jueves, 26 de mayo de 2011

Censura

José García Domínguez en Libertad Digital

¿Cómo obrar ante un autista recluido en La Moncloa, alguien inhabilitado a fin de establecer transacción ninguna con la realidad? Rajoy, fiel a sí mismo, ha respondido raudo que mejor será no hacer nada, la gran especialidad de la casa como es fama. "Frivolidades las justas", le espetó a un plumilla solo oír la expresión moción de censura saliendo de su boca. Pues ese hombre que se presume de Estado, el dirigente responsable siempre presto a subordinar el interés personal o partidista al de la Nación, tiene por muy "frívola" bagatela exponer un programa de regeneración ante las Cortes Generales. Nerón tocaba la lira –dicen– mientras ardía Roma, don Mariano, más prosaico, prefiere leer el Marca al tiempo que se desmoronan las últimas balaustradas del PIB y aves carroñeras de medio mundo revolotean en torno a la deuda soberana (todavía) del Reino de España.

Senequismo, el del gallego, que hace pertinente la pregunta de si tendremos uno o dos. Autistas, quiero decir. Más que nada porque el país requiere, y con urgencia, un líder, no un administrador de fincas. Que tiempo habrá para los apis cuando escampe. Espectáculo en verdad crepuscular el de esta corte de los milagros donde el Parlamento pugna por emular a La Noria y, peregrinas o no, las únicas ideas políticas en curso moran acampadas en el asfalto, entre huertos de improbables tomates y airados lamentos del sufrido gremio del comercio. Súmese un Ejecutivo abocado a la parálisis numantina. Y añádase una leal oposición atenazada a su vez por el miedo escénico del aspirante.

Así las cosas, la responsabilidad histórica por casi un año entero de inacción, otros diez meses esperando a Godot, no solo ha de corresponder al cadáver insepulto. Ya decía Juan de Mairena que es mucho más fácil estar au dessus de la mêlée que a la altura de las circunstancias. Por eso, si Rajoy quiere demostrar que no es otro pequeño político al uso, un oportunista más guiado por el afán mezquino del corto plazo, debe interponer la moción. Supeditada a la inmediata disolución de las cámaras, huelga decir. Aunque la pierda. Como la perdió González antes de conquistar una mayoría no absoluta, sideral. Doscientos dos diputados. De él depende. Y el tiempo apremia.

Queeg en La Moncloa

César Vidal en La Razón

Seguramente, muchos de los que lean estas líneas recordarán aquella novela de Wouk que se titulaba «El motín del Caine» y que fue llevada al cine por un elenco extraordinario de actores entre los que se encontraba el mismísimo Humphrey Bogart. La acción era sencilla. El Caine era un dragaminas destinado en el frente del Pacífico y situado bajo las órdenes de un capitán llamado Queeg. Hasta ahí la acción no pasaba de lo trivial. El gran problema, sin embargo, era que Queeg era un peligroso psicópata y, al fin y a la postre, los oficiales a sus órdenes lo deponían para salvaguardar la seguridad del navío y de los tripulantes. Semejante acto, inusual, pero contemplado en las ordenanzas militares, derivaba en un juicio de guerra en el que todo parece desarrollarse en contra de los amotinados hasta que Queeg, interrogado como testigo, saca del bolsillo unas bolitas de metal y comienza a jugar compulsivamente con ellas. Aquel gesto, en apariencia sin relevancia, deja de manifiesto que Queeg es, en verdad, un loco especialmente peligroso para la gente situada a sus órdenes. Quizá durante años Queeg hubiera dado la apariencia de cumplir con sus funciones con mayor o menor fortuna, pero, al final, quedaba de manifiesto que no pasaba de ser un desequilibrado al que había que privar del mando y que lo único que cabía lamentar era que ese paso no se hubiera producido antes. Las elecciones del 22-M dejaron de manifiesto que ZP es un capitán Queeg que llegó a La Moncloa hace siete años gracias al atentado terrorista más espantoso de la Historia de España. Su sobrecogedora enfermedad quedó de manifiesto cuando, esa noche, en lugar de anunciar su dimisión y la convocatoria de elecciones generales, se colocó delante de los micrófonos y, más alterado que Humphrey Bogart en la citada película, comenzó a jugar compulsivamente con sus bolitas preferidas. Nos dijo, a punto de romper a llorar, que la culpa de la crisis económica más espantosa que ha conocido España en siglos y de los cinco millones de parados no es suya. Al parecer, se trata de una desgracia semejante a los temporales a los que culpó Felipe II por el desastre de la Invencible. Tampoco ha hecho nada malo él, que ha abierto las heridas cerradas hace décadas, que ha descoyuntado el orden constitucional con el estatuto de Cataluña, que ha realizado concesión tras concesión a la banda terrorista ETA, que ha encabezado una sectaria cruzada laicista, que se ha convertido en representante máximo de la cultura de la muerte y que, como logro máximo, puede esgrimir que los homosexuales contraigan matrimonio. Cualquiera que lo viera el domingo por la noche –pensara lo que pensara en los años anteriores– se dio cuenta de que ZP es una desgracia inconmensurable para el barco en el que manda y, para remate, para España, que no puede soportar casi un año más de su aciaga gestión. Ahora la única solución es que los oficiales de ese PSOE que conserva, gracias a ZP, los ayuntamientos de Cuenca y Zaragoza; la CC AA de Extremadura y la Diputación de Ciudad Real se quiten de encima al trastornado y a los que lo han servido como guardia de corps. Que lo hagan cuanto antes porque ni ellos, ni España pueden permitirse esperar un solo minuto más.

miércoles, 25 de mayo de 2011

El PSOE necesita algo más que un cambio de líder

Editorial de Libertad Digital

El PSOE necesita algo mucho más prioritario e importante que un cambio de líder, como también lo necesita España. El PSOE debe abandonar el radicalismo ideológico y la deriva nacionalista de la era Zapatero. Debe volver a ser un partido auténticamente nacional, con sentido del Estado y para el que la nación no sea un "concepto discutido y discutible"; un partido que abandone su sectarismo y su guerracivilismo para ser capaz de llegar a acuerdos con el otro gran partido nacional para hacer frente a la crisis económica y al nuevo envite nacionalista que se nos viene encima en el País Vasco.

Moción en las urnas

GEES en Libertad Digital

Los españoles plantearon al Gobierno de Zapatero una auténtica moción de censura en las urnas el pasado domingo. Y muy dura: el PSOE no sólo pierde, sino que pierde buena parte del poder autonómico y local que había atesorado desde la Transición democrática. El resultado es tan catastrófico para los socialistas que ha puesto en riesgo no solo la estabilidad del Gobierno, sino la propia supervivencia del partido que lo sustenta como fuerza política de ámbito nacional. En nuestra opinión, el fracaso de Zapatero puede tener la única y gran virtud de vacunar a España de socialismo por unas cuantas décadas.

Las elecciones han puesto en evidencia además la nula representatividad de las movilizaciones protagonizadas por extremistas de izquierda en la jornada electoral. Y eso que lo han hecho ante la indolencia de un Rubalcaba que se ha negado a cumplir los mandatos de la Junta Electoral de disolver las ilegales concentraciones. La participación, superior a la de comicios pasados, ha desautorizado por completo un movimiento que pretendía en última instancia deslegitimar la alternancia democrática. La voluntad de los ciudadanos se ha expresado con claridad y contundencia en las urnas para castigar a un Gobierno que ha hecho un daño inmenso a nuestra Nación y que ha dañado gravemente a familias y empresas españolas. El mensaje en las urnas es claro y rotundo: un voto de confianza a una alternativa que gobernará a partir de ahora la mayoría de las comunidades autónomas y las principales ciudades de nuestro país.

La página más amarga de estas elecciones es la vuelta de ETA a las instituciones democráticas del País Vasco y Navarra, sin que la banda terrorista haya anunciado su disolución ni sus cómplices políticos hayan mostrado arrepentimiento ni condenado un solo asesinato. Los representantes políticos de los terroristas se han convertido por la voluntad del Gobierno Zapatero en la segunda fuerza política en el País Vasco, pueden gobernar en más de un centenar de ayuntamientos y manejar millones de euros de dinero público al servicio de sus fines totalitarios y criminales. La presencia de ETA en los ayuntamientos vascos y navarros supone un retroceso de décadas en la lucha contra el terrorismo y pone en riesgo la propia victoria de la democracia española sobre el terror. Es una traición a las víctimas del terrorismo que nos resulta inaceptable.

El Partido Popular ha obtenido en estas elecciones una victoria muy importante. No solo en términos de poder territorial, sino también en la consolidación de su alternativa al desastre de Zapatero. Tiene ahora el difícil reto de no defraudar la confianza y la ilusión depositada por millones de españoles en unos momentos particularmente difíciles. En nuestra opinión, en este último tramo de legislatura Rajoy tiene la obligación de intensificar su labor de oposición para lograr la convocatoria de unas elecciones generales que son una necesidad cada vez más urgente, empezando por la imagen exterior del país. Por otro lado, en la campaña de las elecciones generales el candidato del PP a la presidencia del Gobierno deberá ampliar el catálogo de asuntos a tratar, dar mayor contenido a su discurso y generar ilusión de verdad. En la situación de emergencia que atraviesa España, Rajoy no puede sentarse a esperar que los socialistas se destruyan a sí mismos, porque en esa lucha partidista ambos pueden sumir al conjunto de España en un caos absoluto. Frente a esta tentación, nosotros tenemos claro que es la ocasión de hacer retroceder veinte años al Partido Socialista que ha hecho retroceder a España cuarenta.

Repugnante

Regina Otaola en Libertad Digital

Lo primero que debo decir es que siento una gran repugnancia por los resultados que ha obtenido Bildu. Porque estos resultados no han llovido del cielo –mejor dicho, del infierno–, sino que se deben a la acción de personas de carne y hueso que han depositado su voto conscientes de lo que hacían. En otras palabras, sabemos fehacientemente que una parte considerable de esta sociedad considera que es bueno premiar al que ha apoyado el tiro en la nuca, el coche bomba, la extorsión y el chantaje. Y que no digan lo contrario: Permach celebró el triunfo de y con Bildu al grito de "independencia" y "presos a casa". Son los mismos con distinto nombre. Y una gran parte de esta sociedad los apoya.

(...)

El futuro es incierto y nada esperanzador para quien no sea nacionalista. ETA ni se ha rendido, ni ha entregado las armas. Por perdonarnos la vida un ratito está recibiendo una gran cantidad de regalos envueltos en papel negociador. Los presos a la calle, Bildu a las instituciones y los ciudadanos ofrecidos como víctimas propiciatorias en pos de una claudicación disfrazada de paz; pero, eso sí, todos de la mano al son de la txalaparta.

