melancolía sosegada se teje la paciencia de ir tirando, por más que uno sepa lo para casi nada que sirve cuanto hacemos. Pero está bien que cada inicio de enero sepamos engañarnos, repetirnos que todo puede ser distinto, que tal vez lo imprevisible aún nos aguarde a la vuelta de una milagrosa esquina. Y cada año inventamos la vida aventurera que no tuvimos nunca. Y en el rincón secreto que nadie revela a nadie, odiamos cuanto somos y seguimos sonriendo. ¿Qué otra cosa podría consolarnos que no fuera esta sonrisa, la distancia que pone entre cada uno y la jodida realidad que acabará tragándonos?
martes, 4 de enero de 2011
Los secretos del Tea Party español
El pasado domingo, coincidiendo con la multitudinaria Misa de la Familia oficiada en Madrid por el cardenal Rouco, el periódico El País se descolgaba con un seudo-reportaje titulado "Los secretos del Tea Party español", en el que se dedicaba a atizar estopa a esos movimientos ciudadanos de corte católico que han protagonizado la contestación, en la calle y en los tribunales, a las medidas de ingeniería social impulsadas por el actual gobierno..
La verdad es que merece la pena leer el reportaje original, porque resulta de lo más novelesco y entretenido. Lo único que cabría exigirle al autor del reportaje es que, la próxima vez, publicara ese tipo de artículos dentro de algún libro de ficción.
Porque, si uno escribe un reportaje afirmando que los principales movimientos ciudadanos de la órbita católica en España están financiados por una misteriosa sociedad secreta mexicana, lo menos que el lector espera es que se aporte algún tipo de demostración de lo que se afirma.
Pero resulta que el artículo no sólo no aporta ningún tipo de documento o de prueba de lo afirmado, sino que tan sólo se remite a un puñado de testimonios de gente que dice que le han dicho que una especie de sociedad católica llamada El Yunque anda detrás de todos los movimientos cívicos que le traen a Zapatero a mal traer.
No sé yo muy bien qué es eso de El Yunque, pero deduzco, leyendo el artículo, que debe de ser al ámbito religioso lo que los malvados especuladores son a la esfera bursátil: los culpables de todo. De la misma forma que no es Zapatero quien nos ha llevado a la ruina, sino que son los malvados especuladores los que la tienen tomada con España, tampoco es Zapatero quien ha soliviantado a media sociedad con sus imposiciones legislativas en materia moral, sino que una tenebrosa sociedad de origen mexicano se dedica a llenar las calles de España de manifestantes. Personalmente, el asunto me da tanta risa como esos enloquecidos ensayos en los que se afirma que la Trilateral y el Club de Bildeberg gobiernan el mundo en la sombra.
Lo dicho: le recomiendo al autor del "reportaje" que, la próxima vez, lo amplíe en 300 o 400 páginas; que añada una protagonista de atractivas curvas que sea doctora universitaria en arqueología o filología semítica y un protagonista atlético y simplón que sea, por ejemplo, detective privado; que introduzca en la trama algunos misteriosos códices que ocultan antiguos y peligrosos acertijos y que intercale aquí y allá escenas de persecución, en las que todos los malvados reciban su merecido.
Porque hay que reconocer que un título como "El oscuro secreto de El Yunque" tiene muchísimo gancho y la novela podría venderse como churros.
Es una pena que un título tan prometedor se desperdicie en una memez de reportaje.
P.D.: Por cierto, según iba escribiendo el artículo, se me estaba ocurriendo una trama para otra novela: ¿creen ustedes que podría tener éxito un thriller sobre una sociedad tan secreta, tan secreta, que ni siquiera sus miembros saben que pertenecen a ella?
El gran poder
Sí uno es "laico" y no va a misa, o no sigue la doctrina de la Iglesia, no pasa nada. Y si es católico, tampoco (pruebe a ser musulmán "heterodoxo" y verá qué bien le va). Ahora, si a usted se le olvida pagar sus impuestos, tributos, multas, sanciones... comprobará lo que es el poder terrenal de verdad. El poder de "los laicos", vamos.
A mí me pasa con ellos, con "los laicos", lo mismo que al señor Rosa con los obispos: cada vez me río menos con sus "gracias". Es que a algunos me los imagino charlando entre ellos tal que así: “Consigamos que no nos tomen en serio, y nosotros mientras a lo nuestro, a consolidar el poder que ya tenemos y a ganar nuevas parcelas”.
