viernes, 14 de enero de 2011

Al enemigo, ni agua

Hermann Tertsch en ABC

Los judíos tienen que ser como los presentan los dibujantes antisemitas de los diarios españoles de izquierdas. Con nariz aguileña, levita y tirabuzones. O militares con cruces gamadas. Los españoles que viven allí podrían ser educados y hasta atractivos. Y no organizan flotillas con los terroristas de Hamás. Sospechosos. Y encima, muchos judíos. Judíos españoles, simpáticos, hablando bien de Jerusalén e Israel. ¿Adónde vamos a ir a parar? Al enemigo ni agua. ¡Fuera programa! Ayer, Televisión Española —donde los toros son la peor obscenidad y todos los curas, fascistas y maricones— anunció que retiraba el programa. Lo consigue el periodiquillo del zapaterismo juvenil y 170 protestas de amigos de Hamás. ¡Qué sensibilidad la de RTVE! Si tuviera la misma cuando protestan quienes están hartos de insultos a la religión católica o de aquelarres sectarios y revanchistas.

jueves, 13 de enero de 2011

Es un boicot del Gobierno de España

Cristina Losada en Libertad Digital

Aquella genial idea de Zapatero, los mil y un spots del Gobierno de España, acaba de traspasar nuestras fronteras. Gloriosamente. Y no para recomendar que saques tarjeta roja a los maltratadores, recicles la basura, te pongas el casco, reduzcas la velocidad o cualquiera de los otros mensajes destinados a "sensibilizar" a esos niños de guardería que son los ciudadanos españoles. Ahora, el Gobierno de España patrocina, a cara descubierta, con bandera, escudo y dirección ministerial, un boicot a los productos israelíes que se emite en la televisión palestina administrada por Fatah.

La historia es simple, tersa, increíble. Aunque previsible. El anuncio tiene lugar en una tienda de ultramarinos, un escenario popular. El tendero es advertido de que hay pasquines llamando a un boicot de los productos de Israel. "No puedo no traerlos. La gente los pide y en la mayoría de los casos son mejores que el producto local", replica el poco patriótico comerciante. Animado por el traidor, un niño pide una bolsa de patatas fritas israelí de una marca realmente existente. Con ella en la mano, va a salir, cuando se oye algarabía de disparos. El infante deja caer las patatas y sentencia, grave: "No quiero productos israelíes. Quiero productos palestinos". La decisión se rubrica con un texto: "No prolongues la vida de los ocupantes en nuestra tierra". Acto seguido, aparece el logo del Gobierno de España acompañado por su Ministerio de Asuntos Exteriores y su Agencia Española de Cooperación Internacional, más la firma de una ONG también española, ACSUR.

No se trata, precisamente, de publicidad subliminal. El spot es tosco en su asociación de los chips israelíes con la guerra y la represión contra los palestinos. En su mensaje final hay una incitación apenas velada. La instigación del odio hacia Israel y los judíos, con o sin llamadas al boicot, es una línea maestra de la propaganda mal denominada pro-palestina. Pero ¿cómo ha aparecido el Gobierno de España en tan infame ejercicio de antisemitismo? El embajador en Tel Aviv asegura que ha sido sin su conocimiento. Parecida respuesta ha dado el Ministerio de Exteriores a los escasos medios nacionales que se han interesado. La ONG se escapa por la tangente. Sí, pero ¿se financian con dinero público español groseras campañas contra Israel en Gaza y en Cisjordania? ¿Controla el Gobierno en qué se emplean las subvenciones que destina a la Autoridad Palestina? ¿Y las que concede a ONGs dedicadas a infligir su activismo político por el mundo adelante?

El Gobierno de España dirá circunspecto que entrega dinero a los dirigentes palestinos para el alcantarillado, el agua potable, la sanidad, las aceras. Pero cuando se financia a expertos en promover el odio, ocurre invariablemente que lo dedican a esa, para ellos, esencial actividad. No sólo es preciso investigar este concreto caso. Habrá que suspender las ayudas a las organizaciones responsables. Y establecer mecanismos de control. Máxime cuando el espíritu del anuncio guarda afinidad con los prejuicios anti-israelíes que dominan en la galaxia ideológica del Gobierno.

