domingo, 30 de enero de 2011

Los piratas y la señora Sinde en Debates en Libertad -29/01/11 (esRadio-LDTV)



Hubiera sido más interesante sin la prescindible presencia de la señora Rodríguez Salmones, que ni se entera de lo que dice, ni de lo que le dicen, ni de lo que ha votado su partido. O sí lo sabe y está intentando darnos gato por liebre, que es peor. En definitiva, una buena muestra del PP marianista y de la clase política actual en general. Así nos va...

César Vidal entrevista a Juanjo Puigcorbé - 28/01/11 (esRadio-LDTV)

sábado, 29 de enero de 2011

El paro, la tragedia que no cesa

Editorial de Libertad Digital

Es hora de acometer reformas en profundidad sobre el rígido y obsoleto sistema de relaciones laborales que impera en España desde tiempos del franquismo. Un sistema que fomenta la improductividad, nos condena a liderar siempre y en cualquier circunstancia las listas de desempleo de la OCDE y que, por culpa de los privilegios adquiridos, envía de un modo masivo al paro a las generaciones más jóvenes, provocando un síndrome de expectativas disminuidas como los que padece la juventud de muchos países del Tercer Mundo.

Lo que nos debe quedar claro es que el problema del paro, que ya ha adquirido tintes de tragedia nacional, no se va a solucionar solo ni aplicando viejas recetas. Un desafío para nuestra clase política que, de una vez por todas, debe abandonar las supercherías autocomplacientes en las que retoza desde hace más de treinta años. Ha llegado el momento de que nuestro mercado laboral haga la transición a la democracia.

Viñeta de Montoro en La Razón

Los internautas criminales

Juan Manuel de Prada en ABC

A Manuel Gutiérrez Aragón se le ha atribuido una frase la mar de simpática: «No hay que dar ninguna tregua a los internautas, porque es como pactar con los terroristas». Frase que tal vez sea apócrifa, pero que desde luego es inconsecuente, pues si hay algo que distinga a terroristas e internautas es que con los primeros se ha pactado repetidamente.

(...)

La llamada «ley Sinde» será un fracaso sin paliativos, porque no se puede poner puertas al campo ni mantener artificialmente la respiración de un muerto; a menos, claro está, que se pretenda encerrar a todos los internautas en un inmenso, desquiciado, pesadillesco campo de concentración, para intentar mantener vivo al zombi. Que eso es, al fin y a la postre, lo que pretenden quienes identifican a los internautas con criminales: convertir el mundo en una cárcel orwelliana.

Rubalcaba apunta a internet

Antonio José Chinchetru en Libertad Digital

Es un mal asunto que Rubalcaba vincule la existencia de internet con la del terrorismo "internacional". No se ha limitado a señalar algo que todos sabemos, que los terroristas utilizan la red para comunicarse y difundir sus mensajes (al igual que usan los teléfonos para hablar, los coches para desplazarse o las casas para esconderse). Muy al contrario, ha afirmado que sin la red no existiría ese tipo de terrorismo al que desde el Gobierno tanto cuesta calificar de "islamista" o "islámico" (sin que esto último quiera decir que todos los musulmanes sean miembros de Al-Qaeda, Hamas, Hizbollah y otras organizaciones similares).

Lo que ha hecho el ministro del Interior es criminalizar la red en su conjunto sin fundamento alguno. Las redes de terroristas que actúan en diversos países, con independencia de sus objetivos y naturaleza ideológica, existen desde mucho antes de la invención de internet. Grupos como la OLP y Septiembre Negro se dedicaban a asesinar, secuestrar aviones o barcos y capturar rehenes en todos los continentes desde antes de que se hiciera algo parecido a comunicar unos ordenadores con otros a través de la línea telefónica. Y no sólo eso. Durante la segunda mitad del siglo pasado, grupos terroristas como ETA, IRA, la Fracción del Ejército Rojo o las FARC colaboraban entre sí y con muchos otros sin necesidad de páginas web y correo electrónico.

Incluso limitándonos al terrorismo islamista, este es también anterior a la red. Sólo por poner un ejemplo, el iraní Hizbollah se fundó entre 1977 y 1979. De hecho, su patrocinador, el régimen de los ayatolás, lleva apoyando a grupos similares en varios países desde que Jomeini tomara el poder en Irán en 1979.

Pero lo más preocupante de las declaraciones de Rubalcaba no es la falta de conocimiento de la historia del terrorismo de la que hace gala. Lo peor es que si un ministro del Interior señala a "internet" como una de las causas de dicho terrorismo, puede tener en mente medidas coactivas para la libertad en la red. Durante la década pasada, y con la alarma mundial causada por los terribles atentados del 11 de septiembre de 2001 en EEUU, en todo el mundo se impusieron normas (en gran medida todavía vigentes) que lesionan los derechos de los ciudadanos en internet (como el secreto de las comunicaciones o la intimidad) al tiempo que no ofrecen una gran eficacia. Máximo ejemplo de eso son la Patriot Act en Estados Unidos junto a la directiva de retención de datos en Europa y su transposición a la legislación de los estados miembros de la UE.

Por tanto, nada bueno se puede esperar. Y menos aún si se tiene en cuenta el poco respeto por los derechos de los ciudadanos en internet que ha demostrado este Gobierno –con el apoyo final de un PP que ha preferido ponerse del lado de los cantantes y demás "culturetas" en vez de junto al resto de los españoles– en todo el asunto de la Ley Sinde.

Esperemos que la declaración de Rubalcaba se quede en una de esas muchas cosas (en numerosas ocasiones escritas por asesores) que numerosos políticos dicen en una conferencia para rellenar tiempo y no señale futuras normas lesivas para la libertad en internet. En definitiva, que tras una "Ley Sinde" con la excusa de los derechos de autor no venga una "Ley Rubalcaba" que traten de justificar con la lucha contra el terrorismo. También en internet hay que luchar contra el terror, por supuesto, pero sin dañar la libertad de expresión o la intimidad de los ciudadanos.

Méndez, Toxo y ZP nos hacen un "chamosa"

Pablo Molina en Libertad Digital

El régimen público de previsión social, eso que los pusilánimes llaman "uno de los vértices del Estado del Bienestar", es una estafa piramidal en función de la cual el Gobierno te roba una parte de tu salario para pagar los subsidios actuales, a cambio de la promesa de que cuando tú te jubiles habrá los suficientes pardillos en activo como para hacer lo propio contigo. En el proceso desaparece el ochenta por ciento de todo lo que has pagado a lo largo de tu vida laboral, pero asombrosamente es un robo que el español medio acepta con la mejor de sus sonrisas, porque encargarse de su propia jubilación le produce un pánico insuperable.

Queremos que López i Chamosa gestione nuestra jubilación y luego nos escandalizamos de la magnitud del latrocinio, una reacción absurda porque es lo que ocurre invariablemente cuando entregamos a los políticos la capacidad de decidir sobre nuestras finanzas. Si, además, en el conciliábulo parlamentario en que se decide la cuantía del robo una de las voces autorizadas es la de la oronda académica del PSC, el resultado no puede ser otro que el que finalmente han rubricado los sindicatos y ZP tras la tradicional cena copiosa y los dos paquetes reglamentarios de tabaco.

Es preocupante que los chamosas decidan cuándo tenemos que dejar de trabajar y a cambio de cuánto dinero, pero mucho más lo es que el borrador de intenciones surgido de la comisión parlamentaria de la que forman parte deba ser validado por los sindicatos llamados mayoritarios. Méndez y Toxo, junto al presidente del "sindicato de productores" y ZP, acuerdan la reforma del sistema público de pensiones aumentando la intensidad del robo institucional, y asombrosamente no hay una manifestación espontánea de los dieciocho millones de cotizantes actuales exigiendo a los cuatro que saquen sus sucias manos de nuestro dinero.

Está visto que la estafa de las pensiones públicas va a perdurar en España durante muchas generaciones, por eso lo único que cabe exigir es que nos dejen fuera del sistema a los que no queremos permanecer en él ni un segundo más. Queremos sufrir los rigores del capitalismo y depositar nuestro dinero únicamente en planes de ahorro privados como ZP, que los contrata a pares. Y si nos arruinamos lo asumiremos con gallardía. Preferimos compartir el destino financiero de ZP a continuar sometidos al despojo solidario del clan de los chamosas. Cuestión de gustos.

viernes, 28 de enero de 2011

Álex, el enemigo del pueblo

Cristina Losada en Libertad Digital

La jefa de la Cultura oficialista le condena por no comulgar con "una decisión democrática" adoptada por tres partidos políticos con millones de votantes. De modo que, según esa mentalidad rudimentaria y antiliberal que equipara las decisiones de la mayoría con la razón y la verdad, hay que colgarle al díscolo el sambenito de "enemigo del pueblo". Si esto fuera Inglaterra, una pediría que al cineasta desafecto se le concediera el título de Sir. Como no lo es, que se le ponga su nombre a alguna calle. Aunque sólo fuera por el gesto excepcional de dimitir.

lunes, 24 de enero de 2011

Recuperar la verdad

Juan Manuel de Prada en ABC

Una sociedad que reniega de la verdad que la constituye se convierte, inevitablemente, en pasto de ingeniería social; se convierte en barro moldeable en manos del político que, a cambio de exaltar sus caprichos y conveniencias, puede instaurar un reinado de la mentira sin violencias ni sobresaltos, sabiendo que quienes lo sostienen no se rebelarán, pues previamente han sido sobornados.

lunes, 17 de enero de 2011

Orwell en la España de Zapatero

José Carlos Rodríguez en Libertad Digital

Las 33 páginas del anteproyecto de ley para la igualdad de trato y la no discriminación nos llevan, ya desde el tí­tulo, a un mundo orwelliano. sin ironías ni como una denuncia, sino como un objetivo deseable. En el planeta pajillesco no habrá acción u omisión que resulte en una discriminación, menoscabo o perjuicio de terceros.

Sigamos el texto, y hagámoslo fielmente, porque de otro modo todo lo que se diga de él parecerí­a mentira. Su objetivo es "prevenir, eliminar y corregir toda forma de discriminación en los sectores público y privado". No sólo serán penadas las acciones que considere la administración que están tipificadas en la ley, sino también las omisiones. Y no cabe descargarse en el error, pues tipifica la "discriminación por error", esto es, la que "se funda en una apreciación incorrecta acerca de las caracterí­sticas de la persona discriminada". Atentarán contra la ley las meras opiniones. Dice: "Queda prohibida toda conducta, acto, criterio o práctica" tipificada. Un mero criterio, una opinión, podrá ir contra la ley. Y cualquier uso social asentado, cualquier tradición, se puede convertir en ilegal con la plasmación de este texto en el BOE.