Mariano y Pepín
El fascismo antitabaquista ha echado a la calle a la gente que mataba el insomnio en los bares. «¿Usted ha estado enamorado alguna vez?». «No. Yo siempre he sido camarero». Y en la calle todo el mundo habla de Cascos, rechazado por las febles damas del PP y su centrismo zen. Primero, Pizarro. Ahora, Cascos. ¿Qué tienen en común? Para empezar, la brillantez. Ser brillante en un partido resulta tan escandaloso como estar sano en un hospital. Y luego, ay, la fealdad. Pizarro y Cascos son dos tipos feos que no tienen sitio en esa Galerías Preciados que viene montando Mariano Rajoy, el Pepín Fernández de la derecha española. «Mire usted —se quejaba Pepín Fernández a Ruano—, hay capítulos inexcusables y desesperantes. ¿Sabe usted que he de emplear unos cuarenta minutos diarios sólo en contestar las cartas de recomendación para el personal femenino?». Y así es como se imagina uno a Mariano, enchufando dependientas. Mariano tendrá que colgar en la calle de Génova el descortés y famoso rótulo del pequeño comercio galdosiano: «No confundirse con la tienda de al lado». La tienda de al lado es la de Zapatero, claro, que hace tiempo que colgó ese cartel. ¡Mariano y Pepín! Ruano veía en Pepín a un gran capitán de los números cuyas batallas resultaban victorias de cantidad. Veinte años estuvo Pepín en Cuba y veinte años debe de llevar Mariano en la oposición, que en España es La Habana con menos negritos, un terrón de azúcar en medio de mares amargos, la cuna del relajo, que no es la decadente relajación, sino el suave abandono, tan típico, nos dice Foxá, como la «gana» española o la «saudade» portuguesa, o «il dolce far niente» napolitano: «El relajo es dejar hacer, el no importa, el filosófico para cuatro días que vamos a vivir, traducido a la dulzura tropical. Con el relajo se puede disculpar casi todo; es una sonrisa; es una comprensión humana; un sentido benévolo y optimista de la vida». Cascos, ¿para qué?
El gran pacto de Estado
A cinco minutos de que un poder extranjero tome el control del país por primera vez desde la invasión napoleónica, el gran debate entre la crema de la intelectualidad gira en torno a si hemos de llamar "Pepiño" al titular de Fomento. Max Estrella y don Latino de Hispalis deben estar retorciéndose en sus tumbas.
lunes, 3 de enero de 2011
¿Nos prohibirán fumar en casa?
El problema de fondo, como en la mayoría de los conflictos sociales, reside en una cuestión de respeto a la propiedad privada. El dueño de cada bar, o los socios de cada club, deben tener la potestad de decidir si quieren o no quieren humos en sus propiedades. Cada consumidor, a su vez, debe tener plena libertad para decidir en qué bar quiere tomarse una copa y fumarse un puro, y en cuáles no quiere entrar para no salir atufado. Y es que después de permitir que el Estado entre a prohibir a su antojo en nuestras propiedades privadas, por mucho que haya gente invitada a entrar en ellas, no existe ningún motivo para que no nos prohíban fumar en nuestras casas. Al fin y a cabo, también en ellas, espacios cerrados, pueden convivir fumadores y no fumadores. ¿Nos prohibirán fumar en casa?
Comparaciones
"La Iglesia ve más drama en el aborto que en la crisis", se puede leer hoy en Público. Y eso parece ser que les escandaliza y les solivianta. Pero es lógico ver más drama (y más crueldad, diría yo), en la pérdida violenta (sí, hay pocas cosas más violentas que un aborto, por muy bonito que nos lo pongan) de una vida que en la pérdida de un trabajo. Un puesto de trabajo se puede volver a conseguir (aunque en España, y hoy por hoy, parezca imposible), pero la vida, cuando se pierde... En fin, qué les voy yo a decir a los señores de Público que ellos no sepan... Puestos a hacer comparaciones, podríamos decir que fumar (esa cosa tan fea que desde ayer sólo se puede hacer en cárceles y manicomios, además de en la casa propia, aunque me temo que no por mucho tiempo) es más perjudicial para la salud que leer la prensa. Pero yo tengo mis dudas.
viernes, 31 de diciembre de 2010
La esperanza de 2011
Hay dos hechos de 2010 que son síntomas de esperanza, también estratégica, para 2011. Uno es el revolcón del Tea Party al olvido de los fundamentos de la economía liberal en Estados Unidos. El segundo, las recientes declaraciones del Papa en defensa de la libertad individual.