La tercera lección

Gabriel Albiac en ABC

Como todos los de mi edad, los que entramos en la edad de hombre con la primavera del 68, muchos años he vivido, sin saberlo, encerrado en el hermético sucedáneo de una religión: la esperanza política del revolucionario, el sueño perseverante de otro mundo menos hosco que éste de cada día. Pero «esperanza» es virtud teológica. Sólo la cercanía de la vejez me ha hecho atisbar el autoengaño. Nada salva. A nadie. En cuanto a la política, tiene razón Pascal: la política es manicomial y siempre condena: a ser malo, a ser necio, a vivir de ser malo y de ser necio. Es ahora el tiempo, desolado y lúcido de la tercera lección de Pascal en Vaumurier.

Los nuevos brigadistas

Rafael Martínez-Simancas en ABC

El cigarrillo electrónico no es cigarro, pero se le parece. Es lo mismo que le pasa a Pajín cuando quiere ser liberal; no lo es, pero ella cree que lo parece. Los cigarrillos electrónicos son tan ridículos como esas escopetas con tapón en la punta que se vendían en las ferias. Pero ya se sabe lo que pasa con las ideas tontas, basta con que alguien las ponga de moda para que luego el personal haga cola en las tiendas. También Pajín creía en las bondades de la pulsera magnética y dicen los científicos que si está de Dios que te tienes que caer, al suelo que vas. Esos cigarrillos electrónicos son chupetes para adultos. Sólo por acabar con un cacharro de esos entre los dedos es mejor no iniciarse en el «fumeque», madre de todos los vicios.

Para ayudar a que no ceje la voluntad del fumador y a que no se vuelva a hábitos funestos de su pretérito imperfecto, Sanidad anuncia que contratará nuevos inspectores que multen a tutiplén, serán una brigada de la colilla que irá por los bares oliéndole el aliento a la muchedumbre. Eche usted el resuello al señor inspector en la cara y tenga cuidado no le asome una hebra de tabaco en el jardín de los bronquios. A partir de ahora el que tosa tendrá que justificar que ha sido con el hueso de una aceituna o se verá ante una severa inspección sanitaria. El problema puede generarse cuándo deje de haber bares que permitan saltarse la normativa. A partir de ese momento tendremos a una brigadilla formada, instruida, pero aburrida como una ostra. Bien podrían reconvertirse en charladores de café, comadres del vermouth, unos tipos que entran en el bar y dan conversación a los clientes.

Esa brigadilla podría servir igual para narrar los últimos éxitos del Gobierno que para contar por dónde se pasa Zapatero la negociación con los sindicatos. Pero tendrían un gran éxito social si contaran lo de Shakira y Piqué. Cuidemos del interés general a la vez que corregimos los malos hábitos.

El facha expiatorio

Alfonso Rojo en ABC

No niegan que Jared sea un tarado más allá de cualquier categoría ideológica. Tampoco que hace tres años, cuando el Tea Party ni sonaba, topara ya con la policía por asuntos de drogas o que en su diario reflejase su paranoico deseo de provocar el caos citando a Nietzsche. Todo eso da igual. Los mismos que corren a subrayar que un tipo que dinamita un avión repleto de inocentes, gritando «Ala akbar!», convencido de que se va a gozar de 70 huríes en el paraíso de Mahoma y tras meses de inmersión total en la mezquita del barrio, no tiene nada que ver con el islam, sentencian ahora que la violencia verbal de los republicanos, sus feroces maniobras electorales para derrotar a candidatos demócratas, la matanza de Arizona y el balazo en el cerebro de Gabrielle Giffords son eslabones de la misma cadena.

Matanza y libelos

Charles Krauthammer en Libertad Digital

El origen de las alucinaciones del asesino de Arizona está claro: desorden mental. ¿Cuál es el origen de las de Krugman?

¿Las armas matan o disuaden?

Albert Esplugas Boter en Libertad Digital

La disyuntiva no es entre una sociedad en la que todos, criminales y gente de bien, están armados, y una sociedad en la que todos están desarmados. Cuando es ilícito portar armas sólo los criminales las llevan, pues el delincuente que en general no acata la ley no va ahora a acatar específicamente esta ley, mientras que el ciudadano común que sí la respeta va a permanecer desarmado. De modo que la verdadera disyuntiva es entre una sociedad donde criminales y ciudadanos de bien van armados, y una sociedad donde solo van armados los criminales.