Si les cabe aún el asombro, sepan que queda invertida la carga de la prueba. Será el acusado quien tenga que demostrar que es inocente: "Corresponderá a la parte demandada o a quien se impute la situación discriminatoria la aportación de una justificación objetiva y razonable". Como es un delito de opinión, de ofensa, y es el ofendido quien alega sus razones para sentirse así­, resultará muy difí­cil defenderse. Además, cualquiera puede verse en la tesitura de ser denunciado por llevar una vida normal, como la que hacemos todos los dí­as Y los ofendidos o discriminados tienen la consideración, en el texto que quiere ser norma, de "ví­ctimas". Lo cual nos convertirá a los ciudadanos de a pie en... bueno, ya se lo imaginan.

El anteproyecto "incorpora expresamente tres nuevos motivos"de discriminación: "enfermedad, identidad sexual y lengua". Bien, por fin el Gobierno va a echarse atrás en su connivencia con las discriminaciones contra quienes quieren recibir la educación en castellano en regiones como Cataluña, Paí­s Vasco, Galicia o Valencia. Pues no, porque dice textualmente: "La prohibición de discriminación por lengua excluye cualquier diferencia de trato por el uso del castellano en todo el territorio nacional así­ como por el uso de las distintas lenguas cooficiales en sus respectivos territorios y en aquellos otros ámbitos previstos en las leyes". Hay que leerla varias veces para creérsela. Es decir, que el anteproyecto introduce un nuevo criterio de discriminación, que es la lengua, pero saca del ámbito de la ley las lenguas oficiales, precisamente las que están creando un problema de derechos civiles por discriminación y atentado contra nuestra libertad. Por lo que se refiere a la "identidad sexual", ya podemos ver claramente que cualquier opinión que resulte intolerable a la ideologí­a de género de los socialistas estará perseguida por la ley.

Menciona expresamente, para que nos vayamos todos preparando, a los medios de comunicación, y precisa que "se prevé su sometimiento a dicha prohibición". Si han podido multar a Intereconomí­a por una autopromoción sin necesidad de la ley, ¿qué no harán cuando entre en vigor? Pues lo que harán será cerrarla; a esta cadena o a cualquier otro medio de comunicación que les resulte incómodo, como este mismo. Acaso no sólo por sus contenidos, pero sí­ porque la ley entra en el ámbito de la empresa, y arroga a la administración la facultad de cerrar cualquier compañía que considere recalcitrante en la discriminación. Ah, y lo de la Educación para la Ciudadanía va a ser de risa en comparación con lo que puede esperarle a los colegios, pues el texto ya apunta que va por ellos.

Yo no soy capaz de identificar una sola norma desde el final de la Guerra Civil que sea tan totalitaria como la que ha concebido el Gobierno socialista. Es un instrumento para modelar la sociedad según los pobres esquemas de nuestra izquierda. Pero no es un salto cualitativo. Es la culminación de todo un proceso intelectual que conduce al sometimiento de los individuos a las terrorí­ficas ensoñaciones socialistas.

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Mienten los calendarios, estamos en 1984.

El PSOE prepara su ley de blasfemia

Victoria Llopis en Libertad Digital

Desde que Moncloa emitió el 7 de enero la nota de prensa informando del anteproyecto de ley "antihumillaciones" impulsado por la ministra Pajín, la red se ha desparramado con todo tipo de chanzas al respecto: "multarán por llamar feo", prohibirán los piropos... Pero según se va leyendo más gente el siniestro anteproyecto, van saltando las alarmas: los colegios con la opción pedagógica de educación diferenciada serán excluidos de los conciertos, no podrás negarte a alquilar tu casa a, por ejemplo, un inmigrante sin trabajo, podrán cerrarse empresas que "discriminen", etc, etc. Como bien apunta la redactora de la noticia, teniendo en cuenta que esta ley se aplicaría prácticamente en todos los ámbitos –empleo, asociaciones de todo tipo, educación, sanidad, servicios sociales, bienes y servicios y medios de comunicación–, no habrá parcela libre de la amenaza de cierre o fin de actividad si comete una infracción que sea considerada como "extraordinaria".

Como la motivación oficial, al parecer, es evitar las humillaciones a los españoles, nos preguntamos: ¿es que hasta el anteproyecto Pajín los españoles estábamos humillados? ¿No teníamos quién nos defendiera? Es obvio que la Constitución española y su ordenamiento jurídico tenían suficientes instrumentos para impedir y castigar humillaciones y discriminaciones objetivas en cualquier campo. Por ahí no va el tema, pues. Lo confirma también el hecho de que esté contemplada una "Autoridad para la Igualdad de Trato y no Discriminación", que al artículo 38 del anteproyecto prevé sea "organismo público de carácter unipersonal", y que –échense a temblar– tendrá potestad para investigar, por iniciativa propia, la existencia de posibles situaciones de discriminación de especial gravedad o relevancia. También tendrá la facultad de ejercitar acciones judiciales, de solicitar la intervención de las administraciones y la Fiscalía. O sea, un super-comisario político, por encima del sistema judicial. Para rematar la amenaza, se contempla la llamada "inversión de la carga de la prueba", es decir, fin de la presunción de inocencia; cualquier acusado de haber discriminado a alguien, tendrá que demostrar que no lo ha hecho.

Algunos empiezan a ver que, curiosamente, gracias a esta ley-Pajín, se tendría que derogar, por ejemplo, la actual ley antitabaco, porque los fumadores estarían discriminados si quisieran fumar en cualquier local público, y eso no se puede consentir. La esquizofrenia y pulsión totalitaria de estos necios lleva a estas paradojas.

Como la Sra. Pajín invocó para presentar las bondades de su anteproyecto, ¡cómo no! a los países de nuestro entorno, vamos a ver algunos ejemplos prácticos de qué se hace por Europa y Estados Unidos con normas de este tipo llevadas hasta el extremo por los particulares talibanes que las promueven e interpretan. Y digo talibanes porque éste es justamente el punto clave: la motivación última es impedir en la sociedad la libertad de opinar, actuar y moverse con criterios diferentes de los propugnados por la "nueva religión" que empieza a imponerse en Occidente, y que gira en torno a tres parámetros fundamentales: laicismo agresivo con tintes cada vez más claros de cristianofobia, feminismo de género con promoción de la agenda del lobby gay, y odio a la sociedad abierta y el libre mercado.

Uno de los primeros casos que ya en 2004 alcanzó notoriedad fue el del pastor luterano Ake Green, que fue condenado a la cárcel por predicar en su iglesia sobre el pasaje de la Carta de San Pablo a los Corintios sobre la homosexualidad. Aunque se limitó a exponer la doctrina de San Pablo, fue denunciado y condenado por "incitación a la violencia".

En marzo de 2007 una asociación metodista de New Jersey no quiso dejar sus locales privados, que tenían unas bonitas vistas al mar, a unas lesbianas para que celebraran en ellos su "boda". El tribunal falló que la asociación había violado las leyes anti-discriminación de New Jersey, aunque admitía que se trataba de una propiedad privada.

En febrero de 2008, se multó con 63.000 euros a un obispo anglicano que se negó a contratar como monitor de jóvenes a un hombre homosexual, entendiendo que era una discriminación por razón de orientación sexual, sin atender a las razones del obispo: no quería contratar para cargos de confianza en las actividades de su iglesia a personas que están en contra de la moral cristiana.

El año pasado, un padre de familia americano terminó siendo encarcelado por pedir que en el colegio no inculcaran a su hijo de 5 años que las uniones homosexuales eran moralmente aceptables, porque eso iba a contra de sus convicciones.

Hace un año, la ministra de Igualdad británica soltó un globo-sonda similar, anunciando un proyecto de ley que expresamente tenía en el punto de mira a la Iglesia Católica en el país, y pretendía obligar a la jerarquía a no impedir que sus sacerdotes puedan casarse, tener abiertas conductas homosexuales, realicen operaciones de cambio de sexo, mantengan estilos de vida abiertamente promiscuos o realicen cualquier otro tipo de actividades que sean reconocidas como formas legales de expresión sexual. Y naturalmente, no podrán rechazar como candidatas a mujeres que se presenten para ser ordenadas. No hemos vuelto a tener más noticias del tema; suponemos que se debe a que la sociedad y la clase política británica no han perdido completamente la cordura.

Sin haberse aprobado aún la ley Pajín, en España ya es palpable que no hay libre circulación de ideas, si éstas chocan con la "nueva religión", como ha ocurrido también hace unos días en la Universidad de Sevilla, donde se ha impedido que se promocionara el libro de un terapeuta americano. La diputada Rosa Díez, el escritor Pío Moa, y otros muchos relevantes "disidentes" del discurso oficial hace tiempo que son violentamente acallados en sedes universitarias. Las razones son distintas del motivo tratado en este artículo, pero el clima que los propicia es hijo del mismo humus ideológico talibán que inspira a la Sra. Pajín y al Gobierno de Rodríguez Zapatero.

"¿Qué ha hecho Mahoma por vosotras?". Esta simple pregunta ha condenado a muerte a la cristiana Asia Bibi, a tenor de lo que prevé la ley de blasfemia que marca en Pakistán una línea roja: todo lo que cuestione al islam, merece la muerte.

En España, todo lo que cuestione al laicismo radical, al lobby gay, al intervencionismo estatal asfixiante va a merecer la cárcel, la multa, la muerte civil.

El PSOE prepara su ley de blasfemia. Si se aprobara, la libertad de pensamiento, opinión y expresión, y el derecho a la propiedad privada habrán muerto definitivamente en España.

La conexión murciana de Palin

Juan Manuel de Prada en ABC

ME ha flipado bastante el aquelarre que la prensa mundial ha montado, convirtiendo al Tea Party y a Sarah Palin en instigadores de la matanza de Tucson. Uno está acostumbrado a esa suerte de impunidad moral con que se desenvuelve la izquierda, repartiendo a discreción anatemas entre las filas adversas; también se ha habituado uno a que la izquierda asigne al adversario ideológico el papel de archivillano en la tragedia de la Historia, reservándose para sí el papel de corderillo pacífico, con desprecio olímpico de la realidad; pero este aquelarre desborda la copa de la verosimilitud, para derramarse por los lodazales del delirio rocambolesco. No es que Loughner, el mozalbete que se lió a tiros con la congresista Giffords, no tuviese relación alguna con el Tea Party; es que parece exactamente el antípoda del retrato-tipo del acólito del Tea Party con el que, durante meses, la prensa izquierdista ha estado apedreándonos las meninges. Y, más allá de que Loughner revelara —en sus hábitos, lecturas y aficiones— proclividades que lo aproximan más bien a la izquierda antisistema, lo que parece fuera de toda duda es que se trata de un tarado con manías paranoides que aliviaba su soledad eyaculando incoherencias y procacidades por las redes sociales.