Frente a ello, en los mismos Estados Unidos que –a pesar de la creciente deuda que para algunos es síntoma de decadencia y presagio de aislacionismo–, siguen siendo lo que un ministro francés llamó con envidia reprobatoria la hiper-potencia, se adivinan signos preocupantes. Este año, con la excusa de "desmantelar" exclusivamente a Al Qaeda, Obama ha copiado en Afganistán el plan de incremento de tropas adoptado por Bush en Irak, llegando a encomendárselo al mismo general. Sin embargo, y a pesar de que Guantánamo sigue abierto y los asesinatos selectivos con aviones no tripulados han adquirido otra dimensión con el nuevo presidente, la tendencia general en la guerra contra el terrorismo islámico no es comparable.
Lo que el Tea Party no ha cambiado es el nombre que dio Obama –respondiendo al cansancio respecto a las aventuras exteriores–, a la Guerra Global Contra el Terrorismo, rebautizada profilácticamente "operaciones de contingencia" exterior; ni las encuestas, que siguen favoreciendo una retirada pronta del campo de batalla más significativo de Afganistán. De modo que se puede argumentar que en este conflicto mundial –que ha sucedido a la Guerra Fría en lugar del previsto fin de la historia– ha habido ya dos fases. En la primera, los Estados Unidos trataron de fomentar una agenda para la libertad aplicable específicamente a los países islámicos; y en la segunda, marcaron el acento no sólo en la prevista retirada de Irak a final de 2011, sino en la limitación temporal de la lucha en Afganistán, ya sea la progresiva de 2011-2014. A lo que esta etapa se parece peligrosamente es al retraimiento que llevó en su día a abandonar Vietnam bajo el nombre académico de retirada estratégica y el nombre mediático de détente.
No es sólo que las atroces consecuencias de aquello a pesar de la pericia de Kissinger en ejecutar el mandato del pueblo americano –atolondrado entonces por la contracultura y hoy por la posmodernidad– deberían hacer pensar a los americanos. Es que ahora es el propio éxito, ya sea relativo y parcial, y no el fracaso de las políticas seguidas, el que permite el repliegue.
Así que ante esta situación insólita, y junto al llamativo toque de atención, sustancialmente económico, del Tea Party, ha surgido otra disputa más discreta, pero aún más relevante a esta política de détente 2.0.
Benedicto XVI ha retomado con ánimo renovado la continuidad del papado liberador de su predecesor. Sus recientes manifestaciones en defensa de las minorías cristianas atacadas por fundamentalistas islámicos, a las que hay que añadir la abierta crítica a la limitación de la libertad religiosa y de conciencia impuesta por China, confirman que la libertad individual es algo más que un detalle en su agenda. Esta expresión pública deliberada de una alternativa moral a las oscuras fuerzas de la opresión es esencial y forma parte de las divisiones que tiene el Papa.
Lo que une ambos hechos es la apelación a la responsabilidad, uno de los fundamentos de Occidente, como correlato de la libertad personal e individual que es un deber proteger y promover.
Una de dos, o hay finlandización –que era la expresión que en la Guerra Fría identificaba la rendición pacífica a los postulados soviéticos– vestida hoy de multiculturalismo y alianza de civilizaciones, a la que un retraimiento americano nos abocaría; o hay un renacimiento de Occidente entorno a sus valores tradicionales, empezando por la libertad. Esto es lo que, cada uno a su modo, han recordado el Papa y los teapartiers en 2010. El asentamiento de esas tendencias es nuestra esperanza para 2011.
El año de la pulga
Zapatero y Rajoy han comparecido ante los medios casi simultáneamente para comunicar urbi et orbi cómo afrontan 2011. Éste será en China el año del conejo. Aquí en España podría ser el año del perro, naturalmente, del perro flaco, al que todo serán pulgas. Pero ya que todo serán pulgas, ¿por qué no inaugurar directamente el año de la pulga? De momento, el presidente del Gobierno y el líder de la oposición ya se han vestido de tales. Jesús, qué sarta de vaguedades, generalidades, obviedades y sinsustancias. Nos han endilgado dos clases magistrales de hablar y no decir nada, dos conferencias vacías. La imagen que sugieren nuestros dos líderes, el que está al cargo y el que aspira a sustituirle, es la del campo yermo, la del páramo en el que apenas son visibles ellos como dos pulgas escandalosamente irrelevantes.
Y cuando han dicho algo inteligible lo han hecho para engañar. Zapatero ha dicho que su Gobierno ha sido el de las políticas sociales, siendo como es el suyo el que está demoliendo a base de despilfarro el Estado de bienestar. Y Rajoy, que apoyará al Gobierno en lo que convenga a España, cuando lo que ha hecho hasta ahora es votar las medidas populistas y despilfarradoras que adoptó Zapatero en los comienzos de la crisis y se le ha opuesto siempre a partir del momento en que empezó a tomar unas pocas de las muchas necesarias que nos van imponiendo desde fuera.
