martes, 29 de marzo de 2011

Comunión de intereses

Hermann Tertsch en ABC

SORPRENDE pero es habitual en las cataduras más torvas. Cuanto más soberbios y arrogantes son frente a los adversarios legítimos, más obsequiosos y serviles en turbios cambalaches clandestinos con socios vergonzantes. Resulta casi conmovedora la angustiosa necesidad de complacer a sus interlocutores que muestran los negociadores del Gobierno de España en la última entrega de la larga historia de la infamia de la negociación con ETA que ayer publicaba «El Mundo». Es admirable la empatía que revelan los hombres de Zapatero hacia las inquietudes de los terroristas. Con una mínima fracción de la misma hacia la oposición, en los últimos siete años, no estaría nuestro país en su actual estado de postración económica y social, crispación política ni deriva cainita. Pero a cada uno hay que tratarlo como lo que es. Los etarras son unos socios para un proyecto conjunto, a llevar a cabo con discreción y malicia, no vayan a saber los españoles lo que estamos cocinando. «Hemos intentado minimizar ciertos hechos por y para el proceso; lo que perjudica al Gobierno os perjudica también a vosotros y al contrario». Lo que es malo para ETA es malo para Rodríguez Zapatero, le intentan convencer al etarra. Que no se fía mucho. No se le puede reprochar. ¡Menuda tropa! Si engañan así a sus electores y a la población. Si tratan a sus propias leyes y a la opinión pública como obstáculos para su negociado. ¡Cualquiera se fía de sus promesas de impunidad! Pero las hacen con insistencia. «Se les ha comunicado a la Policía Nacional, a la Guardia Civil, a la Ertztaintza y a la Policía francesa que no hagan detenciones, y ha sido muy difícil pues estas órdenes no se dan por escrito». Ya saben, no se fíen de la Policía. Puede surgir un arrepentido y sacar un papel. Si no lo hay, basta con tacharlo de mentiroso y amenazar con liquidarlo profesionalmente. Alfredo es experto en esto del terror disciplinario en Policía y Guardia Civil. Al fin y al cabo, está para eso. «El Gobierno ha hecho modificaciones con la intención de blindar el proceso: cambios de Gobierno, cambio del fiscal jefe de la Audiencia Nacional». Es cuando hubo que cargarse a Fungairiño, ya saben, el facha de la silla de ruedas que se empeñaba en derrotarles. En fin, todo por el buen rollo. «El Gobierno ha hecho lo imposible en el campo de la judicatura (…) pero el PP ha encontrado su agarradero en jueces y víctimas». Qué remedio, hay que hablar de los enemigos de la paz. «No contábamos con el nivel de ataque del PP, de la mayoría de la prensa y de la AVT». «Los jueces se han convertido en un instrumento del PP y hacen cosas que en otra situación no harían». Por eso ETA debe saber que si cree que hay más represión, «de ninguna manera obedece a un plan diseñado por el Gobierno». Hay que recordarles que se les ayuda a ocultar el impuesto revolucionario. «El ministro tiene un montón de cartas que no ha hecho públicas. Sabiendo que se pide dinero, decimos que no consta que se pida». Y no preocuparse, que tenemos el erario público. «Si el problema es el dinero, siempre se podrá arreglar a través de una organización internacional». A cambio, un poco de comprensión para mantener las formas. «El Gobierno, por medio del fiscal ha actuado convenientemente, pero ante los jueces tiene un tope. Con la Policía, antes del juez, el Gobierno puede actuar, pero al revés no». Poco cabe añadir. Esto, señores, no es el protocolo de una colaboración, no. Esto es más. Es comunión de intereses.

Al servicio de ETA

Editorial de Libertad Digital

Las nuevas revelaciones sobre el soplo a ETA en el bar Faisán muestran con toda su crudeza la claudicación del Gobierno y de los aparatos del Estado que controla ante la banda terrorista. En síntesis, las actas que minuciosamente levantaban los negociadores de ETA de sus conversaciones con los interlocutores del Gobierno desvelan un amplio repertorio de concesiones: desde una supuesta orden a las fuerzas de seguridad, tanto españolas como francesas, para que no se produjeran más detenciones hasta la posibilidad de engordar las finanzas etarras al margen del mal llamado impuesto revolucionario, así como las quejas del propio Gobierno sobre las víctimas, algunos jueces, el PP y determinados medios de comunicación o los cambios de ministro y de fiscal como pruebas evidentes de la voluntad gubernativa de superar cualquier obstáculo en la negociación con ETA.

La única reacción del ministro Rubalcaba ha sido el silencio, un espeso mutismo con el que pretende desacreditar la fuente de estas informaciones. Es obvio que ETA carece de toda credibilidad democrática, pero también es obvio que sobre la veracidad de las actas de ETA hay un consenso generalizado en atribuirles características cuasi notariales. Sobre esa premisa, los nuevos datos procedentes de los documentos incautados a la banda describen un contexto en el que todo valía con tal de asegurar el éxito de una negociación que la banda decidió abandonar con la bomba en la T-4 que causó dos víctimas mortales.

Pedir explicaciones a Rubalcaba sobre esas negociaciones es un esfuerzo que no por inútil deba dejar de practicarse, así como exigir su dimisión, otro desempeño tan frustrante como inevitable ante el cariz del caso Faisán y las grotescas y groseras implicaciones del titular del ministerio, de su número dos y de algunos responsables policiales.