Cartas desde mi celda

Luis del Pino en su blog de Libertad Digital

Querida Elena,

Acabo de salir de la cárcel, después de cumplir los sesenta días de reclusión. No sé qué te habrá contado Marina, pero lo que pasó es que, cuando estábamos los chicos y yo en la discoteca de Moratalaz, se me ocurrió liarme un cigarrillo. Y entonces un capullo que estaba esnifando unas rayas levantó la cabeza un momento y me vio dando una calada, así que me denunció al camarero. Unos puertas me acompañaron hasta la mismísima salida - mientras todos los clientes de la discoteca me insultaban - y allí se quedaron escoltándome para que no me lincharan, hasta que vino la pasma.

La estancia en la cárcel no ha estado tan mal. He conocido a algunos otros chavales majos. En mi módulo había cinco fumadores más y algunos condenados por otros delitos. A uno de los chavales que estaba allí le trincaron por comerse un bollo industrial a la puerta de una clínica de abortos; al parecer no se dio cuenta de que las clientas eran principalmente menores.

La desvergüenza habitacional

César Vidal en La Razón

Durante décadas, los ayuntamientos han torpedeado la liberalización del suelo, lo que ha tenido como consecuencia directa que el precio de éste subiera descontrolado, que no pocos políticos se hayan llenado bolsillos y maletines y que la vivienda, bien de primera necesidad, se haya convertido en inasequible para millones de españoles. Únicamente hubo un intento en la dirección de corregir semejante abuso y tuvo lugar en la época de Aznar, pero en esa ocasión, la nefasta alianza del PSOE y del nacionalismo catalán permitió que el Tribunal Constitucional decidiera que el Gobierno nacional no podía liberalizar el suelo y lograr la rebaja del precio de la vivienda, porque el suelo tenía que estar en manos de los gobiernos autonómicos y, en especial, de esa Cataluña que ya acumula el 38% de la deuda de las comunidades autónomas. Tras aquella sentencia, ni siquiera el PP se atrevió a impulsar por segunda vez la indispensable batalla de la liberalización del suelo y los resultados son obvios. Para beneficio de la casta política, los españoles pagan por el chamizo mayor o menor donde tienen que dar por sus huesos cada noche una cantidad que supera con mucho lo razonable y que, pasados aquellos tiempos en que se entregaba una módica entrega y se firmaban letras, les obliga a entregar a cualquier entidad crediticia el doble del ya astronómico precio de cada inmueble. No está mal, no, porque, como tantos otros abusos de la casta política –desmadre autonómico, privilegios de legisladores, liberados sindicales, subvenciones diversas…– este comportamiento ha contribuido y contribuye no poco al desastre económico e institucional en que nos hallamos metidos (nunca mejor dicho) hasta las cejas. Desvergüenza habitacional creo que lo llaman.

miércoles, 12 de enero de 2011

Siete años intentando engañarnos

Gabriel Moris en Libertad Digital

Nos acercamos al séptimo aniversario del mayor atentado criminal de nuestra historia. La motivación, utilización y aprovechamiento político del mismo siguen sin investigarse y, por lo tanto, lejos de esclarecerse. Seguramente se podrían hacer varias tesis doctorales sobre este hecho capital, pero ya no hay ningún interés político, ni siquiera intelectual, por investigar las causas y las consecuencias de la masacre que ha cambiado nuestro rumbo como país.

(...)

Todo lo que nos han contado sobre los atentados del 11-M es además de incompleto lisa y llanamente una mentira. Si mi afirmación fuera errónea, tienen muy fácil el demostrarme a mí y al alto porcentaje de españoles que no creen tampoco la versión contada, que existen pruebas incontrovertibles de la versión difundida, así como dándonos a conocer las lagunas existentes sobre autores materiales e intelectuales, las motivaciones del atentado, la trama y ejecución del mismo etc.

Retomando el aspecto político, sería harto interesante el explicarnos la actitud de nuestras autoridades respecto a ETA y al Reino de Marruecos.