A este elemento la prensa de izquierdas le ha adjudicado sin empacho la condición de secuaz de Sarah Palin; y, como si nos halláramos ante un caso inexplicable de abducción universal, tal majadería ha sido rumiada por sesudos analistas, glosada en tertulietas y, en fin, incorporada al inconsciente colectivo como si de un mantra se tratara. Lo de menos es que el tal Loughner jamás haya pertenecido al Tea Party, ni mostrado adhesión alguna a Palin, ni defendido ninguna de las posiciones por las que tal movimiento o tal señora se han significado. Basta con que tal movimiento o tal señora hayan editado un mapa en el que se señalaba con dianas a varios congresistas demócratas y a sus respectivas circunscripciones como objetivos electorales para que se les considere «autores intelectuales» de la matanza. Señalar a los adversarios con dianas tal vez sea una metáfora excesiva; pero aun aceptando, que es mucho aceptar, que tal mapa sea una «incitación al odio», para relacionar tal mapa con la matanza de Tucson es preciso establecer una asociación desquiciada que la razón repudia.

Y en ese tipo de asociaciones irracionales, manipuladas emotivamente, la propaganda izquierdista se ha revelado maestra. Claro que tales asociaciones serían imposibles si previamente no se hubiera impuesto la creencia de que la violencia es una suerte de tic o pulsión irrefrenable de la derecha, un ingrediente constitutivo de su código genético; o, dicho en términos teológicos: una mancha de pecado original que arrastrará mientras exista. De nada sirve que la realidad refute abrumadoramente tal creencia, prodigando por doquier —lo mismo antaño que hogaño— ejemplos de violencia ejercida por la izquierda como método válido de convicción social y asalto al poder. La violencia, en el imaginario colectivo, se ha convertido en patrimonio exclusivo de la derecha; y la propaganda izquierdista puede permitirse desahogos como este aquelarre montado en torno a la matanza de Tucson. Mientras escribo este artículo, leo que han aporreado al consejero de Cultura del Gobierno de Murcia, quebrándole la mandíbula. Siendo el instrumento de agresión un «puño americano», la prensa izquierdista no debería vacilar el atribuir la agresión a un secuaz murciano de Sarah Palin; y, tirando del hilo, tal vez descubra que en Murcia hay montado un Tea Party clandestino.

Nada es seguro en Túnez

Gabriel Albiac en ABC

NO basta con derrocar a un dictador para poner en pie una democracia. Los que tienen mi edad recuerdan el chasco de 1979. En un Irán donde iba a instalarse, desde entonces, el nudo de las tormentas de después de la guerra fría, tras el inicio de una guerra de religión —la declarada por la Yihad a los infieles— con la cual habremos de pechar aún por muchos años.

Con explícito apoyo norteamericano —y una imprevisión muy de Jimmy Carter—, la salida a la calle en masa de una población iraní hastiada de la crueldad cleptócrata del Shah, tenía todos los atributos para fascinar a los ojos occidentales. Unanimidad de la población frente a un tipo ciertamente odioso, entusiasmo de un pueblo en busca de su regeneración moral tras décadas de corrupción y de ejercicio tiránico del poder. Había, bien es cierto, unos pintorescos tipejos mezclados en la fiesta. Barbudos y uniformados de los pies a la cabeza. Clérigos que, en el primer momento, sólo nos daban risa. A fin de cuentas, ¿cómo un país tan profundamente occidentalizado como Irán iba a hacer demasiado caso de aquellas reliquias rancias del pasado? Con la inestimable ayuda de todo el occidente democrático, el guía espiritual de los barbudos, un tal Ruhollah Jomeini, fue restaurado en la primacía de los ayatollahs. Y la ciudad sagrada de Qom pasó a ser el único centro de gravedad iraní. Los primeros políticos que soñaron hacer del país recién salido de la tiranía una democracia fueron desapareciendo: algunos tuvieron la suerte de poder huir (es el caso de Bani Sadr, que fue el primer Presidente de la República, antes de entrar en conflicto con un Jomeini que lo fulminó). Otros fueron asesinados. En Irán mismo o bien fuera de sus fronteras. La sentencia dictada por un Guía Supremo (autoridad en Irán muy por encima de la del primer ministro) no conoce límites ni en espacio ni en tiempo. Al cabo de muy pocos meses, las mujeres con pantalón vaquero y sin velo desaparecieron de las calles. Y, al fin, el código islámico, la sharía vino a ser la única legalidad de la nueva República Islámica iraní. Se lapidó adúlteras. Se ahorcó homoexuales. Fueron cortadas manos de ladrones. Todo para gran espectáculo, regocijo y aprendizaje públicos. Hoy, un Irán a punto de construir sus armas nucleares es el mayor peligro militar del planeta.

La revuelta que ha acabado en Túnez con un gobernante corrupto (o sea, lo normal en la política del mundo árabe), Ben Ali, se parece demasiado a aquella entusiasta oleada de jóvenes iraníes del año 1979 como para no desasosegarme. Porque es cierto que, en las movilizaciones que acabaron con Rezah Pahlevi, participó lo mejor de la juventud ilustrada y democrática iraní. Como es cierto que fue aniquilada en los años que siguieron. Físicamente. En el paredón o en la horca. Y que quienes soñaron desde Europa ver en la chusma de Jomeini un aliado providencial del mejor futuro -el caso más amargo fue el de Michel Foucault- cargaron para siempre con el remordimiento de no haber entendido nada.

Ben Ali ha huido. Hostigado por quienes claman por la democracia en Túnez. Pero no son ellos quienes han recogido el poder. Es el ejército. Tan corrupto como Ben Ali. Los clérigos y Al Qaeda aguardan su hora.

domingo, 16 de enero de 2011

El rey de Inglaterra

José Jiménez Lozano en La Razón

Nunca se releyeron sin alegría los versos en que Shakespeare habla en su «Hamlet» del tiempo de Adviento o anterior a la Navidad, en el que el aire se torna como de cristal en su transparencia, y el gallo aleja con su canto más madrugador y como en ninguna parte del año las pesadillas de la noche. La visión poética interpreta así esos fastuosos días y noches que transfiguraba; y los hombres, en su propio modo de vivir y éste en sus diversos aspectos han recogido como el desteñido de esa poesía en los demás tiempos del año, porque la poesía recrea el mundo para nuestros adentros.

Pero se ha perdido en buena parte el sentido de la fiesta, o, más bien, se ha renunciado a él como a otras estancias del vivir humano en seguimiento de ideas abstractas o acecinados por la política, de manera que la fiesta, que fue siempre memoria religiosa, costumbre heredada o decisión individual y de la comunidad, ha sido convertida en una ordenanza política utilitaria, y es lógico que algo tan artificial y construido precise también un construido énfasis y ruido y un encendido de luces de feria, dramáticamente empeñado en sacar a la alegría de allí donde pudiera haberse refugiado.

Pero ¿cómo se reprocharía éste y otros «como si» a un mundo como el nuestro que tiene con frecuencia la sensación de vivir junto a una morgue o en medio de ella, aunque sólo sea porque las noticias de cada día que le llegan son siempre de desgracia y muerte, de envenenamiento de tierra, mar y aire, y de inseguridad misma del andar por la calle, y hasta de los mismos alimentos que consume? Hasta el juego y la diversión están impuestos, normados y teledirigidos para su rentabilidad económica o política, o para la conformación y pedagogía del ánima, en vez de ser el puro ámbito de la libertad.

No se podrá decir, ciertamente de este tiempo nuestro lo que del XVIII, antes de la Revolución, decía Monsieur de Talleyrand, que quien no había vivido en él no podía saber lo que era la dulzura del vivir. Incluso adoctrinados permanentemente, como estamos, de vivir en la plenitud de los tiempos, no podríamos decir aquello ciertamente.

Las luchas político-religiosas del XVI y el XVII –las luchas son siempre políticas y suelen militarizar lo religioso como el resto de la realidad humana– vistieron de negro a Europa entera, y quitaron a sus hombres la alegría de vivir hasta un punto que se decía que en las grandes casas se rechazaban a los candidatos a cocineros que eran calvinistas por miedo de que su oscuro pesimismo sobre la naturaleza humana y la condición del mundo influyera tanto en ellos que hasta sus salsas se cortaran; pero al fin pudo respirarse. Sólo que entonces, como para que los hombres no olvidaran su condición siniestra, las revoluciones de fines del XVIII y de mediados del XX, volvieron a rodear la vida humana de amargor y tristura. Nazis y comunistas cerraron los cafés y otros lugares de esparcimiento en Praga y Viena, y por doquiera donde triunfaron, y se abrieron escuelas de formación global para fabricar un mundo nuevo, a comenzar por una nueva gramática, según la cual la esclavitud es libertad, cultura la ignorancia, alegría la barbarie, y jugar o reír serían prohibidos como no fuera para alabar y divertir al líder redentor.

A la llamada post-modernidad no le ha faltado razón en querer zafarse de toda esa losa de seriedad y horror, pero «tiró el niño con el lebrillo», y el alegre nihilismo en el que se nos invita a vivir no nos proporciona una residencia que sea codiciadera precisamente como Martin Buber decía que no podíamos residir en territorio hegeliano.

Demasiadas explicaciones, en efecto; demasiada atención a los señores de la historia siempre pronunciando un discurso interminable. «¿Y a ti qué te importa lo que piensa el rey de Inglaterra?», preguntaba Erasmo a su lector.

Pues nada, verdaderamente.