No parece factible que el ministro deje de cantar bajo la ducha para cantar ante un juez, pero eso no debería ser óbice para que el jefe de la oposición le dedicara algo más que una pregunta de rigor en la próxima sesión de control. Los últimos datos sobre esa negociación con ETA deberían provocar en el PP una seria reflexión sobre el apoyo que Rajoy presta al Gobierno en materia antiterrorista. No se trata de romper ningún consenso entre otras razones porque el propio Rubalcaba y los enviados gubernativos hacen befa y mofa del Pacto Antiterrorista, sino de ejercer la oposición con la contundencia necesaria para que, al menos, Rubalcaba no se crea que está por encima del bien y del mal, que no le afectan los supuestos delictivos que se infieren de lo acontecido en el bar Faisán y en los contactos con la banda armada.

lunes, 28 de marzo de 2011

Los intestinos del trato

Cristina Losada en Libertad Digital

Parapetado tras dos principios respetables, que ha incumplido con tesón, el Gobierno quiere sacudirse el enojoso asunto de las actas incautadas a ETA sobre el episodio del Faisán. No es para menos. La exclusiva del diario El Mundo presenta a los enviados de Zapatero tan servil como intensamente dispuestos a contentar a los criminales. De todo les ofrecen a fin de apaciguarlos, igual que los aldeanos atemorizados por monstruos insaciables en fábulas y cuentos, y nunca jamás dicen basta. Ni honor ni orgullo, ya perdidos de antemano al acceder a tal descenso, a ese chalaneo en el que parten humillados tras reconocer que el asesino tiene la sartén por el mango. Aunque en el yermo moral que reflejan los papeles, sobresale el impúdico cinismo de quienes no conocen ley ni justicia que no puedan ser vulneradas y torcidas. Al punto de que cuando, por un mal azar, no es posible alterar su curso, ofrendan cabezas cortadas y enemigos a los que habrá que dar un tajo. Así son los intestinos del trato.

No veracidad, no publicidad. Tras esos burladeros se han refugiado el secretario de Estado de Interior, Antonio Camacho, y el Gobierno en pleno, por tanto. No comment, pues, ya que no se puede dar credibilidad a una banda terrorista ni publicidad a sus notas ni comunicados. Qué tardía y oportunamente recuerdan esas elementales normas. Lástima que Zapatero, sus ministros y su partido las violaran una tras otra. Tanta veracidad confirieron a la palabra de la ETA y tanta publicidad le concedieron, que el propio presidente glosó, jubiloso, aquel comunicado de tregua y, con las campanas de la paz, verificó el "alto el fuego" y el engaño a la opinión pública. Entonces, había que creer a los terroristas y los no creyentes eran escoria: mala gente que no deseaba el final de la violencia, ¡que quería que hubiera más muertos! Ahora, sin embargo, los criminales son mentirosos. Claro. Por más que un tópico absurdo predique que "nunca mienten". Pero el atolladero del Gobierno se erige sobre las mentiras propias.

Desde el atentado de la T-4, los socialistas asumieron el papel de una caperucita que se encontró, de repente, sorprendida, con las garras, los dientes y la ferocidad del lobo. Quién nos iba a decir que eran tan malos. Pero su conducta, su decidido asalto al Estado de Derecho en beneficio de la negociación con ETA, desmiente la inocencia. Esas actas publicadas no desmienten, en cambio, los actos y los hechos vergonzosos.

Dimisión ya… y después, cárcel

Regina Otaola en Libertad Digital

Si ante la información que recoge hoy El Mundo no pasa nada es que ya no nos queda ni pizca de dignidad, que no nos corre sangre por las venas sino horchata. Qué vergüenza siento al constatar la verdad pura y dura de lo que muchos opinábamos. Es un asunto tan, tan serio que sólo admite la dimisión del Ejecutivo en bloque. No podemos aguantar ni un minuto más con un Gobierno que no solo nos arruina económicamente sino democráticamente. Un Gobierno que negocia con los etarras, que les chiva para que la Justicia no caiga sobre ellos, que niega la existencia del chantaje vil a los empresarios, que es capaz de vender a su propia madre, no puede seguir al frente del Gobierno de una Nación que se quiere democrática.

Debería presentarse en el Congreso una moción conjunta del resto de partidos para forzar a Zapatero a dimitir y convocar nuevas elecciones, a pesar de lo que diga Botín. No es posible seguir cayendo por el precipicio de la ignominia sin querer despertar ante la realidad.

Lo que ocurre es que como estamos en la segunda parte de la negociación, nadie va a mover un dedo porque en el fondo muchos consideran que es mejor llegar a negociar que acabar con la banda terrorista por medio del Estado de Derecho.

El día 9 hay que estar en Madrid, hay que ir a la manifestación, hay que pedir la dimisión del Ejecutivo y la cárcel para Rubalcaba, para el mismo presidente del Gobierno y para todos los que de ahí para abajo han colaborado fehacientemente con ETA y contra el Estado de Derecho y la Nación española.

Si el ministro del Interior quiere cantar, que cante tras los barrotes pero que no sigan tomándonos por el pito del sereno a los españoles. Esa manifestación debería llegar incluso hasta La Moncloa para gritarle al presidente Zapatero a la cara lo que pensamos los españoles, víctimas y no víctimas.

Si dejamos pasar este asunto sin mover un dedo, luego no lloremos, tendremos lo que merezcamos porque es una verdad como un templo que se fomenta lo que se permite.

Aquí no pasa nada...

Jiménez Losantos: "Lo de hoy es para que Rajoy vaya a ver al Rey a Zarzuela"

Con lo bien que se está viendo Teledeporte...