Los que no estemos de acuerdo con ese futuro deberemos trabajar para que dure lo menos posible. Para ello es necesario un Gobierno central con una idea clara: al terrorismo no se le convence, se le vence. El PP tiene que ser ese Gobierno. Economía, sí; derrotar a ETA, también.

Son los de la porra

José Antonio Martínez-Abarca en Libertad Digital

Los "indignados" se han quitado por fin su careta, que tiene inequívoca vocación de pasamontañas. César Vidal no se equivocaba: en efecto, desde el principio eran la "banda de la porra" de la izquierda. Pero hasta las elecciones del domingo, queriendo sacar su rédito electoral, los "indignados" habían estado jugando, bien que con dificultades, a la convención burguesa del monólogo, ya que no diálogo, en vez de jugar a lo que les tira el cuerpo: el ejercicio de la violencia explícita. Naturalmente, todo en la primavera de los pardillos del #spanishrevolution ha sido, en todo momento, violento. Violencia ya era ocupar el espacio público, como violencia eran sus apropiaciones indebidas de la "soberanía nacional" (que decían representar ellos y sólo ellos) y de la "opinión pública", como si los que han votado a algún partido no tuviesen opinión o ésta debiese circunscribirse a lo privado, como la fe en tiempos de persecución. Pero ahora han pasado a mayores.

En mi pueblo, tras saberse los resultados electorales que condenan al PSOE a un cuasiextraparlamentarismo, los supuestos "transversales y pacíficos" del 15-M ya no han tenido por qué simular moderación. Como Superman, se han metido corriendo en sus sacos de dormir, arrancándose la gafapasta y el traje de faena del regeneracionismo (a más de abandonar la flauta y meter el perro en la perrera municipal) y saliendo de él con la inmarcesible camiseta negra del "Nunca Mais", dispuestos –y ya no en nombre de los berberechos con chapapote, como entonces– a que cualquier cosa que huela a democracia liberal no prevalezca en el planeta. La misma noche triunfal del PP volaron desde sus "vivacs" al hotel donde este partido celebraba los resultados para obligar a la Policía Nacional a mantener la ficción del "pacifismo". Dos días después, han tomado la sede de la televisión autonómica, 7RM, donde se emiten opiniones tan poco favorecedoras como las mías. No hace falta añadir que por supuesto lo perpetraron violentamente, porque, entre empellones, obligar a escuchar un manifiesto no solicitado a favor pero en realidad en contra de la libertad periodística ya es pura ultraviolencia. Ya que las urnas los ignoran, los bienaventurados pacíficos del 15-M (15 minutos de democracia y ni un minuto más) van a por el clásico de "Bildu": cuanto peor, mejor.

Dos de los tres promotores del 15-M reniegan de los decálogos totalitarios excretados en las acampadas, pero eso sólo indica que en realidad estas células nunca les han pertenecido. La propiedad de estos movimientos "espontáneos" corresponde a los de siempre. O sea, a los que meses antes de las elecciones autonómicas en mi pueblo persiguieron de forma oficiosa o "casual" (es decir, también oficiosa) a los cargos públicos del PP, agrediéndolos en varias ocasiones, y a la media hora de resolverse las elecciones vuelven a lo que saben hacer. Preparar el camino en Europa para una romántica dictadura bananera o, en su defecto, hacer que los votantes de Rajoy se lo piensen antes de salir de casa.


Oh, Sole mio!

Ángela Vallvey en La Razón

Ayer iba caminando por los aledaños de la Plaza del Sol, en Madrid, en dirección a «mi» casa, por «mi» barrio, el lugar donde vivo y pago impuestos. Iba distraída entre el móvil y mis demonios personales, que, es fama, son muchos y bastante pelmazos. Pronto me di cuenta de que alguien me increpaba. En principio, mi impulso inicial es pensar bien. Estuve a punto de dirigirle una amable sonrisa al tipo que me gritaba cuando observé que, sin lugar a dudas, trataba de intimidarme: «¡Tú, ‘‘fxtkw!’’, por aquí ni pases, ¡esto es territorio comanche!», me vociferaba el individuo, muy indignado. «Ah, es un indignado», cavilé (puede que sea lenta, pero al final pesco las indirectas de acoso y/o agresión, sobre todo si van directas a mi cuello). Le contesté «¡capullo!», y seguí andando. Ser libre –y salir por la tele– me ha «obsequiado» en los últimos siete años grandes momentos de violencia por parte de desconocidos que no soportan que diga lo que pienso y se consideran con derecho a ofenderme o maltratarme verbalmente. He pagado un alto precio por querer ser libre, y a estas alturas, ya no reparo en gastos. También he aprendido –con enorme dificultad– que debo defenderme, que no defenderme es un error gravísimo que engendra más violencia en mis agresores y en mí misma.

martes, 24 de mayo de 2011

De Irak a Bildu

Tomás Cuesta en ABC

Zapatero llegó al poder a lomos de la historia y ha vuelto a hacer historia al llegarle el momento de salir de naja. Si el 11-M fue un acontecimiento histórico, un punto de inflexión, un órdago cerril y un disparate planetario, es porque edificó un precedente trágico sobre las ruinas ateridas de una tragedia inenarrable. Fue la primera vez que un país democrático (un país respetado y, en teoría, respetable) se plegaba al chantaje de los carniceros y echaba mano sin rubor de la bandera blanca. Con la retirada de Irak, que era una opción legítima antes de que el horror acaparase el escenario, Zapatero, a lo tonto, debutó en los anales. Sin llegar a figura, se convirtió en un figurante. En algo así como una nota a pie de página en la historiografía de la infamia.

Al cabo de siete años, con el teatro hundido, el público insurrecto y la claque en desbandada, el eterno farsante continúa empeñado, contra viento y marea, en prolongar la farsa. Todavía es capaz de empeorar las cosas. No ha despachado aún el último capítulo de esta historieta aciaga. Hay margen todavía —¡ole mi Cid!— para, después de muerto, perder otra batalla. «But this is another story»… Tiempo habrá de contarla. La que se consumó anteayer es la que nos conduce desde la deserción de antaño a la traición de hogaño. Zapatero, en Irak, rindió el Estado al terrorismo. Ahora, a través de Bildu, se lo ha entregado a cuenta de una paz deshonrosa que remata a las víctimas y aviva a los victimarios. Se lo ha puesto en bandeja, en bandeja de plata. Y, si es que salva la cara, nos va a salir muy caro.

La atronadora victoria electoral de los aviesos taliboinas y los machacas filoetarras se sustancia, a la postre, en un descenso «ad inferos», en un retorno agónico a los abismos del pasado. «Un voto —decía Lincoln— es más fuerte que una bala». Pero a Gregorio Ordóñez le quitaron de en medio porque hoy mismo, ¿quién sabe?, quizá sería alcalde. Y lo mismo ocurrió con Miguel Ángel Blanco, con López de Lacalle, con Joseba Pagazaurtundúa... Válganos Dios, son tantos... ¿Es posible comprarse un lugar en la Historia enajenando tanta sangre?

Nada de esto se hubiera planteado sin la aquiescencia del Gobierno, la sumisión culposa del Constitucional y la actitud pacata, abúlica y titubeante de algunos dirigentes populares. Histórica. La del domingo, en efecto, ha sido una fecha histórica. Vamos, que, a fuerza de ser histórica, casi resulta insoportable. Fue la noche triste del señor Zapatero y la noche de Walpurgis de las libertades. Que la historia le juzgue y que le absuelva Pascual Sala.

Y ahora, ¿qué?

Ignacio Ruiz Quintano en ABC

Pobre pueblo, decía el sábado —con su Platón a cuestas— Gregorio Luri, el que se cree superior a sus políticos. Y llevaba más razón que un santo. Yo siempre he creído que Zapatero es la crema de la izquierda española (sólo hay que leer las frases de camiseta de la Puerta del Sol), y Rajoy, la crema de la derecha española. Ahora la ley del péndulo que mece a la democracia ha echado de una patada en el culo a Zapatero, que todavía tiene dos salidas para seguir jugando a estadista: la guerra de Libia y la impugnación de las elecciones del domingo por el aquelarre antidemocrático del sábado en la Puerta del Sol, sede del Gobierno que ha renovado brillantemente Esperanza Aguirre, con toda la secta progre en contra. «No debemos dejar paso a esos sectores casposos, llenos de rencor y sedientos de riquezas», había avisado desde Getafe, con la elegancia propia de quien está acostumbrado a intimar con Tácito, el profesor Peces. A lo que los madrileños, que empiezan a tener gracias a Zapatero una idea bastante aproximada de lo que es la pobreza, contestaron con sed de riqueza insatisfecha llenando de votos las urnas de la marquesa, bajo cuyo paraguas el profesor Peces podrá seguir llevando esa vida muelle que caracteriza a la Universidad española, donde con una lectura somera del librillo de Stéphane Hessel te las puedes echar de Althusser de Getafe que despacha consignas y artículos de fondo. Electoralmente, pierde peso Gallardón, pero poco, visto su empeño por convertir Madrid en la Kaohsiung (Taiwán) del Occidente, transformando las aceras en circuitos y velódromos, y las coquetas plazas burguesas, en desoladas explanadas para «performances» sesentayochistas inspiradas en el gazpacho metafísico del Althusser de Getafe, que nos ha hecho pasar de «Leer “El Capital”» a «Leer “¡Indignaos!”». Gallardón sigue sin entender que, por más que acaricie sus bolsillos con los cheques de la señora Claypool, para la izquierda siempre será un facha.

Viñeta de Montoro en La Razón

España sigue siendo de izquierdas

Manuel Llamas en Libertad Digital

Basta con observar la última encuesta sobre política fiscal elaborada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en 2010. Así, en general, la mayoría de los españoles valora satisfactoriamente los servicios públicos y justifica el pago de impuestos para su mantenimiento; de hecho, el 45% opina que el gasto público en sanidad, educación y servicios sociales debería incrementarse, incluso si eso significa que haya que subir los impuestos (sólo el 4,1% defiende lo contrario, menos gasto y menos impuestos); el 73% defiende que se incremente la fiscalidad a las rentas más altas; el 56% considera que el Estado debe esforzarse más en perseguir el fraude tributario; el 81% piensa que engañar a Hacienda es engañar al resto de los ciudadanos. Por último, un par curiosidades: casi el 79% de los encuestados estudió en un colegio público y el 18% trabaja en la Administración.