Es verdad que de Zapatero nada bueno podemos esperar ya. Y también lo es que cabe la posibilidad de que Rajoy, aunque ahora no lo parezca, sea un gobernante serio y haga todo lo que hay que hacer para superar las crisis económica y política que nos atenaza. Pero el que sea posible no lo hace probable.
Aznar no pudo con los sindicatos y tuvo que envainarse una tibia reforma laboral por no enfrentarse a ellos. ¿Creen que será Rajoy quien se atreva a hacerlo? Aznar no tuvo valor para meter en cintura a las comunidades autónomas díscolas. ¿Lo hará Rajoy ahora que algunos de sus Gobiernos, especialmente el de Cataluña, se colocan abiertamente al margen de la ley y la Constitución? Aznar no quiso acometer la reforma política más urgente que necesita España, más aun que la de la reforma de la organización territorial, que es la de la justicia para que ésta sea de una vez por todas un poder independiente. ¿Está Rajoy en la idea de acometerla y renunciar a influir en los jueces?
Vivimos gobernados por políticos que no respetan las leyes, revestidos de privilegios económicos y legales, que no tienen empacho en tratarnos con el desprecio que no merecen ni los esclavos, que reparten el dinero que nos esquilman con los impuestos entre sus amigos, parientes y compañeros de militancia en forma de subvenciones y empleos públicos. Y no rechistamos. A lo más que aspiramos es a ser uno de ellos y, si eso no fuera posible, a entrar en el afortunado club de los perceptores de alguna subvención.
Es triste reconocerlo, pero probablemente tengamos lo que nos merecemos, dos irrelevantes pulgas entre las que elegir. Mientras España se desangra por un oscuro sumidero, nuestros dos líderes no paran de largarnos banalidades. Y lo peor no es eso, lo peor es que los demás nos quedamos embobados escuchándolas. País.
Los años no tienen la culpa
(Rafael S. Ferlosio)
Los años no son por sí mismos felices ni funestos, afortunados ni lúgubres; son como nosotros hacemos que sean. Si el 2011 se presenta sombrío es porque a los aprietos socioeconómicos se superpone en España una penosa crisis política que complica sobremanera el hallazgo de salidas viables. El escenario institucional está agrietado por el sectarismo, la clase dirigente permanece enrocada en un desencuentro estéril, el Gobierno ha perdido la autoridad moral y la sociedad civil no encuentra impulso. La estructura de liderazgo ha quedado resquebrajada después de siete años de parálisis funcional y amenaza con venirse abajo por simple efecto de atrofia. Falta pujanza social, eficacia administrativa, competitividad empresarial y generosidad política. Las instituciones se han desarrollado con una hipertrofia inversamente proporcional a su capacidad de respuesta. Y el tejido de dirección pública está desgastado, descosido, raído por la inercia de una mentalidad inadaptada a este tiempo de desafíos que obliga a una profunda revisión de conceptos, de estilos y de ideas.
Buen año en el corredor de la muerte
Disfruten cuanto puedan esta noche con sus seres queridos. Coman, beban y fumen –sean benévolos con los drogadictos familiares–, porque a partir del lunes todo seguirá igual... o peor. Si este annus horribilis invita a que las uvas nos obturen la faringe, el que viene nos aboca directamente a la respiración asistida. Así de cruel es el corredor de la muerte donde pretenden que electrocutemos nuestro modo de vida. Los argonautas que pilotan la nave extraterrestre Mercados nos bombardean con distintos misiles balísticos. Atienden por deuda soberana, ajuste fiscal y estructural, stock de vivienda, guerra de divisas... Por si fuera poco, somos para ellos unos vulgares cerdos, junto a Portugal, Irlanda y Grecia. PIGS. La S final es de Spain. Qué gracia tienen los alienígenas que hablan inglés. Pero es lo que hay. El sistema se propone que nuestros hijos y nietos paguen los supuestos excesos que hemos cometido. Y, ciertamente, alguien ha perpetrado abundancias en nuestro nombre. Por ejemplo, hemos abierto facultades en territorios vacíos de universitarios, aeródromos en terrazas de aldea y estaciones de AVE en pedanías. Hemos llegado a tal punto crítico que hasta Zapatero luce fe de converso y nos amenaza con cinco años más de penurias. Por eso, buena parte de nuestros jóvenes mejor preparados emigran. A Alemania, Estados Unidos, Reino Unido, Asia. Aquí, con una tasa de paro africana para la gente de su edad (40%), no podemos ofrecerles nada. Salvo ser funcionarios. No nos extraña que en esta coyuntura que padecemos hasta la vividora Carmen Lomana abogue, en paños menores, por cambiar “este gobierno de necios”. Dicen que la gente de edad acumula sabiduría. En nuestro caso, tememos que lo único que amontonamos es deuda y frivolidad. Buen año.