El abandono de la legalidad

César Vidal en La Razón

En 1648, después de tres décadas de guerra, se firmó en la ciudad de Westfalia la paz que lleva su nombre. Además de las variaciones fronterizas que contenía el acuerdo, en la citada paz se recogieron dos principios esenciales para comprender la Historia del Derecho Internacional de los siglos posteriores. El primero fue el reconocimiento definitivo de la libertad religiosa como derecho fundamental en el imperio alemán, donde en adelante nadie podría ser perseguido o sometido a una situación legal de segundo orden por pertenecer a una u otra confesión; el segundo fue el principio de no intervención armada en los asuntos internos de las naciones a menos que el Gobierno en cuestión significara una amenaza para la paz internacional. Ambos principios fueron recogidos tres siglos después en la Carta de las Naciones Unidas, cuyo artículo 2.7 estipuló que la intervención armada internacional sólo tendría lugar cuando se hubiera quebrantado la paz internacional entendiendo ese peligro, fundamentalmente, como un traspaso o variación de fronteras. Ese principio impulsó la guerra de Corea y las dos guerras de Irak ya que, en el primer caso, una dictadura comunista y en el segundo, la dictadura de Saddam Hussein, constituían una amenaza internacional y habían procedido a invadir territorio ajeno. Ese principio también fue el que impidió que la ONU concediera su apoyo a intervenciones militares como la de India en Pakistán para ayudar a la independencia de Bangladesh o la de Tanzania en Uganda para derribar al sanguinario Idi Amin. Sin embargo, ese principio ha sido cuestionado de manera frontal en los últimos años y de manera frontal por la resolución 1973 relativa a la intervención militar en Libia. La dictadura de Gadafi ha ayudado, financiado y refugiado en el pasado a grupos terroristas, pero no era la situación actualmente. Tampoco había invadido el territorio de ninguna de las naciones con que limita Libia y nada parece indicar –de hecho, nadie lo ha sugerido– que existiera ese peligro. La decisión de Naciones Unidas constituye, por lo tanto, una desviación grave de la doctrina jurídica de siglos y, precisamente por ello, es preocupante.

¡Pobre niño!

Gabriel Albiac en ABC

Arthur Rimbaud tenía 17 años cuando escribió Le bateau ivre. A los 21, Isidore Ducasse había dado ya a la imprenta los Cantos de Maldoror. Saint-Just tenía 25 cuando impuso a la Asamblea el regicidio de Luis XVI y volcó el destino del mundo. A los 12, Blaise Pascal había reinventado la geometría euclídea. Santiago Carrillo no había cumplido 22 cuando hizo asesinar a cientos de ciudadanos en Paracuellos. Hölderlin andaba por los 25 cuando, junto a sus colegas de estudio Schelling y Hegel, redactó el primer proyecto de sistema de lo que iba a ser el idealismo alemán. Cuando John Keats muere, no ha cumplido los veintiséis; dejaba una de las obras poéticas más medidas y sabias de la historia moderna. A la misma edad, Alejandro de Macedonia había conquistado ya medio mundo conocido… En nuestro loco presente, todos ellos hubieran sido tiernos beneficiarios del «Carné Joven», que clasifica como inválido mental a todo aquel que no haya cumplido los treinta años. Nuestros hijos acabarán en el manicomio. Pero los muros de ese manicomio de la infantilización los hemos alzado nosotros. No es inocua esta locura provocada, planificada casi, que hace, en vez de humanos adultos, animales irresponsables, por tiempo desmesurado y, en la práctica, ilimitado, a las crías de humano. No serán adultos. Nunca. No serán hombres. Pero sabrán matar. Demasiado pronto.

Tomás Gómez propone

Carlos Rodríguez Braun en Libertad Digital

El secretario general del PSM-PSOE, Tomás Gómez, ha anunciado lo que pretende hacer si gana las elecciones autonómicas del próximo 22 de mayo.

De entrada, quiere crear un banco público "que financie a los emprendedores, a quienes tienen ideas y a quienes generen empleo en la sociedad madrileña". Pero la crisis fue alimentada precisamente porque hubo financiación excesiva, financiación que se dirigió hacia quienes tenían ideas y generaban empleo, como el abundante empleo que se creó en la construcción. Todo fue promovido por un sistema financiero que don Tomás no sólo no quiere contener sino que quiere ampliar aún más. ¿De dónde saca él que su banco público no caerá en los excesos y la mala administración de los privados?

La otra idea del señor Gómez es subir los impuestos. Se ha comprometido a generar un sistema impositivo "más justo" en el que pague más quien más tiene, y "ésos son los bancos y las instituciones financieras", a los que impondrá un impuesto. Dejemos aparte la cuestionable idea de que sea más justo castigar a quien más tiene, y el laberinto en el que se pierden los políticamente correctos al no aclarar nunca si la víctima debe ser quien más tiene o quien más gana. Concentrándonos sólo en la propuesta de don Tomás, resulta claro que un impuesto a los bancos no lo acabarán pagando los banqueros sino los ciudadanos, porque a ellos se trasladará el gravamen. Tomás Gómez, así, apunta a empobrecer a los madrileños.

Tras demonizar convenientemente a la oposición ("quieren ganar el 22 de mayo para imponer el copago sanitario") terminó de modo entrañable. Después de todo lo que dijo sobre bancos e instituciones financieras, les pidió a los madrileños, para ganar las elecciones, ¡un crédito!