Con estos mimbres se explican muchas cosas, como el hecho de que el PP de Génova se escore a la izquierda para tratar de cosechar votos en eso que algunos llaman centro político, y que no es más que la típica socialdemocracia; o que la educación –de nivel medio o superior–, al estar mayoritariamente bajo el control del Estado, se haya convertido en una máquina muy eficiente para pulir a medida "ciudadanos" sumisos, dependientes y favorables al statu quo, es decir, al poder político. Sin ir más lejos, el movimiento 15-M de la Puerta del Sol, pese a que algunos lo tildan de antisistema, no deja de ser otro reflejo, aunque más evidente, del poso izquierdista que todo lo impregna en España. Y es que, estos jóvenes, acompañados de parados, hipotecados, pensionistas y algún que otro contribuyente bienintencionado, protestan contra el poder político sugiriendo como alternativa mucho más Estado y menos mercado con el ilusorio fin de cambiar las cosas... ¡A peor!

lunes, 23 de mayo de 2011

Libertad y prosperidad

César Vidal en La Razón

El siglo XX constituyó una terrorífica sucesión de batallas libradas entre el socialismo y la causa de la libertad. El primero adoptó las más diversas y siniestras formas. Unas veces, fue internacionalista y se envolvió en la bandera roja; otras, fue nacionalista y llevó camisa negra, parda o azul. Sin embargo, en todos los casos sólo trajo violencia, miseria y supresión de libertad. En las últimas horas previas al final de la campaña electoral, Falange se sumó a los ocupantes de la Puerta del Sol. Es coherente porque el socialismo azul comparte buena parte de la cosmovisión económica del socialismo rojo y como él provocó la desgracia de millones de personas. En 1959, a dos décadas del final de la guerra civil, España se moría de hambre y estaba al borde de la quiebra fundamentalmente porque la ortodoxia económica oficial era la de la Falange de gente como Girón que no tenía la menor idea de economía, que rezumaba voluntarismo y que insistía en avanzar más todavía en la misma dirección con la que llevaba aplastando económicamente España desde hacía veinte años.

En 2011, España ha vuelto a entrar en el Top Ten de las naciones al borde de la quiebra simplemente porque llevamos siete años de política socialista salpimentada de alianzas con los nacionalistas. En 1959, España pudo salir adelante y comenzar el espectacular desarrollo de los años sesenta simplemente porque Franco decidió ser pragmático y aceptar una profunda liberalización económica pautada por el FMI y diseñada por los tecnócratas del Opus. En 2011, España sólo podrá salir adelante si liberaliza a fondo su economía y se libra como de la peor plaga de las aciagas recetas socialistas que nos han llevado, entre otras maravillas, a tener más de cinco millones de desempleados y un cuarenta por ciento de paro juvenil. Por supuesto, puestos a ocupar un espacio público, falangistas y antisistema, anarquistas y comunistas, socialistas y bilduistas –¡qué apoyo más revelador el de Bildu a estas ocupaciones!– pueden clamar contra el capitalismo, el liberalismo y el simple sentido común, pero es un hecho objetivo y repetido hasta la saciedad que sus recetas son las que siempre traen demagogia, pobreza y castas empeñadas en decir a los demás hasta cómo miccionar. Históricamente, la pobreza tiene su mayor enemigo en la libertad.

Se trata de la libertad de elegir y de contratar como quieren las partes y no como se le antoja a los liberados sindicales; la libertad para gastar el dinero como nos place y no como desean los burócratas; la libertad que deriva de esa propiedad privada que tanto molesta a los estatalistas; la libertad que viene de poder disfrutar unos ahorros no devorados por los impuestos o la inflación; la libertad de una educación escogida de acuerdo con la propia conciencia y no como se le pone en las insignias al comisario político de turno; la libertad para abrir empresas sin temor a que la quiebre la agencia tributaria, los ayuntamientos o las CCAA; la libertad para ir a una iglesia o no ir a ninguna; o la libertad incluso para acudir a los toros, fumar o hacerse vegetariano según nos apetezca. No lo entienden y no quieren entenderlo empeñados en que cuanto más recorten la libertad mejor nos irá. Se equivocan trágicamente. Sin libertad, no existe la menor posibilidad de prosperidad.

Viñeta de Esteban en La Razón

La agonía

Gabriel Albiac en ABC

Se acabó. El septenato necio terminó ayer. En la hecatombe electoral que hubiera debido consumarse hace tres años. La perpendicular da ahora sobre el vacío en el cual naufraga la máquina de acuñar votos que fue el Partido Socialista desde su reinvención en 1975 mediante aquella envidiable amalgama del dinero de la socialdemocracia alemana y del Departamento de Estado. Los inacabables años de corrupción y crímenes de Estado bajo González habían de mostrar hasta dónde puede llegar gente sin más objetivo político que el de enriquecerse deprisa y eternizarse en el Gobierno. Ocho años de normalidad gris bajo Aznar daban a pensar que, al fin, comenzábamos a sospechar lo que es la democracia: el aburrido sistema político en el quienes asesinan o roban en nombre del Estado van aburridamente a la cárcel. Luego, en el estupor que siguió al asesinato en masa del once de marzo de 2004, el poder cayó en manos de la gente más mortífera para un país civilizado: Zapatero es el cerebro de un adolescente no demasiado agudo, injertado sobre una ignorancia más allá de lo descriptible. Lo espantoso es que, tras la exhibición de eso a tumba abierta durante sus cuatro primeros años, el voto de 2008 volviera a darle en la urnas la presidencia, condenándonos ya irremisiblemente a la ruina en la cual hemos desembocado y que no hay manera de camuflar bajo retóricas de humanitarismo angelical, cantarín y faldicorto.

Waterloo

José García Domínguez en Libertad Digital

El rebuzno libertario del honrado pueblo, que diría don Ramón, ese motín de Esquilache con su inconfundible aroma a pachulí rancio y a naftalina del sesenta y ocho –el todo twitter a la espera de un Forrest Gump doméstico para echarse a correr tras él–, algo eclipsará el Waterloo del PSOE. Aunque, pese al batacazo, la impresión no es que la socialdemocracia naíf que todavía encarna el zapaterismo vaya a desplomarse al modo de la monarquía de Alfonso XIII. Tal que así, se antoja improbable el adelanto electoral que ahorraría al país el calvario de los minutos de la basura hasta marzo de 2012. Y será ésa una derrota no del PP, asunto que carecería de mayor importancia, sino de España, cuestión bien distinta. Ocurre, por lo demás, que el fervor por las jaimas de la plaza Tharir no es la exclusiva seña de identidad africana que arrastra la Península.

También la adhesión ciega, devota, incondicional, a "los nuestros", hagan lo que hagan, nos emparenta con la cultura política de las cavilas rifeñas y las tribus subsaharianas. Aquí, el tráfico de lealtades, el alegre trasvase de votos de una a otra sigla, resulta algo exótico; muy desusada extravagancia. Roben, hurten, prevariquen, mientan, piensen con faltas de ortografía o apesten a ajo, se está con los nuestros. Siempre. Pase lo que pase. Un atavismo que limita la posibilidad de alternancia a la abstención de la feligresía del contrario; que no otro ha sido el caso ahora. Y eso donde hay alguna querencia por el sufragio universal. Que si no es tradición de la plaza, como sin ir más lejos sucede en Cataluña, poco importarán los resultados.

La sociovergencia, o sea el Tinell tácito vigente desde la Transición, volverá a excluir a los no nacionalistas de la menor expectativa de pisar moqueta. Pierda toda esperanza, pues, Alberto Fernández en Barcelona. E igual hubiese ocurrido en Asturias, otro burgo podrido bajo custodia del caciquismo pedáneo, de no ser por Francisco Álvarez Cascos. En fin, constatada la más arrolladora de las victorias populares, ésa de Aguirre en la CAM, irrumpe con fuerza UPyD, acaso para conjurar el riesgo separatista en Madrid. Ah, y la gran noticia de la noche: se acabaron por fin los comunicados de ETA; a partir de ahora emitirá bandos de obligado cumplimiento.

sábado, 21 de mayo de 2011

Los extremeños se tocan

Bildu ve "similitudes importantes" entre su ideario y el Movimiento 15-M

Falange se suma al 15-M

Los 'indignados' de Sol censuran a los medios de comunicación

Zapatero no garantiza cumplir la ley: Interior actuará "con inteligencia"
Zapatero ha dicho que, si tuviera 25 años, estaría con los 'indignados' en la Puerta del Sol.


España regresa al 'top ten' de los países con mayor riesgo de quiebra


¿Nos desharemos alguna vez de toda la morralla extremista y anacrónica? ¿Entraremos de una puñetera vez en el siglo XXI? ¿Será alguna vez España una nación normal, seria y madura? Mientras, la escena seguirá dominada por quijotes y sanchos, iluminados y pícaros, tontos y vendedores de capirotes, revoltosos y pescadores en río revuelto... Es de temer que gane quien gane estas elecciones, y las siguientes, seguiremos viviendo la misma astracanada, el mismo esperpento. Y es que, queridos niños, España no tiene arreglo.

Indignaos

Juan Manuel de Prada en ABC

Hay quienes aventuran que la acampada de la Puerta del Sol está manejada entre bambalinas por la izquierda; pero la izquierda no necesita recurrir a tales manejos, por la sencilla razón de que el clima de la época está suficientemente anegado de sus consignas utópicas (consignas que luego se pasa por el forro de los cojones cuando gobierna). Y así, toda revuelta o protesta popular que surja en nuestra época tendrá infaliblemente una formulación «progresista», más o menos quimérica o desorganizada, pero «progresista» siempre. Porque esos chavales indignados son hijos de su época; y su carácter, su conciencia y, en general, toda su esfera interior (lo que los antiguos llamaban alma) han sido moldeados por la propaganda progresista, que es algo así como el líquido amniótico en el que han sido gestados, y la leche nutricia que los ha alimentado mientras fueron a la escuela o a la universidad, mientras veían televisión o navegaban por internet. Nadie necesita manipularlos, puesto que han sido previamente moldeados; y quien ha sido previamente moldeado en el progresismo, aun cuando revienta (o sobre todo cuando revienta), lo salpica todo de progresismo.

Así pueden comprenderse las palabras solidarias con que los socialistas acogen la acampada de la Puerta del Sol, que a simple vista pueden parecer cínicas. Y que sin duda lo son, pero de un modo mucho más alevoso y sofisticado de lo que a simple vista parece. Cuando Zapatero, Chacón o Pajín se precian de «comprender» a los chavales indignados actúan con la misma socarronería del ciego cabrón del Lazarillo, que después de descalabrar al protagonista con una jarra de vino se burla de él, mientras lo cura aplicándole vino en las heridas: «¿Qué te parece, Lázaro? El mismo vino que te enfermó te cura y da salud». Los socialistas saben bien que un empacho de consignas progresistas sólo puede concluir con una vomitona de consignas progresistas; y esto es lo que, a la postre, refleja la menestra de proclamas que se vociferan en la Puerta del Sol: un vómito de progresismo enfermo que sólo podría sanarse auténticamente renegando de la causa de sus males; pero tal sanación exige una «metanoia», un cambio de mente que quienes han sido moldeados en el progresismo no pueden acometer. Que ni siquiera pueden vislumbrar.