Las fuerzas vivas del canon digital

Daniel Rodríguez Herrera en Libertad Digital

Las historias en que David triunfa frente a Goliat siempre son la mar de agradecidas. Pese a que los pequeños no siempre tengan la razón cuando se enfrentan a los grandes, hay una parte en nosotros que se alegra al comprobar que pese a la diferencia aparente de fuerzas el débil, ese con el que nos identificamos, puede salir victorioso. Excluyendo a los interesados, todos disfrutamos de esta sensación cuando una pequeña tienda de informática barcelonesa venció en los tribunales a la todopoderosa SGAE al declararse ilegal en la Unión Europea la imposición indiscriminada del canon digital.

Ana María Méndez, la propietaria de Traxtore, se dejó la piel y algo más en la batalla. Perdió una de sus dos tiendas y despidió a sus ocho empleados, convirtiendo su negocio en una empresa familiar en el más puro significado de la palabra: ya sólo ella y sus familiares trabajan en ella. Pero la sentencia es clara: el canon es legal –injusto o no es otra cuestión–, pero no puede justificarse que se cobre indiscriminadamente a todos, incluyendo organismos públicos y empresas. Al fin y al cabo, este mecanismo se justifica bajo la presunción de culpabilidad, asumiendo muy probable que vayamos a usar un disco duro o un CD para guardar pelis, y no puede aplicarse allí donde presuponer tal cosa resulta más bien ridículo.

Al comienzo de su calvario, Ana María Méndez fundó Apemit, una asociación que representa a las pequeñas empresas de informática como la suya. Ahora el Gobierno, forzado por su santa cabezonería, se ve forzado a rehacer la legislación que regula el canon. Se empiezan a acumular las denuncias de ayuntamientos y otros organismos exigiendo que se les devuelva el dinero ilegalmente recaudado, y no es cuestión de dejar pudrirse demasiado el tema, no sea que le hagamos un roto a las SGAE. Pero claro, a la hora de tomar una decisión, prefiere no hacerlo solo y ha decidido negociar con los implicados. Ana María, que es la única razón por la que se ven obligados a reunirse, no estará entre ellos.

Veamos, el canon lo pagamos usted y yo. Quienes más han sentido sus efectos han sido quienes venden productos gravados con él. Por lo tanto, ni los consumidores ni la tiendas serán consultados por el Gobierno.

¿Por qué habría de ser distinto el canon de la jubilación o la legislación laboral? Usted, que seguramente no esté representado por UGT ni CCOO, irá a buscar trabajo en empresas que seguramente no estén representadas por la CEOE. Sin embargo, ahí están, negociando en su nombre. Despotismo ilustrado, que se le llama.

Entiéndase. Estamos en una democracia, más o menos. Por lo tanto, quien debe tomar las decisiones es el Gobierno o el parlamento, dependiendo de qué estemos hablando. Si a los sindicatos, la patronal, las empresas tecnológicas o las SGAE no les gustan sus decisiones, que con su ajo se lo coman. ¿Qué se quiere consultar a los interesados a ver qué opinan? Se puede entender. Pero en tal caso lo lógico sería preguntar a los interesados de verdad, los ciudadanos que pagamos las consecuencias. Y parece claro que en este caso los más representativos son Apemit, la Asociación de Internautas o incluso la OCU si nos ponemos.

Aunque quizá sea mejor así. Al fin y al cabo, González-Sinde ya hizo en su día el paripé de reunirse con unos y otros para acabar pariendo su ley de cierre administrativo de sitios web, recientemente rechazada por el Congreso. Casi mejor que no disimule.

Los riesgos del adanismo presidencial

Pablo Molina en Libertad Digital

Los delincuentes suelen asociarse en bandas para perpetrar sus fechorías de forma más eficaz. También por un criterio de eficiencia, puesto que en grupo se pueden cometer delitos más importantes, con un botín mayor, empleando menos esfuerzos y rebajando el riesgo de que todos sus miembros sean detenidos. Los terroristas no son una excepción en su manera de operar respecto a cualquier pandilla que se dedique a la extorsión, el robo o el crimen más o menos organizado. Sí, es cierto que los etarras, por ejemplo, invocan la persecución de unos derechos históricos que le son negados de forma antidemocrática al pueblo que dicen representar para perpetrar sus fechorías, pero a efectos jurídico-políticos, es un argumento tan inconsistente como si una banda de butroneros justificara sus delitos con la existencia de una grave injusticia social en el entorno familiar de sus integrantes.