Pepón y Freddy

Emilio Campmany en Libertad Digital

La izquierda nunca ha brillado por su sentido del humor. Pero, de vez en cuando, surge alguien con fogonazos de ingenio. En la II República, cuando Ossorio y Gallardo se opuso a la ley de divorcio preguntándose retóricamente ¿qué haremos con nuestros hijos?, Pérez Madrigal le espetó desde el escaño: "de momento al suyo lo hemos hecho subsecretario". Se acabó el discurso antidivorcista. Alfonso Guerra no era Pérez Madrigal, pero tenía su gracia con lo del chaleco floreado o cuando decía que Soledad Becerrill era Carlos II vestido de Mariquita Pérez. No está mal para un sociata.

Lo de ahora da pena. La broma del Sin ti no soy nada, además de no ser muy graciosa, es un insulto a las víctimas del terrorismo. Porque el humor, bueno o malo, es contraproducente cuando se emplea para ironizar sobre las cosas más serias. Y lo de que la Policía avise a un terrorista de que va a ser detenido y escape no es algo para gastar cuchufletas. No me explico que ningún diputado del PP no le espetara desde el escaño, a cappella, sin micrófono, algo así como "¿Y por qué no se la cantas a la viuda de Gregorio Ordóñez? ¿O a la de Fernando Múgica?". No hubiera tenido gracia, pero hubiera puesto en evidencia la poca que tenía la ocurrencia de Freddy.

Ahora va el tío, se les aparece a los castellano-manchegos para presentarles a Barreda, como si no lo tuvieran ya hasta en la sopa, y se encuentra más gracioso que nadie. Y, para demostrarlo, no se le ocurre otra cosa que acusar a Rajoy de pronunciar frases incomprensibles. Lo dice él, que es la mano derecha de un individuo al que no se le entiende la mitad de lo que dice y que, cuando se le entiende, es peor porque no son más que tonterías.

A otro que le gusta recrearse en su sentido del humor es a José Bono. A éste le ha dado por el halago hiperbólico dirigido a Rubalcaba cuando lo tiene delante. Se le nota muy bien que lo va a volver a hacer porque empieza llamándole, con voz acaramelada y mirada sedosa, por su nombre de pila. Luego, se pone en plan espejo de la reina de Blancanieves y le dice que no hay nadie más listo que él. Esta vez lo ha hecho de este modo: "Alfredo, has sido muchas cosas, quiero decirte que siempre que te hemos necesitado nos has apoyado, con el agua, con las carreteras y cuando eras diputado por Toledo", como cunero de porquería, podría haber añadido.

Éstos son los listos. Cómo serán los tontos, que lo que conocemos es sólo una muestra. Y Botín, haciéndole la pelota a Zapatero. Y Pedro J. confundiendo a Homero con Apolonio de Rodas y la Odisea con las Argonaúticas. Así, ni arreglamos el país ni metemos al director de El Mundo en la Academia. Pena de país.

domingo, 27 de marzo de 2011

Por qué a la izquierda le saldrá gratis lo de Libia

Pablo Molina en Libertad Digital

En España se da la curiosa circunstancia de que la derecha política es la primera que sostiene la matraca histórica del socialismo como promotor y garante de la paz y los derechos humanos, de forma que no es extraño que nos luzca el pelo nacional de la forma en que lo hizo el martes pasado en el congreso de los diputados.

¿Qué hacemos en Libia? Pues no lo sabemos, porque de hecho ni siquiera el gobierno tiene claro qué hemos ido a hacer allí. La ministra soldados-digan-conmigo-viva-España afirma que hemos acudido para intentar acabar con Gadafi, Zapatero dice que eso ni pensarlo, y la sucesora de Moratinos rinde homenaje a su antecesor informando a la opinión pública de que eso no es una guerra; de hecho, no es ni un ataque aéreo, sino tan sólo una resolución de la ONU.

O sea, que le hemos declarado una resolución de la ONU a los libios, a unos cuantos centenares de los cuales nos vamos a cargar... no con las bombas de los aviones y los misiles de los barcos, sino por culpa de un golpe mal dado con el reglamento del procedimiento administrativo en el ámbito internacional. Un consuelo para los caídos en esta resolución de la ONU, que al menos se van al otro barrio no como víctimas de una ofensiva armada, sino por un leñazo democrático, asestado con el destilado doctrinal del derecho de gentes que recoge el documento aprobado por el consejo onusino de seguridad.

Por su parte, los actores, cineastas, escritores, columnistas, payasos televisivos y demás gentes de la cultura (sic) siguen sin dar un mugido más alto que otro. Son tan buenos actores, que aguantan perfectamente la risa mientras dicen que la "operación" de Libia es legal, legítima, justa y necesaria, a diferencia de la guerra de Irak II, porque ahora hay un documento de la ONU que dice que el que quiera ir a pegar petardazos a los libios puede hacerlo con la bula de Su Laicidad Ban Ki-Moon.

¿Por qué le va a salir gratis la fantochada bélica de Libia a los sociatas? Pues porque la derecha es más izquierdista que ZP y porque todavía hay dinero mantener callada a la gente de la cultura con abundante forraje presupuestario. El dinero acabará acabándose –con perdón–, por la propia dinámica del derroche público. Pero lo del izquierdismo de la derecha, por desgracia, no cambiará jamás.