Sin embargo, en la naturaleza humana subyace siempre —no importa cuán anegada esté de propaganda, cuán moldeada por el clima corruptor de su época— una nostalgia de la belleza, el bien y la verdad. Y ese fondo es el que asoma, magullado, malherido, hecho trizas o añicos, entre la empanada mental de proclamas que los chavales indignados lanzan contra el «sistema» que los ha moldeado; proclamas cuyo lenguaje acata los códigos que el propio «sistema» les ha inculcado: democracia participativa, libertades ciudadanas, subsidios, financiación pública, etcétera; y todo ello aderezado con un emotivismo párvulo y efervescente. Que es como si el esclavo le pidiera a su amo que lo esclavice más amorosamente, que le brinde mejor techo y comida más abundante; requerimiento que halaga al amo sobremanera, pues cuando el esclavo reclama mejoras en las condiciones de su esclavitud está reconociendo que sin esclavitud no podría sobrevivir ya, que no hay vida fuera de la esclavitud. Y entonces el amo le dice al esclavo con sorna, mientras satisface sus peticiones utilizando como remedio la causa de sus males: «¿Qué te parece? El mismo vino que te enfermó te cura y da salud».

Sin tanques no hay paraíso

Tomás Cuesta en ABC

Entonces, en otro tiempo, cuando aún las palabras no padecían de anorexia, una revolución era un asunto serio e incluso respetable a veces. A veces, pocas veces. En cualquier caso, entonces, una revolución no era una revuelta. Ni un motín del montón. Ni una algarada brusca y pasajera. Era un tantarantán que descuajaringaba el mundo y ponía a la Historia en el disparadero. Era la apoteosis del realismo trágico y no el cuento de hadas que intentaban vendernos. Era, en definitiva, una palabra gruesa cuando aún las palabras no padecían de anorexia. Ahora, sin embargo, ya nada es lo que es, o, por mejor decir, no es sino lo que parece. La realidad se ha transformado en un «reality» que sólo rinde cuentas ante el plenario de la audiencia. Y la tragedia —tal y como pronosticaba Marx a rebufo de Hegel— sube a escena de nuevo reconvertida en sainete. ¿«Spanish Revolution»? ¡Qué fuerte, colega! Un chute de sangría alucinógena te coloca (o descoloca) mucho menos que ese estupefaciente utópico con el que trapichean en las teletiendas. Porque hete aquí que, de golpe y sin porrazos de por medio, la tropilla indignada, la turba vocinglera, los surferos del caos, los párvulos gamberros, se ufanan de sentar plaza, tras una rabieta impune, en el martirologio de la humanidad rebelde. Para el carro, Ben-Hur. Ahórrate los lobos, que se esfumó la nieve.

Se puede aceptar que desvirtúen una campaña electoral con el pretexto de la espontaneidad seráfica y los abracadabras de la red de redes. Se puede transigir, ya puestos, con que incorporen el himno del Madrid («veteranos y noveles», tatachín, «veteranos y noveles») a la banda sonora de la revolución pendiente. O con que entren a saco en El Rincón del Vago de Internet e hinchen la burra del ideario sandinista con los protocolos del abuelito Hessel a la hora de elaborar un manifiesto que, a fuerza de ser romo, impide meter el remo. No obstante, dando lo anterior por bueno, la Puerta del Sol no es la plaza Tahrir y la primavera árabe nos quedaría muy lejana aunque África arrancara al cruzar los Pirineos. El sarpullido de indignación que nos aqueja se encuentra más cercano a un fuego de campamento que al kilómetro cero de la nueva era pese al empeño denodado de los perros de prensa por sazonar el muermo de la sección política con toques de «trending topic», costumbrismo de urgencia y sociología versión 2.0.

Mas en Tahrir desborda la sangre derramada y en estos pagos, por suerte, lo que corre que se las pela es la cerveza. Sin tanques no hay paraísos revolucionarios y, por no haber, ni tan siquiera hay un Mubarak al que sacar a puntapiés de su ensimismamiento. Qué le vamos a hacer, la dicha nunca es completa. A no ser, por supuesto, que en un arrebato de lucidez pasmosa se decida que sí, que hay motivo, en efecto. Que un país con cinco millones de parados, con las finanzas públicas en situación de quiebra técnica, con la justicia hecha unos zorros y consumido por las corruptelas es imposible que fíe al porvenir lo que se niega en el presente. Demasiada responsabilidad para quienes acampan en la irresponsabilidad autista y la inocencia a pierna suelta. Para quienes se jactan de que ellos están de vuelta sin haberse arriesgado a traspasar la puerta.

¿Y la kermés heroica? Dejémoslo en verbena.

La economía asamblearia no puede funcionar

Juan Ramón Rallo en Libertad Digital

Aunque cada vez son menos, todavía los hay que defienden planificar asambleariamente la economía: democracia económica, lo llaman. Al cabo, ¿no sería más lógico que todos los ciudadanos votaran en común cuáles son los bienes y servicios que debe producir la comunidad? ¿Por qué eso ha de determinarlo un grupo de empresarios sin escrúpulos que sólo buscan su lucro personal? Se trata, sin duda, de un pensamiento instintivo –tal vez correcto en grupos humanos de tamaño muy reducido– pero extremadamente erróneo cuando se trata de hacerlo un orden social tan amplio y complejo como son las economías actuales (en realidad, la economía actual, pues gracias al libre comercio la organización económica es internacional).

Los problemas de la democracia económica son dos: los primeros surgen a la hora de seleccionar qué bienes deben ser producidos y los segundos a la hora de escoger cómo deben ser producidos.

¿Qué bienes deben producirse? La cuestión podría parecer sencilla: basta con que la Asamblea someta esta cuestión a votación popular y asunto resuelto; los bienes más votados serán los que pasarán a ser producidos. De acuerdo, pero deténgase un momento y mire a su alrededor: ¿se da cuenta de la enormidad de bienes distintos que le rodean? No se fije sólo en el ordenador, la mesa o el televisor. Piense en los pomos de las puertas, en las baldas de las estanterías, en los cojines del sofá, en el papel blanco (o reciclado) de los libros, en los tornillos que mantienen unidas las piezas que conforman la silla, en las diversas lámparas, bombillas o velas que lo iluminan, en las muy variadas prendas de ropa que lleva puestas o que tiene en su armario, etc. Y todo eso sin salir de casa... ¿Son muchos, verdad? Muy bien, pues ahora piense en todos los bienes que no le rodean porque ni siquiera se han llegado a producir o a imaginar. El número es inabarcable.

Una Asamblea que pretendiera sustituir al mercado tendría que someter a votación qué cantidad debe producirse de todos los bienes que ahora mismo podemos observar (para aprobarlos) pero, también, de todos aquellos que no observamos (para rechazarlos). Y tendría que hacerlo para todas las variantes de esos bienes. Cojamos las camisetas: las hay (o puede haber) rojas, verdes, azules, blancas, negras, estampadas (¿qué tipo de estampado?), de algodón, de lana, de poliéster (o una combinación de ellas), con el cuello redondo, con el cuello en pico, grande, pequeña, mediana, de buena calidad, de mala calidad...

El número de variantes para todos los productos es casi infinito: aquí tiene una lista, no especialmente exhaustiva ni detallada con respecto a la realidad, de todos los productos que deberían como mínimo someterse a sufragio. En otras palabras, la Asamblea –compuesta por toda la sociedad– debería pasarse debatiendo, deliberando y votando la mayor parte de su tiempo. Pues, si de igualar al mercado se trata, no debería tratarse de una votación mensual, anual o decenal, sino diaria, al minuto, continuada.

Parece claro que la sociedad asamblearia debería estar tan focalizada en votar (y en informarse sobre qué votar) que a duras penas podría dedicarse a producir. Por mera división del trabajo, la Asamblea tendería a encargarle la ardua tarea de escoger qué producir a algún planificador central, como sucedía en los países comunistas. Pero, ¿dónde quedaría ahí la democracia asamblearia? ¿Deberíamos contentarnos con consumir lo que ese señor, o grupo de señores, imagina que deseamos?

Sin embargo, el problema de elegir qué producir es meramente trivial al lado del de seleccionar cómo producir los bienes. De nuevo, en principio ésta parece una dificultad meramente técnica: una vez votado que hay que erigir una casa, el arquitecto y el constructor se encargarán de todos los detalles.

Mas el problema sólo es en parte técnico; en su mayoría es económico. Dado que los recursos son escasos, habrá que redistribuirlos entre los bienes que se ha votado fabricar. ¿Y cómo hacerlo? Por ejemplo, puede que la Asamblea haya decidido a la vez producir 10.000 litros de leche de vaca y 5.000 pares de botas de cuero, pero para manufacturar las botas habrá que sacrificar las vacas, con lo que nos quedaremos sin leche... a menos que criemos más vacas retirando trabajadores de la producción de, verbigracia, colchones. ¿Es preferible la leche, las botas o los colchones (o distintas proporciones de los mismos)? Pero los conflictos entre recursos no terminan ahí: recordemos que más producción de bienes de consumo hoy implica menos producción de bienes de consumo mañana (pues mientras fabricamos bienes de consumo no fabricamos bienes de capital); es decir, también hay que distribuir intertemporalmente los bienes de consumo a fabricar.

¿Debería la Asamblea someter a votación todos los millones de conflictos que surjan entre los usos competitivos de los recursos? Fijémonos en que esto no es un asunto técnico: los técnicos señalan qué recursos necesitan ellos para su línea productiva, pero no pueden valorar si esos recursos son más valiosos en otros procesos fabriles donde también son requeridos. En otras palabras, la Asamblea debería conocer al detalle todos los procesos técnicos y votar dónde cada recurso resulta más valioso. Y, de nuevo, esta tarea no es en absoluto delegable pues, ¿de qué modo podría saber un planificador central cuáles de los millones usos alternativos de los recursos prefiere la sociedad sin siquiera preguntarle?