Yo acuso a ciertos sindicatos de ser criminales

José Antonio Martínez-Abarca en su blog de Libertad Digital

No estoy acusando como hacen los demócratas americanos de que hayan creado un vago, poco mensurable y finalmente discutible "ambiente de crispación" que haya desembocado a través de tortuosos procesos mentales de algún loco en trágicas consecuencias políticas. No es algo obra de "elementos incontrolados". Sino algo infinitamente más grave: estoy acusando directamente de que algunos sindicatos "de clase" en Murcia han puesto a Cruz en la situación precisa de que alguien, de entre los suyos o aledaños, le dé el paseo. No hay posibilidad de dudas retóricas. "Sobrinísimo", lo llamaron. Ya sabemos quién lo llama así, como sabemos quién llama "txakurra" a la gente decente. Todas las pruebas de esto se han publicado estos días rigurosamente, por tierra, mar y aire. Sólo hay una diferencia de ciertos sindicados "funcionariales" o de gentuza que utiliza sus siglas con su beneplácito respecto a los batasunos: que éstos ahora mismo aseguran repugnar de estos métodos criminales. Qué vacías veo aún las cárceles. Los sindicados "pacíficos" en Murcia deben renegar de ellos y, qué duda cabe, de las comunes reivindicaciones, a partir de hoy irremediablemente teñidas de sangre. Y aún alguien dirá que estos agentes son "interlocutores sociales". De acuerdo: estrictamente en los "vis" a "vis" de los módulos de alta seguridad.

sábado, 15 de enero de 2011

Delincuencia de estado

Luis del Pino en su blog de Libertad Digital

Editorial del programa Sin Complejos del sábado 15/1/2011

El FBI, la famosa agencia federal de investigaciones americana, nació en 1908. Su nombre original era BOI y no adoptaría su nombre definitivo hasta 1932. El más conocido de sus directores fue, sin duda alguna, John Edgar Hoover, que llevó con mano de hierro las riendas del FBI durante la friolera de ¡48 años!

Cuentan que una de las razones de su larga permanencia en el cargo y de que sobreviviera al mandato de tantos presidentes distintos es que Hoover lo sabía todo de todos, gracias a la información que el FBI obtenía. Vamos, que no había político en Washington que no supiera que probablemente Hoover contaba con un amplio dossier sobre él.

De hecho, los dos últimos años de la vida de Hoover, y de su mandato al frente del FBI, se vieron salpicados por el escándalo, cuando unos desconocidos entraron en 1971 en una de las sedes del FBI y robaron numerosos documentos sobre las actividades ilegales de la agencia, que después filtraron a distintos medios de comunicación.

Cuatro años más tarde, el Senado de los Estados Unidos nombró un comité, el denominado comité Church, para evaluar las actividades encubiertas llevadas a cabo por los distintos servicios de información americanos, entre ellos el FBI. Y las conclusiones de aquel comité (que ocupan miles de páginas y se encuentran disponibles en Internet) fueron demoledoras: con el pretexto de velar por la seguridad nacional, el FBI había estado violando de manera continuada la Constitución y la Ley, a lo largo de los años, con operaciones encubiertas de espionaje, de desinformación y de manipulación de la opinión pública.

El FBI se dedicaba sistemáticamente, por ejemplo:

- a infiltrarse en todo movimiento que fuera considerado peligroso o simplemente sospechoso, como por ejemplo los movimientos por los derechos civiles de los negros o de las mujeres.

- a crear organizaciones falsas de lucha por los derechos civiles, dirigidas por personal del FBI, con el fin de dividir a ese tipo de movimientos.

- a propalar rumores y a enviar falsas cartas de amenaza, para que se enfrentaran entre sí las organizaciones de lucha por los derechos de los negros.

- a enviar cartas anónimas a los cónyuges de los líderes de esos movimientos, acusándoles de supuestas infidelidades, para crear problemas domésticos que restaran tiempo a los dirigentes de esas organizaciones.

- a presionar a las empresas para que despidieran a las personas que militaban en esas organizaciones.

- a presionar a las universidades y organizaciones culturales para que no permitieran las conferencias o actos de los movimientos por los derechos civiles o de sus líderes.

- a publicar falsas noticias, a través de periodistas adictos, con el fin de desacreditar a esas organizaciones o a sus líderes.

- a falsificar y repartir folletos de esas organizaciones, con el fin de sembrar la confusión o minar su prestigio.

- a fabricar, con la complicidad de otros cuerpos policiales, pruebas falsas con las que poder encarcelar a líderes o miembros de organizaciones sospechosas.

- a promover altercados, mediante agentes infiltrados, en las manifestaciones convocadas por esas organizaciones, para transformarlas en protestas violentas y desacreditar así a los convocantes.

- a intervenir, sin orden judicial, las comunicaciones telefónicas y postales de todo aquel que se considerara sospechoso.

- a realizar registros y colocar micrófonos, sin orden judicial, en las sedes de los movimientos por los derechos civiles o en los domicilios de sus líderes.

- etc, etc, etc

Quizá un buen resumen de cómo se las gastaba el FBI para tratar de neutralizar a las organizaciones que luchaban por los derechos civiles sea la serie de operaciones que la agencia dirigida por Hoover puso en marcha para desactivar al reverendo Martin Luther King. En palabras del propio comité del Senado americano, lo que se hizo con Martin Luther King "traspasó el límite de la decencia humana más fundamental".

Las operaciones del FBI contra el campeón de los derechos de los negros se iniciaron en diciembre de 1963, cuatro meses después de la famosa marcha sobre Washington que Martin Luther King organizó. A lo largo de los dos años siguientes, el FBI sometió a King a seguimientos físicos, tomando fotografías de cuantas personas se reunían con él, y sometió a escrutinio sus finanzas, buscando sin éxito alguna información con la que desacreditarle.

Como no lograron encontrar nada que achacarle en el terreno económico, se dedicaron a plantar micrófonos en las habitaciones de hotel que Martin Luther King iba ocupando durante sus desplazamientos por todo el país, para tratar de grabarle en algún desliz extramatrimonial.

Y tuvieron éxito, porque llegaron a mandarle a King una cinta de audio con una de esas grabaciones, junto con una carta en la que invitaban veladamente al líder negro a suicidarse, si quería evitar que la cinta se hiciera pública.

Como King no se amilanó, el FBI filtró la cinta a los medios de comunicación y a los líderes de las organizaciones que apoyaban a King, e incluso a la propia familia de éste. Aunque tampoco eso les sirvió, porque el defensor de la igualdad racial no cejó en su lucha.

Cuando Martin Luther King recibió el Premio Nobel de la Paz, el FBI llegó a presionar al cardenal Spellman para evitar que el Papa le recibiera en audiencia.

Las presiones, las intimidaciones y el espionaje continuaron hasta el mismo día del asesinato de Martin Luther King, ocurrido el 4 de abril de 1968.

Ayer conocimos dos noticias que demuestran que en España los servicios de información, manejados por el poder político, están alcanzando cotas de degeneración que poco tienen que envidiar al FBI de Hoover.

Por un lado, conocimos un auto del juez Pablo Ruz, encargado de la investigación del llamado caso Faisán, en el que se da cuenta de la recepción de los documentos enviados por la jueza francesa Laurent Levert. El juez Pablo Ruz ha decretado el secreto de sumario sobre una parte de esos documentos recibidos desde Francia, con el fin de realizar nuevas averiguaciones que permitan determinar qué miembros de las Fuerzas de Seguridad alertaron a ETA de la operación que se iba a llevar a cabo contra su aparato de extorsión.

Por otro lado, conocimos también que la unidad antiterrorista de la Ertzainza se habría dedicado a espiar a ciudadanos particulares y a miembros del PP vasco, entre ellos el padre de Santi Abascal.

Estas informaciones se unen a los datos, por todos conocidos, sobre los ímprobos esfuerzos realizados desde nuestros servicios de información para desactivar las organizaciones que en la pasada legislatura canalizaron la oposición de las víctimas y de los ciudadanos a la negociación con ETA. O a los datos sobre los seguimientos a Manuel Pizarro. O sobre la implantación de nuevos sistemas de escucha de comunicaciones que no cuentan con el oportuno control judicial. O sobre el espionaje a los controladores. O sobre las intoxicaciones contra determinados movimientos cívicos distribuidas a través de los medios adictos. O sobre los pagos a piratas de toda calaña que secuestran a españoles por esos mundos de Dios. O sobre las intoxicaciones destinadas a impedir que la sociedad española conozca la autoría real del 11-M...

Como en Estados Unidos en la época de Hoover, en España se utiliza políticamente a los servicios de información, se incumple la Constitución, se espía a los ciudadanos, se menosprecian los controles judiciales, se realizan seguimientos a particulares, se infiltran movimientos cívicos, se utiliza a medios adictos para manipular a la opinión pública y se cometen flagrantes delitos.

Y, sin embargo, fíjense en la diferencia fundamental que existe entre las actividades delictivas de Hoover y las que aquí se cometen. Mientras que el FBI de Hoover se dedicaba a violar la Ley en nombre de la seguridad nacional - es decir, supuestamente por el bien del país -, en España se viola la Ley para someter a marcaje, no a los terroristas que atentan contra la convivencia, no a los nacionalistas que buscan destruir el estado, no a los grupos violentos que no respetan la libertad de expresión en la aulas universitarias, no a los piratas que secuestran españoles, no a los políticos corruptos que saquean las arcas del estado, no a los asesinos del 11-M... sino que a quien se persigue, se espía, se coacciona o se intenta manipular es, precisamente, a aquellos que luchan porque no se vulnere la Constitución; a aquellos que piden que se respete el derecho de las víctimas a la Memoria, la Dignidad, la Justicia y la Verdad; a aquellos que tratan de que la Nación no se cuestione ni se cuartee.

El que los servidores del Estado - como en la época de Hoover - cometan delitos para tratar de neutralizar a quienes son considerados una amenaza para el Estado resulta deleznable y repugnante. Pero ¿qué calificativo podemos emplear para aquellos servidores del Estado que - como en España - cometen delitos para ayudar, directa o indirectamente, a quienes buscan precisamente destruir el Estado?

Sin misa y rebuznando

Tomás Cuesta en ABC

FUE en casa de Gorki, una noche de vodka, zalamerías y miserias. El Padrecito Stalin, que iba suelto de lengua, se dirigió a los escritores que aderezaban el festejo con la solemnidad pastosa de un profeta ebrio. «La nueva sociedad —dictaminó— la construirán los ingenieros. Pero vosotros, camaradas, también sois ingenieros. Ingenieros de almas, nada menos». La frase, según cuentan, se le ocurrió sobre la marcha, un poco al buen tuntún y al calor del aguardiente. Pero la inspiración, siempre tan caprichosa, le regaló una metáfora soberbia. El objetivo final del totalitarismo es transformar al hombre en herramienta. Y la mejor manera de llegar a la meta es arbitrar una cadena de montaje que troquele y ajuste las conciencias. Nadie lo ha definido con tanta lucidez como el mayor criminal del siglo XX. «Ingenieros de almas»: una expresión tan nítida, tan espantosamente bella, que, más que a la política, remite a la poética. Los dictadores pasan, las pesadillas se atemperan, las sociedades levan anclas con rumbo a nuevos puertos. Pero la tentación de convertir a las personas en peleles inermes y zombis del sistema aún sigue latente.