Rumbo sin capitán
Éste es el rumbo, afirmó ayer Zapatero con tono impostado de estadista responsable para defender los ajustes y reformas que le han impuesto desde Bruselas. Y me recordó otra de sus inolvidables sentencias para despedir el año: «La tempestad es fuerte, pero tenemos un barco sólido que conoce muy bien su rumbo». La pronunció en 2008, poco después de esta otra, que tampoco tiene desperdicio: «No subiría a un barco cuyo capitán tuviera dudas sobre cómo conducirlo». A los españoles no nos ha quedado otra que navegar con él al timón desde entonces.
La crisis ya estaba aquí a finales de 2007. Sólo los patriotas no querían verla. Zapatero agotaba su primer mandato y rechazaba cualquier rumbo que dificultara la reelección. «España –se jactó- ha entrado esta legislatura en la “Champions League” de la economía mundial». Un año después, con la tormenta desatada, tuvo que emplearse para tranquilizarnos en Nochevieja. El rumbo era el correcto y pronosticó que en 2009 estaríamos «con un tono vital de país mejor porque estaremos viendo cómo la recuperación económica la tocamos ya con las manos».
Cuando al presidente le tocó hacer balance de 2009 con las oficinas del INEM atestadas de parados y sin pájaro en mano, intentó seducirnos con cientos volando: «La economía española se encuentra en un momento de tránsito. Tránsito desde la recesión a la recuperación, que se confirmará en 2010. Y que esperamos pueda producir empleo en la última parte del año». Hoy despedimos 2010. Cualquier español conoce lo que separa la realidad de las palabras del presidente porque, con mayor o menor virulencia, lo padece en sus carnes.
Ni reformas, ni austeridad. Hace un año no era indispensable nada de lo que el presidente defendió ayer. Tampoco la reivindicada necesidad de gobernar pensando en el futuro. Dice Mefistófeles en “Fausto”: «Ante todo, debéis aferraros a las palabras; entonces ingresaréis por la puerta segura; al templo de la certeza». Desde luego, no será con las de Zapatero. El rumbo que defendió ayer con la fe del converso seguramente sea esta vez el correcto, pero después de tanta singladura errada, ya agotó su crédito como capitán.
jueves, 30 de diciembre de 2010
El autoengaño de Lassalle
La razón por sí misma no mueve a nada, Aristóteles dixit. Son las pasiones las que mueven a las personas. Si las pasiones hubieran sido moldeadas por la selección natural, el deseo de poder sería una de las pasiones más fuertes, ya que no existe mayor oportunidad para dejar descendencia numerosa que la detentación de poder. La escuela de la Public Choice de economía explica con un acierto asombroso la política en base a la hipótesis de que los representantes atienden a sus intereses personales exclusivamente. No es porque los políticos sean conscientemente mentirosos todo el tiempo acerca de los valores y virtudes que representan, sino porque ellos mismos se creen que trabajan para la sociedad cuando en realidad son esencialmente egoístas. El autoengaño siempre opera a favor de uno mismo y la razón, esclava de las pasiones, encuentra en el autoengaño el cerrojo perfecto. La política es el campo de la primera división donde juegan los engañadores más sofisticados que produce cada generación. Todos los mecanismos de control –desde la separación de poderes y el gobierno limitado hasta el imperio de la ley de la democracia liberal– tienen estas verdades en frente desde el primero al último de sus preceptos. O eso nos creíamos... hasta que llegó Lassalle.
No conocía gran cosa del tal Lassalle excepto que es el gafapasta del PP preferido por Rajoy, ese famoso político que dormita visionando Teledeporte y que desayuna con el Marca. Además, Lassalle es el donnadie que tuvo la desfachatez de despachar a María San Gil. ¿Qué se ha creído ese Lassalle? Es una mezcla de Pepiño y Caldera, igualmente engreído. Pero no acaban aquí sus paralelos con el mundo del zapaterismo.