Resulta asombroso, por tanto, que los etarras se atrevan a poner condiciones al Estado de derecho para dar por finalizada su carrera delictiva, algo que no se le ocurre a ninguna partida organizada de delincuentes de los distintos ramos y procedencias que operan en España. Ninguna banda de albano-kosovares dedicada al robo a mano armada de casas de lujo, pongamos por caso, ha emitido jamás una nota de prensa, leída por tres elementos encapuchados, proponiendo al gobierno de un país un acuerdo para abandonar sus actividades. La ETA sí lo hace, pero es porque, al contrario que sus compañeros de afición, los etarras saben que el Gobierno está dispuesto a hacerle determinadas concesiones a cambio de que dejen de cometer delitos por una temporada.

En la lógica de los terroristas encaja perfectamente la facundia con que periódicamente se dirigen al "Estado español" (y al francés, de paso), puesto que durante años se les ha tratado como una parte cualificada de la sociedad vasca con la que hay que negociar para acabar con el problema del terrorismo. Si en ocasiones sus representantes son hombres de paz, a los que se les avisa incluso para evitar su detención por la policía, si hasta el órgano judicial encargado de perseguirlos y llevarlos a la cárcel se muestra dispuesto a enlodar los bajos de su toga, es lógico que más tarde emitan y lean en público una nota de prensa tratando de tú a tú al Gobierno legítimo de España.

El adanismo presidencial es patético en el orden social y muy dañino en el económico. Ahora bien, en el tema del terrorismo hasta Zapatero y Rubalcaba deberían comportarse con cierto sentido de Estado. Casi mil asesinados y sus familias no merecen menos.

Ha vuelto a suceder

Gabriel Albiac en ABC

Con tiempos casi calcados, a un año y medio de unas elecciones generales que se anuncian catastróficas para el PSOE de Zapatero, ETA vuelve hoy a jugar sus bazas. Que son idénticas a las de entonces. «Alto el fuego permanente» pero no definitivo, condicionado en su continuidad a la resolución de «las claves de la territorialidad y el derecho de autodeterminación, que son el núcleo del conflicto político». En términos casi idénticos a los de entonces, el gobierno responde con la retórica dual del «no es óptimo, pero sí bueno». Que formuló antaño Zapatero al contraponer los benévolos tiempos sin atentados a los años más duros; que, con más cautela, ha formulado esta vez Rubalcaba en su autoentrevista: «Si me preguntan ustedes ¿está usted más tranquilo hoy que ayer?, honestamente les diría que sí». El señor Rubalcaba y su «honestidad» sabrán por qué. Como el señor Zapatero y su sonrisa debían saber el porqué de su optimismo tan sólo unos días antes del atentado de la T4 en Barajas.

Ha sucedido de nuevo. Todo se repite ahora como un calco. Y es en esa repetición donde uno cree percibir el tintineante desasosiego de lo siniestro. ETA persevera en su identidad de siempre. Zapatero persevera en su infantil grandilocuencia. El ciudadano asiste a la farsa repetida. Y todo vuelve.

martes, 11 de enero de 2011

Proyecto Smiley

Carlos Rodríguez Braun en La Razón

Uno de los errores políticos de las últimas décadas, cometido en primer lugar por los propios socialistas, fue considerar a Smiley un Bambi, o un tontaina inofensivo, o un demagogo más. Es verdad que su aspecto y su retórica invitaban al equívoco: desde su sonrisa amable y perpetua hasta su lenguaje meloso de tolerancia y derechos. En realidad, se trata del peor presidente de la España democrática. Tal es el diagnóstico del libro breve pero enjundioso de Ignacio Arsuaga y M. Vidal Santos: «Proyecto Zapatero. Crónica de un asalto a la sociedad», publicado por Hazte Oír. Su tesis es que Smiley fue más allá que González, un gobernante siniestro pero que no se atrevió a atacar a la familia, la nación, la religión, la convivencia, la memoria, como lo han hecho Smiley y sus secuaces; aunque corresponde reconocer que éstos trabajaron sobre terreno conquistado, como en la educación, la cultura y las redes clientelares. Lo escalofriante de este libro es que sus autores no inventan nada: toman directamente las citas de los jerarcas socialistas y ahí está a la vista el plan totalitario de «transformación de la sociedad» desde el Estado, el único protagonista que concede derechos y determina morales. Nuestras hijas pueden abortar con facilidad pero tienen terminantemente prohibido fumar: si usted mantiene la suficiente serenidad como para escandalizarse ante tamaño desconcierto moral, apreciará el valor de este libro.