Lo que ha ocurrido estos días en la Universidad de Barcelona a cuenta de esa capilla en la que, por lo visto, el nacional-catolicismo destilaba veneno, es una versión bufa («Sin misa y rebuznando») de lo que, en el original soviético, era un drama macabro. La presencia o no de locales destinados al culto religioso en los recintos universitarios (que son, por otra parte, tan cristianos «ab ovo» como las catedrales) es un asunto que puede discutirse en términos estrictamente razonables. No faltan argumentos ni argumentadores para echar leña a la hoguera de la «disputatio»: Voltaire, Descartes, Kant... Incluso el mismo Balmes que —quién lo iba a decir— ahora está de moda allá en el Principado. Sin embargo, no hay caso. Después de medio siglo de ingeniería anímica la razón ilustrada se ha disuelto en la sopa iletrada de la memez a ultranza. El debate humanista sobre las relaciones entre la libertad y la fe, la laicidad y la tolerancia, ha dado paso a la cazurrería intonsa de una reala de fanáticos que creen que la sutileza dialéctica consiste en vociferar a dos carrillos, en escupir por el colmillo hacia lo alto y en ciscarse en la consagración del «Agnus Dei» acosando a los fieles y comulgando con bocatas. ¿Enorme sacrilegio? Lo sería si por azar supieran en qué consiste lo sagrado.

Pero nada hay enorme, salvo la estupidez, en nuestras acres parameras. Los diminutos inquisidores progresistas (los grandes, nos guste o no, eran gente con vuelo) han elevado las consignas a la categoría de argumentos. Sacan a relucir los ideales y le dan esquinazo a las ideas. Confeccionan prestigios a medida y miden las costillas de los desafectos. Emplean la corrección política a guisa de ganzúa y escalpelo. Apelan al escándalo si la discreción les acomete. Extraen de una sospecha una sentencia. De una denuncia abocetada se deriva un linchamiento en toda regla. La dictadura del beaterio posmoderno desencadena un proceso paranoico que anula el debate público y desfibra el lenguaje al extirpar las diferencias. El fascismo uniforme, el espantajo de la monotonía milimétrica, retorna camuflado en los ropajes de un antifascismo romo y dominguero. La audiencia, insaciable, abuchea a los cómicos y exige crueldad, verosimilitud, sangre y entrega. ¡El Circo Mínimo, señoras y señores, en vivo y en directo! Cristianos extasiados, gladiadores de tebeo y los analfabetos de rigor —de «rigor mortis», obviamente— jaleando a las fieras en la tribuna de los medios.

Misas suspendidas

Juan Manuel de Prada en ABC

SE suspenden las misas en una capilla de la Universidad de Barcelona, después de que grupos de estudiantes anticatólicos impidieran en varias ocasiones su celebración, mediante coacciones a los asistentes y actos sacrílegos variopintos. La autoridad universitaria, para justificar la suspensión, alega que no está en condiciones de garantizar la seguridad de quienes asisten a las misas; lo cual es tanto como reconocer que no está en condiciones de garantizar el imperio de la ley. Porque, hasta donde uno sabe, en España rige la libertad de culto; y la Universidad de Barcelona suscribió un convenio con el Arzobispado de Barcelona, por el que se comprometía a ceder un espacio para la celebración de misas. Allá donde la autoridad no se ejerce, tal autoridad ha dejado de existir.

La autoridad universitaria barcelonesa proclama que «hará todo lo posible para preservar el ejercicio de la libertad religiosa y el derecho a la libre expresión». Pero el «derecho a la libre expresión» no ampara que un grupo de estudiantes entre en una capilla, mientras se celebra misa, a comer bocadillos o hablar por teléfono móvil; ni tampoco que se impida la asistencia a un lugar de culto, o que se coaccione a los asistentes. Uno podría entender que en una dependencia de la universidad se autorizasen reuniones en las que un grupo de estudiantes exhortara a sus compañeros a no asistir a misa (aunque sospecho que la mayoría ya sigue tal indicación, sin necesidad de que se les exhorte a ello); o que el periódico de la universidad publicase artículos en tal sentido, siempre que no sean ofensivos contra la fe católica y que tales artículos puedan ser replicados por quienes opinan lo contrario. Pero hasta donde se me alcanza el ejercicio de la libertad de expresión no puede impedir el ejercicio de otros derechos o libertades; esto es, al menos, lo que a mí me enseñaron en los rudimentos del Derecho Constitucional. Impedir, perturbar o interrumpir la celebración de una ceremonia religiosa con violencia, amenaza o tumulto no es ejercicio de la libertad de expresión, sino conducta lesiva tipificada en el Código Penal. Y cuando tales conductas no se reprimen ni sancionan, hemos de concluir que se ampara el delito; o que se lo disfraza de ejercicio de la «libre expresión», lo que todavía se nos antoja más sórdido.

Pero detrás de este episodio barcelonés, que no es sino una expresión más del despepitado odium fidei que sacude Occidente, como un escalofrío premonitorio de los dolores del parto (y lo que nazca de ese parto no quiero ni imaginarlo), subyace algo mucho más grave que una mera dejación de responsabilidades por parte de la autoridad académica, siendo esto asaz grave. Y lo que detrás subyace no es sino el entendimiento —cada vez más extendido entre amplias capas de la sociedad, y alentado desde instancias de poder— de que la mera expresión pública de la fe católica es, en sí misma, conflictiva e indeseable; y que el mejor modo de evitar los problemas provocados por tal expresión de la fe es impedirla, o siquiera expulsarla de aquellos ámbitos donde pueda tropezarse con reacciones hostiles. Tales reacciones, por supuesto, no son espontáneas, sino inducidas por un clima laicista irresponsablemente azuzado desde instancias de poder; y, una vez instauradas, no harán sino ganar terreno, en su voraz apetito colonizador. Hoy se adueñan de una universidad, mañana lo harán de tal o cual barrio, pasado campearán triunfantes por doquier, expulsando a la clandestinidad la fe católica. Que en eso consiste, al fin y a la postre, la abominación de la desolación.

Violencia, ¿de género?

Manuel Martín Ferrand en ABC

LA acuñación de frases hechas y, casi siempre deformadoras del significado que se les atribuye, es una de las muchas y malas costumbres nacionales. Algo engendrado por dos padres, la pereza mental que da la tierra y el sesgo que los obsesos del igualitarismo quieren darle, ellos sabrán por qué, a la indeseable violencia que algunos hombres ejercen, psíquica o físicamente, contra las mujeres y, por lo general, más sañuda cuanto mayor el vínculo que les une a ambos. ¿A qué se refieren realmente cuando hablan de «violencia de género»? Podría ser que, movidos por su amor a la zarzuela quieran hablarnos del género chico o, lectores recalcitrantes, encuentren la novela como el más excelso de los géneros literarios; pero el género humano se integra, y en parecida proporción, por hombres y mujeres. La confusión del género con el sexo es culturalmente indeseable, científicamente ignorante y políticamente tendenciosa. Una pieza más de la deseable igualdad de derechos entre los dos sexos o, si se prefiere usar la terminología de Simón de Beauvoir, el primero y el segundo.

En Torrecaballeros, un pueblecito aledaño a Segovia, un hombre mató a su mujer, a su hijo de 16 años y, después, se suicidó. Se trata de una familia acomodada y culta en la que no caben las explicaciones ambientales al uso. ¿Es eso violencia de género? Lo científico, en concordancia con lo humano, sería hablar de desesperación; pero eso no viste al feminismo deformador y traspasa una cuota de responsabilidad al marco público de nuestra existencia. A un desaliento capaz de producir esos efectos tan desgraciados es difícil llegar por uno mismo, sin la cooperación del marco sociopolítico y la influencia mediática. De hecho, cuanto mayor es la publicidad de este tipo de crímenes y más intensa es la condena pública, más crece su número y más diversa se hace su casuística.

Repulsar la violencia de género, como ha hecho el ayuntamiento donde se produjo el suceso, es un brindis al sol. Es ponerle adjetivos para la confusión a lo que es violencia y, si se quiere, con abuso de un sexo sobre el otro; pero no propiciado ni por el género que venden en las tiendas ni por los que utiliza la gramática para la taxonomía del lenguaje. El asunto es tan grave que constituye insensatez la consideración de esa violencia, tan dolorosa como frecuente, como un fruto de la relación entre los hombres y las mujeres. Es una patología social que no se arreglará más que con una educación más sólida y rigurosa que la existente y la introducción en la convivencia de unos códigos morales, religiosos o laicos, que hoy brillan por su ausencia.

Las sentencias que Rubalcaba no hará cumplir

Editorial de Libertad Digital

El liberalismo nace de la desconfianza hacia el poder. Cuando tantos reformadores han mirado a la política como una herramienta con la que alcanzar sus fines –en unos casos benéficos, en otros no–, el liberalismo encuentra en ella un peligro para las libertades: para el poderoso el poder termina siendo, si es que no lo fue desde el principio, un fin en sí mismo. Difícilmente podría pensarse en un mejor cartel publicitario para nuestra doctrina que Alfredo Pérez Rubalcaba.

La carrera política del actual vicepresidente en el Gobierno de España comenzó en los años 80, cuando fue el principal responsable de la elaboración de la LOGSE, una de las peores leyes de nuestra democracia, como secretario de Estado de Educación. Premiado primero con el ministerio del ramo, poco después pasó a Presidencia, donde se distinguió en labores de portavoz negando que el Gobierno hubiera tenido nada que ver con el GAL. Y una vez en la oposición ejecutó un rol estelar en el indigno papel del PSOE durante la jornada de reflexión del 13 de marzo de 2004, cuando él, precisamente él, dijo aquello de que España no se merecía un Gobierno que mintiera.

Una vez incorporado al Ejecutivo dirigido por Zapatero, ha destacado por sus numerosas mentiras durante el fracasado proceso de rendición ante ETA, cuando nos aseguró que había "verificado" que la banda había dejado las armas mientras intentaba ocultar que seguía rearmándose y chantajeando a los empresarios vascos para financiarse. Además de ser el responsable político del chivatazo, asunto por el que siempre se ha negado a dar la cara.

Con semejante currículo, no debería sorprender la desvergüenza con que ha dirigido la nula reacción del Gobierno ante la declarada intención de CiU y el PSOE catalán de violar la ley, incumpliendo las sentencias que obligan a tratar a quienes quieran que sus hijos reciban la enseñanza en castellano en igualdad de condiciones con quienes optan por el catalán. Después de eludir el tema durante semanas con la patética excusa de que no había leído la sentencia, inaceptable en un Gobierno que tiene entre sus obligaciones hacerla cumplir, finalmente ha optado por despachar el tema negando, con tono de perdonavidas, que el Tribunal Supremo diga lo que dice.