Lassalle ha publicado un libro titulado Liberales: el compromiso civico con la virtud. Ningún liberal ha negado lo buenas que son ciertas virtudes para la vida política, pero eso no les hace ser lo que Lassalle quiere que sean. Porque Lassalle está empeñado en que el liberalismo y el llamado republicanismo son la misma cosa.
El neorrepublicanismo parte del republicanismo de los antiguos pero sin limitar el poder por medio del respeto a la tradición y sin el moderno equilibrio de poderes de la democracia liberal. Para el neorrepublicano, el poder se justifica, no se limita. Y se justifica por medio de la participación ciudadana en la política, que debe sustentar con sus votos, sí o sí, a una meritocracia de la virtud en la que los valores a destacar dependen los gustos particulares de cada neorrepublicano. Como todo ingeniero social, sin ataduras con la tradición y sin tener en cuenta sus limitaciones, el neorrepublicano se inventa unos valores minimalistas, acordes con su visión, que dada su condición humana, es estrecha e ignorante. Y así, por realimentación, se cierra una espiral que conduce inexorablemente al totalitarismo mediático, educativo y legal que estamos padeciendo.
Porque tanto Lassalle, el ideólogo de Rajoy, como Torres Mora, el ideólogo de ZP, son seguidores de los mismos ideólogos neorrepublicanos: Pettit, Viroli, Pocock o Skinner. Para entender hasta qué punto ZP, Lassalle y los ideólogos neorrepublicanos forman un solo bloque ideológico, basta decir que uno de esos últimos, Pettit, es coautor de un libro sobre Zapatero que se subtitula "el republicanismo cívico de Zapatero". En ese libro puede encontrarse una apología de la acción política de ZP y toda la palabrería de Lassalle.
Pettit escribe ese libro a medias con un sociólogo de la Pompeu Fabra, la misma universidad donde da clases la mujer de Lassalle, socialista catalana. Para todos ellos, Aznar, Reagan y Thatcher son "neoliberales y libertarios" .Y entonces... ¿quiénes son los liberales? Por supuesto Lassalle el virtuoso y su jefe, el lector del Marca. ¿Qué quiere decir todo esto? Que Lassalle ha escrito acerca del concepto de liberal que tenía en mente ZP cuando decía que él era liberal. Y quiere decir también que Rajoy, después de su claudicación, es un peligro casi mayor que Zapatero.
Además del concepto de virtud cívica, que lleva a la Educación para la Ciudadanía, y a la larga al adoctrinamiento totalitario, en Pettit está el concepto de "no dominación": el Estado debe vigilar para compensar las desigualdades entre particulares. Por tanto, todo grupo de presión de presuntos agraviados, ya sean gays, feministas militantes, presuntas víctimas de la guerra civil, sindicatos o en general cualquiera que quiera vivir del cuento pueden estatalizar sus odios y ZP o Rajoy, a través de la iluminación centrista de Lassalle, los vengarán mediante leyes de igualdad, de memoria histórica, de justicia redistributiva y generosas subvenciones.
Torres Mora dice claramente que el neorrepublicanismo brinda la "gramática" necesaria para los cambios que ZP quiere hacer en la sociedad española. Yo creo que lo que justifica esa gramática es un nuevo totalitarismo. Lassalle ha recorrido también su camino de autoengaño a favor de su poder personal desde sus tiempos de pelota de Aznar en FAES a ideólogo de la oligarquía partitocrática que manda aquí. Para hacerlo, en su libro ha confeccionado una tortilla de patatas neorrepublicanas de la Pompeu con sobras de cebolla liberal, revuelto en una pasta de verborrea centrista. Que se la coma el que tenga estómago. Y luego, que vote a Rajoy.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
El año de los inocentes
Pablo Molina en Libertad Digital
2010 ha sido el año de la inocentada constante para un gran número de españoles, en realidad la inmensa mayoría, obligados a contemplar a una clase política que sigue encantada de haberse conocido y ajena a su grave responsabilidad en el deterioro alarmante de las condiciones de vida de sus compatriotas.
Por poner sólo unos pocos ejemplos a vuelapluma, Bibiana Aído es una inocentada con mechas, al igual que su colega y hoy superiora Leire Pajín; las pintorescas correrías de Zapatero en los foros internacionales, ora dormitando ora buscando su lugar para hacerse una foto, son inocentadas para solaz de la prensa extranjera; los sindicatos españoles son una panda de cachondos dedicada a embromar a los que financiamos sus francachelas; las elecciones catalanas han sido una coña de la que ha surgido un Gobierno capaz de hacer que olvidemos a su antecesor, el Gabinete autonómico más lamentable que ha padecido una región civilizada; y mientras toda esta tropa se divierte colgando muñequitos recortados en la chepa del contribuyente, la oposición se dedica a disfrutar del espectáculo esperando su turno, no en vano tiene en los lugares en que gobierna a varios equipos de bromistas que podrían disputarle el primer puesto a los sociatas, tradicionalmente los más atrevidos a la hora de reírse de los ciudadanos que han de sufrir sus atropellos.