Interpretación del lince

Antonio Burgos en ABC

La verdad es que yo lo echaba de menos, pero sabía que estaba al caer. Me despertaba por la noche sobresaltado y me preguntaba: ¿Habrán puesto ya estos señores el Centro de Interpretación del Lince? ¿Quiénes lo harán? ¿Los de la Junta de Andalucía, que son muchísimo del lince, casi tanto como de los EREs, o los del Ministerio de Medio Ambiente, que son tela de partidarios? Han ganado los del Ministerio. Acaban de inaugurar en la marisma huelvana, kilómetro 8 de la carretera de Almonte a El Rocío, el Centro de Interpretación del Lince. Todo lo que les he dicho sobre esta moda de tirar el dinero, pero monográfico sobre el lince, allí lo tienen: zona de recepción, salas de exposición y audiovisuales, dípticos y carteles, charlas-coloquio y visitas guiadas sobre el puñetero lince, que vive como un marqués, aunque yo creo que en España hay más gente que vive del lince que linces propiamente dichos.

sábado, 26 de marzo de 2011

Qué majos

Botín y otros grandes empresarios piden que no se adelanten las elecciones

¿Y por qué no hacen presidente vitalicio a Zapatero? O a Rubalcaba.

viernes, 25 de marzo de 2011

Dabuten, don Alfredo

Si con Aznar España iba bien, con Zapatero y Rubalcaba, que son más progresistas y más modernos (?), Todo va dabuten. Dabuten guay.



Ni Amaral ni leches. Ahí tiene su canción, don Alfredo.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Salida digna

Gabriel Albiac en ABC

La ideología se asienta sobre ausencia de ideas y exceso de retórica: una amalgama letal en sociedades capaces de fabricar conciencias a medida. El estallido brutal de los totalitarismos marcó el inicio de ese tiempo en el cual la ficción suple a la realidad ventajosamente. Un necio armado de sonoras vaciedades es la variedad más peligrosa de la especie humana. Triunfará, si a eso une la impecable ausencia de sentido del ridículo. La necedad, multiplicada por el altavoz propagandístico, se trocará en verdad, la única, la exterminadora verdad que exige que todo análisis no concordante con su salvífico mensaje sea aniquilado. Hitler o Stalin podían ser sujetos ridículos; lo son, a poco que escuchemos, en el frío que impone la distancia, sus palabras; a poco que descompongamos la desmesura semiótica de sus gestos. Triunfaron. Hay en lo monstruoso un enfermo atractivo. Basta que quien esté detrás del ojo de la cámara sea Leni Riefenstahl, para que los gestos grotescos del Führer en el estadio olímpico berlinés del 36 revistan esa épica de canto colectivo en la cual los gregarios humanos tanto aman identificarse.

Pasaron tres cuartos de siglo. La capacidad de hacer con cualquier cosa un gobernante ha accedido a su final refinamiento. No hay partidos políticos ya; sólo agencias publicitarias. Que le dan al votante lo que el votante quiere; el equivalente exacto de lo que se traga cada noche ante la tele: basura. Recamada de abalorios y quincalla que ciegan, con su bárbaro destello, los ojos de los maltratados por una vida hecha de repeticiones. No hay límite: a mayor vulgaridad, identificación más alta. La clientela de telebasura y políticos no perdona: aquel que desee su anuencia debe avenirse a exhibir hasta qué punto es un monstruo. Televisor y urnas son el espejo mágico de la bruja de Blancanieves. El ciudadano exige que la imagen que aparece le resulte aún más abyecta que la suya propia. Por eso triunfan en los talk-shows personajes repulsivos. Por eso ganó dos veces en las urnas Zapatero: lo inconcebible. Racionalmente.

Llegó al poder, porque una pulsión masoquista demasiado humana está siempre tentada de poner en el mando supremo al tonto de la tribu. Era cosa de mucha risa, y además —necios de nosotros— pensamos que el descacharrante sainete nos iba a salir gratis, porque, al fin, las cosas del Estado funcionan por sí mismas y uno podría —como hicieron los hippies californianos, en los años sesenta— presentar un cerdito a las presidenciales con la certeza de que, si ganaba, todo continuaría igual que con un bicho humano. La boutade era graciosa. Su anacrónico éxito aquí ha sido catastrófico.

Cuando el Nadie sonriente se instaló en la Moncloa, éste era un país rico. Siete años después, está en la ruina. Cuando el pánico colectivo puso el Estado en manos del ángel de las «ansias infinitas de paz», España había ido haciéndose un sitio en el juego de las relaciones internacionales. Siete años después, nos queda Chávez. Y una guerra. De verdad. Absurda. No sé si será cierto lo de que piensa marcharse ahora, tras haber enlodado realidad y retórica de un modo loco. Para volverse a casa. Tan tranquilo. Yo en su lugar, al menos, me volaría los sesos. Dignamente.

¿Cuánto nos cuesta Libia?

Antonio Burgos en ABC

A aquel vivalavirgen sin oficio ni beneficio que vivía como un marqués de los antiguos (porque los de ahora están mayormente tiesos), que no pegaba ni golpe y que cuando no estaba en el polo de Sotogrande es porque andaba por Mallorca en un yate o participando en un torneo de bridge en Marbella, donde tenía un casoplón, le preguntaron un día:

—¿Y tú que harías si te tocara el gordo de la lotería?

Y contestó: Pues vivir como vivo...pero pudiendo.