Se busca cuidadora

Alfonso Ussía en La Razón

Usabiaga lleva siete meses sin posar sus labios sobre la frente o los mofletes de su madre, y no hay derecho a ello, porque Garzón lo sacó de la cárcel para que procediera al acurruque materno, no para que se pasara todo el día tomando vinos con los etarras y los batasunos. En otros tiempos, un Garzón cansado de cuidar a la madre de Usabiaga podía dar un portazo, volver a la Audiencia Nacional y revocar su decisión. Pero hoy en día, Garzón tiene menos influencia en la Audiencia Nacional que este servidor de ustedes en el Ministerio de Sanidad y en el municipio de Benidorm, que son la misma cosa. Y Usabiaga se está aprovechando de la confusión imperante, incumpliendo sus obligaciones mientras negocia con sus amigos de la ETA y sin hacerle caso a su madre, que tanto lo necesita y añora.

Los de la boina

José García Domínguez en Libertad Digital

La única certeza verificable del videoclip de ETA, a saber, que aún no lucen maduros los gudaris para despegarse la chapela del cráneo, empeño que debería constituir el primer paso con tal de bajar algún día del monte. Y es que, ésa de la estética, no resulta cuestión baladí. Quítensele si no casquete y chirucas al carlistón que declama la cantinela del diálogo. Arránquensele a continuación los aretes que a buen seguro luce en ambas orejas. Depílesele el entrecejo. Desvélensele acto seguido las virtudes de la ducha, antes de rociarlo con un buen desodorante. Y por último, anúdesele al cuello una corbata de Hermès. ¿Acaso lo que resta tras el pulido no es un respetable catalanista pronunciando la enésima alocución institucional sobre el derecho a decidir? Lo dicho, que se operen de lo de la boina. Para empezar.

El precio de la nueva tregua-trampa ya lo estamos pagando

Editorial de Libertad Digital

Aunque muchos quieran hacernos creer que lo único que queda por dilucidar es cuál será el precio político que estará dispuesto a pagar el PSOE, lo cierto es que ese precio ya lo estamos abonando con el desarme del Estado de derecho ante ETA.

El comunicado auténtico

Hermann Tertsch en ABC

El comunicado auténtico, más claro y clásico, lo habían emitido bastantes miles de voces congregadas por ETA en Bilbao el sábado. A las que el juez Santiago Pedraz otorgó permiso para manifestarse porque consideró que los padres de los asesinos no pierden el derecho de reírse de las víctimas de sus hijos. «Sin amnistía no hay paz». Es decir: «Tuvimos y tenemos la razón para mataros. Dadnos lo exigido e impunidad. Si no, os seguiremos matando». Ese es el comunicado auténtico.

lunes, 10 de enero de 2011

El dengue debe esperar

Jorge Alcalde en Libertad Digital

Los expertos implicados en este tipo de investigaciones coinciden: a medida que los obstáculos tecnológicos para lograr mosquitos transgénicos se van reduciendo, aumentan los obstáculos políticos. Organizaciones ecologistas como Greenpeace se muestran contrarias a cualquier tipo de manipulación genética animal o vegetal sin ofrecer razones científicas de peso. Y la ciudadanía sigue siendo demasiado permeable a este tipo de soflamas. Una encuesta de Zogby International acaba de desvelar que el 60 por 100 de los estadounidenses está en contra de manipular mosquitos para erradicar enfermedades como el dengue o la malaria. Lo hacen, sin duda, en la seguridad de que son males que no suelen atacar a las ciudades ricas del norte ni afectar a los despachos con aire acondicionado en los que elaboran sus programas los dirigentes de Greenpeace. Pero las cosas pueden cambiar. Este año se han registrado casos de dengue en países tan ecológicamente correctos y tan poco tropicales como Holanda y Francia.