Que el modelo de inmersión lingüística que impide que los niños cuyos padres así lo desean opten por el castellano como lengua vehicular de la enseñanza es anticonstitucional es evidente. Lo han dejado claro muchas sentencias, de las cuales ésta es sólo el último ejemplo, notable por cuanto toma el Estatuto afeitado por el Constitucional como referencia. Pero cualquier sentencia que emita el Poder Judicial es papel mojado si el Ejecutivo no la hace cumplir. Y, evidentemente, el Gobierno por boca de Rubalcaba ha dejado claro que no va a mover un dedo para proteger los derechos de los ciudadanos catalanes.

¿Por qué iba a hacerlo? Al fin y al cabo, las libertades no son más que un obstáculo para el poder. Como se ve en otros ejemplos recientes, como el anteproyecto de ley de igualdad de trato, lo importante para Zapatero, Rubalcaba y los suyos es mandar para moldear la sociedad a su antojo. Y una sociedad en la que en Cataluña se pueda estudiar en castellano no les interesa.

¿Por qué lo llaman laicismo?

GEES en Libertad Digital

El islamismo nos ha declarado una guerra a muerte: da igual que nosotros no nos queramos dar por enterados, o que pretendamos buscar la paz con él a cualquier precio. La izquierda española está vaciando de principios y valores tradicionales a la sociedad española: ¿ha perdido tanto el juicio como para no darse cuenta de que trabaja para el islamismo? A nosotros nos parecerá absurdo, pero quieren recuperar España para el islam y restaurar la oscura Al Andalus. En la España del Proyecto de ZP, los poderes públicos están poniendo trabas al ejercicio del cristianismo, pero están fomentando el del islamismo. Pagaremos las consecuencias.

La cristofobia del Gobierno y su plasmación en leyes son un problema que heredaremos para el futuro y que tiene consecuencias que van bastante más allá de los cristianos. Derogarlas es una necesidad si queremos que las instituciones del paí­s funcionen y las energías de España dejen de perderse por un culpa del odio radical hacia el cristianismo de unas minorí­as que envenenan la convivencia y que se encarnan y tienen como ariete el Proyecto de ZP, que dice laicismo donde debiera decir cristofobia, odio al cristianismo y búsqueda de su eliminación social.

viernes, 14 de enero de 2011

El vídeo sobre Jerusalén censurado por TVE

¡A Bután!

Nos cuenta Quim Monzó en La Vanguardia que Bután "es el primer Estado del mundo en el que la venta de tabaco está prohibida". Y remata su artículo con su "peculiar" sentido del humor: "Si yo fuese jefe de Viajes El Corte Inglés, o de cualquier otra agencia similar, hoy mismo empezaría a organizar viajes a Bután –para la próxima Semana Santa, por ejemplo: avión en clase turista, alojamiento en hoteles de primera (en habitaciones dobles, con baño privado) y visitas y excursiones por concretar–, para que los fumadores que aquí afirman estar tan y tan molestos con la ley que entró en vigor el 2 de enero puedan disfrutar de la experiencia incomparable de sentirse de verdad agraviados y perseguidos. Hala, chicos, a disfrutar." Ante lo cual sólo queda decirle, en lo que podría considerarse un homenaje a Fernán Gómez, que en gloria esté: ¡Váyase USTED a... Bután, señor Monzó".

Este artículo es un buen ejemplo del totalitarismo orgulloso, tan en boga desde que el actual inquilino de La Moncloa nos gobierna. Totalitarismo orgulloso y leguminoso. Son lentejas, si las quieres las tomas y si no... a Bután.

Monstruos

Cristina L. Schlichting en La Razón

No hay como la carencia de algo para valorarlo. Cuando volvía de Albania o de Kosovo, en mis tiempos de reportera, me sorprendía que nadie disparase, que hubiese asfalto en los caminos y los niños no mendigasen. Creo que nunca he comprendido mejor la brutalidad de ETA que cuando mataba después de aquellos viajes, porque me hacía comprender que nos retrotraía al subdesarrollo moral de los países donde limpiar las calles o respetar la vida ajena ni se plantea. La Razón daba ayer la impresionante noticia de una mujer detenida en Extremadura adonde había huido tras haber asesinado a su bebé recién nacido en Alemania. No hace mucho ocurrió también que una señora de Mallorca mató a su hijo y lo enterró en una maleta para seguir viviendo una aventura amorosa. Cada vez son más frecuentes los casos de mujeres que tiran bebés a la basura o abandonan a sus niños. Supongo que los que empezaron a teorizar sobre el relativismo nunca imaginaron que realmente todo pudiera ser relativo. Estoy segura de que consideraban imposible que desapareciesen los sentimientos maternales, por ejemplo. De otro modo no se hubiesen atrevido a desmontar los frágiles eslabones que engarzan los amores, respetos, límites que hacen de la vida humana algo bueno. A medida que todo se pone en duda aparecen entre nosotros comportamientos que creíamos erradicados. Canibalismo, esclavitud, persecución religiosa. Cuando regresaba de Kosovo, me parecía imposible que aquel pedazo de tierra evolucionase. Me dicen que en Albania se sigue vendiendo el virgo de las chicas o traficando con bebés. Algún día ocurrirá esto aquí. Me pregunto cómo retrocederemos a la civilización entonces.

Viñeta de Montoro en La Razón

Viñeta de Caín en La Razón

Viñeta de Esteban en La Razón

Esos peligrosos cristianos caseros

Lara Vidal en Libertad Digital

En las dos últimas semanas, las autoridades iraníes han procedido a la detención de unos setenta cristianos. Se me dirá que semejante acción no constituye una novedad y que, dentro del drama que significa la persecución generalizada que sufren los cristianos de cualquier confesión en las naciones islámicas, el episodio no tiene especial relevancia. Craso error.

La acción llevada a cabo por el Gobierno de Ahmadineyah indica que las autoridades islámicas sí que distinguen entre unos cristianos y otros y que además son conscientes de que sus ovejas, por denominarlas de alguna manera, no son impermeables al mensaje del Evangelio. En términos generales, las distintas confesiones cristianas no significan una amenaza para el monopolio islámico. La iglesia católica se conforma –y no es poco– con que le garanticen una situación en la que no quemen sus parroquias ni detengan a sus fieles. Para conseguirlo, ha aceptado en la mayoría de los casos no predicar un mensaje religioso a los musulmanes y limitar sus actividades al terreno asistencial. Eso si no se dedica a cantar las loas de Mahoma para conseguir que no asesinen a alguna monja o golpeen a un sacerdote. La obra social que realiza suele ser encomiable, pero, en términos religiosos, su peso para los musulmanes es similar al de una ONG. Las iglesias orientales – armenios, caldeos, coptos, ortodoxos... – procuran moverse en los estrechos límites que les marcaron hace siglos los gobernantes musulmanes a la espera de que no les pongan bombas como recientemente ha pasado en Irak o Egipto.

La única excepción a esa política de mera supervivencia la plantean las iglesias evangélicas. Éstas no sólo se dedican a proclamar el Evangelio a sus conciudadanos musulmanes sino que además lo están haciendo con eficacia desde hace décadas. A semejante tarea –que implica, literalmente, arriesgar la libertad e incluso la vida– contribuye el hecho de que su mensaje sea sencillo, de que no necesiten iglesias para reunirse, de que sus cultos se centran únicamente en la oración y el estudio de la Biblia y a que pueden reunirse clandestinamente por regla general en domicilios particulares. El crecimiento de los evangélicos en el mundo islámico constituye uno de los grandes fenómenos espirituales de nuestros tiempos y los dirigentes musulmanes no lo han perdido de vista aunque buena parte de la prensa occidental no se haya enterado. En el caso concreto de Irán, ha sido nada más y nada menos que el ayatollah Alí Jamenei, verdadero guardián de las esencias de la revolución islámica, el que hace unos días indicó el peligro que significaban los cristianos que se reunían en las casas y que están logrando que no pocos iraníes abandonen la fe de Mahoma para abrazar el cristianismo.

Semejante circunstancia resulta no poco inquietante porque demuestra, primero, que en un debate real el cristianismo se impone a las consignas islámicas en no pocos casos y, segundo, que esa circunstancia tiene lugar incluso cuando el que decide seguir a Jesús se juega, literalmente, la vida. La detención de esos setenta cristianos no es un aviso a navegantes sino parte de una campaña contra un enemigo al que se ve formidable. Desde luego es para mover a reflexión que, junto al poderío militar de Estados Unidos o la perseverancia nacional de Israel, el régimen de los ayatollahs crea que existe una amenaza formidable, la que constituyen los evangélicos que se reúnen en domicilios particulares. Sin embargo, no debería extrañarnos. El mismo imperio romano sabía también en el s. I lo peligrosos que podían resultar los cristianos que se congregaban en las casas.

El hombre nuevo

Agapito Maestre en Libertad Digital

Reconozco que el asunto Álvarez Cascos da un poco de vidilla al actual sistema de desgobierno que vive España. Pero, por otro lado, revela lo más podrido del sistema político. Muestra que el verdadero Rajoy no se entiende sin Zapatero. Uno y otro son intercambiables, porque los dos actúan implacablemente a la hora de eliminar al discrepante. Quien trate de salirse del pacto de las oligarquías entre partidos es eliminado. Rajoy incluso se expresa como el político más estalinista entre los estalinistas: sólo se interesa por el futuro. La prueba está a la vista en su declaración sobre la cuestión de Álvarez Cascos: "Yo, en este asunto, ya estoy en el futuro". Es lo mismo que contestaba Stalin al campesino: "El comunismo está en el futuro". A Rajoy le gusta la expresión sobre el futuro, de lo contrario no la habría dicho. Ay, amigos, el lenguaje siempre nos delata.

Rajoy posiblemente será el nuevo presidente del Gobierno, quizá gestione mejor los asuntos económicos que Zapatero, e incluso conseguirá que no se legisle contra la mitad de la población, pero no esperemos mucho más. ¿El PP es alternancia? Sin duda. Pero no tiene alternativa. Comparto, por lo tanto, la opinión de quienes consideran que la actual etapa histórica de España no corresponde a un régimen político, pues que eso significaría que existe algún orden político, sino a una extraña situación política, que ya es histórica, cuya razón fundamental es un sistema de desgobierno, organizado por una casta política para infantilizar y enajenar a lo que queda de Nación.