Lo de España es peor que lo del vivalavirgen del vidorro. Sin que le haya tocado otra lotería que la desgracia de tener como presidente a ZP, España vive muy por encima de sus posibilidades...y se cree que puede. Como si fuera media pringá, España dará más de 83.000 millones de euros para el Fondo de Rescate de la Unión Europea, cuando ella misma (dicen los que saben) es la que está a pique de un repique de tener que ser rescatada. Esto de los 83.000 millones para el Fondo de Rescate me parece a mí que es como si quieren que un señor que tiene un shock hipolémico de no te menees haga una donación altruista para el Banco de Sangre, porque las existencias de su grupo están cortitas. ¿Cómo podemos dar 83.000 millones de euros a Europa con la deuda que tenemos? ¿Y qué Europa ni Europa? ¿Cuántos puestos de trabajo se podrían crear aquí dando 83.000 millones de euros para abrir el grifo de los créditos a los autónomos y a las pequeñas empresas? O sin siquiera eso: emplear los 83.000 millones de euros para que los ayuntamientos y las autonomías se pusieran al día en el pago de atrasos a sus proveedores. La Junta de Andalucía, por ejemplo, debe 1.646 millones de euros a las firmas sanitarias que abastecen sus hospitales y a las constructoras que hicieron sus obras faraónicas.

Y encima, Libia: nos metemos hasta las cejas en la guerra de Libia por decisión de los ex pacifistas del «No a la guerra». Aparte de otras consideraciones morales, ¿tenemos posición para meternos de hoz y coz en esta carísima guerra, codo con codo con los que no tienen encima la ruina de España? Que yo sepa, nadie ha hecho la pregunta del millón: ¿cuánto nos cuesta cada día el sobrevenido ardor guerrero de ZP en Libia? Si en la guerra de Afganistán nos estamos gastando más de un millón de euros al día, ¿cuántos nos cuesta cada día de navegación de ese submarino que tiene nombre de chalé elegante, «Tramontana»? ¿Cuánto gasta cada día sólo en gasolina la fragata «Méndez Núñez»? Repostar el avión-cisterna Boeing 707 que hemos mandado creo yo que tiene que costar algo más que llenar el depósito de mi Ford Focus... Por no hablar de los F-18. ¿Usted sabe cuánto cuesta cada uno de los cuatro F-18 Hornet que hemos mandado a la base de Cerdeña para ponernos a las órdenes de un almirante americano y de quien haga falta? Pues cada aparatito cuesta 28 millones de euros (que son 4.656 millones de pesetas). Por no hablar del armamento que llevan a bordo, que, vamos, no son cuatro cartuchos de escopeta. Sabemos que en el primer día de la guerra Estados Unidos lanzó 112 misiles Tomahawk, cuyo coste total es de 168 millones de dólares. ¡Como para no afinar la puntería!

Y, sobre todo, algo que no tiene precio: ¿cuánto cuesta la vida de esos 500 servidores de la Patria que ponemos en peligro al mandarlos a una guerra para la que no tenemos posición y que ni nos va ni nos viene?

Entre la guerra y la miseria política

Agapito Maestre en Libertad Digital

La sesión del Parlamento de ayer no ha sido sólo bochornosa, ojalá, sino que nos ha enseñado que la política española ha quedado reducida a una mera rebatiña por el poder. Es difícil no sentir vergüenza ajena ante lo sucedido en el Parlamento. Zapatero ha hecho lo que se esperaba. Nadie le ha levantado la voz. Vamos a la guerra de Libia porque le da la gana. Punto. No ha dado un solo argumento que haga creíble su posición política. Excepto Llamazares, todos han seguido como ovejas la demagogia de Zapatero. Pero, en mi opinión, el peor parado de todos es Rajoy. Yo esperaba alguna pregunta retórica, por ejemplo, cuánto tiempo necesita el Gobierno para participar en la guerra de Libia o algo parecido.

Pero Rajoy ha preferido mantener el perfil bajo que le aconsejan sus asesores. No ha querido mostrar contradicción alguna en el comportamiento de los socialistas ante las guerras de Irak, Afganistán y la de Libia. Nada ha dicho ni hecho Rajoy que pueda resaltarse, excepto plegarse al dictado de Zapatero. El problema, sin embargo, no es que Rajoy no diga nada, sino que exhibe una dejadez de ánimo preocupante. Rajoy parece haber renunciado a su oficio: la oratoria. Ya no se trata de que no tenga nada qué decir, sino que no quiere decir. No cree en nada de lo que hace, por lo tanto, no quiere discutir nada con su adversario. Sólo quiere que haya elecciones y ganarlas. ¡A la rebatiña por el poder a través del silencio!

Rajoy sólo quiere el poder al mínimo coste posible, es decir, sin ni siquiera ejercer el oficio de tribuno público. Renuncia al oficio de orador profesional, que no otra cosa es el político, y no quiere tampoco ponerse como ejemplo de un buen ciudadano, que se preocupa por preguntarle a su presidente de Gobierno cosas sencillas como, por ejemplo, por qué antes no fue a Irak y ahora va a Libia, o qué sacará España de este seguidismo de las posiciones francesas y británicas. Si nada de esto le preocupa a Rajoy, entonces qué pinta este hombre en el Parlamento. Nada. Sólo espera que le llegue el poder, porque la gente está cansada de las tropelías de Zapatero.

Ya digo que es difícil no sentir vergüenza ajena ante el comportamiento de toda la casta política en general, y del responsable de la oposición en particular, ante el cinismo de Zapatero. El problema es que tampoco en la calle existe demasiado malestar. La chusma pasa de todo y los ciudadanos normales buscan espacios privados donde salvarse de estos salvajes políticos. Si las palabras son las únicas armas de los políticos, entonces puede decirse que la sesión parlamentaria de ayer certificó la muerte de la política.