Queda claro, pues, que la inmensidad de la información necesaria para someter la economía a una democracia asamblearia la haría del todo inviable. El mercado, por suerte para todos nosotros, funciona de un modo radicalmente distinto: no es la colectividad la que tiene que decidirlo todo, sino que cada individuo, de manera descentralizada, es el que tiene la opción de hacer sus propuestas de producción a la sociedad y someterlas en cada momento al sufragio continuado y permanente de los intercambios mutuamente beneficiosos. Cada individuo no tiene que conocerlo todo, sino que basta con que se especialice en una línea productiva muy concreta que atiende a un perfil muy determinado de consumidores.

Estos son los dos obstáculos económicos fundamentales que abocarían al fracaso a cualquier economía asamblearia. Luego hay otro problemilla menor, que no interesa en absoluto a la izquierda pero que sí debería concernirnos a los liberales: la hipótesis implícita a todas las votaciones asamblearias anteriores era que todos los individuos se sometían sin rechistar a los designios de la Asamblea. Si ésta establece que hay que extraer hierro de una mina profundísima para fabricar los motores de los automóviles que se ha votado fabricar, alguien tendrá que extraerlo aunque nadie quiera. Es decir, el tiempo de los distintos miembros de una comunidad pasa a ser un recurso que la Asamblea distribuye como ella escoge: no hay espacio para la libertad, pues la libertad –la autonomía de negarse a realizar la función encomendada por la Asamblea– resulta equivalente a sabotear el plan de producción que ésta ha trazado.

Mucho me temo que la tan democratizadora economía asamblearia es igualita a una tiranía política: miseria generalizada y nula autonomía personal. Todo lo contrario, por fortuna, de lo que ofrece un mercado libre.

Sordos

Maite Nolla en Libertad Digital

Lo que si me gustaría saber es por qué el Gobierno ha dicho que no sólo va a escuchar a los acampados, sino que sus propuestas son posibles. ¿Dónde ponemos el listón? ¿En el número? ¿En que son de izquierdas? ¿En que son muy simpáticos? ¿Por qué?, que diría Mourinho. Las víctimas del terrorismo también han salido y seguirán saliendo a la calle y el Gobierno siempre ha considerado que sus manifestaciones debían clasificarse por defecto en la extrema derecha.

Enemigos de internet y de la libertad

Antonio José Chinchetru en Libertad Digital

El pasado 17 de marzo se celebró, con más pena que gloria, el Día Mundial de Internet. Se trata de una de esas tantas jornadas absurdas que sólo sirven para que algún político se fotografíe y alguna organización monte actos patrocinados con dinero de los contribuyentes entregado por alguna administración, por ejemplo el Ayuntamiento de Madrid. Para hacer honor a la verdad, este año también ha servido para que uno de los medios digitales oficiales de la dictadura castrista –ese régimen tiránico que, entre otras cosas, prohíbe que sus ciudadanos se conecten a la red– mezcle churras con merinas y muestre su apoyo a los "indignados" de Sol con una pieza propagandística digna de entrar en una antología del absurdo. El texto en cuestión se titula Policía en Madrid homenajea el "Día mundial de Internet".

Ya en años anteriores hemos tratado sobre esta cuestión en este mismo espacio digital, pero hay temas que por mucho tiempo que pase apenas cambian y merecen ser recordados. Mientras dirigentes de organizaciones, algún bloguero insigne y políticos varios buscan la fotografía o el titular, la libertad en la red sigue siendo un sueño en numerosos puntos del planeta. Como señalaba Reporteros Sin Fronteras con ocasión del Día Mundial contra la Censura en Internet (una jornada que me merece más respeto por estar destinada a denunciar a los tiranos):

Los países más represivos de la red que merecen ser considerados "Enemigos de Internet" son aún este año: Arabia Saudita, Birmania, China, Corea del Norte, Cuba, Irán, Uzbekistán, Siria, Turkmenistán y Vietnam. Ellos combinan con frecuencia: el filtraje severo, los problemas de acceso, la persecución de ciberdisidentes y la propaganda en línea.

Con la Ley Sinde y las absurdas sentencias dictadas por algunos jueces españoles, por estas tierras ibéricas andamos mal. Y lo mismo podemos decir de EEUU en el caso de que triunfen algunos planes del Gobierno de Obama. Pero nada que se pueda comparar con lo que ocurre en numerosas dictaduras, sobre todo comunistas y de países musulmanes. Aquí al menos no hay ciberdisidentes encarcelados, la libertad de expresión se mantiene en unos niveles relativamente aceptables y no hace falta obtener un permiso del Gobierno para conectarse.

Es algo que deberían tener, además, en cuenta quienes pretenden comparar la Puerta de Sol con las revueltas en el mundo árabe. Además de la brutal (y fundamental) diferencia de que en España nadie ha sido asesinado por las fuerzas de seguridad por acudir a las manifestaciones (mientras que en Siria suman varios cientos, en Egipto también hubo víctimas y en Túnez ocurrió lo mismo), internet es aquí una herramienta libre no censurada. Esto no se puede decir de los países norteafricanos y de Oriente Medio. Antes de caer en comparaciones absurdas, periodistas e "indignados" deberían reflexionar un poco. Al no hacerlo insultan a las víctimas de los mayores enemigos de internet... y de la libertad.

Las rastas de Rubalcaba

Pablo Molina en Libertad Digital

Es indudable que en los primeros momentos del movimiento de manifestantes del pasado 15 de mayo había jóvenes sensatos, muchos apolíticos y algún liberal, que sinceramente protestaban frente a la realidad del ocaso de un régimen con evidentes signos de descomposición. No eran mayoría, claro, pero se les podía detectar fácilmente entre la fronda de rastas y otros atavíos étnicos de los grupos marginales que copan este tipo de protestas callejeras. Ahora han desaparecido todos y con razón.

En la primera fase de las protestas, cuando sólo se había esbozado el diagnóstico de lo que nos ocurre, el acuerdo era prácticamente general. Cualquiera de nosotros hubiera suscrito, en términos generales, los motivos que han llevado a esa parte de la juventud a salir a la calle para afear a la clase política sus desmanes.

Pero eso fue sólo al principio. En cuanto el núcleo duro de la algarada elaboró su catálogo de remedios, aquellos jóvenes sensatos, apolíticos o liberales volvieron a sus estudios y a sus trabajos, actividades que en general la parte más noble de nuestra juventud lleva a cabo de forma simultánea, porque lo último que desea alguien mínimamente formado es servir de cobaya a la izquierda para sus experimentos callejeros.

Para salvar a la sociedad española no se puede proponer como tratamiento una ración doble del veneno que la ha postrado en la UVI democrática, y eso es exactamente lo que pretenden los que todavía se mantienen acampados en la Puerta del Sol y en otras plazas céntricas de las grandes ciudades españolas. El hecho de que su recetario coincida prácticamente en su totalidad con el de las organizaciones políticas de obediencia marxista no es una casualidad.

Por eso Zapatero y su troupe se confiesan encandilados con esta chiquillería que, sin saberlo, les aplaude. Los que todavía se concentran en las calles no quieren que Zapatero rectifique sino que avance mucho más en la línea que ha llevado al país a la actual catástrofe, y eso es algo que la vanidad estratosférica de un personaje tan mediocre como el todavía presidente del Gobierno integra como un halago, por otra parte absolutamente merecido.

Esta movida coge a los Zetapés, las pajines y los tomases con dos o tres sueldos menos y más tiempo libre y los tendríamos en la Puerta del Sol durante al menos una hora diaria, el tiempo justo para recitar a los congregados su habitual compendio de chorradas antes de volver al ático de lujo en su coche oficial.

Son tal para cual, como supo desde el principio el gran Rubalcaba, un político que va siempre varios cuerpos por delante de la manada. Si este sábado ven a un rastafari de barba rala con megáfono pidiendo una oposición que no nos mienta y animando a los congregados a visitar las sedes del PP, no lo duden. Es él disfrazado.

El permanente desprecio a la Ley de Rubalcaba

Editorial de Libertad Digital

Tiene, por el cargo que ostenta, la obligación de hacer cumplir la Ley y esto consiste en devolver a la normalidad esa plaza y todas las del país que están ocupadas por manifestantes. De lo contrario, por muchos malabarismos que haga durante las ruedas de prensa, habrá quedado en evidencia y tendrá que afrontar las responsabilidades políticas pertinentes.

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¿Y penales?

¿Reflexión?

Alfonso Ussía en La Razón

Han alcanzado, durante sus siete años gobernantes, el más alto nivel de incompetencia. Han demostrado tener una infinita capacidad para equivocarse. Han arreglado todos los problemas que España no tenía, creando más problemas aún. Han despilfarrado el dinero público. «El dinero público no es de nadie», dijo una ilustre ministra socialista. Lo contrario. El dinero público es de todos. Han mentido descaradamente en su momento negando la crisis económica. Mientras las naciones con Gobiernos serios adoptaban medidas urgentes para sobrellevar los malos vientos, Zapatero mentía, insultaba a los que anunciaban la crisis económica y prometía la idílica situación del pleno empleo. Cinco millones de parados es su pavoroso saldo. Han utilizado la Justicia en su favor, contando con la colaboración de fiscales y jueces dispuestos a ello. Han pronunciado en siete años el mayor número de sandeces y tonterías que caben en ese período de tiempo. Se han desdicho y han sido obligados a desdecirse. Han gobernado con sectarismo, resentimiento y compulsiva majadería.

Han borrado a España del respeto y el protagonismo en la política internacional. Han procedido a llevar a cabo recortes sociales que nunca habrían sido demolidos por esa «Derecha» a la que tanto aborrecen. Han actuado como socialistas de principios del siglo XX, y no como socialdemócratas de su tiempo. Han abierto heridas cicatrizadas y rencores dormidos. Se han cargado la armonía de la reconciliación. Han pretendido ganar con setenta y cinco años de retraso una terrible guerra civil que perdieron, con toda seguridad, por sus errores. Y han intentado instalar en España el ambiente de aquellos años insufribles. Han pactado con el entorno del terrorismo etarra su vuelta a las instituciones democráticas. Han sido unos paletos. Han gobernado en Cataluña con los que desean que Cataluña se deslinde de España. Han gobernado en Galicia con los que desean que Galicia se independice de España. Han sido desastrosos.

viernes, 20 de mayo de 2011

¿Revolución? No, pataleta

Jorge Valín en Libertad Digital

Vivimos en un mundo artificial carcomido por las apariencias y políticamente correcto. Llaman al pagador de impuestos, contribuyente. Al camionero, chofer. Al carcelero, funcionario de prisiones. A los asesinos, enfermos mentales. Si se puede estudiar una sociedad por el uso de su lenguaje, Occidente está en las últimas.

Lo estamos viendo ahora con los manifestantes de Democracia Real YA. Afirman hacer una revolución contra el establishment, cuando tal "revolución" no es más que una "pataleta" que legitima el Poder.