El consenso político entre las oligarquías de los partidos políticos al margen de la sociedad, e incluso de sus propios discrepantes, es la base de un sistema absolutamente corrupto. ¡Qué más da quien sea más corrupto! Como dijo Bentham al criticar la oligarquía inglesa de su época, ya sólo cabe distinguir entre partidos opresores y partidos depredadores. Pues eso, el PSOE es el partido opresor por excelencia, y el PP, especialmente a través de Rajoy, no deja títere con cabeza en su entorno. Captura y devora más, incluso quizá con más saña, que el todopoderoso Zapatero. Es absolutamente absurdo y cruel prescindir de alguien que llevaba toda la vida en el partido, independientemente de que él aplicara los mismos métodos. Pero es todavía más cruel y totalitario tratar de engañarnos con el futuro: el mito del hombre nuevo –"yo ya estoy en el futuro", es la frase más repetida de Rajoy desde el Congreso de Valencia– es una manera fina de acabar con cualquier idea plausible de presente, es decir, de política para aquí y ahora. Terrible. La democracia, en España, ya es sólo una aspiración de futuro.

Ser Alemania

Ignacio Camacho en ABC

No somos un país capaz de crecer por encima del tres por ciento cuando nosotros mantenemos crecimiento negativo (eufemismo piadoso: eso es decrecer). No somos una nación federal capaz de reconducir el peso de sus poderes territoriales. No tenemos una clase dirigente dispuesta a formar un gobierno de coalición de partidos mayoritarios para abordar reformas de interés público. No tenemos un siete por ciento de paro, y bajando. No compramos deuda sino que la vendemos. Y no lideramos nada en Europa salvo las estadísticas de desempleo. No, definitivamente, no somos Alemania.

Al enemigo, ni agua

Hermann Tertsch en ABC

Los judíos tienen que ser como los presentan los dibujantes antisemitas de los diarios españoles de izquierdas. Con nariz aguileña, levita y tirabuzones. O militares con cruces gamadas. Los españoles que viven allí podrían ser educados y hasta atractivos. Y no organizan flotillas con los terroristas de Hamás. Sospechosos. Y encima, muchos judíos. Judíos españoles, simpáticos, hablando bien de Jerusalén e Israel. ¿Adónde vamos a ir a parar? Al enemigo ni agua. ¡Fuera programa! Ayer, Televisión Española —donde los toros son la peor obscenidad y todos los curas, fascistas y maricones— anunció que retiraba el programa. Lo consigue el periodiquillo del zapaterismo juvenil y 170 protestas de amigos de Hamás. ¡Qué sensibilidad la de RTVE! Si tuviera la misma cuando protestan quienes están hartos de insultos a la religión católica o de aquelarres sectarios y revanchistas.

jueves, 13 de enero de 2011

Es un boicot del Gobierno de España

Cristina Losada en Libertad Digital

Aquella genial idea de Zapatero, los mil y un spots del Gobierno de España, acaba de traspasar nuestras fronteras. Gloriosamente. Y no para recomendar que saques tarjeta roja a los maltratadores, recicles la basura, te pongas el casco, reduzcas la velocidad o cualquiera de los otros mensajes destinados a "sensibilizar" a esos niños de guardería que son los ciudadanos españoles. Ahora, el Gobierno de España patrocina, a cara descubierta, con bandera, escudo y dirección ministerial, un boicot a los productos israelíes que se emite en la televisión palestina administrada por Fatah.

La historia es simple, tersa, increíble. Aunque previsible. El anuncio tiene lugar en una tienda de ultramarinos, un escenario popular. El tendero es advertido de que hay pasquines llamando a un boicot de los productos de Israel. "No puedo no traerlos. La gente los pide y en la mayoría de los casos son mejores que el producto local", replica el poco patriótico comerciante. Animado por el traidor, un niño pide una bolsa de patatas fritas israelí de una marca realmente existente. Con ella en la mano, va a salir, cuando se oye algarabía de disparos. El infante deja caer las patatas y sentencia, grave: "No quiero productos israelíes. Quiero productos palestinos". La decisión se rubrica con un texto: "No prolongues la vida de los ocupantes en nuestra tierra". Acto seguido, aparece el logo del Gobierno de España acompañado por su Ministerio de Asuntos Exteriores y su Agencia Española de Cooperación Internacional, más la firma de una ONG también española, ACSUR.

No se trata, precisamente, de publicidad subliminal. El spot es tosco en su asociación de los chips israelíes con la guerra y la represión contra los palestinos. En su mensaje final hay una incitación apenas velada. La instigación del odio hacia Israel y los judíos, con o sin llamadas al boicot, es una línea maestra de la propaganda mal denominada pro-palestina. Pero ¿cómo ha aparecido el Gobierno de España en tan infame ejercicio de antisemitismo? El embajador en Tel Aviv asegura que ha sido sin su conocimiento. Parecida respuesta ha dado el Ministerio de Exteriores a los escasos medios nacionales que se han interesado. La ONG se escapa por la tangente. Sí, pero ¿se financian con dinero público español groseras campañas contra Israel en Gaza y en Cisjordania? ¿Controla el Gobierno en qué se emplean las subvenciones que destina a la Autoridad Palestina? ¿Y las que concede a ONGs dedicadas a infligir su activismo político por el mundo adelante?

El Gobierno de España dirá circunspecto que entrega dinero a los dirigentes palestinos para el alcantarillado, el agua potable, la sanidad, las aceras. Pero cuando se financia a expertos en promover el odio, ocurre invariablemente que lo dedican a esa, para ellos, esencial actividad. No sólo es preciso investigar este concreto caso. Habrá que suspender las ayudas a las organizaciones responsables. Y establecer mecanismos de control. Máxime cuando el espíritu del anuncio guarda afinidad con los prejuicios anti-israelíes que dominan en la galaxia ideológica del Gobierno.

La tercera lección

Gabriel Albiac en ABC

Como todos los de mi edad, los que entramos en la edad de hombre con la primavera del 68, muchos años he vivido, sin saberlo, encerrado en el hermético sucedáneo de una religión: la esperanza política del revolucionario, el sueño perseverante de otro mundo menos hosco que éste de cada día. Pero «esperanza» es virtud teológica. Sólo la cercanía de la vejez me ha hecho atisbar el autoengaño. Nada salva. A nadie. En cuanto a la política, tiene razón Pascal: la política es manicomial y siempre condena: a ser malo, a ser necio, a vivir de ser malo y de ser necio. Es ahora el tiempo, desolado y lúcido de la tercera lección de Pascal en Vaumurier.

Los nuevos brigadistas

Rafael Martínez-Simancas en ABC

El cigarrillo electrónico no es cigarro, pero se le parece. Es lo mismo que le pasa a Pajín cuando quiere ser liberal; no lo es, pero ella cree que lo parece. Los cigarrillos electrónicos son tan ridículos como esas escopetas con tapón en la punta que se vendían en las ferias. Pero ya se sabe lo que pasa con las ideas tontas, basta con que alguien las ponga de moda para que luego el personal haga cola en las tiendas. También Pajín creía en las bondades de la pulsera magnética y dicen los científicos que si está de Dios que te tienes que caer, al suelo que vas. Esos cigarrillos electrónicos son chupetes para adultos. Sólo por acabar con un cacharro de esos entre los dedos es mejor no iniciarse en el «fumeque», madre de todos los vicios.

Para ayudar a que no ceje la voluntad del fumador y a que no se vuelva a hábitos funestos de su pretérito imperfecto, Sanidad anuncia que contratará nuevos inspectores que multen a tutiplén, serán una brigada de la colilla que irá por los bares oliéndole el aliento a la muchedumbre. Eche usted el resuello al señor inspector en la cara y tenga cuidado no le asome una hebra de tabaco en el jardín de los bronquios. A partir de ahora el que tosa tendrá que justificar que ha sido con el hueso de una aceituna o se verá ante una severa inspección sanitaria. El problema puede generarse cuándo deje de haber bares que permitan saltarse la normativa. A partir de ese momento tendremos a una brigadilla formada, instruida, pero aburrida como una ostra. Bien podrían reconvertirse en charladores de café, comadres del vermouth, unos tipos que entran en el bar y dan conversación a los clientes.

Esa brigadilla podría servir igual para narrar los últimos éxitos del Gobierno que para contar por dónde se pasa Zapatero la negociación con los sindicatos. Pero tendrían un gran éxito social si contaran lo de Shakira y Piqué. Cuidemos del interés general a la vez que corregimos los malos hábitos.

El facha expiatorio

Alfonso Rojo en ABC

No niegan que Jared sea un tarado más allá de cualquier categoría ideológica. Tampoco que hace tres años, cuando el Tea Party ni sonaba, topara ya con la policía por asuntos de drogas o que en su diario reflejase su paranoico deseo de provocar el caos citando a Nietzsche. Todo eso da igual. Los mismos que corren a subrayar que un tipo que dinamita un avión repleto de inocentes, gritando «Ala akbar!», convencido de que se va a gozar de 70 huríes en el paraíso de Mahoma y tras meses de inmersión total en la mezquita del barrio, no tiene nada que ver con el islam, sentencian ahora que la violencia verbal de los republicanos, sus feroces maniobras electorales para derrotar a candidatos demócratas, la matanza de Arizona y el balazo en el cerebro de Gabrielle Giffords son eslabones de la misma cadena.

Matanza y libelos

Charles Krauthammer en Libertad Digital

El origen de las alucinaciones del asesino de Arizona está claro: desorden mental. ¿Cuál es el origen de las de Krugman?

¿Las armas matan o disuaden?

Albert Esplugas Boter en Libertad Digital

La disyuntiva no es entre una sociedad en la que todos, criminales y gente de bien, están armados, y una sociedad en la que todos están desarmados. Cuando es ilícito portar armas sólo los criminales las llevan, pues el delincuente que en general no acata la ley no va ahora a acatar específicamente esta ley, mientras que el ciudadano común que sí la respeta va a permanecer desarmado. De modo que la verdadera disyuntiva es entre una sociedad donde criminales y ciudadanos de bien van armados, y una sociedad donde solo van armados los criminales.

Cartas desde mi celda

Luis del Pino en su blog de Libertad Digital

Querida Elena,

Acabo de salir de la cárcel, después de cumplir los sesenta días de reclusión. No sé qué te habrá contado Marina, pero lo que pasó es que, cuando estábamos los chicos y yo en la discoteca de Moratalaz, se me ocurrió liarme un cigarrillo. Y entonces un capullo que estaba esnifando unas rayas levantó la cabeza un momento y me vio dando una calada, así que me denunció al camarero. Unos puertas me acompañaron hasta la mismísima salida - mientras todos los clientes de la discoteca me insultaban - y allí se quedaron escoltándome para que no me lincharan, hasta que vino la pasma.