Rufet, Rufetiño y Rufeticoetxea

Pablo Molina en Libertad Digital

Nada debería ya sorprendernos respecto al escaso nivel de nuestra casta política pero, en el caso de que existiera alguna duda, ya se encargan sus miembros más preclaros de brindarnos periódicamente un espectáculo parlamentario como el escenificado a cuenta de la guerra de Libia, de forma que nadie cometa el error de suponer que las decisiones que afectan a nuestro país son adoptadas por personajes mínimamente solventes.

En el caso de la guerra contra Gadafi, pero sin intención de acabar con Gadafi (áteme usted esa mosca por el rabo, comandante Chacón) no se trata ya solamente de la postración intelectual que habitualmente ofrece el Hemiciclo, sino de la escasa vergüenza de sus señorías a la hora de defender su postura belicista enarbolando unos argumentos que parecían escogidos para acusarse a sí mismos ante la opinión pública española.

Los nacionalistas catalanes, siempre tan respetuosos con el orden político ajeno, dicen que apoyan a Zapatero porque resulta inaceptable que Gadafi vulnere los derechos humanos, lo que no les impide hacer lo propio en el territorio que gobiernan en lo que respecta al uso de la lengua materna, especialmente en las primeras etapas de la educación de los niños que, por si no lo saben, es otro derecho que conviene preservar sobre todo si se tienen responsabilidades ejecutivas.

Sus colegas vascos, por su parte, se muestran escandalizados por el número de víctimas civiles ocasionadas por el Gobierno de Gadafi, pero en cambio apoyan la vuelta a las instituciones democráticas de un grupúsculo sospechoso de apoyar a un grupo terrorista que lleva mil asesinados no al otro lado del mediterráneo, sino allí mismo, junto a los caseríos y los batzokis donde se reúnen estas plañideras con txapela a preparar sus estrategias en el parlamento "del estado".

En cuanto a Rajoy, habitualmente muy superior a la catetada periférico-parlamentaria, en este caso ha decidido no desentonar del rufetismo circundante, evitando hacer una masacre dialéctica con un Zapatero agonizante en términos políticos, al que podía haber vapuleado por la evidentísima hipocresía que revela su reciente ardor guerrero, sustentado ridículamente en el procedimiento administrativo de unas resoluciones de la ONU que a nada obligan, como demuestran otros muchos países que han preferido mantenerse ajenos a la aventura libia.

Caso aparte es el de un aturdido José Antonio Alonso en el papelón de defensor de las locuras de su líder, al que no se le ocurre otro argumento para justificar la guerra contra Gadafi que enarbolar una encendida defensa del derecho a la vida, el mismo derecho que su partido se ha encargado de abolir en territorio nacional con una ley que convierte el asesinato nada menos que en un derecho.

Cómo habrá sido el nivel del debate que Gaspar Llamazares ha brillado con luz propia como el único parlamentario fiel a sus principios; absurdos, sí, totalitarios, también, pero en última instancia los mismos que ha defendido siempre. ¿Al lado de los Rufets, Rufetiños y Rufeticoetxeas que han subido hoy a la tribuna de oradores? Un Churchill.

Ardor guerrero

José García Domínguez en Libertad Digital

Vista esa querella de rufianes entre el ministro de Justicia de Gadafi, avezado carnicero con las manos empapadas de sangre, y su antiguo maestro, guía y patrón, parece que no hay en el Parlamento español quien muestre reserva moral alguna a enfangarse en semejante trifulca. Triste unanimidad que, sin embargo, a mí me recuerda un viejo pasquín de la extrema izquierda cuando la Transición –del MC para el lector que ya gaste una edad–."Gane quien gane, tú pierdes", rezaba su cartel electoral no sin alguna aciaga lucidez. Aunque uno pueda entender el súbito ardor guerrero del presidente del Gobierno, que ha corrido a alistarse voluntario sin que nadie le hubiera dado vela en el entierro de la sardina pacifista.

Y es que, en la estela de aquellos oscuros legionarios de las coplas de doña Concha Piquer, el recluta Zapatero igual ansía expiar algún turbio pasado en la primera línea del frente. Fervor bélico que, muy en su estilo, lo ha llevado del minimalismo ético al maximalismo semántico sin solución de continuidad. Así, en la alocución ante el Congreso ha vuelto a reincidir en ese vicio tan suyo, el de pervertir los significados del diccionario prostituyendo el uso de las grandes palabras para su empleo mercenario al servicio de la pequeña política. Por ejemplo, al calificar con alegre impunidad de "genocidio" cuanto viene aconteciendo entre esas tribus del desierto africano de quince días a esta parte. Por más que la evidencia fáctica a propósito del tal genocidio sea equiparable a la que en su momento se dispuso sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak.

Porque resulta ser exactamente la misma. Ni mayor ni menor. La misma. O sea, ninguna. Lástima que Don Tancredo no concediera recordárselo desde la tribuna. Lástima de amnesia, la que asimismo le impidió mencionar que éste habrá de ser el primer ataque militar de España contra una nación árabe. Por cierto, singular, insólito genocidio en el que al genocida se le reconoce el soberano derecho a continuar reinando sobre el escenario de sus crímenes. Lo acaba de anunciar el propio Zapatero: "No se trata de echar a Gadafi, sino de poner fin al genocidio". Grandes, enormes, imponentes palabras; ínfimas, raquíticas, mezquinas realidades: Zetapé en estado puro.

¿Me pone cuarto y mitad de Apocalipsis?