Las consignas ecologistas han impedido la erradicación del mosquito Anopheles causante de la malaria o la exportación masiva de cereal transgénico para alimentar a poblaciones hambrientas de Somalia y Zimbabue. Ahora vuelven a detener un avance fundamental, esta vez para acabar con el dengue.

Demasiado poder en manos de un grupo de opinadores para los que la enfermedad del ser humano no ocupa un lugar especialmente destacado cuando se trata de proteger a unos mosquitos.

Un país de acusicas

Pablo Molina en Libertad Digital

Los socialistas tienen unas exigencias morales muy elevadas. Hacia los demás, claro, porque ellos, en tanto que defensores de los principios más nobles, tienen carta blanca para actuar en forma contraria a la que pregonan sin que esa paradoja les suponga ningún dilema ético.

En lo que respecta al uso del tabaco, un progre fuma en su lugar de trabajo con la misma tranquilidad con que afea a los demás que hagan o permitan hacer eso mismo en su propiedad privada. Zapatero es un ejemplo, fumador vergonzante donde los haya, que según cuentan te vacía el paquete de cigarrillos a poco que te descuides para fumarlos de forma compulsiva escondiéndose de Sonsoles. O las ministras nombradas por el feminista, cuyas amigas, colocadas en el Ministerio para ahorrar en coches oficiales cuando las recogen a todas juntas a altas horas de la madrugada, tienen los santos pajines de publicar sus fotos en las redes sociales fumando como chimeneas.

Pues bien, mientras todos estos laicistas meapilas contravienen sus propias normas en lugares públicos pagados con dinero ajeno, exigen sanciones, cuanto más duras mejor, para aquellos que deciden hacer lo mismo en locales de su propiedad.

El asunto no tendría el menor interés si la sociedad rechazara con naturalidad esta hipocresía institucional. En el caso de los bares, restaurantes y similares, dado que no hay inspectores suficientes para vigilar 12 horas diarias todos los negocios hosteleros, sólo habría que tener la precaución de vaciar los ceniceros con cierta frecuencia por si en algún momento del semestre cae una inspección. Ahora bien, el socialismo corrompe moralmente a las personas de tal manera que no le resulta difícil contar con legiones de cipayos dispuestos a hacer de matones del Gobierno, denunciando a quien contravenga los decretos pajinianos que buscan convertirnos en españoles virtuosos aunque sea a la fuerza.

Pero vayamos con una anécdota para ilustrar la categoría. Servidor de Dios y ustedes participaba en cierta ocasión en un debate televisivo de una cadena autonómica que, como todas, acabará siendo cerrada y sus instalaciones desmontadas por una brigada de rumanos trashumantes. Pero a lo que íbamos. Mientras hablábamos de la crisis económica y proferíamos todo tipo de obviedades al respecto, hice una defensa a ultranza de la economía sumergida en tanto es la válvula de escape de la sociedad para sobrevivir a los rigores coactivos del Gobierno, especialmente en medio de un desastre económico como el que padecemos desde hace ya algunos años. Fue decir que los pequeños defraudadores que sobrevivían haciendo chapuzas eran unos héroes y casi venirse abajo el decorado de los gritos de las contertulias (eran todas féminas, toma ya igualdad) acusándome de desleal para con el resto de contribuyentes. Ahí se revelaron como unas chivatas dispuestas a denunciar al parado que realiza chapuzas a domicilio por estar "defraudando" a la hacienda pública, como si hubiera algo más noble en este mundo que engañar al fisco, especialmente si es socialista.

En fin, que los españoles somos muy dados a ponernos del lado de la autoridad aunque ésta busque consumar una injusticia, que por otra parte es lo que suele ocurrir cuando gobiernan los socialistas. Unas veces expropian un consorcio empresarial como Rumasa para venderlo por trozos a los amigotes y otras deciden qué deben poner las mamás en las mochilas de los niños para el cole o qué puede permitir a sus clientes un hostelero en el local de su propiedad; el caso es que son incapaces de dejar a la sociedad que se organice de forma espontánea.

En esto nos hemos convertido, en un corral de chivatos y delatores para personajes como la Pajín y encima ni siquiera cobramos por autodegradarnos de esa manera. España, el país que inventó la guerrilla y casi patentó el anarquismo. Qué vergüenza ¿no?