Los manifestantes de estos días piden al Gobierno Omnipotente: ¡más Gobierno Omnipotente! Algunas de las consignas usadas han sido tales como "la solución a la crisis no pasa por los recortes sociales". "Contra la temporalidad, la flexibilidad y la precariedad". Incluso cosas como "la juventud más preparada de la historia vivirá peor que sus padres". Tal vez nuestros padres no estuvieran "preparados", pero hacían lo único que es necesario para triunfar: trabajar como bestias, competir, ahorrar y mantener un mínimo de responsabilidad económica. Si no podían comprar algo, no tiraban de VISA, ni pedían más dinero a sus padres o al banco, ni se olvidaban de todo para salir de fiesta.

Imagínese que alguno de los partidos mayoritarios se vuelve más populista de lo que ya son y satisfacen una de las consignas de los "jóvenes sin futuro". Pongamos que les regala una casa con un televisor de LED de 40 pulgadas. Evidentemente esos "revolucionarios" dejarían de patalear y se quedarían en sus nuevas casas: "el amo nos ha dado una casa". Seguirían siendo los mismos esclavos sin futuro, pero con sus demandas cumplidas. ¿De verdad cree que esto significa arreglar algo? Sus demandas no son más que conformismo y mediocridad.

Privilegios y derechos no son lo mismo. Los manifestantes "revolucionarios" han olvidado el origen criminal de los derechos sociales. Estos nacen del latrocinio, del robo, de los impuestos y la deuda descontrolada. Los privilegios sociales son de suma cero: el Gobierno roba a Juan, se queda un 30% de lo saqueado, y da el resto a Pedro. Un sistema basado en algo así no solo crea pérdidas totales netas –ya que no aporta producción alguna– sino que convierte una sociedad libre en un Estado policial y confiscatorio. Más aún cuando todo nace del fraude y la mentira. Nuestros políticos llevan años y años diciendo que luchan por nuestros derechos sociales y eso les ha servido de excusa para llenarse el bolsillo mientras trabajan para las grandes empresas con nuestro dinero.

Sinceramente, los de Democracia Real YA son unos engañados. Dan motivos al Poder para crecer y que así todo siga igual. Una revolución de verdad es cambiar la tendencia. En nuestros tiempos significa demoler el Estado del Bienestar y los medios políticos (partidos, sindicatos, patronal, lobbies económicos y sociales). No somos más que sus esclavos que les pedimos las migajas. El objetivo es derrocar al tirano, no pedirle una casa, una pensión imposible de pagar y alguna subvención cochina.

Para obtener autonomía, riqueza y prosperidad solo podemos confiar en nosotros y la propia sociedad civil. Nosotros hemos de construir el futuro y no un partido único como el PPSOE. Basta de tributos, exigencias, permisos, licencias y limosna nacida del robo. Si no siempre estaremos igual. No podemos ser amos de nuestro futuro si no somos amos de nuestras vidas. La única solución es reducir el tamaño del Estado al de un puño para aplastarlo, y suprimir todas sus absurdas leyes contra la economía y nuestros estilos de vida.


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Resumiendo, que estamos en la era Twitter: "¡Queremos más caenas y las queremos YA!"

jueves, 19 de mayo de 2011

"Indignaos, que ya os diré yo contra quién..."



Viñeta de montoro en La Razón

El complejo de Luisa Fernanda

César Vidal en La Razón

No tengo duda alguna de que una parte notable de la sociedad española padece el complejo de Luisa Fernanda. Por pura sensatez, debería unir su vida a opciones de solvencia, nobleza, lealtad y bienestar. Sin embargo, prefiere a personajes que encarnan el resentimiento social, que carecen de dignidad, que se despepitan por coquetear con la jet set, que carecen de escrúpulos y que se vengan con saña de los que no los laminaron en su día como han tenido ocasión de ver, entre otros, Federico Trillo o José María Aznar. De vez en cuando, los Javier Moreno son derrotados por sentido común, pero su carrera no termina. Tras los GAL, un 24% de paro, la aniquilación del sistema educativo y la ruina económica, regresaron con ZP más obtusos, chulos, incompetentes y resentidos que nunca, y la España que tiene complejo de Luisa Fernanda volvió a votarlos. Todo parece indicar que el 22 de mayo, el PSOE sufrirá un revolcón considerable. No me tranquiliza. Hay suficientes españoles con complejo de Luisa Fernanda como para votarlos de nuevo el próximo año. Y es que yo lo siento mucho, pero si tuviera que definir de manera adecuada a Luisa Fernanda, diría pura, lisa y llanamente que es «tonta del culo».

Que la UEFA le juzgue

Ignacio Ruiz Quintano en ABC

El socialismo castizo ha enviado a uno de sus cómicos retirados a soltar el chascarrillo en Vallecas:

—No hay nada más tonto que un trabajador de derechas… —dijo allí Juanito Barranco.

Y los aplausos le impidieron concluir el pensamiento: «… pudiendo ser un parado de izquierdas».

El discurso izquierdista de que viene la derecha y los va a poner a trabajar ha calado en los jóvenes, que están en la Puerta del Sol exhibiendo su indignación.

La misma indignación que impulsó a Juvenal a escribir sátiras, impulsa a la juventud a proferir en el Kilómetro Cero frases de camiseta, con el apoyo moral de Toledo, el Cary Grant español, y de Cayo Lara, ese monstruo del marxismo científico que sumió en la estupefacción al Consejo Político del Partido con una cita falsa de «El Capital» que nunca ha leído:

—Los propietarios del capital estimularán a la clase trabajadora para que compre más y más bienes, casas, tecnología cara, empujándoles a contraer deudas más y más caras hasta que la deuda se haga insoportable. La deuda impagada llevará a la bancarrota de los bancos, los cuales tendrán que ser nacionalizados.

Leche de tigre.

Con eso, Cayo Lara se granjeó el respeto del periódico global en español, a cuya reportera decían (era 2009) los comunistas: «¡Si es que ya lo dijimos nosotros… hace 142 años!»

Ciento cuarenta y cuatro años después están en la Puerta del Sol jugando a la indignación «modelo revuelta árabe», pero sin «Tomahawks» autografiados por Zetapé cayéndote en el lomo.

—Por cierto, ¿cómo llevamos la guerra libia? No olvidamos la frase histórica de Méndez, el Largo de Badajoz, para justificar los bombazos: «En este momento, los segundos son preciosos.»

Todo indica que las urnas de Gadafi tendrán que esperar: los dos promotores de la democracia en las Sirtes, Sarkozy y Zapatero, andarán devanándose los sesos para liberar con un comando al bravo de Dominique de las mazmorras yanquis: Sarkozy, porque Dominique es francés («Dominique-nique-nique s'en allait tout simplement…»), y Zapatero, porque Dominique es socialista, no un «tonto de los cojones», que dirían el Besteiro de Getafe y Juanito Barranco.

Dominique tampoco es un cura, como François Houtart, ni un facha como Paul Wolfowitz, que subió el sueldo a su novia. Por no ser, ni siquiera es un personaje fascinante, como Mourinho, contra quien las fuerzas de progreso han soltado a los intelectuales de la piojera.

El caso de Dominique debería juzgarlo la Uefa, cuyo modelo de justicia, inspirado en el «No juzguéis» de san Lucas, es lo que se impone en Europa:

—Las cosas que suceden en el campo han de quedar en el campo.

Que ésta es, entre nosotros, la corrección que el Constitucional de Pascual hizo al Supremo en el zorzico del Norte, Maitechu mía, Maitechu mía, calla y no llores más.

Los indignados del M-15

Fernando Fernández en ABC

Basta ya de esperar y prometer milagros, de confiar en que papá Estado nos solucione los problemas y nos ponga cómodamente un puesto escolar, sanitario y laboral, un pisito para emanciparnos y una residencia para jubilarnos. El mundo no se va a parar a esperar que España resuelva sus incoherencias y obsesiones infantiles.

España se desmorona

Serafín Fanjul en Libertad Digital

Han pasado los años desde aquel entretenido sainete del "Cubillo en Argel" y los políticos en ejercicio han consentido (casi todos) que la hidra crezca y que –perdonen la frase, por lo repetida– en España no quepa un tonto más. No saben nada de historia, ni tienen la menor intención de aprenderla. Los esfuerzos, las pacientes políticas matrimoniales durante siglos (creen que todo se reduce al casamiento de Isabel y Fernando), la conjunción de intereses comunes, la acción coordinada frente al exterior, todo cuanto costó llegar a la unidad de España en un proceso de siglos, la documentación abrumadora que prueba cómo todos, aun en reinos separados, se sentían españoles, todo a la basura. Mezclan agravios económicos y sociales, ciertos o falsos, con reivindicaciones identitarias que nadie discute (cuando son reales) y sólo se les ocurre pensar en la independencia para resolver los problemas: ¡qué país de necios!

Menos democracia y más libertad

Manuel Llamas en Libertad Digital

Frente a la #DemocraciaRealYa, yo me apunto al movimiento #LibertadRealYa lanzado por el Partido de la Libertad Individual (P-Lib), cuyo manifiesto alternativo comparto casi al 100%, ya que sus propuestas sí otorgarían poder real al individuo (es decir, a usted), restándoselo a los políticos. ¡Eso sí que sería una revolución!

El Cacao Party

Cristina Losada en Libertad Digital

Un posible portavoz de los improbables árabes congregados en la Puerta del Sol declaraba, al parecer, que "los medios no se enteran de nada". Bien. Leído el manifiesto del asunto tengo para mí que sus autores aún se enteran de menos. Vaya empanada. Dos décadas logsianas y una larga tradición de desinterés por la res publica –aunque se vote en masse– han de traer consecuencias. El analfabetismo político es una de ellas. Pero esta empanada desprende un aroma conocido. Es anticapitalista y estatista. Unos ingredientes que gustan tanto a izquierda como a derecha y, en concreto, en los extremos de cada una de ellas. En esas zonas fronterizas siempre se le ponen apellidos a la democracia y fraguan movimientos antisistema, cual fueron el fascismo y el comunismo. Hoy, Sistema es sinónimo de economía de libre mercado. Y antisistema, un modo de externalizar la frustración: la cuenta de las expectativas incumplidas se le carga a la entelequia. Qué bonita irresponsabilidad, sentirse simple engranaje de una maquinaria pérfida.

Los indignados

José García Domínguez en Libertad Digital

Por no leer, ni siquiera han leído al tal Hessel. Indignaos, apenas treinta tristes folios a doble espacio. Acaso demasiada letra para la generación mejor formada –dicen– de la historia de España. Ni a Hessel, ni a Marx, ni a Bakunin, ni a Trotsky, ni a nadie. Y se nota. Lo peor es que se nota.