Carmelo Jordá en Libertad Digital

El terremoto de Japón nos ha enseñado muchas cosas, algunas realmente hermosas como la abnegación y nobleza de los nipones; otras importantes, como la extremadamente elevada seguridad que a día de hoy nos ofrece la energía nuclear; y, por último, también unas pocas más bien desagradables como los niveles de miseria moral y desvergüenza a los que pueden llegar las clases política y periodística en Occidente.

Y es que durante la pasada semana hemos asistido a un espectáculo de manipulación y amoralidad como en muy pocas ocasiones se ha visto, pero además lo hemos hecho sentados a la mesa con muchos miles de muertos, otros tantos desaparecidos y centenares de miles de personas que han perdido sus bienes, sus casas o a sus seres queridos.

Pero nosotros no podíamos ocuparnos de ellos, estábamos muy ocupados esperando que nos sirvieran un cuarto y mitad de Apocalipsis que nos permitiera conseguir más clics, vender más periódicos, perder menos votos, justificar políticas demagógicas o favorecer soterradamente intereses muy poco puros.

El mecanismo de acción –reacción– manipulación ha funcionado con una siniestra eficacia: los periódicos se hacían eco de rumores sin confirmar, exageraban los datos reales y nos vendían "ponderados" análisis de lobbistas; acto seguido y basándose en esos "hechos" los políticos anunciaban medidas demagógicas o hacían declaraciones deplorables que los periódicos reproducían dándoles la categoría de acontecimiento.

El Apocalipsis estaba servido... por gentileza de su periódico de cabecera.

Los periodistas españoles se han aplicado a esta tarea con una diligencia que no suelen exhibir para luchar por la libertad o defender a las víctimas, ya sean de una catástrofe natural, ya de un atentado terrorista, ya –y sobre todo– de alguna "guerrilla" comunistoide. Todos los trucos de la manipulación se han usado de forma grosera: los análisis de "expertos" interesados, la información exagerada o directamente manipulada, los rumores vendidos como hechos, incluso las mentiras flagrantes en no pocas ocasiones...

Hemos visto, por poner sólo uno ejemplo de muchos, cómo las informaciones sobre Fukushima se presentaban en las ediciones de "prestigiosas" cabeceras "de referencia" acompañadas de terribles imágenes de destrucción... ¡de otras zonas de Japón que nada tenían que ver con la central!

Los políticos se han subido a la gigantesca ola de demagogia con alegría de surferos, demostrando que no hay convicción que resista el miedo a perder apoyos, que no hay altura intelectual y moral para enfrentarse a una cuestión difícil dando las oportunas explicaciones, que no hay mentira con la que no se esté dispuesto a transigir con tal de no parecer antipático... Demostrando, en suma, que en lugar de líderes tenemos en el poder a simples lectores de encuestas.

Abro un paréntesis para decir que, para mi enorme sorpresa, el Gobierno español ha tenido en este caso y por primera vez en siete años la posición racional y mesurada que debería exigírsele en todo lo demás. Vivir para ver.

Pero incluso entre los que sabían lo que estaba ocurriendo ha habido miedo por defender la verdad ante el descomunal tamaño de la bola de nieve de la mentira, empresas que han prohibido a sus expertos explicarse en los medios, temor a significarse demasiado, evidentes esfuerzos por pasar silbando ante la cuestión.

Así que muy pocos periodistas, poquísimos medios y cuatro locos de Twitter, nos hemos enfrentado en una descomunal inferioridad de condiciones a la mentira globalizada.

Éramos pocos, sí, pero teníamos razón: es miércoles, estamos vivos y el Apocalipsis no ha llegado ni a Fukushima ni al resto del mundo... Quizá sí a algunas conciencias, aunque sinceramente no tengo muchas esperanzas.

Lecciones libias

Agustín de Grado en La Razón

Una doctrina que hunde sus raíces en Tomás de Aquino y nuestra Escuela de Salamanca ha tratado durante siglos de resolver esta terrible paradoja: cuándo aceptar la guerra, intrínsecamente mala, como remedio de males mayores. En la España de hoy, donde la demagogia y el partidismo ahogan cualquier intento de debate serio, sólo existe un tipo de guerra justa: la que protagonizan los socialistas, que agitan el pacifismo chillón e inane cuando toca a otros ejercer su responsabilidad. Nuestro príncipe de la paz tragó quina ayer para justificar como humanitaria una misión bélica que hubieran bendecido los kurdos antes de ser masacrados por Sadam.

Entonces nadie la planteó. Es la ventaja de los gases letales: matan en silencio, sin la reacción que provoca la brutalidad de aviones disparando a su propio pueblo. Ha sido el error de Gadafi. Ya sabéis, tiranos del mundo: absteneos de bombardear al pueblo. Matadlo de hambre (Corea del Norte), condenadlo al exilio (Cuba), sometedlo a una teocracia medieval (Irán). Las conciencias del mundo libre no pasarán a la acción. A todos, esta guerra nos deja otra lección. No es nueva: el apaciguamiento no funciona. Sólo retrasa el conflicto inevitable. Sucedió con Hitler. Con Milosevic y Sadam después. No estaríamos ahora expiando culpas a golpe de Tomahawks si hace 25 años tres dirigentes socialistas (González, Mitterrand y Craxi) no hubieran jugado al antiamericanismo barato torpedeado la operación de Reagan para acabar con este psicópata que nuestros dirigentes, a derecha e izquierda, nos vendían hasta ayer como ejemplo de terrorista rehabilitado para la causa de la paz.