Aquí las inocentadas se suceden a lo largo de todo el año porque ya es imposible concentrar tal volumen de mal gusto en tan sólo veinticuatro horas. Por eso, aunque el santoral católico conmemora hoy la matanza de niños llevada a cabo por Herodes el Grande, Rey de Judea con permiso de los romanos, nuestros políticos celebran a diario la efeméride utilizando especialmente a las nacientes generaciones de españoles. No degüellan a los varones, porque los gobiernos actuales son más civilizados y mucho más igualitarios que hace veinte siglos. Ahora simplemente abortan a la mitad, y a los que sobreviven les imponen un diezmo de unos treinta mil euros para que lo vayan pagando poco a poco durante su vida laboral.
Es normal, por tanto, que la tradición de incluir una noticia absurda en las portadas de la prensa o intercalada en los noticiarios televisivos cada 28 de diciembre se esté perdiendo. Con la tragedia estrambótica provocada por ZP de forma cotidiana nadie sería capaz de identificar una de estas inocentadas al vuelo. Excepto Rubalcaba, claro, pero es que él, de inocente tiene los justito.
martes, 28 de diciembre de 2010
lunes, 27 de diciembre de 2010
Arte de hacer dinero
viernes, 24 de diciembre de 2010
Cuento de Navidad
Estaba harto de teñirse las canas para las entrevistas de trabajo, un empeño que sólo le servía para humillarse ante sí mismo; los jefes de recursos humanos echaban una ojeada al currículum y al ver la fecha de nacimiento le hacían unas preguntas corteses antes de decirle que ya lo llamarían. A su edad empezaba a contemplar en serio la oscura evidencia de no volver a encontrar empleo. Llevaba dos navidades en el paro y le deprimía enfrentarse a la tercera en medio de una crisis de vacío, incertidumbre y desasosiego.
Una tarde coincidió en el portal con una vecina enferma de alzhéimer a la que estaba acostumbrado a saludar en sus casuales encuentros sin obtener más respuesta que una leve sonrisa ensimismada, pero esta vez ella le habló como si estuviera dirigiéndose a su hijo y le reprochó lo poco que iba a verla con un cierto deje de amargura. La mujer que la acompañaba, una colombiana de ojos grandes y dulces, le indicó por señas que le siguiera la corriente y él se dejó regañar con naturalidad y arguyó que estaba sobrecargado de trabajo. Al salir del ascensor la anciana le franqueó el paso hacia su casa y se sintió obligado a entrar para evitar una situación conflictiva; se sentó con ella en un salón lleno de fotos antiguas y se quedó un buen rato sintiéndose útil mientras escuchaba a aquella dama ausente dentro de sí misma que le contaba abstractas escenas familiares que jamás había vivido. Luego pareció adormilarse en su propia bruma y entonces la asistenta le explicó con inevitable zozobra que la señora de la casa era soltera sin hijos ni más parentela que un hermano distante que socorría sus gastos de supervivencia. Se fue con una desazón casi culpable ante aquel silencioso drama de olvido, soledad y desamparo.
El día de Nochebuena las vio de lejos cuando regresaban de un paseo y se dejó llevar por el impulso de hacerles una visita. La vecina estaba delante del televisor y lo miró con extrañeza cuando dijo que venía a felicitarle la Navidad; él sintió una punzada de desconcierto al darse cuenta de que el almanaque se le había extraviado en la niebla neuronal y no supo cómo controlar aquel momento de embarazo. Entonces la acompañante lo invitó a sentarse con un gesto de complicidad y en un tono de mucha dulzura ponderó ante la enferma el cariño de su hijo. La mujer le cogió la mano con ternura y empezó a relatarle borrosos episodios de una vida familiar tal vez escrita en la pizarra húmeda de su ensueño, que intercalaba con preguntas muy precisas sobre cómo le iba en la vida. Tuvo que inventar respuestas sobre un trabajo que no tenía él y unos nietos que no tenía ella; la tarde se le fue entera en aquella piadosa simulación de la que no sabía cómo escapar y en un momento dado se le quebró el alma cuando ella alargó la mano hasta sus sienes, se las acarició muy delicadamente y le preguntó con afectuoso aire maternal por qué se teñía el pelo.