La privilegiada "indignación" mediática de la extrema izquierda

Editorial de Libertad Digital

Disfrutando de la privilegiada atención que le brinda la clase política y mediática de nuestro país, este movimiento liderado por la ultraizquierda viola impunemente con sus acampadas la legislación municipal y electoral, ante la pasividad de la delegación del Gobierno y del Ayuntamiento de Madrid. Dicen estar dispuestos a violar incluso la jornada de reflexión. No nos extrañaría que también lo hicieran con impunidad. No hay privilegio que no se conceda o abuso que no se permita a un grupo de "indignados"... siempre y cuando, claro está, se identifiquen con la izquierda.

He aquí la Spanish Revolution

Quim Monzó en La Vanguardia

Necesitados de una causa por la que luchar, los campistas se ven como revolucionarios, sin darse cuenta de que ese mismo nombre en inglés denota sumisión a todo un sistema de valores; no sólo lingüísticos. No seré yo quien defienda a los políticos con poltrona, que en general me dan arcadas. Que los campistas digan que luchan contra el bipartidismo es lindo, pero para eso están las urnas: para votar a otros partidos que no sean los dos que cortan el bacalao. La empanada que los campistas exhiben es tan grande que resulta difícil saber qué quieren. ¿Que, el próximo domingo, la gente no vaya a votar? ¿Ejecutar a González Sinde? ¿Enterrar al capitalismo? Vale, pero ¿para poner qué? Y, cuando hablan de acabar con la partitocracia, ¿qué piden exactamente? ¿Que no haya partidos? Miau, porque cuando no hay partidos es que hay partido único.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Las "fuerzas del progreso"

Se mueve (es un decir) la izquierda últimamente entre eso del Socialismo Real YA (¿o era democracia?) y el derecho de pernada, como acertadamente ironiza José García Domínguez, del Gran Kahn (o mejor Kahn Kahn, habida cuenta de su nacionalidad y aficiones.) Y en medio, ZP con sus cinco millones de parados. Porque "en este país" gobierna la izquierda. Hace siete años. Por más que algunos parezcan no haberse enterado aún. En resumen: el progreso que le dicen. Y a ver quién detiene al progreso. Como no sean los polis de Nueva York...

Viñeta de Montoro en La Razón

El trolas

Alfonso Ussía en La Razón

Entra con holgura en el ámbito de la honestidad ser el propietario de un hermoso chalé en Carranque. Espero no ser objeto de una perversa interpretación. Pero no entra con holgura en el ámbito de la coherencia hacer demagogia con el argumento de la gente común cuando no se forma parte de dicho apartado. Tener un chalé es legal pero no es común. Tener una parcela de quinientos metros cuadrados a cuarenta kilómetros de Madrid es tan agradable como legítimo, pero no es común. Presentarse como el candidato de la gente común sin ser común es otra trola de Gómez. Con lo sencillo que resulta decir la verdad. «Me llamo Tomás Gómez, quiero ser presidente de la Comunidad de Madrid, tengo un chalé en Carranque, Toledo, y les pido su voto». (...) Y finalizo recordando los nombres de los seis magistrados del Tribunal Constitucional que después de abrir las puertas de las instituciones a los proetarras, y cumpliendo la obediencia debida al Gobierno, pretenden tumbar la «Doctrina Parot». Pascual Sala, Eugeni Gay, Elisa Pérez Vera, Pablo Pérez Tremps, Luis Ignacio Ortega y Adela Asúa Batarrita. Nada tiene que ver con el artículo, pero es lo que hay.

Erótica del poder

Ángela Vallvey en La Razón

Si DSK es culpable la gente se preguntará: «¿En qué manos estamos, en las de personas que sólo poseen el talento de la ambición de poder, pero carecen de disciplina y autocontrol…?». Y si DSK resultara inocente, pocos se compadecerán de él; pensaremos que lo que está sufriendo el político francés son los «efectos colaterales» del poder, no una injusticia, y que alguna desventaja tenía que tener llevar el mundo colgando de las manos como si fuese un llavero. La pasión del poder provoca de todo menos compasión.

Strauss-Kahn no es Corcuera

Antonio Burgos en ABC

De ocurrir en España, lo de Strauss-Kahn no habría pasado, para ventura del euro y del FMI. Aunque el francés hubiese querido que una camarera del Ritz o del Palace le hiciera el ídem, se hubiera aplicado no la Ley Corcuera, que es una patada en la puerta, sino la Doctrina Corcuera, que es el «usted no sabe quién soy yo».

Cierto doble rasero

Ramón Pérez-Maura en ABC

La diferencia radica en que si el que estuviese encerrado hoy en la cárcel de Rikers fuese el actual primer ministro italiano, toda la «intelectualidad» de izquierda —disculpen la redundancia— así como los programas de telebasura —con la excepción de Tele5 y Cuatro, por supuesto— estarían desollando al cabrito. Bien estaría. Pero claro, eso a un señor de izquierda en el que tantas esperanzas se habían puesto para desalojar al réprobo Nicolas Sarkozy en Francia no se puede hacer.

Cría cuervos y...

Juan Morote en Libertad Digital

La verdad es que nos estamos enfrentando a un fenómeno complejo, causado por un conjunto de factores. En primer lugar, estos niñatos que protestan en el asfalto y bajo la luz artificial son los hijos de los que soñaron con haber estado en París en el 68, si hubieran sido franceses les llamaríamos bo-bos, o lo que es lo mismo ciudadanos bohemios, aunque, como señaló Brooks, los miembros de este colectivo sólo comparten sus patrones de consumo. En segundo lugar, son pseudomarginales desencantados con una sociedad que pretende obligarles a esforzarse y trabajar para tener una oportunidad. Y en tercer lugar, son una panda de andrajosos malcriados que suben al Mercedes de papá con los pantalones rotos bien arrastrados por el asfalto.

Indígnense, nenes

José Antonio Martínez-Abarca en Libertad Digital

¿Rebeldes, éstos? Son los mismos que, encuesta universitaria tras encuesta universitaria, dicen querer cambiar el mundo de mayores por el procedimiento de meterse a arrojados funcionarios. Son los que claman por la llegada de una fantasmagórica "Sociedad del Conocimiento" cuando ni se han molestado en saber que en castellano hay un signo de apertura de exclamación en el tontuelo "¡Indignaos!" (al menos, que se "indignen" ortopédicamente exclamando como es debido). Estos aspirantes a arreglar todo lo que está mal en el mundo volviéndolo mucho peor aún hacen estos días sentadas en la vía pública. Para eso sí sirven: para esperar a todo sentados. Llevan desde que Rodríguez Zapatero ganó sus primeras elecciones pasándoselo teta y corroborando que vivían "en la mejor situación española de la Historia", y ahora que parece que hay que ponerse a trabajar un poco para arreglar lo que ellos mismos han contribuido a perpetuar se acuerdan de que la paga que les había prometido el Estado se volatiliza y que tienen que madurar de repente, sin tener la edad para ello. Es decir, como si tuviesen esos mismos cuarenta o cincuenta años, en cualquier caso menos de sesenta, que ya tiene a sus espaldas el actor Willy Toledo, quien se sienta en la calle estupendamente, a mover el rumbo del planeta.

La izquierda europea pierde los pantalones

Pedro Fernández Barbadillo en Libertad Digital

La socialdemocracia ha constituido una clase moralmente superior y ha empapado a toda la sociedad de su pudibundez: no fumes, no hagas chistes, no discrimines, no pienses sólo en ti... Ahora se la juzga con la misma vara con la que mide a los demás. Un sacerdote italiano de izquierdas, Filippo di Giacomo, calificó así a los políticos izquierdistas de su país con motivo de un acto social y político: "en las primeras filas estaban sentados algunos de los personajes más ricos de Italia, todos ellos recién llegados de sus villas en el Caribe, Kenia o Thailandia. Esa es hoy la izquierda italiana, una especie de nouvelle cuisine, nada en el plato y todo en la cuenta. El más pobre tiene siete casas. Los mileuristas no fueron invitados al discurso, estaban en el guardarropa cuidando de los abrigos de piel". Los abrigos de piel, que antes llevaban las señoras de derechas ahora los llevan las queridas de los progres.

Y la gran esperanza de la socialdemocracia europea para recuperar el trono de Francia ha sido encarcelada en Estados Unidos por violación de una empleada de la limpieza. Un episodio de folletín del XIX: el casero que se aprovecha de la joven viuda que no puede pagar la renta, el marqués que acosa a las aldeanas de su feudo. Pase que el socialista Dominique Strauss-Kahn sea banquero y rico, pero que no pueda contener su lujuria como si se tratase de un mono en celo...

Tanto Twitter para esto

Daniel Rodríguez Herrera en Libertad Digital

En la concentración de este martes en Sol se gritaba como consigna "Queremos salir en Telemadrid". Tanto rollo dospuntocero, tanta cosa de que con internet no hacían falta medios de masas, y al final lo que quieren los revolucionarios de las redes sociales es salir en la tele, que si no parece que nadie les hace caso.

Discúlpenme que no se me levante el entusiasmo, pero la primera revuelta de Twitter en España se parece mucho a las manifas antifas de toda la vida, sólo que con un montón de despistados que se han unido creyendo que eso es otra cosa, gracias a lo cual hay más de dos gatos. Ha sido lo mismo de siempre, consignas anticapitalistas y piedras contras las lunas. Sólo que con gente de corbata y vaqueros de moda haciendo bulto.

En Twitter se puede poner #15m todas las veces que se quiera, pero cuando llega el día D y la hora H alguien ha tenido que organizar el cotarro, poner las pancartas, preparar las consignas, ejercer de equipo de seguridad y hasta pedir permisos a la delegación del Gobierno. ¿Creen que eso lo han hecho los internautas que empezaron repitiendo el #nolesvotes como unos posesos y ahora están en la puerta del Sol? No, claro. Lo han hecho quienes tienen la experiencia, capacidad e iniciativa de hacerlo y, gracias a ello, se han hecho con el liderazgo del movimiento.

Así, la organización de todo este sarao ha corrido a cargo de la extrema izquierda de siempre, de los okupas de toda la vida. La voz cantante ha corrido a cargo no del "pueblo" en general, sino de unos personajes muy en concreto. Allí se presentó Willy Toledo, uno de los principales apoyos de la tiranía castrista en España, sin que nadie lo echara a gorrazos, pese a que los organizadores se autodenominan "Democracia real ya", que debe ser el nuevo pseudónimo de las democracias populares de antaño. Antes lo hizo Carlos Taibo, uno de los más conocidos soportes dizqueteóricos de los antiglobalización españoles. El manifiesto es un recorrido por los tópicos de la izquierda más rancia, esa que lo pide todo del Estado y se cree que al mismo tiempo puede haber empleo y prosperidad y que los políticos no se conviertan en una casta.