La estancia en la cárcel no ha estado tan mal. He conocido a algunos otros chavales majos. En mi módulo había cinco fumadores más y algunos condenados por otros delitos. A uno de los chavales que estaba allí le trincaron por comerse un bollo industrial a la puerta de una clínica de abortos; al parecer no se dio cuenta de que las clientas eran principalmente menores.

La desvergüenza habitacional

César Vidal en La Razón

Durante décadas, los ayuntamientos han torpedeado la liberalización del suelo, lo que ha tenido como consecuencia directa que el precio de éste subiera descontrolado, que no pocos políticos se hayan llenado bolsillos y maletines y que la vivienda, bien de primera necesidad, se haya convertido en inasequible para millones de españoles. Únicamente hubo un intento en la dirección de corregir semejante abuso y tuvo lugar en la época de Aznar, pero en esa ocasión, la nefasta alianza del PSOE y del nacionalismo catalán permitió que el Tribunal Constitucional decidiera que el Gobierno nacional no podía liberalizar el suelo y lograr la rebaja del precio de la vivienda, porque el suelo tenía que estar en manos de los gobiernos autonómicos y, en especial, de esa Cataluña que ya acumula el 38% de la deuda de las comunidades autónomas. Tras aquella sentencia, ni siquiera el PP se atrevió a impulsar por segunda vez la indispensable batalla de la liberalización del suelo y los resultados son obvios. Para beneficio de la casta política, los españoles pagan por el chamizo mayor o menor donde tienen que dar por sus huesos cada noche una cantidad que supera con mucho lo razonable y que, pasados aquellos tiempos en que se entregaba una módica entrega y se firmaban letras, les obliga a entregar a cualquier entidad crediticia el doble del ya astronómico precio de cada inmueble. No está mal, no, porque, como tantos otros abusos de la casta política –desmadre autonómico, privilegios de legisladores, liberados sindicales, subvenciones diversas…– este comportamiento ha contribuido y contribuye no poco al desastre económico e institucional en que nos hallamos metidos (nunca mejor dicho) hasta las cejas. Desvergüenza habitacional creo que lo llaman.

miércoles, 12 de enero de 2011

Siete años intentando engañarnos

Gabriel Moris en Libertad Digital

Nos acercamos al séptimo aniversario del mayor atentado criminal de nuestra historia. La motivación, utilización y aprovechamiento político del mismo siguen sin investigarse y, por lo tanto, lejos de esclarecerse. Seguramente se podrían hacer varias tesis doctorales sobre este hecho capital, pero ya no hay ningún interés político, ni siquiera intelectual, por investigar las causas y las consecuencias de la masacre que ha cambiado nuestro rumbo como país.

(...)

Todo lo que nos han contado sobre los atentados del 11-M es además de incompleto lisa y llanamente una mentira. Si mi afirmación fuera errónea, tienen muy fácil el demostrarme a mí y al alto porcentaje de españoles que no creen tampoco la versión contada, que existen pruebas incontrovertibles de la versión difundida, así como dándonos a conocer las lagunas existentes sobre autores materiales e intelectuales, las motivaciones del atentado, la trama y ejecución del mismo etc.

Retomando el aspecto político, sería harto interesante el explicarnos la actitud de nuestras autoridades respecto a ETA y al Reino de Marruecos.

Las fuerzas vivas del canon digital

Daniel Rodríguez Herrera en Libertad Digital

Las historias en que David triunfa frente a Goliat siempre son la mar de agradecidas. Pese a que los pequeños no siempre tengan la razón cuando se enfrentan a los grandes, hay una parte en nosotros que se alegra al comprobar que pese a la diferencia aparente de fuerzas el débil, ese con el que nos identificamos, puede salir victorioso. Excluyendo a los interesados, todos disfrutamos de esta sensación cuando una pequeña tienda de informática barcelonesa venció en los tribunales a la todopoderosa SGAE al declararse ilegal en la Unión Europea la imposición indiscriminada del canon digital.

Ana María Méndez, la propietaria de Traxtore, se dejó la piel y algo más en la batalla. Perdió una de sus dos tiendas y despidió a sus ocho empleados, convirtiendo su negocio en una empresa familiar en el más puro significado de la palabra: ya sólo ella y sus familiares trabajan en ella. Pero la sentencia es clara: el canon es legal –injusto o no es otra cuestión–, pero no puede justificarse que se cobre indiscriminadamente a todos, incluyendo organismos públicos y empresas. Al fin y al cabo, este mecanismo se justifica bajo la presunción de culpabilidad, asumiendo muy probable que vayamos a usar un disco duro o un CD para guardar pelis, y no puede aplicarse allí donde presuponer tal cosa resulta más bien ridículo.

Al comienzo de su calvario, Ana María Méndez fundó Apemit, una asociación que representa a las pequeñas empresas de informática como la suya. Ahora el Gobierno, forzado por su santa cabezonería, se ve forzado a rehacer la legislación que regula el canon. Se empiezan a acumular las denuncias de ayuntamientos y otros organismos exigiendo que se les devuelva el dinero ilegalmente recaudado, y no es cuestión de dejar pudrirse demasiado el tema, no sea que le hagamos un roto a las SGAE. Pero claro, a la hora de tomar una decisión, prefiere no hacerlo solo y ha decidido negociar con los implicados. Ana María, que es la única razón por la que se ven obligados a reunirse, no estará entre ellos.

Veamos, el canon lo pagamos usted y yo. Quienes más han sentido sus efectos han sido quienes venden productos gravados con él. Por lo tanto, ni los consumidores ni la tiendas serán consultados por el Gobierno.

¿Por qué habría de ser distinto el canon de la jubilación o la legislación laboral? Usted, que seguramente no esté representado por UGT ni CCOO, irá a buscar trabajo en empresas que seguramente no estén representadas por la CEOE. Sin embargo, ahí están, negociando en su nombre. Despotismo ilustrado, que se le llama.

Entiéndase. Estamos en una democracia, más o menos. Por lo tanto, quien debe tomar las decisiones es el Gobierno o el parlamento, dependiendo de qué estemos hablando. Si a los sindicatos, la patronal, las empresas tecnológicas o las SGAE no les gustan sus decisiones, que con su ajo se lo coman. ¿Qué se quiere consultar a los interesados a ver qué opinan? Se puede entender. Pero en tal caso lo lógico sería preguntar a los interesados de verdad, los ciudadanos que pagamos las consecuencias. Y parece claro que en este caso los más representativos son Apemit, la Asociación de Internautas o incluso la OCU si nos ponemos.

Aunque quizá sea mejor así. Al fin y al cabo, González-Sinde ya hizo en su día el paripé de reunirse con unos y otros para acabar pariendo su ley de cierre administrativo de sitios web, recientemente rechazada por el Congreso. Casi mejor que no disimule.

Los riesgos del adanismo presidencial

Pablo Molina en Libertad Digital

Los delincuentes suelen asociarse en bandas para perpetrar sus fechorías de forma más eficaz. También por un criterio de eficiencia, puesto que en grupo se pueden cometer delitos más importantes, con un botín mayor, empleando menos esfuerzos y rebajando el riesgo de que todos sus miembros sean detenidos. Los terroristas no son una excepción en su manera de operar respecto a cualquier pandilla que se dedique a la extorsión, el robo o el crimen más o menos organizado. Sí, es cierto que los etarras, por ejemplo, invocan la persecución de unos derechos históricos que le son negados de forma antidemocrática al pueblo que dicen representar para perpetrar sus fechorías, pero a efectos jurídico-políticos, es un argumento tan inconsistente como si una banda de butroneros justificara sus delitos con la existencia de una grave injusticia social en el entorno familiar de sus integrantes.

Resulta asombroso, por tanto, que los etarras se atrevan a poner condiciones al Estado de derecho para dar por finalizada su carrera delictiva, algo que no se le ocurre a ninguna partida organizada de delincuentes de los distintos ramos y procedencias que operan en España. Ninguna banda de albano-kosovares dedicada al robo a mano armada de casas de lujo, pongamos por caso, ha emitido jamás una nota de prensa, leída por tres elementos encapuchados, proponiendo al gobierno de un país un acuerdo para abandonar sus actividades. La ETA sí lo hace, pero es porque, al contrario que sus compañeros de afición, los etarras saben que el Gobierno está dispuesto a hacerle determinadas concesiones a cambio de que dejen de cometer delitos por una temporada.

En la lógica de los terroristas encaja perfectamente la facundia con que periódicamente se dirigen al "Estado español" (y al francés, de paso), puesto que durante años se les ha tratado como una parte cualificada de la sociedad vasca con la que hay que negociar para acabar con el problema del terrorismo. Si en ocasiones sus representantes son hombres de paz, a los que se les avisa incluso para evitar su detención por la policía, si hasta el órgano judicial encargado de perseguirlos y llevarlos a la cárcel se muestra dispuesto a enlodar los bajos de su toga, es lógico que más tarde emitan y lean en público una nota de prensa tratando de tú a tú al Gobierno legítimo de España.

El adanismo presidencial es patético en el orden social y muy dañino en el económico. Ahora bien, en el tema del terrorismo hasta Zapatero y Rubalcaba deberían comportarse con cierto sentido de Estado. Casi mil asesinados y sus familias no merecen menos.

Ha vuelto a suceder

Gabriel Albiac en ABC

Con tiempos casi calcados, a un año y medio de unas elecciones generales que se anuncian catastróficas para el PSOE de Zapatero, ETA vuelve hoy a jugar sus bazas. Que son idénticas a las de entonces. «Alto el fuego permanente» pero no definitivo, condicionado en su continuidad a la resolución de «las claves de la territorialidad y el derecho de autodeterminación, que son el núcleo del conflicto político». En términos casi idénticos a los de entonces, el gobierno responde con la retórica dual del «no es óptimo, pero sí bueno». Que formuló antaño Zapatero al contraponer los benévolos tiempos sin atentados a los años más duros; que, con más cautela, ha formulado esta vez Rubalcaba en su autoentrevista: «Si me preguntan ustedes ¿está usted más tranquilo hoy que ayer?, honestamente les diría que sí». El señor Rubalcaba y su «honestidad» sabrán por qué. Como el señor Zapatero y su sonrisa debían saber el porqué de su optimismo tan sólo unos días antes del atentado de la T4 en Barajas.

Ha sucedido de nuevo. Todo se repite ahora como un calco. Y es en esa repetición donde uno cree percibir el tintineante desasosiego de lo siniestro. ETA persevera en su identidad de siempre. Zapatero persevera en su infantil grandilocuencia. El ciudadano asiste a la farsa repetida. Y todo vuelve.