domingo, 19 de diciembre de 2010
Satrapías y belenes
Ahora mismo, toda la vieja ideología y retórica de hace más de siglo y medio, sigue segregando la escolástica necesaria para que las explicaciones, comprensiones, y justificaciones de un lenguaje que siempre es el políticamente correcto y conveniente para encubrir cualquier tipo de barbarie, según ya Tucídides avisaba, a propósito de los sucesos de Corcira. Mientras que el necio humanitarismo masoquista de nuestra cultura de moda propondrá una vez más su «mantra» sagrado de que la violencia es perfectamente inútil, aunque sabemos que se ha llevado por delante millones de personas y pueblos y culturas enteros, o que queda justificada y hasta es sagrada, porque es la expiación y vindicta, igualmente sagrada, de ciertas injusticias, y puede explicarse y perdonarse sencillamente por el simple color ideológico de las víctimas o el de los verdugos.
Lo que se nos prohíbe es sentir horror por el mal y compasión por quienes lo padecen, preguntar inoportunamente por la burla de la razón y de la misericordia, y, desde luego, por toda nuestra necia confianza en los grandes pasos que llevamos dados en lo oscuro hacia la configuración y funcionamiento de un progreso, que conlleva la destrucción necesaria de miles de seres humanos.
No hace tanto que George Gadamer, lúcido a sus cien años, al referirse, poco antes de morir, a la ruta perversa que la historia de los hombres ha iniciado, y en la que también nos veía muy avanzados, afirmaba que sólo una gran catástrofe podría sacarnos de nuestra ceguera y nuestra insensatez. Pero a mí me parece un precio injusto, y del que no cabe esperar bondad alguna. La terrible palabra de Hobbes, que dice que los hombres sabemos que somos iguales porque nos podemos matar los unos a los otros, es la única encarnación real del célebre y pomposo tríptico de libertad, igualdad, fraternidad, con cuya retórica llevamos doscientos años mareándonos hasta dar por ultimo con el descubrimiento de la clonación de la especie como ganado de granja.
Nunca veremos lo que no queremos ver, y no hace falta un hecho horrible más –ya hay demasiados–, porque sabemos de sobra, por ejemplo, que el odio produce la muerte, la banalización de nuestras vidas y la cháchara sobre la inexistencia del mal y de la verdad produce la indiferenciación entre víctimas y verdugos, y hombres vacíos y redondos. Ya fue más que anunciado todo esto en la literatura –pongamos por caso Eliot y Nietzsche, las profecías de los «Demonios» de Dostoievski y algunas novelas de Huxley–, y la literatura no miente.
A quienes están familiarizados con esas escrituras o con las de la vieja Biblia, precisamente porque viven en lo real y no en la fabricada burbuja de un mundo supuestamente habitado por la plenitud de los deseos cumplidos, no puede sorprenderles en absoluto lo que ocurre delante de nuestros ojos. Saben que las viejas y nuevas satrapías se sostuvieron siempre del mismo modo; –digamos como faraones o al «estilo asiático» de tártaros y mongoles– sobre un control de la población mediante el infanticidio en sus varias formas, la ausencia de una educación seria y libre, una expropiación a través del impuesto confiscatorio, y la utilización esclavista de unos seres de desgracia, que son quienes sostienen los tinglados del poder. Y todo el mundo debe ser censado y conocido, precisamente para ser transparente y útil para el Augusto César.
El poder prefiere siempre que el mundo de sus gobernados sea como una casita de cristal, en la que no pueda esconderse ni un mal pensamiento, y donde no haya nadie que suba en estos días invernales al trastero de su casa y baje con una caja de cartón con figuras de barro para poner un belén, o teatrillo del mundo en torno a un niño en un pesebre ante el que se arrodillan unos reyes estrelleros. Son cosas que no pueden ser más políticamente incorrectas, y no gustan al Divino César. Pero nos defienden de las satrapías, y son nuestra alegría navideña.
jueves, 16 de diciembre de 2010
15 de enero
«La aldea está en peligro, necesitamos una nueva marmita de pócima mágica para resistir el avance del César», no es un fragmento de «Astérix y Obélix», es la parte esencial de la declaración de intenciones que recoge la petición de ampliación del estado de alarma. Cámbiese Astérix por Rubalcaba y manténgase al César, (Cabo), como la amenaza que socava los principios de unos galos. Para mayor dramatismo cójase una foto cenital de «Google maps» y rodéese con un círculo rojo el entorno de La Moncloa, ahí aparecerá la aldea, y todo lo que la rodea es el peligroso mundo exterior.
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