Las manifestaciones contra la guerra de Irak fueron multitudinarias porque acudió gente de todo el espectro político. A una escala infinitamente menor, algo similar está ocurriendo ahora. Sin embargo, entonces mucha gente se fue descolgando según se dio cuenta de que aquella protesta teóricamente apartidista no era más que una pantalla para promocionar a la izquierda. Quizá el punto de inflexión fue aquel vándalo barcelonés que aprovechó el ambiente para asaltar El Corte Inglés y llevarse un jamón.

Cuando los del Twitter se den cuenta de que alguien quiere llevarse el jamón, abandonarán a la extrema izquierda. Y entonces acabará la #spanishrevolution.

¡Servidumbre Real YA!

Juan Ramón Rallo en Libertad Digital

Es cierto que las ideas de 'Democracia Real YA' no resisten un análisis de más de cinco segundos, pero no por ello hay que negar su existencia: de hecho, lo mismo sucede con nuestra clase política y con la mayoría de los autodenominados intelectuales. No ocultemos sus propuestas, saquémoslas a la luz y expliquemos cuáles son sus consecuencias: más desempleo, más impuestos, más déficit y más bancos (públicos) quebrados que rescatar. Quieren regenerar la política, pero no para incrementar la exigua esfera de libertad de los individuos a costa de la reglamentación estatal, sino para terminar de convertirlos en las mulas de carga de la casta gobernante. Sorpresa: la nueva izquierda no es otra cosa que la izquierda de toda la vida.


El socialismo del post-it

Pablo Molina en Libertad Digital

Los gobernantes de todos los niveles están de acuerdo en la necesidad de agilizar los trámites burocráticos y reducir el número de documentos en papel que maneja la administración, pero los socialistas les llevan al resto de competidores al menos dos décadas y media de delantera.

Porque esto de dictar actos administrativos en un papelito adherente no es un invento de los responsables del departamento de trabajo de la Junta de Andalucía, sino toda una tradición en el socialismo autonómico desde que la marabunta progresista se hizo con estos abortos jurídico-políticos que son las comunidades autónomas.

Éste que suscribe ha visto en sus tiempos de funcionario papelitos de esos, firmados por el consejero del ramo y dirigidos al jefe de servicio de personal, con la indicación "méteme en nómina a este amigo" (sic), y a continuación el nombre completo y el DNI del afortunado nuevo empleado público. El responsable de recursos humanos de entonces, hombre sabio proveniente de la administración franquista y por tanto legalista hasta la extenuación, guardaba esos papelitos como oro en paño por si algún día el fiscal le llamaba a declarar y, de paso, rezaba para que llegara pronto la fecha de su jubilación. Afortunadamente se jubiló sin que el asunto explotara, entre otras cosas porque lo primero que hizo el PP al llegar al poder en 1995 fue quemar simbólicamente esos varios cientos de papelitos y pasar página (o "post-it") como manda el centro-reformismo.

Como en Andalucía todavía no ha habido un cambio en las estructuras del poder autonómico, es lógico que perduren los procedimientos administrativos más queridos por el socialismo, con la nota adhesiva como principal herramienta para la agilización de los procesos burocráticos, siempre tan pesados.

Un pequeño billete de estos sirve para quintaesenciar las resoluciones administrativas haciendo mención expresa solamente de lo sustantivo. En el caso denunciado por Javier Arenas, en lugar del informe jurídico emitido por la oficina correspondiente y el necesario expediente administrativo que siga los trámites previstos por las normas dictadas por la propia comunidad autónoma, el director general resume en una sola frase manuscrita a quién hay que darle un trinque presupuestario y bajo qué condiciones, que es lo que realmente importa. El resto del proceso es un asunto mecánico, porque después de haberse pulido setecientos millones en "jere", que diría el campeón de Arenas, trincar un dineral sin tener derecho a ello es algo al alcance incluso del hermano de "mienmano".

Sólo cabe esperar que cuando llegue el equipo de Arenas al poder andaluz envíe todas esas notas manuscritas a la Fiscalía y no las queme como sus colegas en el resto de autonomías que han ido cayendo del lado popular. Más que nada porque a tenor del número de post-it emitidos, el fuego podría acabar arrasando el Palacio de San Telmo.

Salgado y el chimpancé

José García Domínguez en Libertad Digital

Salgado echa en falta más respeto. "Hay que ser un poco más respetuoso", se ha lamentado. Y ahí sí que no le falta razón. Esos yanquis, tan zafios ellos, ni el derecho de pernada respetan.

Movimiento 15-M: Títeres de la izquierda

Editorial de Libertad Digital

Basta echar un vistazo a las propuestas de Democracia Real YA –la plataforma ciudadana que promovió las manifestaciones del pasado domingo en más de 60 ciudades de España– para darse cuenta de que, lejos de ser un legítimo, espontáneo y transversal movimiento de protesta contra la falta de alternativas y de soluciones que ofrece nuestra clase política, se trata de un movimiento muy bien organizado por parte de la izquierda para apropiarse del justificado malestar social y proponer políticas aún peores que los problema que ya padecemos.

Más que a un mayor grado de democracia, a lo que parecería que aspiran los miembros de Democracia Real YA es a una adulteración de la misma. No en vano, la democracia no entiende de adjetivos, sean éstos real, orgánica o social. Siempre que se quiere matizar su clarísimo significado original asociándolo a diversos calificativos, sólo cabe descubrir un subyacente deseo por socavarla.

No es de extrañar, por tanto, que partidos como IU o el PSOE hayan querido sacar rédito de esta protesta ciudadana –por ejemplo, vinculándose a través de su página web con el manifiesto de la plataforma–, como si estos partidos no formaran parte de esa clase política que es legítimamente percibida por los ciudadanos como el tercer principal problema de nuestro país, o como si esta plataforma ciudadana de izquierdas no promoviera las ideas que en gran parte son responsables de la crisis que padecemos.

La izquierda es experta en el agitprop y en valerse electoralmente de la crispación, como bien quedó demostrado con los movimientos, también falsamente espontáneos, del "Nunca mais", el "Hay motivo" o el "No a la guerra". Ahora, con casi cinco millones de parados, y ante la nula iniciativa del principal partido de la oposición para liderar el malestar ciudadano, es evidente que esa izquierda quiere ocupar semejante vacío, aunque ello suponga convertir una protesta a favor de la democracia en una destinada a pervertir sus bases y a mejorar las perspectivas electorales del PSOE.

martes, 17 de mayo de 2011

Viñeta de Montoro en La Razón

Me pinchan...

Alfonso Ussía en La Razón

«Enhorabuena, Eva. Tu cartel tiene mucha fuerza». Estas palabras, pronunciadas por el ser superior, custodian un valor incalculable. No se trata de hablar por hablar para quedar bien. Rodríguez Zapatero no elogia para salir del paso y dejar un buen recuerdo. Si el ser superior dictamina que un cartel electoral tiene mucha fuerza no hay espacio para la duda. El cartel electoral tiene mucha fuerza, y se acabó la discusión. Y ustedes se preguntarán con sobrada y lógica curiosidad. ¿Qué dicen los carteles electorales de doña Eva Almunia para merecer el elogio del Presidente? Voy a intentar transcribir el mensaje textualmente si consigo dominar mis emociones. Bajo la fotografía de doña Eva Almunia, dos únicas palabras. Síntesis. Reunión de talento para llegar a los corazones de los votantes de Aragón. «Eva, Presidenta».

Tranquilos y tensos

Carlos Rodríguez Braun en La Razón

En «El País» pude leer: «Aznar, que venía directamente de la tradición franquista de la derecha». Me pregunto de dónde creerán que venía directamente Juan Luis Cebrián. En fin, se trata de crear alarma: todo se hunde, se hunde Europa, se hunde el delicioso, generoso y por supuesto gratuito Estado del Bienestar, y vienen unos tipos peligrosísimos que son «sistemáticamente enemigos de los impuestos». Ya nos gustaría que realmente lo fueran, ya.

Intifada 3.0

GEES en Libertad Digital

El problema de fondo de Israel es que mientras que sus enemigos no disminuyen en número, sus amigos sí. O, al menos, la voluntad de estos últimos en manifestar su comprensión de lo que ocurre en esa zona del mundo. Los dirigentes de Israel encuentran buenas palabras en privado, pero críticas, cuando no amenazas y condenas, en público. No es responsabilidad de Israel, sino de la descomposición del mundo occidental, sobre todo de una Europa antes temerosa de las represalias de los países árabes y ahora atemorizada ante una creciente bolsa de emigrantes musulmanes, cada vez más radicalizados y nada deseosos de integrarse en las sociedades de acogida

Strauss-Kahn y la doble moral de la izquierda

Editorial de Libertad Digital

Mientras que al republicano Paul Wolfowitz lo forzó a dimitir de la presidencia del Banco Mundial por contratar a su novia y subirle el sueldo, con Strauss-Kahn rápidamente ha blandido la importancia de la presunción de inocencia para evitar su cese. Parece que el nepotismo es asunto más grave que una violación o, más bien, parece que a la izquierda debe tolerársele todo aquello que se censura de la derecha.

La cruel igualdad americana

Cristina Losada en Libertad Digital

Qué curiosa paradoja ésa de que dónde más intervienen los gobiernos en la vida privada del ciudadano, se insista en conceder al político una esfera privada inviolable, no sometida a evaluación ni a escrutinio.

La izquierda extrema

Edurne Uriarte en ABC

Hay bastantes más argumentos a favor de izquierda extrema en el socialismo que a favor de la derecha extrema en el PP. Comenzando por los pactos con IU o ERC, la extrema izquierda, allí donde puede. Pasando por la reivindicación del mensaje de la izquierda extremista de la República. Y terminando con la negociación con ETA y la presión para la legalización de su brazo político.

En términos de manual de Ciencia Política, a todo eso se le llama coqueteo, simpatía y cercanía a la extrema izquierda. La izquierda extrema, la izquierda más izquierdista de Europa, la izquierda de la izquierda, es una realidad en España. Y gobierna.

Vicios privados, públicas virtudes

Tomás Cuesta en ABC

El abuelito Stéphan Hessel, que ha sido uno de los valedores de la candidatura de Strauss-Kahn a las presidenciales, tiene la indignación más disparada que Zapatero el índice de paro. Está indignado, sí, pero con los americanos.